Hola, hola, si bien en este capitulo puede que sea largo, les pido que me digan dudas o fallas mias. Lamento no estar al cien con mis fics, pero es que he estado muy ocupada, por favor, paciencia y gracias.


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Mire al cielo estrellado y supe que era momento de pagar mi deuda… Perdóname, Sasuke.

Uchiha Itachi.

Tercer cuento: Amigos y enemigos. (Primera parte)


Entre los rayos del sol se pueden ver dos sombras que corren con una plasmante velocidad. Las mañana son siempre el perfecto escenario de la rutina de ambas sombras, mientras que por los tejados y los arboles, como un mono juguetón, corren ágilmente un niño de rubia cabellera, ojos celestes y piel de bronce blanquecino. Con una sonrisa en la cara, Naruto baja a gran velocidad a los techos de la aldea. Sí, el torbellino de Konoha es participe de una carrera, una carrera definirá quien se queda con todo y quien lo pierde.

Pero, como era de esperarse, no corre en vano, pues está comprobado que nadie puede hacerle frente excepto Uchiha Sasuke, un joven de trece años, que al igual que Naruto, corre como el rayo. Danzando en el aire entre rítmicos saltos.

Ambos jóvenes, amigos de infancia y de sangre, corren compitiendo para ver quien es el más acto.

Ahí vemos a Naruto, entre tejas y ramas, mientras que Sasuke, al otro lado de aquella transitada calle, hace frente con su rapidez. Los dos se miran a los ojos, van muy parejos.

―¡Ríndete, Sasuke-teme, está vez yo seré el ganador! – dio un salto a la calle, esquivando peatones, que, algunos, ya acostumbrados, se hacen a un lado, otros, corren a refugiarse por el escándalo que hace Naruto al correr.

—¡No lo creo, Usuratonkachi! – Sasuke, siempre mostrando más madurez que su amigo, da comentarios tan llenos de competitividad.

—¡¿A quien crees que le llamas tonto? ¡Tonto el más viejo de tu casa! – como un halcón que planea entre edificios, Naruto pasa desapercibido entre la calle de Konoha.

—Si Itachi te oye se armara buena… - rio Sasuke, mientras hacía lo mismo que Naruto.

—Itachi no está aquí.

—¡No, pero esa vaca sí!

—¿Vaca? – y tal como Sasuke lo predijo, Naruto se estampó de lleno con una vaca café. Sasuke saltó sobre el animal y siguió la carrera, Naruto, por su parte, se quedó atascado en el lodo de aquel corral.

—¡SASUKE! – alcanzó a oír el aludido mientras se acercaba a las escaleras del palacio. Subió riéndose y al llegar a donde los guardias, cayo rendido sobre su espalda.

—Buena carrera, Sasuke-chan, hemos estado viendo desde lejos. – dijo uno de los centinelas que estaban custodiando la puerta.

—Hai, por un momento pensé que Naruto se adelantaría, pero como siempre, el muy baka no se da cuenta de las cosas.

Los dos guardias rieron un poco.

—¡Sasuke!

—Oh, mira, hablando del diablo, se acerca… - exclamó un guardia, cuando Naruto subía paso tras paso las escaleras del palacio.

Sasuke sólo rio pasa si mismo, Naruto era un buen contrincante, pero al final, por ley, él tenía que ser el vencedor.

—Hey, esa no cuenta, tropecé con una vaca… - se quejó Naruto, mientras se terminaba de limpiar el loco de la cara.

—Yo lo veo muy justo, Naruto, además, tú fuiste el descuidado… - se defendió Sasuke.

—¡Ah, pero tú no me esperaste!

—¡Por supuesto tonto, era una carrera! – carraspeó el pelinegro.

—¡Yo no soy tonto! Sólo un poco despistado…

—Dobe…

—¡Ah, repítelo otra vez!

—Naruto, estás siendo redundante…

—¿Qué es redundante?

—Ya niños, dejen de discutir. – una voz madura, muy conocida para ellos los hizo voltear hacia las puertas del palacio, lugar en donde descansaba entre una escalinata. Los ojos de los jóvenes se abrieron con sorpresa al ver al individuo que estaba enfrente de ellos.

Los centinelas posaron militarmente, haciendo un saludo con sus manos y parándose derecho ante la presencia de tal señor.

—Madara-san. – Naruto rio nerviosamente.

Sasuke simplemente lo miró con cierta desconfianza.

—Hola, Naruto-chan… - miró a Sasuke. – Sasuke-chan… - se levantó de las escalinatas y camino hacia ellos. —¿Sabían que es de mala educación hablar tan fuerte en la entrada de un palacio?

—No, lo sentimos señor… - Sasuke habló con un tono arisco. A decir verdad, nunca le agrado ese hombre.

Hace mucho tiempo, cuando era un bebé, su hermano le contó que la aldea había sido atacada por un poderoso demonio. Kyuubi no Youko. Así le decía.

Ese esperpento había devastado toda la aldea incluyendo el palacio, Itachi le contó de un guerrero muy poderoso, tanto así que logró derrotar al demonio. Su hermano mayor también le contó, que fue durante ese enfrentamiento en el que sus padres murieron, de hecho, toda su familia. Por alguna razón extraña, niños y ancianos de la gran familia Uchiha habían perecido en la batalla, algunos, muertos por el desastre, otros, desaparecidos misteriosamente.

Si no hubiera sido por Itachi, cuyo genio iba más allá de un niño de su edad, tanto Sasuke como él no se hubieran salvado.

De entre los sobrevivientes del clan Uchiha, quedaron dos niños, uno de ellos todavía bebé. Y nada menos que el poderoso Uchiha Madara, quien siendo acompañante del rey el día en el que la crisis se desató, no fue involucrado en la cruel masacre.

