Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Amy J. Fetzer


Capítulo Diez

Edward fue tras ella, sin fijarse en que la gente lo observaba. La encontró parando un taxi en la puerta del club.

- ¡Maldita sea, Bella! No te vayas así. No todo es blanco o negro y los dos lo sabemos.

- Eres tú quien no lo ve, Edward. No dejas de marcar líneas en la arena y retarme a que las cruce y no puedo hacerlo.

El taxi paró a su lado, pero cuando ella iba a abrir la puerta, Edward la cerró y le indicó al taxista que podía marcharse.

- Pues ahora soy yo el que está cruzando la línea -dijo Edward, mirándola a los ojos-. Ni pasado, ni futuro. Solo el momento, Bella y no voy a decir más.

Edward la besó con fuerza y Bella se encontró suspirando de deseo y anhelo entre sus brazos.

- ¿Edward? ¿Qué te pasa? -preguntó cuando él se apartó.

- Tú -contestó Edward, tomándola del brazo para llevarla hasta el coche. Los labios de Bella estaban hinchados por sus besos, invitándolo, y él iba a aceptar la invitación. En cuanto estuvieran solos. Antes de arrancar, volvió a besarla con fuerza, volviéndola loca y volviéndose loco él mismo. Bella se sentía mareada, perdida. El poder de sus besos la dejaba sin aliento. Edward arrancó, pero en cuanto pararon en un semáforo, se volvió hacia ella-. Si tú no vienes a mí, yo iré a ti -dijo, antes de volver a besarla, apretándola entre sus brazos como si quisiera traspasarla.

- ¿Quién ha dicho que yo no voy a ir a ti?

Edward metió la mano por debajo del vestido para acariciarla y ella se lo permitió, quería que la tocase. Las manos del hombre hacían que sintiera un calor que no había sentido en muchos años, que no había sentido con ningún otro hombre. Cómo lo había echado de menos, cómo había echado de menos que la volviera loca que le hiciera perder la cabeza. Edward volvió a arrancar cuando cambió el semáforo, pero no apartó la mano de su muslo, acariciándola durante todo el camino.

- ¿Estás disfrutando?

- Me estás poniendo nerviosa.

En su voz había un reto y Edward lo sabía.

- Pues eso habrá que arreglarlo -dijo él, mientras metía la mano entre sus piernas. Bella cerró los ojos. Era muy erótico que la tocase de ese modo. Cuando llegaron al siguiente semáforo, Edward la besó, sin dejar de acariciada por encima de las braguitas. Cuando sintió humedad en su mano, presionó fuertemente.

- ¡Dios! -gimió ella.

Edward separó sus piernas con una mano mientras con la otra apartaba la tela. El semáforo se puso verde y arrancó de nuevo, sin apartar la mano. Sin apartar los ojos de la carretera, la abrió y deslizó un dedo en su húmeda cueva.

- Estás tan húmeda -susurró, moviéndose incómodo en el asiento, su sexo excitado y dolorido. Cuando pararon en el tercer semáforo, hundió dos dedos dentro de ella.

Un camión paró a su lado.

- Nos van a ver -protestó ella, débilmente.

- Calla -murmuró Edward, acariciándola hasta que Bella cerró los ojos, olvidándose de todo-. Las ventanillas son oscuras. No pueden vernos.

El semáforo volvió a cambiar y él siguió conduciendo. La respiración de los dos era dificultosa. Edward dejó que ella alargase la mano para acariciarlo a él a través del pantalón.

- Para o tendremos un accidente -dijo Bella, arqueándose sin vergüenza hacia su mano, los ojos brillantes de deseo.

