Capítulo IX
FÉLIZ DÍA DEL IMBÉCIL MÁS GRANDE DEL MUNDO: AOMINE DAIKI. Yei! Es el cumpleaños de mi esposo así que bueno, tengan otro capítulo para celebrar, lolololol. Pensé en hacerle algo, incluso lo empecé pero me metí en tantos líos que no tuve tiempo de terminarlo. En fin, feliz leída…
El día de su cumpleaños la pasó con su hermano, desfilaron por la repostería a petición de su madre y tuvieron un rico postre después del almuerzo. En la noche, Aomine recibió la visita de Sakurai y algunas chicas de su club de fans, ese día no quería mover un solo dedo, no cuando sólo se interponía el domingo para el inicio rotundo de clases. A su celular, recibió montones de mensajes felicitándolo, pero el sólo se importó por los remitentes marcados como: Bakagami y Satsuki.
Se dio cuenta de que a pesar de todo lo que pasó entre ellos y la situación en que ambos se encuentran, Satsuki no iría a olvidar su cariño de la noche a la mañana. Cualquier cosa relativa a la peli rosa, le hacía incomodar, fruncir el entrecejo y molestarse. Honestamente, no tenía idea de cómo lidiar con ella de ahora en adelante.
- Vaya, Aomine, me alegro de que estés cooperando y no te saltes la práctica. – elogió el nuevo capitán: Wakamatsu al moreno, quien llevaba toda la semana sin faltar a las prácticas después de clases y también se le veía holgazaneando menos.
- Cállate. – fue la respuesta del otro, mientras se levantaba de arreglar sus agujetas.
Prácticamente le ignoró, alejándose de allí para buscar sus pertenencias en los banquillos. Se sentó y se secó el sudor con la toalla de mano, pasándola por toda su cara hasta el cuello. Unos pasos que resonaron con más intensidad, le hizo elevar la vista para comprobar de qué se trataba encontrando a la manager trotando a la salida.
- Buen trabajo. Adiós a todos. – se despidió justo al pie de la salida y terminó yéndose.
Todos observaron de reojo al moreno sentando en el banquillo, como si esperasen alguna reacción de él o alguna respuesta al extraño comportamiento de su amiga estos días. Aomine, repelente del drama, ignoró las ojeadas como púas, mientras continuaba secando su cuerpo. Sakurai a su lado no pudo evitar su propia inquietud y también miró al moreno preocupado.
- ¿Qué le pasa a Momoi-san últimamente? – inquiere en voz baja, costumbre de su pobreza de autoestima.
- Quien sabe. Estará en sus días. – evade rápidamente, sin siquiera indignarse a voltearse para verle.
- Aomine-kun… - reprime el muchacho, enormemente avergonzado por la actitud rebelde del otro, aun así, hablando en voz baja.
- ¿Qué? – se voltea encarándole con la expresión más temible que ha visto el pobre joven.
- ¡Lo siento! – se disculpa en seguida, haciendo una reverencia y despistando de ahí en cuanto pudo.
Los demás se comieron todo el drama entre esos dos, y sólo Wakamatsu hizo un bufido al respecto. Se había acercado intencionalmente en cuanto vio los labios del escolta formular locuciones. La personalidad de Aomine es la primera cosa en su lista de odio y cada simple acción, palabra o crujido de él le hacía perder la cordura al instante. ¿Cómo podría Aomine derrochar los cuidados de la hermosa peli rosa así? ¿Ignorar sus encantos y permanecer al margen de su presencia? No es que él tenga un repentino flechazo hacia la amiga del moreno, pero esta tenía un increíble atractivo. Siempre le vio jugando con voluptuosas chicas que sólo le habrán de querer por su físico – exótica piel bronceada – y su fama como anotador imparable.
Daiki tomó sus cosas con pericia y sin mirar a nadie, pues según él nadie merecía su desconcierto, salió del gimnasio hacia las duchas. Se duchó tan rápido como pudo, alejando cualquier pesadez de su cabeza mientras el agua regaba su cuerpo. Justo al terminar de cambiarse su celular empezó a vibrar dentro de su bulto deportivo, sorprendido, pues la mayor parte del tiempo lo olvidaba en casa, lo buscó y contestó sin revisar el nombre o número en la pantalla.
- ¿Ah?
- Aomine, mira que contactarte es un trabajo…
- ¿Eh…? ¿Kagami? – casi tartamudeaba por la sorpresa, ¿Qué quería el pelirrojo tan temprano?
- Sí, estoy en la puerta de tu escuela, sal.
- ¿Me… me estas jodiendo?
- No, idiota, sal.
- Me estas jodiendo… - repitió recostándose de los casilleros detrás de él, seguía en los vestidores y aún no se colocaba la chaqueta característica de su equipo.