Aun así, Itachi le había dicho que aunque su pariente, no se dejara engañar por ese hombre, ya que nunca fue de su agrado y tampoco interés. Por eso, Sasuke era agrio con ese sujeto, debido a las enseñanzas de su hermano.

—¿Sucede algo, Sasuke-chan? Me miras con ojos de odio.

Sasuke reaccionó de inmediato, Naruto le miró de soslayo. Observó cómo su amigo apartaba la mirada con algo parecido a la pena.

—Oiga, Madara-san… - pero, a diferencia de Sasuke, a Naruto le habían enseñado que tenía que ser educado con todos los emisarios del palacio. —¿Está el abuelo Sarutobi en casa?

—Sí, está dentro… - se hizo a un lado para que los dos pasaran. Naruto movió la cabeza invitando a Sasuke a pasar. Los dos jóvenes caminaron al lado de Madara despacio.

—Gracias, Madara-san… nos veremos después.

—Seguro, Naruto-chan, Sasuke-chan… - el ultimo simplemente asintió.

Una vez que entraron al palacio, los dos respiraron.

—No sé a ti, pero a mí ese sujeto siempre me causa escalofríos.

—Tsk., y que lo digas. – respondió Sasuke.

—Bueno, vamos con el viejo, hay que pedirle que nos aliste el baño.

—Como quieras…

—Por cierto, Sasuke, ¿Te quedaras a dormir esta noche?

Los dos caminaban por los pasillos del palacio tranquilamente. La gran estructura de pisos de madera fina, columnas semejantes a la de los templos sagrados y tejas de color azul, era como un laberinto para aquel que no la conocía bien.

—No lo sé, Naruto, Itachi me pidió que le ayudara con unas cosas…

—¡Anda, Sasuke, me aburro mucho aquí encerrado! Los viejos del palacio no saben hacer nada más que tomar té y leer pergami… - Pero chocó con alguien, cayendo de sentón al suelo. – Auch. – se sobó el trasero. - ¡Oye, ten más cuidado por don-! – se calló inmediatamente. —¡Majestad! – tragó saliva.

Sasuke se quedó callado mientras posaba sus ojos en la roja armadura del rey, quien estaba parado enfrente de ellos, con una sonrisa en la cara.

—Ah, Naruto-chan, Sasuke-chan, perdonen, no los vi… - dijo sereno.

—Mmm no. – se disculpó Sasuke, bajando la cabeza. – Lo sentimos… - Naruto bajó la cabeza después. El rey simplemente se rio.

—Hashirama, qué… - Sarutobi apareció inmediatamente después en unos instante. —¡Naruto, así que ahí es donde estabas! – pasó a un lado del rey y le ayudó a levantarse de su caída. —Tenía rato buscándote. Oh, hola, pequeño Sasuke.

—Hola, Sarutobi-sama. – saludó educadamente el chico.

El rey Hashirame seguía callado, simplemente sonriendo.

—¡Abuelo Sarutobi, invite a Sasuke a dormir! – dijo entusiasmado.

—¡Naruto! – Sasuke sintió pena.

Los hermanos, rey y duque se miraron un momento, riéndose de las ocurrencias del rubio.

—Majestad, ¿Verdad que puede quedarse? – esta vez recurrió al monarca para tener el permiso y así Sasuke no pudiera negarse.

—Claro… - respondió el rey.

—Pero… no quiero ser una molestia, además Itachi…

—Por mí esta bien… - la voz del hermano prodigo se escuchó detrás de ellos. Ahí, parado al otro lado del pasillo, estaba Uchiha Itachi.

—¡Nii-san!

—Anda, Sasuke, Naruto casi nunca te invita a quedarte la noche, además, será divertido, ¿Ustedes que dicen, majestad, Sarutobi-sama?

—Seguro. – respondió el rex, con claridad.

—Yo no tengo inconveniente, además… - Sarutobi miró las estrellas de emoción en los ojos de Naruto. – Creo que le hará provecho a este crío, en vez de andar correteando por la aldea, que se entretenga con su amigo en el palacio.

—¡Gracias, viejo! – se rio Naruto.

—¡Deja de llamarme viejo, todavía estoy en la flor de mi juventud! – exclamó Sarutobi.

—¡Sí, claro! – respondió Naruto.

Pero, ajeno a todo esto, Sasuke se acercó a su hermano.

—Nii-san, ¿No hay problema? Sé que querías que mañana te ayudara con el aseo de la casa y yo…

—Está bien, Sasuke, la vida es corta, disfruta con tus amigos, nunca sabes que pasara el día de mañana. – y con un gesto de hermandad, le dio un golpecito en la cabeza. Sasuke retrocedió algo molesto, mientras se sobaba un poco el punto rojo que le dejó su hermano.

Itachi rio entre dientes y con ello Sasuke sonrió también.

—Bueno, ya que han arreglado eso… - habló de repente el rey. – Me gustaría seguir con lo mío. Los veo luego muchachos… ¿Vamos? – invitó directamente a Itachi, quien asintiendo, se despidió de su hermano a distancia.

—¡Eh, Sasuke, vamos a las aguas termales!

—Aa. – asintió y comenzó a caminar detrás de Naruto. Echó un vistazo por encima de su hombro y observó la espalda de Itachi perdiéndose entre los pasillos. Suspiró y se resignó a ir tras Naruto.

Siguieron en silencio hasta que se metieron en las aguas termales, ahí, ambos chicos se pusieron a platicar de lo que harían mañana. Naruto tenía el tiempo libre más esplendoroso del mundo. Si bien había sido educado como era debido, según el duque, era muy bueno aprendiendo, y su curiosidad lo había llevado a ser un avanzado en la clase del segundo hermano del rey. El segundo heredero o Nidaime, era un profesor exigente, le había enseñado a Naruto de historia, combate con armas y sin armas, un idioma antiguo, que por cierto Naruto no había aprendido muy bien, y lo más culto que puede saber un guerrero, enfermería y cacería.

