Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la gran Rumiko-sensei, yo los ocupo sin fines lucrativos.

Capítulo 10.- el gran cambio

Daba vueltas en la gran cama, apoyaba su cabeza en la almohada, para luego botarla hacia un lado, volvía a reposar boca arriba y su cuerpo no encontraba consuelo "¡maldición!" pensó mientras volvía a su antigua posición con la almohada. No podía dejar de pensar en lo sucedido esa tarde y mucho menos dejar de pensar en el hecho de que quizás kagome fuera hija de Naraku. ¿Y si todo resultaba cierto? ¿Qué demonios haría? ¿Aceptaría el matrimonio? Definitivamente eso se le estaba saliendo de control. Hubiera esperado cualquier cosa menos eso, y por lo que se daba cuenta ella no estaba enterada del trato.

Debía hablar con Naraku para dejar en claro un par de cosas, a pesar de que kagome fuera una molesta chiquilla no permitiría que el la ocupara para sus sucios negocios porque estaba más que claro que solo para eso la quería, como lo había hecho con kikyo.

Enterró su cara de nuevo en la almohada y trató de conciliar el sueño.

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Despertó y su mente aún estaba un tanto confusa, miró la habitación sin poder reconocerla, hasta que recordó todo lo de la noche pasada. Su discusión con Sesshomaru y la llegada a su nueva casa con su nuevo padre y ni que decir de la mujer que vivía con él. Kagura. Si, ese era el nombre de la mujer, cuando llegó a la mansión fue recibida por ella aunque a pesar de parecer amable la verdad es que lo hipócrita le salía por los poros. Kagome se regañó mentalmente, ella nunca juzgaba a las personas antes de conocerlas pero esa mujer era demasiado obvia.

Caminó por la habitación reconociendo el espacio, era grande y mucho más espacioso que la habitación que tenía con los Taisho pero a pesar de eso era más nostálgico el ambiente, nada comparado con la alegría que sentía en aquella habitación. Su mente divago un momento recordando a Sesshomaru y sintió un vacío inexplicable, no lo vería de nuevo y eso le dolía, unas lágrimas rodaron sus mejillas pero así como brotaron ella las limpió. Se creía tonta por haber caído enamorada de ese estúpido, ególatra, arrogante.

Unos golpes en la puerta la hicieron salir de sus cavilaciones y se dio un rápido vistazo en el espejo para atender.

—Buenos días— Kagura estaba parada del otro lado de la puerta con una sonrisa en los labios.

—Bu…buenos días— recordó lo que había estado pensando anteriormente y se sintió pésimo—perdón por levantarme tan tarde…

—tranquila—interrumpió—solo quería saber que deseabas desayunar, tu padre salió temprano y me encargo que te hiciera sentir de maravilla—kagome abrió desmesuradamente los ojos y devolvió una sonrisa a la mujer—te espero abajo, no tardes.

Se vistió lo más rápido que pudo y bajó las escaleras para encontrar una mesa muy bien servida. Su comida favorita estaba presente, todo era perfecto.

—En cuanto terminemos de desayunar iremos de compras ¿te parece?—asintió aun abrumada por el recibimiento y se sentó a desayunar. Indudablemente había juzgado mal a la mujer de su padre y por lo que veía las cosas iban a ser diferentes aquí, tal vez por fin lograría un poco de felicidad.

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El centro comercial estaba repleto de gente y eso no ayudaba mucho a kagome, pero al parecer a Kagura no le importaba en lo más mínimo, caminaba altanera en el lugar y las mujeres la miraban con envidia. Lo reconocía, era una mujer hermosa y entendía porque las miradas hacia ella.

—Kagome querida no te aflijas por las mujeres, siempre son así— pronuncio al ver la confusión de kagome— cambiaremos un poco tu ropa…digo sino te molesta— ¿ahora su ropa? ¿Acaso Naraku quería cambiarla por completo? Trato de asimilar eso aunque pensándolo mejor no era tan mala idea si quería tener una nueva vida tendría que tener una nueva actitud. Con eso último se dejó guiar por Kagura que era perfecta para su nuevo objetivo.

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Estaba parado en la puerta de la universidad y buscaba con la mirada a cierta azabache, necesitaba hablar con ella y poder preguntarle acerca de su relación con Naraku a pesar de creer saber la respuesta quería escucharla de sus propios labios.

No dejaba de sentirse irritado por la última experiencia vivida con Koga y su rápida conciliación con kagome ¿acaso ya andaban? Lo dudaba si así fuera ella no se hubiera dejado besar por él. Reía mentalmente por eso, aunque luego todo se iba al caño por recordar que Koga era su amigo o al menos lo fue.

Escuchó un auto detenerse y se dio cuenta de que era el auto de Koga, su estómago se retorció pero aun así su inflexible rostro no cambió.

—Buenos días Sesshomaru ¿has visto a kagome?— Sesshomaru estuvo tentado a no responder pero valía más su educación

—No la he visto—fue lo único que pronunció y se retiró del lugar dejando a Koga feliz por haber hecho enojar al ambarino sabía que aunque no lo demostró, lo estaba.

