HEAVENLY BLUE
Disclaimer: One Piece no me pertenece. Es obra del maravilloso Eiichirou Oda.
DÉCIMO CAPÍTULO
Anna cayó de bruces en el suelo. Su hombro izquierdo parecía estar en llamas. Apoyándose en su brazo derecho, la muchacha logró sentarse sobre la arena, que se había teñido de rojo por la sangre que caía de su hombro.
- Sorpresa, linda.
La joven pirata escuchó una voz detrás de ella. Lentamente, se dio la vuelta y se encontró con tres hombres fornidos. Uno de ellos llevaba una pistola.
- Parece que somos los primeros en llegar. - habló uno de los hombres. - Bueno, nos ocuparemos de esto antes de que llegue el jefe.
- No puedo creer que esta mocosa haya causado todo ese alboroto en una de nuestras bases.
Anna frunció el ceño. No cabía duda. Aquellos hombres eran camaradas del pirata Yusuf. La muchacha se maldijo en silencio por su falta de cuidado. Con su mano derecha, apretó con fuerza la espada que había recibido de Law. Pese al dolor, logró ponerse de pie y empuñó su arma en dirección a sus enemigos. No pensaba rendirse tan pronto.
- La muchacha tiene espíritu combativo. - se burló el hombre que había disparado a Anna.
- No tendrás ánimos de burlarte cuando acabe contigo. - Anna levantó su espada y se lanzó contra el hombre de la pistola. No obstante, la hoja de su espada no llegó a tocar a su rival, ya que se estrelló contra la gruesa espada de uno de los compañeros del pirata.
- No lograrás vencernos sólo con espíritu. - con sólo su fuerza, el hombre logró quebrar la postura de Anna. La muchacha cayó de espaldas al suelo. Sin esperar un segundo, el pirata se abalanzó contra la joven, blandiendo su espada. Anna apenas pudo reaccionar y utilizó su arma para bloquear el golpe de su rival. No obstante, con sólo un brazo no era capaz de competir en fuerza contra el pirata, cuya espada se acercaba peligrosamente hacia su rostro. Anna apretó los dientes. Sabía que no aguantaría mucho más tiempo. Ignorando el dolor de su hombro, levantó su brazo izquierdo y logró tocar con su mano el brazo del pirata. De inmediato este sintió que sus músculos se tensaban, y que el control de su cuerpo ya no le pertenecía. Anna aprovechó este momento para empujar al hombre de una patada. Este cayó al suelo sin resistencia.
- ¿Qué hizo? - uno de los piratas observaba sorprendido como Anna se ponía de pie.
La muchacha alzó su espada y, con un rápido movimiento, la hizo descender en dirección al pirata que yacía inmóvil en el suelo; sin embargo, la hoja de esta nunca alcanzó su objetivo. Ante los ojos incrédulos de Anna, la hoja de su espada se hizo añicos en pleno recorrido. El pirata de la pistola había salvado a su compañero disparando con gran precisión contra la espada que blandía la muchacha.
- Así que has comido una Akuma no mi. - el de la pistola levantó su arma y apuntó con esta a Anna. - Pensé que podíamos divertirnos un poco contigo, pero ahora sé que eres demasiado peligrosa como para correr el riesgo.
Anna sintió un frío sudor recorrer su sien. Su enemigo había demostrado ser un tirador experto. Anna ya se había enfrentado a hombres armados en el pasado, pero ninguno había mostrado tal habilidad. Sin importar qué tan rápido se moviese, no había forma que pudiese esquivar el disparo de su enemigo.
- El disparo en el hombro fue para detenerte, el de hace un rato… fue para lucirme. Pero ahora, dispararé a matar. Lo siento querida, no hay forma que falle a tan corta distancia.
El hombre dirigió la mira de su arma hacia el corazón de Anna y se dispuso a apretar el gatillo. La joven cerró los ojos, esperando escuchar el disparo que le arrebataría la vida y destruiría sus sueños de venganza. No le quedaban más esperanzas.
- Adiós…
El hombre jaló el gatillo.
- Shambles
Anna abrió los ojos. La mortífera bala no llegó jamás a su destino, y terminó hundida en la arena.
-¿Qué? - el de la pistola no podía entender qué había sucedido con su tiro, pero Anna sí. El doctor de la familia Donquixote había aparecido en el momento preciso para intercambiar la bala con la abundante arena que cubría el lugar.
- No dejas de meterte en problemas, Anna-ya. - soltó Law, mientras se acercaba al lugar. Anna quiso responderle con insulto, pero en cuanto se fijó en el estado de su 'compañero', se detuvo. Law no estaba ileso. Sus ropas estaban sucias y rasgadas, y delgados hilos de sangre corrían por sus brazos y piernas.
- Parece que tú tampoco tuviste un día fácil. - finalmente habló Anna. Law respondió con una media sonrisa.
