Declame
Esta obra es una adaptación de la historia Deslices Imperdonables de la autora UNADE, quien me dio la autorización de adaptar sus obra con los personajes de Rowling
Esta obra pueden encontrarla en las plataforma de Wattpad y Potterfics, por lo tanto sí la encuentran en otro lugar, es un plagio.
Aclaración: Esta obra pasaría en un mundo paralelo, así que tendrán que tener un poco la mente abierta. También les recomiendo que vean la película Sky High para entender muchas cosas
¡Que disfruten de la historia!
Había insectos, de eso no cabía duda, pero en aquel jardín el concepto de insecto parecía otro. Pequeñas criaturas que revoloteaban alrededor de los fuegos encendidos, daba la sensación de querer arrancar destellos de sus alas cristalinas. Y el centro de todo ese ballet aéreo eran las luciérnagas. Draco observó extrañado la respetuosa distancia que mantenían con la zona donde iban a cenar. Ni uno intentó posarse sobre la mesa o invadió el espacio aéreo próximo. Hermione apareció con la lasaña.
— Creo que ya está suficientemente caliente.
Draco se hizo a un lado en el largo banco de madera para permitirle a Hermione sentarse. Mientras ella servía dos porciones, él llenó los vasos de agua. Ni siquiera la distribución del mobiliario de aquel porche se correspondía con ninguna que hubiese Draco visto. Arrimado contra la pared estaba el largo banco donde se sentaban y frente a ellos la mesa. A nadie se le había ocurrido colocar asientos al otro lado, como si dar la espalda al jardín fuese algo en contra de la etiqueta social allí. Al otro extremo del porche podía ver algo un poco más habitual: un asiento balancín. Pero, a pesar de poseer los cojines necesarios para convertirlo en una utopía, carecía del metal para hacerlo común. Era de madera y la hiedra de la pared había extendido tímidamente una de sus ramas para apoyarla sobre la barra horizontal superior.
Hermione puso su parte de lasaña a Draco delante.
— ¿Has hechizado a los insectos de este jardín? —preguntó él.
— No ¿por qué?
— Porque no acuden a molestar como cualquier insecto decente.
Hermione rió.
— Su territorio es aquel —señaló el árbol y la parte de tierra—. Saben que si entran en casa mi madre los echa o los mata, así que no se arriesgan.
— ¿Y cómo lo saben?
Hermione se quedó pensativa un momento.
— No lo sé.
Tras los soplidos de rigor la lasaña fue engullida con el aderezo perfecto que da el hambre a cualquier plato. Hablaron poco durante aquella comida. Pero la mutua compañía se hizo patente. Ambos simultáneamente siguieron el vuelo de la misma luciérnaga durante los mismos instantes y ambos fueron conscientes del gesto del otro incluso sin mirarse.
— Es la mejor lasaña que he comido —comentó Draco cuando Hermione apilaba los cubiertos para llevárselos.
Ella rió.
— No mientas, estaba un poco fría por dentro.
— Pero es la lasaña que más he disfrutado en mi vida.
Hermione sonrió el cumplido cuando entendió que no se refería a las habilidades culinarias del microondas y, para corroborar sus palabras, Draco puso su mano sobre la de suya, que en ese momento se encontraba recogiendo un tenedor para añadirlo al montón de cacharros a ser transportados. Ella notó que el corazón le saltaba en el pecho. Le dedicó una caricia por encima de la muñeca antes de apartar sus dedos y ella se apresuró a llevarse los platos hacia la cocina. En el breve trayecto Hermione trató de serenarse y de volver sus pensamientos hacia un cauce lógico, pero era inútil. No era capaz de usar el raciocinio. La leve caricia de Draco le había dejado un rastro a fuego por la piel que gritaba exigiendo más.
"Querida, cálmate", se dijo a sí misma
Agarro el frutero y volvió hasta el porche. Toda cena que se preciase merecía un postre.
Draco se encontraba observando el árbol y parecía relajado. Hermione pudo sentir su... ¿paz? Ella no recordaba haber notado ese sentimiento proveniente de él nunca. Dejó el frutero sobre la mesa y se sentó de nuevo.
— Nunca había visto un jardín como este —comentó él.
— ¿Qué tiene de extraño?
— Es lo más parecido a un hogar para todos los que viven en él, desde el más pequeño al más grande.
— No concibo otra idea de jardín —dijo Hermione con una sonrisa de lado.
