10. SanGo III-b
Tsunade no puede dormir en esa madrugada. Tampoco puede pensar demasiado. Solo siente desasosiego. Mucho… Y lo peor de todo, es que sabe porqué: necesita de Jiraiya.
Y no el Jiraiya amante que él creía que necesitaba, o él deseaba que necesitara. Ni… la persona que él era la mayoría del tiempo, con sus modos exagerados, sus malas bromas, su formas descaradas de decir las cosas y la alta seguridad en sí mismo. Necesita al Jiraiya que él podía ser, que siempre fue en algunos momentos selectos de su vida, cuando parecía saber lo que ella necesitaba de él. Y él se lo daba aunque ella no quisiera aceptar que lo necesitaba. Con todo, Tsunade aprendió que podía confiar en Jiraiya, en que él siempre iba a estar de su lado, que no había manera que ella lo ahuyentara y él la dejara sola.
Jiraiya, se da cuenta ella mientras lágrimas escapan por sus ojos, se convirtió en su constante. En la constante de la que, tal vez, quiso huir. No podía tenerlo cerca, no después de que Dan muriera… Y, de Jiraiya, pasó a no poder tener cerca a nadie.
Menos a una persona.
Y es esa persona a la que está esperando nerviosamente. Porque es a la que debió decirle de primero sobre su embarazo. Ella ha sido su verdadera familia en esos últimos años.
Shizune entra a la casa como una hora después del amanecer. Con el cabello y la ropa mojada en ciertos lugares, además de tierra, ramitas y hojas marchitas por doquier. Su andar torpe, mejillas sonrojadas y expresión medio dormida, dan cuenta de lo mucho que tomó esa noche. Y de lo que se divirtió.
… A Tsunade le duele un poco que su expresión relajada se convirtiera en vergüenza y culpa cuando ella llega a recibirla.
―¡Tsunade-sama! Lo siento, yo, yo…
―No hiciste nada que yo no hubiera hecho a tu edad. ―le dice y, dejándose llevar por un impulso, la abraza suavemente… Como solía hacer con ella cuando Shizune aún era niña. Cuando Tsunade aún no se había endurecido tanto por el dolor―. Hay algo que tengo que decirte, Shizu-chan ―le dice, como le decía en esos tiempos en que no temía expresar su amor―. Y quiero hacerlo ahora mismo, cuando aún tengo el coraje.
Shizune no puede decir nada. No está en el mejor de los estados mentales y, además, el aire maternal con la cual Tsunade la abraza la hace sentir una mezcla de nostalgia y seguridad que la hace lagrimear. Sin pensar si quiera, le devuelve fuertemente el abrazo, diciendo un "Tsunade-oba"; como si la Senju se hubiera perdido hacía mucho y, volviera a ella por fin.
De cierta forma, se siente justo así.
―¡Por fin me dices así, Shizu-chan! ―ríe apenas la godaime―. Tantas veces te lo pedí, que ya me había dado por vencida.
―Lo siento, Tsuna…
―¡Nada de eso! ―exclama ella, abrazándola más fuerte―. Pero pronto lo entenderás, cuando tenga al bebé y sepas lo tanto que uno quiere ser llamada tía.
―¿Eh?
―¡Oh, ah sí! ¡Estoy embarazada!
―¿¡Eh!?
Shizune deja de abrazarla y la mira al rostro, como queriendo encontrar el rastro de la broma en el mismo. Pero lo que ve son unos ojos llenos de preocupación, miedo y enrojecidos de llanto. Además de una sonrisa nerviosa en sus labios.
―Shizune, entendería si no quieres volver a verme o…
―¿No verla? Yo nunca… ¿Pero, embarazada, en serio? ―la chunnin no puede terminar de procesar lo que pasa. Entendible, dado que Tsunade no la ha explicado nada.
Pero cuando lo hace, mientras toman té y Shizune come algo suave hecho por la godaime, la chunnin vuelve a decir lo mismo: nunca jamás la dejaría. Es más, a Tsunade le recuerda en mucho a la reacción que tuvo Katsuyu. Solo que aún más animado. Shizune está muy feliz por ella, emocionada con esa alegría que solo adolescentes que no saben el transfondo total de las cosas puede hacerlo. Y no solo por el bebé, al cuál ya ha asegurado que le cuidará como su misión de vida mientras Tsunade sigue siendo hokage, si no porque es también el hijo de Jiraiya. Shizune hasta está pensando en voz alta sobre cómo sería la boda de ellos, con una sonrisa y risilla infantil de tanto en tanto en su rostro sonrojado.
La godaime se da cuenta de que Shizune, por alguna extraña razón, desde hacía tiempo había tenido la sospecha de que "algo" había entre los dos. También, de que por su mente inocente (Tsunade la bendice por eso. Después de vivir durante seis años en el camino entre hoteles y casinos, ¿y sigue siendo tan inocente?) A Shizune no se le ocurre que lo que pasara entre ellos fuera solo sexo.
Tsunade no puede negárselo categóricamente. Solo le insiste en que es muy temprano para estar pensando en esas cosas y que debe guardar el secreto totalmente. Shizune se va a la cama con una sonrisa en la boca. Y, la godaime, maldice el hecho de que no tiene más que dos horas para dormir antes de empezar con las reuniones con los cabeza de clanes.