- Ya te dije que no. – contestó molesto y avergonzado.
- ¿Qué diantres haces ahí? – preguntó, aunque sonó más bien como una protesta.
- Vine a buscarte, genio. – enloqueció por su propia osadía, aunque él y el moreno habían quedado esa tarde para ir a hacer algunas cosas, pero que este lo hubiese olvidado aumentaba su enojo y embarazo. – No puedo creer que te hayas olvidado, Ahomine. – se acercó a la bocinilla del celular mientras ocultaba su boca ligeramente con la mano, avergonzado de ser visto en tal situación.
- Ah, verdad. – rio como si le hubiesen contado el mejor chiste. – Cierto, cierto.
Se relajó, lo último que él quería era una escenita de enamorados iniciada por Kagami, estas cosas realmente no iban con él y de ser así alguna vez, hará escupir los pulmones al pelirrojo.
- Imbécil.
- No más que tú.
- Si, ya. Sal rápido.
- Ya voy. – colgó cerrando la puerta del casillero con fuerza, que hasta traspasó la línea hasta los oídos de Kagami.
Revisó la hora en su celular, eran pasadas las seis de la tarde. Aomine chasqueó la lengua, hoy tenía pensando llegar a casa y tirarse todo el día en la cama hasta que amanezca, sin siquiera ojear su tarea por consideración a sus decadentes calificaciones.
Tomó sus cosas y salió de allí bostezando con manos en los bolsillos. La entrada principal estaba lejos, muy lejos del gimnasio y tardaría al menos cinco minutos en llegar.
Mientras pasaba el tiempo sentía como su cuerpo empezaba a reaccionar ante sus pensamientos: iba a ver a su novio. Por más meloso y crédulo que le parezca, Aomine y el tienen una relación. Su corazón empezaba a latir con rapidez, reacción provocada por sus pensamientos. Se apretó el pecho frunciendo las cejas con molestia y confusión, creía ahogarse por repentina taquicardia. Peleó consigo mismo, clamándose por infantil y cobarde, y apartó aquellos desconcertantes pensamientos de él. Pero el hecho de que, sea como sea, esto que ellos tenían es una relación y ambos son humanos, quienes sienten y sufren es indeleble.
Aomine también empezó a sentirse incómodo, su corazón se aceleraba mientras sus pasos avanzaban y el no entendía por qué. Simplemente ignoró la extraña reacción de su cuerpo y se apresuró a llegar. Kagami esperaba relevantemente tranquilo, recostado de la pared del gran portón. El corazón de ambos dio un bote al cruzarse las miradas, pero volvieron a ignorar cuyos arrebatos.
Se saludaron chocando las manos, común de saludos callejeros y no se dijeron más. Fueron interrumpidos por alguien que llamó el nombre del moreno, pareciendo la voz de alguna autoridad, ambos voltearon.
- Que bien que te encuentro con Kagami-kun.
Se trataba del entrenador, Katsunori Harasawa. Aomine frunció sus cejas levantando sospechas por inusual casualidad. Probablemente le había seguido para comentarle, o como siempre, reprocharle su haraganería.
Kagami hizo una reverencia enseguida mientras Aomine permanecía a la espera de sus intenciones.
- Me gustaría tener un partido de entrenamiento con ustedes, Seirin, ¿Qué te parece? – sonrió, pareciendo más confiable de lo que Kagami esperó.
Vaciló, sorprendido por su petición, pero se repuso de inmediato.
- Claro. Suena estupendo. Se lo diré a la entrenadora para que lo llame.
Pudo sentir la mirada del moreno encima suyo, provocándole dudas en ciertos segundos pero no retractándose al fin. Está seguro de que a pesar la situación del equipo, del enorme esfuerzo y valentía que le ha tomado ganar el torneo de invierno, la entrenadora querría aprovechar la oportunidad. Ahora les faltaba Kiyoshi, su amable pero eficaz y valiente centro.
- Muy bien, espero por su llamada. Cuídense, chicos. – se alejó mientras hablaba y al terminar guiñó un ojo, causándole pavor a ambos.
- Menudo entrenador que tienes, Aomine.
- Lo mismo para ti. – se adelantó a la salida, harto de tanta cháchara.
Esta tarde habían quedado de ir a la tienda a comprar zapatillas deportivas, pues, hace un par de días se anunció el lanzamiento de un nuevo modelo de Jordan's que ninguno pensaba ignorar. Corrían el riesgo de ser vistos por algún conocido pero aparentemente no les importaba, tenían millones de excusas a su favor. Mientras caminaban uno al lado del otro, en sumo silencio, Kagami pensó en preguntarle cómo ha ido la práctica pero se acobardaba siempre que miraba sobre el rabillo de su ojo. Aomine se mantenía malhumorado e inalterable, como si una enorme muralla lo defendiese del mundo exterior.