Sí, Sasuke no podía explicarse como teniendo todas esas comodidades, Naruto se sentía aburrido, ciertamente, su hiperactividad era un factor, pero de entre todas las cosas era menor. Por que como Itachi siempre decía "Siempre hay algo que hacer".

Sasuke sabía la historia de Naruto, había perdido a sus padres durante la batalla con el Kyuubi, aunque ignoraba quienes fueron sus padres, estaba seguro que era hijo de alguien de la realeza, ya que su estancia en el palacio se debía a eso, o claro, por caridad por parte del soberano.

—Naruto…

—¿Qué? – ambos estabas acostados con yukatas blancas en la habitación del rubio, miraban por la ventana las estrellas de esa noche.

—¿Cómo eran tus padres? – se atrevió a preguntar.

—Mi madre se llamaba Kushina, era descendiente del reino del viento, mi padre… Amm, la verdad, no me han querido decir quien era mi padre, verás, según el viejo, es por protección. Me dijeron el nombre de mi madre cuando cumplí los trece, pero eso fue por que insistí mucho a su majestad.

—Oh, ya veo. Seguramente era hijo de algún rey o algo así.

—Quien sabe… - encogió sus hombros. —No es que sea un ingrato, pero la realeza es muy aburrida. – bostezó. —Hay reglas para todo, no puedes sentarte de una forma, un movimiento de la mano en la mesa puede significar la ejecución de alguien, si digo una cosa puede ser grosera, cosas de status. – dijo desganado. Sasuke sólo lo escuchaba un tanto fascinado.

—De modo qué, no puedes hacer nada divertido dentro del palacio.

—Exacto, además, puedo andar chocando por personas importantes… como hoy.

—Al menos el rey no se enojó contigo.

—¿Su majestad? No, es muy buena persona, pero si te soy sincero no quisiera encontrármelo cuando esté enojado. Las personas cuentas muchas historias sobre él. – agregó Naruto, mientras se acostaba boca abajo, encarando a Sasuke. Él pelinegro seguía mirando las estrellas. —¿Qué tanto miras?

—Las estrellas… - musitó. —Desde niño, mi hermano me contaba historias cada noche, al mirar las historias.

—¿Qué clase de historias? – preguntó interesado Naruto.

—Sobre el Clan Uchiha, cómo el clan hizo esto, hizo aquello… Incluso, me contaba sobre mis padres.

Un silencio sepulcral se precipitó sobre ellos. Padres…

Eso era lo que los unía. Ambos carecían de padres, y por lo tanto, ese "dolor" los hacía entenderse más cada día. Aunque los sentimientos de amor familiar no estuvieran dirigidos especialmente a los padres, ya que buenas personas como el duque Sarutobi e Itachi, les habían criado con propiedad, siempre quedaba la duda de saber, ¿Qué hubieran sentido si ellos todavía vivieran? ¿Serían reales las hazañas heroicas que solían contarles sobre ellos? Ninguno lo sabía a ciencia cierta, pues no eran capaces de ver el pasado y decir que sí.

Sin duda, Sasuke era un buen amigo para Naruto, así como lo era el rubio para el pelinegro.

Ambos compartían muchas características, como su competitividad, sus agallas, sus aventuras… Claro, había otras cosas que no, como el físico, su apetito… pero de algo sí estaban seguros, no pudieron haber encontrado un amigo tan valioso.

—Naruto…

—¿Umm? – contestó medio dormido.

—Hay una pregunta más que quiero hacerte.

—¿Cuál?

—¿Por qué nunca te quitas ese collar? – pues el brillo verde de una piedra en forma de cuarzo le distraía siempre que estaban juntos. Naruto despertó de su letargo y tomó la piedra entre sus dedos.

—Fue un regalo de su majestad. El viejo Sarutobi dice que por respeto y gratitud nunca me lo quite. Además, da buena suerte… - sonrió finalmente.

—Ah, está bien…

Así, se durmieron…

7 años después.

Sobre una roca descansaba un guerrero, su azul armadura resplandecía con el roció y los rayos matutinos. Entre el bosque solitario, dormitando sentado, sobre la grama con una filosa espada enfrente de él, era presa fácil para el enemigo.

Una brisa cálida del nuevo día le despertó, mas no abrió los ojos, esperando al quien le acechaba.

Pues entre las ramas de los arboles los ojos del depredador enfocaban una distancia prudente para derrocar a su presa. Y así lo hizo, saltó sobre él, para propinar un golpe mortal.

El guerrero se levantó con astucia y desenvainó la espada ante el enemigo.

El choque de los metales alertó que el oponente estaba armado y no era un amateur. Siguió habiendo encuentros entre sus espadas, el atacante vestía de capa, cubriendo con una capucha la cabeza y así su identidad.

Dio un saltó hacia atrás, no para rendirse, sino para desconcertarlo. Usando su velocidad volvió arremeter contra el enemigo, más esté, con acrobacias dignas de un mono se cubría todos los embates que hacía con la espada.

—¿Te crees muy listo? – dijo el guerrero de azul. El pillar de mil pájaros se escuchó en el bosque, cuando la espalda de éste se electrificó salvajemente.

El contrincante retrocedió, advertido por el resplandor azul.

—¿Quieres que sea de esa manera? – el joven oponente junto sus manos y una espacie de chakra azul comenzó a bañar su cuerpo. La espada quedó estabilizada con ese chakra colorido.

Volvieron a chocar metales y esta vez la potencia fue más peligrosa. Chipas inquisidoras amenazaron con provocar un incendio forestar. Los jóvenes peladores saltaron a los arboles, una pelea a metros del suelo sin duda. Y así, muchas hojas cayeron ante el entrenamiento de Sasuke y Naruto.

