Disclaimer: Ni naruto ni sus personajes me pertenecen, son de Masashi Kishimoto, la historia si es enteramente mia.


Le dolía, pero como todos los humanos, ella debía aceptar la muerte, y más aun porqué dentro de unos días ella seria ejecutada.

¿Qué pasaría si yo…le salvara?, el recuerdo de ver a mis padres en la hoguera hizo que aquel absurdo pensamientos fuese suprimido.

Refunfuñé un par de veces, definitivamente el tenerle tanto tiempo cerca, comenzaba a afectarme. En especial en aquellos momentos en los que sus pestañas risadas e inmensamente seductoras se mojaban con aquellas cristalinas lagrimas llenas de dolor.

—Sabes…—murmuró, presté atención a sus palabras. —Justo en este momento me encuentro completamente sola —dijo con dolor. —Hace muchos años que no sentía esto…cuando mi madre murió, me sentí de la misma manera —las lágrimas volvieron a brotar de sus jades.

Me encontraba atónito, ¿acaso aquella mujer que se encontraba en casa de sus padres...no era su madre?

El silencio se apoderó de nosotros, haciendo que me sintiera aun más culpable. "Maldita sea, no debo sentirme culpable", me repetía una y otra vez, observando como ella secaba las lagrimas de sus mejillas.

—No estaba sola, en realidad, pero había un gran vacío en mi pecho —murmuró. —Como si alguien hubiese hurtado mi corazón y yo ya no sintiera deseos de vivir —explicó, dejándome cada vez más atónito.

¿Ella estaba desahogándose conmigo?, ¿por qué ella querría contarme todo aquello?

—Creo que en realidad no amaba a Naruto, estaba deslumbrada —aceptó. —Pero eso no quita que yo le quiera —agregó. —Perdí a mi familia, a mi mejor amigo…ahora solo me falta…

—Morir —le interrumpí, observando cómo sus manos apretaban sus oídos con mucha fuerza, sus ojos se encontraban abierto, desorbitados.

— ¡Duele! —gritó, me acerqué a ella, disminuyendo el corto espacio que había entre nosotros. Acaricié su rostro.

— ¿Qué ocurre? —le pregunté, me sentía nervioso, ella no paraba de gemir de dolor, con las lagrimas aun desbordándose de sus ojos. Algo andaba mal, de pronto su rostro se había vuelto pálido, demasiado.

Abracé mi cuerpo al suyo y le levanté de la cama. Bajé las escaleras y corrí calles abajo, logrando llegar con rapidez al lugar el cual habíamos visitado la noche anterior.

Ella no paraba de gritar, "duele", gemía una y otra vez con desesperación. El doctor le llevó a una habitación, donde logró ponerle con dificultad una dosis de anestesia.

La expresión en el rostro de ella me atemorizaba. Su manos se encontraba aferrada a mis dedos y mientras el efecto de la anestesia hacia efecto en su cuerpo, sus dedos disminuían la presión.

— ¿Qué tiene? —pregunté, sin despegar mi mirada de ella, sentía que se desvanecería en cualquier momento.

—Me temo que no puedo darle un diagnostico aun, pero mientras el efecto de la anestesia sigue vigente, le ordenaré hacerse unos exámenes —explicó. — ¿Es usted algún familiar?, necesito que llene una ficha de datos —me extendió su huesuda mano, y fue entonces que noté la edad avanzada del doctor.

Observé las venas delgadas bajo su piel, las arrugas profundas en su rostro. Tomé la hoja que debía llenar y comencé a rellenar los datos mientras que una enfermera se llevaba a Sakura en la camilla.

Terminé de llenar los datos, percatándome de que sabía mucho sobre Sakura, aunque no era nada difícil llenar una hoja con los datos generales de una persona, no para mí.

Minutos después dejaron a Sakura en la habitación, me horroricé al ver como la enfermera conectaba a Sakura a una maquina que media sus pulsaciones y no pude evitar hablarle.

— ¿Y eso para qué es eso? —pregunté.

—Para medir las pulsaciones —respondió la chica, concentrada en llevar a cabo la tarea de conectarle una sonda en la vena de la mano.

— ¡Eso ya lo sé! —repliqué furioso. — ¿Porqué le conectan a eso?, ¿Dónde demonios está el doctor? —pregunté fuera de mí, la enfermera levantó la mirada.

Intentó decir algo, pero las palabras no salían de su boca, simplemente murmuraba mentalmente cosas sobre mi aspecto físico, las cuales ya había escuchado innumerables veces.

—Lamento haberme tardado —se disculpó el doctor, entrando a la habitación. —Kira, ve a revisar al paciente que está en recepción, luego iré para allá —le ordenó. La chiquilla salió de la habitación, dejándome "a solas" con el doctor.

— ¿Qué es lo que tiene? —pregunté, el doctor dirigió una mirada casi ausente hacia Sakura, como si observase a través de ella.

Se acercó a una pantalla de luz que se encontraba a un lado de la puerta. Deslizó una placa a través de una rendija y con su huesudo dedo me señaló la imagen.

