Cuando arribaron a la entrada del Hotel, ya eran pasadas las dos de la mañana. Subiendo las escaleras, llegaron a la recepción donde Videl se dirigió al mesón para pedir la tarjeta de la habitación. Una vez que la recepcionista se la entregó, la hija de Mr. Satán caminó hacia el centro, donde su novio seguía de pie con una mano en la correa de Bee, quien estaba sentado esperando instrucciones. Mientras avanzaba, sopesó todas las formas posibles de proponer a Gohan que se quedara un rato más, sabiendo que mañana, a estas horas, ya estaría dentro de la Habitación del Tiempo.

—Es muy tarde, Gohan —dejó un mechón de cabello tras su oído, carraspeando— ¿de verdad no puedes quedarte un rato más?

Gohan levantó la mirada, al mismo tiempo que dejó de acariciar a Bee. En su mente, dos voces aparecieron: Mañana debes cumplir un deber muy importante con tu padre; y la segunda: sólo quédate. El saiya llevó su mano a la frente, sintiendo su corazón latir en la garganta, repasando el posible escenario. Él sabía muy bien hacia dónde se dirigiría todo esto si aceptaba la oferta de su novia. Ahora bien, el problema de aquello radicaba que, al momento de acceder, quedaría expuesto a la voluntad de Videl, perdiendo todo conocimiento y control... no sólo de la situación, sino de él mismo.

La mujer pareció adivinar su debate mental y se acercó dos pasos más, tomando su mano derecha, esperando una respuesta.

El chico tragó saliva y bajó la mirada, murmurando. —Videl, yo...

Sólo esas palabras escuetas bastaron para derramar el vaso de agua, dentro de sí, metafóricamente hablando. Videl sintió un ápice de impaciencia, un arrebato que hizo soltar su mano, bajar sus hombros y mirarle de frente. De seguro, ella debía ser la única mujer en la tierra -no, en todo el universo- que debía rogar a su novio por pasar una noche juntos. La mujer no pudo contenerse y habló, claro, con lo primero que saltó en su cabeza.

—¿A qué temes tanto, Gohan?, ¿a equivocarte?

Gohan respondió sus palabras, mirándole de frente, sin poder hablar. De inmediato, intentó articular una respuesta, algo coherente, pero, la verdad, su mente pareció no querer prestar ayuda a sus intenciones. Seguramente, ésta vez la lógica no estaba de su lado, ya que no existía un argumento concreto que le permitiera rechazar la propuesta: sólo inseguridad y temas personales. Mientras el saiya se debatía internamente, sucedió algo que, de forma literal, partió su alma en dos. Primero, los ojos de su novia aumentaron el brillo, fiel designio que contenía un par de lágrimas. Y después, lo peor:

—Gohan... —Videl se separó del chico, tomando de sus manos la correa de Bee, claramente frustrada— El sexo no es fácil para nadie... —ahora le miró, mirándolo de cuerpo entero, moviendo su brazo libre— ...simplemente es algo que ocurre.

Y con esas breves palabras, la mujer dio media vuelta y caminó hacia el ascensor, que, por fortuna, no demoró nada en aparecer. Una vez que las puertas se cerraron tras de sí, apoyó su espalda en la muralla de metal, con su mano izquierda en la frente, juzgando el momento exacto en que se enamoró del semisaiyajín. Todo sería mas fácil si no le quisiera, si no le amara, si pudiese amanecer al día siguiente desprovista de emociones. Pero no. La imagen de Ireza apareció nuevamente en su mente: Todos tenemos nuestros tiempos para entender y aceptar las cosas, Videl.

Mientras contempló su silueta reflejada en el panel numérico de metal, sintió un arranque de compasión al recordar, por milésima vez, lo duro y exigente que Gohan era consigo. ¿No podía, acaso, relajarse y disfrutar el reencuentro? Entonces, antes que pudiera continuar argumentando en su mente, el ascensor hizo sonar la campana, abriendo sus puertas de par en par. ¿A qué teme?, siguió preguntándose. Caminando por el largo pasillo, Videl buscó la numeración, hasta que vio la puerta de la habitación a lo lejos. Entonces, un ruido tras de ella la tomó por sorpresa. Giró a ver y concluyó que todo el alboroto venía desde la puerta de emergencia.

