Capítulo 10: Dos Almas

El ambiente se ponía cada vez más pesado, dificultando su respiración. Se encontraba en un corredor oscuro y oxidado donde al final, muy a lo lejos, podía distinguirse una luz verde saliendo de una habitación.

Rarity miró a su alrededor sin poder ver nada más que sombras. Escuchaba chirridos metálicos y una tos débil que provenía de algún lado en aquel pasillo. Pero ella permaneció inmóvil, no quería continuar, sabía que no encontraría nada bueno en aquella habitación verdosa.

Hacía un frío cada vez más intenso. La temperatura descendía rápidamente, provocándole escalofríos. Cada vez que respiraba veía pequeñas nubes de vapor frente a sus ojos, desvaneciéndose en el aire.

-Sálvame, y te salvarás.-Dijo una voz en su cabeza.

Rarity se estremeció. El brillo esmeralda era hipnótico y la invitaba a acercarse, pero ella trataba de resistirse. Temblaba y sentía una presión cada vez más fuerte en el pecho, como si estuviesen comprimiéndola.

Abrió la boca buscando aire, pero recibió una ráfaga helada que prácticamente le congeló la sangre. Se sentía entumecida y débil, y aquella luz al final del pasillo prometía un ambiente cálido libre de sufrimiento. La tentación era cada vez más fuerte, lo que hizo que moviera una de sus patas hacia delante.

Al hacerlo pudo sentir como si una presencia fantasmal se moviese a su lado. Por un momento el frío desapareció, pero regresó de forma inmediata. La promesa de la luz verde era irresistible.

Comenzó a caminar sin detenerse. La presión desaparecía, el aire perdía su densidad y se sentía mejor. La habitación estaba cada vez más cerca, y su resplandor esmeralda era verdaderamente intenso y deslumbrante.

Se detuvo frente a la entrada y miró a sus espaldas. El pasillo oscuro parecía no tener fin, y de todos modos no había nada por lo que regresar. Sintiéndose manipulada una vez más, Rarity entró en aquella habitación arrastrando los cascos, y la puerta se cerró detrás suyo.


Ella estaba tendida boca arriba en la camilla, con los ojos abiertos pero la mirada extraviada. Las cortinas de la habitación tapaban las ventanas y bloqueaban la entrada de luz del sol.

A su lado se encontraban la enfermera Redheart y el doctor Stable verificando su estado y comparando notas.

-¿La hemos perdido, doctor?-

-Aún no lo sé. Su capacidad de respuesta ha desaparecido, no podemos comunicarnos con ella. Vea.-

El doctor acercó su rostro a Rarity y le habló en voz baja.

-¿Cómo estás?-

No hubo respuesta. Ella ni siquiera lo miró. Seguía con la vista fija en el techo y la boca entreabierta, respirando con normalidad.

A continuación el doctor tomó una jeringuilla usando su magia y con ayuda de la enferma la llenó de un poderoso sedante. Le aplicó la inyección a Rarity, que no se inmutó, y esperó a ver si hacía efecto.

Los ojos de Rarity comenzaron a cerrarse mientras hacía un extraño gesto que llamó la atención de Redheart.

-Doctor, parece que...-

-¿Cómo dice?-

-Su expresión. Creo que quiso decirnos algo.-

El doctor volvió a mirar a Rarity y negó con la cabeza.

-Lo dudo. Algo me dice que ella ahora está muy lejos de aquí.-Hizo una pausa y con un tono más molesto agregó.-Haga que suban la calefacción en esta habitación, por favor.-

Dicho esto, Stable tomó su maletín con magia y se retiró seguido por la enfermera que apagó las luces. El cuarto quedó totalmente a oscuras sumido en el silencio más profundo, con un extraño frío apoderándose de cada rincón.


Ahora estaba sedada y fuera de combate. La mente de Rarity empezó a llenarse de imágenes confusas, no podía distinguir nada claro, excepto el rostro de aquel que llevaba ya mucho tiempo torturándola.

-Vete de aquí, por favor...-Murmuró Rarity.

Una poderosa luz esmeralda le dio en el rostro, cegándola. A su alrededor todo era una nebulosa verde de la que salían voces cuyas palabras eran incomprensibles. Frente a ella se materializó una réplica suya que la miró directo a los ojos.

-Sólo tienes que ceder y todo terminará.-

-Déjame en paz...-

-Te prometo una salida.-La réplica sonrió casi amistosamente.

