Capítulo X

Sasuke permitió que su hijo fuera a descansar a casa de Sakura y Naruto, mientras se quedaba a cuidar de la joven.

Hinata después de tomar una ducha, dormía plácidamente en la cama. El joven cerró las persianas de las ventanas que daban al pasillo, y apago la luz, dejando en penumbras la habitación. Se acercó y se sentó a su lado.

—Me da gusto que estés bien— Le susurró al oído, entonces al escuchar su voz ella despertó y sus blancas orbes se posaron en su persona.

—¿De verdad?—

—Disculpa, Sasuke tuvo que ir a descansar y decidí quedarme y velar tu sueño...—

—Gracias— Por algún motivo lo que dijera le hería, pues esperaba una confesión o algo.

—Itachi y tú... ¿Han fijado fecha para la boda?— Cuestionó con un cierto dolor en su voz que para Hinata no pasó desapercibido. Ella se dio cuenta de la situación, el de algún modo estaba celoso porque se puso de pie y le dio la espalda.

Entonces la Hyūga se levanto y le abrazó con fuerza.

—Decidí dejar de lado ese compromiso. Sasuke, yo te amo a ti...—

—¿Qué dices?— Pregunto con incredulidad.

—Que te amo y quiero estar contigo— No pudo continuar porque los labios del moreno hicieron presión sobre los suyos, a lo que correspondió con la misma pasión en el que le fue otorgada esa caricia. La alzó entre sus brazos y la llevó a la cama, donde la deposito, cubriéndola de besos. Fue fácil para el hombre tenerla a su merced, ya que llevaba solo la bata del hospital.

Poco a poco fue bajando por su cuello, mientras escuchaba su respiración agitada y los dulces sonidos que brotaban de su boca, los cuales lo encendía con locura. Necesitaba poseerla de cualquier manera.

Entonces llamaron a la puerta. Se separaron y ella fingió estar dormida, mientras el enfermero pedía permiso para revisar a la paciente.

—No quiero que la despierte, ¿porque no viene en un par de horas?— El joven se le quedo mirando pero estuvo de acuerdo, así que se alejó sin rechistar.

—Estuvo cerca— Escucho a su pequeña ojiperla reír debajo de las sabanas.

—Demasiado— La noche era larga y ellos la supieron aprovechar a la perfección.

A la mañana siguiente, se encontraba sentada al borde de la cama.

La luz del sol se filtraba por los cristales, iluminando la habitación.

—Hinata, ¿cómo te sientes?— Ella giro a ver a la persona recién llegada.

—I-Itachi-san... Y-yo estoy bien, eso... Creo...— Sonrió.

—Aún recuerdo la última vez que te vi, estabas muy linda, pero ahora, has superado mis expectativas— Dicho esto se le que viendo, inmediatamente la joven inclinó un poco el rostro.

—Si, ya tiene tiempo desde ese día...—

—Pero yo no he olvidado lo que dijiste, que me buscarías y aún en contra de todos estarías conmigo... ¿Ha cambiado en algo eso? ¿Porque decidiste terminar nuestro compromiso?— Camino rumbo a la ventana y se recargó sobre esta cruzándose de brazos.

—No sé qué ocurrió, solo se...—

—Sakura-san me contó todo, tú cambio fue cuando encontraste al pequeño Sasuke y después de que estuviste cuidando a mi hermano—

—Lo siento, Itachi, pero estoy enamorada de Sasuke— El joven se acercó a su persona y le miro a los ojos.

—Gracias—

—¿Porque?— Cuestionó un poco confusa.

—Por amar a mi hermano...— Al terminar de decir esto, salió de la habitación. Se le miraba tranquilo y eso le hizo sentirse menos preocupada, pues no sabía que pensar al confesarle que sus sentimientos ya no estaban destinados a él.

Se levanto con cuidado y camino por la habitación para asomarse a través de la ventana, entonces los vio venir a él y a su pequeño Sasuke. Espero impaciente para platicar con ellos.