Llama a Katsuyu para que la ayude con eso.
-o-
El sandaime no puede evitar sonreír por debajo de unos papeles. Ya casi es hora de almorzar, y Jiraiya sigue prácticamente en la misma posición desde media mañana. Después de dormir algunas pocas horas y de recibir un muy grasiento desayuno, él se había sentado a la mesa con papel y tinta bien puestos en el mueble, y una pluma en mano.
… Casi no se ha movido en más de dos horas de esa posición. El papel sigue limpio y Jiraiya solo piensa y piensa, cada vez más desesperado.
Cuando finalmente se mueve, es para hacer unos sellos de manos rápidamente. El sandaime se yergue y va hacia él, aún antes de que Jiraiya le hiciera un ademán con las manos, pidiéndole justo eso. El sandaime se había dado cuenta de que eran los sellos de manos de un genjitsu. El que hace difícil a las personas a media distancia de oír lo que se habla.
―¿Tienes un bloqueo de escritor? ―aunque lo dice como pregunta, es obvio que en verdad debía ser una afirmación.
―¿¡En serio, sensei!? ―exclama Jiraiya, con desesperación en su voz. Se pone en pie y empieza a caminar de allá para acá―. ¡No tengo idea de qué poner! ¡Ni siquiera he decidido cómo iniciar: Querida Tsunade me parece muy cursi, Tsunade-hime muy impersonal…! ¡Arggg! ―se rasca su melena, antes de seguir caminando como león enjaulado―. No sé sensei. Puede que esa idea de que le escriba una carta se oía bien por el sake… Creo que lo mejor podría ser volver a las fronteras como ella me gritó en algún momento en la noche y…
―No. No vas a huir, Jiraiya-kun. Vas a sentarte y escribir lo que le quieres decir en este momento, porque kami-sama sabe que la mejor forma en que te comunicas es escribiendo.
―¡Es que no sé qué escribir!
―¿En serio? ¿En serio no sabes? ―le rebate el sandaime.
―Sé lo que siento, lo sé, pero decirlo… O escribirlo… ―Jiraiya vuelve a sentarse, derrotado.
Los dos se mantienen en silencio por unos segundos. El sandaime mira hacia afuera y Jiraiya, hacia algún cuatro en la oficina. El lugar que el sandaime acondicionó en casa para su trabajo es una sala espaciosa, con varias pinturas de diferentes motivos selváticos en las paredes, dos escritorios, igual cantidad de mesas bajas, un largo archivero, una biblioteca y varios almohadones para sentarse al suelo. Todo ello está ordenado de una manera caótica. Y que haya papeles, archivos, planos, etc. por doquier, sobre todo en el suelo, hace parecer el lugar más descuidado aún.
Pero el sandaime piensa, mientras mira hacia el jardín de grandes árboles que se puede ver desde la entrada hacia al corredor exterior; nunca antes se ha sentido tan cómodo en su oficina. No solo porque el trabajo le apasiona y no trae consigo malas noticias que pueden llegar de la nada, si no porque puede tener su oficina como le da la gana sin necesidad de aparentar que él no es de esas personas que se sienten a gusto en un caos personal.
―… Yo, papá. ¿Quién lo hubiera pensado? ―dice Jiraiya de repente, una risa melancólica en su voz.
―No es como que no hayas estado… "plantado la semilla" todos estos años para lograr justo eso. Pero un hijo con Tsunade-kun…
Jiraiya da una risilla.
―Lo más extraño es que yo sí lo he imaginado. Todos estos años, desde que a ella le crecieron esos hermosos y perfectos pechos y empecé a desearla a la par de amarla, pude imaginar nuestros hijos ―da otra risa, y se puede ver como sus ojos se humedecen. Aflora un poco de esa profunda emoción que ha enclaustrado dentro de él―. Y en unos meses, estará aquí. Ya no tendré que imaginarle, y será aún más perfecto de lo que nunca haya pensando, porque es real.
―… Y dices que no sabes qué decir. ―comenta el sandaime, mientras se prepara reposadamente su pipa.
―¿A Tsunade-hime? Nunca lo sé. No sobre estas cosas, al menos… Yo, padre. ―repite y, esta vez, ve hacia afuera. La agua nieve vuelve, y también el viento. Si toma más fuerza, tendrán que cerrar la pared para evitar que algún papel salga volando o se moje…― Sé que estuve haciendo lo necesario para serlo, pero no para hacer una familia. Con el tiempo me resigné a que algo como esto jamás pasaría. Me resigné a que si tendría algún hijo, sería como yo. Un bastardo nacido en una casa de citas porque no pudo ser abortado. Un niño que nunca supo quién era su padre…
El sandaime lo mira con ojos gachos.
―Jiraiya, por la manera en que hablas, es como si tu madre no te hubiera amado.
