HAPPY LIFE: ICE AND GOLD

CAP 10

"La primer ronda: Ren"

-Entonces… dices que ella te la regaló porque soñabas con hacer snowboarding de forma profesional?

Ren se encontraba de frente a la mesa de un gabinete, observando los alimentos que tenía delante en la parte superior de una tabla cortadora e hizo girar un cuchillo entre sus dedos de forma veloz para luego, utilizar la parte plana para empujar los alimentos en trozos sobre esta hacia una sartén ya preparada y caliente; un poco más allá, Horohoro estaba sentado en un banco alto con los brazos colgando entre las piernas y una expresión cansada, como si hubiera corrido una gran distancia sin apenas descanso. Seguía el movimiento del otro con la mirada, que se dedicaba a revisar algunas ollas aquí y allá para luego, darse la vuelta y recargar la espalda en la mesa a su espalda.

-Me hubiera gustado verte hacer algo de eso- dijo Ren con tono calmado pero dejando ver algo de ánimos, mientras que se cruzaba de brazos- en verdad, fue una chica con suerte…

-Si tú lo dices…- suspiró el ainú levantando un poco la vista- en todo caso… ella fue la primera en saber que alguna vez, tuve una meta diferente a la que llevo ahora…

-Ser el rey de los idiotas?- soltó el chino sonriendo divertido

-Ser el rey shamán y construir un enorme campo de petasites!- Horohoro agitó un brazo, provocando una risa muy discreta por parte de Ren, que incluso parecía sonreír un poco con la mirada- y lo voy a conseguir, vas a ver!

-Te recuerdo que tienes que pasar primero por mí- advirtió el Tao para después, levantar de nueva cuenta el cuchillo que había sostenido antes y fingir que se lo pasaba por el cuello- y ya deberías de saber, que no te lo haré fácil…

-Claro… ya lo sé…

Respondió el de cabello claro con un tic en un ojo mientras que un escalofrío lo recorría completamente. Estaba seguro de que si en verdad ellos llegaban a las finales de puro milagro (tomando en cuenta que tenían que enfrentar a Hao en el camino), la pelea entre los tres del equipo iba a ser una auténtica masacre; conocía a Ren en batalla y aún sentía dolor por los pocos golpes de hacía un par de horas, por lo que estaba consciente de que una batalla en serio, la iba a terminar de contar en un hospital, con un respirador

Sin pensar, se rascó el vendaje que el Tao le había colocado en el brazo para que dejase de sangrar, lo que provocó que Ren entornase los ojos

-Deja de tocarte o te vas a infectar!

Regañó a lo que el Usui se rascó la cabeza y rió nerviosamente

-Sí, lo siento…- se disculpó para luego, sonreírle animadamente- por cierto… yo no sabía que tú cocinaras tan bien, digo…- se interrumpió de golpe al percibir la mirada seria y peligrosa que componía el otro al tiempo que recordaba, lo mucho que le había ofendido cuando le dijese lo sorprendido que estaba de que le hubiera remendado la chamarra- me refiero a…

-Ya sé a qué te refieres- interrumpió el Tao con seriedad, cerrando los ojos y moviendo una mano para que el otro dejase de hablar- y si lo pienso detenidamente, es obvio que pienses así. La gente rica tiene fama de que no hace nada y todo lo recibe por medio de la servidumbre

Suspiró pesadamente y luego, se giró para dejar el cuchillo a un lado y tomar una cuchara larga, revisando algo de lo que estaba hirviendo en las hornillas

-Ya sé que no me estás ofendiendo. En todo caso… esta es una de las cosas que aprendí a hacer cuando estaba aburrido

Explicó aún con los ojos cerrados mientras que meneaba el contenido de la cacerola más cercana y el ainú le prestaba atención

-No solo vivo entrenado y aunque admito que en casa todo lo hace la servidumbre… una vez que empecé a vivir por mi cuenta en otras partes, terminaba con bastante tiempo libre y no para todo me apetecía destrozar las cosas con mi lanza- dijo abriendo muy apenas los ojos, mientras que algunos recuerdos de su infancia más temprana, cuando su abuelo le entrenase también pasaban por sus ojos y observaba en su memoria, la cantidad de cuerpos y criaturas que terminó por destruir, tan solo por el orgullo Tao- a veces… simplemente quería hacer algo diferente, por lo que empecé con cosas pequeñas… como remendar… luego, si tenía ganas de algo… bueno, siempre me han gustado los desayunos específicos…