Suspiró, siendo consciente de que su estado de humor se deba al problema con la peli rosa, posiblemente. Le pareció irónico tener que aguantar el pesado humor del moreno ahora, este trabajo pertenecía a otra eminencia femenina si mal no recordaba, tal vez se lo estaba robando de a poco… Se calló a si mismo sintiendo ganas de golpearse.
Un bostezo de parte del otro le hizo volver en sí y concentrarse en el sendero ante sus ojos. Ya habían llegado a la parte céntrica de la ciudad y la noche había arropado a esta, el cielo se encontraba escaso de estrellas pero decorado de una hermosa luna llena.
Kagami no podía digerir el sepulcral silencio entre los dos y se apresuraba a sí mismo a decir algo coherente o estúpido. Las ideas vagaban en su cabeza descartándolas al instante, no quería mencionar a Momoi Satsuki y agravar el estado de ánimo de su pareja.
- ¿Estás seguro de ese partido? – fue el moreno quien habló, desalmando a Taiga.
- ¿Eh? Si… ¿Por qué no?
Aomine no dijo nada, dándole tiempo al peli rojo de entender a lo que se refería. Las intenciones del entrenador para tal enfrentamiento deben ser para probar los nuevos reclutas, a pesar de ir un poco lejos con el contrincante elegido, ya que Seirin ha vencido a Touou una vez, y aún es desconocido el porcentaje de los nuevos reclutas de Touou. Pero no es por esto que Aomine ha preguntado, sino por la ausencia del centro de Seirin, Kiyoshi Teppei.
- ¿Su centro…?
- Ah, – hizo una pausa, hundiéndose en la oleada amarga que este recuerdo le ha causado – sí. ¿Pero crees que hace falta Kiyoshi para vencerte? – sonrió de repente, luciendo un ego parecido al del as de Touou. – Adivina quién ganó la Winter Cup.
Kagami no podía, por ninguna circunstancia, contenerse de provocar a Aomine Daiki, entre las cosas que le hacían regocijarse en felicidad, esta ocupaba el puesto número dos, después del basquetbol.
El peli azul resopló irritado y empujó el hombro de su compañero, no tan fuerte como para hacerle caer pero sí para hacerle perder el equilibrio que, gracias a su repentina felicidad, lo recuperó enseguida.
- Exacto, Ahomine, S-e-i-r-i-n, o sea, yo. – se señaló a sí mismo con ambos pulgares, obviando el hecho de parecer un tonto en medio de la calle.
Taiga continuó asestándole los humos al moreno, quien a veces reponía pero la mayoría de veces, solo bufaba. Cuando arribaron en la tienda, con astucia inspeccionaron el lugar buscando alguna personificación conocida, y encontrando nada al fin, se relajaron a hacer sus compras. Ambos se dividieron al entrar, - no había mucha gente - atraídos por la gran variedad de mercancía que ellos no habían visto.
Nada recompensa mejor el trabajo duro, sino cuando es reconocido. El asesor de la tienda reconoció la figura del pelirrojo felicitándole por haber ganado el campeonato, que aseguró haber visto con intensidad, a pesar de que Seirin no era el equipo que él apoyaba ese año; sino a Touou, pero Seirin participó tan espléndidamente que se ganó el respeto del hombre. Kagami se irritó en demasía cuando el nombre de la institución rival fue mencionado pero nada que no se pueda arreglar. O eso pensó cuando vio enloquecerse al ver a Aomine del otro lado de la tienda y corriendo cuan fan a su ídolo.
Después de todo, Kagami y Seirin empezaban a destacarse, pues hace poco más de año debutaron, mientras que Aomine fue el as de la famosa Generación de los Milagros y mantiene su título en una escuela reconocida como lo es Touou. Pronto su fama sería más grande o tanta como la del moreno, el tiempo hará justicia de su arduo trabajo.
- ¿Ya terminaste? – preguntó el mayor detrás de él, quien yacía un par de cajas en su regazo.
- No, no me puedo decidir entre estos dos.
- Llévate los dos. – sugirió como si no le importase en absoluto.
- No, ya elegí esos. – apuntó una caja abierta que descansaba en una silla detrás de ellos. – Escogeré uno de estos dos para usarlos en la escuela.
Kagami se acercó para verlos mejor. Eran un par del mismo modelo pero de diferentes colores, tampoco eran muy altos y parecían más cómodos para andar que para jugar con ellos. El par en su mano derecha era negro con acabados y detalles en azul, plateado y rojo, el de su mano izquierda era del mismo color pero los colores a la inversa. El asombro de Kagami aumentó, eran un buen par de tenis y los colores iban perfectos con él también. Descartó la idea de comprar el par que él había elegido y escoger uno de estos dos, pues le han gustado más.
