Siempre me había quedado la sensación que el último capítulo del fic original estaba escrito demasiado rápido, pero creo que ahora mismo se está alargando demasiado. Creo que tengo el deber moral de explicar un poco ciertos puntos y no reducirlo todo a un solo párrafo, ehem hem.

Muchas gracias por leer, los favoritos y los reviews, como siempre. Y siento que esto se actualice una vez al mes. La versión original incluso se llegó a actualizar dos veces a la semana. De todas formas los capítulos eran mucho más cortos.


Toris aparcó el coche en la calle como era costumbre, y subió las escaleras con cuidado de no resbalar por culpa del hielo. Era ya finales de marzo y no había nevado desde hacía días, aunque el frío conservaba la nieve que ya se estaba convirtiendo en hielo. La jornada había sido durao y pesada y Toris no tenía ganas de tener un accidente justo antes de llegar a casa.

–Manos arrrrrriba camarrrrada Ivanovich.

Toris estaba a punto de sacar las llaves del bolsillo de la chaqueta cuando se paró en seco y sonrió. Esa voz era inconfundible.

–Estás en Lituania, no en Rusia.

–Bueno, podrrría llamarrrte camarrrada Laurrrrinaitis.

–Los rusos no pronuncian las erres de esa manera, Alfred.

–Eres un waterparties. Joder, podrías por lo menos seguirme el juego un rato ¿no? Siempre has sido malísimo para estas cosas.

Cuando Toris se dio la vuelta pudo ver la cara sonriente de su amigo y una maleta bastante grande. Alfred era ancho, algo que nunca se reflejaba en las fotos, lo que hizo sospechar a Toris que se retocaba con photoshop, aunque su cara bonachona era exactamente la misma.

–¿Has venido desde tan lejos para verme? Podrías haber avisado con tiempo y hubiera preparado la casa para que estuvieras más cómodo.

–Estabas tan deprimido que me sentía en la obligación moral de venir a animarte una semanita – Le respondió dándole palmaditas en la espalda –. Y ahora deja que entre, aquí hace un frío que pela.

Toris abrió la puerta de casa y Alfred casi le empujó para entrar dando pequeños saltitos hasta el sofá, dónde cogió una manta que estaba pulcramente colocada en el respaldo. Miró a su alrededor, sin decir una sola palabra, escrutando cada rincón desde el centro del apartamento. Toris dejó el maletín encima de la mesita y se dirigió a su cuarto.

–No tengo mucho espacio, así que tendrás que usar el sofá para dormir.

–No me importa – Toris escuchó desde la lejanía –. Macho, no me puedo creer que tengas la casa como los chorros y que tú parezcas salido de una peli de guerra.

Toris se quedó a medio camino de colgar la chaqueta, con el ceño fruncido.

–¿A que te refieres?

–Que tienes pinta de dejado. ¿Has visto tu cara? ¿Hace cuanto que no te afeitas? Estabas más decente en las fotos que he visto de ti – Alfred se dejó caer en el sofá, visiblemente cansado del viaje –. Yo no sabía si ibas a entrar en casa o eras un tipo que quería robar.

Toris se miró en el espejo de su cuarto y por primera vez en un mes, observó su cara más tiempo que medio segundo antes de irse a trabajar. Tenía ojeras, había adelgazado y la barba estaba claramente desaliñada. Le parecía raro que nadie le hubiese dicho nada en el trabajo.

–Le di mi teléfono a una chica que conoce a Feliks y no he recibido ninguna llamada.

–Dios mío, Feliks de nuevo. Feliks esto, Feliks, aquello… – Alfred se levantó para apoyarse en el quicio de la puerta de la habitación, con gesto mohíno –. Deberías hacer algo por salir adelante y no centrarte en una ilusión. Toris, él no va a volver a ti.

Alfred era especial, uno de esos amigos que nadie puede permitirse el lujo de perder, pues siempre estaba ahí para lo bueno y para lo malo. Y también para dejar claro lo evidente aunque no se quiera oír.

Toris no estaba preparado para escuchar esas cosas.

–Eh, tío. Mírame – Alfred se acercó y se colocó frente a él, para poder hablar cara a cara –. No es posible que te hayas enamorado de alguien a quien casi no has visto y que solo le conoces de un mes. No es posible, ¿vale? Por eso vamos a salir de fiesta, te vas a divertir, y te vas a olvidar de eso. ¿Crees que Feliks está llorando por las esquinas porque no te ve? Si te quisiera, no se habría ido así y te hubiera contactado a estas alturas.

–Su teléfono en Polonia no es el mismo que el que tenía aquí y tuvo que devolverlo…

–No es excusa, podría haber conservado su lista de teléfonos. Toris, no hay nada que hacer, ¿vale? Llama al trabajo, pide mañana libre y vamos a pillarnos el pedo más grande de toda Rusia.

