Holaaa! Aquí vengo en esta mañana de domingo a dejarles la primera parte de otra pequeña historia de nuestra amiga Megan, en esta ocasión se trata de FRÍO y aquí veremos a Dean congelarse. Veamos cómo se las arreglan los hermanitos para sobrevivir a tan intenso frío. Dividido en dos partes, para respetar el largo de cada historia. Y para crear más suspenso, porque soy malaaaa. Muahahahaaa. Espero que les guste y gracias a todos los que siguen leyendo, Chiyo (siempre fiel, mi amiga), Eva (sigues aquí, hurraaa!), 3r (mi amiga, me lees!), pantha (¡! Le hice llegar el mensaje a Sam y a Megan también, jaja), patriwinchester (viniste!), laynad3 (gracias por esperarme!), atenea 65 (gracias amiga por los lindos MP!) y queda sammynanci (que asegura que ella no lee hurt dean! Jaja). Bueno, hechos los agradecimientos pertinentes, adelante con la lectura…

FRÍO I parte

"Dios, Sam, puedo hacerlo yo solo," le suelta Dean, aunque se está congelando.

Sam suspira fuertemente, pero le alcanza a su hermano la lata de sal otra vez.

Dean la toma con fastidio, finalmente se las arregla para abrirla y sala el esqueleto marrón. Puede sentir los ojos de Sam sobre él y se obliga a no decir nada que después vaya a lamentar. Está enojado pero Sam también lo está. Está helando y llueve, y ninguno de los dos está feliz.

Las ropas de Dean se le han pegado al cuerpo. No siente los dedos de los pies. El agua que cae sobre su cabeza chorrea y cae en sus ojos. Sus dedos están fríos, duros y húmedos. Apenas puede manejar la lata de sal.

"Cuando quieras, Dean," le dice Sam de pronto con irritabilidad.

El mayor se da cuenta que está parado allí, luchando con la sal otra vez. Con un gesto disimulado, arroja la lata a Sam y mete sus manos en los bolsillos. Eso no es bueno, ya que su chaqueta está empapada. Fantásticamente fabuloso.

Sam lo mira de reojo, luego busca el agua bendita. Dean no lo mira. Han estado muy molestos toda la tarde. No está seguro de cómo comenzó. Todo lo que recuerda es que fue hace unos días.

Sam se había levantado antes que él, buscando algo en su portátil y entonces, cuando Dean salió de la ducha, Sam estaba de un humor espantoso. Molestó al rubio todo el día, no importa lo que éste dijera, y había mencionada varias veces lo cansado que estaba de la vida que llevaban. Los siguientes dos días no habían sido mejores.

Ahora están tan molestos el uno con el otro, que ninguna palabra que sale de sus bocas es linda. Para demostrar esto, Sam se para enfrente de Dean mientras éste busca su encendedor y suspira con fastidio. "Yo puedo hallar los fósforos, Dean. Si hubieras empacado todo correctamente, no tendríamos que estar aquí afuera a las dos de la mañana congelándonos mientras buscamos los fósforos."

Dean está tan tenso por lo que oye decir a su hermano, que no puede responderle. Es verdad que arrojó la caja de fósforos dentro del bolso sin cuidado, pero nunca antes le había molestado eso a Sam. Así que solo sacude su cabeza y entonces un súbito y violento temblor sacude todo su cuerpo. Sus dientes empiezan a temblar.

Sam lo mira mientras finalmente halla los fósforos. A Dean le gustaría creer que Sam se ve un poco preocupado, pero decide que es su imaginación. Y de todos modos, él no desea que Sam esté preocupado por él. Se ha comportado tan mal en estos días, que preferiría que se fuera. Y justo cuando está pensando que esa idea no es verdadera, Sam abre la boca. "¿Estás bien?"

Dean lo mira a través de sus pestañas, no levanta la cabeza. "Estoy bien, Sam."

"Bien," le contesta Sam, encendiendo un fósforo y arrojándolo a la tumba. Por un Segundo se quedan en silencio, mirando el fuego, ese último momento de respeto antes de que las almas dejen este mundo. Ese momento de meditación es interrumpido por el sonido de los dientes de Dean que castañetean otra vez. Ninguno de ellos se mueve durante unos instantes, luego Dean comienza a temblar más intensamente. Sam lo mira. "¿Seguro que estás bien?"

"Estoy bien, Sam," le replica Dean, con un poco más de intensidad esta vez. No está bien en realidad. Está totalmente congelado y los escalofríos comienzan a ser dolorosos. La lluvia helada aún le pega en el rostro, calándolo hasta los huesos y el rubio no puede recordar la última vez que se sintió tan miserable. Pero no necesita la ayuda de Sam. De ninguna manera.

