Las gemas que rodeaban a zircón y su grupo bajaron las armas por orden de Amatista y esta, esbozando una sonrisa de oreja a oreja, se lanzó contra él y lo tiró al suelo del impulso, era su extraña manera de celebrar el reencuentro.

Shu esgrimió una leve sonrisa y la gema le tendió la mano para levantarse, mientras ella se dirigía a él emocionada.

– ¡ya pensábamos que no te veríamos nunca! , ¡ya verás cuando te vean las demás!, ¡Steven está hecho todo un …¡humano…! Y… y…-. Iolita la interrumpió y se dirigió hacia ella acelerada.

– Dejad esto para luego, ahora necesitamos llegar a la estación de comunicaciones, es imperativo contactar de inmediato con homeworld-.

Amatista arqueó una ceja e inspeccionó a la derrotada escuadra de Zircón. -Antes de responderte cualquier cosa decidme que hacéis vosotras que aquí, comprended que siendo una escuadra militar no pueda dejaros acceder a puntos tan vitales así de fácil-.

Zircón pareció sorprendido con su respuesta, ¿Amatista responsable? , ¿qué había sucedido?. Iolita se frotó los ojos cansada y asintió:

– Es justo… hemos acabado en la tierra huyendo de algo, algún tipo de fusión extraña y extremadamente peligrosa -

Amatista la miró por un instante y entrecerrando los ojos le preguntó. -¿Sois una escuadra de élite y habéis tenido problema con una simple fusión? , cuesta creerlo-

Iolita, frustrada y nerviosa por la situación de emergencia en la que se encontraban fue a levantar la voz, pero Zircón la detuvo y negó con la cabeza. Ahora, serio pero sereno se dirigió a Amatista.

- Sin tonterías Amatista, esto es realmente algo grave, esa cosa ha asesinado a un diamante y ha absorbido a prácticamente todas las gemas de un planeta-. La gema esbozó una sonrisa divertida pensando que se estaba quedando con ella, pero cuando vio que la expresión seria de Zircón no se desvanecía, su sonrisa se disipó y lo miró incrédula…las guerreras a su alrededor empezaron a mirarse preocupadas. Levemente alterada, Amatista preguntó algo más.

- Si tal es el caso… ¿cómo habéis escapado? -.

Entonces, la mirada de zircón se quedó en blanco y le vino a la mente la imagen de Obsidiana siendo engullida con los ojos inundados en lágrimas de terror, mientras en el abismo ese monstruo le sonreía con crueldad.

Iolita, al ver que Zircón era incapaz de contestar a aquello en ese momento, decidió intervenir:

-Llegamos aquí con una gema entrenada en el teletransporte, esta murió antes de alcanzar el otro lado-

Amatista la miró confusa, y empezó a pensar, ¿entonces porque habían llegado precisamente a aquel lugar?, el teletransporte interplanetario necesita de imágenes muy potentes y emociones intensas para… oh…. Entonces cayó en la cuenta de lo que estaba pasando… aquel lugar sí que recogía emociones intensas para dos gemas muy concretas. Amatista asintió y tras disculparse por su rudeza suspiró , respondió seria.

– Pedís comunicaros con vuestro planeta… pero lamento informaros de que es imposible, las comunicaciones están bloqueadas desde la tierra- . Iolita se dejó caer al suelo abatida por su respuesta. – ¡¿Y tenías que hacernos ese interrogatorio para decirnos eso?!-

Amatista asintió. – Lo lamento, pero necesitaba saber cuáles eran vuestras intenciones-

Iolita se echó las manos a la cabeza frustrada e impotente. -Y supongo que el portal a homeworld está también inactivo…-.

Amatista volvió a asentir. – Era una de las condiciones que vosotras mismas nos impusisteis para establecer una población independiente del imperio gema-

Entonces mientras Amatista e Iolita discutían sobre las distintas posibilidades, la vista de zircón empezó a nublarse. Las secuelas del durísimo combate de hace apenas una hora, mezcladas con la visión de Obsidiana cayendo en el abismo, estaban finalmente pasándole factura. Uno de los cuarzos se percató y se acercó a ayudarle a mantener el equilibrio.

- ¿Estás bien zircón? -. Este se frotó los ojos y negó con la cabeza mientras forzaba una leve risa. – No, estoy hecho trizas…necesito descansar … y vosotras también-. Amatista se percató y le propuso refugio a Iolita hasta que encontraran una solución, proposición que la comandante aceptó sin dudar, todas estaban destrozadas y necesitaban ayuda. Amatista esbozó una sonrisa satisfecha y se dirigió a Zircón con tono sereno.

-Vamos a casa, vendedor de enciclopedias-. Zircón la miró con dulzura durante unos segundos y asintió, a pesar de encontrarse aparentemente ante una amatista muy diferente, seguía siendo ella.

La primera parada fue el granero de Greg, reformado ahora en una especie de cuartel de las gemas de cristal, debido sobre todo a las necesidades acuciantes de espacio de las numerosas gemas de Rose que volvieron con la resistencia original tras la batalla de hace años. Zircón no pudo evitar sentir un poco de pena por Greg, su granero ahora parecía una recreación barata de star trek... con aliens incluidos. Amatista fue recibida por una esmeralda de aspecto desaliñado y despreocupado.