De un saltó los jóvenes quedaron en el aire, Sasuke atacó con la espada y Naruto, siendo bueno esquivando, se alejó, para darle en la armadura con su katana. Pero no esperó que los rayos que Sasuke usaba se alzaran de su mismísimo cuerpo y le protegieran.

Sorprendido, el rubio retrocedió en el aire y descansó sobre un montículo de tierra. Sasuke se fue en picada a su encuentro y el rubio le espero decidido a pararle. La espada del Uchiha trinaba por el relámpago y la mente de Naruto ideaba un plan para detenerlo.

Justo cuando Sasuke iba ya a un metro para caerle encima, Naruto retrocedió, dejando que Sasuke se impactara en el suelo. La arena se levantó y no pudieron ver nada.

Naruto rio entre dientes al pensar que le había ganado a Sasuke, mas se equivocó cuando la espada, similar a un tercer brazo, le dio una sorpresa, emergiendo del polvo y tierra, atacando al cuello, dispuesta a darle un escarmiento.

Naruto retrocedió, pero en su movimiento, la espada de Sasuke alcanzó a cortarle el collar Naruto solía usar con fervor.

Al percatarse, el rubio lo alcanzó a tomar con la mano y dio dos maromeras hacia atrás, alejándose de Sasuke.

—¡Wow, Wow, espera! – dijo rápidamente, antes de que Sasuke decidiera continuar con el entrenamiento.

—¿Qué sucede? – los años habían vuelto a Sasuke un hueso duro de roer, además, de una habitual frialdad y seriedad.

—Me has cortado el collar. – hizo un nudo para reparar el incidente.

—Oh, lo siento. – se disculpó desganado.

—Hai, Hai, no hay problema. – verificó si no estaba flojo el nudo. Sonrió y miró a su amigo. —Llevamos una semana fuera de casa, ¿Qué te parece si mejor regresamos?

—¿Por qué?

El estomago de Naruto gruñó en respuesta, una gota en la cabeza de Sasuke se dibujó.

—Es que, tengo hambre y ganas de un buen baño caliente. – dijo mientras sonreía como siempre.

Sasuke suspiro. Ciertamente, él también quería un baño.

—De acuerdo… - dejo salir. —Vamos… - guardó su espada.

—Oye, Sasuke…

—¿Mmm?- lo miró por encima del hombro, ya iba adelantado. Naruto se posó a su lado.

—¿Qué tal una carrera?

—Pensé que nunca lo dirías. – sonrió entre labios.

Se echaron a correr como almas que lleva el diablo.

Parecían volar. Sin dudad, no había mejores rivales en este mundo como ellos.

Seguramente los muchachos estaban tan entretenidos demostrando sus habilidades que no notaron la presencia de cierta sombra entre los arboles. Ahí, entre hojas verdes, dos ojos atrevidos espiaba con calma a los jóvenes que habían permanecido ahí hacia unos momentos.

Salió de improviso y observó con cuidado los daños que habían causado esos dos con sus encuentros. Calculo que en una batalla real serían mucho más feroces de lo que habían demostrado aquí. Sonrió un poco y luego miró el camino que ellos habían tomado para regresar a la aldea.

—Que interesante… - murmuró la sombra, mientras desaparecía.

Días después…

Ahí se encontraba Naruto, sentado en la mesa real, comiendo una rica sopa ramen que la cocinera le preparó con gusto. Naruto adoraba la sopa ramen, era lo mejor del mundo, según sus palabras. Después de la semana de entrenamiento con Sasuke, Sarutobi le dijo que se tomara unos días de descanso, por que de seguro, conociéndoles, habrían sido extenuantes las horas en la intemperie, entrenando y comiendo insectos, frutas y conejos.

—Ah, Naruto-kun. – el muchacho dejó de comer para enfocar la vista en el visitante. Era nada menos que Uchiha Madara, el consejero del rey. —No sabía que ya estabas en casa. – se sentó a su lado, en seguida, sirvientes llegaron donde él. —¿Puedes traerme un tazón de ramen? – el hombre asintió, dirigiéndose a la cocina.

—Tenía mucho tiempo sin verlo, Madara-san… ¿Cómo se encuentra?

—Excelente, últimamente atareados con el trabajo… ya sabes, últimamente se han visto bandas de mercenarios y ladrones en los alrededores del reino.

—He de suponer que su majestad y usted están al tanto de eso. – dejó de comer para conversar. Además, ya había terminado.

—Supones bien… - llegó la cocinera con el ramen y lo dejó enfrente de Madara, el Uchiha miró con cierto prejuicio la sopa.

—¿No le gusta el ramen?

—Para serte sincero, no. Pero lo pedí por que te vi comiendo tan a gusto que me entraron ganas de probarlo.

—Hágalo, es muy bueno. – sonrió.

—Sin duda lo haré. Oye, Naruto-kun, quería preguntarte, ¿Qué tal vas con el entrenamiento?

—Oh, pues cada día mejoro un poco más. – alardeó.

—Tú y Sasuke-kun son compañeros de entrenamiento, ¿No es así?

—¡Hai! – dijo emocionado. —Siempre entrenamos y entrenamos, es lo mejor que hay… así seremos tan fuertes como su majestad.

—Aa. – asintió Madara. – Hashirama es fuerte… ¿Quieres ser rey? – preguntó directamente al chico.

—Amm, la verdad creo que es aburrido ser un rey, ya sabe, tantas reglas y ceremonias para todo.

—Concuerdo con eso. – agregó Madara. El tazón de ramen se estaba enfriando.

—¿Pero sabe algo, Madara-san? – dijo Naruto con un tono solemne y lleno de esperanza. —No sería una mala idea… - río entre dientes orgulloso. – Por que si me convierto en rey, podre proteger a mi aldea y a mis amigos contra cualquier peligro. — encaró a Madara con una sonrisa. —Tal y como mi padre lo hizo.