―¡Eso no es lo que dije, sensei! ―responde Jiraiya, alarmado―. ¡Jamás podría en duda que mi kaa-chan querida no me amara! ¡Ni ella y todas mis one-chans! Pero de que me quisieron abortar, me quisieron abortar. La mandam de la casa me lo decía cada que hacía una de mis travesuras: "Ay Jiraiya-chan ―la voz femenina que finge es digno de admiración para cualquier actor― que cuatro veces le dimos del té especial a tu madre, y por eso das el trabajo de cuatro niños!". Y luego me daba un manazo y un gran beso con abrazo, antes de mandarme a ayudar a las one-chans con sus yukatas...
―No es de extrañar que crecieras para ser el auto-proclamado super pervertido ―comenta bonachonamente el sandaime.
―¿Y cuál es su excusa para ser un pervertido sin auto-proclamar?
―¿Soy un hombre con una excelente salud?
La risa que da Jiraiya sí es realmente alegre. Eso hace sonreír al sandaime después de dar calada con la pipa.
―Empieza por ahí. ―casi que ordena el Sarutobi después de fumar.
―¿Eh?
―Escribe lo que dijiste.
―¿La historia de cómo nací y crecí en una casa de citas? ―pregunta, confundido.
―No. Eso de que amaste a Tsunade-kun antes siquiera de que… su cuerpo se desarrollara como el de una mujer. De que has imagino hijos de los dos, y de que estás seguro de que el bebé que tendrán será más perfecto de lo que nunca has imaginado. Que no has intentado tener una familia porque no sería con ella... Esas cosas.
―¿Yo, yo… Escribirle a Tsu-tsu-Tsunade eso?
El sonrojo de Jiraiya y la manera en que baja su mirada, avergonzado como un chiquillo enamorado de su maestra, hace reír al sandaime. Pero lo deja ir mientras se pone en pie, cierra la puerta al pasillo y toma un par de caladas más de su pipa.
Solo después de acomodarse de nuevo frente a los papeles, que esta vez eran de horarios y locaciones, el sandaime vuelve a hablar:
―Eso y lo que se te venga a la cabeza. Luego ya sabrás qué editar, cómo ordenarlo, qué ideas faltan… Kami-sama sabe que ustedes dos no pueden hablar como las personas adultas que se suponen que son. Tal vez puedas escribir como uno y decirle de una vez lo que ha sido obvio para todo menos para ella.
―¿O... O... Obvio?
―Hasta Orochi-kun se dio cuenta, Jiraiya-kun.
Después de que Jiraiya saliera de su shock por la noticia, los dos se mantuvieron sumidos en sus papeles hasta que una de las sirvientas fue a decirles que ya estaba el almuerzo.
-o-
Cuatro días después.
―Como usted mande, hokage-sama ―dice un nada convencido Fugaku Uchiha.
La godaime y él están frente a la puerta de la oficina de ésta. Los dos han pasado por más de media hora de un arduo pero elegante debate en esa reunión. Fugaku Uchiha no estaba para nada feliz con lo que ella le había exigido: diversificar y mejorar la calidad de la Policía Militar de Konoha. En otras palabras: hacer que la misma no sea exclusivamente integrada por Uchihas.
El tema ha sido de debate entre su clan desde que el niidaime decretara que la Policía Militar sería liderada solo por Uchihas. Entre los mismos, hasta es un tema de conversación: ¿Estás de acuerdo o no con que la Policía Militar se nos haya sido impuesta?
Con los años la facción que dice que sí, que es todo un gran honor, que su Policía Militar ha traído poder, estabilidad y prosperidad al clan, ha sido cada vez mayor. Ellos la fuerza base que ha mantenido la paz en Konoha, entre los clanes ninjas y los civiles. Proteger el día a día es lo más valioso, porque es la vida real de los konohianos.
La otra facción, que suele ser hecha por jóvenes o adultos un poco estrafalarios, dicen que no: que eso les ha quitado mucho de la libertad que los demás clanes ninjas han gozado. Que por estar con la Policía Militar, muy pocos pueden aspirar a otra cosa en su vida. Ni siquiera a ser ninjas para misiones después de sus años como genin, porque a los únicos Uchihas que se mantienen ahí son los pocos que han llegado a ser ANBU. La gran mayoría de ellos solo hacen trabajo rutinario con la villa, viéndoselas con transgresiones de los civiles y algunos ninjas de bajo rango, además de con accidentes varios o algunas emergencias. Solo salen cuando tienen que apostarse por algunos meses en varias grandes ciudades del país del Fuego, como representantes de la villa. Aunque algunas veces son llamados de emergencia para investigar crímenes, al final solo suelen ser parte de la recaudación de información, antes de que un equipo ANBU, o propio de misiones, sea despachado para hacerse cargo de la situación… Por todo lo anterior, esa facción insiste en que el niidaime solo les dio esa tarea para mantenerlos ocupados y alejados de las grandes situaciones bélicas. Que lo que se ha conseguido con seguir su pedido es hacer que el clan sea un extraño. Diferente a todos los demás clanes que tienen una gran libertad de acción, y de la villa que suele verlos con un gran respeto, pero no amistosamente. Además de que, cada vez más, suelen estancarse a ser ninjas de rango chunnin. No se necesita más que eso para el trabajo que hacen.