Toris ya sabía todo lo que Alfred le estaba recordando, pero no quería creerlo. Y en lugar de desesperarse por corregirle a su amigo que Lituania ya no formaba parte de Rusia y que el comunismo ya era historia en su país, se puso a llorar desconsoladamente, como no lo había hecho en todo ese tiempo.

oOo

Al día siguiente le dolía la cabeza como nunca y el cuerpo lo tenía tan agarrotado que no era capaz de salir de la cama.

Aunque al poco de abrir los ojos se había dado cuenta que no estaba en la cama, sino en el suelo, y que el dolor de cabeza venía provocado por dos botellas de vodka de centeno que podía ver a su derecha, una de ellas de pie y medio llena.

Alfred estaba en el sofá, con la manta sobre la cabeza y vestido solo con sus calzoncillos de superman. Toris recordaba bien lo que había pasado por la noche, que se reducía a ellos dos bebiendo y él hablando sin parar de llorar sobre lo maravilloso que era Feliks y lo triste que se encontraba sin él mientras Alfred, en su línea, solo decía "que le jodan" y "vuélvete hetero de una vez". No era la mejor forma de pasar una noche con un amigo que nunca había visto en persona, pero parecía que se había quitado un peso enorme del pecho.

¿Quién quiere a Feliks? No iba a esperarle toda la vida. Toris se levantó del suelo lleno de energía y le dio un tirón en la espalda por culpa de ese movimiento tan brusco

Alfred se echó unas risas a su costa.

–Deberías cuidarte más, esta noche te llevo a un club que he visto en internet que está bastante bien.

–¿Y no puedo dormir en mi cama y curarme la espalda?

Alfred torció la boca y a partir de ese momento Toris supo que no había vuelta atrás. Después de comer una pizza y de no moverse del sofá en toda la tarde, se prepararon para irse de copas.

Y esa fue una rutina que hicieron a diario durante toda esa semana mientras Alfred estuvo en casa de Toris, aunque este último tuvo que ponerse límites, pues después de sus vacaciones en Varsovia no podía gastar muchos más días en juergas. Alfred terminó catando todos los pubs de Vilna, y Toris le acompañaba hasta una hora prudencial a la que se marchaba a casa a descansar. Tampoco bebía mucho, pero se lo pasaba bien con Alfred quien no paraba de ligar con todas las chicas que se le cruzaban por el camino. El americano era un buen tipo, incluso cuando la madrugada del jueves regresó con un ojo morado por haberle hecho la broma del Camarada Ivanovich a un chico en un bar y le comentó a Toris lo sucedido, este no pudo evitar echar unas carcajadas a costa de su desgracia.

–Os tomais muy a pecho estas cosas ¿no? – Eran las cuatro de la madrugada y Alfred tenía una bolsa con hielo en el ojo, que se estaba hinchando por momentos. Toris no pudo parar de reír en horas.

Hacía tanto tiempo que no lo pasaba tan bien que tuvo agujetas en el vientre durante la mañana del día siguiente.

Alfred no salió el viernes y se quedó viendo películas de Bruce Willis, aunque no entendía nada por culpa del narrador que hablaba en lituano por encima del diálogo en inglés, pero el sábado Toris decidió pasearse con él por los pubs para controlarle un poco.

Por lo menos las dos primeras copas las llevó bien. Alfred parecía tener tolerancia al alcohol y estaba claro que le iba a servir e mucho en un país como Lituania. Y cuanto más bebía, menos importancia le daba a su ojo hinchado.

Hasta que ella le dio una bofetada por intentar acercarse demasiado.

Toris la conocía bien; Natalia seguía siendo tan bonita como de costumbre, y su carácter tampoco había cambiado mucho por lo que pudo comprobar. La manera en la que retorció el brazo de Alfred dejaba claro que seguía gastando la misma mala leche que de costumbre.

–Vaya, me encuentro contigo hasta en los baretos – le dijo sacudiendo la cabeza y su larga melena casi albina –. Me creía que eras un tipo aburrido que se pasaba el tiempo tomando té y leyendo.

No andaba muy desencaminada, y Toris enrojeció de la vergüenza.

–He decidido acompañar a mi amigo a tomar algo. Por cierto, ¿Qué tal te va? Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos.

Natalia miró un momento al suelo antes de contestar, pensando muy bien la respuesta. Toris pudo adivinar que iba a mentirle y las cosas no le iban tan bien como esperaba.

–Estupendamente – y miró al frente, tratando de sonreír para demostrar su felicidad, pero sólo le salió una mueca. No estaba acostumbrada a hacerlo.

–Yo mal. La persona a la que quiero se ha marchado y yo no sé rehacer mi vida. ¿Sabes lo mejor? Le conozco de tan solo un mes y le he visto dos veces.

