Después de mucho tiempo... he vuelto.
Capítulo dedicado a Pupy... hermanita... no creo q pueda saludarte para tu cumple, pero este es mi regalo. Felicidades desde ya.
Capítulo 10: "Rumbo a la felicidad".
Cuando llegó hasta la playa dirigió su mirada a la inmaculada mesa que reposaba en la arena, pudo distinguir sobre ella un candelabro que la iluminaba desde el centro hacia los extremos, alrededor de este se ubicaba un delicado florero con rosas rojas, Hermione distinguió que eran parecidas a la que había recibido en la tarde.
En los extremos de la mesa, se podían apreciar un par de platos puestos delicadamente junto a sus respectivos cubiertos y copas, la mesa sin duda había sido preparada para una muy elegante cena para dos personas.
Hermione se acercó, mientras con la mirada trataba de ubicar a Harry, pero sus esfuerzos no daban fruto alguno, pues su pareja no daba señales de estar cerca. La castaña se estaba impacientando, ¿qué tal si algo malo le había ocurrido a Harry?, trató de deshacer esos pensamientos, seguramente él estaba por ahí. Decidió sentarse y esperarlo, estaba por tomar la silla para abrirla, cuando esta se desplazó "como por arte de magia" y le permitió sentarse, giró su cabeza esperanzada de encontrar a Harry, pero él no estaba, en su lugar se encontró con un divertido elfo doméstico que iba vestido con una especie de frac, dándole un toque elegante, Hermione no pudo más que sonreír y sentirse orgullosa por aquel elfo que vestía tan solemnemente. Dio las gracias al elfo quien en esos momentos le servía un poco de agua en una copa, cuando Hermione tomó de esta un pequeño sorbo, una hermosa música comenzó a sonar a lo lejos, era una tonada exquisita, de esas que te transportan lejos de la realidad. La tonada se escuchaba cada vez más cerca, con la mirada Hermione buscó la fuente de origen y fue ahí cuando lo vio.
Harry venía acercándose hasta ella con un grupo de personas detrás. Cada una de las personas que seguía a Harry, tocaba algún instrumento, esa era la fuente de aquella hermosa melodía. Harry llegó hasta Hermione y amablemente le tendió una mano invitándola silenciosamente a bailar, ella aceptó gustosa respondiendo de la misma silenciosa manera.
Ambos se dejaron perder en los ojos del otro, ninguno quería ni pensaba romper aquel mágico momento, pues estaban ahí, en ese lugar, el lugar en donde todo comenzó para ellos, pero esta vez, ellos estaban siendo completamente sinceros el uno con el otro, ya nadie se hacía pasar por otro, ahora, eran sólo Hermione y Harry, una mujer y un hombre que se conocieron a los 11 años y se hicieron los mejores amigos para luego enamorarse perdidamente del otro, pero por azares del destino quizás, sus vidas no se unieron si no que simplemente se cruzaron, pero ahora, ese mismo destino les daba una nueva oportunidad y ninguno de ellos estaba dispuesto a dejarla pasar.
La música comenzó a opacarse lentamente, dando señal de que la melodía pronto acabaría, Harry tomó a Hermione por la cintura y la acercó aún más hacia él, aspiró su aroma, se dejó llevar por todas las sensaciones que esa mujer provocaba en él, acercó sus labios al oído de la castaña y soltó lo que tanto ansiaba poder decir.
- Te amo- la voz rasposa de Harry provocó un estremecimiento en Hermione quien no pudo más que responder con un leve gemido, que hizo reír a Harry.
- Te amo- ahora fue el turno de Hermione, quien luego de reponerse de la confesión de Harry, pudo también sincerarse.
Cuando la música hubo ya finalizado, ambos se encontraban compartiendo el más sincero de los besos que aquellos músicos hubiesen visto alguna vez, se sintieron envidiosos del amor que la pareja se profesaba, pero decidieron regalarlos con una nueva melodía, una melodía que hablaba del amor verdadero, de ese amor que supera todos los obstáculos; la tonada contaba la leyenda del amor entre La Luna y el Sol:
"Según la historia, que se cuenta desde antes que el niño se hiciera hombre, y el hombre anciano.
El Sol y la Luna eran, dos enamorados, dicho amor, no tenía condición alguna pues era en esencia puro y benigno.
