La práctica estaba acabando y todos ya querían irse a casa. Los únicos que estaban como si el cansancio no los tocara ni con la punta de los dedos eran Kagami y Kuroko. Ambos estaban tan sumidos en sus estrategias por el siguiente partido que Hyuga tuvo que hablarles para que se fueran a cambiar. No era que no quisiera seguir viéndolos practicar, demostrando ser la pareja más compatible del equipo, el problema era que si Kuroko seguía así de cerca de Kagami, tendría que soportar ver a Aomine tan pegado a Kise como in chicle, y él no estaba de humor para soportar una jaqueca esa tarde.
Ambos chicos se fueron a los vestidores, bañados en sudor y con mucha sed. Mientras se cambiaban, Kise estaba sentado en las piernas de Aomine, no porque quisiera, claro que no, es solo que el íncubo lo tomó desprevenido y lo jaló de repente hasta tenerlo prisionero entre sus brazos.
- ¡Ya suéltame! ¡Hemos estado pegados así todo el día! – Kise trató de zafarse del abrazo de Aomine, sin éxito.
- De ninguna manera, tu cuerpo es demasiado suave como para soltarlo. Además, desde que te llené con mi esencia anoche, tu olor se volvió más dulce.
El cupido se llenó de rojo hasta la coronilla. Por más que lo intentara olvidar, el incubo se mantenía constantemente recordando la noche anterior. Si Kuroko estaba lleno de sudor, le recordaba como él estuvo así en sus brazos, si Kagami se relamía los labios por sentirlos resecos, le recordaba la dulzura de sus besos, si Hyuga era molestado por Kiyoshi, Aomine le decía que era gracioso porque eso le recordaba sus temblores por el miedo al placer.
"Seguro quiere molestarme" pensaba, más no podía estar más lejos de la realidad. Lo que en verdad pasaba con Aomine era que no podía olvidar todo lo que le hizo al cupido, ni un por un segundo, y necesitaba recordárselo para que él estuviera en las mismas condiciones.
Mujeres, hombres, adolescentes calenturientos o chicas con exceso de curiosidad, todas ellos habían pasado a través de sus manos y ninguno había tenido un sabor tan exquisito como el de Kise, ni siquiera las íncubos más hermosas del inframundo le habían provisto de tal sabor. No era cualquier cupido, claro que no, ya los había probado un poco antes, y ninguno tenía ese sabor tan adictivo. ¿Será que ese cupido era diferente a los demás? Quizás por ser su primera misión verdadera en la tierra, había añejado en su interior un néctar de pureza que pedía a gritos salir, y él, como buen consumidor y esbirro de satán, no podía simplemente ignorar aquel llamado, eso sería descortés. Además, Kise ahora en sus brazos, completamente rojo y con los ojos desviando la mirada de su ser, le parecía más una visión tierna que graciosa.
Esperen, ¿tierna? ¿Desde cuándo podía usar esa palabra para definir a un ser alado que le impedía hacer bien su trabajo?
- Kagami-kun, quiero pasar por el Magi Burger para aprovechar la oferta del dos por uno en batidos frescos extra grandes – La voz de Kuroko lo sacó de sus pensamientos antes de que se profundizaran.
- ¿Seguro? Se acerca la temporada de invierno, no sé si sea buena idea - Kagami, al recordar lo fácil que se enfermaba Kuroko, tenía sus dudas sobre llevarlo por un batido fresco de regreso a casa. Si su sombra enfermaba, solo Dios sabe lo que Riko le haría por tremendo descuido – Tal vez hoy debas comprar uno normal.
- Esta oferta solo viene una vez cada 6 meses. Si no la aprovecho, sería una falta de respeto al lugar en donde compro.
Al ver que Kuroko no cedía, Kagami aceptó acompañarlo con una condición: solo tomaría uno ese día y mañana tomaría el otro. Kuroko, a regañadientes, aceptó el trato, porque sabía que sí no lo hacía no tendría ni un batido ese día.
Una vez que acabaron de cambiarse, salieron a paso rápido para el Magi Burger. Habiendo una promoción tan inusual como la de los batidos, lo más seguro era que su restaurante favorito estuviera repleto, más aún si era hora de ir a casa para los trabajadores y estudiantes. El íncubo y el cupido lograron seguirlos a duras penas, pues a diferencia de ellos, se movía con sus alas y no era precisamente una tarde con viento tranquilo.