Pero esa facción es la minoría. Y Fugaku es un gran defensor de la primera forma de ver las cosas. La policía Militar es la organización más grande de Konoha y tiene un gran poder. Eso les da dinero, influencia y estabilidad. Todos los niños que han pasado por la academia ninja que son del clan saben que tendrán un trabajo allí. Ninguno de los suyos va a estar en el escuadrón genin jamás. Toda persona en su clan tiene un mejor estilo de vida que la media de Konoha. Además, por su trabajo como los protectores de Konoha o recaudadores de información, también es de los que han perdido menos en las guerras y misiones… Hasta el ataque del kyubi claro, que les ha golpeado mucho. Han habido más de cien bajas en muertes y heridas crónicas. Pero es lo que se debía esperar de los Uchiha. Ellos son el clan que cuidaba de Konoha. El dolor más grande que tuvieron por el ataque del kyubi como clan, es en el amor de ellos como profesionales. ¡Un enemigo ha logrado atacar a la villa que ellos protegían!
Fue sobre todo por esa necesidad de probar a la villa que ellos, los Uchiha, los protegerán como siempre lo han hecho; que Fugaku sintió que fue un golpe bajo que la hokage le exigiera abrir la posibilidad a los demás clanes de ser parte de la misma.
Y sin embargo, después de escuchar las palabras de Tsunade ("Gracias a que los Uchiha insistieron tanto en tener vigente el protocolo Naraja o Rojo, fue que las cosas no fueron a peor. Y resultó porque los demás siguieron su liderazgo. Uchiha-san, Konoha le está en deuda a su clan y a la Policía Militar. Eso no quita que su trabajo puede ser mejor con la ayuda de otros clanes que tienen habilidades que ustedes no. También, que con la inestimable pérdida de los 127 agentes Uchiha que perecieron o están gravemente heridos en el ataque, la Policía Militar necesita de ellos. Y usted y los suyos son los mejores para hacerlos conocer su valioso trabajo...".) no pudo encontrar una manera de convencerla.
Así que ahí están, a la salida de la oficina, sintiéndose extrañamente bien con su derrota. Puede que no vuelvan a la normalidad pero, y hará todo lo posible por lograrlo, la Policía Militar será cada vez mejor bajo el liderazgo de los Uchiha.
―Entonces lo veo en quince días. Ojalá que para ese entonces ya se tenga una lista de los ninjas interesados en la policía.
―Sí, hokage-sama. Que tenga un buen día.
Cuando se gira para salir, siente una presión de aire caliente golpear a todo su cuerpo. Cuando abre de nuevo los ojos, se da cuenta de quién acaba de usar el shunshin es alguien con un cuello moreno… por lo que también es más alto que él. Y, además, tiene una voz estruendosa.
―Tsu… Hokage-sama, no le tomaré mucho de su tiempo… Yo solo…
―Antes de eso, ¿se mueve de mi camino para salir? ―dice con tono seco Fugaku.
Los dos hombres dan dos pasos hacia atrás. Al Uchiha le extraña que Jiraiya, pues se da cuenta de que es él, tenga una expresión tan apenada y vergonzosa en su rostro. Eso le pica su curiosidad. Sabe que algo está pasando y, como todo Uchiha que se precie, quiere saber qué es. Sin embargo, también es consciente de que ese momento o lugar no es propio para dejarse llevar por esa curiosidad incensante que todo Uchiha tiene por deformación profesional.
Así que se despide nuevamente de la hokage-sama, que por estar mirando con un ceño fruncido y ojos grandes y brillantes al recién llegado, ni le dice nada. Luego, hace lo mismo con Jiraiya, que le dice algo de vuelta nerviosamente antes de entrar a la oficina.
Fugaku se dice que puede que ni tenga que preocuparse por saber qué sucede. Si ya la mayoría de los cabeza de clanes dan por hecho que el padre del bebé de hokage-sama debe ser Jiraiya. Entre esos dos siempre ha habido cierta tensión que otra opción para "el puesto" parece equivocada. Además las reacciones que acaba de ver en los dos, parecen muy acertadas para esa situación en que están: embarazo fuera del matrimonio.
"Caso resuelto" piensa las palabras de victoria que siempre se solía decir en sus tiempos de oficial activo de la fuerza. Y, con una leve sonrisa, Fugaku Uchiha sale de la torre del hokage.
Tsunade y Jiraiya casi que ni se dan cuenta de eso por estarse mirando. En los cuatro días que no habían sabido nada del otro, la ira que había enmascarado la maraña de emociones que tienen por la situación en que están; se había evaporado para dar paso a la confusión. Y, también, un deseo porque las cosas estuvieran bien entre los dos pronto.
Ahora que por fin se enfrentan, la maraña emocional vuelve con fuerza. Pero los dos están seguros de que no quieren volver a usar la ira para enmascararla. La discusión que tuvieron la última vez, lo saben, no sirvió para nada y no significó nada… Tal vez que, en el fondo, tienen miedo.
