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Libros y declaraciones

Harry se dirigió a un banquillo y recostó allí a Hermione. Los demás corrían febrilmente a ver a la castaña, pensando que había muerto. Sin embargo, vieron que su pecho se hinchaba levemente, lo cual indicaba que estaba respirando. Todos suspiraron de alivio, tanto por saber que Hermione seguía con vida como por el hecho que los enemigos hubieran retrocedido. Perséfone se acercó a Harry y le tomó la mano pero, él no se dejó llevar esta vez.

—Ahora entiendo de donde vienes —dijo Harry, inquietando a la rubia—. Todo lo que me dijiste acerca de tu procedencia, era una metáfora de lo que a mí me había pasado. Lamento que las cosas fueran de esa manera pero, no puedo estar con mi propia conciencia.

—Harry, yo no soy tu conciencia.

—Entonces explícame por qué me entiendes tan bien —la retó Harry—. Dime cómo me conoces desde siempre. En lo que a mi respecta, la única persona que me conoce desde siempre es yo mismo.

—¿Acaso ella —señaló a Hermione—, te engatusó de alguna manera?

—Ella no necesita hacerlo —dijo Harry con aplomo—.Además, sé quien te personificó.

Harry caminó unos pasos y se puso delante de Ginny. Ella no pudo sostenerle la mirada mucho tiempo. Bajó la cabeza, avergonzada. Harry descubrió la verdad pero ella no se atrevía a admitirlo. Con cara neutral, le exigió que le pasara su varita. Ginny rehuyó la petición de Harry.

—Si no me la pasas en este momento, tendré que hacerlo por las malas. —Harry desenfundó la suya y apuntó con ella a la pelirroja. No quedándole más remedio que entregarla, la sacó de su bolsillo y se la tendió a Harry. Él la sostuvo con una mano y con la otra, hizo el encantamiento.

Prior Incantato!

Harry comprendió que ellos habían estado luchando en contra de aquel ejército al ver los ecos de muchas criaturas y Mortífagos heridos. No obstante, no tuvo que pasar mucho tiempo antes que una figura conocida apareciera de la varita de la pelirroja. Harry miró con ojos inquisitivos a Ginny, quien estaba al borde de las lágrimas. Él había descubierto su juego y no la iba a perdonar tan fácilmente, de eso estaba completamente segura.

—Así que era eso. —Harry le devolvió la varita de Ginny y la taladró con la mirada—. Para eso practicabas los hechizos no verbales. ¿Cómo te enteraste del Corpus Conscientiae?

—Estaba en uno de los encantamientos de mi libro de hechizos, nivel 6 —respondió Ginny con un hilo de voz.

—Hermione estuvo a punto de morir por mi culpa —dijo Harry, haciendo que la pelirroja estallara en llanto—. Si no hubieras hecho lo que hiciste, su vida no habría estado en peligro. Realmente, no te creía capaz de hacer algo así pero, después de esto, no sé si vuelva a dirigirte la palabra algún día. Demasiado daño has hecho ya, y todo por despecho. Por favor, te ruego que, en lo posible, te mantengas alejada de mí y no me hables.

Ginny, a pesar que había hecho todo lo posible para separarlo de Hermione, al final, los unió más y ella llevó todas las de perder. Ahora, Harry no le dirigiría la palabra en un buen tiempo y sabía, al igual que él, que todavía lo amaba mucho. Aquella declaración destrozó su corazón más de lo que ya estaba… pero esta vez, comprendió que se lo tenía bien merecido. Ella trató de abrazarlo para tratar de aplacar su dolor pero, él se hizo a un lado, con una fría mirada que hizo que llorara con más fuerza. Harry, alzó nuevamente la varita pero esta vez, era Perséfone el objetivo.

—Harry. ¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, algo temblorosa.

—Voy a llevarte al lugar donde debes estar. —Harry empuñó más la varita y la levantó, para poner fin a aquella conciencia—. Finite Incantatem!

Perséfone comenzó a brillar y se transformó en una masa plateada que se fue evaporando y luego, a dar vueltas alrededor de la cabeza de Harry antes de introducirse en ella. Harry se tambaleó un poco antes de recuperar el equilibrio y suspiró de alivio al saber que su conciencia ahora estaba en su lugar. Ron no veía con buenos ojos lo que recién había acontecido: Harry había lastimado otra vez a Ginny y, su superdesarrollado instinto protector salió a flote otra vez. Cuando Harry iba a atender a Hermione, quien ya estaba abriendo los ojos, Ron se interpuso en su camino, con un brillo amenazador en sus ojos.