Llegaron al restaurante, y tal como predijeron, el lugar estaba lleno de gente con batidos por todos lados. Kagami hizo fila mientras que Kuroko buscaba un asiento para ambos, puede que su falta de presencia fuera una molestia, pero a la hora de buscar un lugar era bastante conveniente, pues gracias a su vista y al hecho de que no lo notaran, fácilmente podía hacerse con un lugar como si desde un principio fuese suyo. No era muy ético de su parte, pero tampoco es como si alguien no lo hubiera hecho antes.
Fuera del lugar, Kise observaba como Kuroko esquivaba a la gente que pasaba por el local. No importaba cuantas veces lo viera, nunca dejaría de sorprenderse por la capacidad de esquivar tan sorprendente que tenía el adolescente a pesar de su condición física. Aomine, por su parte, solo se dedicaba a molestarlo un poco manteniendo su agarre.
- ¿Es que acaso no te vas a cansar de abrazarme? – Kise ya se estaba impacientando, a esas alturas no se sorprendería de que el olor del íncubo se hubiera impregnado en su piel – Creo que fue suficiente para toda una vida.
- Te dejaría libre, pero creo que es más divertido y sencillo molestarte así – Aomine pasó sus manos por el pecho de Kise, rozando levemente sus tetillas.
El cupido trató de zafarse al ver las intenciones del íncubo, siendo inútil la resistencia. Maldita sea, que el cielo lo perdonara por maldecir, pero en esos instantes lo único que quería era soltarse, no por mantener su casi inexistente santidad, sino porque el íncubo lo hacía sentir más incómodo que de costumbre. No era asco lo que le invadía ahora, era miedo por volverse algo que no era ni quería ser, él no quería marchitarse y volverse un ángel corrupto. Los ángeles que caen ante algún pecado se les llamaba corrompidos, perdían sus alas y ya no tenían derecho de volver al cielo. Se quedaban vagando por siempre sobre la tierra. Kise no quería volverse uno de ellos, y sabía que si seguía permitiéndole esas cosas a Aomine, podría suceder. Iba a protestar y hacer de todo para soltarse hasta que un peso les calló encima, dejándolos tendidos sobre la fría acera.
- ¡¿Pero qué demonios…?! – Aomine fue el primero en ponerse de pie. Trató de ayudar a Kise, pero la visión frente a él lo dejó con la mano colgada ahí - ¡¿Satsuki?!
- ¡Hola Dai-chan!
La súcubo se puso de pie por ella misma y se limpió el polvo que había caído sobre sus ropas, dejando a la vista un exuberante cuerpo moldeado por el pasar de los años y una cabellera abundante con una sonrisa gentil. Sus alas, cuernos y cola hicieron aparición, mostrando así que era una súcubo.
- ¿Quién es? – Kise tuvo que sostenerse del hombro de Aomine para poder pararse adecuadamente - ¿Acaso es una amante que dejaste en el inframundo o algo así?
- ¡¿Qué?! – Aomine, por primera vez desde que se conocieron, le había mostrado un rostro de verdadero asco y horror - ¡No seas idiota! ¡Esa de ahí es mi amiga de la infancia!
La súcubo se acercó al par y se quedó mirando a Kise fijamente, primero con sorpresa y luego con confusión.
- ¿Ella es una súcubo?
- Sí, solo que a diferencia mía, ella puede tener visiones.
- ¿Visiones?
- Sí, tú sabes, imágenes futuras y muy de vez en cuando, del pasado. Le basta con inspeccionar tu mente por unos segundos para ver absolutamente toda tu vida si así lo desea.
Aomine iba a preguntar a Satsuki la razón de su presencia en aquel lugar, pero se contuvo al ver que ella solo tenía su mirada puesta sobre Kise. El cupido, por su parte, se sentía un poco incómodo por la íncubo de cabellos rosas, una cosa era que Aomine lo mirara con burla o lujuria, y otra muy diferente era que una desconocida lo mirara fijamente con insistencia.
- ¿Kise-chan?
