Hola de nuevo! Reviews contestados al final! que lo disfrutéis!

Disclaimer: todo esto pertenece a Rowling, la Warner y asociados y yo no gano ni un triste euro por escribir esto, ni falta que hace!

Capítulo Diez:Té caliente y decisiones equivocadas

Le dolía todo el cuerpo. Desde el último pelo de la cabeza hasta la punta del dedo gordo del pie. Era como si le hubieran dado una paliza monumental y le hubieran roto todos los huesos, solo que además, tenía frío. Un frío helado que se repartía dolorosamente por todo su cuerpo con cada respiración. Y lo peor de todo, no se acordaba de nada, pero intuía que algo horrible había sucedido. Abrió los ojos lentamente, intentando enfocar el lugar en el que se encontraba. Estaba en una habitación con el techo muy alto y de color marrón claro, iluminada por la suave luz anaranjada de la tarde. De momento supo que él había estado allí otras muchas veces, que era un lugar conocido, y que era la Enfermería. Intentó levantarse pero desistió al sentir bastante dolor en distintas partes de su cuerpo.

-¡Ya era hora, Moony! ¡Creíamos que no te ibas a despertar nunca!- exclamó la voz de Sirius a su lado. Giró la cabeza con cierto esfuerzo y se encontró con los rostros felices de sus tres amigos, Peter, James y Sirius, aunque le pareció detectar cierta tensión en sus sonrisas. Intentó hablar pero la voz no le salió de la garganta.

- Vamos, no te preocupes, Rem, tienes que descansar- dijo James- tráele agua Pet.

Peter desapareció de su vista, regresando al poco tiempo con un vaso de agua que Remus bebió ávidamente. No se había dado cuenta de lo sediento que estaba hasta ese mismo momento.

-¿qué…qué ha pasado?- preguntó con la voz ronca. Sus amigos lo miraron como si no supieran de lo que hablaba.

-No ha pasado nada, Rem, pero tienes que descansar- repitió James mientras Sirius desviaba la mirada y carraspeaba torpemente.

-¡Decidme qué ha pasado!- exclamó ahora malhumorado y completamente consciente de que sus amigos le ocultaban algo.

-Caray, amigo, que mal carácter- se ofendió Peter, que ya había sido informado de lo ocurrido aquella noche.

- Sé que ha pasado algo, y no es nada bueno, así que no tratéis de ocultármelo- ladró consiguiendo incorporarse en la cama, y sintiéndose cada vez peor. La imagen de una ventana cegada con trozos de madera acudió a su mente. Se agarró la cabeza, que empezó a dolerle con fuerza y sintió náuseas.

-La enfermera Pomfrey nos ha dado esto para ti, amigo- James le tendió un gran vaso lleno de un líquido humeante que tenía un suave olor a fresas. Sin embargo, Remus no lo cogió.

- Vamos, te sentará bien, además, con ese olor hasta me dan ganas de bebérmelo a mí, creo que es la primera poción calmante que sabe bien- bromeó Sirius. Remus le lanzó una mirada nada agradable pero cogió el vaso y apuró la poción de un solo trago. El olor engañaba, puesto que el sabor no era para nada bueno, como Sirius había dicho, y sí demasiado amargo y picante, pero de inmediato sintió una especie de cosquilleo extendiéndose por todo su cuerpo, calmando el dolor que sentía, y dejando aún más latente el sufrimiento que existía en su alma en aquellos momentos. Esta vez fue la imagen de Estelle la que le vino a la mente, una Estelle risueña que le sonreía en la biblioteca.

-¿y Estelle?- preguntó automáticamente. Observó alarmado como sus amigos palidecían al oír sus palabras, y como sus semblantes se entristecían.

- Entonces lo recuerdas…- James lo miró compungido.

-¿Recordar el qué?

- ¡Qué casi matas a Estelle!- exclamó Peter como si fuera lo más obvio del mundo. De inmediato una colleja de Sirius y una mirada asesina de James cayeron sobre él. No le costó mucho salir huyendo de la ira de sus despiadados amigos y correr a refugiarse en un lugar seguro. Pero Remus no se dio cuenta de ello. En cuanto escuchó a Peter recordó la carrera persiguiendo a la pelirroja, que había estado a punto de matarla, pero que la caída al lago prácticamente los había salvado. A ella de la muerte, y a él de sentirse aún más monstruo de lo que ya se sentía el resto de su vida. Sintió como su corazón se encogía de angustia y pena en su pecho.

- Hice lo que pude…- susurró roto de dolor- intenté evitarlo, pero de verdad que no pude…

-Rem…- sintió la mano de James apretando su hombro, intentando transmitirle apoyo, pero él estaba demasiado hundido como para aliviarse.

- ¿Lo sabe?- preguntó alzando los ojos dorados a sus amigos. Sirius asintió levemente.-no quería…no quería que se enterase así… ¿cómo se lo ha tomado?- preguntó sabiendo de antemano la respuesta, pero anidando una leve esperanza de que se lo hubiera tomado bien.

- Digamos que a Estelle no le gustan demasiado los lobos- dijo Sirius intentado ser lo más suave posible. Remus no gritó, ni siquiera lloró, pero la cara de angustia, pena y desesperación que se le quedó hizo mucho más daño a sus amigos de lo que lo hubieran hecho las otras dos cosas.

- Iros- ordenó el joven dando la espalda a sus amigos acostándose de lado en la cama.

- Pero Moony…

- ¡He dicho que os vayáis!- gritó con rabia.

-¡El horario de visitas acabó hace cinco minutos!- chilló la voz de la enfermera desde su despacho. Ni James ni Sirius pudieron rechistar, y abandonaron la enfermería en un lúgubre silencio.

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A esa misma hora, tanto Estelle como Lily y Yasmine se encontraban en la sala común, acomodadas en el sofá rojo que había frente a la chimenea. Lily estudiaba un pesado tomo de Encantamientos, pero de vez en cuando lanzaba a su amiga pelirroja miradas de diversos grados de censura, que iban aumentando a medida que pasaba el tiempo; Estelle contemplaba el fuego en silencio y Yasmine leía un entretenido artículo de moda en la revista "Jóvenes Brujas".

-¡Basta, Estelle!- Lily ya se había hartado del mutismo de su amiga. Habían pasado todo el domingo, día siguiente a la fatídica noche, prácticamente durmiendo, pero ahora ya era tarde y la joven pelirroja aún no había abierto la boca para decir ni media palabra seguida. Estelle se giró y la miró confundida, aunque con el cejo levemente fruncido.

- Tú lo sabías, Lily- dijo al fin, tras unos largos segundos en los que reinó un tenso silencio.

- Ay, madre- susurró Yasmine alarmada por el tono de amenaza de su amiga, que nunca había oído.

- Sí, lo sabía, Estelle, ¿y qué?- respondió la pelirroja sin amilanarse.

- ¡Podías habérmelo dicho! ¡Haberme advertido!- gritó la joven de ojos azules con rabia.

- Chicas, vamos al cuarto, anda- al contrario que sus amigas, que parecían haber olvidado que estaban en la Sala Común abarrotada de gente, ella si había reparado en las miradas de intriga de sus compañeros de casa ante los gritos de las dos pelirrojas.