El erotismo de estar en el coche, en público, era insoportable. Casi gritó cuando él empezó a mover los dedos con sabiduría y Edward la observó echarse hacia adelante, rendida de deseo. Cuando paró frente a la casa, pisó el freno y la colocó sobre sus piernas, de espaldas, con la mano izquierda sobre sus pechos, deseando que estuviera desnuda. Los gemidos de ella, tan familiares, tan eróticos, lo volvían loco y hacían que deseara to mada allí mismo. Pero la llevó al cielo y se negó a parar incluso cuando ella volvió a bajar a la tierra. Edward abrió la puerta y la sacó del Mercedes, colocándola contra el coche antes de que pudiera decir nada. Su hambre estaba fuera de todo control, Bella podía sentido en la fiereza de sus besos. Edward la apartó del coche, sin dejar de besarla, y caminaron de espaldas hacia el porche. Se apartaron un poco para subir los escalones, pero volvieron a unirse en un beso de fuego líquido frente a la puerta. Cuando entraron en la casa, él la colocó contra la pared y, levantando una de sus piernas, se apretó contra ella para que pudiera sentir su erección.

- Bella, cariño... te deseo.

- No me digas -jadeó ella, mordiendo sus labios.

- ¿Qué me ha delatado? - rió Edward.

- Esto -dijo ella, acariciando descaradamente la erección del hombre.

Bella le quitó la chaqueta y desabrochó su camisa con manos temblorosas. Después, metió la mano dentro de sus pantalones, envolviéndolo, acariciándolo. El lanzó un gemido ronco, echando la cabeza hacia atrás.

No podía soportado. Estaba a punto de estallar y cuando vio la imagen de los dos en el espejo, le dio la vuelta y la besó en el cuello.

La mordía mientras desabrochaba el vestido y el sujetador. Impaciente, Edward metió las manos dentro para envolver sus pechos.

Un gemido de satisfacción rompió el silencio. Bella se apretó contra él.

- Oh, Edward. Te he echado de menos -murmuró, cubriendo las manos del hombre con las suyas y dejando que el vestido y el sujetador cayeran al suelo. Entonces se dio la vuelta y quedó frente a él con un tanga de satén y sandalias de tacón. Edward creyó que se moría solo con mirarla. Se puso de rodillas y tiró de las braguitas hacia abajo.

Bella se apoyó en la pared, con los ojos cerrados. Él estaba acariciando el interior de sus muslos y besando sus nalgas. Sentía su boca por todas partes y casi no se dio cuenta de que levantaba los pies para quitarse las braguitas.

Edward se levantó, acariciándola por todas partes, y cuando ella empezó a bajarle los pantalones la llevó con él al suelo. Bella enredó las piernas alrededor de su cintura, rozando la erección del hombre, deseando ser llenada. Él gemía roncamente, un sonido de puro placer masculino, mientras sujetaba sus caderas. Bella se movía haciendo pequeños círculos, controlándolo, rozando la salvaje erección con su húmedo tesoro.

- Cariño, necesitamos protección -murmuró Edward, casi sin voz.

- Ya me he encargado de eso -dijo ella, le vantando ligeramente las caderas. Se miraron durante un segundo. Ella penetró y sus gemidos de placer se mezclaron.

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas y, tomando la cara del hombre entre las manos, se hundió en él. Edward cerró los ojos, sin tiendo la carne femenina apretándolo con un cepo de placer.

- Bella...

- ¿Has crecido? -susurró ella.

Edward sonrió, su mirada prisionera de la de ella. Sujetándose a sus hombros, Bella se apretaba contra él, recibiéndolo todo. No podía contenerse. Y tampoco quería intentarlo. Se sentía desinhibida, gloriosa.

Edward la tumbó en el suelo y se colocó sobre ella. La embestía una y otra vez y ella lo aceptaba, deseando que perdiera el control. Él aumentó el ritmo y Bella clavó las uñas en su espalda, repitiendo su nombre mientras se hundía en ella.

El grito primitivo del hombre resonó por toda la casa. Su cuerpo tembló de arriba abajo y los dos se quedaron suspendidos, de jando que el placer los envolviera. Bella abrió los labios y él se bebió su aliento embistiéndola por última vez hasta que las últimas gotas de pasión murieron entre sus brazos.

Agotada, ella cerró los ojos. Edward se inclinó para besarla en los labios, en la frente, en los párpados...

Cuando abrió los ojos, Bella sabía que había vuelto a enamorarse de aquel hombre.