Draco volvió la mirada hacia ella y pareció que iba a decir algo, pero finalmente negó con una sonrisa sarcástica y volvió a desviar la mirada hacia el árbol.
— Me gusta este lugar porque me hace sentir tranquilo, pero creo que es así porque tú estás en él.
Hermione volvió a notar que se ruborizaba y, para disimular, escogió una fruta de las que había traído.
— Deberías comer algo de fruta, es muy sana.
Draco se volvió hacia ella con gesto ofendido.
— Oh, vamos ratón de biblioteca, acabo de tener un momento amable ¿y tú lo rompes de esta manera?
— Oh... Lo siento.
Él rió suavemente y seleccionó a su vez algo del frutero. Hermione trató de excusarse.
— Hoy ha sido un día agotador, estoy muy cansada.
Lo vio sonreír.
— Despues de conocer este lugar he acabado de entender por qué suponía un trauma para ti participar en el partido. Es tan contraria a tu naturaleza una competición como esa...
— Tú en cambio parecías haber nacido en un campo de batalla. Estabas en tu salsa.
Él le dedicó una sonrisa.
— No lo hiciste nada mal para ser tu primera vez.
— Pero no lo disfruté.
— A mí me sentó bien jugar. Hoy necesitaba un poco de violencia. Me alegré de que Larry me tomase como objetivo personal, con él no tuve que reprimirme.
Hermione lo miró ceñuda.
— ¡Callate! Cuando lo vi golpearte casi me dio algo. Perdiste el sentido por unos instantes, lo pude notar.
— No fue nada irremediable. Por cierto ¿cómo están las quemaduras de tus manos?
— Oh… —Hermione expuso las palmas abiertas— Creo que son sólo quemaduras de primer grado en su mayor parte. Tengo un par de ampollas, pero nada grave, tranquilo. ¿Qué tal está la brecha de tu frente?
Hermione acercó la mano a la herida con gesto analítico y Draco la agarró antes de que tocase su piel.
— Ni se te ocurra curármela, espero que dure algunos días más.
Hermione lo miró con gesto ofendido.
— No iba a hacerlo sin tu permiso. ¿Pero, por qué quieres que dure varios días?
Él no soltó la mano de ella y la obligó a posarla en la mesa con suavidad.
— Pansy vino a interesarse por mi salud en cuanto acabó el partido, y también Astoria. Creo que les puso a cien verme herido. Le puedo sacar mucho provecho a este golpe.
Draco no sonreía y Hermione tardó un momento en asimilarlo. Después de todo era un chico y no iba a desperdiciar una oportunidad. Cuando logró superar su pasmo sucumbió a una sonrisa nerviosa.
— Eres lo peor.
— Y tú lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Hermione sintió que se le erizaba el vello de la nuca al oír esas palabras. La mano de Draco siguió el brazo de ella hasta su hombro. Ella supo lo que iba a pasar a continuación y no encontró la voluntad para evitarlo. Draco se inclinó hacia su rostro y la besó.
No tuvo un arrebato de visceralidad violento, ni exigió que se le devolviese nada, no trató de buscar la lengua de ella ni de obligarla a doblegarse a su acción. Era un gesto de agradecimiento. O eso creyó Hermione hasta que sintió el calor, el deseo y el...¿amor? envolverla.
El beso duró algo más de lo que ambos esperaban porque ella había respondido sin pretenderlo y se encontró acariciando a su vez los labios de Draco. De mutuo acuerdo interrumpieron el contacto. Hermione agachó la mirada inquieta y sintió que él le acariciaba uno de los mechones de cabello antes de retirar la mano. Casi de inmediato echó de menos ese contacto.
Hubo un largo momento de silencio en el que Hermione se concentró en dar vueltas a la manzana que tenía entre las manos para decidir de una vez por dónde morderla. Lo rompió la voz de él.
— ¿Te has enfadado? —susurró.
— No, no me he enfadado. Sólo que no me lo esperaba...
La voz de él fue tan tenue que Hermione pudo sentir casi como suyo el temor que lo llenaba.
— Por un momento olvidé que estás comprometida con Harry Potter. Lo siento.
Hermione sintió una leve irritación por esas palabras.
— No me he enfadado. Harrh no tiene nada que ver con esto. Puedo decidir por mí misma lo que me apetece, con sinceridad, sobretodo sinceridad conmigo misma. Sin responder a historias raras ni compromisos ni historias estúpidas e infantiles que creas de joven y te esfuerzas en creer y para eso modificas la realidad a tu alrededor para no ver lo que es obvio y...
