Disclaimer: Big Hero 6 siguen sin pertenecerme porque de ser mío hubiera habido Calladashi y eso hubiera hecho de la peli una tragedia romántica y no una peli infantil de superhéroes.

Quiero agradecer a Diamont Sky por su review. Me alegra que te haya gustado el cap anterior, y como quiero que vivas aquí el siguiente.


Suspira con pesadez, se quita los audífonos con micrófono integrado mientras se apoya contra la silla giratoria de su laboratorio en el ITSF -el que hace tres años era de Tadashi y ahora lo pertenece a él-, la computadora delante de él le muestra la imagen estática del plano azulado de un edificio, en el cual sobresalen cuatro puntos parpadeantes moviéndose en conjunto.

La mirada de Hiro es de nostalgia y posiblemente de aburrimiento, principalmente porque no quiere aceptar que es de tristeza -o abandono-.

Mira una por última vez la pantalla, donde se muestra a sus amigos unidos y saliendo de las instalaciones después de haber concluido satisfactoriamente otro de sus trabajos como los Big Hero 6…

No puede contener una mueca: en la pantalla hay cuatro puntos que parpadean sin cesar, no seis. El quinto esta sentado frente a esa computadora, y el sexto y más importante esta a miles de kilometros de distancia en algún rancho en Texas y estará ahí por los próximos cinco meses.

Alguien dijo una vez que los cambios son necesarios y que todo aquello que permanece igual esta destinado a perecer. A Hiro le gustaría discutir aquello con ese alguien porque la experiencia y los años que lleva con vida le habían dado demasiados cambios para su gusto. Claro que sabe que no es el único, que hay más personas en el mundo que pasan por cosas peores que las que él paso, pero en más de una ocasión le hubiera gustado que sus cambios pudieron haber sido más benéficos que trágicos.

A veces, añorar una vida estable no era un crimen. Y con estable no se refería a tener un trabajo de oficina, salir con personas casarse, tener hijos criarlos, verlos crecer y tener su vida para después morir con una casa en los suburbios. No es que tenga algo contra ese tipo de vida la verdad -al menos no ahora que le tocó la parte de los hijos saltándose la de la mujer y casarse-, pero para Hiro una vida estable era aquella que no tuviera que revolucionar su mundo a cada minuto (figurativo) y hacerlo dejar lo que más quería.

Perdió a sus padres, a su hermano, su vocación como super-héroe, ahora a Baymax…

y tendría un hijo.

¿Algún día podrá tener algo duradero?

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Los chicos llegan cansados al laboratorio, aún es temprano y Fred les recuerda que tienen mucho sin ver a la tía Cass y Hiro sabe que su tía estaría más que feliz de recibirlos así que todos van al Lucky Cat Cafe.

Nadie menciona la presencia que hace falta, pero la conversación casual que sostienen entre ellos les parece vacía sin el constante rechinado del vinilo de fondo. Ni que decir de cuando todos suben al auto de Wasabi -más por tradición que por falta de transporte- y se encuentran con la no tan novedosa sorpresa de que caben muy bien y hay demasiado espacio entre ellos. Un mes y aún no se acostumbran…

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El Lucky Cat Cafe esta a reventar y los chicos deciden que después de saludar y abrazar a su adorada "tía Cass"no habría nada mejor que ser los héroes de la mujer que con sus dos manos apenas y se da a basto para atenderlos a todos.

Honey y Gogo estan de meseras, Fred prepara paninis y otros alimentos, Hiro café y demás bebidas mientras Wasabi esta a la caja. Cass lo agradece con una amplia sonrisa mientras termina con las órdenes pendientes, pero de vez en cuando mira a su adorado sobrino que tan concentrado esta en atender las mesas que no piensa de más y eso lo agradece.

La ausencia de Baymax lo ha afectado más de lo que admite, y él sólo recordar al bebé o Luciana le recuerda al amigo que se ha ido. Es triste de admitir pero Baymax no fue sólo un factor que ayudó a Hiro a salir de su depresión, también fue la última muestra de cariño que Tadashi dejó para él. Su último recuerdo… Lo mejor para su sobrino, aún más que distraerse era estar ocupado. Su trabajo, la escuela y ayudarla a ella parecían ser suficientes.

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Mientras Honey y Gogo atienden a los últimos clientes, Hiro y Fred ya están lavando los platos utilizados, Wasabi cierra la caja y Cass se da el lujo de beber un delicioso café mientras come un dona de chocolate glaseada. El sabor del chocolate en su boca le da un gusto tremendo, cierra los ojos y permite que el sabor dulce se pierda en su boca. Da un sorbo a su cafe y agradece que no este ardiendo sino se hubiera quemado la boca.

Abre los ojos y admira su negocio una vez más… el restaurante no ha cambiado en años y quienes lo visitan tampoco. La señora Matsuda sigue siendo de esas clientes que se quedan hasta que Cass (o cualquiera de los chicos) la tiene que sacar, también están los grupos de adolescentes que vienen hacer sus tareas, los hombres de avanzada edad que hablan de sus enfermedades y pastillas para toma, el lector casual, el lector pretencioso y todo el desfile de personalidades común de un café ubicado cerca de los suburbios y poco antes de llegar al caos del centro de San Fransokyo.

