Capitulo 10.

Un poco mas tarde, lejos de allí Bobby, Reidi y Hamer/Henriksen se encontraban apostados cerca de un destartalado motel esperando la llegada de los fantasmas. El viejo ranger les había guiado hasta ese lugar, jurando que los ladrones pararían allí.

- ¿Seguro que vendrán aquí? – cuestiono Bobby, sin dejar de vigilar al ranger y al camino a la vez. El cazador empezaba a pensar que esa noche se quedaría bizco por eso.

- Ya te lo he dicho. Los pille intentando volver a este lugar en tres ocasiones. A la cuarta fue cuando los atrapamos.

- Querrás decir cuando los acribillasteis. – Matizo Bobby. Hamer se encogió de hombros, indiferente.

- Lo mismo da. Eran ladrones y asesinos. Mataron a policías honrados. No merecían más que morir como los perros que eran. – Reidi gruño.

- Tío, me das asco. Ya tengo ganas de que salgas del cuerpo de Victor.

- Ya somos dos. – se unió el cazador, frunciendo el ceño.

- "Tres." – gruño mentalmente Henriksen.

- ¡Silencio! – rugió Hamer. – Se acerca un coche. – todos prestaron atención al sonido de un motor acercándose. La cara de Bobby se ilumino cuando reconoció el motor.

- ¡Es el Impala! Es inconfundible. Son ellos.

- Bien… caeremos sobre ellos cuando se alejen del coche.

- Nada de hacerles daño. – advirtió el cazador. El ranger frunció el ceño.

- Reza para que no nos lo hagan a nosotros. Ellos son los que tienen balas de verdad. – se hizo el silencio. Los tres hombres vieron llegar el coche, aparcar y a los dos chicos bajarse de él y coger un par de picos y martillos del maletero. Luego se alejaron discutiendo del vehículo. – Bien… ¿preparados? ¡Ahora! – los hombres salieron de su escondite, apuntando a los chicos con sus armas. - ¡Se acabo el juego, pareja de bribones! ¡Entregaos! – Clyde parpadeo aturdido.

- ¿Cómo habéis llegado antes que nosotros?

- "¡Porque eres un manta conduciendo, tío!" – Clyde empezó a arrepentirse de haber poseído a Dean. El tío no dejaba de dar la vara… Fue a echar mano a la pistola pero Hamer fue más rápido y le disparo con la escopeta.

- ¡Clyde!

- "¡Dean"! – el ranger cargo de nuevo y disparo contra Bonnie, que soltó un grito de dolor y cayó al suelo junto a su compañero. Bobby, al que todo eso le había pillado de sorpresa, se acerco corriendo a los chicos, preocupado. Reidi le arrebato el arma al ranger.

- ¡Ya vale, vaquero! – Dean se incorporo quedándose sentado con un gemido lastimero y se arrastro hasta su hermano.

- ¿Sam? ¿Sammy? Ay… joder… me ha dado de lleno en las costillas… hijo de puta… - Sam gimió también dolorido, girándose lo justo para poder ver a Dean, sin llegar a levantarse.

- Y tanto… joder… cuando dijiste que dolía, no te creí. Pero… que cabron… mi pecho…

- ¿Estáis bien? – pregunto Bobby, ya mas aliviado al ver a los chicos moverse y hablar.

- De fabula, ay… - Dean se volvió a dejar caer de espaldas en el suelo, pero Sam tiro de él.

- ¡Tío! ¡Las cosas de estos dos! Hay que quemarlas o volverán. – el mayor gimió, levantándose.

- ¡Ay, joder! Lo había olvidado.

- ¿Qué cosas? – los chicos ya se encaminaban hacia el motel. Bobby les paro, antes de que llegaran a las habitaciones. - ¿Qué cosas? – volvió a preguntar. Los hermanos intercambiaron una mirada.

- Bonnie dijo que escondieron un botín y cosas suyas en una de las habitaciones de este lugar, la última vez que vinieron. Tal vez algo de eso les este atando a este mundo.

- Y habría que quemarlo. – termino el viejo cazador. – Pero… ¿en cuál de ellas? No podemos simplemente echar abajo todas las paredes. Hay al menos una docena de habitaciones. – Hamer/Henriksen carraspeo, llamando su atención.

- Es en la número siete. Allí es donde se encontraron las fotos y varias cosas más de ellos. Lo que no supimos nunca es que escondieran un botín.

- Normal… si no fueras de los que disparan primero y preguntan después… - mascullo Reidi, volviéndose hacia Bobby. – Oiga… ¿Cuándo se va a ir este tipo para que vuelva mi compañero? No es que sea la alegría de la huerta, pero le prefiero a este "Billy el niño". – el cazador sonrió.

- Tranquilo. Lo tendrá de vuelta a la mañana. Es cuando termina el hechizo.

- ¿No podría ser antes? – los chicos soltaron una risita, ante la insistencia del agente.

- No. Mejor que no. No se lo tome a mal, pero si dejamos que Henriksen vuelva antes, no nos dejara marcharnos. Y no tenemos ninguna intención de ir a la cárcel hoy. – Dean y Sam se encaminaron hasta la habitación siete. El pequeño se agacho para forzar la cerradura, parando a tiempo a Dean, que quería echarla abajo de una patada.

- Totalmente de acuerdo con eso. – mascullo Dean, entrando a la habitación. Un par de horas después y dos paredes hechas polvo mas tarde, los chicos, Bobby y los agentes veían como ardían las joyas y las pertenencias de los ladrones. Todo lo que encontraron tras una pared falsa, ropas, enseres personales, joyas de todas clases, dinero… lo quemaron todo para no dejar ni un solo rastro de ellos. Hamer/Henriksen cerró un instante los ojos y sonrió retorcido.

- Se han ido… por fin… después de setenta años… por fin podre descansar. – dijo con un suspiro de alivio.

- ¿Seguro?

- Seguro. Se acabo. – los chicos intercambiaron una mirada, nerviosos. – Tranquilos. Aun mantendré ocupado a vuestro amigo hasta que amanezca. Pero solo os quedan un par de horas, así que largaos de una vez. – sin mediar palabra, Bobby y los hermanos corrieron hacia el Impala y salieron a toda velocidad del lugar. Reidi hizo amago de coger su teléfono, pero Hamer le apunto con la escopeta de sal. – Yo que tu no haría eso, forastero. Como habrás comprobado no matan, pero duelen como el infierno.

- Vic va a matarme por esto… - comento el agente, guardando su teléfono. El otro rio.

- Oh… no está muy conforme, no. Pero tampoco está en posición para discutir. Ya les volveréis a encontrar. Gente como esos dos, no pasan desapercibidos demasiado tiempo.

Continuara...