Gracias por seguir leyendo, aquí esta la actualización del siguiente capitulo.

Discleimer. Nada me pertenece derechos de Nickelodeon y Craig B.


Capitulo siguiente.

POV HELGA

A partir de ese momento mi vida toma un giro inesperado sobre algunas cosas que no pensé fueran a suceder. Como mi muñeca derecha está rota tengo que recibir ayuda para hacer mis tareas, de modo que hay un montón de voluntarios que se presentan para esto, la mayoría amigos de Arnold o los perdedores que se sentaban con nosotros. Cuando le digo esto a mi madre ella no protesta de modo que al salir de la escuela voy por las tardes a casa de Arnold donde paso las tardes hasta muy entrada la noche.

Stella parece feliz con esto de modo que siempre se asegura que he cenado antes de irme, de modo que mi cuerpo comienza a recuperarse pues he comido más que en toda mi vida. Al final me encuentro encajando en una familia y me gusta mucho como se siente.

Al regresar en las noches a casa, mamá no dice nada pero yo continuo con mis rutinas establecidas desde hace años, hago la cena, lavo la cocina y la loza y mi baño, mamá hace un esfuerzo de modo que no es tanto lo que tengo que trabajar, cuando voy a la cama siempre llamo a Arnold y hablamos durante horas hasta que uno de los dos se queda dormido.

El invierno llega crudamente hasta descender más debajo de los cero grados de modo que Arnold se niega a dejarme caminar y me deja directamente frente a mi casa. Aunque repelo y le digo que no él sigue insistiendo, al ver que mi madre no dice nada, dejo de objetar.

Tengo que traer el yeso hasta después de Año Nuevo de modo que sigo necesitando ayuda para la tarea, podría decir que es un poco fastidioso, pero realmente la paso bien, me relajo y miro la habitación donde solemos estudiar, es la sala familiar donde hay un gran árbol navideño decorado de manera ecléctica con cientos de adornos hechos por la tropa Shorman, Arnold ha dejado un lado el cuaderno de matemáticas y me está besando lo que hace que me olvide de los deberes.

- Quiero pedirte un favor – me dice entre besos, su aliento cálido hace que mis neuronas estén inactivas y no pueda decir cuánto es dos más dos.

- Lo que sea.

- Quiero que me digas algo.

- Está bien – digo regresándole un beso.

El me acaricia el rostro y traza con su pulgar la cicatriz de mi frente que ahora es una línea casi imperceptible, al ser los puntos removidos pues no es tan notoria. Sus ojos se centran en los míos y suelta sus palabras.

- Quiero que me digas quien te hizo esto.

- No me pidas eso – digo congelándome y alejándome de su contacto.

- ¿No confías en mí?

- Por supuesto que si Arnold, yo te a… - me detengo y pienso en lo que estuve a punto de decirle, miro mis manos y después sus ojos. – Quiero decir, somos amigos, eres mi mejor amigo, confío en ti más que en nadie en el mundo, es por eso que te pido que confíes en mí cuando te digo que no puedo decirlo. – El remueve su cabello y suspira mientras vuelve a acercarme a él.

- Puedo aceptar eso – dice el mientras vuelve a abrazarme con fuerza – No me gusta, lo aclaro, pero puedo aceptarlo. – En sus ojos puedo ver que esto va a continuar hasta que le diga la verdad, pero ¿Qué si nunca puedo hacerlo? probablemente pueda aguantar hasta el verano cuando él se marchará y mi triste historia de hadas terminará. – Aunque ¿puedo preguntarte algo más?

- Si – digo un poco a la defensiva.

- ¿Eso es todo lo que somos? ¿Amigos?

- Uh – digo mientras mis pensamientos se dispersan.

- Porque pensé que éramos algo más. – dijo besándome, en realidad él era algo más para mí, era mi amigo verdaderamente pero desde hace un tiempo es decir desde que lo conozco es la persona de la que he estado enamorada toda mi vida, pero por alguna razón sé que no debo decirlo, al final solo se marchará como todos, pero en este momento disfruto el sabor de sus labios en los míos mientras olvido los problemas de matemáticas que tengo que resolver.