- Cogeré estos y tú esos. – tomó el par de su mano izquierda empezando a analizarlos.
Aomine alzó una ceja, dudoso, queriendo negarse pero no dijo nada, procediendo ambos a la caja. Los dos salieron con dos pares de zapatos respectivamente, y que, por accidente y manía de Kagami han terminado haciendo juego.
El gruñido que salió de su boca le hizo saber que por ende, se había despertado gracias a la incómoda posición en la que se ha quedado dormido. No tiene que abrir los ojos para saber que su molestia la causa un pie fugitivo muy cerca de su mejilla y vuelve a soltar un gruñido somnoliento.
- Quita tu pie. – empuja el miembro ajeno lejos de su cara y patea con su pie, lo que sintió como la cara del otro.
- Pues quita el tuyo, Aomine. – devolvió el golpe a la cara del moreno, haciendo que este reaccionara de la misma manera, empezando una pelea somnolienta de patadas y manotazos.
Después de hacer sus compras, Kagami sugirió la idea de ir a su casa a estrenar un videojuego y que de paso cocinaría algo para los dos. Ojalá y el pelirrojo fuese más franco con sus propios sentimientos, de hecho solo mencionó que el videojuego le había llegado hace poco esperando que el interés del otro se encendiera.
Pero ambos muy cansados, se rindieron poco después de las diez quedando dormidos en el sillón de la sala frente al televisor que se apagó cuando la consola entró en modo invernadero. La sala iluminada por la poca luz que se irradiaba desde el lúcido balcón empezaba a molestarle en los ojos.
Kagami se levantó golpeando con fuerza las piernas del más alto y se estiró bostezando de espaldas a la luz para no perturbar su sueño.
- Párate, vamos a la habitación.
A juzgar por la poca luz que se filtraba del exterior, eran pasadas las doce y Aomine pasaría la noche allí aunque al día siguiente se le complicara asistir a la escuela.
El peli azul se levantó de repente y se deshizo de la chaqueta y la camisa que traía puesta, dejando un rastro de ropa en el pasillo mientras avanzaba a la habitación. Kagami le gruñó pero estaba tan cansado y adormecido que no tenía fuerzas de llamarle la atención. Solo se escuchó el impacto del cuerpo de Aomine en la cama, a lo que Kagami gruñó entre sueños y se dirigía a allí. Se deshizo de su ropa, esta vez dormiría en ropa interior, justo como el moreno había hecho.
Fue cuestión de segundos el que los dos volviesen a quedarse profundamente dormidos.
Daiki fue lánguidamente reprochado la mañana siguiente por no haberle avisado a su preocupada madre sobre su pijamada en casa de su novio. Sin Aomine haber despertado, recibió su uniforme de parte de su madre, quien se había tomado la molestia antes de irse a trabajar. Kagami fue quien lo recibió y tuvo que disculparse por la actitud del culpable. El pelirrojo le aseguró que Aomine asistirá ese día a la escuela, justo como cualquier otro.
Ya estaba todo arreglado, la hora, el lugar y los equipos.
Kagami, ganándose el título de responsable, le comentó la propuesta por parte de Touou de inmediato a su entrenadora. No dejando pasar la oportunidad de mantener a sus chicos a la vanguardia, aunque fuese sin su formidable centro, Kiyoshi Teppei, quien había entrado en reposo, aumentando las sospechas de retiro en las canchas.
Habían decidido hacer el partido un día no laborable por ende escogieron el equinoccio de otoño y el escenario seria el gimnasio de Seirin. Aunque Riko insistió en que la cancha de Touou era más adecuada gracias a su amplio espacio, duchas y doble cuarto de casilleros, Harasawa decidió que como Seirin son los actuales invictos, merecían la visita del equipo en su sede.
Ya eran las 3:30 y el equipo invitado acababa de arribar en la secundaria Seirin. El partido estaba predestinado a iniciar a las 4:00.
Algunos estudiantes que habían escuchado sobre el partido se habían reunido y esperaban pacientemente en el gimnasio. Tras la gran victoria de Seirin en la Winter Cup, había ganado montones de fama en la institución y junto a eso se creó un club de fans unisex aunque la capitana y creadora es una estudiante de tercer año. Algunos aguardaban ansiosos por ver a Seirin jugar nuevamente, pero más porque se trataba de una escuela poderosa como Touou.
Riko había puesto sólo una condición para este partido y era que Imayoshi y Susa estuviesen presentes aunque no fuese para jugar. No era tan demandante como para catalogarlo una condición pero era una firme sugerencia. El susodicho entró liderando el grupo, saludando a Hyuuga con un apretón de manos, quien parecía estar cerca de la entrada del gimnasio por casualidad, dribleando la pelota.
