CHAPTER X
Bella miró el reloj de la cocina con impaciencia. La noche anterior había tratado de evitar el tema de esa mañana. No quería correr con Edward, no quería sentir que él iba invadiendo poco a poco todos los aspectos de su vida. Suficiente era tener que verlo más seguido a donde tuviera que ir con respecto a la casa.
-Diez minutos tarde.
Pero él la había sorprendido con el recordatorio de correr en la mañana justo antes de dejar la mesa para ir a dormir. Solo acordó el tiempo y salió de allí sin siquiera despedirse.
-Bueno, llevo esos diez minutos buscándote.
Bella se mordió la mejilla interior.
-Lo siento, siempre salgo de aquí.
-Lo recordaré para la próxima vez.
Ella hizo un gesto vago mientras salía fuera.
-No suelo dejar que alguien me acopañe, es mi momento de paz en el día.
Mentía. Cruel y burdamente. Edward la había visto salir temprano junto a Jacob todos los días de la última semana. Hasta que se había dispuesto a cambiar aquello. O al menos separarla del capatáz, quién parecía un ave rapiña sobre ella.
-De acuerdo, puedo quedarme simplemente callado.
-Que bueno.
Comenzó a trotar hasta entrar en calor, sus músculos se tensaron ante la actividad y mejoró su velocidad. Edward le dio una mirada apreciativa. Como no podía evitar dejar de hacerlo cada vez que la veía. Por la mañana había recorrido su nívea piel que lograba verse gracias el ligero vestido color malva que usaba, durante la tarde los pantalones de oscuros y ajustados le dieron un buen indicio de su trasero y sus piernas. Pero ahora, estaba simplemente deslumbrante. El pantalón corto dejaba toda la longitud de sus piernas libres y cuando corría podía divisar sus músculos con gracia. El lote se lo llevó el top deportivo brillante sobre su piel bronceada. Su abdomen plano y levemente marcado lo hizo apartar la vista de repente.
Esa ardiente mujer era su jodida esposa.
-¿Estás bien?
Bella tenía el ceño fruncido en su dirección.
-Si, solo...
Solo se sentía excitado e incómodo.
-...quiero probar algo más fuerte.
Ajustó el paso y comenzó seriamente a correr. Necesitaba algo que distrajera su mente o no sería capaz de controlar su cuerpo. Tenía que perderla de vista unos segundos. Aunque no contaba con que ella fuera capaz de igualar su paso sin jadear. Porque eso hubiera sido demasiado para su salud mental. ¿Por qué no llevaba puesta una jodida camiseta como la había visto usar antes?
Bella apresuró el trote hasta que se convirtió en carrera. El límite era el árbol que se encontraba a un metro de ellos. Edward llegó primero y se mantuvo de espaldas para encontrar el aire de vuelta en sus pulmones. Si giraba en ese momento...
-¿Qué fue eso?
Jadeó. Se dejó caer en las raíces del árbol y luchó por recuperar el aliento. El día era más soleado por lo que había sudado acorde y se moría de sed. Se ajustó la coleta y se puso de pie. Si descansaba demasiado y enfriaba su cuerpo, sus músculos no podrían regresar de la misma forma en que había llegado. Aunque eso no fuera a pasar ni en miles de años. Edward lucía demasiada piel que estaba maravillada de ver. Clara y tonificada, con cada movimiento era imposible no ser consciente de su cuerpo.
Pero al verlo allí todavía de espaldas se incomodó.
-¿Crees que debería ir por algún médico?
Edward rió fuerte y negó con la cabeza. Suspiró mirando el cielo y se giró.
-Estoy bien.
Sonreía de lado, apenas enseñando sus dientes. Jamás lo había visto hacer eso y era algo que realmente le gustaba que hiciera. Edward solo miraba sus ojos, como si evitara mirar hacia otro lado.
-¿Qué hay de ti?
-Bien, siempre suelo hacer carreras.
Él sonrió ampliamente.
-¿Lista para otra?
Ella sonrió mientras estiraba sus brazos hacia arriba y le daba la espalda, sin perderse la vista de su cuerpo.
-Siempre estoy lista.