- Sí, vamos- respondió Lily sin dejar de mirar a Estelle enfadada.

-¡Vamos!- Estelle la miraba de la misma manera.

Yasmine se estremeció intuyendo una tormenta que tal vez durara algo más de cinco minutos, la verdad no le apetecía nada tener que mediar entre sus dos amigas, y mucho menos si ambas se mostraban tan testarudas y cabezotas. Las escoltó hasta su dormitorio, en el que afortunadamente no estaban ni Kate ni Iona, y cerró la puerta añadiendo un hechizo de insonorización para que nadie escuchara la discusión.

-¿¡Y bien!?- empezó Estelle, cruzando los brazos sobre el pecho.

-¡¿Y bien qué?!- Lily estaba empezando a cabrearse de verdad.

-¡Podía habernos hecho daño, y tú no dijiste nada!

-¡Remus jamás nos haría daño! ¡A nadie!

-¡Es un monstruo!- tanto Yasmine como Lily se quedaron mudas ante la acusación de su amiga. Lily respiró hondo un par de veces, y siguió ahora con voz más serena.

-Es un licántropo, Estelle, un semihumano, no tengo ni idea de cómo llegó a serlo, pero estoy segura de que no está muy orgulloso de ello.

-Eso no cambia las cosas, estuvo a punto de matarme.- replicó Estelle de mal humor.

-Remus es una buena persona, la otra noche no era él, era el lobo que vive en su interior.

-Creí que estabas enamorada de Potter, Lily, no de Lupin- escupió Estelle. Lily se vio a sí misma dándole una bofetada a su amiga, pero en realidad no lo hizo. No se movió del sitio, tan solo la miró con dolor, y después con profundo desprecio.

-Jamás pensé que esas palabras pudieran salir de tu boca, Estelle. Ahora entiendo por qué dijiste que no deberías estar en Gryffindor- se dio media vuelta y cogió el camisón de debajo de la almohada de su cama, y sin mirar a ninguna de ellas, se metió en el cuarto de baño cerrando la puerta ruidosamente.

-Estelle, no entiendo por qué has dicho eso, ni siquiera por qué has hablado así de Remus, pero yo estoy de acuerdo con Lily, me temo que no puedo entenderte- dijo Yasmine.

-Entonces vete a encerrarte con ella al baño- espetó la pelirroja metiéndose en su cama sin desvestirse.

Yasmine cabeceó abrumada, y notó la opresión en el pecho que sentía cada vez que ocurría algo que la disgustaba, así que decidió ir a las cocinas del castillo a por un buen bol de chocolate caliente que la relajara.

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-Pobre Remus- James y Sirius caminaban hacia la sala común sin mucha prisa, ambos entristecidos por la escena que acababan de presenciar.

- Va a ser un espectáculo cuando lo vea Estelle, te juro que jamás me esperaba algo así de ella- opinó Sirius sacando el mapa del merodeador del bolsillo trasero de su pantalón vaquero- juro solemnemente que mis intenciones no son buenas- susurró mientras golpeaba el pergamino en blanco.

-¿Qué haces, Pad?- preguntó James intrigado.

- Aquella noche ocurrieron muchas cosas, James- dijo sin poder evitar que sus labios dibujaran una traviesa sonrisa.

-¿Cómo qué?- preguntó el chico de gafas alzando una ceja pero sonriendo también.- no me digas que tú y Yasmine…¡No puede ser!- exclamó James lanzando una estruendosa carcajada- Ya era hora, Pad, ya dudaba de tus facultades- dijo dándole una cariñosa colleja. Sirius lo miró ceñudo.

- Jamás dudes de las facultades del gran conquistador Black- dijo el moreno muy serio.- aunque yo tampoco me lo creo- confesó sonriendo de nuevo.

- ¿Pero para qué quieres el mapa?

- Para comprobar dónde está mi querida y exótica Yasmine, a ver si quiere repetir. ¿Me dejas la capa?- Habían llegado a la entrada de la torre de Gryffindor, y James ya había dicho la contraseña.

- Cógela, ¡y date prisa o se te escapará!- exclamó James divertido. Vio a su amigo subir como alma que lleva el diablo las escaleras de las habitaciones de los chicos y después buscó con la mirada a Lily por toda la Sala, sin mucho éxito. Se dirigió al sofá que estaba enfrente de la chimenea y cogió un pesado tomo de Encantamientos de último curso que estaba abierto por la mitad, se echó en el sofá despreocupadamente y ojeó las páginas, cuando descubrió que la propietaria del libro era su encantadora Lily. Estrujó el ahora adorado tomo contra su pecho como si fuera ella y después suspiró lánguidamente. Pero se incorporó corriendo y soltó el libro como si quemara cuando vio a Sirius parado delante suya, con una sonrisa burlona y a punto de echarse a reír a carcajada limpia.

- Creo que necesitas un poco de acción, James, te estás volviendo algo… pasteloso- se mofó el animago de ojos grises ganándose una mirada asesina de su amigo- me voy, ¡mi damisela espera en la cocina seguramente con una gran jarra de chocolate en sus manos!

- Si, vete anda, ¬ ¬ -James no pudo evitar sentir un pinchacito de envidia en su enamorado corazón ante la suerte de su amigo.

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- ¿Ese chocolate es para compartir?- dijo una seductora y conocida voz a sus espaldas. Yasmine abrió los ojos de par en par y dejó unos segundos el dedo lleno de chocolate en el aire, manchándose la minifalda vaquera con una gran gota de éste.

- Mierda- masculló mientras se volvía en busca de una servilleta. Se encontró de frente con un Sirius Black que le pareció más atractivo que nunca, con aquellos pantalones vaqueros que le resaltaban su estupendo trasero y aquel jersey tan gris como sus ojos marcándole sus bien formados abdominales. Yasmine fue consciente de que se había quedado sin palabras y sin sentido, así que se levantó para disimular y cogió una servilleta de encima de una de las mesas que había tras el merodeador.

- ¿Cómo sabías que estaba aquí?- preguntó mientras se recuperaba de la impresión.

-No lo sabía, no creas que eres la única que viene de excursión a las cocinas de vez en cuando, por cierto, ¿cómo sabías donde estaban las cocinas?- preguntó el merodeador alzando una ceja en señal de sospecha sin mencionar el mapa del merodeador.

- ¿Acaso crees que los merodeadores sois los únicos que tenéis secretos, Blackito?- mierda, pensó la joven, ¿por qué le había dicho Blackito?

-No me contestes con una pregunta- replicó el merodeador con una sonrisa que nubló aún más los sentidos de Yasmine, ya bastante perjudicada con su mera presencia.

- El hermano de Estelle se lo comentó de pasada una vez, nos enteramos el año pasado, ya me he dado cuenta de que no son muchos los que conocen la entrada a la cocina.- consiguió responder al final.

- Hablando de Estelle, ¿cómo está?

- Rara, jamás la había visto así, no entiendo por qué le afecta tanto que Remus sea un licántropo, incluso se ha peleado con Lily…

-Sí, es muy raro…- comentó pensativo el animago, sintiendo como si un molesto recuerdo acudiera a él como una mosca pegajosa reclamando su atención, pero sin llegar a saber qué era exactamente.