Dijo despacio para luego, erizarse al escuchar la risa del de cabello claro

-No te estarás refiriendo… a los desayunos para los niños pequeños, verdad?- dijo el chico para luego, recibir de golpe una taza plástica en el rostro mientras que el Tao apretaba los puños a los lados de su cuerpo y el pelo en punta de su cabeza se levantaba en pequeños espasmos

-Es mi desayuno especial, que no se te olvide imbécil!- espetó el shaman de la lanza pero a pesar del golpe el ainú no dejaba de reírse

Ren se giró de golpe para seguir atendiendo a la comida que se preparaba para luego, parpadear al sentir el cuerpo del otro casi detrás suyo y que alargaba una mano para tomar un pequeño platillo de pruebas y luego, se servía algo de lo que estaba calentando; sus ojos siguieron el movimiento de Horohoro hasta que se llevó aquello a los labios y lo probó, sintiendo un pequeño golpe de ansiedad por lo que podría decir u opinar al respecto. Una cosa era que al menos supiese cocinar algo de forma decente y otra muy distinta, que supiese lo suficientemente bien para los demás

-Ahhh… pues lo que sea de cada quien, pero esto te ha quedado, de-li-cioso

Aseguró el chico de Hokkaido con los ojos cerrados a lo que el chino sonrió muy discretamente, con algo de orgullo y satisfacción por ello

-La verdad sea dicha, las únicas veces que yo he tratado de cocinar seriamente, he terminado por arruinarlo todo- se rió con animos mientras que se rascaba la nuca con la mano libre- aún recuerdo cuando derretí la olla favorita de Pirika… tardé cerca de un mes en reponérsela y todavía es fecha que no me deja acercarme a los utensilios de cocina delicados

Horohoro volvió a reír y Ren suavizó un poco la mirada

-No la culpo, con lo idiota que eres, seguramente ha sido un milagro que no quemaras tu casa

Respondió el chico, esperando un reclamo por parte del shaman de hielo pero este por el contrario, este solo rió un poco más animado

-Sí, verdad?

Era increíble como el ambiente había cambiado de esa forma en el tiempo que había transcurrido desde que se levantasen y tuviesen la primer discusión, hasta ese momento donde ahora compartían un instante mientras que estaba listo el desayuno; llevaron las cosas terminadas a la mesa y continuaron conversando de cosas sin importancia, generales, acerca de las cosas que podían hacer y en las que eran mejores que el otro, hasta llegar a lo que estarían haciendo en aquellos momentos los del equipo de los Baños Funbari

En algún momento de la mañana, Ren se había disculpado para retirarse de vuelta a su habitación y entonces, finalmente había regresado con un pequeño traje tradicional chino en colores claros que le daba un aire muy diferente; incluso, había terminado por reñir al de cabellos claros que se había atontado nuevamente por verle para luego, recordarle que él también necesitaba cambiarse por que no podía estar todo el día simplemente con la playera de dormir y boxers.

Finalmente, ambos se encontraban vestidos (Horohoro con un pants gris y una playera negra muy similar a la que tenía para dormir) y en una de las salas de estar del departamento del Tao, Horohoro con las piernas recogidas en un enorme sillón y Ren en uno individual pero que lo acomodaba bastante bien a pesar de que le dejaba las piernas colgando un poco

Hicieron silencio un momento… y entonces, finamente Ren volvió a hablar

-Y bien?

-Bien qué?

El ainú levantó una ceja y observó a su amigo que se apoyó en una mano de lado y observó con gesto serio pero tranquilo a quien tenía del otro lado de la mesa enana de centro

-Es tu turno de hacerme una pregunta

Dijo el de ojos dorados con calma, provocando que el otro chico abriese grandemente los ojos y luego, dejara escapar una risa apenada mientras que cerraba los ojos y se rascaba la nuca

-Es verdad! Lo había olvidado por completo…- volvió a reír apenado mientras que separaba las piernas y las alzaba, pegaba las plantas de ambos pies sobre el asiento del sillón y descansaba su mano libre en medio de estas- bueno, ya no importa la pregunta… la verdad es que la he olvidado…

-Horohoro…

Advirtió el Tao, agachando muy apenas la cabeza para enfatizar su mirada pero no sonaba enojado

-No quedamos en que seríamos honestos y sinceros con el otro?- preguntó despacio mientras que se cruzaba de brazos y extendía un poco las piernas- yo lo hice contigo porque me pediste que confiara- dijo- quiero que me honres al hacer lo mismo de tu parte. Así… como tú te abriste para que… bueno…