A los pocos minutos Koga vio bajar a kagome de un auto color plata. Casi se ahoga al verla completamente diferente. Su cabello azabache estaba ligeramente ondulado y caía perfectamente por su espalda, un vestido color blanco pegado a su figura pronunciaba su bien dotado cuerpo, que él ya había notado pero estaba más pronunciado ahora, el vestido llegaba a mitad de sus piernas y unas zapatillas negras que hacían juego con su color de cabello. Estaba hermosa.

Kagome trató de caminar lo mejor que pudo. Kagura le había dicho que el secreto para caminar bien era la seguridad, claro lo que ella menos tenía en esos momentos de su vida. Se sentía un tanto incomoda por el vestido que aún se preguntaba si era adecuado para ir a clases. Trató de mostrar seguridad y levantó su vista solo para darse cuenta de que Koga la miraba sin pudor. Se sonrojó y todo se vino abajo, maldita seguridad que tenía. Antes de tropezar Koga la detuvo.

— ¿Estás bien?—ella asintió y le sonrió

—lo lamento soy un tanto torpe

—kagome te vez…hermosa—su sonrojo se incrementó y no pasó desapercibido por Koga— no debería sorprenderte sabes que eres hermosa.

—gracias…—su corazón palpitó al ver al ambarino parado en la puerta del edificio y a como pudo recuperó su postura y libertad porque aún seguía en brazos de Koga. Tenía que olvidar todo lo ocurrido con respecto a él si no quería sentirse peor de lo que ya estaba.

Sesshomaru por un momento olvido todo su mundo al verla ahí tan esplendida cuan diosa, su cuerpo tan exquisito. Quería llegar y alejarla del bastardo de Koga y poder estrujarla entre sus brazos, besarla como si de eso dependiera su vida y poseerla. Pero sabía que no estaba en esas condiciones, porque la había hecho llorar la noche pasada y ella lo odiaba ahora. Trató de calmar sus bajos instintos y no cambiar su cara por una de asombro.

Ella caminó para adentrarse y pasar a la universidad

—Nos vemos luego Koga— agitó su mano y entró sin siquiera mirar al ambarino.

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Sesshomaru estaba aún más confundido ¿Por qué kagome lo había ignorado? No quería aceptarlo pero se sintió más que humillado al hacerle ese desplante frente a Koga y por si fuera poco lo ignoró todo lo que quedaba de día en la universidad.

—Sesshomaru hijo ¿te encuentras bien?—la voz de Izayoi lo devolvió a la realidad

—oh si, solo estoy un poco cansado— iba a retirarse pero recordó que con todo lo pasado olvidó preguntarle a la azabache acerca de Naraku—madre tengo una duda y quiero que me contestes la verdad— Izayoi casi pudo sentir escalofrío por la voz de su primogénito, ya sabía lo que preguntaría aun así asintió— ¿kagome es la hija de Naraku con la que tengo que casarme?—no recibió respuesta inmediata pero pudo ver que su madre afirmó con un movimiento de cabeza

—Hijo kagome no tiene la culpa— respondió después de un minuto. Sesshomaru muy en su interior se sintió feliz por enterarse de que ella sería su "prometida", ahora no importaba si lo ignoraba, después de todo ella estaría con él.

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Kagome llegó casi muriéndose a la mansión Fuurinji, lo suyo no eran los vestidos y mucho menos los tacones.

— ¿Cómo te fue?— escucho la voz de Kagura, que estaba sentada en uno de los muebles de la sala.

—debería decir que bien, aunque me están matando los tacones—la oji-rojo sonrió y se acercó a ella.

—Ya te acostumbraras querida, por cierto tu padre dijo que quería hablar contigo— kagome miró a su alrededor y buscó el despacho. Lo encontró y se encaminó.

Kagura regresó a su asiento y sonrió de lado, no soportaba tener que tratar con esa chiquilla, si no fuera porque Naraku prácticamente la amenazó ya la hubiera puesto en su lugar. Por si fuera poco tenía que refinarla, según lo que le informó Naraku. Detestaba eso, nadie se compararía con ella ¡NADIE! Y mucho menos esa bastarda hija de Midoriko. Pero tenía que cooperar en los planes de su cónyuge si quería una mejor vida.

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Después de media hora de hablar con su padre, kagome salió del despacho decidida a ir directo a su habitación pero cuando cruzó la sala escuchó a Kagura hablar con un chico y para decir verdad la voz le era muy conocida.

—Kagome ven, te quiero presentar a mi hijo— se giró al escuchar la voz de Kagura y lo vio ahí parado.

— ¿tu?...

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Hasta aquí el capítulo.

Sé que no merezco piedad por tardar tanto en actualizar, pero esta vez sí tengo una buena justificación por mi falta. La verdad es que mi computadora se formateó y la desgraciada borró todas las actualizaciones que tenía por subir u.u, aun así traté de reescribir todo lo más rápido que pude.

También quiero agradecer a Paulii Taisho, sin ella éste capítulo no habría salido a la luz, y si hay reclamos acerca de la forma en que ignoró kagome a Sesshomaru, contra ella por darme la idea *risa macabra*, mi musa de inspiración había renunciado y ella me ayudó.

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