Muy Bien. Helenita ya está con sus padres, tras haber cautivado a todos los dorados con su simpática presencia. Alisa tiene dudas que no se atreve a compartir, y Milo no quiere tener nada que ver con bebés en un buen tiempo.


N/A: Si bien esto es una reedición, no tienen idea lo contenta que me pone que aún haya gente como ustedes que le estén dando una leída. Solo espero no decepcionarles de nuevo. n.n

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! A Kala por ayudarme con datos que sólo una madre puede saber, y A Yukime-chan por su apoyo.


Lo típico. Sumen 3 años a las edades de los personajes propios de la serie.

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa.


ADVERTENCIA.

Principio 83 para ver y entender Manga: Nunca confíes en el tipo de los dientes que brillan.

Se requiere criterio al leer. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 8:

Lunes, día 8 o La Despedida de Helena.

16:30 pm.

Teóricamente debieron haber llegado más temprano a casa de Helena, pero les fue virtualmente imposible. Pese a que tenían todo listo para iniciar la marcha a eso de las 15:00 pm, no pudieron salir sino 45 minutos después. Casi todos los caballeros que habían estado en contacto más o menos diario con Helena, habían querido ir a despedirse de ella, desde Seiya hasta Saori, pasando por las amazonas, Shion, algunos guardias y por supuesto, todos los dorados, incluso Shaka, que había interrumpido su sagrado 'OM' para despedirse de la pequeña.

Por si fuera poco, todos le habían llevado algún regalillo, desde un vestido nuevo por cortesía de Saori, hasta collares de cuentas, cangrejos disecados, una paleta dulce tan grande como su cabeza, trozos de hielo eterno para mascar y cachivaches por el estilo (nada más adivinen quiénes dieron estos regalos). Esta súbita despedida en masa no sólo contribuyó a aumentar el equipaje de la niña, sino que además les tardó lo bastante como para hacerles pensar a Milo y Alisa que llegarían tarde… lo cual no fue así.

El viaje de Sofía y Cristián fue un poco más largo de lo que esperaban, y no llegaron a 16:00 como tenían pensado. Cuando Milo y Alisa aún estaban a algunas cuadras de distancia, estos dos apenas estaban abriendo la puerta de la casa, por lo que el atraso no sería notado por ninguna parte. Alisa se detuvo unos momentos y tragó saliva: esto de los mareos no iba con ella, lo cual la tenía algo incómoda consigo misma.

"Te dije que te quedaras en cama, pero allá tú si no me haces caso." La regañó Milo. Alisa frunció el ceño.

"No te iba a dejar venir solo, además ya estoy bien."

"Seguro, como digas. Pero que conste que sigues con reposo médico y que no has hecho caso en lo absoluto."

"¡Jajaja! ¡Miren quién habla! ¡El mismo que se aguantó una fractura de hombro el año pasado por 3 días y el que no le hizo caso a Mu!" Se burló Alisa, causando que Helena, quién estaba en sus brazos, riera al ritmo con su tía.

"Eso fue un golpe bajo." Gimoteó Milo. Se hubiera cruzado de brazos si no hubiera llevado a cuestas el coche y la maleta de Helena. "Además no me aguanté una fractura, ya me la habían curado. Me aguanté el dolor."

La pareja siguió caminando en calma, hasta que por fin estuvieron en el antejardín. Ambos se quedaron viendo a Helena unos momentos… Milo dejó la maleta en el suelo y le acarició los rizos.

"Ya estamos aquí."

"Sip."

Sin mucho entusiasmo, cruzaron la verja y se dirigieron a la puerta. Apenas rozaron el timbre cuando la puerta se abrió de golpe. Sofía, quien estaba de lo más impaciente, contuvo el grito y sin esperar nada, tomó a su hija de los brazos de Alisa para abrazarla. Helena se deshizo en gritos y risas: los ojitos le brillaban de contento.

"¡MI NIÑA LINDA! ¡TE EXTRAÑÉ MUCHO, PRECIOSA! ¡QUÉ BUENO VERTE!" Exclamó Sofía mientras abrazaba y besaba a su hijita.

"También nos alegra verte, Sofía." Se burló Milo. "Estamos muy bien por si lo preguntas."

"Nada más casi me muero, pero como ya estoy de pie y no pasó a mayores, todo está excelente." Añadió Alisa siguiéndole el juego a su marido. Cristián asomó la cabeza.

"¡No le hagas caso a Sofía y Entren!" Les dijo mientras caminaba hacia ellos.

Sofía se hizo a un lado para que su hermana y cuñado entrasen a la casa. Cristián tomó el coche y la maleta luego de intercambiar saludos y los dejó a un lado. Tomó a su hija de los brazos de Sofía y la abrazó con cariño.

"Acabamos de llegar: el tren sufrió un retraso. Tengo Limonada y galletas Milo, ¿Quieres?"

"¡Esa es una buena idea!"

"¡Hey! ¡Soy tu hermana! ¿NO me vas a ofrecer a mí?"

"Agua hervida, Lis." Sentenció Sofía. "Sin galletas."

