Descargo de Responsabilidad: The PowerPuff Girls le pertenece a Craig McCracken.
Advertencia: AU. OoC. Malas palabras. Chicas y chicos sin poderes.
Pareja: Todas.
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Brick meditó la respuesta, y Blossom trató de esperar pacientemente por ella, ignorando el sentimiento de nervios que crecía en su estómago, obligándose a sí misma a creer que el sándwich le había caído mal, y que no era porque Brick se demoraba en responder.
—Eres la chica del lodo, no me puedes gustar —dijo con diversión—. Demasiado inmadura para mí.
— ¡Oh, vamos! —Blossom hizo un gesto de desesperación—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no estaba jugando? ¡Me había caído!
—Ya, claro.
— ¿Y has dicho inmadura? —Ignoró la risa sarcástica del muchacho y lo fulminó con la mirada—. ¡Como si tú fueras muy maduro!
—Más maduro que tú, porque al menos yo no juego en el lodo.
— ¡Que me he caído!
Nuevamente, el pelirrojo rio, haciendo que la chica se molestara aún más.
Brick Him podía ser muy simpático y caballero, pero cuando realmente se lo proponía, era un tipo de lo más molesto. Además, venir a responder a su pregunta con esa respuesta tan... ¡Estúpida! ¡Eso era inmaduro! ¡Él era mucho más inmaduro de lo que era ella, eso seguro!
Vio que el chico volvería a tomar un sándwich, pero se detuvo para mirar a su alrededor con una ceja arqueada.
— ¿Qué pasa?
— ¿No estaban Boomer y Bubbles aquí hace un par de minutos?
— ¿Eh? —Blossom también miró a su alrededor y, efectivamente, su hermana menor y el rubio ya no estaban, solo logró ver a Buttercup y a Butch totalmente empapados y discutiendo entre sí en la orilla del lago—. ¿Adónde han ido?
—Ni idea —respondió con un encogimiento de hombros—. Pero cálmate, Boomer es incapaz de siquiera hacerle daño a una flor. Y mucho menos le haría daño a tu hermana.
La cara de Bubbles se deformó en una mueca de horror, a lo que Boomer respondió soltando una sonora carcajada.
— ¡Aléjalo, aléjalo! —Alzó su mano y la sacudió frenéticamente por el frente de su cara—. ¡Boomer Him, aleja esa cosa ahora!
—Oh, eres una pesada —le recriminó el rubio, y volvió el pequeño caracol que tenía en la mano hacia sí mismo—. Es una cosita tan linda, no sé cómo le tienes miedo.
— ¡Es asqueroso!
—No, lo que pasa es que eres miedosa.
—Sí, exacto —admitió Bubbles, orgullosa—. El miedo nos hace personas.
Boomer dejó al pequeño caracol sobre la rama más baja de un árbol y se volteó otra vez hacia la rubia de coletas, mirándola con expresión confusa.
—Eso no tiene sentido —puntualizó, y comenzó a caminar por el sendero entre medio de las flores de diferentes colores—. Vamos, Bubbles.
—Vale, escucha —Bubbles lo siguió cautelosa de no encontrarse con algún otro bicho—, este campo de flores o lo que sea está muy lindo, pero me gustaría volver. No deseo ver otra de esas cosas asquerosas.
—Está bien —aceptó el rubio, pero no detuvo su andanza—. Solo lleguemos al árbol de manzanas que está un poco más allá, podríamos coger algunas para el viaje de vuelta.
Bubbles se limitó a soltar un quejido de lamentación y siguió los pasos del rubio por entre el sendero. Definitivamente había sido una mala idea decirle que estaba aburrida y que quería conocer otro lugar, y no mentiría que sintió un poco de emoción cuando él mencionó el campo de flores. Era bastante bonito, lo admitía, y estar rodeados de flores de tonalidades distintas por donde mirases era aún más lindo, pero no había pensado realmente en que estaría lleno de bichos, aunque hasta el momento solo había visto unas dos o tres abejas que ni les prestaron atención, un escarabajo muy pequeño y el caracol que Boomer había utilizado para asustarla.
— ¿Falta mucho?
—No, está allí —Boomer apuntó hacia un frondoso y gran árbol que estaba a unos cuantos metros de distancia de ellos—. Es una suerte que no muchas personas conozcan este árbol, sino ya ni habrían manzanas.
—Como si hubiera mucha gente por aquí.
—En el pueblo hay mucha gente —le dijo, un poco ofendido—. Bueno, supongo que tú vienes de una ciudad con muchas personas, y la gente que hay acá debe ser poca para ti.
—Exacto —Bubbles dio unos cuantos pasos rápidos para alcanzar al Him—. Vengo de Saltadilla.
— ¿Saltadilla, eh? Tengo un tío allá, según nos cuenta, es una ciudad muy grande.