¿Cómo ocurrió todo? ¿Cómo se hizo fuerte dicho amor?; son enigmas que pues nadie sabía con certeza la respuesta, Unos decían que fue amor a primera vista, otros que fue producto de que se conocieron de niños y cuando se hicieron adolescentes se enamoraron, y los últimos decían que no se conocían más que por leyendas y por mensajes que les llevaba el viento.
Y fue así como Afrodita, la diosa de la belleza y el amor, sintió celos que una pareja de mortales pudiese sentir tan grande amor.
Y entonces decidió demostrar que el amor de dichos humanos no era tan grande, para lo cual bajó del Olimpo, y se presentó frente al mancebo, con toda su belleza, y haciendo gala de su máximo poder de seducción, poder tal que ninguna mujer puede manejar tan bien como ella.
Pero ante la sorpresa de Afrodita, el mozo, puesto en pie le dijo, "Mi señora sé que sin duda usted ha de ser la mujer más bella que existe, y su dulzura mayor que la de cualquier ser mundanal, pero mi corazón solo es de Luna, mi amada mujer, pues para mí ella es más deseable, más que Oro refinado, más dulce que la miel y de miel que destila del panal."
Entonces Afrodita indignada al no poder tentar al Hombre y darse cuenta que su amor superaba incluso a los dioses, ordenó separarles para siempre. Y así mandó al hombre a que sólo saliera en día y a la mujer de noche de esta manera nunca se encontrarían y ese amor se agotaría.
Sin embargo, dicho amor nunca se terminó y entonces llegó la bendición de Zeus, el cual no pudiendo deshacer la orden de Afrodita, les dio una posibilidad, y le dijo al hombre que cuando quisiera ver a su amada debía esforzarse al máximo y entonces podría ver el borde del rostro de su amada.
Desde entonces, en los días cuando la temperatura es alta, es que el sol brilla con toda su intensidad, entonces se puede ver la silueta de la luna en horizonte.
Y no es otra cosa que el Sol que quiere mirar desde lejos a su amada Luna."(1)
La pareja de enamorados sonrío al escuchar aquella tonada, pues se identificaron en gran parte con ella, ya que ambos se conocían de niños y ya siendo unos adolescentes se habían visto enamorados el uno del otro, pero debido a terceros ese amor no pudo hacerse real, pues lo separaron, pero ahora, gracias a las vueltas del destino se les estaba dando una nueva oportunidad y con un nuevo beso, ambos sellaron la promesa de no dejarse separar nuevamente, ellos no serían como el Sol y la Luna que debieron conformarse con verse a la distancia, ellos lucharían por estar siempre juntos.
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Seamus Finnigan acababa de salir del Hospital San Mungo, su rostro iba ensombrecido por la preocupación que le ocasionó ver a Ron en semejante estado, si bien el pelirrojo no fue capaz de decirle que era lo que lo aquejaba, él como buen amigo que era, tuvo la decencia de consultar con el especialista. Aún en su cabeza daban vueltas las palabras del médico.
"- ¿Es usted amigo del Señor Weasley?- le había cuestionado el médico- Si es así, me alegra que esté usted acá, pues es necesario que alguien tenga conciencia de lo que realmente le ocurre a Ron, porque él está empecinado en mantener esto en secreto y no quiere compartirlo con nadie de su familia, tampoco le ha dicho nada a su esposa ni a su mejor amigo, me ha dicho que estos se encuentran en alguna misión y que él no quiere molestarlos y que en cuanto a su familia, tampoco quiere importunarlos, al menos por ahora, hasta saber bien que es lo que lo está aquejando, pero Sr. Finnigan, usted como abogado de Ron, debe hacerle entender que necesitamos de alguien que sea capaz de tomar ciertas decisiones en relación a los tratamientos, la enfermedad que afecta a Ron aun es desconocida para nosotros, pero está afectando todos los sistemas vitales y si sigue así, no creo que le queden muchos meses de vida. Por ahora hemos estado atacando las afecciones de una en una, pero no sabemos el cómo pueda reaccionar con todo esto, por eso, es preciso que usted dé aviso a sus familiares, ellos merecen estar al tanto de la situación."
Aún no sabía como había logrado salir del hospital, ni mucho menos recordaba que le había respondido al médico, pero de lo que sí estaba seguro, era de lo que le había pedido Ron.
"- Seamus, amigo, que bueno es verte.