—¡Mamá! Ya llegue...— Aunque estaba feliz por verlo, se entristeció sobremanera porque su padre no venía con el. Habían platicado muy poco desde que saliera del coma.

—¡Me da mucho gusto verte! Te extrañe ¿sabes?— Lo abrazo con fuerza y lo colmo de besos.

—Ya mami, mira te traje ropa tío Itachi quiere que vayamos juntos a el distrito Uchiha. Creo que tiene algo que decirnos, también me pidió que llevaras esto— Pronto le dio el anillo que con tanto esmero había guardado.

—Esto... ¿Porque?—

—No lo sé, vamos, date prisa— Le alentó mientras le daba la mochila que había traído consigo.

El viento meció los árboles e Itachi observaba el lugar que después de tantos años había sido reducido a ruinas.

Ese día sería en el que consiguiera su expiación, lo había intentado desde hacía tiempo pero con Tsunade como Hokage no podría vivir para contarlo, ella era una mujer tenaz y muy probablemente no le permitiría hablar antes de eliminarlo.

—Bien Itachi, aquí me tienes...— Desenvainó su espada y observó con ira contenida a su hermano.

—No pienso pelear por el amor de ella. Tú has salido vencedor, hermano...—

—Creí que la amabas—

—Es linda, pero no puede ser. Tú conoces a Izumi...—

—¿Conoces? ¿A qué te refieres?—

—Tenemos que hablar de algo importante—

—Si, exijo saber porque asesinaste a nuestros padres, a todos... No puedo perdonarte...— Su Sharingan comenzó a aparecer pero de pronto irrumpió Naruto, seguido de Hinata, Sakura y el pequeño Uchiha.

—Bien, es hora de hablar con la verdad— Dijo el Sexto.

—Nuestro clan fue acusado de traición. Danzō y los otros miembros del Consejo de Ancianos inventaron un pretexto para acusar a nuestra familia. Debido a que éramos los más fuertes por nuestra técnica ocular y tuvieron miedo de nosotros. Crearon un escuadrón ANBU a mis espaldas para atacar a los Uchiha. Pero me adelanté y fingí lealtad a Konoha, y fue así como pude salvar a los nuestros. Prometí que yo los destruiría, nada más lejos de la verdad...—

—¿Qué estás diciendo? ¿Es esto una broma?—Naruto entonces apoyo su mano en el hombro de su mejor amigo para que guardara la compostura.

—¡Cálmate Teme! Y escucha a tu hermano—

—Hinata, ¿tienes el anillo?— El Uchiha mayor se dirigió a la Hyūga. Ella asintió y se lo devolvió. —Entonces solo tienes que activar el Byakugan ¿de acuerdo? Tiene que ser en el momento exacto en que yo haga lo mismo con mi Sharingan—

Y de pie frente al territorio Uchiha activaron su Kekkei Genkai al mismo tiempo y el rubí que adornaba el anillo brilló con una luz intensa que cegó a todos los ahí presentes.

De pronto en el distrito, aquella capa, parecida al cristal fue desvaneciéndose. Esa fue la cubierta que engañó a Danzō y a los consejeros por muchos años, hasta la muerte de ellos.

Itachi protegió a Konoha y a su familia.

—Gracias Hinata...— La joven le correspondió con una tierna sonrisa pero no dijo más, pues los acontecimientos que estaban sucediendo les habían llamado de pronto la atención.

Después de esto la vida comenzó a aparecer. Él no les había mentido, allí estaba todo el clan.

Juntos caminaron por las estrechas callejuelas, mientras las personas los observaban extrañadas. En un recoveco comenzó a distinguir sin duda la mansión Uchiha, donde esperaban a encontrar a su padre y a su madre.

El andar de Sasuke era pausado, de vez en cuando aminoraba el paso, aún no creía que todo lo que vio en su niñez hubiera sido un espejismo, un espejismo y nada más. El calor de unas manos suaves que lo tomaron de las suyas lo regresó a la realidad.