Los demás se acercaron para saludar, incluyendo Kagami quien no había parado de hiperventilar – disimuladamente – toda la tarde. Mientras calentaba en compañía de Kuroko y Koganei se le veia ido y a veces perdía el hilo de la conversación que los tres mantenían. Su mente surcaba en dirección al ausente moreno y el partido en el que iba a participar dentro de poco. No lo había visto desde aquella cena en Maji Burguer donde fueron acompañados por Kuroko y Sakurai, y de eso habían pasado más de cinco días. Había mensajeado a peli azul dos días atrás con el siguiente texto: 'one-on-one?' y recibiendo como respuesta: 'ocupado'. La mente del pelirrojo colapsó, creyendo que el moreno le estaba evitando, porque nunca, nunca había sido rechazado para un uno contra uno, nunca, y por eso estaba un poco ansioso aquella tarde.
Recibió una mirada enigmática de la peli rosa, erizándole la piel desde donde él estaba, buscando la figura morena y fracasando en su intento encontrándose con los ojos femeninos de la manager de Touou. El encuentro de miradas se rompió tras unos segundos, cuando estos se alzaron de alegría al ver al peli pastel a su lado y corriendo hacia él de inmediato.
¿Dónde estaba Aomine?
- Momoi-san, ¿Dónde está Aomine-kun? – inquirió Tetsuya, leyendo la mente de su amigo.
- Ah. – su expresión se vio decaer por un momento. – Ha salido a comprar algo. Regresará dentro de poco, creo.
- ¿Qué? – espetó Kagami, olvidándose por completo sobre el asunto entre él, Aomine y Momoi y bañándose en lo mucho que le molesta la actitud del moreno.
Satsuki le miró como si buscase algo en sus facciones, algo desconocido, algo que muchos desconocían. Pero volvió su atención a Kuroko rindiéndose.
- Es un placer tenerlos aquí. – se escuchó la voz de la entrenadora aparecer entre ellos tres llamando la atención de la peli rosa quien se abrazaba a Kuroko con cariño.
- El placer es nuestro. – sonrió de vuelta, ella, apretando más a sí el muchacho entre sus brazos. – Nos cae como anillo al dedo, la verdad.
- Parece que sí. – volteó a mirar a los nuevos reclutas de Touou mientras calentaban y regresando su mirada a la manager cuando no encontró rastro de su as. - ¿Dónde está Aomine?
Soltó un suspiro entre su sonrisa, como si fuese irónico.
- Se ha desviado un poquito mientras llegábamos. – guiño un ojo divertida.
La entrenadora levantó una ceja, extrañada porque de ser así, Satsuki estaría tras el reprimiéndole como de costumbre. A Kuroko también le pareció extraño.
Kagami se excusó rascándose la cabeza para dirigirse a los vestidores y ponerse su uniforme, como todos los demás. En eso se encontró con Kiyoshi llegando.
- Senpai. – saludó alegre estirándole la mano para saludarle con un choque de hombros.
- Hey, Kagami. ¿Emocionado?
- En verdad. – se rascó la nuca sonriente.
- ¿Están los demás en los vestidores?
- Si, ya casi empieza el partido.
- Bien, los espero en la cancha. – chocó su mano con la del otro como despedida. – Por cierto, vi a Aomine trotando hacia aquí. Qué raro. – soltó una risita.
El corazón del ala-pívot dio un bote, por la noticia. ¿Qué rayos estaba haciendo Aomine?
Kiyoshi desapareció por el pasillo hasta el gimnasio, y aunque Kagami no dejó de darle vueltas a la nueva noticia, entró a los casilleros para cambiarse. Encontró un murmullo ávido dentro los que allí se cambiaban y uniéndose a la atmosfera, se cambió sus ropas.
Recibiendo palmadas en la espalda por cada quien que salía primero que él, la habitación quedó vacía.
El juego había iniciado con la pelota en manos de Touou gracias al salto de Wakamatsu. Aomine ya se encontraba de vuelta, un poco palpado en sudor por el previo ejercicio.
Cada que avanzaba el juego los espectadores se sorprendían más y más, principalmente el equipo de Touou quien no se esperaba tan pulcro desempeño de parte de los nuevos reclutas. El nuevo base del equipo; un estudiante de primer año, de un metro con siete y medio, cabello relativamente alborotado y de nombre Sata Kyoya, mostraba un amplio conocimiento de su posición y buenas habilidades. Había entrado al equipo por admiración a Aomine y repetía que jugar a su lado le hacía sentir importante, claro que el moreno no se molestaba, le recordaba a cierto rubio.
