N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar. El capítulo es más corto de lo habitual pero he estado enferma y no he tenido mucha inspiración. Espero que os guste...

Yamii, muchas gracias cariño. Sabes que siempre hago sufrir a Blaine... Y por extensión, te hago sufrir a ti. Lo de Seblaine no puede durar mucho, así que tranquila... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 9: CUIDANDO DEL ENFERMO

Sebastian entró a la casa del Conde de Westerville a última hora de la tarde. Tan pronto como había recibido la noticia de lo sucedido, había buscado un caballo y había salido hacia allí. Fue recibido por uno de los criados, que lo acompañó hasta los aposentos del Marqués, donde también estaban Cooper y Sam, poniendo paños de agua fría en su frente y pecho intentando controlar su temperatura. A pesar de lo que el galeno había dicho, el joven todavía estaba vivo, aunque muy grave.

– ¿Cómo está? – El príncipe preguntó preocupado.

– Es sorprendente que todavía esté vivo, pero no es buena señal que tenga tanta fiebre y no recupere la conciencia. – El mayor informó.

– No era necesario que viniera, majestad. Nosotros podemos cuidar de él. – El rubio comentó.

– Sí, ya veo el gran trabajo que han estado haciendo hasta ahora. – Smythe estaba enfadado con Evans. Estaba claro que no había cuidado de su esposo y eso no lo iba a perdonar fácilmente.

– Si usted lo hubiera cuidado bien, ésto no habría pasado. – Sam no iba a cargar con toda la culpa de lo ocurrido.

– Tú eres su amante, la persona que lo ha enamorado, así que no me culpes a mí de no cumplir con tus obligaciones. – Sebastian respondió enfadado mientras el mayor de los Anderson los miraba sorprendido.

– ¿Su amante? Blaine y yo sólo somos amigos. No es mi culpa que usted no sea capaz de ser un buen marido para él. Si alivia su conciencia pensar que su esposo lo está engañando, no es asunto mío. – El rubio no iba a dejar que el otro le culpara de errores que no había cometido.

– ¿No sois amantes? – El príncipe preguntó sorprendido.

– Esa ha sido una confusión bastante frecuente desde que Blaine salió del armario. A Sam le gustan las mujeres y nunca ha habido nada entre ellos... ¿De verdad pensaba que mi hermano le sería infiel? – El Conde quiso saber.

– Sí. – Smythe estaba algo arrepentido por eso.

– En ese caso, majestad, disculpe que le diga que no conoce a mi hermano. – El mayor fue a buscar más agua y nuevos trapos para seguir manteniendo la temperatura del enfermo.


Sam y Cooper fueron a descansar porque llevaban más de 24 horas despiertos cuidando de Blaine. Sebastian se quedó esa noche vigilando que la fiebre no subiera más. Era bastante tarde por la noche cuando el castaño se sobresaltó por un movimiento del enfermo.

– ¿Blaine? – El príncipe susurró y se acercó aun más a su esposo para que éste, si abría los ojos, pudiera verlo.

– ¿Seb? – El ojimiel también habló en voz baja por lo débil que se sentía, aun con los ojos cerrados.

– Estoy aquí, mi amor. – Smythe besó la frente de su amado. – Tienes que descansar. Relájate.

– ¿Dónde estamos? – El moreno preguntó.

– En casa de tu hermano. Te has puesto enfermo y he venido a cuidarte. – El ojiverde comentó mientras acariciaba al otro sin parar de poner los trapos húmedos en su piel para controlar la temperatura.

– Gracias. – Anderson susurró antes de volver a dormirse.


Cuando Blaine volvió a despertar, la fiebre había bajado considerablemente y los tres estaban despiertos junto a su cama tras haber descansado perfectamente. Fue consciente de la sonrisa sincera de las tres personas que más lo querían en el mundo, aliviados de verlo algo recuperado.

– ¿Cómo te sientes? – Cooper preguntó con la voz suave.

– Cansado. – El enfermo respondió, su voz sonaba cansada y reflejaba que sentía algo de dolor.

– Es normal, has estado a punto de morir, nos has dado un gran susto. – Sam sonrió aliviado.

– Iré a mandar que avisen al galeno para que te examine. – El Conde salió de la habitación.

– Yo... Iré a descansar, han sido unos días muy difíciles. – El rubio fue tras el mayor de los Anderson, dejando al matrimonio a solas en la habitación.

– ¿Días? – Los ojos color avellana reflejaban la confusión que sentía el joven, a pesar de que también reflejaban el cansancio y que todavía estaba débil.

– Llegasteis hace dos días pero tú ya estabas enfermo cuando lo hicisteis. Sam tuvo que arrastrarte hasta la habitación. Sin embargo, creo que se refiere a los días que han pasado desde el ataque. Nos has tenido a todos muy pendientes de ti, amor. – El príncipe bromeó.

– No era mi intención. – Anderson se disculpó, aunque no sabía muy bien por qué.

– No te preocupes, de vez en cuando es bueno que nos recuerdes lo que te amamos. – Sebastian se agachó para besar a su esposo de manera suave y delicada. Todo lo sucedido había conseguido que pensara en lo que había hecho y en lo que quería hacer y había tomado varias decisiones. Una de ellas era retomar sus intentos de conquistar a ese joven que le había robado el corazón. Para eso, debía olvidarse de amantes y de otra cosa que no fuera su amor. Salvo en los casos en los que tuviera que estar con la futura madre de su hijo. Blaine correspondió el beso, realmente feliz porque su esposo lo había puesto a él por delante de todas sus obligaciones y había ido hasta ahí sólo para cuidarlo. Después de todo lo pasado entre ellos, le parecía un detalle muy significativo.


El médico certificó que Blaine se recuperaría, aunque todavía estaba muy débil y, dado lo ocurrido, le prohibía viajar en los próximos días. Sebastian decidió quedarse a su lado mientras estuviera allí, por lo que mandaron a un criado a palacio para que informara a los reyes de su decisión. A partir de la visita del doctor, decidieron hacer turnos para que el enfermo estuviera siempre vigilado. El primer turno fue para Sam, por lo que Sebastian y Cooper fueron a la cocina a comer algo. Una de las criadas del Conde se apresuró a prepararles algo y los dos se sentaron para conversar mientras bebían vino.

– Lo está haciendo bien. Tendrá que esforzarse para arreglar el daño que le ha hecho, pero podrá llegar a ser feliz a su lado. – El mayor informó seriamente.

– Por favor, creo que va siendo el momento en que nos tuteemos, somos familia. – El príncipe propuso.

– Lo siento, majestad, pero hasta que no se gane el perdón de mi hermano, no tendrá el mío. Sin mis padres, soy yo quién debe cuidarlo. Le ha hecho daño y debería querer que estuviera lejos de él, pero para mi desgracia, está casado con usted y no tiene alternativa. Él es mi familia, todo lo que tengo, y lo voy a proteger de todo, incluido usted. – Cooper seguía muy serio, no iba a permitir que su hermano derramara más lágrimas.

– Voy a dejar a mi amante en cuanto llegue a palacio y, salvo los encuentros con la que será madre de mi hijo, no voy a estar con nadie más. Además, pienso enamorarlo. Yo también quiero que él sea feliz. – Sebastian prometió.

– Eso espero, mi hermano no le dará otra oportunidad. Y yo tampoco. – La criada los interrumpió llevándoles la comida que les había preparado y los dos comieron en silencio. Ya habían hablado de los temas que tenían pendientes y sólo les quedaba esperar que fuera verdad y el matrimonio encontrase su felicidad.