La pregunta salió de sus labios, sin proponérselo o pensarlo siquiera, junto con unas lágrimas que nublaban su vista. Finalmente, después de tanto tiempo, Satsuki lo volvía a ver.
En el inframundo, más específicamente en el trono de del cuarto círculo, Imayoshi estaba degustando de los líquidos que Ryo desprendía de su miembro, a causa de la excitación que su trasero tenía en ese momento por los jugueteos de su esposo.
- Asmodeo…. No podemos…. – Ryo trataba de apartarlo con un débil empujón en sus hombros. Él, como "esposa" del actual rey Asmodeo tenía deberes que cumplir ese día, y su esposo, no muy de acuerdo con eso por las miradas lascivas que algunos demonios le lanzaban, lo había aprisionado entre sus brazos y saboreado cada rincón de su piel – Tenemos trabajo….
- ¿Qué dices? ¿Vas a negarme mi comida diaria? Te recuerdo que tu principal deber como mi esposa es mantenerme bien alimentado mientras cumplo con mi trabajo – Imayoshi, viendo que su razón aún prevalecía, insertó tres dedos en la entrada de su pareja.
- ¡Imayoshi! – Al sentir como su punto más dulce era tocado por los dedos de su amante, el pequeño íncubo hacía esfuerzos por no correrse en la boca de su señor. Si lo hacía, estaba seguro que no podría volver atrás.
Vamos cariño, no tienes que contenerte ante mí…
Antes de seguir con su alimento, Asmodeo percibió una perturbación en el plano de la realidad. Algo no iba bien, para ser exactos, algo en la tierra. Al igual que muchos esbirros del mal, él como regente de la lujuria podía percibir cuando algo que no debía darse estaba a punto de ocurrir, y esta vez era algo serio, demasiado para ser ignorado por más hambre de la que sufriera. Si el sentido no le fallaba, el evento estaba tomando lugar en Japón, en la ciudad de Tokio. Fue entonces que recordó a Satsuki y su visita rápida a la tierra para traer a Aomine, porque ese lugar era el que más perturbaciones estaba teniendo.
- ¿Imayoshi? – Ryo llamó débilmente a su amado mientras descansaba en sus brazos, exhausto por la repentina liberación que había tenido hace solo unos segundos. Al final, el placer pudo más con él que su deber.
- Ryo, necesito que me enlaces con Satsuki. ¡Ahora!
Al ver sus ojos llenos de lágrimas después de haberlo nombrado, Kise sintió una especie de nostalgia invadir su pecho. Él nunca antes había visto a esa súcubo, y estaba seguro que ella tampoco sabía que él existía. Siendo así, ¿cómo sabía su nombre? Y sobre todo, ¿Por qué lo llamaba con tanta confianza? Miró a Aomine en busca de respuestas, pero en su rostro él reflejaba tanta o más confusión que él.
- ¿Disculpa? ¿Quién eres?
Satsuki, después de secarse las lágrimas, sonrió ampliamente y trató de acercarse para abrazarlo.
- Kise-chan, yo soy…
"¡Alto! ¡Satsuki, no lo hagas!"
La voz de Imayoshi invadió su cabeza e hizo que parara abruptamente su andar. Cerró sus ojos por un momento, y al volverlos a abrir los tenía de color oscuro. Sin quererlo, sus pupilas se apresuraron a examinar detenidamente el rostro que estaba frente a ella, agrandándose al ver que realmente lo reconocían.
"¿Imayoshi? ¿Qué ocurre? ¿Por qué tomas tan repentinamente mi capacidad de visión?"
La voz de Imayoshi se le dificultaba hablar, no sabía realmente como debía responder e su pregunta. Ese cupido desde hace mucho que invadía sus sueños, desde que había ascendido como el nuevo Asmodeo a pedidos de su antiguo señor hasta el día en que Aomine partió en su misión a la tierra. Ni una sola vez había olvidado el rostro de aquel que lo había cambiado todo y ahora la historia estaba tomando de nuevo su curso inicial. Lentamente trató de recuperar el ritmo de su respiración y habló lo más calmadamente posible.
"Escúchame Satsuki, bajo ninguna circunstancia puedes decirle la verdad"
"¿Qué?"
Satsuki se sintió sorprendida y un poco decepcionada. Había extrañado tanto a Kise y ahora que al fin lo tenía frente a ella, se le prohibía hablarle del pasado que añoraba tanto, no era justo.