- ¿Qué te pasó Ron? ¿Te caíste de la escoba?- preguntó en tono de broma el abogado al ver a su amigo en la cama de hospital, conectado a una que otra maquina que le proporcionaba pociones.
- Ojalá fuera eso- contestó el pelirrojo con tono sombrío.- pero no es por esto que te he llamado.
- Está bien- respondió Seamus, sabiendo que Ron no diría nada de la verdadera razón de su estancia en el hospital- pero algún día me tendrás que decir que te pasó para estar en semejante situación.
- Está bien, de todas formas, algún día todos sabrán la verdad- la voz del pelirrojo sonaba más como un murmullo dedicado a él mismo que a su acompañante- ¿Trajiste lo que te encargué por medio de Kreacher?- cuestionó el pelirrojo cambiando el tema.
- S…sí, claro- contestó un poco confuso a la vez que extraía de su maletín algunos papeles y los acercaba a Ron- acá tienes los papeles de tu divorcio. Ron- lo miró preocupado- ¿me podrías explicar que está ocurriendo? Porque no creo que sea coincidencia que hace sólo una semana Harry me haya pedido preparar su divorcio y que justamente ayer, Ginny fuese a mi oficina a hacer el mismo tramite, y ahora vienes tú y pides exactamente lo mismo. ¿No me vas a decir ahora que Harry tiene una aventura con Hermione?- preguntó con evidente curiosidad.
- No, no es una aventura- respondió el pelirrojo con una sonrisa- lo que ocurre, es que nos hemos dado cuenta de nuestros errores, es sólo eso. Y créeme que no sabía que mi hermana también había solicitado el divorcio, Harry se llevará una gran sorpresa cuando llegue mañana.
- Pues sí, me ha pedido los papeles de su divorcio, pero como Harry ya me los había pedido, los tenía ya listos, aunque tuve que hacer algunas modificaciones, porque Ginny se rehusó a aceptar todo lo que Harry le ofrecía, entre esas cosas la casa, el auto, una de las cámaras más grandes que posee Harry en Gringotts, la casa que compró Harry en Hogsmead y también la casa de la playa; pero Ginny rechazó todo eso y además me pidió una solicitud para cambiar el apellido de James, por eso creí que Harry tenía una aventura y que Ginny estaba molesta y que no quería saber nada de él.
- ¿Qué Ginny quiere cambiar el apellido a James?-preguntó sorprendido el pelirrojo- Esto me huele bastante raro y más raro me parece que haya rechazado todas las cosas que Harry le ofrecía, creo que Ginny ha hecho algo muy malo como para comportarse de esta forma. Dime Seamus, ¿cómo la viste? ¿Cómo estaba de ánimos?
- Pues, se veía bastante triste, se notaba que había estado llorando bastante estos días, pero estaba bastante decidida a firmar el divorcio, porque en cuanto modifiqué los documentos ella los firmó inmediatamente y me pidió que se los enviara a Harry, por lo que es seguro que en cuanto Harry llegue a la mansión Black los encuentre ahí.
- No sé qué habrá hecho mi hermana, pero estoy seguro que debe ser algo muy malo, porque hace mucho ya que Harry estaba harto del comportamiento de Ginny y si ella ha decidido darle el divorcio a Harry, es porque seguro ha hecho algo que será muy difícil de perdonar, pero lo que no entiendo es por qué quiere cambiar el apellido a James, eso si es raro ¿no?
- Sí, demasiado raro. Ron, cuéntame ahora por qué estás acá.
- Seamus- dijo el pelirrojo luego de un largo suspiro- eso es una larga historia, de la que seguro te enterarás cuando sea el momento, pero ahora quiero pedirte un último favor.
- Está bien Ron, pero me dejas bastante preocupado, estás tan pálido y lleno de aparatos raros. ¿No es nada grave verdad?
- Tranquilo amigo, yo estoy bien- trató de calmar a su amigo, aunque sin dar muchos frutos- Seamus, lo que quiero pedirte, es que guardes esto- dijo el pelirrojo acercándole una carpeta con algunos pergaminos escritos- necesito que se los entregues a Harry y a Hermione si es que algún día yo no estoy- ante la cara de alarma de Seamus, el pelirrojo continúo- No estoy diciendo que me valla a morir, tranquilo, eso es algo que nunca sabremos con claridad, sólo te pido que entregues esto a mis amigos cuando no tengan conocimiento de mi paradero, pues estoy pensando hacer un viaje, necesito despejarme, conocer nuevos lugares, nuevas personas, necesito encontrarme a mí mismo. ¿Me entiendes ahora?