Tartamudeó brevemente y algo de color apareció sus mejillas. Aún estaba inseguro acerca de lo que había sucedido entre ambos o lo que podía significar en realidad y no quería arruinarlo; se aclaró la garganta un par de veces antes de continuar

-A lo que voy, es que sé que lo que vayas a preguntar, no va a ser para molestarme o por que quieras causarme una incomodidad… aunque quizá te cuestione el porqué de tu pregunta, no la dejaré sin responder

Aseguró asintiendo una sola vez, recibiendo una mirada suave pero seria del ainú que asintió de igual manera

-Entiendo…- dijo finalmente el chico de cabello claro, con una sonrisa suave- y te lo agradezco en verdad Ren

-Muy bien- el chino cerró los ojos y se recargó en el sillón- adelante. Pregunta.

-Creo… que tal vez ya lo sospeches…- comenzó a decir el Usui con un tono de voz seria y baja, esta vez observando al otro chico que pareció meditar en ello- pero… lo que sucedió ayer…

Los ojos de Ren Tao se abrieron un par de milímetros, percibiendo como su cuerpo se tensaba… y una extraña picazón parecía recorrerle por completo la espalda, especialmente, la zona donde su tatuaje corría libremente por sobre la piel; se humedeció levemente los labios intentando calmarse, sabiendo que su compañero estudiaba sus movimientos y sus gestos, buscando algún signo de incomodidad o un reflejo que le indicase que lo mejor, era no llevar a cabo aquella pregunta. Y pudo imaginar, a dónde se dirigía aquello. No lo culpaba, después de lo ocurrido

Horohoro esperó un par de segundos más y entonces, volvió a hablar

-Qué pasó? No supe si te había lastimado con el hielo que provoqué en el suelo…

-Espera…- Ren frunció el ceño- el hielo?

-Si… por eso te resbalaste- comentó el ainú colocándose los brazos detrás de la nuca- no te diste cuenta? Pensé que podría hacerte caer para entonces, poder atacar pero no esperaba que fuera tan repentino como para que nos terminásemos golpeando el uno contra el otro

Confesó ahora rascándose la mejilla con un dedo

Por su parte, el Tao se sentía algo aliviado en su ego, ya que aquella caída le había resultado vergonzosa y humillante… después de todo, que un gran artista marcial como él cayese tropezando solamente porque sí, era ridículo; dejo salir un suave suspiro discreto y entonces, se relajó un poco más a sabiendas de que dentro de unos segundos, aquella calma se terminaría y tendría que hacer frente, a algo que se juraba a sí mismo que se llevaría a la tumba

Pero…

Apoyó el rostro en una de sus manos en un repentino reflejo de cansancio y fragilidad que hizo que el chico de cabello blanco se tensara y se preocupara

Ren no era así

Pero Ren creía… Ren sentía… si en algún momento, si había la más mínima esperanza de que él y Horohoro pudiesen tener algo juntos… tarde o temprano se iba a enterar. De una forma u otra, tenía que decirle la verdad, no podía ocultárselo y si después de ello… lo que sentía en su corazón, se quedaba así…

No

Ya se había dicho antes, que no podía permitirse una relación con el otro chico sin contaminarlo. Su padre, se había encargado de dejarle de tal forma, que si alguien se le acercaba o siquiera, intentaba darle algo de libertad… lo lamentaría

Pero eso no le impedía decirle parte de la verdad al otro chico. Responder su pregunta y de paso, darle un motivo valedero para alejarse y solo verlo como un compañero de batallas, si es que aún se sentía con ánimos de ello y las náuseas y el desagrado no lo apartaban primero; el pánico, aquel enemigo que siempre se esforzaba en controlar y que últimamente tomaba control de sí, se volvía a asomar, pasando sus garras por su vientre y su corazón, haciéndole sentir un gran pesar

Tomó aire

-Lo que sucedió ayer… fue una respuesta…

Dijo despacio, despertando al otro chico de su pequeño momento de silencio y acaparando su atención

-Una respuesta?- inquirió Horohoro frunciendo suavemente el ceño- por el empujón que te dí?... no pensé que lo hice tan duro… lo lamento

Dijo el chico pero entonces, Ren negó con la cabeza

-Si… y no- explicó con los ojos cerrados para luego, abrirlos muy apenas y esta vez, manteniendo la mirada en el suelo entre ellos- recuerdas el tatuaje en mi espalda?- musitó moviendo las manos erráticamente y de forma muy pequeña, como si quisiera cerrar los dedos sobre sus palmas; el ainú asintió muy lentamente