—Así debería lucir el cerebro de una joven de la edad de…Sakura —dijo, recordando su nombre. —Pero...así es como luce el de ella —y señaló la nueva placa, la cual había insertado en la rendija con mucha rapidez.

Miré la placa, intentando descifrar el porqué de aquello. Una enorme mancha blanca ocupaba gran parte del hemisferio derecho.

—Todo esto que ve usted aquí es debido a un tumor —me explicó, eché una mirada a Sakura, observando cómo su pecho subía y bajaba ante su respiración.

— ¿Cuánto tiempo tiene? —pregunté, volviendo la mirada hacia el anciano.

—Me temo que…no sobrevivirá el mes —murmuró, volví nuevamente la mirada hacia ella, sin poder evitar que el horror se reflejara en mi rostro.

Ella moriría, se encontraba más cerca de la muerte que de ser ejecutada…—Sasuke —escuché desde la puerta, observé a Suigetsu entrar a la habitación, el doctor le observó de mala manera.

—Hmp —contesté.

—Ella deberá permanecer internada aquí, para evitar una muerte mas pronta y para mantenerle estable, llámenme si me necesitan, oprimiendo aquel botón —dijo el doctor, señalando con su dedo el botón que reposaba contra la pared.

Salió de la habitación. Suigetsu se acercó a la camilla, y deslizó su dedo contra la mejilla de Sakura. Apreté mi mano contra su camisa, empujándole hacia otro lado.

—Aléjate de ella —gruñí.

—No te alteres, no pienso comérmela —aseguró. —Además, está más cerca de la muerte que de cualquier otra cosa, Karin se enteró por fuentes confiables que vendrán a buscarle, se han enterado debido a que tienen un informante en el hospital —dijo. —Quieren ejecutarle mañana, antes de que la enfermedad pueda terminar de matarle —terminó de decir, con una ligera sonrisa en sus labios.

—Está muriendo, ¿acaso no te das cuenta?, ahora está tranquila por la anestesia, pero en cuestión de horas o minutos, comenzará a despertar, y va a dolerle —dije, Suigetsu hizo una mueca.

—Sasuke, ¿y eso a ti que te interesa?, ¿no eran tú quien quería que ella muriese de la manera más dolorosa? —preguntó, me alejé de él, notando la verdad en sus palabras.

Sí, yo lo había deseado así, ¿deseado?, ¿acaso ya no lo deseaba más?, todo ahora sería más fácil, no tendría que cuidar de ella por mucho tiempo, sino que vendrían por ella y por fin cumpliría con mi venganza.

—Tú ya no quieres eso, ¿no? —preguntó Suigetsu, indagando en mí, gruñí, ¿por qué me había conseguido un secuas sangre pura?, odiaba que pudiese hacer…eso.

—Deja de meterte en mis asuntos, ya lo eh decidido, le secuestré, y cumpliré con entregarle y…—dije, pero callé al escucharla gemir, miré en su dirección.

Ella comenzaba a despertar, y con eso, sus pensamientos, que únicamente preguntaban por mí. Ella había abierto sus ojos, pero parecía no verme.

—Sasuke —me llamó, Suigetsu le miró, dibujando una sonrisa en sus labios. —Me ha dejado sola…—murmuró ella, se llevó las manos a los ojos y los apretó, intentando aclara su vista borrosa.

—Aquí estoy —contesté, acercándome a la camilla, ella miró hacia donde me encontraba. Levantó sus manos, acercándolas a mi rostro. —Sakura, van a…—callé, al sentir sus labios contra los míos. Una tibia sensación invadió mi cuerpo, meciéndome hacia sus brazos, que se aferraron con fuerza a mí.

Al separarse de mí, sus mejillas se ruborizaron, ahora me podía ver perfectamente, junto con aquella expresión de idiota que me había dejado al sorprenderme de aquella manera.

— ¿Por qué diablos haces eso? —pregunté a manera de queja, mirando sus profundas orbes verdes.

—Porqué no quiero morir sin demostrarle a la única persona que está conmigo, que le quiero —murmuró. Suigetsu suspiró, parecía decir "lo sabía".

—Solo dices tonterías —dije, intentando apartarme y calmar aquella sensación en mí pecho, pero ella se apretó contra mí, haciendo que el súbito calor de su cuerpo me embriagase por completo.

Aquella sensación, aquel rápido palpitar de mi corazón. Sus palabras completamente sinceras, algo definitivamente iba mal conmigo.

—Ya han llegado —acotó Suigetsu, me concentré, dándome cuenta de lo obvio. Los sujetos se encontraban en la planta inferior. Miré a Sakura con confusión.

"Eres un imbécil, un completo imbécil", me replicaba mi voz interna, pero la decisión ya estaba tomada, y no había vuelta a tras, por mucho que me arrepintiese luego.


Gracias por sus hermosos comentarios T_T la proxima agradezco individualmente, que pasé rapido a dejar conti y me voy.

Espero les haya gustado ^^