Edward se pateó mentalmente y la siguió luego de que ella largara la carrera sin darle tregua.
Bella desapareció de su vista apenas volvieron a la casa. Había ganado la carrera y agradeció no ver su rostro de gloria. No podía lidiar con sus labios sonrientes, suficiente tenía consigo mismo.
-¿Cansado, viejo hombre?
-Hazte a un lado.
Jasper lo siguió escaleras arriba.
-¿Sucedió algo?
El hecho de estar frustrado sexualmente era un problema. Y la parte de la solución hacía que sus pelotas se volvieran azules. Las había visto a todo tipos de mujer, pero nunca a una que fuera tan incapaz de notar cómo provocaba a un hombre con su inocencia desmedida. Para ella podía ser natural y descuidado trotar con escasa ropa, pero para él, había sido letal.
-No ¿por qué habría de ser así?
Cerró tras él. Alguien necesitaba una ducha de agua helada ahora mismo.
Cuando bajó al comedor se encontró solo con Jasper. Había tardado lo suficiente como para que Bella pudiera estar allí también. Solo esperaba que cubriera más de su piel. No quería que Jasper también tuviera un buen vistazo de su esposa.
-¿Dónde está, Bella?
-Atendiendo a una visita.
-¿Quién?
-Susan Brandon, la madre de Alice.
Bella tomó asiento frente a Susan y sonrió. Hacía un buen tiempo que conocía a la mujer y realmente la adoraba. Siempre había admirado la chispa de energía vital que compartía con su hija. Siempre sonrientes y viviendo al límite del tiempo. La mujer le entregó unas bolsas.
-Alice dijo que podías necesitar esto.
Discretamente abrió una en la que encontró el vestido y una caja de zapatos, la última tenía conjuntos de ropa interior en diferentes tonos oscuros y una nota. Cerró rápidamente.
-No creo que...
Susan rió y se acercó a ella en confidencia.
-No te preocupes, cariño. Todos queremos seducir a nuestros maridos con un poco de ropa sexy.
Sus mejilla se volvieron rojo furioso y soltó una risa nerviosa.
-No es eso...
-Alice mencionó acerca de que estuvo tiempo fuera y llevan mucho sin verse, de verdad no sabía que eras casada. Felicitaciones. Ojalá mi Alice pudiera sentar cabeza algún día.
-Si, de verdad...
No tenía qué demonios decir. Además de estar confundida con Edward, lo había visto sonreírle y mirarla de esa forma intensa que hacía que sus huesos se volvieran líquido. Ahora tenía una bolsa repleta de ropa interior sexy, una nota de Alice en la que estaba más que segura que no quería leer y a su madre sentada frente a ella poniéndola incómoda.
-...gracias por todo esto.
Hizo las bolsas a un lado y sirvió el café.
-Ese vestido que Alice eligió, sé que se verá único en tí.
-Gracias, Susan. ¿Cómo se encuentra Philip?
Siempre era fácil distraer a Susan, en cierto punto, era exactamente igual que Alice. Fácil de conversaciones si se trataba de un tópico femenino o de la moda. Oyó las novedades de su última colección de ropa sensual y no pidió detalles. Ella estaba lejos de querer saber acerca de eso. Por lo que pidió que le resumiera el estado de su hogar. Su esposo Philip era un arrendatario de ganado bobino más productor de la zona, generaba grandes fuentes de trabajo masculino y era uno de los pocos trabajos bien pagos. El sistema benéfico era algo que los Brandon llevaban en la sangre. Susan ofrecía toneladas de trabajo a mujeres que supieran de costura. Ni hablar de Alice, que dedicaba sus tardes de domingo a la fundación de mascotas sin hogar.
Alguien se aclaró la garganta, aunque había sentido su presencia mucho antes de oír siquiera la insinuación de su cuerpo.
-Buenos días.
Saludó cordialmente y se dirigió hacia Bella.
-Siento interrumpir, Jacob está buscándote, dice que es importante.
Susan se puso de pie junto a ella, sin despegar los ojos de él.
-Susan, él es Edward. Edward, ella es la madre de Alice.
La encantadora sonrisa de Edward apareció en sus labios y estrechó en genuino saludo a Susan.