-Un símbolo de odio colocado por tu familia- recitó el de ojos negros con gesto serio- siempre nos lo dijiste y llegaste a comentar lo molesto que era para ti tenerlo, porque mientras estuviese ahí te iba a ser casi imposible librarte de él- dijo

Ren hizo una pequeña mueca, como si sonriera y al mismo tiempo le molestase aquello, antes de seguir

-No… solamente se trata de eso- dijo muy despacio y entrecerró sus ojos un poco más- ese tatuaje… esa… cadena…

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::FLASH BACK:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Se encontraba amarrado boca abajo contra una mesa gruesa y apretaba con fuerza las muñecas, tratando de alzarlas mientras que las lágrimas salían antes de ponerlas siquiera detener; incluso, comenzaba a lacerarse los tobillos donde las cadenas de metal mordían la carne ante el esfuerzo del niño por liberarse. Sin embargo, él no podía hacer otra cosa más que retorcerse y dejar salir varios alaridos cuando percibía aquel movimiento que tan solo le torturaba desde las entrañas.

Ya ni siquiera estaba seguro de si su corazón latía, o estaba sufriendo alguna clase de infarto

-PADRE!

Exclamó el niño pequeño al tiempo que cerraba los puños y percibía el calor de su sangre, no solamente en su parte posterior sino en la palma de las manos al enterrar las uñas en estas

-POR FAVOR… DIJE QUE LO HARÍA!

-UN TAO NO RUEGA JAMÁS!

La potente voz de aquel monstruo resonó en los muros de roca de uno de los tantos calabozos que poseía aquel castillo imperial así como el golpe a puño cerrado con el que azotó un lado de la mesa donde mantenía atado a su hijo menor, que abría la boca tanto como podía para respirar y soportar un poco más aquella tortura; el tatuaje negro se podía ver muy claramente cruzando la pequeña espalda, así como un ligero tono rojizo luminoso que parecía disminuir a momentos al menos, hasta que el cabeza de aquella familia sostuvo nuevamente un pergamino largo sobre esta.

Un gemido largo salió a pesar de los esfuerzos para detenerlo, por parte del niño en aquella mesa y volvió a retorcerse como si quisiera envolverse a sí mismo

El adulto rió muy por lo bajo para después, pasar suavemente la lengua por sus propios labios

-Si no te resistieras tanto… no tendría por qué hacerte esto…

Dijo En Tao bajando los párpados con suavidad, mientras que su sonrisa se volvía casi tierna al tiempo que pasaba dos de sus dedos por la cabeza de su hijo, cuyo dorado en los ojos destellaba en odio y dolor

-Por qué, Ren?... por qué te resistes al amor de tu padre?

Inquiría este repentinamente con un gesto preocupado. El pecho de su hijo se movía rápidamente conforme este daba el mejor esfuerzo de su parte para resistir al dolor pero… cómo se le podía pedir más a un niño de escasos siete años?

-Amor?

Finalmente la pequeña voz se dejó escuchar entre su respiración y Ren levantó el rostro hacia delante, sin siquiera voltear mientras que continuaba tensando las argollas de sus muñecas

-Cómo… cómo siquiera puedes llamar "amor" a algo como esto?

Apretó los dientes y entornó sus ojos, los cuáles temblaban debido al océano de emociones que lo recorrían con velocidad

-Cómo puedes siquiera pensar en algo como eso, cuando le haces esto a tu propia sangre?- exclamó

Y sin embargo al siguiente segundo era aplastado con fuerza contra la mesa, debido a un golpe de mano abierta por su padre que emitía un gruñido mientras que ahora la sangre brotaba por entre los labios del niño, que perdía el color durante unos pocos momentos y dejaba caer la cabeza hacia delante, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y el trauma ocasionado; su cuerpo temblaba cada ciertos segundos mientras que el adulto se acercaba un poco más y se inclinaba para verle de cerca

-Cuando uno ama, tiene que verse obligado a hacer cosas dolorosas- dijo despacio aquel ente, como si lo que sucediera en aquel lugar fuese algo tan normal como el nacer del sol; movió una de sus manos y acarició la mejilla de su hijo con el envés de uno de sus dedos y luego, movió su cabello hacia un lado para verle mejor el rostro