Sin darle tiempo a conclusiones, la puerta de metal grueso se abrió, de golpe, dejando a la vista a un Gohan jadeante, que traía su abrigo envuelto en un brazo y que, luego de abrir la puerta, se detuvo para a apoyar su hombro en el dintel, recobrando el aliento.

Videl aún no podía creer lo que sus ojos le mostraban. La sensación era idéntica a cuando ella lo reencontró en la Plataforma Celeste, luego de la derrota de Majin Buu. Producto de la sorpresa, dejó caer la correa de Bee al suelo, abriendo su boca para emitir palabra. Fue ahí que Gohan se incorporó, cerrando la puerta tras de sí, avanzando hacia su puesto. Aún respirando cortado, se acercó lo suficiente para hablar.

—Videl Satán, eres la mujer más obstinada que he conocido en mi vida.

La mujer denotó una sonrisa abierta en el rostro, con una explosión de emociones en el estómago. No sólo se arrojó a sus brazos, rodeando su cuello, sino que le besó de inmediato, sin darle tiempo a hablar más. En el gesto, también, recordó las palabras de Chichi, con el corazón en galope. —Lo sé, por éso te gusto.

En el acto, su novio casi perdió la estabilidad, apoyando su espalda en la pared. Luego, dejó caer su abrigo al suelo, que le entorpecía y procedió a tomar a Videl por la cintura, para profundizar el beso. Justo cuando se permitió probar su lengua, la chica tomó una distancia súbita, entre risas pequeñas, caminando a la puerta del fondo. La mujer le dio la espalda, tomando la correa de Bee del suelo y siguió avanzando junto al can, sin ver atrás, buscando en su bolso la tarjeta de plástico.

Cuando la encontró, deslizó la tarjeta blanca por la ranura, que encendió una luz verde, dando un pequeño click. Entonces, la puerta de entrada cedió unos centímetros, dejando pasar a Bee que ya moría por entrar a descansar. Sólo ahí Videl giró a ver a su novio, aún con una risa pegada en los labios. Él ya había avanzado lo suficiente y se encontraba a unos centímetros de su persona, muy serio, al parecer, concentrado en sus movimientos, con su mente andando.

—No tienes idea de todo lo que he pasado estos días —ahora, tomándola por sorpresa, apoyó su mano en la pared, cerca del oído derecho de Videl, quien lo miró atónita. Todo indicaba que ahora era él quien deseaba tomar una pausa en todo esto y no iba a permitir que la noche avanzara, sin antes mencionar un par de cosas.

La mujer no pudo evitarlo y miró sus labios. Su actitud de seguridad y detención, sólo habían logrado alborotar sus emociones, dejando que un largo escalofrío le recorriera el cuerpo. Por lo mismo, apoyó sus dos manos en la pared. De otra forma, perdería la estabilidad al mirarle hacia arriba. —Si quieres... —Videl humedeció sus labios con su lengua. De súbito, el ambiente se hizo denso y tibio... por no decir, muy sensual— puedes contarme... —le murmuró, atenta a los músculos de su frente, fruncidos en eterna concentración hacia su persona.

Gohan tragó saliva, sin despegar su vista en la mujer, que ahora lucía pequeña bajo su estatura. La escena sólo provocó que dejara caer su mano libre por sobre la nuca de Videl, quien cerró los ojos, disfrutando el tacto. En parte, el saiya sintió que un hilo de rabia recorría su pecho, molesto por todo lo que esta chica lograba que él hiciera; y por otra, su piel se tornaba de gallina, claramente excitado ante sus intenciones de desprenderlo de su lado racional, lo cual, para ser franco, estaba surtiendo efecto.

El chico sintió su boca secar, a la vez que sus oídos comenzaban a palpitar, dejando aquella sensación de ansiedad conocida en su estómago. Gracias a la altura natural de ambos, él podía contemplarla perfectamente, ante lo cual dio un paso más, para bajar su rostro e inspirar, repletándose de su aroma de mujer. Sus torsos ya estaban en contacto. Esto no va a terminar según lo planeado, pensó; y francamente, ya le importaba un cuerno. Si ella quería ser así de obstinada, llevándolo hasta un límite, él también podía probar los suyos. Así, con el rostro aún serio, Gohan le besó su frente, su nariz y la mejilla. En su mente, volvían a escucharse las dos voces que lo habían acompañado todo este tiempo: ella no te domina; y la segunda, más profunda y seductora: tócala.