"Supimos de tu pequeño percance con la comida china del viernes pasado." Explicó Cristián. Ambos, tanto su hermana como su cuñado, estaban en modo médico. "Milo nos contó cuando llamamos el sábado."

Alisa le dedicó una furibunda mirada a su marido, pues no quería que su hermana o su cuñado se enterasen de lo ocurrido, pero éste no más se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.

"No me dijiste que no querían que supieran. Además me preguntaron cómo estaban las cosas y yo dije, así de simple."

"Pudo ser peor…" Alisa exhaló un resignado suspiro antes de mirar a su hermana suplicante. "¿La mamá sabe?" Sofía negó con la cabeza.

"No. Estuve a punto de contarle, pero me contuve: sé que no te gusta preocupar a los viejos con estas cosas, además… estás mejor por lo que veo."

"No se quiso quedar en cama." Bufó Milo.

"Milo, amigo mío, eso es de familia. Pronto descubrirás que es imposible mantener a estas dos en una cama por más de cuatro horas seguidas, a menos que físicamente te impongas. Si entiendes a qué me refiero." Se rió Cristián de buena gana, secundado por Milo.

"No te pongas grosero, Cristián. ¡Sabes que no me gustan esos comentarios!" Protestó Sofía frunciendo el ceño. Luego fijó su mirada en su hermana. "Mejor acompáñame a buscar la limonada antes que tú empieces con quizás que grosería."

"¡Pero solo le voy a rebatir que no duran cuatro horas ni de chiste!"

"¡Caminando!" Exclamó Sofía sujetando a Alisa del brazo y llevándosela a la cocina con ella, causando que tanto Cristián y Milo rieran para sus adentros. Helena se acurrucó en los brazos de su papá.

"¿Todo bien con Helena?" Preguntó Cristián con calma.

"Sin novedad… Nosotros también nos tardamos: casi todos en el Santuario fueron a despedirse. Tu hija ya es una rompecorazones."

"Espero que no sea así dentro de 15 años." Rió Cristián. "¿Eso es cierto, Helenita? Vamos a tener que tener una conversación muy seria los dos."

GUUUUUUU!" Exclamó la pequeña llena de alegría.

Las chicas reaparecieron apenas minutos después de haber desaparecido en la cocina, con agua para Alisa, y limonada con galletas para los demás. Se sentaron en la sala un rato a intercambiar algunas impresiones de la semana y de cómo les había ido. Helena pasó a los brazos de su mamá y allí se quedó dormitando mientras los demás conversaban. Pero no se quedaron mucho rato: media hora después, Milo y Alisa decidieron tras intercambiar algunas miradas que era hora de partir, y así fue como lo anunciaron.

"Gracias Lisa." Le dijo Sofía a su hermana mientras la abrazaba. "Fue muy importante para mí y Cristián esto que hicieron al cuidar de Helena."

"Naah. No hice mucho, no agradezcas… ¡Dale las gracias a Milo, él la cuidó mucho más que yo!" Explicó Alisa rascándose el cuello. Sofía la miró con ojos grandes… y se echó a reír.

"¿Milo cuidando a Helena? ¡¿De qué hablas?! Es imposible que un hombre cuide de un bebé ajeno por voluntad propia, sin pedir ayuda." Sofía rió de buena gana… a los tres adultos restantes les resbaló una enorme gota de sudor. "Ya sé que quieres mucho a Milo, Alisa, pero no le eches tantas flores."

"Err…"

"No le hagas caso Milo… Sofía nos cree incapaces para cuidar bebés: a mí me echa muchas bromas en ese sentido, y que conste que lo hago mucho mejor que ella." Se rió Cristián. "Muchas gracias a los dos."

"Te haré caso sólo por esta vez, Cristián. Adiós Sofía: cuiden de Helena por favor." Se despidió Milo no muy convencido, dando gracias al cielo respecto de que Helena todavía no sabía hablar, ya que si así lo hiciera, estaría en muchos problemas.

"No fue nada. Nos estamos viendo." Se despidió Alisa.

Helena, en brazos de su madre, al ver que sus tíos se marchaban sin ella, hizo algunos pucheros y estiró sus brazos, como queriendo sujetarles. Alisa se rió y le acarició la cabeza, lo mismo que Milo.

"Adiós pequeña. Te encargo a tus papás." Le dijo Milo.

"¡No llores Lenita o me harás llorar a mí! Tienes que cuidar de Sofía…" Alisa le dedicó una sonrisa a su hermana y cuñado. "De más está decirles que la cuiden. Ya nos vamos."

"Gracias de nuevo a los dos."

La puerta de la casa de Sofía se cerró a medida que Milo y Alisa se alejaban. Ahora que ya iban más ligeros de equipaje caminaban más rápido, pero el viaje de regreso se les hizo más largo.

"Bueno…" Dijo Milo. "Ya está con sus padres, como debe ser."

"La voy a extrañar mucho."

"Yo también."

"¿Oye Milo…?"

"¿Qué?

