Capítulo diez

Misha aún sostenía su tenedor en la mano, esperando que lo que observaba, no fuera real, aquel bocado que nunca llego a su boca permanecía allí temblando, la sensación de desasosiego que invadió su cuerpo no dejaba de girar a su alrededor. Se habían ido, no estaban más frente a él; la casa estaba en silencio y empezar a tomar conciencia de ello hacía que el dolor creciera insoportablemente. No creía que la soledad con la que vivía lo haya llevado al grado de imaginar a esos sujetos, a Dean y Sam o a aquel ser idéntico a él que si no hubiera aparecido justo enfrente de él, y en milésimas de segundos se acercó a sus nekos para desaparecer de la misma forma en la que había aparecido. Seguramente estaba al grado de la demencia.

Dejó caer el tenedor.

Alguna vez escuchó decir que de eso se trataba la locura, algo que es tuyo se te arrebata, duele y tu mente se quiebra.

Había anochecido y él aún estaba en la mesa con el desayuno frío y seco frente a él, el tenedor aún tenía pinchado lo que estuvo a punto de comerse. Sobre sus mejillas se veía un rastro seco de que no había más lágrimas para dejar correr. Sus dos tesoros no estaban más allí, pero sus platos si, sus cosas aún estaban dispersar en la casa y él... ¿Acaso los había alucinado? ¿Acaso imagino a Dean? ¿A Sam? Las peleas, todo... ¿Esa serie de televisión? ¿Desde hace cuanto tiempo su mente llevaba dañada como para que haya imaginado tamaña historia? ¿La casa era real? ¿Ese loft? La señora Chinwoo, su hija, exhalo y sus pulmones dolieron al estar tanto tiempo dando respiraciones tan cortas, tan mínimas que el aire solo le lastimaba más.

Camino por la casa lentamente buscándoles, de repente estaba corriendo para tratar de encontrar su legajo, pruebas de que no estaba loco y pensar en alguna persona además de él, que los haya visto. Buscaba con todas sus fuerzas convencerse que esos dos nekos no estaban sólo en su imaginación producto de la extrema soledad que sufría, de la que no podía ocuparse.

Llamo al servicio al cliente de la empresa pero nadie atendía en ese número, desesperadamente pensaba que eso no podía ser cierto. La angustia e impotencia empezó a reflejarse en su aspecto y comportamiento al grado que si alguien lo veía claramente podría declararlo demente, pero por suerte nadie estaba mirándole pero no por eso dejaba de pensar que se estaba comportando como un demente buscando el porfolio violeta, los papeles de su nekos, algo que le diga que no estaba desquiciado. De repente recordó las fotos que tomaron sus compañeros cuando llevo a Sam al trabajo y llamo a uno por uno en la lista que tenia, para preguntarles por las fotos y si le podían enviar una copia, pero nadie sabía sobre que hablaba, ellos le afirmaban que no sabían de ningún neko llamado Sam Winchester...

Colgó el teléfono... miro a un lado tratando de no perderse por completo y vio el celular que ellos usaban, ambos teléfonos estaban vacíos de números e imágenes, las fotos que se había tomado con ellos no estaban. Estaba sumergido en una pesadilla en carne viva, un infierno en vida. Encontrarse en ese lugar, ver las cosas que eran de ellos y que nadie más les recordara... excepto él.

Trato de despejarse, si nada de lo que él creía que había pasado era real y acababa de despertar, solo tenia que juntar los pedazos de si mismo… eso era todo. Volver a hacer lo mismo de todos los días de su vida: bañarse, vestirse e ir a trabajar, volver y dormir, empezar de nuevo día a día; si señor, tenia que aferrarse a algo... pero al pasar por la habitación que acondicionaron para el bebe... la angustia se lo trago, se largo a llorar a cantaros, abrazando el enorme peluche que eligió para el pequeño y donde imaginaba a Dean recostado dándole la botella de leche al pequeño...

Su mundo se cayó a pedazos y no había nada que pudiera levantarlo...

Luego de horas y horas de no entender lo que pasaba, dejando correr el tiempo mientras lloraba con el alma en los puños, cayo rendido dormido sobre el peluche de pato amarillo que había comprado, la sien le latía y el corazón lo tenia seco, ni una sola gota más de sangre parecía circular por sus venas, sus párpados le pesaban toneladas y por fin luego de lo que parecieron años se le cerraron al fin, pese a que afuera la noche se presentaba tormentosa y surcada con destellantes relámpagos, no impidieron que perdiera la conciencia.