Yasmine aún sostenía la servilleta en la mano, y Sirius la miró entonces pícaramente.

- Si quieres yo te lo limpio- se ofreció el joven inocentemente. Yasmine sonrió a su pesar y se agachó, mientras limpiaba la gota de chocolate de su falda. Sirius la miró a su vez, y se dio cuenta de lo loco que le volvía la castaña, lo sexy que estaba con aquella minifalda vaquera y aquel escotado jersey rojo que marcaba su pequeña cintura y que resaltaba sus bien formadas caderas. Su cabello castaño oscuro estaba completamente liso y caía a cascadas por su espalda y sus hombros, y aquella sonrisa de gruesos labios rojos que lanzó al animago lo dejaron completamente KO, pero aún más las siguientes palabras de la chica.

- Henry quiere invitarme a salir- dijo volviendo a coger el bol de chocolate y una cuchara, haciendo un gesto al animago para que se sentara a su lado y compartiera con ella el dulce. Sirius se sentó, intentando controlar el ataque de celos que sentía, pero no probó el chocolate.

- Y tú le has dicho qué no, ¿verdad?- pero el ataque de celos era imposible de controlar en aquellos momentos, teniéndola tan cerca, respirando el aroma a vainilla que desprendía y contemplando aquellos enormes ojos marrones de largas pestañas.

- En realidad aún no le he contestado, dado que el sábado que viene hay partido, y la salida a Hogsmeade es el domingo.- Sirius miró a la joven sin entender el problema.

- No sé como terminaremos el partido, puedo acabar en la enfermería- aclaró ella con una sonrisa sin desvelar que en realidad deseaba que se lo pidiera él.

- Supongo que yo iré con Claudy- pero el merodeador, además posesivo, no supo ser muy sutil.

- Perfecto, entonces no hay nada más que hablar- replicó ella ahora enfadada.

- ¿qué te pasa?

- ¿A mí? ¡¿Qué te pasa a ti?!

- No me respondas con una pregunta.- el tono amable había desaparecido de su voz en esta ocasión.

- Yo hago lo que quiero, Black.

- Sí, como besarme como me besaste en el bosque y luego salir con un ravenclaw cobarde- espetó él sin reparar en que ella aún no le había dicho que sí a Henry.

- Tú fuiste el que me besaste, Black, y por si no lo habías notado, aún no le he dicho que sí, mientras que tú aún sales con tu novia a la que ni siquiera quieres ni deseas.- replicó ella con dureza.

- ¿Cómo estás tan segura de que no la quiero?- preguntó él siendo consciente de que no iba a arreglar nada formulando esa pregunta. Yasmine acusó el golpe como si le hubieran dado una bofetada.

- Tal vez porque tienes que ir buscando consuelo en personas estúpidas como yo- contestó con lágrimas en los ojos y dando media vuelta para salir corriendo de la cocina.

Sirius maldijo en voz baja su estúpido comportamiento y siguió a la muchacha agarrándola de la muñeca justo en el pasillo que daba a la entrada de la cocina. La aprisionó contra la pared y la obligó a mirarle a los ojos, tal y como había hecho en el bosque.

-No me hagas esto otra vez, Sirius- rogó Yasmine entristecida- otra vez no.

El animago contempló a la chica unos segundos, y después la soltó, aunque ella no hizo amago de irse.

-Una vez me dijiste- susurró con voz suave- que yo no era suficiente para ti, Sirius- dijo recordando aquella noche en las raíces del sauce llorón- déjame ser feliz al lado de alguien qué piense que estamos a la misma altura, que no me recuerde su posición continuamente.

-Yo jamás pensé lo que dije- se sinceró Sirius acercándose a ella.- tú vales mucho más que cualquier mujer que se ponga a tu lado, y por supuesto mucho más que yo. Soy yo quien no está a tu altura.

Yasmine sonrió agradecida, pero las palabras de Claudy seguían latiendo como veneno en su corazón. Deseaba lanzarse al animago y dejarse llevar, tal y como había ocurrido en el Bosque, y llegar hasta donde habrían llegado de no haber sido interrumpidos, pero algo en su interior le decía que si lo hacía se arrepentiría, que lo pasaría mal. Sin embargo, los labios de Sirius estaban cada vez más cerca y ella no era dueña de sí misma como para poder apartarse. Sintió el cálido aliento del joven sobre sus labios, y luego sintió el beso, la pasión arrolladora que los embargaba, que no la dejaban pensar con claridad. Pero segundos antes de que su mente se nublara y no respondiera por completo de sus actos, se separó de golpe del chico.

-No le hagas eso a Claudy- dijo rápidamente, aunque en realidad pensó: "no me hagas eso a mí"- voy a ir a Hogsmeade con Henry, Sirius, es un buen chico, y tal vez todo esto sea un error.

Ahora sí se dio la vuelta y desapareció por el pasillo rápida y sigilosamente.

-Tal vez…- murmuró Sirius dando un fuerte puñetazo a la pared y haciéndose mucho daño en los nudillos. Se frotó la mano dolorida unos segundos y después se encaminó a su habitación, en busca de una buena ducha de agua fría.

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Aquel viernes de casi finales de noviembre amaneció completamente nevado. El castillo parecía cubierto de azúcar glas y los terrenos tenían una gruesa capa de nieve que obligaba a los alumnos a andar con lentitud y pesadez, pero que les recordaba como si de un cartel de luces de neón se tratara que en poco menos de un mes les aguardaban unas deliciosas vacaciones navideñas. Esto no era un gran consuelo para los chicos de séptimo, que veían como los pergaminos, libros, hechizos, pociones y conjuros se les amontonaban sin cesar en los escritorios y como el trabajo se multiplicaba por mil. Por otro lado, los exámenes de final de aquel trimestre y de preparación para los ÉXTASIS se acercaban cada vez más rápido, y muchos de los jóvenes estaban empezando a acusar tanto trabajo. Era el caso de Estelle y de Peter por ejemplo. En el caso de la muchacha, que no dirigía la palabra a Lily, y que no quería ver a Remus ni en figurillas, la tarea se le presentaba muy pesada, y así quedó latente cuando aquel lunes por la noche Yasmine fue a visitarla a la biblioteca.

-¿Por qué no vas y estudias en la Sala Común con nosotras, Estelle?- preguntó mientras se sentaba al lado de la chica pelirroja a la vez que vigilaba que la señora Pince estuviera lo suficientemente ocupada para que no las regañara.

- No quiero ver a cierta gente, Yasmine- respondió secamente.

- Deberías hacer las paces con Lily- opinó la joven castaña sin dar ninguna clase de rodeos- y no evadir tan descaradamente a Remus, está hecho polvo.

-No entiendo por qué, tiene a su amiguita Shyne pegada a los talones todo el día- respondió de malas maneras Estelle. Yasmine alzó las cejas sorprendida y divertida por el comentario de su amiga.

- Y a ti te encantaría estar pegada a los talones de Remus.- Estelle le lanzó una mirada de alarma.

-¿Estás loca? Si no le he dicho a Dumbledore lo de Lupin todavía es porque no soy una chivata.