- Creo que te entiendo o al menos quiero creer que lo hago, pero confía en que entregaré esto a los chicos. Aún así, no dejo de estar preocupado por ti, ¿alguien sabe que estás aquí?
- Harry lo sabe y Kreacher también, él me está acompañando, Harry está en una misión con Hermione y no los quiero molestar y a mi familia tampoco, por lo que te pido que no comentes con nadie que estoy acá. ¿Cuento con tu palabra de mantener esto en secreto?
- Sí amigo, cuenta con mi palabra- dijo no muy convencido- ¿Cuándo sales de acá?
- La verdad es que no lo sé, espero que sea mañana, sólo estoy esperando los resultados de algunos análisis. ¿Dónde firmo?- preguntó Ron observando los papeles de su divorcio y así cambiar el tema.
- Casi me olvidaba de eso. Firma aquí, acá, acá también, en esta página firma aquí y aquí- Seamus iba señalando los lugares que debían ser firmados a medida que avanzaba en el documento.- eso es todo, ahora sólo queda que firme Hermione, le enviaré los documentos cuando quieras.
- Gracias Seamus, pero me gustaría llevárselos yo mismo.
- No hay problema con eso, ¿necesitas algo más?
- No sólo lo que te he pedido hoy y recuerda por favor no comentar esto con nadie.
- Confía en que no lo haré, te lo prometo.
- Está bien, confío en tu palabra."
Y ahí estaba el problema, ahora nada podía hacer, quizás sólo esperar a que Harry llegara de su misión y confiarle a él las palabras del médico, pues quien mejor que Harry Potter para dar semejante noticia a los Weasley, no por nada los conocía desde los 11 años, sí eso haría, se convenció a sí mismo que debía esperar a la llegada de Harry y así pudo sentirse un poco más relajado, pues así no estaría faltando a la promesa que había hecho a Ron.
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La cena se estaba llevando con toda normalidad, habían tenido tiempo para hablar de ellos como amigos, como pareja y como seres individuales; poco a poco Hermione se convencía de que lo correcto sería pedirle el divorcio a Ron, pues en un principio había decidido que al regresar a Londres continuaría con su vida normal, como si los maravillosos días en Grecia fueran nada más que un sueño y que si se daba el caso de estar embarazada, ella se haría la idea de que el padre era Ron y no Harry, porque ese era la idea del plan ¿no?, que Hermione se embarazara de Harry, pero que creyera que era de Ron. Esa idea ahora le parecía ajena, lo que ella más anhelaba era continuar su vida junto a Harry y recuperar todo el tiempo perdido, aún así ella no podía olvidar todo lo que se vendría a su regreso a Londres: trámites de divorcio, miradas reprobatorias, cargar con el peso de dejar a James sin su padre, hablar con sus padres sobre esto… eran muchas las cosas que se le venían encima, pero todo eso tendría que afrontarlo al día siguiente, aún le quedaban un par de horas para seguir viviendo su sueño.
Harry por su parte hacía planes para su llegada, pensaba en arreglar la antigua habitación de Hermione en la Grimauld Place y acomodarla para recibir no sólo a la castaña, sino también a su futuro hijo, pensaba también en lo difícil que sería encarar a Ginny y explicar a los demás Weasley las razones del divorcio, tampoco podía dejar de sentirse preocupado por Ron, temía por la salud de su amigo y le preocupaba a la vez el cómo sería la relación del trío una vez se reencontraran en Londres, pero al recordar las conversaciones con Ron, sabía bien que su amigo los apoyaba y que Hermione no lo dejaría solo nunca y con eso a él le bastaba.
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Sólo diez pasos más y llegaría por fin a su destino, sin embargo, estaba hace más de quince minutos estancada en el mismo sitio sin atreverse a avanzar; no estaba segura de cómo comenzar una vez llegara hasta la casa, sabía muy bien que nadie más que ella debía hablar con sus padres y contar las noticias. Tenía miedo, esa era la realidad, miedo a quedarse completamente sola, pues ella bien sabía que Harry sería el primero en irse de su lado, claro que con justa razón, también sabía que Ron y Hermione estarían obviamente de parte del auror, por lo que no podría apoyarse en ellos, mucho menos podía pensar en el apoyo de Martin, ella misma lo había alejado con todos los errores que había cometido a lo largo de su vida, si tan sólo hubiese sabido de antemano que conocería al hombre de su vida en el trabajo, jamás habría dado rienda suelta a su encaprichamiento con Harry, si las cosas hubiesen sido distintas, ahora todos serían felices y ella no estaría sufriendo por la soledad, lo único que le quedaba era su hijo, pero también sufría por él, por su futuro, por el futuro de ambos, que tal si él la odiaba por hacerlo crecer lejos de una familia, lejos de su padre, de sus abuelos.