— ¿Tienes un tío en Saltadilla y nunca has ido?
—A mí y a mis hermanos no nos llama mucho la atención la ciudad, estamos cómodos aquí —Boomer se detuvo bajo la sombra del manzano y sonrió—. ¿No te importaría llevar unas cuántas manzanas?
Bubbles hizo una mueca que indicaba claramente que sí le importaría, pero el adolescente de ojos azules ensanchó su sonrisa.
— ¡Sabía que querrías ayudar, Bubbles! —Exclamó animada mente e, igual de animado, alzó una de sus manos y cogió una manzana roja que colgaba sobre su cabeza—. Solo serán unas cuántas, no pongas esa cara.
Bubbles lo vio ponerse de puntillas y dar saltos para sacar unas que estaban fuera de su alcance, y en cuanto las cogía, se las pasaba a ella. Contó cinco brillantes manzanas rojas en sus brazos, los cuales había puesto en forma de canasta para llevarlas.
Miró con interés una manzana que parecía estar totalmente fuera del alcance del rubio —que de por sí era bastante alto—, y que él la había ignorado por la misma razón de que no la alcanzaría ni dando largos saltos.
—Esa —apuntó con el dedo a la manzana, que a su parecer se veía muy apetitosa. Boomer miró hacia donde apuntaba con las cejas alzadas—. Hay que sacar esa.
—Está demasiado alta, no la alcanzo.
—Ya sé —se acercó a él con paso rápido—. Pero yo sí.
— ¿Tú? —Boomer soltó una risa divertida—. Apenas y me llegas al hombro, Bubbles.
—Pero sí me alzas, creo que la puedo alcanzar —le dijo, decidida y, casi al instante, se sonrojó—. B-bueno, solo s-si quieres...
—Mmh... —para suerte de la de coletas, Boomer se había ocupado más en medir a cuánta distancia estaba la dichosa manzana—. Tienes razón, podríamos alcanzarla.
—Ah, pues bi... ¡Oye, ¿qué haces?! —miró casi horrorizada como el rubio se quitaba la camiseta sin siquiera importarle que ella lo mirase—. ¡Boomer!
—Hay que dejar las manzanas sobre algo, ¿no? —le preguntó como si nada antes de tomar las manzanas que Bubbles sostenía en los brazos. Dejó la camiseta en el suelo de tierra y a las manzanas sobre ella.
—Bien... —se acercó al árbol y miró la manzana que quería alcanzar, tan roja como seguramente estaba su cara en esos minutos—. Tal vez logre sacar unas cuantas más.
—No estaría mal —fue hasta la rubia y la tomó por la cintura sin previo aviso—. ¿La alcanzas?
Bubbles asintió con la cabeza y estiró su mano temblorosa hasta la manzana. Deseaba con todas sus fuerzas que sus manos fueran las únicas que temblaran, porque si no Boomer seguramente se daría cuenta de que estaba más que nerviosa, y aunque ella no lograra verle la cara, suponía que él no estaba ni a lo lejos de nervioso, ya que la sostenía de la cintura totalmente confiado.
—Y-ya no puedo cargar más... —le dijo con un hilo de voz, por lo que Boomer la bajó y miró maravillado las manzanas que la chica había cogido.
— ¡Definitivamente las que están más arriba son las mejores! —Le comentó emocionado, pero toda emoción desapareció al ver el sonrojado rostro de Bubbles, que le evitaba la mirada—. ¿Qué pasa? —le preguntó, y cayó en cuenta en lo cerca que habían acabado—. P-perdona...
—No pasa nada —sonrió sin mirarlo y se volteó hacia la camiseta del rubio y dejó las manzanas junto a las otras, tratando de calmarse a sí misma—. ¿Nos vamos ya?
— ¡Maldición, no seas tramposa!
— ¿Tramposa? ¡Tú eres el tramposo aquí!
Butch miró a la chica pelinegra que goteaba agua y soltó un resoplido. Estaba más que seguro que él había sido el que había ganado, ya que salió a la orilla dos segundos —los contó— antes de los que había salido ella, y por la cara que había puesto Buttercup era más que obvio que sabía que había perdido, pero luego, de la nada, salió con lo que él era un tramposo, ¡él, un tramposo! ¡No era nada más que palabrería para no admitir que había perdido!
— ¡Otra vez! —Le retó la morena con una expresión desafiadora en el rostro—. ¡La revancha de la revancha!
— ¡Ah, no! ¡Nada de eso! —exclamó Butch, él estaba seguro de que había ganado limpiamente—. ¡Sabes que he ganado yo!
— ¡He salido al mismo tiempo que tú!
— ¡No es verdad, llegaste a la orilla dos segundos después!
— ¡¿Los has contando?! ¡Qué patético!
— ¡Dos segundos!