La mayor parte del partido fue dominado por sus respectivos ases, dejando a todos con la boca abierta una vez más, pero Aomine estaba tan decidido en ganar que apenas dejaba respirar a Kagami. Cumpliendo con lo profesado para sí mismo, Touou ganó el partido por un punto. Kagami estaba sorprendido pues Aomine parecía diferente y más decidido que nunca, había reservado su estado de 100% de concentración para los últimos minutos, ganando así, el partido. También que, la falta de Kiyoshi Teppei en el partido se hizo más que notoria, ya que aunque Mitobe no hacia mal su trabajo, le faltaba experiencia profesional.
Al finalizar el partido el capitán de Seirin, Hyuuga Junpei pasó al frente, donde los jugadores agradecían el partido y dijo:
- Estamos muy agradecidos a Touou. Como ven, nosotros tenemos mucho que aprender aún y gracias a ustedes todos nos dimos cuenta de lo débiles que éramos.
Imayoshi sonrió desde su sitio en la banca, junto a Susa. La entrenadora quiso llorar de lo orgullosa que se encontraba de sus chicos, quienes no paraban de sorprenderla y mejorar.
Wakamatsu le extendió la mano y le sonrió.
- Podríamos decir lo mismo. Si no fuese por ustedes, seguiríamos cegados por nuestro poder, - miró de reojo a Aomine quien parecía no relacionarse ni lo más mínimo en lo que su capitán decía, y se secó algunas gotas de sudor con su jersey. – estamos agradecidos.
Wakamatsu tenía mucho por recorrer para alcanzar el titulo capitán de Touou pero Hyuuga podía sentir que el chico tenía el carisma que se necesita para ello.
Tras aquellas conmovedoras palabras, todo el mundo cooperó en asear y organizar el gimnasio. Excepto dos ases quien sentados en sus respectivas bancas, descasaban y tomaban agua, muy tranquilos. Bueno, Kagami estaba a punto de levantarse para chocar puños con el moreno y admitir su derrota pero fueron regañados por Riko.
- Ustedes dos, haraganes. – les señaló con el dedo. El as de Touou levantó la cabeza unos segundos después dudando que era a él a quien se le hablaba. – Vayan a comprar bebidas.
- ¿Hah? – replicó el moreno, recibiendo una amenazadora ojeada por parte de la entrenadora de Seirin, quien cargaba algunos balones.
Se levantó murmurando una que otra queja. Dejó la toalla en la banca y se colgó su bulto.
- Yo. – saludó el pelirrojo detrás de él, palmando su hombro.
Aomine repitió el saludo dándole la espalda una vez empezaron a caminar.
- ¿Y los casilleros? – preguntó.
- Ah, sígueme. – se adelantó en la caminata trotando un poco.
Desde el pasillo se escuchaba el murmullo de la cancha y los utensilios siendo movidos. Kagami le condujo al cuarto, entrando él primero mientras dejaba la toalla en el banquillo más cercano. Si su mente no estuviese surcando banalidades, se hubiese percatado de que Aomine cerró con seguro la puerta. El pelirrojo empezó a cambiarse frente a su casillero, manteniendo ambos el silencio mientras lo hacían.
Antes de retirar su camisa y que Aomine abriese su equipaje para sacar otra toalla, Kagami habló.
- ¿Me estas evitando? – dijo sin voltearse a él, con la mirada fija en el acero de la pequeña puerta.
- ¿Hah?
- ¿Por qué me rechazaste el viernes? – repitió sacando una camisa blanca del casillero, volteándose a él.
- Ah. – rio como si recién se acordara de ello. – Estaba estudiando, Bakagami.
Taiga sintió como la vergüenza se apiadaba de él, haciéndole voltear de la mirada azulada.
- Joder. – continuó sacando prendas de su casillero. – Podrías decirme, imbécil.
Aomine rio, evidentemente burlándose de él.
- ¿Qué se siente perder con la misma carta? – preguntó acercándose a él y abrazando el cuello del mayor.
- ¿La misma carta? – volvió a voltearse a él, mirando las pupilas azules.
- La mayoría de veces ganan por un punto y siempre en los últimos segundos del partido. Devolví la jugada para que veas como se siente.
- Ahomine. – masculló este, volteando a su casillero.
La sensación que sintió hace rato, eso que sintió cuando vio que Aomine le arrebató la pelota y como un destello llegó al otro lado de la cancha anotando el punto decisivo para Touou. Es la sensación más agría que pudo sentir, estando tan cerca de la victoria, siéndole arrebatada con sorna.
Kagami trató de enfocarse en cambiarse de ropa pero era imposible, Aomine nunca pensó en eso después de todo. Solo sintió como era azotado con fuerza contra la pared, abriendo los ojos con desconcierto. ¿Qué está pasando?