Al final se escucha el ruido del auto detenerse y el resto de la familia entra y nos engulle en celebraciones y abrazos, me siento feliz cada vez que las chicas Shortman me incluyen dentro de su familia y cuando su padre me pregunta cómo me fue en mi día y todo lo demás, a veces desearía solo un poco que mi padre supiera que existo, no ser Olga sino ser simplemente Helga Geraldine Pataki para él y para mamá.

Después de la cena y la sobre mesa donde se habla de la ropa que compraron y lo que piensan hacer en una semana, algo que me tiene perdida, pero me hace intuir que no estoy incluida me levanto para irme.

- ¿Helga? – me dice Stella mientras se seca las manos después de estar fregando platos. – ¿Te dijo Arnold que nos vamos a Florida de vacaciones? – El horror probablemente se refleja en mis ojos cuando lo miro ya que el responde por mí.

- No, aun no le digo mamá. Gracias por arruinarlo.

- Oh – dice ella y vuelve a levantar platos y se gira a verme, está tranquila y creo que no ha notado que empiezo a hiperventilarme.

- Bueno, sé que es navidad y son vacaciones en familia – siento una patada en el estómago, claro allí no entras tu Helga y en mi casa eso es un día más como cualquier otro – Pero realmente me gustaría que vinieras con nosotros. ¿Crees que tus padres te dejarán? – Me quedo atónita mirándola ¿quieren que vaya con ellos de vacaciones?

- Los padres de Miles viven allá así que iremos a verlos.

- ¿Quieren que vaya con ustedes?

- Bueno, sé que es extraño querida, probablemente a tu familia no les agrade que vayas de vacaciones con la familia de tu novio, pero…

Miro a Arnold ante la palabra novio, y el simplemente alza la ceja como retándome a disputarle el uso de esa palabra, es muy arrogante pero sigo en shock como para enfrentarlo.

- No es algo tan importante – digo – la navidad es un día común en mi casa. Pero, verán uh… - me da vergüenza tener que admitir que no puedo permitirme dicho viaje, aun cuando mi padre tiene una empresa.

- Piénsalo por favor, habla con tus padres, y díselo a Arnold, la verdad nos encantaría que nos acompañaras.

Cuando salimos entro en el auto en silencio, daría todo lo que tengo por poder ir, pero no tengo nada que pueda vender para poder ir, así que es solo una fantasía. Cuando se detiene frente a mi casa él se gira y me mira.

- No puedo creer que no me dijeras que te ibas.

- Mamá quería pedirte que vinieras por ella misma y habría sido una tortura para mí decirte que me iba y no poderte pedir que vinieras, la verdad me he acostumbrado a tenerte todos los días a mi lado. Si no puedes venir creo que me amotinaré y me quedaré en casa.

- ¿Y perderte la visita del Abuelo Phil?

- Entonces…

- No puedo ir Arnold – digo en un suspiro, la decepción se dibuja en su rostro.

- Tus padres no te dejaran ¿verdad?

- No, no es eso, es bueno, mira – digo mirando a mi casa la pintura hinchada y rota, el pasto absurdamente crecido y la cerca torcida, miro mi barrio y veo que es diferente a donde vive Arnold, sé que no podría darme el lujo para ir. El sigue mi mirada pero creo que no capta lo que quiero decirle.

- ¿Y?

- Arnold, mira mi ropa, si pudieran permitirse el lujo de mandarme a Florida para navidad, quizá podrían darse el lujo de comprarme por lo menos un cambio de ropa decente y no de segunda, no tendría que estar días sin… - me calló antes de abrir la boca y arriesgarme a que sepa toda mi realidad.

- ¿Es un problema el dinero?

- Hablas como alguien que no tiene problemas de dinero.

- Helga – dice obligándome a mirarlo – Mamá sabe que no podrás pagarlo, cuando te dijo eso fue, bueno ella quiere correr con tus gastos.