"¿Por qué Imayoshi? ¿Por qué no puedo decirle?"
"No es nuestro deber decirle eso. No por ahora. Recuerda que hicimos un acuerdo con el cielo de no revelar nada de ese entonces hasta que fuera la hora"
"Pero lo tengo tan cerca Imayoshi. Está aquí mismo, frente a mí! ¿Por qué no puedo decirle cuanto lo extrañé? ¡Cuánto lo extrañamos Dai-chan y yo!"
"Él tampoco lo recuerda Satsuki. Para Aomine, Kise no es más que un cupido nuevo que acaba de bajar a la tierra. Él no lo extraña y ese cupido tampoco. Por eso, si tú dices todo lo que sabes así sin más, las cosas se pondrán mal" Entiendelo"
"Pero…. Imayoshi…"
"Satsuki, por favor te lo ruego, no digas nada"
La súcubo de cabellos rosa pastel bajó la mirada, resignada y dolida. Ella había extrañado tanto a Kise, había querido desde hace mucho tiempo decirle tantas cosas que nunca llegaron a salir de sus labios. Había querido agradecerle por tantas cosas, pero ahora no podía hacer nada más que callar y llorar en silencio, como había hecho desde hace años.
- ¿Satsuki? – Aomine tocó su hombro y al girarla, encontró sus ojos color café - ¿Qué pasó con tu mirada? Se supone que tienes los ojos rosados no marrones.
- No es mi mirada Dai-chan, es la visión de Imayoshi senpai.
- ¿Del senpai cuatro ojos? ¿Por qué?
- Bueno, como has demorado en regresar, él estaba muy preocupado, pero ahora dice que te tomes todo el tiempo que necesites para completar tu misión con éxito.
Satsuki no mentía en esas palabras, eso era lo que Imayoshi le decía a través de su mente. Ahora que sabía con qué cupido estaba metido, no había dudas de que tardaría bastante en regresar.
Aomine, muy confundido, no creía realmente las palabras de su amiga. ¿En serio estaban hablando del mismo Imayoshi?
- ¿En serio? ¿Estás segura?
- Sí Dai-chan, pero con la condición de que yo me quede aquí a vigilar que en verdad estés cumpliendo tu deber.
Bien, ahora sí, estaba seguro de que hablaban del mismo Imayoshi.
- ¡Tienes que estar bromeando! ¿Desde cuándo necesito una niñera?
- Desde que mandas tus reportes tarde con Kiyoshi y no contestas a sus llamados telepáticos. No te quejes, tú mismo te pusiste los grilletes.
Mientras Aomine se quejaba en voz alta y maldecía la desconfianza de Asmodeo, Satsuki sintió el tacto suave de Kise en su hombro. Se giró y vio como él seguía mirándola extrañado.
- Disculpa, hace un rato me llamaste por mi nombre. ¿Se puede saber de dónde me conoces?
Satsuki, con el dolor de su corazón latente, dijo lo que su señor Asmodeo le había pedido.
- Bueno Kise-chan, como dijo Dai-chan, yo tengo visiones. Te reconocía porque tú imagen siempre estaba presente en algunas que tuve recientemente sobre Dai-chan y su trabajo.
- Entonces, ¿puedo asumir que nosotros estábamos destinados a conocernos?
Satsuki asintió, aunque en sus recuerdos ellos ya se conocieran. Vio a Kise sonrojarse levemente mientras desviaba la mirada. Imayoshi tenía razón, aún no era el momento.
Hola!
Primero que nada, quiero agradecerles por leer hasta aquí. Me anima mucho que algunos lectores se animen a echarle un vistazo a mi historia, hace que me den más ganas de escribir y añadir más cosas.
Ahora, lo principal: les dije que Satsuki cumplía un papel importante en la relacion de estos dos, y sí, es porque ella sabe que tienen un pasado. ¿Por qué solo ella e Imayoshi lo saben? Eso lo diré más adelante. Además, tomen nota de que el cielo también tiene algo que ocultar. Probablemente responda más dudas en el siguiente capítulo, así como tal vez implante más dudas. Hay muchas posibilidades ¬u¬
En fin, gracias por leer, los veo el próximo martes!