— ¡Seguro que ni sabes ni contar!
— ¡Dos segundos!
— ¡Llegue al mismo tiempo!
— ¡Dos segundos!
Blossom y Brick miraron a lo lejos la disputa, divertidos por tal escena de dos furiosos y agitados pelinegros. Habían dejado de hablar entre sí y habían acordado silenciosamente reírse de ellos dos, mientras se comían los dos últimos sándwiches.
—Te juro que creía que ellos eran los únicos que se llevaban bien.
—Yo pienso que tú y yo también nos llevamos bien —le comentó Brick a la pelirroja, que le miró como si hubiera dicho un chiste—. ¿Qué?
— ¿Consideras que repetirme lo del lodo a cada media hora pudiera llevar a que nos llevásemos bien?
—Anda, no seas rencorosa —le reprochó con una sonrisa—. Lo de la chica del lodo es un apodo cariñoso, ¿vale?
Antes de que la mayor de las hermanas pudiera responder, alguien les salpicó agua a los dos. Ambos pestañearon sorprendidos, pero toda sorpresa desapareció al ver a los dos morenos lanzándose agua —entre ellos y hacia todos lados— como si estuvieran protagonizando una guerra a muerte.
— ¡He ganado yo, asume que has perdido!
— ¡Quiero una revancha de revancha!
— ¡Ag, eres imposible!
— ¡Y tú un tramposo!
Brick dio un largo suspiro y se levantó, sacudiéndose los vaqueros de paso.
—Creo que deberíamos irnos —le extendió la mano a Blossom para ayudarla a levantarse, ella la cogió mientras asentía con la cabeza—. Puede que luego se comiencen a ahogar entre sí.
Bebió de un solo trago su taza de leche fría y se limpió con el dorso de la mano. Blossom, sentada a su lado, hizo una notable mueca.
— ¿Por qué tanta prisa, Butter?
—Tengo cosas que hacer.
— ¿Acaso tienes prisa por ir a pasear a los caballos? —El abuelo le sonrió con orgullo—. ¡Esa es mi nieta, sabía que...!
—En realidad no —le interrumpió la morena—. Tengo que ir a ver a ese idiota.
— ¿A quién te refieres con idiota?
—Nada, nada.
Bubbles alzó las cejas con extrañeza cuando su hermana le dio una última mascada a su tostada para luego salir a toda prisa de la granja. Miró a Blossom, que le dirigió una mirada parecida, y no pudo más que encogerse de hombros mientras se acababa su desayuno.
— ¡Vaya, parece que Buttercup está muy entusiasmada con ayudar en la granja! —La abuela entró a la vez que la pelinegra había salido, y miró sonriente a los presentes sentados en la mesa—. Ustedes chicas también deberían estar igual de emocionadas.
— ¿Con eso estás diciendo que...? —Blossom entrecerró los ojos, a la espera de no recibir la respuesta que se imaginaba que recibiría.
— ¡Que hoy también deben ayudar, por supuesto!
— ¡Ag, no, por favor!
Miró al chico que, de espaldas a ella, acariciaba a un caballo marrón que se veía bastante anciano. Tuvo que carraspear un par de veces para que él se volteara a mirarla.
— ¡Oh, en serio has venido!
— ¿Qué pasa con ese tono de sorpresa? —habló ofendida—. Soy una mujer de palabra, por supuesto que iba a venir.
—Perdón —Butch soltó una carcajada y le miró divertido—. Es que te veías tan molesta...
—Obviamente, después de todo has hecho trampa.
—Como sea, gané de todas maneras.
Buttercup puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, mostrando que aún se sentía bastante molesta.
—No sacas nada con enojarte ahora, ¿sabes? Hemos hecho una apuesta, tienes que cumplirla.
—Hombre, ya sé que hemos hecho una estúpida apuesta, no me lo tienes que repetir —con una mirada que desprendía rayos de furia, se acercó a él—. Dime ahora qué es lo que quieres.
—Una cita.
—... ¿Qué?
—No pongas esa cara —soltó un resoplido—, no es como si te hubiera pedido que te cases conmigo o algo.
—Me niego.
—No puedes.
—Oh, sí que puedo.
—Habíamos apostado, y he ganado. Has dicho que eres una mujer de palabra, ¿o me equivoco?
—Bueno, si llegara a pasar que aceptara —una sonrisa de superioridad se asomó por sus labios—, ¿a dónde iríamos? Y entérate que darle de comer a los animales para mí no es ninguna cita.
—No es nada de eso —Butch sacudió la cabeza y le sonrió con cierta emoción—. Será una sorpresa.
¡Hola linduras!
Dios, no me lo creo, se los juro, ¡este es el capítulo número diez! Es la primera vez que avanzo tanto en un fic, me siento orgullosa de haber podido continuar algo hasta este punto fljsk :').
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