- Creo que Dumbledore ya estará más que enterado de eso, Estelle, si hablaras con él tal vez te lo explicaría todo.

-No me apetece- replicó- si no te importa, tengo que estudiar.- y sumergió la cabeza en el gran tomo que estaba leyendo. Yasmine sabía de sobra que no estaba leyendo ni una palabra, pero decidió esperar a que se calmara para poder indagar sobre aquel inexplicable odio a los licántropos que Estelle tenía. Se levantó y se marchó de la biblioteca segundos antes de que la arisca bibliotecaria llegara hasta la mesa de Estelle para regañarles.

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Por otro lado, Remus ya estaba harto de hacer como si estudiara. En realidad no se estaba enterando de nada, y no le merecía la pena seguir fingiendo. El lunes había salido de la Enfermería, y se había dado cuenta de la verdadera situación durante aquella larga semana. Estelle no lo miraba, no parecía saber ni que existía y además procuraba estar lo más alejada de él que pudiera. Por no decir que el cerdo de Adrien había aprovechado el inexplicable distanciamiento de los gryffindors para convertirse en la sombra de la pelirroja. Aquello no hacía más que hacerlo sentir un miserable y un ser terrorífico, y no había llegado ni el miércoles cuando ya se planteaba seriamente el irse a estudiar al extranjero. Aún no había compartido sus dudas con sus amigos, y cuando James se levantó más aburrido que Snape en una convención de peluquería gritando "¡guerra de bolas de nieve!" arrastrando a toda la sala común tras él en busca de la libertad ansiada aquel viernes, decidió dejarlo para más tarde. El amplio grupo casi apisona a Yasmine, que acababa de llegar a la Sala Común, justo a tiempo para tirar de Lily y obligarla a acompañarle con los demás, pero la pelirroja no parecía estar de muy buen humor. Se zafó de su amiga y se sentó tozuda en un sillón cerca de la ventana. Yasmine la miró resignada y luego se marchó de la sala común con un grito de "¡bola va!" siguiendo muy de cerca a Iona y Kate, y manteniendo las distancias con un Sirius que parecía muy interesado en ocupar el hueco que la pelirroja había dejado. En la Sala Común solo quedaban Remus y Lily.

La pelirroja no pareció percatarse de su presencia hasta que el chico no fue a levantarse para ir a su cuarto.

-¡Remus!- exclamó sorprendida- creí que te habías marchado tú también, no te había visto.

-Ya ves- el joven de ojos dorados no supo que más decir. Lily se levantó y se dirigió a él resueltamente. Lo agarró de un brazo y Remus se sorprendió de que no le tuviera miedo.

-Vamos a la ventana a ver la guerra de bolas de nieve- Remus se dejó llevar, intrigado, por su pelirroja compañera.- ¿cómo estás?

-En realidad no lo sé- dijo el joven encogiéndose de hombros.- ¿y a ti que te parece, Lily?- preguntó a sabiendas de que la pelirroja había entendido su pregunta.

-Me parece que lo has tenido que pasar fatal, y que no deberías sentirte mal por lo que eres, tienes mucho que dar, y todas tus virtudes superan con creces tu pequeño y peludo problema- dijo guiñando amistosamente uno de sus preciosos ojos esmeralda. A Remus le hizo mucha gracia que la chica utilizara las mismas palabras que James para definir su licantropía, al final iba a resultar que si que estaban hechos el uno para el otro…

-Pero soy un monstruo…- se quejó el joven, a la vez que observaban como todos sus compañeros llegaban a la carrera a la orillad del lago, capitaneados por James. Lily dio un achuchón cariñoso al chico.

-Pues a mí me pareces un monstruo realmente atractivo- bromeó. Remus sonrió por primera vez en todo el día.

-A ti, pero a Estelle…

-No entiendo a Estelle, Remus, y creo que voy a tardar en entenderla, nosotras tampoco estamos en nuestro mejor momento...- dijo ella desviando la mirada. Remus adivinó la tristeza que impregnaba sus palabras.

-Yo sí lo entiendo, siempre ha sido igual…- en los terrenos del castillo, decenas de chicas tiraban bolas de nieve a James y a Sirius. James parecía estar encantado, pero no le facilitaban la tarea de hacer una bola gigante para tirársela a Sirius, que a su vez estaba demasiado ocupado tirando nieve a Yasmine, que cuando se cansó de ser bombardeada por el atractivo moreno sacó su varita y lo convirtió en muñeco de nieve, cosa que le pareció muy divertida. Pero entonces James terminó su bola y la lanzó a Peter, que como de costumbre se agarró a la cintura de Yasmine (el muñeco de nieve se convirtió en un muñeco diabólico de película de terror) y la bola los arrastró a los dos ladera abajo.

Casi sin darse cuenta, Lily y Remus estaban riendo a carcajada limpia tras contemplar la escena.

-A Yasmine no le va a caer muy bien eso- opinó limpiándose las lágrimas de los ojos- como pille a James lo mata.

-A lo mejor consigue echarle las culpas a Sirius y todo…

-O tal vez se lleve a Peter por delante.- En efecto, vieron a Yasmine salir a toda velocidad de la montaña de nieve que se había formado y empezó a estrangular a Peter con todas sus fuerzas. Cuando el muchacho ya estuvo lo suficiente morado fue en busca de James, y comenzaron una extraña carrera llena de bolas de nieve, zancadillas y que finalizó con un placaje de Sirius a la chica, ya que al fin había conseguido deshacerse del hechizo y volvía a ser el Sirius de siempre.

-Me ha dado frío y todo, con tanta nieve, ¿quieres un té?- Remus asintió aún divertido y siguió mirando la trifulca, a la que se habían incorporado todos los gryffindors y ahora hacían un sándwich humano con Sirius, Yasmine y James en el fondo.

Remus oyó un tintineo y se giró para ver a la pelirroja acercándose a él.

-No creo que valga para camarera- Lily iba con dos pequeñas tacitas de té, una en cada mano, pero ambas temblaban notoriamente- tengo un pulso horrible.- Y justo antes de que llegara hasta el chico, se tropezó con un libro que alguien había dejado tirado en medio y lanzó el líquido ardiendo al jersey de Remus, que gritó de dolor. Lily chilló asustada y ayudó al joven a quitarse el jersey con urgencia, que se le quedó atascado en la cabeza. Cuando al fin consiguió quitárselo Lily exclamó "¡aquamenti!", con demasiada fuerza, y un chorro de agua helada bañó al merodeador, que puso las dos manos a modo de escudo de manera que el chorro de agua rebotó a Lily, que se empapó al instante. Cegada por el agua, avanzó a tientas y se chocó con Remus, que para evitar que se cayera al suelo la cogió con fuerza y la hizo dar una pirueta en el aire, aterrizando en un sofá, Remus encima de Lily, y ambos riendo estruendosamente.

Un carraspeo para nada discreto los apagó sus risas de inmediato.