- ¡No! – digo indignada y con ganas de llorar – No soy un caso de caridad – aunque sé que no es así, pero él no debe saberlo.

- Helga cariño – dice él y su ternura me hace detener el dolor de mi corazón – Mi familia está loca por ti, por favor, acompáñanos, si no tuvieran el lujo de hacerlo no lo harían, pero ellos quieren invitarte.

- Eso no significa que iré.

- ¿Dejarás que tu orgullo te impida ir de vacaciones con nosotros?

- No me pongas como la que no quiere ir, es inconcebible es demasiado el dinero.

- Vamos mamá se pondrá muy triste porque no vienes y – dice haciendo una dramática pausa – Romperás mi corazón.

- Estoy bastante seguro de que ella no me dejará ir – digo señalando mi casa y el mira hacia el oscuro interior.

- Pero ¿vas a preguntar?

- Lo haré – digo cansada.

- ¡Sí! – dice lanzando un puño la aire como si hubiese anotado un tochdown - ¿Cuándo? ¿Hoy?

- Arnold – digo mirándolo mal – No lo sé, cuando sea el momento adecuado.

- Está bien – dice besándome – pero no esperes demasiado es en dos semanas.

El resto de la semana pasa inadvertido, ya nadie se mete conmigo y bueno parece que la vida ha cambiado por lo menos para mí, Rhonda de vez en cuando me mira mal, pero no dice nada, Gerald suele estar siempre en el momento indicado y Arnold llega detrás. En algunas ocasiones él me ha dicho que debo confiar en Arnold sobre lo que paso, pero lo ignoro y sigo con mi vida.

Casi es viernes, debo armarme de valor para preguntarle a mamá sobre las vacaciones, me han llamado de servicios sociales y sé que tarde o temprano iba a suceder.

- Arnold – dije mirándolo – Hoy no iré contigo.

- ¿Qué porque? – dijo el chico a mi lado mientras comienza la clase.

- Tengo que ir a la oficina del director.

- Te esperaré en la salida.

- No tienes que hacerlo.

- Tengo – dijo él. – No te tardes. – Beso mi mano y miro al frente cuando el profesor entró.

Camine por los pasillos y entre en la oficina del director, allí estaba la trabajadora social y también el director, me preguntaron sobre mi accidente y si me sentía mejor, era la primera vez que alguien me preguntaba algo, sabía que si decía algo contrario a lo que sabían irían a investigar y eso sería peor.

Después de una charla de seguridad y algo más, me despacharon deseándome unas buenas vacaciones, la escuela estaba casi completamente vacia y algunos me miraban pero no decían nada, cuando iba a salir sentí que me jalaron y me golpeaban contra un locker.

Senti mi hombro dolerme y una enorme mano me cubrió la boca lo que me impidió gritar, cuando las estrellas desaparecieron de mis ojos me di cuenta de que era Harold.

- Hola Pataki. – Lo mire asustada, eramos los únicos en ese lugar y me metio en un salón eso era lo peor que me había pasado. – ¿Tienes miedo?

- Harold.

- ¿Ahora no estas con tus protectores? Vamos, creí que eras más que un caso de caridad, ¿te sientes bien siéndolo?

- No soy eso. – dije con lagrimas en los ojos cuando me permitió hablar.

- Arnoldo solo esta contigo porque quiere seguirse dando sus aires de buen samaritano, ¿has pensando que es un sacrificio para él?

- No, eso no es…

- Quizá delante de ti, pero porque no te das cuenta por ti misma. – Me empujo con fuerza contra una ventana que estaba casi abierta, afuera podía escuchar la voz de Arnold hablando con alguien más.

- Vamos Arnold, ¿A dónde irás?

- Tenía pensado estudiar medicina ya sabes en Harvard.

- ¿Harvard?

- Si, me aceptaron.

- Eso es genial, entonces ¿te iras?

- Aun estoy decidiendolo.

- Arnold deberías...

- ¿Ese es el director? - lo escucho decir. - Me voy, tengo que ir a buscar a Helga. - lo veo dirigirse al edificio y Harold me aprieta mas contra la pared.