Alfred se llevó una mano a la frente y se alejó para pedir otro combinado con vodka en la barra. Toris abrió la boca para decir algo cuando sintió la mirada incrédula de Natalia en él.

–¿En masculino? ¿Es un chico?

Ahora la sonrisa de Natalia era genuína y preciosa a parte de burlona. Toris pudo ver a Alfred desde el otro lado hacer una señal bastante cochina con las dos manos e irse por la puerta. Gracias al cielo Natalia no se dio cuenta y siguió hablando.

–Yo ando enamorada de un miembro de mi familia y tu de alguien del mismo sexo que no te corresponde. No somos afortunados ¿verdad?

–Yo me considero afortunado de haber conocido a Feliks – Pero Toris no se sentía igual al respecto de cómo acabó su relación con él. –-. Las cosas podrían haber sido mucho más sencillas. Me comporté como un idiota y este es el resultado.

Pero Natalia parecía pensativa, con una expresión en la cara que no iba con ella. El local casi no tenía luz y parecía que la oscuridad la fuera a engullir por completo.

–Puede funcionar – Dijo al fin –. Tú y yo. Podemos funcionar.

–¿De qué hablas? ¿Los dos juntos? Tú ya me dijiste que eso nunca iba a pasar.

–Pero necesito olvidar a Ivan y tu también necesitas hacer lo mismo. Los dos juntos podemos ser felices ¿verdad? – Natalia le agarró de las manos y las apretó con fuerza.

–No hace tener pareja para ser feliz – Y Toris creía en eso pero era evidente que Natalia no.

Aún así, poco pudo hacer para evitar que ella le abrazara con fuerza. Era incómodo para los dos, ella temblaba, él devolvió el abrazo casi tanteando.

Iban a cometer un error. La falta de cariño no podía suplirse de esa manera, aunque los labios de ella fuesen tan tentadores como le pareció la primera vez que los vio.

Eran como un veneno pues cuando ella se puso de puntillas y le besó, los pensamientos de él se nublaron, y se dejó llevar.

Ella no era Feliks, pero Toris cerró los ojos para no comparar. Su imaginación le jugó una mala pasada y aunque sabía que no era cierto, la sugestión hizo que de verdad sintiera que volvía a estar con él. Lamió los labios de la muchacha y esta abrió la boca, sin soltar un solo ruido.

En su mente, Feliks le agarraba con fuerza de la camisa y le acariciaba el cabello con unas uñas inusualmente largas. Sabía que Natalia estaba haciendo exactamente lo mismo que él, pensando en Ivan en lugar de disfrutar de ese momento con él.

No era sano.

–No, tienes que agarrarme con más fuerza. No soy una chica delicada – ella le susurró al oído, llevándole a la zona de los sofás, pero Toris no era Ivan y no podía ser rudo con ella. Igual que Feliks no tenía sus curvas y le resultaba muy difícil poder imaginarle como era debido.

Ella le tiró prácticamente encima del sillón, y Toris se sintió aprisionado cuando Natalia se sentó encima de él a horcajadas.

Ella no era en realidad quien quería que fuera, pero su cuerpo estaba reaccionando a pesar de ese detalle. Ella se había dado cuenta y sonreía con una mezcla entre alegría y locura.

–¿Ves? No eres marica del todo, podemos estar juntos. Me ayudarás a olvidar ¿verdad?

Esa petición sonaba más a súplica.

Si Feliks no iba a regresar, ¿que más le daba?

Ella volvió a besarle con furia, pero alguien les separó de golpe. Un camarero les miraba hastiado, como si hubiera visto ya demasiadas veces esa escena.

–Los condones se pueden comprar en las máquinas del baño, pero si queréis follar os vais a un hotel o a vuestras casas ¿entendido?

El consejo era bastante bueno. Salieron corriendo del local, Toris buscando a Alfred con la mirada sin ningún éxito y una vez en el coche, aceleró sin saber muy bien porqué lo hacía.

Paró de golpe.

–¿Qué te pasa? – Ella parecía enfadada de nuevo y a punto de perder la paciencia.

–No puedo hacerlo.

Pensó que Natalia se enfadaría de nuevo, así que se preparó para recibir una bofetada pero eso no sucedió. Por el rabillo del ojo vio que suspiraba, con cara de resignación.

–Yo tampoco.

El ambiente se enfrió demasiado rápido y Toris decidió que por lo menos podía decir algo, lo que sea, para que ella no se sintiera mal.

–Si quieres podemos seguir quedando y a lo mejor y sin forzar las cosas llegamos a algo. Yo no creo que pueda superar esto simplemente acostándome contigo.

Natalia no le contestó, dándole la razón con su silencio.