—¿Por qué le hiciste eso a Ginny? —preguntó con la voz ronca del enojo. Harry no perdió la paciencia, pues vio que Luna atendía a Hermione.

—Realmente no entiendes lo que pudo haber pasado si las cosas hubieran seguido su curso. ¿No te das cuenta que Hermione pudo haber muerto? Si no fuera por aquel médico, yo estaría lamentando su muerte y ni siquiera habría sabido que Perséfone era mi conciencia. —Harry tomó del hombro a Ron, para ver si con ese gesto podían volver a ser lo que eran antes que él y Hermione se enamoraran. Fue en ese momento en que comprendió que todo comenzó a salir mal desde ese beso en la jungla. ¿Debía estar con Hermione¿Había sido un error? —Entiendo que estés celoso de mí y Hermione pero, no es razón para que nuestra amistad se termine. Recuerda lo que dijo Dumbledore: debemos permanecer juntos, sino estamos perdidos.

—Y tú realmente no entiendes que heriste los sentimientos de MI hermana. —Ron comenzó a elevar el tono de voz y sus orejas comenzaron a teñirse de rojo—. Podrá tener un carácter muy fuerte pero, también es sensible a los sentimientos. Ella te amaba mucho y tú la despreciaste. Eso es lo que me molesta y, mientras no te disculpes con ella, me mantendré alejado de ti y ni siquiera te molestes en buscarme.

—¿No entiendes qué es lo que puede pasar si te separas de nosotros? —preguntó Harry, sin enojarse—. Hay una guerra en este mundo. Las muertes y los ataques se dan en todas partes, ya no hay lugar seguro en donde puedas esconderte. Si no estamos juntos, todas nuestras esperanzas se irán por el caño. Seguramente te encontrarán y no tendrán piedad de ti.

—¿Y tú crees que soy un niño de pecho? Sé cuidarme solo. Además, Luna irá conmigo. —Ron miró a la rubia pero ella negó con la cabeza, lo que puso de más mal humor al pelirrojo.

—Harry tiene razón, Ron —dijo Luna en voz baja—. Si no permanecemos juntos, perderemos.

—Arrgh, piensen lo que quieran. —Ron estalló en furia e iba a pegarle a Harry pero éste, reaccionando bien, paralizó a su amigo con su varita.

—Puedes decirme todo lo que se antoje pero, levantar una mano en contra de mí, no es mi forma de resolver las cosas. —Harry demostró una firmeza que impresionó a todos—. Si quieres marcharte, no tengo ninguna objeción para hacerte creer lo contrario. Pero, cualquiera sea la decisión que tomes, tendrás que afrontarla. —Harry no dijo más y fue a ayudar a Hermione a levantarse. Ron se quedó parado en medio de la plaza y varios autos que habían sido arrojados por los gigantes. Gruñendo, dio media vuelta y caminó en dirección contraria, hacia Grimmauld Place, tratando de encontrar algún refugio donde quedarse hasta que todo pasara. Era evidente que no era el tipo de hombre que se une a un grupo de personas para luchar por ideas perdidas. Era un auténtico cobarde.

—Bueno, tenemos que continuar nosotros —dijo Harry, encogiéndose de hombros. Se sentó junto a Hermione y la abrazó. Ella se refugió en su hombro, también sintiendo que todo lo que estaba pasando era su culpa. Harry sentía lo mismo.

—Todo es nuestra culpa —dijo Hermione, apesadumbrada—. Desde que nos enamoramos, todo ha salido mal. Los celos de Ginny, de Ron… ahora él está solo y no podemos hacer nada para traerlo de vuelta.

—Es verdad pero, no podemos dejar de avanzar. —Harry lamentaba profundamente la ausencia de Ron y dejarlo a la deriva en medio de una guerra—. Además, Ron volverá a Grimmauld Place, donde estará seguro, al menos hasta que haya un ganador en esta contienda.

—Ojalá que tengas razón.