- ¿Estas dispuesta a que él desaproveche sus oportunidades por ti? Siempre serás un caso de caridad Pataki. - Me permite respirar y sale del salón dejandome en el suelo mientras lagrimas caen por mis ojos.

Arnold no tarda en encontrarme en el suelo, estoy mas tranquila aunque mis ojos estan enrojecidos.

- ¿Paso algo? - dice el mirándome preocupado - ¿Te dijeron algo malo?

- No cabeza de balón, todo bien - digo fingiendo una sonrisa. - Solo me duele el hombro.

- Vamos te llevaré a casa - me dice dándome una profunda mirada y sin decir más salimos de allí rumbo a casa.

Cuando el viernes al fin llega miro mi calendario y sé que debo decirle a mamá, me he aprovechado de su culpa para dejar de hacer tantas labores domésticas como he podido, pero este fin me esfuerzo por dejar la casa reluciente.

- Mamá, ¿puedo preguntarte algo? – Ella deja a un lado la revista que esta leyendo y me invita a sentarme junto a ella.

- No he sido demasiado buena madre contigo ¿verdad? – Mi boca se abre pero no digo nada, solo me siento un poco apartada por si ella cambia y me quiere golpear. – Lo siento, quisiera poder cambiar las cosas pero… ¿Qué querías preguntar?

- Tengo un amigo, y su familia me invito a ir con ellos en las vacaciones escolares.

- ¿Se aproximan tus vacaciones?

- Si.

- ¿Quieres irte lejos en navidad? – Asiento con la cabeza y ella suspira y creo ver dolor en su mirada.

- Pero ¿Qué voy a hacer sin ti? Yo sola en esta casa.

- Solo son dos semanas, luego estaré de vuelta en casa.

- Bueno, supongo que es lo que menos puedo darte ahora ¿cierto?

- Entonces ¿puedo ir?

- Supongo. – Me siento que voy a explotar me levanto y quiero correr antes que se arrepienta pero en un arrebato beso su mejilla y subo a mi habitación feliz de tener una respuesta positiva, es lo mejor que me ha pasado, quizá mi vida si pueda ser diferente.

Me quedo allí saboreando para mí la respuesta de mi madre, mientras guardo en mi corazón y en mi cabeza el hecho ocurrido con Harold en la escuela, fingiré que no se nada, al final decido que tarde o temprano iba a ocurrir, realmente soy un caso de caridad. Esas palabras me golpean fuertemente, pero al igual que los golpes de mi madre, los dejo pasar, los mando a lo mas profundo y me olvido por el momento. Pues se que llegando el verano él se marchará y yo seguiré en esta realidad.

Espero hasta el domingo en la noche mientras ceno con su familia para darles la noticia, todos parecen felices, Stella aplaude, Christine chilla, Amy y Phbs brincan de júbilo y el Sr. Shortman se levanta para ir a la cocina y cuando pasa me aprieta el hombro, pero la mejor reacción es la de Arnold, él no dice nada, solo recarga su barbilla en su mano pero su rostro está iluminado por la felicidad, sus ojos sonríen y sé que son por mí, y él me irradia esa felicidad, de modo que todo lo demás desaparece y acepto por ahora su felicidad.

Cuando el viernes llego del colegio encuentro sobre la cama una pequeña maleta y cien dólares dentro, mi corazón se hace pasita cuando lo veo y agradezco por este pequeño detalle, saldremos mañana por la madrugada a eso de las cinco, de modo que comienzo a empacar mis pocas pertenencias, pongo mis artículos personales en una bolsa de plástico y busco en mis cajones mi viejo traje de baño que utilice para las clases de gimnasia.

Guardo al final mi pijama vieja, que espero Arnold no tenga la oportunidad de ver, y me quedo mirando como todo lo que poseo cabe en una pequeña maleta, meto el dinero en mi bolsillo y siento que debo hacer algo con él, de modo que llamo a Arnold y le pido que me lleve al centro comercial, el me deja en la entrada y promete esperarme hasta que regrese, compro algunas cosas y me detengo a comprar papel navideño, cuando llegamos a casa el me besa y promete estar aquí a las cinco para recogerme.