Rindiéndose, dejó caer su mano derecha por sobre el seno izquierdo, el cual masajeó con sus dedos, por encima de las ropas, atento al rostro de la chica. No quería perder detalle, ninguno. Quería saber si le gustaba, si deseaba más, si ella cedía de una vez a su ímpetu por querer tener todo de él. Su novia, por su parte, abrió su boca con un rubor en las mejillas, inspirando más rápido, sin cortar el contacto visual: enfrentándolo. Entonces, Gohan, que respiraba pausado, pasó su pulgar derecho sobre el centro, intensificando el toque, como una ola acaricia la orilla de una playa tranquila, paciente. Ante tal acción, Videl no pudo más y comenzó a entre cerrar sus ojos, entregándose al tacto.

Sonriendo, en victoria, Gohan cortó la caricia y deslizó su brazo a un costado. Se sentía algo mareado, con el cuerpo sudoroso. Videl abrió los ojos, volviendo a la realidad y, antes de poder articular palabra, su atención fue directamente ante otra nueva sensación, que aparecía más abajo de la cintura del saiya, presionando su muslo izquierdo, donde sus pantalones azules lucían estirados en punta. Cuando volvió a mirarle, él seguía en silencio, lamiendo su labio superior, con las pupilas en perfecto negro. Entonces, le tomó de la mano y lo guió hacia adentro.

Sin soltar su mano, ambos avanzaron con sigilo mientras de lejos se escuchaba el roncar de su padre, más parecido a un serrucho cortando madera en el bosque. Con gestos y sin hacer ruido, Videl lo llevó por la oscuridad hasta su habitación. Una vez dentro, y con la puerta cerrada, procedió a sacarse su abrigo, para estar más cómoda. Cuando llegó al suéter, Gohan le ayudó, tomando las mangas, tirando por la parte superior. Más no fue la sorpresa de la mujer que, antes de dejar caer la prenda al suelo, el chico procedió a besarla con ímpetu, con una mano tibia sobre su mejilla.

A tientas, y sin ver mucho a su alrededor, Videl trató de tocarle, justo en su cintura y luego su torso. Así, la penumbra y la ansiedad repentina, causaron que, en breves segundos, su espalda tocara una de las paredes, a la vez que el chico procedía a desabotonar su blusa. Pese a los ronquidos de la habitación continua y la oscuridad, Videl no pudo contener un gemido al sentir como la mano de Gohan se colaba por la piel de su espalda, deslizando su mano bajo su ropa interior. Ella, por supuesto, comenzó a soltar la hebilla de su pantalón.

Una vez libre de sus pantalones, Gohan tomó asiento en el borde de la cama, recibiendo a la mujer sobre sus piernas, sin detenerse. De inmediato, se deslizó y dejó a su novia por sobre el cobertor, tirando de sus ropas, a simple vista, dominado por el instinto de terminar con estas ocho semanas de represión, ahora. Como si siguiera una pauta mental de deseos, el chico le tomó por las caderas y presionó su pelvis con la Videl, dejándola sin aliento, al sentir el roce de su sexo firme en la entrepierna. Tampoco ella fue capaz de mantener sus ojos abiertos, menos cuando Gohan impulsó sus caderas hacia ella, con movimientos ondulados, tentándola, manteniendo el control.

Entonces, Videl recordó de súbito un detalle importante. Mientras el saiya susurraba su nombre (a modo de Oh, Videl) y se deleitaba con el lóbulo de su oído izquierdo, la mujer tomó su rostro con ambas manos. —Gohan —le susurró.

Sólo cuando le tuvo al frente, con el cabello desordenado, temblando y colorado hasta las orejas, volvió a insistir. —Gohan, no tengo protección.