—¿Minato? – Madara alzó una ceja. —Veo que Sarutobi-san ya te explicó sobre ese asunto. – sonrió un poco, esto se ponía cada vez mejor.

Naruto asintió. Había nostalgia en sus ojos.

—Y pensar… que yo fui un sobreviviente gracias a la amistad… mi padre se sacrificó, al igual que muchos, para proteger el futuro, no era el rey, pero actuó como uno. Por eso, estoy muy contento, se que si algún día llega a pasar algo así, tendré la fuerza y el coraje para impedir que algo malo suceda. – elevó su puño al aire, inspirado por sus propias palabras.

—Tus pensamientos son muy nobles, Naruto-kun. – Madara se levantó de la mesa. —Y tal como lo dijiste, Minato se sacrificó, así como otros, para proteger la villa. – miró atentamente a Naruto a los ojos. —Espero que tú también estés dispuesto a cooperar por el bien de Konoha.

—Descuide. – expreso convencido.

—Es bueno escuchar eso. – Madara siguió su camino, en sus ojos un plan siniestro se trazaba. —Ah, por cierto, ¿Puedes terminar ese plato de ramen por mí?

—¡Claro! – el rubio comió complacido, aunque algo frio, el ramen seguía siendo igual de bueno.

Dos semanas después…

Sasuke descansaba tranquilamente en el corredor de su casa, con paz y serenidad, tocaba una flauta de madera, las claras notas emitían un sonido tranquilizante y las ansias eran apagadas por la armonía de aquel instrumento.

—Sasuke… - el joven dejó de tocar para enfocarse en Itachi, quien le llamaba.

—¿Qué pasa, Nii-san?

El hombre de ojeras sonrió un poco.

—Iré a comprar algunas cosas, casi anochece, ¿Por qué no tomas un baño y te acuestas a dormir?

Sasuke alzó una ceja.

—Sí, ¿Por qué no? – volvió a tocar la flauta un poquitín. Itachi comenzó a alejarse. —Itachi. – el aludido se detuvo ante la voz de Sasuke. —Si vas de compras, ¿Por qué llevas tu espada? – el joven era vivaz y rápido para asimilar las cosas.

—Mmm… - encogió los hombros. —Nunca se sabe cuando la necesitaras. – se hizo un gran silencio entre los hermanos.

—Si tú lo dices. – en eso Itachi se acercó a su hermano. —¿Qué? – Sasuke no entendió eso.

—Perdóname, Sasuke… - le dio un golpe en la frente, el muchacho se quedó en blanco ante las acciones de Itachi. —Llegare tarde…

Y se dio la media vuelta, sin decir nada más. Sasuke miró desconcertado las huellas que dejaba su hermano. Suspiró, Itachi siempre sería un misterio.

Incluso cuando era niño, el Uchiha se mostraba taciturno y ausente en muchas cosas. Era un ejemplar hermano mayor, pero siempre portaba con su cara de póker. Sin importar qué.

Se levantó y fue a llenar el agua para bañarse. Un viento bruto le alertó que se acercaba una tormenta. Encogiéndose los hombros entró a la casa. No sabía que a distancia de allí, pronto ocurriría una tragedia.

Pues se encontraban en el bosque, Naruto y Madara, entrenando, según el segundo, por diversión.

Cuando observaron que la tarde caía, Naruto se detuvo. Estaba cansado, Uchiha Madara era bueno, muy bueno.

—Uff, fue divertido. – exclamó el rubio. El mayor detuvo su kata.

—Seguramente.

—Madara-san, ¿Ya vio el cielo? Se acerca una tormenta. – comentó Naruto, mientras observaba al horizonte.

—Sí. – Madara miraba al Uzumaki con una expresión inusual.

—Oí, Madara-san, ¿A dónde dijo que se había ido Hashirama-sama? – Naruto preguntó.

—Fue al reino de la tierra, reportes dicen que algunos renegados estaban haciendo movimientos conflictivos por allá.

—Oh… - murmuró Naruto. – Yo nunca he ido al reino de la tierra. ¿Usted sí? – bajo la mano para tocar su collar, aquel le he había obsequiado el rey, mas no lo sintió. Buscó desesperado hasta que un tintineó le advirtió su paradero. Madara lo tenía en la mano y lo exhibía de una manera sádica. —Ah, menos mal, ¿Podría devolvérmelo, Madara-san?

—No… - los ojos de Madara se colorearon de un rojo sangriento. Naruto se percató de ese detalle y encaró a Madara con desconfianza.

—¿Sharingan? – preguntó. Ya serio. Un instinto interno le decía que algo estaba fuera de lo común.

—Así es, Naruto-kun. – el hombre de cabello negro comenzó a avanzar hasta donde estaba Naruto. El rubio sintió un escalofrío.

—Esos ojos… - musitó el joven. —Tengo la sensación de que ya los he visto. – Madara se acercaba cada vez más.

—Cierto. – dijo el hombreo. —Sólo que la ultima vez, eras libre…

—¿Libre? – eso desconcertó al ojiazul. Ni siquiera alcanzó a resguardarse de Madara, pues cuando menos lo imaginó se encontraba completamente hipnotizado por el ojo giratorio. Su cuerpo estaba paralizado, victima de un poderoso hechizo paralizador.

Intentó moverse, pero en este momento se encontraba completamente hecho piedra. Quiso gritar, mas el sonido no salía de su garganta, entonces, aun en su estado deplorable, sintió que le impactaban contra un árbol, Madara lo tenía agarrado de los hombros, inmovilizándolo, en ese momento, Naruto observó con horror como las comillas en los ojos de Madara se transformaban a algo peor, una especia de aspas de tres picos.

El cuerpo del joven se puso rígido, y así, Madara entró en su mente.

—¡AAAAHHGG! – el grito desgarrador de Naruto retumbó por todo el bosque.