- La verdad es, Kagami… - dijo Aomine, en una voz demasiado ronca para el gusto del pelirrojo, sintiendo como los dedos ajenos apretaban su cuello. – que voy a explotar.
Taiga volvió a abrir los ojos, atónito al ver la expresión furiosa de Aomine, esa que acostumbraba a ver en sus partidos. Su respiración se hacía forzada, provocándole largas exhalaciones al moreno.
- ¿Qué..?
- Estoy demasiado caliente. – aclaró este.
La sangre recorrió cada centímetro del cuerpo contra la pared, recorriendo cada arteria con frenesí, hasta sus mejillas.
- Aomine, aquí no se puede –
- ¿Y a mí qué? – frunció las cejas.
- Aomine, por Dios… - observó por encima del hombro de Daiki en dirección a la puerta. Su corazón empezaba a acelerarse.
- Será rápido.
- Aomine… - volvió a ver las pupilas llenas de lívido ante él.
Kagami bajó la mirada para comprobar que sí, lo que presionaba su cadera era una erección, una muy aguda. Aprovechando la distracción del pelirrojo, Aomine capturó sus labios en un férvido beso. La lengua del moreno presionó contra los labios contrarios, buscando su entrada en la cavidad de este, uniéndose ambos músculos con armonía, encajando ambas bocas perfectamente. El beso era más violento de lo que usualmente era. Las manos del peli azul presionaban el cuello y la mandíbula del otro con impaciencia, como si quisiese asfixiarlo.
Kagami ya no podría negarse, su cuerpo empezaba a desear a Aomine y mucho.
Tomándolo de la camisa, atizó al pelirrojo contra los casilleros del otro lado del cuarto, provocando un estruendo que con suerte no se escuchó en todo el recinto. Por el golpe, ambos se fueron deslizando contra la pared de casilleros, mientras se besaban con tanto fervor que era difícil calmar los dientes de querer morderse mutuamente. Taiga terminó acostado en el suelo, con Aomine encima suyo, erguido contra su boca.
Kagami despegó sus labios lentamente, acariciando su frente contra la morena, ante su negatividad de dejar los labios contrarios, su mano presionando su nuca para mantenerle cerca de él. Respiró el nombre del otro, provocándole un espasmo que excitó al moreno. Mientras Kagami observaba el cuello contrario con la mirada perdida en tanto deseo, Aomine se puso de pie, deshaciéndose rápidamente de su pantalón y ropa interior. Volvió a sentarse en el estómago del ala-pívot, sosteniendo los bordes de su camisa con los dientes y acercándose lo suficiente a su cara para que su erección roce sus labios, haciéndole entender. Kagami tenía los ojos bien abiertos, observando los azules, saturados de lívido e impaciencia.
Se proporcionó equilibrio colocando una mano sobre los casilleros y levantando un poco los glúteos, chocó el glande contra los labios rojos una vez más, ansioso. Con la mano libre apresó una mano del pelirrojo, dándole el último aviso, y así, Kagami abrió la boca, dejando salir su lengua para probar el miembro de Aomine. Este echó la cabeza hacia atrás soltando un bajo gemido por la sensación. Taiga empezó danzando su lengua por todo el glande hasta donde alcanzaba por el tronco. Aomine temblaba por el placer, como si una gran carga fuese liberada de sus hombros. La lengua de Kagami acariciaba todo su pene, dedicando cierta presión cerca de la uretra. Aomine miró al pelirrojo ante la acción, disfrutando la expresión de Kagami mientras lo hacía; sus ojos estaban cerrados pero su cara completamente roja por el previo ejercicio, delataba su excitación. Levantó un poco más su cadera para que el miembro pudiese entrar en la boca del otro.
La cerró gustoso alrededor de este, moviendo su lengua circularmente mientras subía y baja la cabeza para ocupar más espacio. Aomine solo pudo echar la cabeza hacia atrás y gemir nuevamente. Comenzaron las embestidas por parte de la boca del as de Seirin, lentas y pasivas pero desbordantes de deseo. Los bramidos salían constantemente de la boca del moreno, bajos, consiente de que no podrían ser escuchados más que esto.
Ayudando a Kagami, comenzó a moverse ligeramente de atrás hacia delante, para que su pene entrase fácilmente en la boca del otro. Salían unos hoscos gemidos de parte de Kagami, a veces cuando sentía que la punta alcanzaba su garganta de la presión que ejercía Aomine en él. Pronto, empezó a moverse más rápido, creciendo su desesperación, ansioso por liberarse de tanta excitación.
- Ah – gimió descansando su cabeza en el brazo que sostenía contra los casilleros – … mierda. – apenas entendible por la ropa que sostenía con sus dientes.
Peleó para soltar su mano del firme agarre de Daiki y pasarla al abdomen desnudo de este, acariciando su cuerpo sudado mientras le veía a los ojos, gozando de su trabajo.