Al llegar a casa envuelvo los regalos que compre y desenvuelvo un pequeño pino de navidad que coloco en la mesa ya que mis padres se acostaron y después subo a dormir, a las cuatro que suena mi despertador me levanto y me arreglo para salir corriendo y cuando abro la puerta Arnold ya me está esperando con el amanecer aun sin aparecer.

Al llegar a su casa, todo parece un caos de felicidad, Christine es la más molesta por ser levantada tan temprano, de modo que solo permite que Arnold la lleve en brazos y el la carga en uno y con el otro me abraza a mí, al llegar al aeropuerto, Stella toma fotos a diestra y siniestra, Phoebe habla sobre lo que hará y que buscará y le llama a Gerald diciéndole que lo extrañará, me pregunto porque me invitaron a mí y no a él, y sin que haga la pregunta ella me responde que el viajará a Texas a ver a su familia.

El vuelo es increíble, creí que la sensación de volar en mi columpio era lo máximo, pero ahora sé que es diferente, me siento sorprendida por ver las nubes y la tierra cambiar de forma entre los sistemas montañosos que forman el país. Incluso si aterrizamos y damos la vuelta sé que yo sería la persona más feliz del mundo solo por esta experiencia.

Cuando llegamos nos dirigimos a una pequeña casa, blanca, no muy lejana del aeropuerto, descargamos todo de la camioneta que alquilaron y me quedo mirando todo a mi alrededor, hay un aroma en el aire que no me puedo acostumbrar, huele a limpio y a sal.

Entramos en la enorme casa y tiene una acogedora sala de estar que termina en un gran ventanal mis ojos miran el exterior y mi maleta cae de mi mano con un golpe seco que hace que todos me miren.

- Helga ¿Qué está mal? – pregunta. El sigue mi mirada hacia lo que hay detrás de los ventanales y casi puedo ver como su rostro cambia.

- ¿Es el océano?

- Bueno sí, ¿no lo has visto nunca? – dice como si fuera cosas del otro mundo.

- No

- Llévala a que lo vea más de cerca Arnold. – Él sonríe y toma mi mano para llevarme por la puerta trasera, antes de descender los tres escalones, el me detiene.

- Espera, tienes que quitarte los zapatos, para que tengas la experiencia completa.

Arnold se quita los zapatos y se arremanga los pantalones y caminamos juntos de la mano, el aroma a salitre es más fuerte en esta parte y la arena se arremolina entre nuestros dedos mientras caminamos, está un poco húmeda mientras seguimos más allá de la marca de agua.

El agua azul se acerca con fuerza y golpea mis pies, de modo que grito y retrocedo hasta alejarme de ella y de Arnold que me mira sonriente.

- Ven aquí – grita él.

- ¡Esta fría!

- Vamos, cobarde. – Cuando el agua se aleja camino hacia él y me toma la mano con fuerza, cuando el agua se acerca.

- ¡NO! Suéltame – grito y pataleo pero él me tiene apretada entre sus brazos y me acerca al agua, antes de que el agua me toque el me besa y siento el calor recorrer mi cuerpo, es una extraña sensación frio en mis pies y calor en el resto, todo ha sido olvidado y siento que no puedo ser más feliz, cuando abro los ojos él me está mirando y siento que me sonrojo, después mira a mis pies donde el agua se arremolina alrededor de nosotros.

- ¿Esta fría?

- Ya no – digo sorprendida.

- Después de unos minutos es fácil acostumbrarse.

- ¿Quieres entrar?

- ¿Ahora?

- Ahora.

- Pero… estamos vestidos.

- ¿Y?

- ¿Qué pasa con mi brazo?

- Pues – dice mirando mi férula, el yeso fue removido pero aun tenía que usar la férula, de modo que no creo que pueda bañarme en el mar.