—Oigan, si más no recuerdo, Ginny dijo que teníamos que ir a la Biblioteca de la Historia Mágica —puntualizó Luna, casi gritando, al ver que Harry y Hermione estaban a punto de darse un beso por enésima vez. Ambos saltaron de la sorpresa cuando la rubia gritó.

—¡Luna!

—Perdón.

Harry y Hermione se levantaron y se unieron a Ginny y a Luna. Las dos últimas hablaban entre sí. Ginny a veces lanzaba unos sollozos solapados y la rubia la rodeaba con un brazo para reconfortarla, aunque no tuviera remedio el inmenso dolor que sentía la pelirroja. Caminaron entre jirones de las capas de los Dementores y algunas criaturas muertas producto del descomunal rayo que atravesó media ciudad. Harry y Hermione no sabrían lo que sucedió hasta mucho más tarde.

Después de caminar tres o cuatro tensas cuadras, arribaron a un edificio que se asemejaba mucho al Panteón Romano, sólo que dos o tres veces más grande… y como diez veces más profundo. Las letras que coronaban la estructura consistían en runas antiguas que Hermione pudo leer sin complicaciones. Asintiendo con la cabeza, los cuatro subieron las escaleras y entraron a la biblioteca, sin saber que detrás de ellos, alguien envuelto en una capucha, los había estado observando desde que abandonaron la plaza.

-------O-------

Los gritos de Lord Voldemort eran audibles desde varios metros fuera de la mansión Riddle. Y no era para menos: recién le había llegado la noticia que Bellatrix Lestrange había sido asesinada. Además que era una pieza fundamental de sus planes y su más fiel servidora, por muy sorprendente que pudiera parecer, estaba descubriendo algo totalmente desconocido en relación con ella. No sabía qué era pero, desde algo antes que Bellatrix muriera, estaba descubriendo algo que lo que estaba desprovisto en el último medio siglo.

Sentimientos.

Claro, todos sabemos que el odio es un sentimiento pero, cuando se habla de sentimientos, se tiende a dar por sabido que se trataban de emociones que solamente se sentían cuando se estaba enamorado. Al saberlo, Voldemort comenzó a desesperarse cada vez más. No quería tener esa cosa en común con Harry Potter; lo convertiría en su igual, algo por lo que había luchado tanto tiempo.

No tenía ni la menor idea que Harry estaba teniendo el mismo dilema en ese momento.

La habitación en la que se encontraba estaba totalmente irreconocible: vidrios rotos, sillones destruídos, dos Mortífagos asesinados sin razón aparente y la chimemea agrietada eran testigos mudos de la transformación que estaba sufriendo. ¿Qué le estaba ocurriendo?

La puerta fue golpeada. Voldemort ya tenía demasiadas cosas dándole vueltas en su cabeza como para atender más malas noticias, pero creyó que era necesario saber acerca de los movimientos de sus enemigos. A un movimiento de varita, abrió la puerta y apareció Draco Malfoy, sin un rasguño y con un aire de seguridad que no podía ser hecha jirones por la vesánica mirada de su amo. Era evidente que tenía buenas noticias.

—Señor —dijo antes de ponerse de rodillas ante su amo.

—Dime lo que tienes.

Draco sintió aquel gélido aliento que sucedía a sus palabras y le dio gusto saber que esa frialdad rebosaba satisfacción.

—Me he enterado que dos de sus Horrocruxes ya están en poder de Potter —dijo Draco, sin dejar de permanecer arrodillado—. Pero también, hay problemas dentro del grupo. Están divididos. Weasley va en dirección contraria, hacia aquel refugio secreto que tiene la Orden del Fénix.

Entre tanta fatalidad, Voldemort halló en las palabras de su servidor más joven un consuelo.

—¿Quién esta cerca de la plaza?

—Creo que Nott y Rookwood están a tres o cuatro cuadras de allí. Ya les entregué la descripción de Weasley. Sólo es cuestión de tiempo antes que lo atrapen y lo traigan para acá.

Voldemort estaba muy complacido.

—Lo que me quieres decir… es que si tenemos al amigo de Potter, seguramente él vendrá a rescatarlo y significará que tendremos una linda colección de prisioneros. Primero será Potter y luego, su amigo y el licántropo estarán en mis manos… o puede ser… primero sus amigos para ver sufrir al pobre de Potter. No es agradable morir sabiendo que no los podía proteger. ¿Verdad, Remus?

Un bulto tembló de repente y gimió.