-¿Interrumpo algo?- James Potter los miraba con el entrecejo fruncido y cara de pocos amigos, escoltado por Sirius y Yasmine, que parecían bastante asombrados, y el resto de la sala común de gryffindor, que no entendían que hacía Lily, la eterna conquista de James, mojada de arriba abajo, y abrazada a Remus, uno de sus mejores amigos, que además presumía de pectorales al aire. No arregló mucho las cosas que en ese momento llegara Estelle y se abriera paso entre la multitud para contemplar flipándolo en estéreo una escenita que al día siguiente estaría en todas las portadas de las revistas sensacionalistas de Hogwarts, o por lo menos en boca de todo el colegio.

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Era el primer sábado de la temporada de quidditch, y los jugadores de gryffindor se enfrentaban al equipo de ravenclaw, que aquel año tenía una plantilla fuerte. El ambiente deportivo y alegre ya se palpaba durante el desayuno aquella mañana. Las jovencitas saludaban coquetas a los mejores jugadores de sus casas para después salir corriendo mientras reían nerviosamente, los jugadores apenas probaban bocado, las banderas rojas y amarillas de gryffindor ya ondeaban con alegría haciendo sombra a las azules y plateadas del equipo de ravenclaw, y los componentes de cada casa se miraban entre ellos con malas pulgas, era la esencia de cualquier partido de quidditch en Hogwarts. A la cabeza del equipo de Ravenclaw, Adrien Wilkinson, buscador, lucía una nerviosa pero bonita sonrisa y se dejaba mimar por Estelle, que le daba un fuerte abrazo. Henry, cazador, también estaba nervioso, pero el quidditch era algo que le apasionaba y no le gustaba perder. Sonrió a Yasmine, que se acercaba a la mesa, ya con el uniforme puesto. Ella si estaba pálida y ojerosa, ya que los nervios de su primer partido estaban haciendo acto de presencia, y además parecía haber contraído una fuerte gripe.

-¿Qué te ha pasado?- preguntó el ravenclaw mientras Yasmine se sentaba a su lado.

-Pues que ayer nuestro capitán tuvo un ataque de locura y nos mandó a todos a jugar con la nieve- respondió mientras estornudaba sin mencionar que James no había obligado a bajar a nadie- no sé como estuvo la verdad…

- Bueno, entonces será aún más fácil ganaros- dijo muy serio Henry.

- ¿Pero qué te has creído?- preguntó ella dándole un suave puñetazo en el brazo y pinchándole con un dedo en el costado.

- ¡Era broma! ¡Era broma!- chilló el joven mientras se retorcía de risa en la silla.

-Dan ganas de vomitar- opinó Sirius con los ojos entrecerrados y la voz gangosa mientras veía como los dos jóvenes reían.

- Pued a bí be padece que hacen buy buena padeja- opinó James con la nariz ultra colorada y los ojos llorosos, para picar a su amigo.

- Tú calla, que así no vas a ver ni las bludgers, ¿cómo no te acordaste de que el partido era hoy?- reprochó Sirius.

- Deberíamos tobarnos una poción pada el catado antes del padtido- dijo James sin contestar. No le gustaba que pusieran en entredicho su valía como buen capitán, y a él nunca se le olvidaba un partido.

-Sí, creo que tienes razón, voy a por Yasmine. – y sin mediar más palabra se levantó y cogió a la chica de un brazo, y la arrastró fuera del comedor. Yasmine pataleó todo lo que pudo, pero hasta que no lo amenazó con caparlo de la forma más dolorosa, terrible y cruel, no la soltó.

- Caray, que carácter, mira que nuestros hijos tienen que tener unos bonitos genes.

- No tendría hijos contigo ni aunque…

- ¿Ni aunque fuera el último hombre sobre la faz de la tierra? Eso ya está muy visto. Así que va en serio, ¿no?

-¿El qué? ¿Lo de caparte?- preguntó Yasmine perdida.

- Aaaay, Yasmincita, luego hablas de mi neurona… hablaba de Henry.- aclaró el merodeador, mientras veía como el equipo al completo menos Remus los seguían a la enfermería.

- Henry es un buen chico- respondió ella tozuda.

- ¡No seas monotemática! ¡Eso no lo es todo! Mira nena que al no estar conmigo te estás perdiendo una de las siete maravillas del mundo…

- Que humilde.- observó ella sarcásticamente.

- La humildad se la dejo toda a tu Henry.

-Pues genial- y sacándole la lengua, entró en la enfermería dándole con la puerta en las narices.

La señora Pomfrey les dio a cada uno un gran vaso de poción que echaba demasiado humo y tenía un fuerte sabor a pimienta, que desgarró la garganta de los chicos pero que hizo efecto a los pocos minutos. Los jóvenes la oyeron rechistar sobre la nieve y la irresponsabilidad de la juventud de aquellos días y de los partidos de quidditch en pleno invierno.

El último en llegar al vestuario de Gryffindor fue Remus, que miró a James esperanzado de que le dirigiera tan solo una mirada, pero el capitán ni siquiera pareció darse cuenta de que existía.

Aquella noche se habían acostado sin mediar palabra. James no atendía a razones, y ahora volvía a estar peleado con Lily, que lo llamó cabezota cientos de veces mientras aporreaba el cuarto de los chicos esperando que James saliera para explicarse. La pelirroja desistió al final, y amenazó a James con no volver a dirigirle la palabra en su vida y que nadie la hacía arrastrar su dignidad de esa manera y con tan pocos resultados. De manera que Lily acudió al partido acompañada de Iona y Kate, y Estelle, que tras la escenita ya no solo no le hablaba sino que además había dejado de sentarse con ella, fue vista en las gradas acompañada de Anaïs y Lauren Hill, una chica de Hufflepuff bastante popular y algo entendida.

-¡Los jugadores de Gryffindor entran en el campo!- exclamó una limpia voz masculina desde el palco de los profesores. Era Marc Jordan, un chico negro y delgado que tenía una delgada y larga trenza a sus espaldas.- encabezados por el gran capitán: James Potter, de cazador, escoltado por sus inseparables amigos Remus Lupin y Sirius Black- James saludó efusivamente a Sirius, dejando olvidado a Remus, y después alzó la mano saludando a su público, en especial a un grupito de admiradoras que gritaban su nombre y sus diversas fantasías amorosas con el chico. (¡Quiero un hijo tuyo! ¡quiero casarme contigo!)- le siguen los dos nuevos golpeadores, la encantadora Yasmine Roberts y el inconfundible Peter Wilson, la guardiana, Martha Valec, y para terminar, la jovencísima Michelle Roberts como buscadora- en las gradas, las bufandas y banderas de Gryffindor ondearon con fuerza mientras los vítores se alzaban entre la multitud, alabando a su equipo, que prometía ser el mejor en unos cuantos años. Por otro lado, las gradas de Slytherin brillaban ese día de azul y plateado, aunque también había banderas de la propia casa, y en las gradas de Hufflepuff, un grupito de niñas gritaba a coro los nombres de los tres cazadores de Gryffindor como si les fuera la vida en ello, mientras que el resto estaba bastante dividido, unos iban con Gryffindor, otros con Ravenclaw, y otros eran totalmente neutros.

-¡Vamos a demostrar lo que sabemos!- gritó James a su equipo mientras alzaba un puño triunfador en el aire. Lily rodó los ojos desde las gradas al ver el gesto, pero al resto de admiradores no hizo más que animarlos aún más y calentar el ambiente si no lo estaba ya suficiente caldeado.