Mientras más se acercaba el orgasmo más levantaba Aomine su cuerpo, por las descargas eléctricas que sentía con la lengua del otro jugar con su miembro. Kagami utilizaba su mano de vez en cuando para masturbarle, haciéndolo rápido y entonces cuando volvía a meter el miembro en su boca, volvía a una mortífera lentitud.
- ¿Qué estarán haciendo esos dos? – se preguntaba una preocupada Riko, observando con recelo la entrada del gimnasio, por donde esos dos han salido. – Voy a ver si Aomine y Kagami están bien. – realmente le preocupaba que se hayan metido en otra de sus riñas y que hayan causado problemas a alguien.
Los ojos de la manager de Touou se abrieron con temor y sorpresa ante el anuncio de Riko, dejando todo lo que tenía en sus manos y corriendo al lado de la entrenadora.
- Estarán bien. – sonrió, tratando de no parecer forzado. – Yo iré por ellos.
Riko la miró, dejándose convencer por la sonrisa que traía esta y se encogió de hombros dejándola ir.
Salió al corredor de los vestidores, trotando despacio mientras observaba a todos lados buscando huellas del enérgico par, pero no vio nada. Se detuvo en la puerta de los casilleros, reduciendo cualquier ruido que pueda provocar. Su corazón palpitaba con fuerza mientras fogosas ideas pasaban por su cabeza al ver que tenía seguro puesto. ¿Ha sido Aomine?
Sus mejillas se tornaron rojas y con las manos moldeó su rostro por la excitación del momento. Lo que sea que estén haciendo allí dentro, que sea rápido antes de que alguien venga a saber de esos dos. Miró a todos lados esperando que a nadie se le ocurra pasar por aquí, o peor, venir a cambiarse ahora. Ya tenía suficiente con el amargue que le dejó a Daiki por la resolución que le dio ante la noticia de su relación. Ya no soportaba tener al moreno fuera de su vida y arreglará las cosas cuanto antes.
Desde este lado de la puerta, se escuchaba a penas un quejido y desde que escuchó aquel ruido hace poco, supo que algo andaba mal… o demasiado bien. El corazón le latía rápidamente y su boca no paraba de sonreír, martillando entre las imágenes dentro de aquella habitación.
- Apúrense…
Apresó la cabeza del mayor contra suelo, sosteniéndolo del cabello, dejándolo casi inadvertido. Soltó un último gemido y sosteniendo su propio miembro una vez fuera de la boca de Kagami, se frotó una vez más expulsando el viscoso líquido que le mantenía desesperado. Este salpicó la cara del ala-pívot de Seirin y parte de su cabello, provocándole una risa.
- ¿Te estas riendo? – le empujó hacia un lado, por la vergüenza, levantándose como pudo.
Agarró una toalla y vaciándose una botella de agua se limpió la semilla de Aomine por toda la cara.
- ¿Qué quieres que haga? – se levantó, sentándose después en uno de los banquillos que ellos no habían sacado de lugar.
- Ponte ropa, Aomine, hay que salir.
El moreno suspiró dejando caer su cabeza hacia atrás, se encontraba tan relajado que le importaba un bledo estar pegajoso y sudado y posiblemente oliendo a semen.
Kagami le lanzó la toalla que había utilizado para sacarle de su ensimismamiento, cuyo olor le trajo de vuelta al mundo.
- Joder, esto apesta. – alejó la tela de su rostro como si se tratase de lo más horrendo que vio jamás.
- Pues es culpa tuya. – Kagami vestía una cara de enojo, aunque solo era para ocultar su vergüenza por lo que recién han hecho.
Quería ducharse cuanto antes y aunque ha conseguido alejar el olor de semen de su cara, siente que salir así le causará problemas pero no tiene más que jugársela. Aomine se cambió, dejando al pelirrojo allí, ya que este insistió en salir último. Lo que no se esperaba era la silueta de la peli rosa junto a la puerta, con una cara de contrariedad.
Esos dos no tienen perdón de Dios. Pero yo mucho menos, hihihi. Ya saben, cuando alguien les diga 'No, mejor voy yo' déjenle ir sin rechistar, ustedes que sabrán lo que esté pasando, mejor ahórrense momentos incomodos.
Espero que les haya gustado el capítulo, bueno, en realidad iba a ser mucho más largo pero… decidí que no y lo corté en dos partes. He estado estresada con esto de 'La semana de Aomine' en Tumblr y bueno… Trataré de actualizar más seguido, no solo una vez al mes, haré lo que pueda porque quiero avanzar esto rápido, se avecinan tantas cosas djfkdfngjdg. ¿Reviews, follows, favorites? Los amaría.