—Muy cierto —dijo Voldemort, adivinando las emociones de Remus—. Ahora, Draco, quiero que mantengas aquella gran vigilancia que has hecho hasta ahora y entrégame novedades mediante la marca tenebrosa. Aparecerse en un lugar y luego en otro debe ser un esfuerzo molesto¿no es así?

Draco inclinó la cabeza y se fue de la habitación, dejando al gran señor del odio solo con sus pensamientos. Cuando la puerta se cerró, le dio un feroz puntapié a Remus, quien gimió debilmente. Ya había pasado por demasiado y estaba a punto de volverse loco. Quería morir, sólo para dejar de ser el desahogo de Voldemort. Mientras éste seguía con la idea de los sentimientos llenándolo y volviéndolo paranoico.

Lo que ignoraba, era que su alma se estaba reintegrando, poco a poco.

-------O-------

La Biblioteca de la Historia Mágica era un enorme vestíbulo con estanterías dispuestas en forma de círculos concéntricos con un pasillo ancho que cruzaba los círculos hasta llegar a una mesa circular de recepción. El piso era claro, por lo que visto desde la cúpula, el interior parecía un blanco. Los pasos de Harry, Hermione, Ginny y Luna provocaban ecos en todas partes. El silencio era como una prensa hidráulica para los oídos, claro, después de la confusión de hace unos minutos, era comprensible. A juzgar por el poco misterio que desprendía el lugar, parecía que el primer piso era una biblioteca común muggle. Hermione sabía que había una puerta por donde se accedía a los pisos inferiores, donde se encontraban los libros de historia mágica.

—Es una puerta simple de madera de pino —decía Hermione—. Tiene una especie de sensor que detecta si el que toca el pomo es mago o es muggle. Si es mago, hallará unas escaleras que llevan a los pisos inferiores y si es un humano normal, hallará las herramientas del conserje.

—Hermione —comenzó Harry—¿cómo diantres puedes tener tanta cosa dentro de tu cabeza? Es inquietante.

—Es cosa de tener una biblioteca propia y una mente dispuesta.

Harry sonrió ante la respuesta. Hermione ya no era la niña sabelotodo que era antes: impaciente y petulante, sino que ahora su aura estaba llena de una paciencia infinita, como si hubiera alcanzado el nirvana de la sabiduría. Aunque sabía que no era así, al menos daba esa impresión. De pronto, cuando Harry iba a tocar la puerta, Hermione volvió a caer sobre sus rodillas. Todavía no podía recuperarse del consumo masivo de ansiolíticos pero, al menos no perdía el conocimiento ni daba muestras de debilidad. Ni se molestó en ayudarla a ponerse de pie. Abrió la puerta y los cuatro se hallaron delante de unas escaleras que parecían infinitas. Se sintieron descorazonados ante la perspectiva de tener que recorrer cada piso para hallar un condenado libro. Sin embargo, Hermione era curiosa y observadora. Había un letrero colgado en lo alto de un techo que no se veía. Por lo que se podía leer en el cartel, la biblioteca tenía ocho niveles, aparte del principal.

—Tenemos que ir al cuarto nivel —dijo Hermione adelantándose a los demás—. Es donde encontraremos libros acerca de personajes importantes en la historia de la magia.

Iniciaron el largo descenso. El pasillo descendente en forma de caracol tenía antorchas a ambos lados, dando un tinte amarillento a las paredes blancas. Parecían escaleras sin fin, que no parecían llevar a ningún lado. Después, la piedra fue reemplazada por una baranda de piedra, y allí entendieron que la escalera recorría el centro de la estructura y podían ver las estanterías en forma de círculo en cada piso que atravesaban. Era una perspectiva impresionante que daba cuenta de la vastedad de la historia mágica. Había información de todo tipo; encantamientos, criaturas, leyendas, lugares mágicos y demás. Cuando pensaron que las piernas no les daban más, lograron alcanzar el cuarto piso, donde había un cartel de madera clavado encima de la arcada que decía "Personajes históricos".

—Bueno, supongo que todo está catalogado alfabéticamente —dijo Harry, dando una buena mirada al extenso lugar, donde tenía que estar la historia de los fundadores de Hogwarts.