-Encantado de conocerte al fin, querido.
-Lo mismo digo, señora Brandon.
Susan miró a Bella en señal de aprobación y le guiñó un ojo.
-Bueno querida, ya tengo que irme. Espero que mi regalo te sirva. Quiero verte esta noche.
-Lo haré, adiós Susan.
Tras una sonrisa cómplice, y un saludo subjetivo hacia Edward la dejó marchar para volverse hacia él.
-¿No estarás esta noche?
-No, iré a lo de Alice. ¿Dónde está Jacob?
Le indicó que la esperaba en la cocina y desapareció de su radar. Edward la siguió de cerca mientras presenciaba el encuentro. Jacob le sonrió brevemente pero su rostro se volvió serio de repente.
-Tengo noticias.
Bella dedujo que se debía a su plan con los Vulturi. Todavía no había hablado con Jasper pero ya tenía una idea más fija de lo que quería hacer.
-De acuerdo, vamos al establo.
Edward se quedó en la cocina esperando al menos que ella le diera una última mirada pero no recibió ninguna.
-Solo tienes que darle tiempo a que se acostumbre que estás aquí ahora.
Asintió hacia Sue y salió de la cocina.
.
Jacob había estado observando el patrón de trabajo de los empleados de Vulturi. Así como había utilizado unos cuántos contactos para enterarse detalles desde adentro que pudiera serle de utilidad. Lo único que había conseguido era hablar con una ex empleada despechada. Odiaba a Jane con todas sus fuerzas y con un poco de persuasión, había logrado que soltara unas cuántas cosas.
Aro Vulturi estaba planeando contratar a otro jockey para montar sus caballos y volver al rodeo. Sus ovejas estaban siendo esquiladas para enviar la lana de exporte y obtenerlas a tiempo para la entrega de productos.
-Entonces sí encontró una forma de hacerlo antes que nosotros.
-Si, pero eso no es todo...
Jacob vaciló.
-...tienen a tu toro procreando las vacas lecheras. Su próximo negocio podría ser ese.
-¿Qué? ¡No solo me lo robaron, están dándole un uso!
-Están en banca rota, Bella.
-No puede ser...
-Con Jane totalmente fuera de juego, solo cuentan con Irina. Ella entró en el banco gracias un contacto de su padre. Laurent no tiene las mejores intensiones sobre ella.
-Pobre Irina...
Merodeó durante un rato dentro del establo.
-Tomé una decisión y es que, por más lástima que pueda sentir por ella. Los Vulturi tienen algo que es mío.
-¿Cuál es tu decisión final?
-Vamos a entrar allí dentro. Recuperar a Sam y Emily. El toro y abrir la vaya de las ovejas.
-Eso es vengativo.
-Si solo tomamos lo nuestro a tiempo y luego liberamos sus ovejas, solo será desastre. No planeo apropiarme de ninguna de ellas.
-Sabes que hay zorros.
-Lo siento por él. Pero es lo que haré.
-Eso se ve como un plan difícil.
-Lo es.
El principio del plan consistía en desmontar una parte de la cerca y convertirla en tranquera pero que no fuera perceptible. El objetivo era que fuera fácil de abrir para darles acceso al campo Vulturi y una rápida escapada. Entrarían a los establos para tomar a sus caballos, mientras Seth el domador tomaba al toro de su área. Cuando estuvieran cerca de la salida, alguien debería de encargarse de las ovejas y huir.
-Si nos organizamos, podemos hacerlo.
-Lo sé. Lo de la vaya puede hacerse, tengo una idea. Voy a hablarlo con Quil, él puede hacer lo que sea con la madera.
-De acuerdo, mientra antes sea, mejor.
-¿Qué pasará luego? ¿Qué impedirá que vuelvan a hacerlo?
-Los hombres de Jasper estarán otro mes, puedo encargarme de reforzar una vigilancia constante durante la noche. Edward no se opondrá a eso.
-Suena genial.
Bella volvió a la casa a tiempo para el almuerzo, pero debía presentar el proyecto esa misma tarde y no había tenido tiempo de repasarlo finalmente. Pidió el almuerzo en la biblioteca y se enfocó en su portátil un buen tiempo.