La mañana no se hizo esperar y la inmensa claridad de los ventanales a los cuales tenían planeado colocarles cortinas de color claro y ligero para atenuar solo un poco la incansable cantidad que luz que entraba le despertó. Un rechinido como de tren frenando se repetía en su cabeza, estaba mareado con hambre y sus ojos ardían como si les hubieran echado demasiada sal.

Se levanto un poco quedando sentado en el piso de madera con la espalda apoyada en la blanca cuna, se froto los ojos, la tristeza lo abofeteo al notar el silencio y la falta de su familia. Sus preciado nekos, esos hombres gigantescos y fuertes que lo hacían reír, que lo hacían salir y volver feliz del trabajo, que le dieron sentido a su vida sin planteárselo siquiera.

Se levanto y arrastro con él al pato amarillo, cuando se acercaba a la cocina vio que en el piso había una mancha de aceite quemado de auto, la miro y la miro... recordando de repente que el Impala estaba allí en el edificio, levanto la mirada y camino unos pasos más observando con recelo el montacargas trasero que era el más grande donde cabría un auto.

Por inercia termino en el segundo piso del edificio y descubrió que el Impala que Dean compro aún estaba allí, tenia el motor a medio hacer, el no pudo hacer eso en su locura de creerse Dean, el ni siquiera sabia como lo había estado armando y con que herramientas y no tenia la información acumulada en ningún sitio para hacerlo, miro en el asiento del copiloto y la laptop de Sam estaba allí junto con un montón de DVD, tomo uno y la letra de Sam decía "Supernatural" los reviso más detenidamente y todos ellos llegaban hasta la temporada siete, pero de esta solo había dos discos con cuatro capítulos cada uno.

Agarro todos los DVD y también el portátil y subió de regreso al ascensor, pensó que al menos podría mirarles en la pantalla, ver que hizo que les imaginara tan vívidamente...

Misha renuncio a su trabajo ese mismo día. No tenia interés en trabajar si no sabia que había pasado en realidad o si su cabeza estaba dañada a ese grado, varios compañeros y amigos le llamaron para saber que había pasado pero el solo dejo correr el contestador automático, en el único momento que ese movió del sofá era para recibir a los delivery o cuando salio por cortinas negras para los doce metros de ventanas que tenia en el departamento.

En menos de un mes termino de ver toda la serie, después de eso, solo lo dejaba de fondo o miraba con detenimiento algunos capítulos para recordar facciones, expresiones como el sonido de sus voces y sus risas, cuando termino las temporadas por cuarta vez y los veía cada vez más solos, más rodeados de oscuridad y sin saber que hacer después de vencer, supo que quería sacarlos de toda esa mierda...

Solo que al llegar al capítulo ocho de la séptima temporada recordó algo, tomo la laptop y miro los capítulos que no tenia en DVD, solo eran cuatro más y Dean no estaba en el purgatorio, el ángel Castiel que no era él sino una actriz llamada Danneel Harris, apenas había aparecido y ahora estaba en el psiquiátrico... lo que le contó Sam lo que le dijo de esos cuatro meses cuando se cargaron a Dick dando por consecuencia que Dean y Castiel hayan sido arrastrados al purgatorio, sumado al esfuerzo que le tomo sacarlos de allí...

Toda esa información no estaba en los DVDs, ni en línea. Eso aún no pasaba... su cabeza estaba descontrolada y lo sabia pero, si esa obsesión que tenia con Dean y Sam de estar en una dimensión ajena a ellos fuera real, tal cual insistían cuando los encontró en primer lugar... si en realidad ellos eran de otro lugar, otro mundo; se llevo la mano a la cabeza y se dejo caer en el sofá, sintió como el cuerpo le apestaba, llevaba mucho sin ducharse... algo asqueado se levanto con pesar y se metió en el baño sopesando la idea de que él no estaba loco... solo en el lugar incorrecto.

Se quitó la ropa y la tiro en el cesto de mimbre que Sam había hecho, lo miro detenidamente mientras abría la ducha y se metía debajo de ella, Sam le había mostrado todo lo que hizo para romper con una de las paredes dimensionales del purgatorio, la investigación, los favores que se cobro y pidió para lograrlo... levanto el rostro para que el agua le pegara directo en la cara, paso sus manos por el rostro y sintió que la barba ya estaba muy crecida...

El no podía dejar esto ir más lejos… peor aún, no podía vivir sin ellos tampoco. Era dar un paso al costado y tratar de olvidar todo y hacerse de otra vida... o simplemente enloquecer completamente y tratar de encontrarlos costara lo que costara.