Sam mira al cielo con sus ojos, luego toma la pala. "¿Relleno la tumba otra vez?"

Dean toma la pala de sus manos con violencia. "Yo lo hare."

Pero luego de unos minutos agónicos en los que el mayor se da cuenta que de apenas puede levantar la pala del suelo y que está temblando tan fuerte, reconoce que tiene que dejar que Sam lo haga. El menor toma la pala sin hacer ningún comentario desagradable, solo lo mira un poco preocupado, sus ojos observan el rostro de Dean. "¿Vas a esperar en el automóvil?"

"No, no voy a esperar en el automóvil," le dice con tono neutro. No tiene fuerza para responderle. "Sólo apúrate." Sam se apura.

Para cuando llegan al automóvil, y mientras Sam ordena todas las herramientas tan rápido como puede, Dean no puede sentir prácticamente nada. Sus pies son un mero recuerdo. Sus manos se han cerrado formado puños dentro de sus bolsillos, y él piensa que aunque quiera no podrá abrirlas. Está temblando tan violentamente que ya le duele la cabeza. Esto no puede salir mejor, piensa. Ni siquiera pide conducir, porque no puede sostener el volante en sus manos.

Sam lo está mirando de reojo. El mayor lo ignora. Se siente miserable y helado y quiere sentirse miserable y helado por sí mismo, gracias.

El regreso al motel no es placentero. Sus ropas están heladas y se les pegan al cuerpo, porque están tan mojadas que no les sirven para calentarse. El pecoso siente que nunca más estará seco y tibio en toda su vida.

"¿Dean? ¿Estás por enfermarte o algo así?"

Se sobresalta ante la súbita pregunta de Sam. Lo mira. "No. ¿Por qué?"

"Porque yo ya dejé de temblar y tú sigues haciéndolo."

"¿Y?" es todo lo que Dean puede decir.

"Sólo estaba preguntándome…"

"Bueno, deja de p-preguntarte," lo interrumpe el rubio bastante irritable, aún más molesto ahora que se da cuenta que no puede hablar adecuadamente. Sam ha estado insoportable durante tres días, ¿y ahora quiere ser agradable? ¿Sin explicar por qué estaba de tan mal humor? Ah ah. No es así de simple.

Llegan al motel y Sam estaciona, mirando a su hermano otra vez. Dean está luchando con la puerta del vehículo. Está tratando de abrirla. Lo logra y sale a la lluvia helada otra vez. Se siente cientos de veces más fría que antes. Maldiciendo mentalmente, se acerca a la puerta de la habitación y se queda allí parado, molesto consigo mismo por haber dejado que Sam tenga la llave. Si la hubiera tenido él, ya estaría adentro.

Sam se acerca – demasiado lentamente, según la opinión de Dean – y abre la puerta. El mayor entra y se queda allí parado, inseguro acerca de lo siguiente que debe hacer. Estaba planeando arrojarse sobre su cama, pero ahora se da cuenta que no es una buena idea, porque empapará la cama también. Y luego no tendrá una cama seca en donde dormir. Por otra parte, puede dirigirse a la ducha, pero el esfuerzo de quitarse todas esas ropas mojadas no parece muy apetecible por ahora. Mira el piso hasta que siente la mano de Sam en su hombro.

"Deberías ducharte, hombre."

Dean no tiene fuerzas para responder algo desagradable, así que solo mira a Sam. Éste casi sonríe. "Vamos."

Lo empuja hacia el baño y abre la canilla del agua caliente. Dean puede sentir el vapor desde donde está parado y tiembla más aún. "¿Te las arreglas desde aquí?" le pregunta Sam y él trata de asentir, pero su cabeza no quiere moverse. Silenciosamente, Sam lo ayuda a quitarse la chaqueta. Se las arregla para que sus manos grandes actúen suavemente. El rubio se siente como un chico de cinco años, pero no le importa en realidad, está tan malditamente helado.

Sam le ayuda a quitarse la campera y luego la camisa, pero cuando es el turno de la remera, Dean halla la fuerza para alejarlo. "D- desde aquí está bien," se las arregla para decir y Sam asiente sin discutir. "Okay. Llama si necesitas algo." Se va y cierra la puerta. El mayor de los Winchester está un poco sorprendido de que Sam se haya dado por vencido tan fácilmente, pero no se queja. Se quita el resto de la ropa, sus dientes tiemblan sin parar y se mete rápidamente bajo el agua caliente.

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