Un temblor aterrador se apoderó del cuerpo del joven. Preso en una ola de energías negativas e ilusiones que le acosaban, su expresión comenzó a cambiar poco a poco a la de un desquiciado.

Pues en el interior de Naruto, una batalla se estaba librando.

Ahí estaba él. Flotando en algo que parecía ser un lago. Poco a poco se dio tuvo noción del tiempo y espacio, se levantó, el agua le llegaba hasta la cintura. Desconcertado, sacudió su cabeza. Respiró entrecortado y cuando elevó la vista se atragantó con su saliva.

Enfrente de él se encontraba de pie un enorme demonio rojo. Un zorro, de colmillos blancos y ojos furiosos, dócilmente sentado sobre sus colas. Se dio cuenta que temblaba, como gelatina, esforzándose por no perder la compostura. Naruto dio un paso hacía atrás y el animal se alertó de ello.

La cara del Kyuubi cubrió el panorama, Naruto sintió mareos al verlo tan de cerca.

—¿Kyuubi? – musitó, inseguro en realidad.

—Quita esa cara de tonto… - dijo con voz ronca y abominable. Naruto frunció el ceño.

—No entiendo, ¿Qué sucede? ¿Y por que eres tan irrespetuoso? Recuerda que yo soy el que manda aquí y…

—Chiquillo tonto, ¿No te das cuenta de que está pasando? – Naruto se calló ante eso. —Uchiha Madara, vuelve a interferir… - los colmillos del zorro se destaparon y las garras emergieron de las patas. Naruto retrocedió.

—¿A que te refieres?

—El muy maldito. – se levantó. Toda el agua del lugar se abalanzó inquieta. Los ojos del Kyuubi tomaban cada vez un resplandor más iracundo. Naruto se dio cuenta que miraba con insistencia al frente, y se volteo para encontrar un par de ojos que lo escudriñaban sin permiso. De pronto acá se sintió ultrajado, una espacie de ira surgió en él. El sentimiento de destruir al enemigo y de odiarle a muerte.

Naruto comenzó a sentir la metamorfosis… Cómo le hacía falta el cristal.

—¡No lo mires! – le gritó a su bestia interna. —¡Intenta provocarnos! ¡Él sólo…! – se guardó sus palabras, pues interminables sombras comenzaban a envolverlo en una red. Desesperado, por quitarse esa oscuridad, comenzó a empujar y a dar golpes. Con el tiempo, la ira crecía…

—Por culpa de Madara… falté a mi promesa. – dijo el zorro. Naruto escuchó atentamente. —Madara es el culpable de que todos murieran… - eso declaró la guerra. A la mente de Naruto llegaron imágenes de años atrás, cuando su padre falleció en busca de un futuro mejor. Lo que vio no le agradó…

—¡BASTARDO! – gritó con todas sus fuerzas.

El chakra rojo comenzó a emanar de él como si fuera propio. Miró de soslayo al zorro y junto con él, rugió con la más pura furia.

Madara se dio cuenta de eso y sonrió, su plan estaba funcionando. Sabía que el cristal que Hashirama le había dado era un extra para controlar la voluntad del zorro. Era una piedra mágica que tenía la capacidad de purificar la mente de Naruto y por tanto, todo sentimiento maligno era repelido… pero ahora. Ambos, tanto médium como youkai, estaban completamente fuera de control.

El poder del chakra rojo comenzó a ser expulsado del cuerpo de Naruto. Madara resistía un poco más. Pero algo imprevisto surgió. Pues sintió que le halaban de la espalda con fuerza, separándole de su presa y lanzándolo lejos.

Se enderezó y se encontró con el Sharingan… esos ojos eran tan resplandecientes y sin duda, estaban muy molestos.

—Que sorpresa, Itachi-kun. – escupió.

—¡Eres un bastardo! – de la boca del joven emergieron flamas ardientes. Madara se separó lo más que pudo para no quemarse. Itachi se volteó en seguida e intentó llegar donde Naruto, quien en estos momento, ya era presa de una transformación.

—¡Naruto! – Itachi lo tomó de los hombros, el rubio emitía alaridos como un alma en pena. —¡Naruto, por favor, responde!

—¡Es inútil, Itachi! – Madara se acercó. —En estos momentos la ira del zorro lo ha contagiado completamente. Sólo es cuestión de tiempo para que se convierta… la ilusión en la que está no puede ser revertida. – Itachi lo miró de forma despectiva.

—¡Lo que sea que hayas hecho, puedo romperlo!

—No lo creo, he empleado una técnica única de nuestra sangre, una ilusión tan poderosa, que ni tú, aun con tu madurez, podrías romper…

—He de intentarlo. – sonrió el muchacho, mientras que sus ojos se transformaban drásticamente en algo que Madara conocía muy bien.

Su sorpresa se descompuso en una carcajada al ver el Sharingan transformado en eso a lo que él le llamaba Mangekyou Sharingan.

—¡Vaya, vaya, Itachi-kun, por lo visto has vivido mucho! – se burló. Pues la clave para tener ese poder era ser un asesino. Entonces, la bulla de Madara se apagó. —Ni creas que te dejare intentarlo . – y se lanzó a por Itachi. Madara se lanzó sobre Itachi, quien respondió de inmediato atacando frontalmente, las espadas chocaron una vez más en el bosque, dos adversarios de características similares enfrentándose por motivos diferentes.

Los ojos rojos de los Uchiha resplandecían con flamas de odio y desesperación. Itachi esquivaba los ataques de Madara, quien apresuradamente movía su espada de un lado a otro, en estilo de esgrima, intentando vencer a Itachi.

—Te tengo… - atacó a su hombro derecho, pero no obtuvo la sangre de su enemigo, sino que en vez de eso emergieron plumas de cuervo. Desconcertado, Madara retrocedió y encontró a Itachi escondido en los arboles.