Sam y Dean estaban en un consultorio de un hombre al que habían salvado varias veces de lo mismo, brujas. Por alguna razón el hombre era un imán para cualquier mujer que se dedicara a las artes oscuras. La mirada del doctor al verles no era desacertada, no le asustaba verles cerca o tenerlos sentados frente a el dentro del consultorio pero si por el estado de Dean y por el cual Sam tenia que ayudar al mayor a caminar porque se notaba el dolor de la espalda que debía tener con semejante panza.

Eric Kripke, doctor cirujano y con su reciente título de pediatría; era un sujeto al que los Winchester sacaron en más de una ocasión de extraños líos con mujeres peligrosas. Pero mientras le hacia el ultrasonido a Dean, Eric les comentaba como veía al bebé, se veía que estaba saludable, no tenia orejas ni cola o alguna otra cosa fuera de lo que un ser humano poseía. Ninguno de los dos Winchester podía creerlo, ninguno de los hermano explayaron o especificaron como llego Dean a ese estado, pero el doctor les dijo que estaba pisando la línea para afirmar que estaba sobre los ocho meses y medio de gestación, y que para los nueve meses debían tener una fecha de cesárea programada.

A Dean no le gusta nada esa idea, ni siquiera cuando la doctora en la otra dimensión se lo dijo y no le gusto la idea de que le abrieran como una bolsa de papas para sacarle al niño. Mientras se limpiaba ese gel endemoniado de su panza y Sam apretaba su mano acordaron entre los tres la fecha de la operación; eligieron el diez de agosto. El niño nacería en la misma clínica y por la noche si todo seguía como hasta el momento; pero por si las dudas el nacimiento se llegara a adelantar, el doctor les dijo que tendría una sala lista desde ya a todas horas.

Sam y Dean volvieron a la cabaña esa misma noche, estaban demasiado alejados de la clínica pero Dean no pensaba en eso; seguía enojado por tener que quedarse en esa dimensión espantosa en la que habían nacido. Dean estaba reacio a quedarse allí en la cabaña o volver con el bebé a ese basurero y Sam no dejaba de pensar en cuanto más tardaría Castiel.

Su hermano era una máquina de quejarse: de que los pisos no estaban pulidos y plastificados como el loft que él arreglo, que las paredes no estaban pintadas y que era tan oscuro que los hongos crecían por todos lados. Sam solo asentía sin acotar porque solo era para discutir y Dean no podía pasar nervios en su estado...

Tenían allí dos semanas y cuatro días, el sillón era la mar de incómodo para su extenuada espalda y nunca antes el cazador lo había notado, de hecho lo prefería cuando se rompió la pierna. La cama era aún más dura y apestaba a viejo sumado con tierra, extrañaba su cama y sus sábanas limpias con ese perfume que Misha le ponía antes de armarla para que siempre estuviera fresca. Abrazar a Sam por las noches desde atrás y a Misha acariciando su cabello cuando dormía sobre su pecho; todos eran mimos para él cuando era un gato. Ahora pensaba que era una mariconada de su parte pero eso no quitaba que en su momento lo disfrutara enormemente. Y que ahora Sam no entra en ese catre con él y su panza lo molestaba muchísimo.

El ángel aún seguía sin aparecer, Dean no tenía idea que le pidió al ángel su hermanito, pero sabe que escribió un montón de cosas, además del hecho de que Castiel se distraía con cada insecto que se le cruzaba por enfrente o estuviera tratando de hallar a Meg. Sólo podía pensar en lo cansado que se encontraba y en cuanto dolor de cintura ese enorme vientre le estaba causando.

- ¿Dean quieres cenar?- pregunta Sam a unos pasos de él en la cocina.

- No... quiero una cerveza- dejo de mirar la programación para dedicarle una mirada de pena a Sam que le devolvió una de piedra.

- No puedes tomar cerveza Dean...- volvió a los vegetales que estaba preparando al vapor para que Dean no le diera asco comerlos.

- ¿Ni siquiera esa mierda sin alcohol?- protesto.

- ¿La malta te hace vomitar recuerdas?- y Dean miro el techo y volvió a la televisión.

- Ah si...- dijo rendido con el gato sobre su panza mientras este se acariciaba solo contra su mano.

- Hola... - dijo de repente Castiel.

- ¿¡Como que hola, dónde fuiste?!- le dijo enojado Dean y el gato salto de donde estaba al escuchar el grito.

- Buscando todo esto...- dijo mostrándole una lista enorme con la letra de su hermanito. Dean quiso tomarla pero estaba algo lejos y ya no tenía agilidad para moverse rápidamente y poder acercarse más. Sam la agarró rápidamente para que su hermano no la tomase.