Era una batalla que había intentado ganar, pero que había perdido en cuanto Edward la había tocado.

- La edad nos ha mejorado - murmuró él, acariciando sus labios.

- Sí -sonrió ella-. Me gusta cuando te portas mal.

- Tú no eres muy difícil de convencer - rió Edward, tomando las braguitas del suelo. Bella se las quitó de un tirón y se apartó de él.

- Vamos, vaquero. Aún no hemos terminado -le dijo, mientras se dirigía al dormitorio.

Edward no se movió durante unos segundos, disfrutando de aquel cuerpo femenino desnudo, excepto por unas sandalias de tacón.

Era la criatura más ardiente del planeta, pensó, mientras se levantaba.

Bella tenía razón. No habían terminado. Y aquella vez, le haría el amor lentamente, en la cama de sus ancestros, donde debían hacerlo.

Bella estaba sentada en la enorme cama con dosel, observando a Edward dormido.

Lo amaba. Siempre lo había amado, pero aquella vez era diferente. Aquella vez sabía que, ocurriera lo que ocurriera, nunca dejaría de amado. Y no podía soportar la idea de marcharse.

Él se movió entonces y Bella admiró su cuerpo. Era un hombre increíble, pensó, con aquellos hombros anchos que casi cubrían la almohada, el estómago plano y... Bella sonrió, con el cuerpo aún dolorido por las horas que habían pasado haciendo el amor, y se tumbó a su lado.

- Sabía que estabas aquí -murmuró él, medio dormido, tomándola por la cintura.

- Solo existe este momento -dijo Bella. Él abrió los ojos, buscándola -. Te quiero.

Edward la miró sin decir nada, aunque su mano tembló un poco mientras apartaba el pelo de su frente.

- Yo también estoy enamorado de ti.

- Esperaba que dijeras eso.

- Nunca he dejado de amarte.

Bella supo que no había otro sitio para ella más que a su lado y lo besó en los labios con toda la ternura que había en su corazón.

Cuando deslizó la lengua sobre uno de sus pezones, Edward dejó escapar un gemido ronco. Bella rió, deslizando la mano por debajo de la sábana. Lo encontró, cálido y excitado.

- ¿Qué haces, mujer?

Ella sonrió, metiéndose bajo las sábanas, y Edward se arqueó cuando la boca de Bella tomó posesión de él.

- ¿Quieres más?

- Sí... ¡No! ¡Oh, Dios!

- ¿No encuentras palabras, cariño?

- Las he perdido -dijo él, apartando las sábanas.

Bella sonrió, tomándolo en su boca de nuevo, con un brillo diabólico en los ojos.

Edward no pudo soportarlo y, tomándola por la cintura, la tumbó en la cama boca abajo.

- Pagarás por ello.

- Eso dices tú.

Edward la acarició desde los muslos a la garganta, colocándola de rodillas y poniendo sus manos sobre el cabecero. Después, se deslizó dentro de ella sin más preámbulos.

- Me excito más cuando estoy dentro de ti - susurró, jugando con sus pezones.

-Lo sé. Lo noto.

Edward la poseyó en aquella posición. Entraba en ella, metiendo la mano entre sus muslos abiertos, adorando sus gritos de placer, su manera de arquearse y pronunciar su nombre.

La madera de la cama crujía con cada embestida y cuando Bella le suplicó más, Edward vació dentro de ella su semilla, deseando que echara raíces que la atasen a él. Bella tenía la cabeza inclinada y la levantó de golpe cuando el placer la golpeó, emborrachándolos a los dos.

Cayeron uno sobre el otro y ella se hizo pequeña entre sus brazos. Edward no quería que saliera el sol, no quería que el mundo interfiriese. Solo quería a Bella y el tiempo que pudiera estar con ella.


Ha sido lo que querian? O piensan que le faltó algo? Puedo ir diciendo que estos son los momentos culminantes. Solo quedan dos capítulos y un epilogo (si, es muy poco).

Espero sus hermosos reviews y los Me gusta en Facebook (Ya son veinte personas, yeeeeyh!:D)

www . facebook . com / MasenEmily