—No sería una buena biblioteca si no fuera así —acotó Hermione alegremente. La idea de tener un montón de libros a su disposición, era tan irresistible como los besos de Harry… bueno, nunca para tanto—. Las letras recorren un zig-zag en los círculos, por lo que tenemos que empezar con la "A" que se encuentra… allí. —Hermione señaló un grupo de libros en cuya parte más alta se hallaba un letrero que decía "A". Miró hacia ambos lados y, un poco más lejos, se hallaba la "B". Pronto entendió que la "R" se hallaba en el décimo círculo de adentro hacia fuera—. No creo que sea necesario. Síganme.

Harry, Ginny y Luna la siguieron a través de los círculos de estanterías hasta que Hermione se detuvo en la décima circunferencia. Miró hacia ambos lados y caminó hacia la derecha, con detenimiento, para ver si estaba en el lado correcto. Estaba viendo los libros que comenzaban con "S" y, delante de ella, estaban los libros de la "R". La castaña hizo un ademán para que la siguieran. Entre todos comenzaron a buscar libros donde podría aparecer la fundadora de la casa Ravenclaw, por lo que se podía entender el repentino entusiasmo de Luna por saber los orígenes de Rowena Ravenclaw. Fue Harry quien dio el campanazo, sacando un libro de un kilo de peso y más de setecientas pesadas páginas con letra pequeña que no era otra cosa que la biografía detallada de Rowena Ravenclaw. No salía el nombre del autor pero pudieron ver un dibujo muy bien hecho de una cara que tenía un asombroso parecido con Hermione. Más abajo vieron lo que no habían visto en la portada.

—Cassiopeia. Debió ser hija de Rowena —dijo Hermione, sorprendida que la descendiente de Ravenclaw fuera casi idéntica a ella—. Estuvo escribiendo esta biografía durante más de veinte años, después de la guerra que asoló el mundo mágico en 1294. ¿Guerra? Nunca, en todas las clases de Historia de la Magia, nos relataron aquella guerra.

—No tendrás que perdonar, Hermione pero, mientras tú te dedicabas a tomar apuntes, nosotros recuperábamos las horas perdidas de sueño —dijo Harry, tratando de dar un toque de humor ante el suspenso. Luna se rió a carcajadas pero Ginny no tenía remedio. Sólo se limitaba a mirarlos desde una distancia apreciable. Era evidente que la recuperación iba a ser muy lenta, y era muy probable que su vida llegara a su fin antes que pudiera hacer las paces con Harry.

Hermione comenzó a hojear las polvorientas páginas del volumen, viendo los inicios de Rowena, pasando por su duro entrenamiento en Stonehenge, tratando de entender el porqué de las enigmáticas estructuras pétreas de aquel lugar. A partir de ese momento, su conocimiento y curiosidad por todas las cosas, le hicieron adquirir un conocimiento profundo de las cosas y las supo aplicar a varias situaciones, lo que le otorgó aquella sabiduría legendaria que la caracterizaba. Lo único que lamentaba era que no encontrara un hombre a quien amar. Fue en ese momento, en que halló uno de los detalles más sorprendentes de la historia mágica y que nunca fue contada por profesor alguno.

En las páginas centrales, se podía ver pasajes en donde claramente se vislumbraba un romance entre Rowena y Godric Gryffindor. Hermione no se podía contener por las cosas que estaba descubriendo en ese momento. Era justo el momento en que Slytherin comenzaba a despreciar a los magos de sangre impura… y resultaba que Rowena Ravenclaw era una sangre impura, hija de muggles. A Harry esto le resultaba muy familiar, tanto que miró a Hermione con inquietud.

—¿Qué? —preguntó ella.

—Es que… la historia de ella es muy similar a la tuya, Hermione.

Ella sintió un nudo en el estómago.

—Es… cierto. —Hermione continuó leyendo hasta el momento en que desató la Gran Guerra de 1294, donde Pandora Le Fay, la hija de Morgana, atacó Hogwarts, y hubieron muchos muertos, entre ellos estaba Rowena misma. Pero, contaba la historia que Godric estaba tan destrozado que tuvo que afrontar enormes desafíos para recuperar el amor de su vida. Por desgracia, los detalles estaban en otro libro que se encontraba tres pisos más abajo y los cuatro no estaban de ánimos para volver a bajar las escaleras. Sin embargo, hallaron dos palabras que los intrigaron mucho.