Rarity mantenía la cabeza gacha. Le temblaba la mandíbula y sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Recuerda todo lo que pasamos juntas, ya estamos en el final.-Dijo la réplica.

-No puedo pensar con claridad...-Rarity se dejó caer y ocultó el rostro entre sus cascos.

Su doble se acercó y le tocó la crin con su cuerno. Rarity alzó la vista, en un parpadeo pudo ver al extraño pony con su forma grotesca parado allí, pero luego volvió a ver a la réplica que intentaba reconfortarla.

-Has resistido mucho.-Observó su doble con calma.-Estamos en el final.-Repitió luego.

Rarity no contestó, su mente era un torbellino. No veía más que niebla esmeralda por todos lados, tras la cual se oían voces y ahora podían distinguirse siluetas moviéndose.

-Fluttershy...-Murmuró Rarity como si estuviese llamándola.

La réplica se alejó unos pasos. A su lado, emergiendo de la nebulosa, apareció Fluttershy. Su amiga se acercó y se acostó frente a Rarity, dedicándole una sonrisa cálida y una mirada cariñosa. Rarity también sonrió, pasándose un casco por la cara para limpiar las lágrimas.

-Es el final, Rarity. Pero no te preocupes, pase lo que pase estaré contigo.-Le dijo Fluttershy.

-Te quiero mucho, Fluttershy, nunca me abandones.-Rarity sollozó y le tocó el rostro a su amiga con uno de sus cascos, como si comprobase que era real. Y así parecía. La pegaso le dio un abrazo que alivió muchas de las penas de la joven unicornio. A cierta distancia la réplica observaba detenidamente. Hizo un movimiento con la cabeza, y de otro sector de la niebla emergió Twilight.

Rarity se emocionó aún más al ver a su amiga. Ya estaba perdiendo la noción de lo que sucedía, en lo único en lo que se enfocaba era en estar con sus amistades, recibiendo su apoyo y cariño.

O al menos eso creía.


Lejos del hospital, en la biblioteca, Twilight releía una y otra vez la carta de Celestia con una profunda angustia. No podía ser, no quería creer eso.

La carta de Celestia comenzaba diciendo que lamentaba mucho todo lo que había pasado, pues Rarity ya no podía ser salvada. La Princesa adjuntó a la carta unas hojas que parecían transcripciones de un libro que Twilight no conocía. Esos textos hablaban de la fusión de almas, cómo seres poderosos podían llegar a sustentar una vida parasitaria en un huésped al que le succionarían hasta el último aliento. Más allá de esos detalles había una lista de objetos al final. Eran siete, y entre ellos se encontraba apuntado un diamante color esmeralda con corazón anaranjado.

Celestia detallaba que aquello que vivía en el diamante era un windigo. Casi todo el mundo pensaba que habían desaparecido con la fundación de Equestria, pero siete de ellos evadieron el fuego de la amistad y escaparon a diversos rincones del mundo, ocultándose en objetos aparentemente inofensivos. Hasta la fecha Celestia nunca antes había presenciado un caso así, y eso la preocupaba. Sin embargo creía que los windigos serían incapaces de recuperar el poder que alguna vez tuvieron, por lo que las instrucciones en la carta decían dejar a Rarity en paz hasta que el windigo asuma total control de su cuerpo. Luego ella misma iría a Ponyville para ocuparse de él. Al final del pergamino se encontraba una última advertencia para Twilight: No tenía que intentar nada. Lidiaban con algo que estaba mucho más allá de una posesión o lo que fuera, se trataba de una fusión de almas. La unión podría llegar a ser tan fuerte que atacar a una, afectaría a la otra. O peor, podría darle al windigo una vía de escape a otro huésped.

Las órdenes de Celestia eran claras. El windigo tenía que absorber el alma de Rarity, apoderarse totalmente de ella. Y entonces sólo quedaría él, listo para ser ajusticiado. Hecho ésto se harían los honores correspondientes para la joven unicornio. Pero bajo ningún concepto atacar al windigo cuando aún tenía a Rarity como escudo.

Finalmente, la última línea eran más palabras de apoyo y la petición de que Twilight se enfoque en buscar un nuevo Elemento de la Generosidad.

Twilight dejó la carta a un lado con una expresión de furia y comenzó a caminar en círculos, pensando qué hacer. Spike estaba sentado en el suelo a un costado, cabizbajo y sin poder decir nada.