"Tengo hambre…"

"Te invitaría a un helado, pero no puedes comer eso." Dijo Milo de pronto. Alisa puso cara de trauma.

"¡Oye, Puedo Aguantar Un Helado Sin Problemas! ¡Quiero Un Helado Doble Con Baño de Chocolate! ¡POR FIS!"

"Prefiero no arriesgarme… En la casa hay comida de la que puedes comer, al menos esta semana."

"Tenía esperanzas de saltarme la dieta." Suspiró Alisa derrotada. Milo la rodeó con el brazo.

"Te prometo que cuando ya estés mejor, te invitaré al helado más grande de Atenas."

"¿Lo dices en serio?" Preguntó Alisa llena de ilusión.

"¡Claro! Soy un hombre de palabra."

Alisa abrazó a Milo por la cintura y continuaron camino hasta el Santuario, al cual arribaron una hora después, pues se fueron con toda la tranquilidad el mundo. Fue un viaje silencioso y sin mayor novedad… a excepción de cierto incidente menor, cuando, al bajarse del bus en que viajaban, una niña de unos 7 años lanzó un artefacto que emitió un sorpresivo y estridente chillido bajo el asiento del chofer, lo que casi le causa un infarto, e hizo que tanto la víctima como la madre del angelito se enfurecieran entre sí y con la pequeña, quien no mostraba signos de arrepentimiento sincero. Este hecho habría sido por completo irrelevante, con bomba y todo, de no ser por cierto comentario…

"Esa niña… Se parece a alguien…" Comentó Alisa cuando el bus se puso nuevamente en movimiento. "Es Familiar…"

"Te iba a comentar justo eso." Afirmó Milo. "Como Que Se Me Hace Conocida."

Una vez en el Santuario, y luego que todos los dorados que habían hasta Escorpión les preguntasen como había quedado Helena, la pareja cerró la puerta tras de sí, cansados como no se habían sentido en semanas, y se dejaron caer al suelo.

"¿Te gustó cuidar de un bebé, Milo?" Le preguntó Alisa con sorna.

"Al principio… pero no lo haría de nuevo ni que me pagasen."

"Ya sabes. Para la próxima, piensa mejor antes de ofrecerte a hacer algo para lo que careces de experiencia."

"Yo y mi gran bocota: Los bebés son un problema."

"Te lo dije desde el principio." Bufó Alisa… quien de pronto se puso a jugar con sus dedos.

"Espero no tener que lidiar con uno por lo pronto." Afirmó Milo cruzándose de brazos.

"Err… Toda la razón."

"Helena le quita las ganas de ser padre a cualquiera." Siguió Milo quejándose de las desventajas de cuidar de un bebé.

"… ¡Bah! Eso te pasa por cuidar bebés ajenos."

"…"

"…"

"¿Alisa?"

"¿Sí?" Alisa miró a Milo expectante, este le clavó los ojos azules en los suyos, que eran castaños o color miel. Alisa puso las manos sobre las rodillas.

"¿Quieres jugar póker?" Preguntó Milo con la sonrisa más enorme de la vida y con un entusiasmo casi infantil. "Hace una semana que no podemos jugar tranquilos y estoy perdiendo la práctica." Aseguró con decisión. "Los Bronceados deben andar cerca, ¿Les damos una paliza? Nunca hemos jugado con ellos."

"Me parece muy buena idea." Dijo Alisa suspirando de alivio. La chica se puso de pie, seguida de Milo. "Yo iré a buscarlos y tú prepara todo."

"¿No quieres que mejor vaya yo? No creo que te haga bien subir y bajar escaleras…"

"Muy bien, ve tú. Yo preparo todo."

Milo le sonrió y salió de la casa con rapidez. Alisa cerró la puerta tras de su marido. Se quedó allí unos instantes, con expresión neutral… al cabo de unos minutos sonrió y se dirigió a la habitación en busca de los naipes. Tenía algunas cosas que preparar.

Continuará.

Por

Misao-CG


En el Próximo Capítulo.

"¿Disculpen? ¿Hay correo para mí?" Preguntó Alisa con tranquilidad.

Los guardias que estaban atendiendo al cartero se pusieron histéricos al verla… ya que habían sido los mismos que el año interior la habían amenazado y tratado de impedir que ingresara al Santuario. Habían querido las circunstancias que no se cruzaran de nuevo en todo el año, por eso que al verla, se pusieron totalmente nerviosos.

"Este… creo… que… Hay una sobre… este…" Balbuceó uno de ellos mientras rebuscaba entre los sobres que tenía en la mano. El cartero observaba con curiosidad.

"¿Usted es la esposa del Santo de Escorpión?" Le preguntó el cartero. "Porque sí le llegó correspondencia."


PS: Este capítulo estuvo cortito, pero vaya que lo escribí rápido. No tiene mucho humor, pero esa no era la idea en esta ocasión. Espero que no haya quedado tan malo como creo que quedó. Aquí tienen fósforos y gasolina para quemarme viva si creen que lo merezco así. ¡GRACIAS POR LEER! =D