—Filios Incantatem —recitó Hermione—. Lo único que dice acerca de este encantamiento es que así fue que derrotaron a Pandora. Y, hay una nota que dice acerca del Filios Incantatem, que no es un hechizo que apareciera en algún libro de encantamientos. Era un conjuro de la extraña clase de los encantamientos espontáneos, aquellos que no tiene técnica ni se pueden realizar en condiciones controladas, por lo tanto, era casi imposible realizarlo. ¿Cómo lo hicieron? —Hermione hojeó hasta el final del libro y, pudo ver una nota garabateada en la contratapa. Decía "Bajo un nido de águilas, hallarás respuestas". Era obvio que no era algo que haya escrito Cassiopeia, sino que parecía algo más reciente. Harry estaba intrigado con la frase que aparecía consignada en caracteres bien cuidados. Mientras tanto, Luna miraba para otro lado cuando, le pareció ver una sombra recorrer las estanterias.

—Parece que vi algo —dijo ella, con el corazón a mil.

Todos miraron hacia donde señalaba Luna pero, no había nada.

—Es sólo tu imaginación Luna —le dijo Harry, algo distraído. Hermione había puesto el libro en su respectivo lugar y se dio un nuevo episodio romántico entre Harry y ella. Ginny no podía contener las lágrimas pero, ellos sintieron el deseo de quererse y nadie les podía reprochar nada. Pero, por encima de la cabeza de Hermione, Harry pudo ver una fugaz forma negra que atravesó el pasillo a la velocidad del rayo.

—Luna tiene razón —dijo Harry, separándose con suavidad de Hermione. Todos sacaron sus varitas y se agruparon, permanciendo juntos ante la potencial amenaza. Caminaron con cuidado hacia el pasillo y extendieron las varitas, no encontrando nada. Luego, desde un pasillo lateral, vieron una luz roja que se acercaba veloz hacia ellos. Harry, reaccionando con velocidad bloqueó el encantamiento aturdidor que iba hacia ellos.

Petrificus Totalus! —rugió Harry.

El rayo morado alcanzó su objetivo y tumbó al tipo de espaldas. Asegurándose que no se movía, Harry corrió hacia el bulto negro que se hallaba paralizado sobre el suelo, lo dio vuelta y reconoció de inmediato el cabello rubio platinado de Draco Malfoy. Le dio una patada en el estómago, como desquitándose de lo que había sucedido en el expreso de Hogwarts el año pasado. Levantó la varita para que Malfoy pudiera hablar.

—No serías Malfoy si no nos estuvieras siguiendo —dijo Harry, dirigiendo una dura mirada a aquellos témpanos de hielo que eran los ojos del rubio de Slytherin—. ¿Qué¿Tu amo te cortó la lengua?

Malfoy comenzó a reirse a carcajadas.

—Si, es muy gracioso el chiste que te acabo de contar —gruñó Harry sarcásticamente—. Ahora dime qué haciás espiándonos.

—Ay, Potter. Siempre serás el mismo tonto de costumbre —dijo Malfoy con crueldad—. Tal vez te interese saber que tu amigo, la comadreja, va directo a una trampa. Tengo a dos de mis colegas cerca de su posición y en cualquier momento lo llevarán a la magnánima presencia de mi amo. Ahora, la pregunta es¿irás a rescatarlo o seguirás con tu patética búsqueda? De cualquier modo, mi amo va a ganar y tú no podrás hacer nada para evitarlo.

Harry se inclinó hacia la cara de Draco y le sonrió burlonamente.

—Estoy impaciente por ver cómo nos detienes. —Se levantó y caminó hacia el pasillo principal. Hermione, Ginny y Luna lo siguieron, ignorando a Draco Malfoy, quien comenzó a gritar, desesperado, tratando de moverse, sin éxito.

—Bueno, creo que Malfoy tendrá lo que se merece —dijo Hermione, sonriendo animadamente—. Creo que esto pondrá fin a la carrera de Mortífago de ese condenado idiota—. Hermione hizo una floritura con la varita y se la llevó al oído, donde se escuchó una voz velada.

—Hay un Mortífago incapacitado en el cuarto piso de la Biblioteca de la Historia Mágica. Vengan lo más pronto posible. —Cuando escuchó confirmación, Hermione hizo otra floritura y se guardo la varita en el bolsillo—. Acabo de contactarme con la Oficina de Aurors y vendrán en pocos minutos. Malfoy es historia.