Tener la cabeza extremadamente ocupada era algo agotador pero liberador. Evitaba centrar su mente en Edward todo el maldito tiempo.
Su proyecto se basaba en llevar la nueva tecnología al campo agropecuario. De ese modo se podría sistematizar todos y cada uno de los sistemas organizados de producción. Utilizar la base de datos en una fuente orgánica. Contabilizar la producción, el tiempo de ingreso al mercado y hacer un balance del ingreso económico. Enfocarlo en el proceso de cosecha y estar más actualizados con la climatografía que beneficia o afecta de manera negativa. Acelerar el testeo de los suelos y aumentar la productividad. Era un gran trabajo que le llevaría eternas horas presentar.
Se dio un respiro apagando el portátil. Juntó las carpetas y tomó el disco de la presentación, lo metió en su bolso y controló la hora. Estaba a tiempo para darse una ducha y cambiar su ropa.
Entró en la sala común y se encontró con Edward leyendo un libro.
-¿Has visto a Jasper?
-No.
-Demonios...
Volvió a mirar la hora y salió de la sala.
-¿Ocurre algo?
Edward la siguió hacia afuera.
-Tengo que estar en la escuela en quince minutos, Jasper siempre viene conmigo. Pero no puedo encontrarlo.
-Yo iré.
Bella asintió con resignación, en realidad no le importaba quién fuera con ella ahora mismo, solo quería llegar a tiempo y no perder el examen. Edward condujo con velocidad por el camino que ella le indicó. Le dio un vistazo, se movía nerviosamente y tamborileaba sus dedos contra su rodilla desnuda. Por primera vez notó la pulsera que colgaba de su muñeca izquierda y el estómago se le retrajo.
-¿De dónde sacaste esa pulsera?
Ella se miró la mano desinteresadamente.
-Jasper me lo obsequió hace tiempo.
Había sido para su cumpleaños, la joya que le había obligado a llevar siempre.
-Es preciosa.
Susurró. Era una alhaja que había pertenecido a la madre de Jasper, la única pertenencia de la que nunca se había desprendido. Ahora, estaba en manos de ella. Era un gesto, sin duda significativo y deseó saber, qué significaba eso para él.
-¿Es un examen?
-No, es una presentación final. De esto depende la última mitad de la nota para poder dar por finalizado mi año escolar. Si les gusta lo suficiente, podrían subvencionar mi idea.
Detuvo el coche frente al instituto casi despoblado.
-Lo lograrás.
-Eso espero.
Juntó sus cosas con prisa y se detuvo antes de salir, pero Edward habló primero.
-Esperaré aquí.
Asintió una vez y salió del coche. Edward la vio caminar deprisa hasta el edificio y relajó la espalda en el asiento de cuero. Presentía que sería un largo tiempo de espera.
.
Había estado dos horas sentados en inmovilidad total hasta que se dijo que si no movía las piernas la sangre iba a dejar de circular por su cuerpo. Llevaba media hora caminando frente al auto, de ida y vuelta cuando el sonido de botas chocar rápidamente con el asfalto lo hizo girarse en redondo. Bella corría hacia él con una sonrisa pintada en sus labios, de nuevo su cabello flameaba detrás de ella y se veía como una escena de Boticelli.
-¿Qué pasó?
Ella se detuvo jadeante frente a él. Las mejillas rosadas y los ojos brillantes.
-Lo logré.
Edward sonrió.
-Felicitaciones.
-¡Dios, estoy tan emocionada! Incluso tendrán en cuenta mi proyecto.
-¿De qué se trata?
-Sistematizar la producción, llevar la tecnología a lo agro.
-Eso es genial.
-Lo sé.
Bella rió para sí misma, se sentía demasiado dichosa. Había pasado a su último año de escuela y estaría lista para llevar adelante sus progresos de forma profesional.
-Vamos, puede que haya llamado a Sue para festejar tu éxito.
-¿De verdad lo hiciste?
Edward se encogió de hombros mientras abría la puerta para ella.
-Mencionó algo del pastel con pasas...
-¡Sube al auto ahora!