Él se demanda no dejarse llevar por esa extraña necesidad de huir que lo invade, traga saliva y entra. Tsunade no le mira mientras cierra la puerta y pide a los ANBU que salgan antes de activar los sellos protectores. Mientras lo hace, camina hacia su escritorio dándole la espalda a Jiraiya y sintiendo su penetrante mirada en todo su cuerpo. También siente a Katsuyu removerse debajo de su ropa, pero ella no le pide que se vaya. Tsunade necesita un seguro a la par suyo. Con la babosa allí, no solo se sentirá más tranquila si no que, espera, pueda controlar su temperamento para poder hablar con Jiraiya seriamente de la situación. Son pocos los… seres vivos que la hacen sentir vergüenza de sus arrebatos de ira; y Katsuyu es uno de ellos.
Se sienta por fin al escritorio, toma aire y mira hacia Jiraiya. Pero éste no la mira a ella, tiene la mirada a un lado y un poco baja. Frente a él tiene una mano extendida y, en ella, varias páginas de papel enrollados como pergaminos.
Le habla nerviosamente:
―Por favor, Tsu… ―su voz se corta, así que traga saliva y carraspea antes de seguir―: Tsunade-hime. Solo lee y… y… en silencio y luego, dime lo que decides. Cuando lo decidas, claro. No tiene que ser ya. Solo, me quedaré aquí hasta que termines y… Bueno, volveré a los límites del sur al instante. A menos de que me digas que no lo haga, que eres la hokage. Pues, eso… ¡Lee, lee! ―termina su pequeña perorata nerviosa poniendo los papeles al frente de ella y haciendo un movimiento de mano apresurado.
Jiraiya se sienta en una de las sillas frente al escritorio. Parece muy interesado en ver sus manos y la tela de su pantalón. Una de sus piernas tararea sin parar.
Tsunade nunca le había visto tan nervioso desde que eran niños. Por eso, ella misma siente nerviosismo infantil mientras mira los papeles. La hermosa letra de Jiraiya le saluda con un:
"¡He sido un tonto y lo siento!
Por favor, no digas nada hasta haber leído todo.
Lo primero que debes saber es que, así como te he amado siempre, voy a amar a ese bebé… ".
Tsunade se queda de piedra por un instante, y se da cuenta que no había respirado por ese tiempo porque le empieza a doler el cuerpo. Da una gran bocanada y un par más mientras mira hacia Jiraiya.
Él está igual que hace unos segundos. La hokage no puede creer que él siga igual después de haber leído eso… ¿En serio Jiraiya le acaba de declarar que la ama? No sabe qué pensar o sentir lo que sabe es que, por alguna razón, sus ojos se han empezado a humedecer.
… Las lágrimas se mantienen mientras Tsunade lee la historia que Jiraiya ha escrito. Es la historia de un niño, joven y hombre enamorado siempre de ella. En cualquier situación, en cualquier momento. Estuvieran lejos o cerca, ella enojada de sus bromas, o con el mundo. Los dos heridos, riendo, peleando, cazando, cocinando, estudiando… Él la ama. Aún cuando estaba con Dan y Jiraiya tuvo que irse con los niños de Ame no solo porque eran niños, si no para no verla feliz con él… Porque estaba feliz por ella, pero muy herido en sí mismo por ello...
Según como lo cuenta Jiraiya, su amor por ella fue una inevitable constante en su vida. Base para sus grandes decisiones y, en mucho, causa de que él se convirtiera en la persona que es.
Tsunade no puede entender que nunca viera la profundidad de su amor por ella. La Senju siempre creyó que las claras insinuaciones de Jiraiya solo eran un juego para él. Nada del otro mundo, solo una insidiosa apuesta para ver si era capaz de conquistar esos grandes pechos de ella. Jiraiya es un pervertido pero, ahora que lo piensa, nunca intentó realmente propasarse. Nunca lo ha hecho con nadie, que ella sepa. Así que, pese a todo, Tsunade siempre confió en su amistad con él y en el corazón de él. De ese corazón por el cual Jiraiya se quedó dos años cuidando de tres huérfanos, y por el cual se mantuvo a la par de ella (aguantando sus golpes, malos humores y arrebatos varios) los primeros meses después de la muerte de su hermano y Dan.
Y aún así, por ser un pervertido cabeza hueca, Tsunade nunca tomó en serio sus insinuaciones. Las pocas veces que se encontró pensando en la posibilidad de darle una oportunidad, solo tenía que recordarlo riendo como colegiala para decirse que ella no podría jamás intentar entregarle su corazón. Pero, recordando la relación entre ellos dos todos esos años, Tsunade se da cuenta de que Jiraiya se le había estado declarando su gran amor por ella con muchos gestos. Gestos que ella se negaba a ver porque era mejor siempre tener al amigo que nunca la dejaría, que intentar algo con el super pervertido.
… No sabe qué pensar ni sentir, mientras de sus ojos siguen cayendo silenciosas lágrimas. Sin embargo, es el mismo mensaje de Jiraiya la que la calma al final.
"(…)
Espero que ahora entiendas porqué solo podía declararme en escrito. ¿Me imaginas intentando decir todo esto frente a frente? No tienes idea la de borradores que he hecho para dar con esta versión. Tampoco de lo que tuvo que hacer sensei para hacerme venir a dártela.
En fin, no te sientas presionada a corresponder mi amor o algo por el estilo. Tampoco quiero que sientas culpa por mi sentimiento que no tienes porqué haber correspondido.