Las lagrimas caían con sigilo, pero una de ellas resbaló desvergonzadamente y calló sobre la suave piel de James haciendo que este se despertara y abriera sus verdes ojos en dirección a su madre, el pequeño al verla triste sonrió e hizo que su madre inconcientemente le devolviera la sonrisa, lo que hizo que Ginny se armara del suficiente valor para dar los pasos que faltaban y tocar por fin la puerta de la casa que la vio crecer.
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-¿Kreacher, mis cosas ya están listas?- preguntó el pelirrojo mientras terminaba de vestirse.
- Sí joven Weasley, todo está listo para que volvamos a casa, sólo falta que el Dr. Stevens de la autorización, pero Kreacher está seguro que no tardará en llegar.
- ¿Crees que todo esté bien con ellos?- preguntó Ron refiriéndose a Harry y Hermione.
- Usted debe estar seguro de eso Señor. Kreacher está confiado en que ambos están muy bien, además Kreacher se ha enterado de algunas cosas.
- ¿De qué te has enterado Kreacher?- pero unos golpecitos en la puerta impidieron que elfo pudiese formular su respuesta.- Adelante- invitó el pelirrojo.
-Gracias Ron-dijo el Dr. Stevens mientras ingresaba a la habitación- ya todo está listo para que te puedas marchar, pero amigo, recuerda que aún no sabemos que es lo que tienes y si lo sabemos aún no hemos podido identificar una cura; debes venir a un control semanal todos los fines de semana y continuar tomando los medicamentos; también debes tener presente que frente a cualquier malestar debes acudir inmediatamente a un hospital.
- Comprendido, no se preocupe por mí, todo estará bien a partir de mañana una vez que hable con mi familia.
- Eso está muy bien Ron, ya era hora de que ellos se enteraran. Toma, aquí tienes la autorización para salir del hospital, es necesario que la muestres en recepción, luego tendrás vía libre para salir de acá.
- Gracias Doctor. Nos vemos pronto. Vamos Kreacher- y tomando las maletas, el pelirrojo y el elfo salieron de la habitación para abandonar por fin el Hospital San Mungo.
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El matrimonio pelirrojo veía con preocupación a su única hija llorar mientras acurrucaba al pequeño James en sus brazos. Habían pasado cerca de 30 minutos desde su llegada y lo único que había salido de sus labios era una suplica de perdón, pero ¿perdón por qué?, decidieron que lo mejor era dejar que llorara un poco y una vez se calmara preguntar que pasaba. Los sollozos se escuchaban ya un poco más débiles y ahora la menor de los Weasley se balanceaba paulatinamente, lo que dio a entender al Sr. Weasley que ya era momento de hablar con su pequeña.
- Ginny, cariño. ¿Qué ocurre?- al no obtener respuesta, buscó con la mirada a su esposa pidiendo un poco de ayuda.
- Hija- intercedió ahora Molly- ¿Dónde está Harry?¿Él está bien?- mala pregunta al parecer, pues Ginny rompió en un nuevo ataque de llanto, provocando mayor preocupación en sus padres.
- Ginny, dame al niño- pidió la Sra. Weasley estirando los brazos para recibir a su nieto y llevarlo hasta una de las habitaciones y poder hablar tranquila con su hija. Cuando regresó al Salón, su hija aún lloraba, pero ahora lo hacía en los brazos de su padre.
- Tranquila cariño, seguro que Harry está bien- afirmó Arthur creyendo erróneamente que esa era la razón del llanto de Ginny.
- Papá, Mamá- se escuchó la entrecortada voz de Ginny- Harry y yo nos vamos a separar.