- Otro pirata de Donquixote. Acabaré contigo ahora. - el hombre de la pistola levantó su arma en dirección a Law, pero no llegó a jalar el gatillo, ya que de un momento a otro su pistola desapareció de sus manos. -¿Qué?
-¡Él también es un usuario! - exclamó el otro pirata enemigo.
Sólo después del grito de su compañero, el hombre de la pistola se dio cuenta que algo había cambiado en su entorno. Una débil capa de tono azulino había cubierto tanto a los dos piratas, como a sus jóvenes enemigos.
- ¿Qué es este círculo? - quiso saber el pirata, pero no obtuvo ninguna respuesta. Law desenvainó su nodachi y la agitó varias veces en el aire. Pese a estar a distancia, sus cortes alcanzaron a los piratas, que terminaron siendo divididos en varias partes, sólo para ser unidos luego de forma desordenada. Para cuando Law hubo terminado su ataque, ambos piratas parecían una suerte de estructura abstracta.
- ¿Qué...qué nos pasó? ¿Qué nos has hecho?
Law envainó su nodachi.
- No se quejen, sólo los he arreglado un poco. Se ven mucho mejor así. - respondió con sorna el menor. Ambos piratas empezaron a proferir una serie de insultos que fueron ignorados por el joven doctor, que fijó su mirada en Anna, que se mantenía en pie con dificultad. - Toma.
El pirata le lanzó su katana. Anna logró tomarla en el aire con su mano derecha.
- Probablemente vengan refuerzos, así que debemos apurarnos. - habló Law, mientras obligaba al esposado doctor Rembert a ponerse de pie.
Anna asintió, pero no se movió de inmediato. Sentía una gran frustración. Nuevamente había sido salvada por Law. Ese hombre que tanto odiaba y que disfrutaba humillándola la había salvado ya dos veces. Ese hombre… al que había estado a punto de abandonar en una isla enemiga…
- ¿Qué esperas? ¡Vámonos! - la apuró Law. En silencio, la muchacha empezó a caminar en dirección al barco.
…
Ya con su rehén a bordo, Anna y Law se prepararon para zarpar. Por suerte, las condiciones del clima parecían favorables. En cuestión de minutos, los jóvenes miembros de la familia Donquixote lograron dejar la misteriosa isla.
- Ahora que tenemos todo el tiempo del mundo. - empezó Law, acercándose al doctor, que yacía esposado en cubierta. - Espero que me cuente todos sus secretos, doctor. De eso depende que decida o no perdonarle la vida.
Anna se dejó caer cerca del viejo doctor, exhausta y adolorida. Sus ojos no se despegaban del hombre al que culpaba por la muerte de su padre. Sin importar lo que fuese a hacer Law, ella estaba decidida a acabar con la vida de ese hombre luego de que acabara el interrogatorio. No podía perdonarlo. Jamás lo haría. Aquel sería el primer paso de su tan ansiada venganza.
- ¿Qué quieres saber? - preguntó Rembert, con tono de resignación. Si quería negociar por su vida, no le quedaba otra más que abrir la boca.
- Lo mismo que le pregunté antes. ¿Qué intentaba desarrollar? ¿Y qué es lo que Doflamingo quería que hiciera?
- ¿Por qué no le preguntas eso tú mismo? ¿No es tu jefe? - soltó el doctor con una pequeña sonrisa. Law desenvainó su nodachi y apuntó con esta al hombre mayor. Este de inmediato se mostró arrepentido de su comentario. - L-lo siento… Está bien… te diré… te diré… guarda eso por favor.
- No ponga a prueba mi paciencia, Rembert-ya. - habló Law, mientras volvía a envainar su espada.
Anna se mordió los labios. Aquel viejo en verdad le desagradaba. Era exactamente la clase de hombre que odiaba. No entendía cómo su padre había sido amigo de un hombre de semejante calaña. Por un momento, los ojos de la muchacha abandonaron al viejo y aterrizaron sobre el tranquilo mar, que de un momento a otro dejó de ser tan tranquilo. Unas pequeñas olas empezaron a golpear la embarcación.
"¿Otra tormenta? No, esto es…"
Anna levantó la mirada y de pronto ahogó un gemido de sorpresa.
-¡Tra...Trafalgar! - exclamó, poniéndose de pie.
Law siguió los ojos aterrados de la muchacha y entonces descubrió cual era el origen de tanto miedo. Muy cerca de ellos, se encontraba un enorme barco con una bandera pirata. Sobre la cubierta se encontraban decenas de hombres, que los observaban con una sonrisa. En el centro de los hombres, se encontraba un pirata que en altura competía fácilmente con Doflamingo. Tenía el cabello largo y rojizo, así como una prominente barba del mismo color. A diferencia del líder Donquixote, su cuerpo era mucho más ancho y sus músculos se veían imponentes.