Yo solo deseaba decirte por fin mi más grande y profunda verdad: que te amo. Sé que en poco, el que lo sepas, no va cambiar nada entre nosotros. A menos de que lo quieras cambiar, siempre seré el amigo que he sido para usted, mi princesa, pase lo que pase estaré a tu lado. Y, desde este momento, por si no ha quedado claro, juro que seré el mejor padre que pueda para nuestro bebé.
Sinceramente tuyo.
Jiraiya."
Tsunade baja los papeles, se limpia las lágrimas, respira un par de veces y se toma un momento para intentar decidir algo en ese momento. Sin embargo Jiraiya, que en varios de esos minutos ha estado mirando a la Senju, sintiéndose muy aliviado de que ella parece haber tomado no-mal su confesión, decide tomar fuerza para decir su plan:
―En cuanto a la situación en que estás, en que estamos, tengo una idea que puede que no te haga mucha gracia. ―Tsunade frunce sus ojos y empieza a abrir la boca, pero Jiraiya hace un movimiento pacificador con sus manos y se adelanta―: ¡Solo escúchame y piénsalo antes de negarlo! Me parece que la mejor opción para no hacer un escándalo en la alta sociedad del País del Fuego, que ponga tu posición como hokage en más aprietos de lo que está ahora, es que seamos un matrimonio.
Tsunade siente un hueco en el pecho. Así de grande es su shock. Que, claro, termina convirtiéndose en enojo.
―¡Jiraiya… ―empieza su gruñido.
―¡No en verdad! Hablo de un matrimonio tipo "Arashi". Falsificar unos papeles por allá con un título de matrimonio, implantar algún genjitsu por acá a un monje y abogado… No sería difícil, Tsunade-hime. Hasta hace poco no habías estado por Konoha en los últimos siete años y, yo, aunque he estado algunas semanas al año por aquí; llevo mucho más años que tú siendo un itinerante. Nadie realmente sabe de nuestras vidas en esos tiempos. Yo soy muy privado en mis cosas como debe ser el maestro espía de Konoha y tú, admitámoslo, no eres la persona más amistosa del mundo. La única que puede ser testigo de nuestra ―y hace las comillas con las manos― "historia de amor" es Shizune-chan, y todos saben lo comedida que es ella. Además, el bebé… No quiero que crezca como un bastardo, Tsunade-hime. No cuando tiene un padre que quiere dar la cara por él o ella.
Tsunade, que había cerrado sus manos vibrantes en puños al oír que su bebé era llamado "bastardo", termina sonriendo un poco con lo último que dice Jiraiya. Y, en ese instante, siente la seguridad y el impulso de decir "Sí" a la propuesta.
Recuerda a Dan…
―Lo tomaré en consideración.
―Es todo lo que pido.
Los dos se quedan en un silencio que, al poco, se vuelve muy incómodo. Tsunade siente que debe decir algo al respecto de la carta que acaba de leer, de los sentimientos de él hacia ella… Pero ella es hasta peor que Jiraiya para hablar. Ni siquiera sabría qué decir. Así que espera a que él rompa el silencio con algún tema seguro. Jiraiya siempre lo hace en el momento justo.
―Entonces, volveré ahora mismo al sur y…
―No ―ese impulso sí que Tsunade no lo puede evitar. No quiere que se vaya. Jiraiya siempre ha estado ahí cuando ella está asustada o no sabe qué hacer. Y en ese momento, está tan confusa como nunca―. Vuelve a la casa y estate ahí hasta que nueva orden.
Jiraiya sonríe grande, y sonrojado.
―Como usted ordene, hokage-sama. Haré todo lo que me pida… ―termina con una risilla de las de él.
Tsunade frunce de nuevo sus ojos, pero no puede evitar sonreír al final… Jiraiya siempre seguirá siendo Jiraiya.
―Vete de una vez, a menos que quieras que mi puño te dé un aventón ―le bromea.
Él sonríe grande y sale de ahí con un:
―Intenta llegar temprano a casa, querida. ―en una voz que emula a una ama de casa.
Tsunade niega y sonríe grande muy a su pesar.
… Katsuyu también sonríe en silencio, diciéndose que tal vez en algún momento podrá leer ella la carta de Jiraiya. Bien que mal, ser la médico personal de Tsunade debe tener algún beneficio, ¿no?
-o-
Unas horas después.
El gran sabio de los sapos está de buen humor por ese día. Así lo ve el sandaime cuando pasa por su casa para decirle que el plan funcionó, y que no sabía que cargaba tanto peso en sus hombros con ese secreto. ¡Se siente libre! También lo ven las personas de Konoha en las calles, algunos de los cuales se acercan para preguntarle qué ha sido de su vida. No hay nada de malo en buscar oír buenas noticias, ¿no? Y, aunque Jiraiya lo más que dice es que es un secreto suyo, y que la vida con sus giros puede dar grandes cambios; todos se van contentos de haberle visto de buen humor.