Se acercaba el final de la tarde y Twilight empezó a sentir un fuerte apremio. No podía perder más tiempo y tenía que hacer algo. Se puso a buscar libros frenéticamente, mientras que Spike se levantaba con lentitud y caminaba hacia su amiga. Esquivó un par de libros que salieron despedidos en su dirección, se acercó a Twilight y le llamó la atención tocándole una de sus patas.

Ella dejó lo que estaba haciendo y lo miró. Jamás lo había visto tan triste, la expresión del pequeño dragón le partió el alma.

-¿Vamos... a dejarla...?-Preguntó Spike hablando con dificultad.

-No. Tenemos que ayudarla.-Contestó Twilight con firmeza.

Volvió a lo suyo mientras pensaba en todas las posibilidades. Tenía que idear un plan cuanto antes, y en ese momento varias piezas iban cayendo en sus lugares. Lo primero que necesitaba era tiempo.

Cerró un libro y miró a Spike de reojo. Aún estaba a su lado, sin saber qué hacer. Twilight se dirigió a él con seriedad pero a la vez con afecto.

-Spike, no vamos a abandonarla. Por eso necesito que hagas algo muy importante.-

-Haré lo que sea.-Respondió Spike casi en un susurro.

-Quiero que vayas a Canterlot esta noche, y busques a la Princesa Luna. Dile que la necesito aquí, pero por nada del mundo dejes que la Princesa Celestia se entere.-

-Claro...-

-Vamos a poner todo en juego por Rarity.-Sentenció Twilight, y Spike le dio un fuerte abrazo.

Cuando se separaron, sin decir nada más, Spike se fue a alistarse para partir. Twilight por su lado tomó unos libros y salió de la biblioteca. Ahora tenía que reunir a sus amigas para actuar lo más rápido posible.


En esos momentos Rarity se encontraba inmóvil en medio de una densa neblina esmeralda acompañada por todas sus amigas. Una silueta de gran tamaño se movía alrededor de ellas, creando una especie de espiral ascendente.

Una brisa helada hizo estremecer a Rarity, que fue cobijada por un ala de Fluttershy. La miró a los ojos, que tenían un llamativo tono azulado. Ella le sonrió, y Rarity devolvió el gesto con gratitud.

-¿Qué está pasando?-Preguntó la unicornio.

-Todas estamos por irnos de aquí. Tú te aferras mucho a todo lo que conoces, pero debes dejarte llevar.-Contestó Fluttershy.

-Más allá hay un mundo fantástico, lo hemos visto.-Agregó Twilight.

-Y no queríamos irnos sin ti. Todas hicimos sacrificios.-Puntualizó Rainbow Dash.

-Gracias... por esperarme...-

-Nunca te abandonaríamos.-Dijo Pinkie.

-Siempre estaremos juntas.-Applejack sonrió con cariño a su amiga.

Rarity estaba perdiendo noción de lo que pasaba. Las promesas de una salida tras tanta agonía le hacían ceder. Y no podía enfrentarlas, veía a sus amigas junto a ella dando muestras de afecto y contención. Sabía que al menos estaría acompañada... pero algo le molestaba. Una mínima sensación de que todo lo que tenía frente a sus ojos eran carcasas llenas de mentiras, pero cuando sentía el ala de Fluttershy protegiéndola del frío se dejaba llevar.

Probablemente aún no se había dado cuenta, ya que estaba cegada y entregada a sus amigas, pero acababa de rendirse. Ya no oponía resistencia, el miedo seguía presente pero no dominaba. Las puertas de su alma comenzaban a abrirse. Todas sus defensas habían sido derrotadas, y con cada derrota su enemigo se hacía más fuerte. Tras las últimas promesas ella sólo quería terminar con todo. "Es el final" dijo su réplica. Era momento de entregarse y poner punto final a ese largo tormento. Podía imaginarse la paz y calma que llegarían en poco tiempo...


Ya era de noche, y bajo la luz de las estrellas se habían reunido cinco ponies a metros de la casa de Fluttershy. Allí estaban las amigas de Rarity dispuestas a ir contra viento y marea por ella.

Twilight las reunió sin muchos motivos, simplemente dijo que era urgente. Una vez que estuvieron todas juntas comenzaron las preguntas, y la estudiante de Celestia se vio acorralada, no quería generar discordia entre ellas y la Princesa... pero debía decir la verdad.