- Te tardaste...- miro la lista y las preguntas que el ángel escribió al lado de cada pedido, Sam levanto la vista al ángel y este solo le sonreía apenado.

- Me costo entender, un par de cosas de la lista pero quería hacerlo bien y lo hice por etapas...- argumento colocándose a un lado de Sam que verificaba las tildadas en diferentes colores.

- ¿Se puede saber de que mierda están hablando?- y Dean arrastra su trasero lo más que podía hasta el borde del sillón y poder levantarse, pero fallando en el intento de hacerlo solo.

- Iré por nuestras cosas... ¿Los servicios están colocados Cas?- Sam le estaba ignorando y Dean manoteo frente a los ojos del ángel para que le ayudara a levantarse, Cas dio un paso y le tendió la mano y Dean pudo erguirse sosteniendo con su otra mano sus caderas.

- ¿Servicio? ¡Ah! Si, si, hoy termine de poner una estufa donde me dijiste...- acoto Castiel sin soltarle la mano a Dean que lo miraba enojado y le cuchicheaba que le dijera de que mierda estaban hablando para que Sam no le escuche presionar al ángel, pero a Castiel solo le hacia gracia.

- ¡Hello!¡Hombre embarazado aquí! Sam dime que coño pasa en este instante...- y Sam solo se ríe y le pone el abrigo a Dean sobre los hombros. El rubio ya se siente un lisiado y no ve la hora de poder estar en forma para patearle el culo a Sam.

- Ya lo veras... ¿Cas?- Sam toma sus mochilas al hombro y al gato en su otra mano.

- Oh si claro...- Cas suelta a Dean para apoyar su dedo índice y anular en ellos.

Castiel se encuentra muy cerca de ellos y en un parpadeo están en la sala de una casa, en algún lugar que Dean desconocía olímpicamente, Dean mira a su alrededor y ve una sala de paredes color arena y verde rayadas, es una casa típica de los suburbios; como la que tenia con Lisa pero más al estilo de Sam por así decirlo. Mira a Sam algo espantado y este lo ayuda a sentarse otra vez en el sillón de cuatro cuerpos de color crema en forma de "L", hay una televisor de pantalla plana en la pared colgando como un cuadro, que le hace recordar a la que tenían en lo de Misha, frente a ellos; su hermano se aleja y revisa casi corriendo el teléfono y la estufa en la sala, conversa con Castiel sobre las reparaciones en el resto de la casa mientras Dean los ve estupefacto. Era como si Sam hubiese estado allí antes, el mayor siente un repentino mareo y su estómago empieza a girar, los viajecitos con Castiel en ese estado tiene ese efecto en él y él no tiene ni idea de donde esta el retrete allí.

- ¡SAM!- grita con urgencia imposibilitado de poder pararse.

- ¿Qué, que pasa?- dice asomando su cabeza por la cocina al fondo de la casa.

- ¡Dime ya mismo donde coño estamos!- se tapa la boca y respira hondo tratando de concentrarse y controlar por una vez en ese tiempo su cuerpo.

- Pues en nuestra nueva casa Dean... ¿Qué pasa?- dice al verle más pálido a cada segundo.

- Yo... ¡Quiero vomitar!- y se lleva la mano a la boca tratando de combatir el impulso.

- ¡Espera! ¡Espera! ¡Cas dame una mano!- y el ángel se aparece al otro lado de Dean sujetándolo junto a Sam para llevarlo más rápido al baño de la planta baja.

- Por aquí...- le señala el ángel.

Una hora después con la explicación que esa fue su casa mientras buscaba soluciones para traerlo de vuelta Dean estaba finalmente pudo acostarse y reposar en una cama bien grande; el colchón era suave y las sábanas olían a limpio y nuevo. El cuarto era de color verde musgo brillante con el techo blanco haciendo juego con los paneles y zócalos, demasiado elegante para su gusto pero Sam era así de perfeccionista. Tiene un baño individual grande de un blanco impecable y con bañadera para ese solo cuarto. Acomoda las almohadas debajo de su panza y de sus piernas, le duele la cadera; suspira sin poder dejar de pensar en Misha mientras escucha a Sam y Castiel hablar en algún lugar de la planta baja... en solo dos o tres semanas nacerá el bebe y se muere por conocerlo piensa Dean mientras acaricia su estómago, solo espera que al estar en ese mundo, el bebe no sea nada extraño, solo un niño al cual criar...