Subieron las escaleras y atravesaron la puerta de pino cuando varios Aurores corrían por los pasillos hacia aquella misma puerta. Harry les confirmó que el rubio se encontraba en el cuarto piso y entraron atropelladamente hacia la puerta, donde se toparían con una agradable sorpresa. Atravesaron la enorme puerta del edificio y salieron al sol de la tarde, visiblemente más alegres que antes. Sin embargo, Ginny estaba como concentrada en algo, como si quisiera hacer algo particularmente difícil. Después, se acercó lentamente a Harry, como si él fuera un juez que la acusara de un grave crimen.

—Harry… ¿puedo hablar contigo?

Él quería permanecer firme en su elección de no dirigirle la palabra pero, cuando vio el semblante de profunda decisión que tenía la pelirroja, desistió e hizo un gesto que le dijo a Ginny que le estaba prestando atención.

—Harry. Sé que te hice un daño terrible al haber personificado tu conciencia. Estuve a punto de cometer un error imperdonable; casi mato a Hermione y me siento responsable del comportamiento de Ron, que seguramente ya debe estar prisionero de Voldemort. Harry, no es tu culpa, sino mía, toda mía y lo único que quiero es que me perdones algún día. —Ginny lanzó un leve sollozo—. Me es muy difícil vivir sin que tú me quieras, Harry. ¡Te quiero mucho y no deseo perderte de esa manera! Por favor, Harry, no seas tan indolente conmigo… por favor. —Después de esas palabras, Ginny se derrumbó sobre los hombros de Harry, presa del llanto y del dolor. Él se quedó parado en medio de la nada, sin entender, sin saber qué pensar o decir. Dirigió una mirada a Hermione y luego, separó su cabeza de su hombro, negando con la cabeza.

—Lo siento. Todavía estoy demasiado dolido contigo como para perdonarte. —Harry sintió que con estas palabras, por muy honestas que pudieran ser, estaba pisoteando el corazón de Ginny otra vez—. ¿No entiendes que estas cosas toman tiempo? Hermione casi muere por tu despecho y me sería más beneficioso que aprendas a no meter la pata y pensar un poco más las cosas antes de hacerlas.

Ginny no dijo nada por unos segundos. Luego, siguió sin decir nada, pues el dolor era tan sofocante que ni siquiera le permitía llorar, desahogarse ante tanto sufrimiento. ¿Por qué no la había perdonado, si había pedido disculpas por todas sus acciones? Tal vez Harry tenía razón: ese tipo de cosas tomaban tiempo pero, era un recurso siempre escaso y sabía que no podía permanecer mucho tiempo sin una palabra de parte de Harry, sobre todo después de aquellas palabras. Y hay que ser honestos, ella todavía estaba enamorada de Harry, pues si no fuera así, no estaría tan quebrada y hundida como estaba ahora. Ella no era de la clase de gente que opta por soluciones fáciles a sus problemas pero, la situación y sus emociones confabulaban para destruírla y, no hallando esperanza alguna en su vida, se vio inclinada a un desenlace que no esperaba que algún día pudiera tomar.

Por primera vez en su vida… pensó en suicidarse.

-------O-------

Ron caminaba por una calle paralela a Grimmauld Place, con las manos en los bolsillos y un vendaval de sentimientos en su mente. Tenía la errada concepción que Harry se estaba volviendo loco y autoritario pero, lo que él creía despotismo juvenil, era en verdad despecho por no tener el corazón de Hermione en sus manos. Desde que cursaba cuarto año, más específicamente en aquel Baile de Navidad, que había sentido aquel deseo por la castaña. Sin embargo, estaba tan acostumbrado a las cosas dadas en bandeja, motivado por los celos que guardaba a sus demás hermanos por ser el único que no tuviera algún talento en específico. No había logrado nada relevante en su vida y se sentía enormemente frustrado. Pero, de entre todas las personas que conocía, estaba más celoso de Harry que de ningún otro.

Cuando iba a doblar por una calle secundaria para llegar a Grimmauld Place, vio a alguien que caminaba por la vereda con una bolsa de mercancías en ambos brazos. Era Neville Longbottom, quien parecía muy afable y tranquilo. ¿Cómo era posible que alguien más desgraciado que él mismo, que es casi un squib, y que tampoco había conseguido nada relevante, se viera tan tranquilo y sereno como si sus problemas los hubiera echado al tacho de la basura? Se acercó a él y lo saludó con simulada alegría.