-Tenemos que llegar hasta Rarity, no podemos perder más tiempo...-El aspecto que tenía con su crin revuelta y rastros de lágrimas por el rostro no era la imagen más alentadora.

-Te ves muy alterada, Twilight.-Observó Rainbow Dash.

Las demás hicieron gestos afirmativos. Todas sentían apremio y necesidad por ayudar, pero lo que veían en Twilight rayaba en la desesperación más desquiciante.

-La verdad, chicas, es que recibí una carta de la Princesa Celestia...-

-¿Y qué decía?-Pero antes de que Twilight respondiese, Rainbow prosiguió.-Te lo dije. Tendríamos que haberla llamado desde un principio.-

-Pues siento decepcionarte, pero ella dijo que no hagamos nada.-Contestó Twilight con una nota de furia en su voz.

Las demás se quedaron heladas, sin decir ni una palabra. Rainbow Dash movió la boca como para agregar algo, pero se calló. En cambio, la primera en hablar fue Applejack.

-¿Estás segura?-Preguntó incrédula.

-Sí. Expresamente dijo que lidiamos con un windigo, que es peligroso tratar de hacer algo y que teníamos que dejarlo apoderarse de Rarity para eliminarlo completamente...-

-Pero eso no tiene sentido.-Murmuró Rainbow que dio un golpe al suelo con su casco.

-Ella dice que el windigo tiene a Rarity como si fuera un escudo. Si lo atacamos, podemos dañarla a ella.-Hizo una pausa.-Bueno, en realidad es garantía que la dañaremos. El punto es que prefiere mancharse los cascos por un windigo antes que por Rarity y un windigo.-

-Me parece atroz.-Opinó Pinkie con indignación.

-No pienso quedarme aquí sin hacer nada, no puedo creer que hayamos llegado a esto.-Se quejó Rainbow Dash.

-Iremos al hospital esta misma noche, Rainbow.-Dijo Twilight tratando de calmarla.

Fluttershy hizo un gesto con su ala para pedir la palabra mientras las demás hablaban todas al mismo tiempo. El ambiente de alteración era cada vez mayor.

-Dime, Fluttershy.-

-Twilight... ¿qué vamos a hacer, exactamente? Quiero ayudar.-

La aludida asintió y pidió silencio. Cuando todas se prestaron a escuchar, expuso el plan y la situación.

-Hasta ahora no hemos actuado bien en consecuencia porque nunca supimos qué pasaba exactamente. Este windigo jamás dejó de avanzar, miren cómo estamos. Ustedes fueron al hospital y la vieron, Rarity ya no se comunica con nosotras.-

Hubo murmullos de tristeza y ademanes confirmando esto. La más apenada era Fluttershy, pero aún así levantó un casco.

-¿Sí?-

-Habló conmigo... muy poco, pero algo.-

-Eso es importante. Fluttershy será clave para acercarse a ella.-Observó Twilight.

-Sí, creo lo mismo. Son amigas muy cercanas.-Agregó Applejack y sonrió a Fluttershy, buscando darle apoyo.

-Muy bien. Esto no será fácil. En todo este tiempo el windigo aisló a Rarity, quebró su mente, quebró su espíritu... la tiene a su merced, y no sabemos con qué nos podemos encontrar. Así que seguiremos el plan de Rainbow Dash para entrar en el hospital.-

-Perfecto. Conozco los mejores caminos.-Dijo la pegaso multicolor.

-Yo sé donde está Rarity, llegué con ayuda de una enfermera.-Aportó Fluttershy.

-Tenemos las rutas de acceso, la ubicación, y ahora el resto. Traje libros sobre magia, exorcismos y cosas delicadas por el estilo... que usaré una vez que estemos allí. Pero teniendo en cuenta la naturaleza de los windigos y lo que este ha hecho con Rarity, todas deberíamos estar ahí. ¿Recuerdan la leyenda? Hay que encender el fuego de la amistad.-

No hizo falta agregar nada más. Se dieron un abrazo grupal que selló el compromiso de todas en la incursión de esa noche. Sabían lo que arriesgaban y el peligro que enfrentarían, pero lo darían todo por salvar a su amiga.

Se encaminaron hacia el hospital a la luz de la luna. La noche no auguraba muchas cosas positivas, pero albergaban una esperanza.