—¿Estás bien, Sasuke?— La voz de esa mujer lo tranquilizaba, algo que agradecía con toda su alma.

Se aproximaron un poco más y allí estaba la pareja, sentados y bebiendo un poco de té.

—¡Madre! ¡Padre!— Mikoto levantó la vista al escuchar el llamado de Itachi, y corrió a su encuentro, seguida de su esposo, Fugaku.

—¡Mis hijos!— Abrazó a los dos muchachos con fuerza, mientras lloraba y reía de felicidad. Hinata y el pequeño Sasuke observaban con emoción como el semblante de los hermanos cambiaba. En un momento la señora Uchiha les descubrió.

—¿Y quiénes son ellos?— Pregunto a su hijo mayor.

—Que sea Sasuke quien lo explique...—

—El es mi hijo y ella es mi prometida— Soltó con timidez, algo extraño en él.

—Te recuerdo... Eres la hija de Hikaru y Hiashi... ¿No es verdad?— La joven sólo atinó a asentir un tanto apenada.

—Pero ¿cómo ocurrió? ¿No recuerdas que estas prometida a Itachi? ¿Tus padres no te lo dijeron?—

—Si, pero...— Entonces el mayor de los hermanos habló.

—Madre, Hinata ama a Sasuke, y me parece que es injusto para ellos que sufran por ese compromiso que ustedes fraguaron. Además los clanes Hyūga y Uchiha estarán unidos como siempre desearon— Ambos padres se voltearon a ver y después sonrieron aceptando la relación de los jóvenes.

—Pero padre, ¿ustedes lo sabían? Sufrí mucho cuando vi esa masacre, cometí errores de los cuales no me siento orgulloso—

—Sasuke, si te lo hubiéramos dicho tendrías que haber vivido con nosotros en estas circunstancias y hubiera perdido la oportunidad de desarrollarte como un ninja. Lamento y sé que fue nuestra culpa todo lo malo que hayas pasado... Sé que no es fácil pero, perdónanos, hijo...— Fugaku le miro con seriedad y espero por su respuesta, en cambio se quebró y los tres, Naruto, Sakura y en especial Hinata se sorprendieron muchísimo al ver la escena. Sasuke estaba mostrando una faceta hasta entonces desconocida para ellos Mientras lloraba la joven ojiperla y su hijo se acercaron para abrazarle y el correspondió con todo el amor que les tenía.

Los días pasaron con rapidez, Hinata y Sasuke contrajeron matrimonio después de que Itachi se casara con Izumi, su novia de la infancia. Aunque hubo gran revuelo en el País del Fuego y en las naciones aledañas por lo acontecido a la familia Uchiha, les sorprendió saber que a pesar de las circunstancias, Konoha aún conservaba a sus aliados.

Hinata por su parte y debido el amor que le tenía a Sasuke y a su hijo, renunció a su liderazgo del clan Hyūga, el cual fue otorgado a su hermana menor, Hanabi. Sabía que había hecho un gran esfuerzo para tener la aprobación de su padre pero el amor que sentía por su familia, fue más fuerte que eso.

La nueva casa se levantó frente a la gran mansión Uchiha. En el pórtico descansaban, Sasuke, Hinata y su tres hijos. El hijo mayor de ellos cuidaba a su hermanita mientras el otro pequeño se alimentaba de su madre.

—¿Eres feliz, Sasuke?— La voz de su esposa lo saco de sus pensamientos.

—Lo soy, porque te tengo a ti y a nuestros hijos— Sonrió ante su repuesta y como estaba a su lado lo beso con todo el amor que guardaba en su corazón.

—Y tú, ¿lo eres?—

—Por supuesto que sí, no imagino la vida sin ti o nuestros pequeñines— Rió con suavidad, pero de una forma tan linda que su amado esposo encontró atractiva.

—Ya es hora de ir a casa de mis padres—Se pusieron de pie y caminaron juntos, felices como una familia debe ser.

FIN