Luego de tres jadeos intermitentes, el saiya cerró los ojos y tragó saliva, tratando de procesar las palabras de su novia. Apoyándose en sus codos, recobró la cordura y la miró, recordando todo lo que había ocurrido desde que decidió viajar al Distrito Norte hasta que terminó ahí, temblando de éxtasis, semi desnudo en la habitación de su novia. Recordó, también, que él tampoco había traído nada (claramente, todo terminó de una forma muy diferente a lo que esperaba). Gohan se incorporó y tomó asiento a un lado de la cama, con los brazos sobre las piernas y un par de escalofríos. A medio vestir, Videl le imitó, sentándose a su lado, tomando su bolso del suelo con la esperanza de encontrar la solución dentro de él, como por arte de magia. Lamentablemente, no surgió efecto.

El saiya, por su parte, tomó su pantalón y buscó en su billetera sólo para darse cuenta que en ella habían credenciales, tarjetas y efectivo. Luego, dejó todo a un lado, sin poder creer la situación. Por un momento, ambos guardaron un largo silencio, hasta que Videl soltó una pequeña risa, apoyando su cabeza en el hombro de Gohan, acariciando su pierna. Minutos después, su novio miró al techo y habló.

—Creo que... —tragó saliva— tendré que ocupar un momento la ducha.

Nuevamente, la mujer no pudo evitarlo y soltó una pequeña carcajada, también sin creer lo sucedido en las últimas horas. De pronto, se sintió ligera, como si una brisa de verano se hubiese llevado todo aquello que le impedía relajarse. Entonces, Videl se acomodó y abrazó a Gohan por la espalda, besando su hombro desnudo y tibio. De forma inexplicable, sintió como un caudal de amor, de entrega y simpleza la repletó, motivando su instinto a más. Bajo sus brazos, el chico aún temblaba, con el corazón palpitando como un tambor.

Videl se separó y volvió a recostarse por sobre la cama, alzando su mano en su dirección, invitándolo. Gohan giró la cabeza para verle. Aún serio y preocupado, como un niño cuando, por descuido, deja ir su globo por los cielos. —Ven, recuéstate —le susurró.

Sin deseos de contra argumentar (de todas formas eran como las 3 de la madrugada), Gohan tomó lugar a su lado, quedando frente a la mujer. Ella, se incorporó lo suficiente para cubrirlos a ambos con el cobertor, y luego, se inclinó para besarle, suave. Mientras deslizaba sus labios por su mentón masculino, se dejó llevar por su propio querer y el sólo hecho de tenerle ahí, para ella. Así, con su mano derecha, bajó hasta su entrepierna, donde le encontró, debajo de su ropa interior, palpitante. De un escalofrío, y tomado por sorpresa, Gohan recobró la posición por sobre sus codos, pero Videl le adelantó, besando sus labios y acariciando su rostro. Shh, todo está bien. Sin perder el contacto visual, el saiya volvió a recostarse, atento y tenso.

Videl se acomodó un poco más y deslizó su mano por debajo de la tela de algodón, hasta llegar a tomarlo, en su palma. De inmediato, Gohan cerró sus ojos, sin poder hablar, tomando el cobertor con fuerza, tratando de buscar un puente a tierra. Enséñame, Videl le susurró al oído, depositando un beso en su garganta, cerca de la nuez de Adán. Dime cómo te gusta. El chico llevó su mano libre a la frente sudorosa, abriendo y cerrando la boca, como un pez: de.. despacio... por favor. Ella asintió en silencio y dio movimiento su mano, lenta, percibiendo cómo bajo su piel Gohan se estremecía, aumentando la temperatura y la forma. En el acto, su cuerpo se repletó de adrenalina, tomando asombro de la piel sudorosa de su acompañante, su rigidez, su desnudez. Te gusta? Videl no se resistió a preguntar, en el borde del atrevimiento. El saiya asintió con la cabeza, sin poder armar palabra.

Besando la piel sobre su esternón, la mujer tomó aquella expresión como un estímulo y apresuró el ritmo, no sin antes rozar la punta, lo cual hizo que su novio, literalmente, verbalizara un ansimo de placer. En medio del trance, Gohan llevó su propia mano a encontrarse con la de su novia, indicándole una mayor intensidad, casi violenta, como una máquina de vapor que consume la última reserva de carbón. Ruborizada y con la boca seca, Videl se dejó guiar, sin perder de vista su rostro masculino, vislumbrando cómo una mezcla de dolor y placer se dibujaba en sus facciones. De repente, bajo su tacto agresivo, Gohan se tensó con un gemido, humedeciendo las ropas, tiritando y murmurando su nombre.