—Hola Neville.

—Ah, hola Ron —saludó a su vez Neville—. No me extraña encontrarte por aquí. Vas a ya sabes donde¿verdad?

—S… sí.

—Me enteré de muchas cosas que pasaron. —Neville hizo una concesión a su amigo Ron y decidió acompañarlo hasta su destino—. Por ejemplo, a mi me dio mucha pena cuando me enteré que Hermione estaba saliendo con Harry.

—¿Por qué?

—Bueno, esto normalmente me da mucha vergüenza admitirlo pero, Hermione me gustaba mucho. Es una mujer muy buena y responsable, alguien no muy fácil de encontrar, además que es muy bella. Cambió mucho desde que nos conocimos en primero y, lentamente, me cautivaba más y más. Pero, como es usual en mi, nunca le dije nada y, sucedió esto. Estuve llorando dos noches seguidas cuando me enteré pero, descubrí de alguna manera, que ellos están hechos el uno para el otro.

—¿Nunca estuviste celoso?

—¿Para que quiero los celos? —Neville sonrió ante la pregunta de Ron—. Sólo te hacen ponerte más triste y solo. Además, estoy contento con lo que tengo. Desde que mi abuela vio que yo tenía algún talento mágico, volvió a creer en mí y con eso, estoy contento. Volví a vivir. Tal vez deberías pensar en lo que tienes y no en lo que podías haber tenido y no lo tuviste. Así serás más feliz y podrás ver las cosas con más claridad.

Ron apenas podía dar crédito a lo que decía Neville. Era muy evidente que él era de la misma clase de persona que era Harry: humilde y desinteresado. ¿Cómo no lo pudo ver, siendo su mejor amigo? Hizo un gesto de odio a si mismo por haber sido tan ciego a la verdad. Fue justo el momento elegido por dos personas para ponerse frente a ellos y sacar sus varitas.

—Mortífagos —dijo Neville antes de tomar del brazo a Ron y cubrirse con una pared—. No nos queda otra que enfrentarlos.

Neville salió de su parapeto y, sin vacilar ningún segundo, atacó a los Mortífagos. Ellos, casi tomados por sorpresa, lograron protegerse del asalto. El joven se quedó de pie, mirando a sus enemigos con decisión. Ron, en un alarde de coraje, salió y atacó como pudo a ambos Mortífagos. Uno de ellos cayó al suelo, momento en que aprovechó Neville para tumbar al otro.

—Buen trabajo —dijo Neville, sin saber que pr detrás de ellos, alguien agarraba por la boca a Ron y se lo llevaba. Cuando se dio cuenta, ya era muy tarde. El hombre llevaba a su amigo y Neville, girando sobre sus talones y con la varita extendida, vio que Ron había pasado de atacante a rehén.

—Nos vemos —dijo el Mortífago, antes de desaparecer.

Neville gritó el nombre de Ron cuando desapareció de su vista. Hubiera preferido que se lo llevaran a él antes que al pelirrojo. Después, cogió las mercancías para llevarlas a su casa, planeando encontrar a Harry y a los demás para comunicarle las malas noticias y unirse a la búsqueda. Después de todo, era un Gryffindor e iba a demostrarlo.


Hola a todos…

Bueno, creo que tardé otra vez. Es que todavía no me mandan confirmación de acerca si tengo el trabajo o no. Eso me tiene algo desconcentrado, además que está eso de la programación de la página de Internet, que se me ha complicado un poco con los eventos dentro de la misma.

En este capítulo quise cambiar un poco el plano de la historia para hacerla menos monótona y encorsetada en Harry y Hermione. Espero que sigan leyendo la historia porque hay más sorpresas en el futuro. Ah, y en cuanto a los reviews, no se sientan obligados a mandarlos, eso es decisión exclusiva de ustedes ;-) y yo no tengo porqué entrometerme en sus decisiones. Así que no importa si no me mandan reviews, así escribo esta historia por puro altruismo al arte y a la expresión. Así que ya no los voy a molestar más al final de cada capítulo, sólo haré mi trabajo y nada más.

Con cariño para todos(as)

Arlas.