- ¡Jeireddin-sama! - gritó Rembert, con una gran sonrisa.
- Que suerte. No tardé nada en encontrar a mi querido doctor. - habló el hombre de cabello rojo. - Lo siento muchachos, pero tendré que llevármelo. No puedo dejar que mi socio caiga en manos de mi rival.
-¡No dejaré que te lo lleves! - exclamó Law, listo para desenvainar su nodachi.
- Es muy tarde. - una voz desconocida sorprendió tanto a Law como Anna. En un parpadeo, uno de los hombres de Jeireddin había abordado el barco y se encontraba al lado del herbólogo.
Law alzó su brazo, pero antes de que pudiera activar sus poderes, el pirata lo doblegó con un fuerte puñetazo en su rostro, que hizo caer al joven doctor al suelo.
- ¡Espera!- Anna intentó luchar contra el pirata, pero este la sorprendió con una potente patada que derribó a la muchacha. Esta cayó al suelo sobre su maltratado hombro izquierdo y su debilitado cuerpo se estremeció por el dolor.
Con ambos jóvenes momentáneamente fuera de combate, el pirata de Jeireddín aprovechó para tomar al doctor y volver a su barco.
- Jop, jop, jop… No deberían subestimar a mis subordinados. - habló entre risas el pirata de nombre Jeireddín.
-¡Aún no ha acabado! - Law se incorporó e intentó activar sus poderes, pero entonces se dio cuenta que los cañones del barco enemigo apuntaban hacia ellos.
- Puedes intentarlo, niño, pero no será tan fácil. - le advirtió Jeireddin. - Conozco tus poderes. Son sorprendentes. Pero sé que incluso tú tienes un límite. No podrás solo contra todo mi poderío militar, y menos estando herido.
Law apretó los puños. Odiaba admitir que su rival estaba en lo cierto. No se enfrentaba a cualquier pirata. Jeireddín no sólo contaba con un gran barco y poderosos tripulantes, sino que se había ganado una gran fama debido a su propia fuerza. No por nada ostentaba una recompensa de más de cien millones y había sido capaz de llamar la atención de grandes piratas del Grand Line, entre los que se incluía el mismísimo Doflamingo. Era uno de los hombres llamados a brillar en el famoso 'Nuevo Mundo', aunque como Doflamingo, había optado por afianzar primero su poder en la primera mitad del mar más peligroso del mundo. Law reconocía su poder, pero eso no significaba que fuese a rendirse tan rápido. Quizás nunca más pudiese contar con una oportunidad como esa. Le interesaba demasiado la información que pudiese darle el doctor Rembert, sobre todo si involucraba a Doflamingo y sus oscuros (incluso para él) negocios. Quería saber todos los secretos de su jefe, ya que sólo así podría soñar con algún día ser capaz de derrotarlo.
- Anna-ya, haré todo lo posible por llamar su atención… ¿Puedes buscar una forma de recuperar a Rembert-ya? - quiso saber Law, pero no recibió respuesta.
La muchacha no dejaba de jadear. Su rostro lucía más pálido que nunca. El charco de sangre debajo de sus pies parecía hacerse más grande a cada segundo. No estaba en condiciones de pelear y Law lo supo en cuanto la vio. El joven pirata entendió en ese momento que no tenían más opción que huir, aunque la sola la idea le producía una gran rabia.
- Es una pena ver morir a jóvenes talentos como ustedes, pero ¿qué puedo hacer? Escogieron el bando equivocado. - Jeireddín alzó su brazo y sus hombres se dispusieron a encender la mecha de los cañones. Law se puso en posición de combate, dispuesto también a activar su 'room'.
Pero no tuvo tiempo de hacerlo.
Desde el mar, emergió de forma súbita una enorme bestia peluda. Era tan grande como un témpano de hielo capaz de hundir un buque de la marina. El mar empezó a agitarse violentamente ante su presencia.
-¡Un monstruo marino! ¡Es enorme! - exclamaron los hombres de Jeireddín, sorprendidos por el tamaño de la bestia. De pronto, aparecieron cinco bestias más similares, que empezaron a nadar en círculos alrededor del barco de Jeireddín, creando una gran corriente de agua.
La pequeña embarcación de Law y Anna empezó a ser sacudida de forma violenta, como había sucedido durante la tormenta. Pero en esta ocasión, ni Law ni Anna podían hacer algo para recuperar el control de su barco. Ambos se limitaron a cogerse con fuerza de las barandas, con la esperanza de no terminar en lo profundo del oceáno.
Continuará...
Bueno, como lo prometí, traigo este capítulo sin taaaaaanta demora. Ojalá el sgte. no me tome tanto. Quiero agradecer a todos los que siguen esta historia , gracias, me animan mucho a seguir. Ojalá que este cap. les guste.
Ahora que Anna está herida… ¿Quién creen que cuidará de ella? xD
Bueno, nos leemos. Saludos!