"Jiraiya-sama es de esas personas que contagian sus estamos de ánimo". Se da cuenta Shizune poco después de llegar de su trabajo en el hospital. Ese día no fue agradable. Una de las médicos del ala pediátrica tuvo un pequeño accidente y ella tomó su posición... Shizune siempre se ha llevado muy bien con los niños, y por eso mismo no le gusta tener que trabajar con ellos como enfermera. Se le parte el corazón...
Ha decir verdad, trabajar tanto en los heridos... Y pérdidas en el ataque del kyubi, la hizo sentir que necesitaba un descanso de la medicina. Por eso, había decidido asistir a la selección para ser maestra de escuela elemental, a la par de dar algunos cursos sobre ninjitsu médico en la nueva iniciativa propuesta por el sandaime de educación continua. Tsunade-sam... Tsunade-obaa le parecía excelente. Kamisama sabe que necesitan más nin médicos, y mejorar la calidad de los que ya tienen.
Ese día era uno de esos que le hacía ver que había tomado una buena decisión en seguir el camino de la educación. Ver pequeños enfermos, y más algunos de éstos que están traumatizados por el ataque del kyubi además de con heridas crónicas, la hizo estar de mal humor.
Por eso, para ella fue de lo más agradable encontrarse en la casa a un Jiraiya con delantal blanco y un pañuelo en la cabeza, diciéndole: "Bienvenida a casa, Shizune-chan. La comida ya casi está pero, por mientras, ven, mira lo que encontré...". Y, después de haber hecho un genjitsu para evitar que alguien los oyera, la lleva hacia la habitación justo al frente de la de Tsunade-sama.
Cuando entra, realmente intrigada, se queda de lo más impresionada y feliz de ver lo que él le enseñaba: era una cuna. De madera y, como lo todo lo de madera en esa casa, en las mejores condiciones. También hay un ropero, una mecedora y un caballo-balancín; todo de madera. Hay algo en todos esos muebles, en lo redondeado y liso de sus pliegues, y en el cuidado de los intrincados adornos infantiles (hasta de la mecedora) que le hace pensar que el artesano conocía la familia… Así que, solo puede ser…
―¿Son los muebles que Hachirama Senju-sama le hizo al papá de Tsunade-oba antes de nacer y que, luego, ella misma y Nawaki-san también usaron?
Jiraiya asiente. Hay una sonrisa leve pero profunda en su rostro, mientras mira el cuarto. En las paredes, hay vestigios de pintura infantil. Cielo despejado y flores… El sannin asiente, como feliz con la vida.
―Los encontré en uno de los tantos cuartos que Mito-baa-chan llenó con cuanta cosa no quería tirar ni regalar. Esos muebles y este cuarto pronto van a ser de nuevo usados, por Bebé-chan ―dice Jiraiya, ensoñación en su voz. Y respira grande, como si ya pudiera respirar la vida que pronto estaría ahí, en ese cuarto.
Shizune tiene que tragar un gritito femenino de ternura al verlo tan feliz por el bebé. Aunque ella siempre lo ha respetado como ninja y el amigo más leal de Tsunade-oba, nunca se imaginó que el auto proclamado super pervertido, el hombre que hace lo posible por jamás estar serio, fuera tan paternal. Ahora que se da cuenta de su error, siente un estallido de infantil felicidad tanto por Tsunade-sama como por el bebé dentro de ella.
Y eso, además de tranquilizarla un poco, la hace sentir más relajada y en paz con la vida.
Jiraiya le dice algunos planes que tiene para mejorar el cuarto, entre esos re-pintarlo, y luego van hacia la cocina para cenar.
… Sabe que no es lo más ninja que hay, pero decide decirle que por más que puso el genjitsu para evitar ser oído cuando hablaban del bebé; el hecho de que acondicionara un cuarto para el mismo sería una gran pista si una persona decidiera simplemente ver por la ventana. No quiere arruinarle el momento ni a él ni a ella misma. Además, el territorio Senju es uno de los más protegidos de Konoha: la casa donde están ellos, aunque rodeada de jardines amplios; está en el corazón mismo del centro de Konoha y es el hogar de la hokage. Las revisiones de la casa son periódicas y las rondas de los ANBU y policía Militar siempre lo tienen presente.
Así que el cuarto del bebé no será visto, por más que tenga una gran ventana… O eso se dice Shizune.
La comida es fácil de hacer y más condimentada de lo que a la muchacha le gusta, pero la conversación que tiene, en que por una vez ella es la que habla sobre su vida, la improvisada fiesta de año nuevo al que fue invitada, sus planes para ser sensei y, también, la encargada del cuidado del bebé… Hace que esa sea una de sus mejores veladas.
Un par de horas después, Shizune se da un baño y se cambia a su pijama sintiéndose llena de paz. Y lista para poder seguir en el hospital hasta que, espera ella, pueda ser maestra de los niños de las escuelas básicas. Los horarios son de poco más de un medio tiempo allí, y los cursos para los ninjas médicos no empezarían hasta después. Espera poder compaginar bien todo eso mientras se hace cargo de bebé-chan a la vez.
Tsunade-oba es la hokage y, Jiraiya, el maestro del espionaje. Además, Shizune se insiste, ella no quiere a nadie más cuidando del bebé de Tsunade-oba. Bien que mal, ese bebé es de su familia. Shizune sabe lo importante de cuidarla.