-¡Síiiiiii!- gritó el resto del equipo, excepto Yasmine, a la que aquellas cosas les daba mucha vergüenza, y Remus, a quien James no había mirado desde la noche anterior y no le apetecía para nada seguirle el rollo aquel día.

-¡Este chico si sabe como animar a su equipo, y a su afición!- gritó Marc con alegría. A pesar de pertenecer a Hufflepuff, era fiel admirador del equipo de Gryffindor, y era bastante imparcial en ese aspecto, excepto cuando jugaban contra su casa- Mi hermano Lee estaría orgulloso, hace ya años que terminó sus estudios en Hogwarts,¡y era un león de tomo y lomo!- exclamó aumentando los vítores de los gryffindors.

-¡Jordan! Cíñase al día de hoy y narre la entrada del equipo de ravenclaw- regañó McGonagall haciendo centrarse al muchacho.

-Y entran en el campo el equipo de Ravenclaw, que solo ha realizado un cambio en la plantilla este año: ¡Anaïs Martin! Como nueva cazadora del equipo, completando el trío junto a Henry Bitterman y Olympia Rivers.- A Yasmine casi se le descuelga la mandíbula del asombro, mientras que Sirius parecía alegrarse bastante de la elección, ya que oteaba en la salida del vestuario de Ravenclaw esperando con una sonrisa a que salieran la nueva jugadora. En el campo entró Adrien a la cabeza de su equipo, y después, en formación de V, le siguieron los tres cazadores.- como bateadores tenemos a los ágiles gemelos Laffaguen- Richard y Tommy Laffaguen, dos muchachos altos y desgarbados, con el mismo pelo negro y ralo y los mismos dientes desiguales, que contrastaban bastante con el resto del equipo, entraron en el campo tras los cazadores. –a la cabeza del equipo, el mejor buscador del año pasado, ¡Adrien Wilkinson!- centenas de gritos histéricos procedentes de jovencitas sobre hormonadas gritaron hasta quedarse afónicas. James y Sirius miraron ceñudos a Adrien, ningún niñato prepotente y maleducado les quitaba protagonismo, y Remus cruzó una lobuna mirada con el joven, que sonrió suficiente en señal de victoria, y le guiñó un ojo socarrón.- y en último lugar nos encontramos a la siempre despierta Hikaru Chang- una bajita pero ágil asiática entró en el campo dando pequeños saltitos de emoción.

Los dos equipos se colocaron frente a frente, y el árbitro, o mejor dicho, la árbitra, Ada Millow, para sorpresa de todos, obligó con su estruendosa y potente voz que los capitanes se dieran la mano. James estrechó la mano de Adrien con excesiva fuerza, pero a pesar de ello, el ravenclaw no perdió ni un atisbo de aquella petulante sonrisa que adornaba su rostro.

-Ada, a ti no te gusta el quidditch- le comentó divertida Yasmine antes de elevarse en el aire junto a su equipo. La profesora rezongó sobre los favores y las apuestas que hacía con Dumbledore y luego la obligó a subir a su escoba de un manotazo.

-¡Y el partido comienza!- exclamó Jordan tras el largo pitido del silbato de Ada- … y Potter coge la quaffle a una velocidad increíble! Escapa de una bludger malintencionada de Richard Laffaguen, ¿o era Tommy? ¡Qué más da! Por los pelos… pasa la quaffle a Black, que es seguido muy de cerca por Potter, y precedido por Lupin, ¿qué nos tienen preparados esta vez este magnífico y compenetrado trío?

Henry y Olimpya se colocaron a ambos lados de Sirius, que aún sostenía risueño la quaffle, y comenzaron a presionarlo para que soltara la pelota colorada, pero Sirius hizo un suave y elegante movimiento para apartar un molesto mechón de sus ojos grises y… se dejó caer de la escoba. Todo el estadio contuvo un grito ahogado, incluso los dos cazadores se asustaron, pero el merodeador estaba agarrado al palo de la escoba con ambas manos y la pelota ya trazaba un arco perfecto hacia Remus, que se enganchó con fuerza de las piernas al palo de la escoba y se descolgó de ella, cogiendo la quaffle y recuperando su posición original rápidamente. Para entonces James ya se encontraba cerca de los aros de gol, guardados por la pequeña e incontrolable Hikari, que se movía frenéticamente de un aro a otro. James recibió la quaffle de Remus con más fuerza de lo normal, y el chico de gafas trazó una serie de fintas que despistaron a la oriental de manera que se adelantaron rápidamente en el marcador.

-¡ 10-0 para el equipo de Gryffindor! Menuda exhibición de estos tres ases del quidditch- exclamó Jordan desde el palco, pero pronto su voz se vio ahogada por el clamor de la afición rojiamarilla.

- ¡Así como no nos va a gustar el quidditch!- exclamó una jovencita histérica muy cerca de Lily, que se tapó los oídos malhumorada, no iba a negar que James en acción no era muy pero que muy apetecible…pero seguía sin entender que le veían a aquel estúpido y peligroso jueguecito.

- ¡La quaffle pasa a manos de Bitterman, que parece decidido a empatar el marcador!- Jordan prosiguió con su narración- ¡Vaya! ¡Qué cerca le ha pasado esa bludger!- en efecto, una bludger peligrosa se había interpuesto en su camino, obligándolo a frenar la escoba bruscamente. Yasmine le lanzó una encantadora mirada de disculpa que él aceptó de buen grado con una sonrisa condescendiente, y que puso de muy mal humor a Sirius- y pasa el balón a Martin, que se luce como cazadora por primera vez, avanza lentamente entre los jugadores, parece que está buscando un recorrido estable hasta llegar a los aros de gol, ¡y Black y Lupin han ido a hacerle una pequeña visita!

- Hola, Anaïs, ¿Qué tal?- preguntó Sirius, que a pesar de ir sobre una escoba a considerable velocidad seguía manteniendo aquel aire rebelde y seductor que volvía locas a las chicas.

- Ni se te ocurra Sirius, ni a ti, Remus, no voy a soltar la quaffle por nada del mundo- y dio un acelerón que pilló por sorpresa a los dos chicos, haciéndoles dar una vuelta sobre sus propias escobas. Se miraron unos segundos y luego ambos asintieron, persiguiendo decididos a la chica morena.

- ¡Esa bludger ha sido dura!- exclamó entonces el comentarista. El estadio entero gimió de dolor al ver una bludger rozar la escoba de Anaïs, que se tambaleó en el aire y soltó la quaffle para poder agarrarse con las dos manos al palo de su escoba- ¡buen trabajo de Roberts!- Yasmine ignoró la mirada de reproche de la ravenclaw y siguió buscando bludgers que desviar de sus compañeros, trabajo que no le estaba siendo muy fácil, pues los Laffaguen instigaban cada vez más a los cazadores, y ahora iban a por su hermana, que había aumentado su velocidad hacia un punto en concreto del campo. Adrien la siguió con rapidez, pero frenó en seco al darse cuenta de que era un señuelo.