Dejó salir un suspiro casi decepcionado

-Eres muy débil hijo… si tuvieras poder de verdad… entonces, ni siquiera pensaría en algo así

Aseguró para después deslizar su enorme mano hacia la parte posterior de la cabeza del niño y de ahí, colocó un dedo encima del nacimiento de aquel tatuaje negro, a apenas un par de centímetros de tocar la piel

-Al mismo tiempo… es por eso que tengo que hacer este tipo de cosas- musitó aquel hombre, con gesto frío y serio conforme entornaba los ojos y finalmente, rozaba el cuerpo marcado de su hijo y comenzaba a deslizar su enorme dedo por la línea de la columna, advirtiendo como inmediatamente el niño se encogía y un fuerte rubor aparecía sobre sus mejillas; Ren apretó los párpados y las manos y volvió a hacer sonar las cadenas al retorcerse ante aquello

Finalmente, el heredero de los Tao comenzó a respirar con la boca abierta mientras que intentaba tomar algo de aire en un sitio que parecía carecer de este

-Detente…

Finalmente salió de los labios del niño con un tono agudo, a pesar de que podía sentir como su cabeza daba vueltas y el calor se extendía por todas partes; su padre se elevó lentamente y volvió a su posición en la parte posterior de la mesa desde donde podía ver todo el cuerpo boca debajo de su hijo

-Te irás acostumbrando, ya lo verás- sonrió con falsa dulzura el de mayor edad, volviendo a acariciar con lentitud el cuerpo delante suyo y disfrutando de las reacciones que le provocaba, debido al conjuro impuesto con el pergamino que ya había retirado minutos atrás- y serás obediente. Aprenderás a disfrutar de esto y será aún mejor, una vez que alcances la edad adecuada porque de esta manera, no podríamos… no si quiero que sobrevivas

Rió suavemente terminando por bajar uno de sus dedos hasta dejarlo entre las nalgas de su hijo que se tensó y pareció hacer un esfuerzo, como si se preparara para lo que vendría

Y es que si bien, ya le había tomado antes… parecía que últimamente lo entrenaba para perder sus fuerzas en cuanto comenzaba a hacerse de su cuerpo. Y a pesar de todo, dolía. Más de lo que cualquier otra tortura o golpe solía producirle.

-Eres una criatura bastante sucia, hijo mío…

Susurraba En Tao, aquella frase que lo perseguiría toda su vida conforme hacía presión y un quejido ahogado brotaba de entre los labios de su hijo que ahora se esforzaba en no volver a gritar

-Y eres mío. Los Tao son solo de los Tao. Así es como siempre serán las cosas y es como debes de aceptarlo

Movió la mano y se introdujo un poco más en el cuerpo que se removía sobre la mesa y ahora, podía ver a su hijo sangrar de los dedos al enterrar las uñas en la superficie de aquello que le sostenía; quizá era el menor de su familia… pero era el primer varón y sin importar cuál fuera su destino… debía de resistir. Su suegro había decidido que su hijo luchara en aquella batalla que vendría para conseguir el poder para los Tao… pero debía de asegurarse, de que su hijo con tal poder nunca olvidara que le pertenecía.

Lo vigilaría de cerca… lo mantendría controlado…

Lo haría suyo

Y aquella marca en la espalda, una que originalmente solo debía de recordarle que estaba ligado a su familia… se convertiría al mismo tiempo en la cadena que lo mantendría firme para él…

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::FIN FLASHBACK::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Los ojos de Horohoro se encontraban muy abiertos conforme las palabras que el otro pronunciaba le llegaban a la mente… y parecían enterrarse en esta.

Bajó despacio la mirada y un poco más allá, Ren alzaba una pierna y se la abrazaba suavemente. No pensaba en la imagen que le daba al otro… sencillamente, era la forma en que su cuerpo reaccionaba para sentirse un poco más seguro, ante la ausencia de algo que verdaderamente le dijese que estaría bien o que estaría a salvo; mantenía la mirada perdida en algún punto delante suyo y dejaba que el silencio se expandiese entre ellos como un charco de agua recién formado.

No le era fácil hablar de ello. No le era sencillo confesarle a nadie que su padre… simplemente abusaba de su cuerpo.

Cuando Yoh le había sacado del calabozo, había podido ver las marcas de lo que le habían hecho durante ese tiempo y las más recientes, pero aparte de su expresión de terror no había abierto la boca ni revelado aquello, cosa que agradecía, pero…

Ahora Horohoro lo sabía también. Dos personas conocían su vergüenza y humillación.