- Cuando salgamos te lo quitaremos y lo secaré para ti – dice sonriendo.

- Bien.

Es difícil mantenerse en el agua, y más cuando la fuerza de las olas, la succión te hace perder el pie, Arnold está a mi lado sosteniéndome y me besa suavemente, ahora sus besos son salados, pero extrañamente me gustan, cuando una ola rompe sobre nosotros y nos obliga a separarnos, siento que el mar me engulle, y sé que así me sentí toda mi vida, perdida y jalada de un lado a otro por personas más fuertes que yo, pero los brazos de Arnold me encuentran y me aprieta contra él y sé que estoy en un lugar seguro.

Seguimos jugando con las olas y el ahora ya no pierde mi agarre cuando una ola nos alcanza, el me abraza y me besa.

- Me alegra que hayas venido.

- Yo también.

- Te amo. – dice y lo miro sorprendida, antes de que procese por completo sus palabras una nueva ola lava nuestras cabezas y el me lleva a la orilla. Donde el aire frío me hace estremecer.

Mientras caminamos hacia la orilla, pienso en que si alguna vez me di el permiso de soñar que Arnold me amaba, me imagine una declaración entre velas y violines y no después de una gran ola que me expulsaba de casualidad por el océano.

- ¿Hace un poco de frío? – pregunta como si nada y me abraza, puedo sentir en su pecho el calor corporal de su horno interno y caminamos hacia la casa.

- Solo un poco – digo mientras me estremezco.

- Volvamos a casa a ayudar a desempacar y luego volvemos, tenemos dos semanas más para disfrutar esto.

Cuando llegamos, hay dos toallas y dos batas cerca de un pequeño cuarto, Arnold sonríe y me mira.

- Mamá, sabía que no te resistirías a meterte al agua, toma una toalla y métete a bañar, nos vemos en un rato. Me siento un poco expuesta en esta regadera, pues es como si aún estuviera fuera, el techo es de cristal templado y las paredes parecen de bambú. Me siento vulnerable, le lavo bien y me sorprendo de la cantidad de arena que sale de mi cabello y de mi cuerpo. Cuando termino me pongo la bata y salgo del baño.

Abro la puerta con timidez aunque la bata me cubre hasta las rodillas, Arnold luce una bata muy parecida y me mira con los ojos ampliándose sobre mí.

- Helga, solo deja tu ropa en la pileta, al rato la lavamos – grita Stella desde el interior. Los dos brincamos al escuchar su voz y ella sale para acercarse a nosotros.

- Más tarde venimos a lavarla. – Me mira una vez más y se da la vuelta para dejarme con su madre- Hombre, yo necesito otra ducha, una muy fría en verdad.

Lo miro confundida, que cosa más rara que decir, y si Stella escucho no dice nada al respecto.

- Compartirás la habitación con Phoebe y Amy si esto está bien.

- Por supuesto. Y gracias Stella por invitarme.

- De nada cariño. Estoy feliz que vinieras, ¿te gusto el mar?

- Si – digo sonriente. – Espero que no haya problema que volviéramos con la ropa mojada.

- para eso son las lavadoras – dice ella con tranquilidad y volvemos a casa.

Sonrió con placer cuando entro en mi habitación y soy recibida por las hermanas de Arnold que me abrazan y me dicen donde dormiré y todo lo que haremos, como si me hubiera ido dos años y nos solo media hora. Sé que tendré una excelente navidad.


Por alguna razón casi pierdo este capitulo, realmente ya lo tenía listo, corregido y listo para subirlo pero olvide subirlo y solo quedaban dos días para ser eliminado, según yo iba a ver en que iba para continuar con la actualización cuando dije ¿que? yo iba mas adelante, y si, así que sorry por la tardanza, mi cabeza es un lío, pero bueno aquí seguimos.

Gracias por leer y por sus reviews, ok la historia ya esta cambiando, aunque no demasiado, pero bueno veremos en los proximos si seguiré la trama original o me desvío y logro algo diferente.

Que tengan una excelente semana!

IRES