Silencio, un escalofriante silencio invadió La Madriguera durante algunos minutos hasta que fue interrumpido por unos golpecitos en la puerta. El primer golpe asustó a los tres pelirrojos, pero ya el segundo y el tercer golpe, les hicieron entender que alguien estaba tocando a la puerta, por lo que Molly se apresuró a abrir. Grande fue su sorpresa al ver al menor de sus hijos varones con el rostro pálido y unas marcadas ojeras en el rostro.
- ¡Ron!- exclamó Molly- ¿estás bien hijo? Pasa
- Gracias mamá. Estoy bien- dijo correspondiendo al abrazo espontáneo de su madre- pero debo decirles algo- ante la mirada de su madre prosiguió- Voy a pedir el divorcio a Hermione.
La señora Weasley emitió un fuerte chillido, mirando de uno a otro y al clavar su mirada en su marido buscando alguna explicación, cayó desmayada y como último pensamiento supo que esa, sería una muy larga noche.
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Hacer el amor con Harry, era sin duda lo mejor que le había pasado en la vida. Sentir el amor que su amigo de casi toda la vida le profesaba era algo que no sabía muy bien como describir, era tan feliz en aquellos momentos, descansando en el desnudo pecho de su acompañante, mientras este le acariciaba tiernamente el cabello.
- Harry, ¿en qué piensas?- interrogó la castaña.
- Pienso, en que estos días han sido maravillosos, pienso en todo lo que nos espera al llegar a Londres, pienso en ti y en lo maravillosa que eres, pienso en que no quisiera salir jamás de acá porque temo que cuando salgamos de esta lista toda haya sido un hermoso sueño, y pienso también… en por qué pusiste un hechizo silenciador a la habitación si estamos acá completamente solos- Hermione que lo escuchaba atentamente compartía con él los mismos pensamientos, pero ante el último comentario de Harry, no pudo más que sonreír y besarlo para impedir que siguiera haciendo preguntas, pues no podía responderle que le daba vergüenza que los escuchara Lily.
Harry se dejó llevar por el beso, atrajo más hacia sí a Hermione dando mayor profundidad al beso; poco a poco ambos comenzaron a olvidar su preocupaciones y sólo se concentraron en hacer que el otro sintiera a través de las caricias todo el amor que compartían y ya cuando ambos agotaron sus fuerzas, cayeron inmersos en un profundo y tranquilo sueño.
Cuando ambos despertaron al amanecer, se notaban visiblemente nerviosos, pero sólo bastó una mirada a los ojos del ser amado para saber que estarían juntos en todo.
- Te amo Hermione- dijo Harry depositando un beso en los labios de Hermione.
- Lo sé Harry, yo también te amo.
- ¿Estaremos juntos verdad?
- Siempre Harry, lucharemos juntos por nuestra felicidad, pero…
- Pero tendremos cuidado de no herir a quienes han estado con nosotros.- completó Harry.
- Sí, debemos hacer las cosas bien para que nadie salga herido, para que James esté tanto con su madre como con su padre, yo sé que no lo abandonarás, pero no quisiera que Ginny lo aparte de ti y tampoco me gustaría sentirme culpable con ello, ni tampoco quisiera ver que todos los Weasley nos rechacen por lo que haremos a sus hijos.
- Tranquila amor, los Weasley siempre han querido nuestra felicidad y estoy seguro que entenderán las razones que hemos tenido para esto- Harry calló todo intento de replica con un beso, por lo que Hermione se limitó a dejarse llevar, hasta que Harry la separó delicadamente- Cariño, iré a darme un baño, ya se está haciendo un poco tarde y en menos de dos horas debemos estar en Londres.
-¿De verdad Harry? ¿Tan tarde es?- dijo sorprendida la castaña buscando algún reloj por la habitación- ¡Tienes razón! Ya casi no tenemos tiempo, tú ve a ese baño, mientras voy al de la otra habitación.
- ¿No prefieres darte un baño conmigo mejor?- refutó Harry atrayendo a Hermione hacia su cuerpo de forma tentadora.
- No Harry… si voy contigo no estaremos listos a tiempo, mejor ve tu solo.
- Está bien- contestó de mala gana saliendo de la cama con dirección al baño, Hermione al notarlo un poco molesto por su rechazo tomó una decisión.
-Harry…- él volteó a verla- te amo, y cuando regresemos a Londres me iré contigo, pediré el divorcio a Ron y me iré a vivir contigo.- Harry no pudo más que esbozar la mejor de sus sonrisas y correr hacia Hermione y llenarla de besos- Harry, basta. Ve a la ducha.