Sam entra a la habitación negando divertido algo que debe de haber dicho Castiel y cierra la puerta, le mira, le sonríe de pasada al meterse al baño pero no le dice de que se ríe y Dean bufa por lo bajo. Desde que volvieron Sam volvió a su modus operandi de "entre menos sepa Dean mejor" y eso lo ponía de mal humor a Dean, bueno más de lo que ya estaba por el embarazo. Escucha como Sam se lava los dientes y Dean quiere cerrar los ojos pronto, es la primera vez en semanas que estaba cómodo para dormir.

- Sam...- dice refregando su mejilla en la almohada.

- ¿Sehhhe?- dijo con la boca llena de espuma blanca y Dean se ríe por esa imagen que se asomo por el lindel de la puerta.

- ¿De donde salio todo esto? ¿Cómo es que tenemos casa ahora?- y Sam salía del cuarto a revisar su mochila en la silla junto a la cama.

- ¿No es lo que querías?- parecía que Sam no podía aflojar la sonrisa de verle tan cómodo en una cama grande y medio dormido mostrando esos hoyuelos que Dean aprendió a apreciar por demás en el otro mundo.

- ¿Eh?- dijo haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos.

- Una casa, un lugar limpio donde tener al bebe... ¡Hey! ¿Sabes no hemos pensado ni una vez en el nombre del niño...?- soltó de repente Sam con su pijama puesto y saltando en la cama despertando un poco a Dean para que le contestara.

- Espera, espera, ¿Como que niño? Ah, ah, es una niña...- le replico tratando de acercarse a Sam pero al no poder Sam sonrío y se acerco él a Dean acomodando su brazo por debajo del cuello de su hermano mayor recibiendo una suave sonrisa en recompensa.

- ¿Eso te dijo Eric?- murmuro ya abrazado a Dean.

- No, no le pregunte, yo solo quería que estuviera... tu sabes sin orejas...- bostezo, el calorcito de Sam lo adormilaba más.

- Cierto, eso es más importante, que este sano... pero el nombre...- Sam aún estaba sin sueño y demasiado despierto como para poder dormir.

- Sam el nombre se lo iba a poner Misha, no nosotros ¿Recuerdas?- murmuro Dean arrugando con la punta de sus dedos la camiseta blanca de Sam.

- Si pero Misha no esta Dean y no...- suspiro.

- Ya, si ni lo digas...- su mano fue envuelta por la de Sam y daba gracias al cielo que esto en ese mundo no se le hiciera raro o incómodo porque sólo no podrá lidiar con ese embarazo, sin mencionar la falta de su dueño allí.

- ¿Entonces que nombre le pondremos?- la curiosidad le podía a Sam y la emoción despabilaba a Dean.

- Yo no quería en si una casa, quería volver a la casa de Misha...- le mira mientras se apoyaba en su hombro para mirarlo a la cara.

- Si y yo pero... en el conjunto de miles de cosas que dijo Cas sobre las dimensiones... pues... - se inclino y posó un pequeño beso en los carnosos labios que se le antojaban mucho, pero Dean bostezo haciéndolo reír más- No podíamos volver, solo una entrada y una salida a cada dimensión es posible...

- Si ya y Cas no puede ir por Misha tampoco...- gruño enfadado.

- Exactamente, se arriesgo al volver por nosotros, pero con lo del nombre...- volvió a preguntar mordiéndose el labio.

- Me gusta Misha...- dijo con los ojos cerrados.

- A mi también Dean pero no podemos hacer nada al respecto...- comento algo triste de no poder ver más a su dueño, él les quería tanto.

- No tarado, el nombre Misha...- y pellizco a Sam en el costado por no captarlo al instante.

- Auch... OK, no lo había pensado... pero sabes que Misha es nombre de niño, no de niña...- y Dean levanto la cabeza para mirarle con los ojos pegados por el sueño.

- ¿No se puede usar para ambos sexos?- pregunto muy profundamente.

- Pues no... en realidad no sé... deberíamos comprar un libro o algo así ¿No?- dijo rápidamente cuando noto que Dean se volvía a acomodar para dormir.

- Supongo... ¿Sam?

- ¿Si?

- ¿No sientes que esto es muy aburrido sin Misha?

- ¿Aún viendo a Castiel todos los días?

- Se que se parecen, bueno son idénticos pero la expresión...

- Si lo sé, es diferente a Misha...

- Si...

- Mañana deberíamos armar el cuarto del bebe... y poner algo en el de Cas...

- ¿Por que, que tiene el de Cas?

- Pues... solo tiene un juego de twister y un banquillo con forma de alas...- y Sam no tiene idea de donde los saco, pero es muy artístico la verdad.

- Hablemos de eso mañana, el ángel me da dolor de cabeza...

- OK