Una bola de fuego calcino el bosque, mientras Itachi se desvanecía en la tierra, como si fueran movedizas. El más viejo de los Uchiha sabía que el muchacho estaba usando manipulación natural para escapar de él.

—¡Eso no te servirá de nada! – dio un puñetazo al suelo, alzando la tierra y con ella a Itachi. Una vez en el aire más fuego salió de su boca, para atraparlo finalmente. Aunque, como era de esparce, Itachi desapareció en una nube de humo. En vez de él, muchas cuchillas comenzaron a salir de las sombras de las hojas.

Madara jugó el mismo juego. Se desvaneció entre la lluvia de armas blancas y con una plasmante demostracion de destreza, comenzó a multiplicarse debido a su velocidad. Itachi confió su vida a sus ojos, ya que ilusiones como esas solamente el Sharingan podía revertir.

—Deja de intentar ser un héroe, Itachi. – Madara estaba detrás de él, se dio la vuelta y le hizo frente. —¿Por qué no te unes a mí y formamos un equipo? Eres un joven formidable…

—Primero muerto. – con sus manos comenzó a hacer una gran cantidad de poses, después, invocó de los riachuelos cercanos una enorme bestia de agua. —¡Muérete! – lanzó un enorme dragón de agua contra el veterano Uchiha.

Madara saltó lejos del rango de alcance de la bestia y una vez a salvo hizo lo mismo. Solo que esta vez no fue un dragón de agua, sino de tierra.

—Qué estúpido… - Itachi sonrió al ver cómo su criatura destronaba a la de tierra, convirtiéndola en fango inservible.

—¡Yo me reiría si fuera tú!

—¡Una distracción! – Madara apareció como siempre a traición y esta vez no vaciló, clavó justamente sobre la zona lumbar una daga a profundidad. Itachi lanzo un grito de dolor, respondiéndole de manera agresiva y ajustándole un golpe certero en la cara. Madara retrocedió con una mejilla mallugada.

—Buena reacción… - se tocó la zona dañada. Itachi se sacó el arma de la espalda. —¿Pero sabes una cosa? Te tengo dos noticias: La primera, es que la daga estaba bañada en un nocivo veneno. – la mirada de Itachi se tornó molesta. —Y la segunda, parece que la transformación está completa.

—¿Qué? – rápidamente giró su cuerpo para encontrarse a una pesadilla viviente. Tirando en el suelo, respirando de manera apresurada, estaba el cuerpo de un fantasmal monstruo. Tragó saliva sin notarlo, pues aquel ser se elevó sobre dos piernas, su cuerpo entero de color rojo, cara redonda y colmillos triangulares, orejas grandes, como las de un zorro. Garras filosas, cuerpo delgado, mirada de odio y cuatro colas rebosantes de un chakra maligno y rojo.

—¿No te parece nostálgico, Itachi-kun? – Madara observaba aquello con deleite. —El Kyuubi, el destructor de Konoha regresó.

—¡Eres un desgraciado! – le lanzó una cuchilla, rozándole la otra mejilla, cortándole así la piel y sangrando.

—No importa lo que digas… - miró a Naruto convertido en bestia y sonrió con éxito. —Puedes apostar que a este chico no le interesara quien seas tú. Te matara por igual… esas es la naturaleza del zorro de las nueve colas. Ja ne, Itachi-kun… - desapareció repentinamente en una cortina de humo, dejándole a solas con la criatura.

El hombre de ojos negros maldijo en silencio. Sintió como si su cuerpo se calentara a momentos y un sudor frio recorrió su frente, casi igual a cuando sales de la regadera y no te has secado.

Un mareo inesperado le atarantó y se sentó en el suelo por efecto de este mareo. Comprendió ahí que era el efecto del veneno. Dichosa droga quizás era una estrategia por Madara para matarlo de una manera humillante, a merced de la persona que vino a salvar.

Ja, si claro, como si Uchiha Itachi fuera tan débil.

Se levantó, todavía victima de los mareos y nauseas, colocó muy bien sus pies en la tierra y respiró. Tendría que luchar una vez más y por si fuera poco, los enemigos se tornaban cada vez más peligrosos.

El poderoso Dios Kyuubi, que aunque a pesar del mito, había sido despojado de parte de su divinidad, seguía siendo una amenaza mayor. Tsk., esto no sería nada sencillo, pero haría lo posible para enfrentarse a la bestia.

—¡Naruto! – gritó. En demonio enderezó las orejas, escuchando el ruido. —No te preocupes, te sacare de ese trance… - sacó su espada e hizo guardia. —Tú eres una buena persona, amigo… es hora de que pague mi deuda. – los ojos rojos del Sharingan ampararon sus palabras, y a pesar de que su cuerpo enfermaba cada vez más eso no le desanimó a sostenerse y pelear.

El demonio, todavía algo pasmado y de pie, apoyó su peso contra sus patas delanteras y con un rugido magistral, hizo correr una poderosa corriente de aire que devastó el lugar entero, mas Itachi seguía en pie.

Hizo sellos con las manos y le lanzó una gran llamarada. El fuego alertó al demonio, quien con ira, lanzó una de sus garras, Itachi no se percató de ello y sintió que le apresaban por enfrente. La enorme zarpa de chakra roja le hizo darse cuenta que esto iba muy, muy enserio.

Se estampó contra un árbol, la garrar aun lo sostenía. Era, ¿Cómo decirlo? Como una extensión más del cuerpo de la bestial.

—Parece que tendré que utilizar los tres tesoros. – cerró los ojos, un dolor interno lo embargaba. —Perdóname… Oto-san, Oka-san… Kushina-san, pero creo que la única oportunidad que me queda. – sus ojos comenzaron a girar endemoniadamente rápido. —¡No quiero hacer esto, pero no me dejas opción! – un poder sorprendente se desprendió de Itachi.

El zorro le soltó y retrocedió al reconocer que esto podría llegar a ser peligroso.