- ¡Me encanta despistarles!- rió Michelle divertida, pero de inmediato abrió la boca, sorprendida, pues una quaffle se dirigía a ella mucho más rápido de lo que debía. Se quedó paralizada, y cerró los ojos esperando el impacto… que nunca llegó. Oyó un golpe seco y abrió los ojos, descubriendo a su hermana mayor con el bate en alto y mirándola con el ceño fruncido.

-Hermanita ten cuidado, no puedo estar en todos los sitios a la vez, ¡y busca la snitch antes que Wilkinson o perderemos!- exclamó la morena alejándose velozmente de allí.

Pero Henry no parecía dispuesto a dar su brazo a torcer, y tras el segundo gol de los gryffindor, se hizo con la quaffle y atravesó el campo tan rápido y tan ágilmente, que ni siquiera dio tiempo a parpadear ni una sola vez a los espectadores cuando ya había marcado dos veces.

-¡Y Henry empata el marcador!- la afición de ravenclaw vitoreó a su cazador con fuerza, mientras la guardiana gryffindor Martha Valec lanzaba un grito frustrado al aire.- ¡pero ahí vuelven a la carga! Black tiene la quaffle y avanza implacablemente por el campo. Y llegan Olimpya y Anaïs, vaya, parece que lo están despistando entre las dos- una ola de risas inundó el campo, ya que Sirius parecía estar encantado con la nueva compañía femenina. Yasmine estuvo muy tentada de lanzarles una buena bludger, pero se contuvo pensando que debían ganar el partido y que no lo conseguirían con un cazador menos… aunque tal vez sí, sin embargo, corrió a defender a James que era acosado por dos bludgers pesadas de los Laffaguen. Una vez James se hubo librado de aquellas diabólicas pelotas, se colocó justo encima de Sirius, y silbó. El chico de ojos grises pareció no darse cuenta, aparentemente, pues siguió conversando animadamente, aunque con el segundo y menos paciente silbido de James exclamó:

-James, hermano, ahora estoy ocupado con estas dos monerías, ¿Qué quieres?- James lo miró exasperado.- ¡ah, claro! ¿me disculpáis chicas?- preguntó educadamente. Entonces, con cierto cuidado, y ante la sorprendida mirada de las cazadoras, se puso de pie en el palo de su escoba, que siguió su recorrido en línea recta, y James a su vez se descolgó como antes había hecho Remus, aceptando la quaffle de buen grado y acelerando hacia los aros de gol. Sirius, por su parte, se dejó caer en el palo de la escoba justo a tiempo para no estrellarse con una de las gradas de la afición de gryffindor, que ya tenía a sus admiradoras casi desmayadas por la acción del atractivo muchacho.

-¡Un partido realmente entretenido, si señor!- exclamó Marc Jordan riendo a carcajadas.

James marcó el siguiente tanto, y Sirius y Remus lo imitaron momentos después, pero las cazadoras de ravenclaw parecían haber despertado, pues ayudando a Henry, consiguieron igualar el marcador no sin cierta dificultad. James buscó con la mirada a Michelle, su buscadora, y su corazón se encogió en un puño cuando la vio lanzarse en picado hacia las bases de uno de los postes de gol. Adrien no tardó en ponerse a su altura, y pronto todo el campo se vio volcado en aquel duelo de buscadores que perseguían a la diminuta y escurridiza snitch. Llegaron a la misma vez al suelo, y ambos ascendieron a la misma vez, trazando giros con ángulos idénticos y sin disminuir la velocidad en ningún momento. James cruzó los dedos, o conseguían la snitch, o perdían el partido, y entonces, cuando creyó que no podría aguantar más los nervios, Michelle incrementó la velocidad en un pequeño metro más que Adrien y alargó el brazo. Todos vieron como el ravenclaw hizo un brusco gesto de frustración, y como Michelle lanzaba al aire un feliz grito de victoria. Las gradas de Gryffindor se vinieron abajo, la profesora McGonagall gritó de alegría. La snitch era suya. Gryffindor había ganado su primer partido de la temporada.

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Los gritos, los cánticos y los vítores fueron mucho más estruendosos cuando el equipo de quidditch de Gryffindor al completo entró en la Sala Común. En las mesas de la sala había diversas botellas de cerveza de mantequilla y numerosos vasos. Un grupo de alumnos cogió a Michelle en volandas, que hasta ahora había ido abrazada por un pletórico James, y comenzaron a vitorearla aún con más ahínco. Era la nueva estrella de un equipo que había demostrado aquel día ser uno de los mejores que Hogwarts había tenido hasta entonces.

-¡Eres la mejor, hermanita!- exclamó Yasmine, alzando en el aire una gran jarra de espumosa cerveza.

-¡Esa es mi Michelle!- gritó James chocando su jarra con la de Yasmine.

Sirius aprovechó la emoción de la morena gryffindor para cogerla de la cintura y bailar un vals imaginario con ella.

-Tú también has estado muy bien, nena- le dijo suavemente al oído, ambos se habían quedado en un rincón solitario de la sala.

-Gracias, Black- respondió ella con las mejillas encendidas y los ojos brillantes por la bebida. Se estremeció cuando el animago comenzó a depositar pequeños y suaves besos en su cuello, ascendiendo hasta la oreja, a la que regaló unos deliciosos segundos.- ¡Basta, Sirius!- exclamó ella sin poder aguantar- me haces cosquillas. Y no deberías dar estas exhibiciones en público- le regañó.

-Si quieres podemos ir a algún lugar más privado…- El joven puso cara de cachorrito bueno, y se dispuso a seguir con la agradable tarea de poner aún más nerviosa a la chica cuando alguien los interrumpió con una tosecita enfurruñada.

-Lily…- Yasmine se separó del animago, con cierta desgana, a decir verdad.

-Tengo que hablar contigo, Yas- repuso la pelirroja lanzando a Sirius una mirada de advertencia.

-Hasta luego, princesa- el chico de ojos grises besó tiernamente la mejilla de Yasmine para después acompañar a James en un victorioso cante.

-Para mí es solo aire- dijo Lily imitando la voz de Yasmine y repitiendo la frase que su amiga había dicho hacía tan un par de semanas atrás- ¿no crees que deberíais conteneros un poco? No creo que haga falta que te recuerde que Sirius tiene novia- le espetó mientras la arrastraba fuera de la sala común, tras lanzar una aireada mirada a James, que ni siquiera se dignó a mirarla.

-Es que…es superior a mí- se lamentó Yasmine, con la cara colorada y gesto arrepentido- de verdad que lo intento, pero es tan…

-¿Irresistible?- terminó Lily pesarosa. Yasmine asintió mirando a su amiga confundida- lo sé, lo sé…

-¿James es para ti irresistible?- preguntó la morena con picardía.

-Lo es- respondió Lily mirándola enfadada- pero al contrario que tú, mientras siga comportándose como un estúpido rencoroso y cabezota no va a tener nada de mí… Yasmine- dijo esta vez con cansancio, deteniéndose en frente de una ventana que daba al frío paisaje invernal- ten mucho cuidado, te vas a hacer daño. ¿Por qué aún Sirius no ha dejado a Claudy?

-No lo sé… tal vez…tal vez no pretenda dejarla- dijo titubeante y con los ojos llorosos- tal vez yo vuelva a ser el estúpido consuelo o un inútil juguetito con el que divertirse un rato- la rabia la invadió al recordar las palabras de Sirius en boca de Claudy.