Sonrió sin pensar, de forma discreta y suave mientras que inclinaba la cabeza muy apenas. Finalmente… lo había hecho, le había dado un motivo al ainú para que se alejara de él y cortar cualquier posibilidad… cualquier oportunidad de que hubiese pasado algo entre ellos. Aquella parte de sí que ansiaba poder estar con el otro, la parte que lo amaba casi con locura y que lo impulsaba a acercarse cada vez más… finalmente iba a poder ser enterrada cuando la lógica, cuando la razón y todo lo que ahora rondaba en la mente del chico delante suyo, le hiciesen ver la clase de criatura despreciable que era el Tao en realidad.

Lo sabía. Se alejaría y él se enfrentaría a las espinas del dolor y saldría adelante de aquello.

Cerró los ojos.

Por su parte el de ojos negros continuaba casi congelado en su asiento ante lo que el otro le había contado. Vale, que él estaba fastidiado de su propio padre y le resentía que entre él y su abuelo lo colocaran en una posición comprometida por la aldea y que el viejo ainú le hubiese gritado que una vez que pusiera un pie fuera de su casa, iba a renegar de él.

Bueno, en realidad desde que había nacido con aquella "condición" que el resto había celebrado…

Pero lo que él tenía no era nada en absoluto, en comparación con las torturas y el abuso que había recibido el chico de ojos dorados delante suyo; su mirada se suavizó y separó los labios, pero ningún salido brotó de estos. Sabía que lo que dijese, ni siquiera podría consolar cualquier parte del otro que pudiese ser alentada y sus torpes intentos, quizá y hasta serían recibidos como si se tratasen de insulto o burla ante lo que acababa de saber.

Ahora entendía.

O creía que lo hacía.

Todo el tiempo que Ren rechazaba el contacto de los demás… cuando se obligaba a estar junto a ellos pero discretamente, levantaba un muro a su alrededor…

"Qué te pasa idiota!?"

Aquella vez en la carreta, mientras viajaban a la aldea cuando tan solo le hubiese rozado el brazo y el chino hubiese saltado y se hubiese alterado, casi como si le hubiese herido de alguna manera…

Ahora todo tenía sentido

"La oscuridad soy yo. Somos uno"

Aquel día en que hubiese enloquecido antes de la batalla con la chiquilla esa, Nyorai… que no dejaba de repetir aquello… no era por que Ren estuviera en las sombras… era por que le habían metido la oscuridad a la fuerza en su cuerpo

Apretó los dientes y apoyó la frente en una de sus manos, intentando razonar

Pero solo una respuesta, le había venido de golpe a la mente y por lo general, aquel tipo de ideas no eran buenas de ninguna manera. Pero…

Frunció el ceño con seriedad y entonces, se puso de pie lo que hizo que pudiera ver una de las reacciones más extrañas hasta ese momento al respecto de su amigo y compañero de batallas; Ren se había tensado suavemente, como si le fuese a gritar o estuviese a punto de decir algo para terminar con aquella amistad o algo peor. Había podido ver todo aquello cruzar por el semblante del chico y la decisión que había tomado parecía haber sido más firme que nunca en su mente

Porque si algo tenían los Usui… era que eran necios. Necios y cabezas duras.

Se puso de pie y se acercó lentamente al otro chico y movió una mano para tocarle el rostro. Nunca había hecho aquello, por lo que el contacto había provocado un respingo en el chico de cabello oscuro que levantó la mirada para observar con verdadera confusión al chico que venía de Hokkaido; Horohoro mantenía una expresión de seriedad completa mientras que sostenía con la yema de los dedos el rostro del otro… y entonces, finalmente se inclinaba para besar su frente

Los ojos del Tao se abrieron aún más por aquello, demasiado confundido para reclamarle o responder nada mientras que el otro se enderezaba y dejaba salir un suspiro profundo

-Te dejaré a solas por ahora. Pero… volveré pronto

Susurró y casi pudo distinguir el dolor que se reflejaba en el iris de color claro en el otro chico. No deseaba herirlo, no quería que pensara lo que no era pero…

Necesitaba unos cuantos días para prepararse para lo que vendría y…

Si todo salía bien… no tendría por qué ver aquello nunca más

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Guest

Hola! Mil gracias nuevamente por tu review! Y si, Ren es todo un uke y lo será aún más dentro de poco jiote, jiote, jiote. Perdona por tardar con este capítulo... per finalmente aquí esta! Mil gracias por tu review!