Y mientras Itachi enfrentaba al Kyuubi en persona, en el palacio una intuición poderosa se apodero de los hermanos del rey.

—Nii-sama… - Sarutobi observó al su hermano segundo. El hombre tenía la mirada fija en el bosque, percibiendo el mal que estaba cerca.

—Saru, evacúa a las personas, si más no me falla la menoría, este chakra es de…

—El Kyuubi. – completó Sarutobi.

Los hermanos del rey se levantaron de sus asientos y corriendo al exterior, sin embargo, no eran los únicos que podían sentir la fuerza bruta que se vivía en algún lugar del bosque, algunas personas, como los Hyuuga observaban el cielo con cierto misticismo, asegurando que algo terrible sucedería en la aldea.

Y para rematar la tensión Sasuke se encontraba dentro de la tina, con el Sharingan activado. Sabía que algo malo estaba pasando… suspiró. Seguramente el rey se encargaría de los problemas.

Escondió la cabeza en el agua y se relajó. Entonces en medio de su taparía, sintió un poder grandísimo que se abalanzaba sobre la villa. Salió de la tina de madera con exasperación, ese poder era nada menos que de Itachi.

—Nii-san… - tragó saliva y corrió a vestirse.

El demonio Kyuubi observaba lo que pasaba con tranquilidad, un poderoso fuego negro cercaba al Uchiha, los ojos, en forma de hasta de tres picos giraban con violencia.

El demonio rugió para mantener su idea de liderazgo, mas el ambiente se ponía más pesado a medida que el poder de Itachi aumentaba. Con su espada bañada en chakra alertó al oponente, y para su sorpresa, se dio cuenta cómo costaba su mano con rapidez.

Una onda de choque emergió de ahí e Itachi gritó con todas sus fuerzas.

—¡Espada de la virtud y el valor, corta con tu filo sagrado el firmamento! ¡Ven a mí! – y de su mano derecha, un poderoso resplandor nació. La estela de luz dio paso a una especie de silueta que asemejaba a la de una cuchilla.

El zorro, enardecido saltó sobre el muchacho e Itachi, todavía en conmoción sintió el golpe del lleno, mientras era mandado a volar. En pleno vuelo, Itachi se compuso y estirando la espada tal y como lo había hecho el zorro con su brazo, cortó sin piedad los arboles, llegando donde el zorro.

Inútilmente, el animal se protegió con los brazos. La espada rebanó sin piedad su brazo izquierdo y el antebrazo del derecho.

El zorro retrocedió con espuma en la boda, el dolor era tan profundo que le costaba mantenerse en un estado de calma.

El joven Uchiha vio su oportunidad y atacó de frente, el demonio lo vio y lanzó aire caliente para detenerlo. La espada de Itachi apartó el viento como si nada.

Tenía que apresurarse y derrotar a Naruto, el veneno le estaba causando estragos en el cuerpo y la espada comenzaba a engagrenarle el brazo. Pues, hay que saber, que para un humano usar un arma de dioses es motivo de castigo y éste consiste en perder las extremidades.

La espada sagrada talló el suelo con coraje, pues el zorro saltó esquivando el ataque. En el aire, mandó a sus colas al asalto, mas el joven esquivó y con otro movimiento corló a la mitad las colas del zorro.

El Kyuubi cayó al suelo con espuma a causa de la rabia. Estaba completamente loco de dolor y perder sus brazos era un castigo abrazador.

—Ríndete y déjame ver al chico. – demandó Itachi.

—Estúpido…- una voz ronca y feroz puso nervioso a Itachi. —Él es parte de mí, así como yo soy parte de él. – se levantó, la sangre caliente y roja se derramaba sobre el pasto. El zorro dejo escapar un alarido de su garganta y al instante le crecieron los brazos y las colas.

Eso definitivamente desanimó a Itachi. Quien volvió a posar en defensa al ver que algo pasaba. La masa corporal del esperpento comenzó a incrementar desmesuradamente, entendió Itachi, que la transformación aun no acaba y tomado por un miedo incontrolable no pudo evitar lo que paso después.

Surgió de entre el chakra rojo un pelaje rojizo brillante, garras de queratina irrompible y colmillos verdaderos, en forma de cono. Unos ojos rojos de bestia y nueve colas que se alzaban provocando remolinos en el aire.

Itachi observó con plasmante emoción al demonio vivo, lleno de vitalidad y con una furia incontenible.

Suspiró. No pudo evitarlo y vomitó. Se sorprendió al ver sangre en el vomito. Supo ahí, que se le estaba acabando el tiempo o terminaba con esto o el veneno lo mataba antes de poder hacer algo.

—Perdóname, Sasuke… - no quería dejarle solo, pero al parecer era inevitable. —Te has vuelto todo un hombre… cuídate por mí. – dejo de hablar solo y de nuevo el Sharingan apareció.

En su mano izquierda comenzó a florecer la gangrena y así, dio espacio al siguiente tesoro. Una especie de escudo cristalino se armó en su mano, protegiéndolo de todo.

Después, en su pecho, se dibujó la silueta de un extraño collar que resplandecía con el verde del jade. Itachi sonrió al verse completo. Los tres tesoros sagrados estaban con él y aunque su poder fuese la ruina, usaría todos los medios para ganar.

El demonio zorro miró al insecto que en este momento asemejaba a una deidad debido a los adiamientos que tenía consigo.

El poder legitimo del clan Uchiha estaba reflejado en Itachi, cuya voluntad asemejaba a la del gran sabio de los seis caminos. Itachi sonrió…

—Ahora sí estamos en problemas, ¿No lo crees, Kyuubi no Youko?

Continuara…

Bien, el desenlace de este cuento y SasuSaku seràn los que vengan en el proximo capitulo. Pido una disculpa por la tardanza y a la gente bonita una invitación para que revicen muy Polls.

Gracias.

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Yume no Kaze.