Hermione se calló cuando se percató de que se estaba perdiendo en su propia explicación. Alzó la vista y vio que él la observaba sin reproche ni cuestionamiento en sus ojos. Dejó escapar un suspiro y soltó la intacta manzana de nuevo en el frutero.
— Creo que estoy cansada. Ahora sólo me apetece descansar.
— Entonces creo que debería irme, antes de que lo eche todo a perder.
Draco se puso en pie, dispuesto a cumplir su palabra y entonces fue Hermione la que puso su mano sobre la que él apoyaba en la mesa.
— No hace falta que te vayas. No sé si te has dado cuenta pero me siento muy a gusto contigo.
Él sonrió con sarcasmo.
— Eso lo dices porque estás muy cansada y tu cerebro no funciona ya bien.
Hermione señaló el balancín.
— ¿Te apetece probarlo? Es capaz de relajar a cualquiera.
Draco sonrió cuando entendió a qué se refería. La agarró de la mano con gesto teatral y cuando ella se puso en pie la guió hasta el artilugio.
— Tú primera, nunca me he sentado en un trasto de estos.
Hermione ocupó uno de los lados y Draco se instaló en el otro. El balanceo de inmediato tomó un tinte hipnótico y un minuto más tarde Draco fue capaz de dar su opinión cuando consiguió tensar las cuerdas vocales.
— Esto es muy relajante.
— Sí.
Hermione se acomodó contra él. Draco pasó el brazo sobre los hombros de ella y se movió para permitirla apoyarse en él. Hermionr supo que debía tener hasta las orejas ruborizadas por su atrevimiento, pero... sentía el calor de él a través de su ropa y los detalles de la forma de su pecho con el tacto. Notó que un escalofrío de deleite recorría su espalda y también que el sueño tiraba con fuerza de ella así que buscó rápidamente una conversación para mantener su conciencia activa. Había algo que aún no le había preguntado.
— Draco ¿qué te había pasado hoy? ¿Por qué estabas tan furioso cuando te encontré?
Ella notó que él estaba tratando de buscar las palabras en el silencio que mantuvo. Antes de que hablase Hermione supo que tenía que ver con su madre pero tuvo la cortesía de no interrumpir sus pensamientos.
— Defendí a mi madre de una gente que la amenazaba. Ella, en lugar de apoyarme, me atacó.
— Oh... Lo siento...
La imagen de tres tipos malcarados se coló en la mente de Hermione.
— Esos hombres parecen peligrosos, tal vez deberías ir a la policía.
Draco negó.
— No sé si mi madre está metida en algún asunto ilegal, no puedo arriesgarme, ni confiar en ella.
La voz de él llegaba muy lejana, amortiguada por la entretela del sueño.
— Draco ¿por qué decidiste venir al partido?
Draco se había planteado eso mismo varias veces a lo largo de la tarde y rememoró una vez más el momento en que se había visto envuelto en aquello. Su arrebato de caballerosidad debería haber terminado aquella tarde cuando llegaron a la puerta de la casa de Hermione pero la angustia de ella era tal que Draco se vio de repente volviendo a su propia casa a toda velocidad para cambiarse de ropa y poder acompañarla. El idiota de Potter seguro que no se daba cuenta del estado en que se encontraba ella. La cara de alivio que había visto en Hermione al verlo subir al autobús se le había clavado en el alma, y él había hecho patentes sus intenciones cuando se sentó junto a ella. El grupo de héroes al fondo del autobús que berreaban por la humillación de un currito anónimo cambiaron de repente su repertorio de charla al ver la declaración que suponía el gesto de Malfoy. Draco había sentido en ese momento un "gracias" clarísimo proveniente de Hermione.
— Estabas mal, me habías ayudado esta tarde. Me tocaba a mí, supongo, y...
Draco se volvió hacia la chica acomodada contra él al no notar ninguna respuesta de ella. Estaba dormida, como un tronco, apoyada en el hueco de su hombro y con la boca semiabierta. Decio volver la mirada hacia el jardín. Los insectos seguían su baile nocturno, y el cielo estrellado se inclinaba y alejaba al ritmo del balanceo del columpio.
"Este trasto es estupendo", fue el último pensamiento que tuvo antes de quedarse dormido a su vez recostado contra Hermione.
A pedido del público, les traigo el nuevo capítulo de Redención. ¿Que les pareció? Hubo un beso 😍 entre nuestro protagonistas . Espero sus comentarios
LUMIONE