Pensando en eso y en más, la chunnin se sienta en su tatami, recostada a una pared. Coge una gran cantidad de hojas escritas a mano, con varios parchones y notas por doquier. Está feliz. Jiraiya-sama le ha dado el honor de leer su siguiente novela. La primera, sobre el ninja Naruto y su filosofía de paz mundial, le había encantado. ¡No puede esperar a ver su siguiente escrito!
Y, sin saber a lo que va, empieza a leer el libro que algún día será será titulado Paraíso del beso… Jamás le dirá, ¡A nadie! Que no pudo dejar de leer, disfrutarlo, reír, asustarse y, claro, emocionarse, hasta llegar al final del libro esa misma noche. Tampoco le dirá a Jiraiya que, por eso, solo pudo dormir un par de horas antes de levantarse a iniciar un nuevo día.
-o-
Poco después de la media noche, Tsunade por fin entra a su casa. Últimamente, además de las nauseas de la mañana y la falta de hambre a esas horas, siente sueño en las tardes. Por eso, poco después de comer algo a media tarde, se acuesta a hacer una siesta. Lo que la lleva a las horas extras.
... Que está segura de que Jiraiya la espera en la casa y va a hacer alusión a su "propuesta de matrimonio" hace que dure mucho más adelantando papeleo para el día siguiente. Sin embargo, Katsuyu-sama le recuerda, de esa forma algo amenazadora que tienen los médicos, que debe dormir. Así que deja la torre y va hacia su casa, seguida a su distancia por los ANBU.
Al llegar a la casa se da cuenta que en una mesa cercana hay un termo junto a una taza para té, además de un plato cubierto con un mantel. Parece que hay algo debajo de éste. Apoyada en la taza una nota: "Shizune-chan y yo ya comimos. Solo quedó un poco del postre... Buenas noches, hime".
Tsunade no puede evitar sonreír y coger uno de los dangos, pero no del té. Ese detalle era uno de los que él hacía en los tiempos post-muerte de Nawaki y Dan; cuando tenía que hacer alguna misión clase D y debía salir de la casa. En eso días Jiraiya trabajaba solo en la villa, perdiendo mucho del dinero que tanto necesitaba para subsistir, por la simple testarudez de estar a su lado... Aún cuando Tsunade no quería a nadie cerca y lo hacía ver hasta violentamente.
... Solo Jiraiya se quedaba lo suficiente para estar ahí cuando Tsunade se dejaba abrazar y quería hacer algo más que sufrir o golpear. Solo é tenía la terquedad de hacerla hacer algo más que eso aún cuando ella no quisiera.
Siempre ha estado ahí. Tsunade también ha intentado estarlo para él, solo que nunca parecía que él la hubiera necesitado tanto como ella a él. La godaime se da cuenta de que tal vez Jiraiya solo necesitaba ser necesitado...
Tsunade no puede evitar tampoco no ir directamente a su cuarto. Siente tranquilidad, una paz de que todo va a estar bien. Hasta no se extraña de pensar que "Él va a ser un buen padre... tal vez mejor que yo, madre". Porque Jiraiya siempre ha tenido esa necesidad de proteger. Ella ha vivido recibiendo cariño de él por eso, a su escandalosa y necia manera; y sus gennin también a pesar de sus excentricidades. Hasta unos huérfanos de una villa extranjera... Qué no haría Jiraiya por un bebé suyo?
Aunque hace uso de todo su entrenamiento en ser silenciosa, a Tsunade no le extraña que él se despierte. Bien que mal, ella se ha sentado junto a su futón y le ha dado un beso en la frente. Lo que sí le extraña es que Jiraiya le mirara de esa manera... Sin la seguridad o diversión siempre presente en él. Vulnerable, como deseando...
Tsunade siente de repente la boca seca mientras le presenta un pedazo de papel y le dice:
―Buenas noches, Jiraiya. ―por alguna razón, necesita acariciarle la mejilla y así hace, antes de levantarse y salir hacia su propio cuarto.
Jiraiya tiene que usar un poco de chakra en sus ojos para poder leer la nota a la poca luz lunar de la ventana.
"Deja de espiar a las mujeres para siempre… Ni hacer cualquier otra cosa que podría poner en vergüenza a cualquier kage.
Si lo juras y pruebas que eres capaz de eso por tres meses, tu respuesta será sí".
Tsunade, Shizune y los ANBU deciden no hacer nada al respecto del gran grito victorioso que se puede oír por los alrededores de la casa Senju. Con todo y que Jiraiya lee el: "PD. ¡No sería un matrimonio de verdad, que no lo olvides!".
Aún así, casi una semana después, cuando Jiraiya tiene que regresar a su puesto, Tsunade vuelve a enviar a Shizune fuera de la casa y se despide de Jiraiya como a él más le gusta y ella más deseaba.
La mejor médico del mundo lo explica como que, algunas veces, las mujeres embarazadas sienten un pico del deseo sexual... Jiraiya solo sonríe grande. Él sabe que hay más que eso.
Bien que mal, entre él y Tsunade siempre ha habido algo más.
OoOoO
Saludos! Gracias y recuerden comentar!