-Recibí tu mensaje, ¿estas son? -. Amatista asintió y se dirigió a Iolita.

-Tu, tus cuarzos y esas gemas que lleváis con vosotras os quedareis aquí esta noche, ¿de acuerdo?, mañana hablaremos de las balizas -. Iolita asintió y tras agradecerle, acompañó a la esmeralda al interior del edificio. Zircón fue a seguirla, pero entonces Amatista lo agarró del hombro y negó con la cabeza.

- Tú te vienes conmigo, la estirada, la samurái y Steven quieren verte-. Zircón asintió y no pudo evitar dejar escapar una risa a pesar de su estado, echaba de menos esos motes. –De acuerdo, vamos-

Cuando la luz del portal se disipó lo primero que vio Shu fue una caja de donuts abierta encima de la repisa de la cocina de la casa. Los recuerdos le golpearon de pleno y ver el resto de la casa inalterada le hizo un nudo en la garganta. Miró a su alrededor buscando a los demás, pero no vio a nadie, pensó que debían estar en el templo. Pero cuando fue a preguntar a Amatista, la puerta del templo se abrió y su mirada se encontró con la de un crecido Steven. Una enorme sonrisa apareció en el rostro de ambos y entonces, sin previo aviso, Steven alzó los puños y gritó:

-¡Zircón está aquí!-

Perla y granate salieron inmediatamente del templo y lo miraron sorprendidas. De inmediato, Perla y Steven se lanzaron hacia él y lo apisonaron entre abrazos que Zircón recibió con una sonrisa mezclada con una mueca de dolor. La gema nacarada se dio cuenta y lo soltó.

– ups… lo siento-. Esbozaba una sonrisa de oreja a oreja y tenía los ojos como platos. Al verla así, a Zircón le vino a la mente la noche que dejó la tierra. En su cabeza resonó un pensamiento espontáneo que le hizo ruborizarse ligeramente. -No recordaba como echaba de menos esos ojos azules-.

Granate se dirigió a él con una sonrisa tranquila. -Estás realmente aquí, pensaba que Amatista nos había metido un bulo-. La gema le respondió levemente ofendida.

– ¡Eh! ¡No se me ocurrirá mentir sobre esto! -

Zircón se separó con cuidado de Steven y lo miró a la cara, sus ojos brillaban como estrellas. Se fijó en que en el pelo llevaba aún la pluma que le había dejado y se le humedecieron los ojos de pura emoción. Se dirigió a todas, que lo miraban expectantes, con una sonrisa en el rostro.

-Os he echado mucho de menos allí arriba, pero…-. Dejó la frase a medias y se desplomó contra el suelo. Las gemas se acercaron asustadas a auxiliarlo y vieron aliviadas que seguía consciente. – Ay… me duele todo… necesito descansar unas horas antes de poneros al día… bueno, y quizá un buen café y un donut también, no sabéis lo malísimos que son los dulces en en homeworld…-

A millones de kilómetros de allí, en una de las lunas que orbitaba homeworld, Diamante camaleón conversaba con el holograma de Diamante azul sobre las terribles desgracias acontecidas.

- Entonces es cierto, ha muerto-. Dijo camaleón con la mirada gacha dirigiéndose al holograma de Diamante azul. No hizo falta que respondiera nada, su incapacidad de pronunciar una sola palabra hablaba por ella. La más poderosa de los diamantes originales ahora lucía débil e indefensa, derrotada por el dolor de perder de lo poco que no recuerdas haber creado tu misma…desviaba la mirada constantemente para intentar esconder las lágrimas de camaleón.

Nacre, la perla acompañante del señor de las lunas de homeworld, también lloraba en silencio la pérdida de su antigua señora, la primera gema que recuerda haber conocido en su larga vida. Diamante camaleón era el único en la sala que no parecía excesivamente abatido, más allá del silencio respetuoso, nada. El motivo era simple, lo esperaba, él ya sabía que esto terminaría pasando.

Diamante azul se dirigió finalmente a Camaleón con semblante decidido. – Voy a cazar a esa cosa -.

Camaleón asintió indiferente. – De acuerdo, ve, no tienes que decírmelo-.

Diamante azul negó con la cabeza. – Sí que tengo, ya que tú te vas a encargar de defender el planeta en mi ausencia-.

Camaleón chistó contrariado. – Ya hemos hablado de esto muchas veces, no soy uno de vuestros diamantes-. Azul avanzó hacia él y se quedó a un palmo de la imperturbable mirada de su igual. – Sabes que no te lo pediría si viera otra posibilidad…-

Sin decir una palabra, Diamante camaleón fue hacia la repisa a servirse una copa seguido atentamente por la mirada de su compañera y el diamante. Desesperada y suplicante, azul añadió algo más.

- Además, sabes perfectamente que no vas a tener que hacer nada… cualquiera ante el que te plantes preferiría saltar a un sol agonizante antes que luchar contigo-.

Se bebió la copa de un solo trago y se quedó en silencio por unos segundos.

- Ve, yo me ocuparé de la casa-

Azul asintió agradecida y tras despedirse con una leve reverencia, cortó comunicaciones. La habitación quedó en un absoluto silencio, solo interrumpido por la respiración agitada de Nacre al llorar. Esta se aferró a Camaleón y este le devolvió el abrazo sin decir una sola palabra, sobraban.