-Deberías dejárselo claro, Yas, o ella, o tú, pero no dejes que te use. Sé que Sirius es un buen chico, pero… a veces dudo de las buenas intenciones de los hombres.

-Hablas como mi abuela, Lyls- bufó Yasmine, ahora casi riendo. Lily estalló en risas al oírse a sí misma.

-Tal vez me esté volviendo vieja demasiado rápido.

-¿Pero qué dices? Entonces me vas a decir tu secreto para mantenerte así, cariño- dijo Yasmine mientras la miraba de arriba abajo, haciendo que Lily riera aún más fuerte.

-Bueno…- suspiró Lily al cabo de un rato, mientras recuperaba la respiración y se agarraba el estómago con las dos manos- prométeme que vas a tener cuidado con él…

Yasmine asintió con cara de niña buena, y la cogió de las manos.

-Y tú prométeme que hablarás con Estelle, y que haréis las paces lo antes posible- repuso Yasmine. Lily la miró fijamente unos segundos, y después la abrazó con cariño.

-Te lo prometo- le susurró al oído deseando con todas sus fuerzas que fuera capaz de ello.

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Tan sólo había tres personas que no disfrutaban de la victoria de Gryffindor. Dos de ellas estaban en aquel mismo momento inmersos en una espesa bruma brillante y grisácea que los agobiaba cada vez más.

-¿Estás seguro de que era así, Remus?- preguntó Shyne acalorada mientras agitaba una poción en el sentido de las agujas del reloj.- cada vez hay más humo.

- Shyne… No se me dan bien las pociones- repitió por centésima vez el licántropo mientras leía apurado un largo pergamino lleno de ingredientes y pasos de la elaboración de la poción revitalizadora que despertaría a Gladys y Robert de su largo sueño.

- Lo sé, por eso estoy ayudándote- repitió ella también por centésima vez.- pero no debe quedar mucho… llevamos en esta mazmorra desde que acabó el partido- se quejó la joven.

- Aquí dice que hay que remover durante un cuarto de hora, y después añadir el polvo de las alas de las Hadas, no queda mucho- repuso Remus mientras cogía los botecitos de las alas y las vertía en un almirez de madera de color avellana y comenzaba a convertirlas en polvo. Transcurrieron unos minutos en los cuales ninguno de los dos habló, cada uno concentrado en su tarea. Fue cuando Remus miró calculadoramente su reloj cuando le indicó a Shyne con un rápido gesto que dejara de mover la poción, que de repente cesó de emitir aquel espeso vapor gris.

- ¿Qué hora es?- preguntó Remus con avidez.

-¿Cómo? ¡Acabas de mirar la hora en tu reloj!- exclamó su amiga confundida.

- ¡Dímelo!- chilló Remus impaciente.

- Pues…ahora mismo acaban de dar las ocho- Remus exclamó una maldición por lo bajo y cogió el almirez corriendo, vertiéndolo rápidamente en el caldero. Se oyó un sonido de succión, y ambos jóvenes se asomaron intrigados para ver su contenido. La poción cambiaba de color a la velocidad de la luz, pasaba por el verde, el rojo, el morado, el amarillo y toda una amplia paleta vertiginosamente, y siempre con un matiz brillante. Cuando la velocidad del cambio de colores fue tal que tuvieron que dejar de mirarlo o se marearían, se oyó un fuerte chasquido y la habitación entera se llenó de pequeñas estelas brillantes y de miles de colores que los envolvieron en una nube de luces multicolor.

-¡Es precioso!- exclamó Shyne extasiada… Remus sonrió melancólico, aquel espectáculo le había recordado a alguien cuyo rostro siempre estaba adornado con una luminosa sonrisa, alguien que le tenía tanto miedo y desprecio que ya jamás, jamás volvería a sonreírle como antes.

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La otra persona en cuestión, era Estelle, y ahora curaba las heridas que el orgullo dañado de Adrien sufría.

-¡Maldito estúpido!- gritó el ravenclaw golpeando con violencia un muro del castillo. Se encontraban en uno de los jardines que rodeaban Hogwarts, lugar al que había decidido ir para estar a solas un rato, aunque Adrien no parecía muy por la labor de hacer que fuera un momento agradable.

- Adrien…

-¡Ese estúpido egocéntrico de Lupin!- gritó el joven sin oírla.

- ¡Ha sido Michelle la que ha cogido la snitch, Adrien!- chilló ella sin creerse que el ravenclaw acusara a Remus de su derrota.

- ¿¡Y él no ha marcado no!? ¿Por qué lo defiendes?- preguntó con un tono más posesivo del que a Estelle le hubiera gustado oír.

- ¡Claro que ha marcado! ¡Y James! ¡Y Sirius! ¡Por Merlín, Adrien, no le defiendo!- exclamó conteniendo un escalofrío de terror que pasó desapercibido al chico.

- Tal vez…si yo jugara de cazador, tal vez…- parecía meditar la opción con demasiada seriedad, y por un momento Estelle se sorprendió de lo loco que parecía.

-¿Cazador? ¡Eres buscador, Adrien! ¿Vas a echar a alguno de tus cazadores nada más que para poder enfrentarte a Lupin a igualdad de condiciones?- preguntó sorprendida.

- Claro que no…- espetó el muchacho, miró unos segundos a la pelirroja, que estaba aún más pálida de lo normal- luego nos vemos- dijo al fin, sin parecer más tranquilo que hacía unos segundos. Estelle se acercó para despedirse, y él le dio un brusco y para nada cariñoso beso. Se separó con rapidez de la chica y caminó a grandes zancadas por la nieve, desapareciendo de su vista.

Estelle suspiró compungida y se sentó en la nieve, apoyándose en el frío muro, y preguntándose si de verdad merecía la pena todo lo que estaba haciendo con tal de alejarse definitivamente del guapo merodeador.

Y es que, sin duda alguna…no todas nuestras decisiones son al fin y al cabo, las más adecuadas.

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Bien, ¿alguna opinión de mi primer partido de quidditch? ¿que os ha parecido? En fin, el próximo capítulo espero tenerlo para dentro de un par de semanas, ya esta empezado pero el lunes empiezo la uni y no sé cuanto tiempo voy a tener para escribir... Deseadme suerte!! que nerviosss... :-...

Paso a contestar los reviewss...

Jusse: Hola!! espero que tus preguntas queden más o menos respondidas en este capii... si, parece que a Remus le hace falta una novia está un poquito irascible jeje. Un besazo y muchas gracias por leer.

Adhara: Si si si, así exactamente son los Winguls... una monada no? como para tenerlos de mascota... xD. Bueno tienes razón, no creo que Estelle esté muy por la labor de agradecerle nada a Remus, si es que... que manía con los lobos. En fin, Sirius y Yasmine son un poco complicadetes, ya lo habrás visto en este capi. Un besazo guapa hasta la próxima!!

amymalfoy: Jaja te doy la bienvenida a mi fic!! jeje me alegro de que te guste muchas gracias. Aquí la cuestión es pasar un buen ratillo... un besazoo y hasta pronto!

Besos a tods !!

Roxy