- Está bien, pero en Londres no podrás detenerme.- retó él de forma amenazadora, pero lujuriosa.
- En Londres no querré detenerte- respondió ella a la vez que salía de la habitación y corría a encerrarse al baño de la habitación contigua.
Una vez sola, Hermione recordó a Lily y decidió que mientras Harry se bañaba, era una buena idea conversar un poco con su "suegra", por lo que silenciosamente se dirigió hasta el pasillo en que se encontraba el cuadro. Al llegar a él, una sonriente Lily Evans la esperaba.
- Hola cariño- saludó la pelirroja- ¿cómo estuvo la cena de ayer?
- Hola Lily- respondió Hermione- todo estuvo increíble anoche, la cena, la conversación, la música, el se…- Hermione se calló al darse cuento de lo que diría, pero el sonrojo de su rostro fue evidente para Lily que rompió en carcajadas.- ¡Lily!, no te rías tan fuerte que Harry puede oírte.
- Tienes razón, mejor me callo. ¿A qué hora regresan a Londres?
- Dentro de hora y media. Estoy un poco nerviosa por todo lo que vendrá, por la reacción de los Weasley, de Ron y Ginny especialmente, pero sobretodo estoy preocupada por James, no quiero sentirme culpable por alejarlo de su papá.
- Tranquila Hermione, las cosas serán mucho más fáciles de lo que crees, tú y Harry se llevarán una gran sorpresa al llegar a Londres y no te preocupes por James, él a partir de hoy estará más cerca de su padre de lo que ha estado en sus corta vida. Confía en lo que te digo y deja de preocuparte, ahora ve a bañarte porque Harry estará listo en segundos y aún deben desayunar y ordenar las maletas.
- Sí, pero algún día tendrás que explicarme el porqué de tanta seguridad en tus palabras, pero de alguna forma te creo y confío en que todo estará bien.
- Lo estará. Ahora ve a la ducha.
Dichas las últimas palabras de Lily, Hermione corrió a alistarse, cuando estuvo completamente lista, se reunió con Harry para tomar el desayuno y ordenar las pocas cosas que habían llevado a la isla.
- Cariño, ¿estás lista para partir?- preguntó Harry tomando la mano de la castaña.
- Contigo siempre lista- respondió Hermione dando un beso a Harry, beso que fue correspondido con un abrazo.
- Entonces nos vamos- dicho esto, Harry se concentró para realizar una aparición conjunto; cuando ambos abrieron los ojos, se encontraban en la antigua mansión Black. Hermione notó algo extraño en ella, algo extraño a nivel de su vientre, algo a lo que decidió no darle mayor importancia, atribuyéndolo a algo del desayuno. Hermione clavó su mirada en Harry y pudo notar que este miraba fijamente hacia un punto de la casa, siguió la dirección de la mirada de su "amigo" y pudo ver en pleno a la familia Weasley que los esperaban, junto a ellos estaba también su amiga Luna, su abogado Seamus Finnigan y el compañero de equipo de Ginny, Martin, quien en esos momentos cargaba a James. Todo era una extraña visión, que hacían todos esperándolos, un mal presentimiento cruzó a la castaña, ¿Qué tal si todos se habían enterado ya de lo que ella y Harry habían estado haciendo en Grecia? Miró a Harry y reconoció el mismo sentimiento; cogidos de las manos se acercaron hasta el grupo y sobre la mesa pudieron visualizar dos documentos en cuyas portadas sobresalía "Acta de divorcio".
(1)Leyenda de amor: "El Sol y La Luna". Esta historia no es mía, la encontré por ahí y me gustó.
N/A
Hola a todos!! Perdón por todo lo que he tardado en subir esto, pero ya saben… primero fue la Universidad y ahora lo que me mantenía alejada eran las vacaciones, si creí que con vacaciones tendría más tiempo, pues me equivoqué, ya mañana desaparezco nuevamente y no sé cuando vuelva, por eso he decidido dejarles este capítulo hoy. También les cuento que corté el capítulo, porque habían cosas que no me calzaban y así es como quedó, por lo que tendrán un capítulo más antes de que suba el epílogo que reposa tranquilamente en mi pc.
Un besote a todos y felices vacaciones a todos aquellos que pueden disfrutarlas y a los que no, pues disfruten de igual manera sus actividades.