Pero ella ha cambiado, lo ha hecho tanto en esos últimos 21 años que le parece increíble que ese lugar y quienes la rodean parezcan intactos por el tiempo. Incluso podría decir que le parece injusto.

¿Podían culparla? El haberse quedado sin una familia y dejar de ser tía para intentar llenar el lugar de una madre puede hacerte resentir ciertos aspectos tan normales y comunes de la vida, en especial si no son tuyos. Y no es que Cass odie su situación actual sólo las circunstancias que dieron lugar a ella.

Vuelve a morder su dona, en un intento de endulzar sus pensamientos, pero se da cuenta después de tragar que aquello no cambia la realidad.

Ella adora a su sobrino, adoró a los dos con la misma fuerza con la que amo a su hermano y a sus padres, los adoró con el mismo ímpetu de quien se sabe bendecido ante la desgracia.

Pero tanto amor, tanta devoción no soluciona otros problemas: ausencias de figuras paternas, de hermanos, de madres… Hizo su mejor esfuerzo, lo sabe; Hiro nunca se se lo ha recriminado, Tadashi jamás lo hizo, pero duele. Duele porque podría ser de otra manera, duele porque no fue de esa manera, y duele más cuando el mundo sigue tan igual, tan como siempre.

Los únicos que cambian son ellos, y cambiar en un mundo que parece tan estático incomoda.

La vibración en su pierna detiene sus pensamientos, la dona se ha ido y su cafe va a la mitad. Cass saca el celular del bolsillo de su pantalón y ve la notificación de un email de Máximo Bianchi. Todos sus pensamientos negativos se centran en el catalizador del cambio más reciente de su vida.

El hijo de Hiro.

Abre el mail que Máximo le ha enviado, porque es quincena y debe ser los ultrasonidos claros y los análisis de Luciana. Ella los recibe porque Hiro así lo decidió. Y cuando lee el contenido, parece que el sabor dulce de la dona le regresa a su paladar; se levanta de un brinco y lo primero que hace es girarse en dirección a su sobrino.

Su sonrisa es grande, demasiado grande, tanto que Hiro la mira curioso pero no puede contenerse.

—¡Máximo me mandó el último ultrasonido de Luciana!

Hiro enarca la ceja, y todos los demás, incluidos la señora Matsuda y los otros dos (y últimos clientes la observan) se giran a verla expectantes.

—¡El bebé se ha dejado ver!

Honey sonríe dejando ver su blanca sonrisa, Gogo ha perdido el habla y sus ojos se abren un poco más, Wasabi deja de contar los billetes en su mano y miró a Cass como si hubiera perdido la cabeza, Fred se encaramó en la barra con sus manos sobre ella, asintiendo levemente, una y otra vez como alentando a la mujer a que siga.

Hiro parece haber visto un fantasma.

Cass sigue sonriendo mientras se acerca a su sobrino, celular en mano y sus pensamientos negativos de hace unos sólo minutos desvaneciéndose poco a poco porque sólo puede pensar en una única cosa…

En rosa.

—¡Será niña, Hiro!

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Fred es el primero en abrazar al estático chico que no parece reaccionar. Lo abraza y lo levanta diciéndole que la pequeña mujer maravilla que viene en camino será la más valiente guerrera de San Fransokyo. El que sigue es Wasabi que también lo abraza y le advierte que las niñas son delicadas y tendrá que aprender a ser menos tosco. Honey ya esta frente a él, abrazándolo con uno de sus brazos y con el otro sosteniendo su celular buscando quien sabe que sobre blogs de ropa de niña… Gogo sólo le palmea el hombro y le dice que felicidades. Sin embargo, él sigue en silencio, como si fuera ajeno a todo aquello y sólo mira a su tía.

—¿Es en serio?

—Sí.

Y le enseña el ultrasonido en su celular, y le señala la imagen para que sepa que es cierto. Honey toma una foto, Fred sigue brincando, Wasabi la mira cuidadosamente y Gogo sólo ladea la cabeza comentando "todos los fetos se parecen". Hiro se limita a cerrar los ojos, dejar caer los ojos y al fin sonreír levemente.

—Qué bueno…

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Primero cierra la puerta, echa el candado y por último voltea el anuncio de abierto para que se lea cerrado. El lucky Cat Cafe ha cerrado sus puertas por esa noches, los últimos clientes partieron después de felicitar a Hiro, y sus amigos le siguieron poco después. Eso de salvar al mundo y después ayudar en un cafe no es sano. Así que en esos momentos sólo están él, y su tía de camino a su hogar en la parte de arriba del cafe.

Hiro mira a su tía y no puede no sonreír al verla ella tan contenta, aún viendo la pantalla de celular como si se tratara de un cachorro y no el ultrasonido de su bebé.

De su hija.

Aún suena raro en su cabeza, tanto que no puede decirlo en voz alta.

—¿Lista tía?

La mujer se sobresalta, pero lo mira, aún con esa mirada llena de felicidad que no le había visto en los últimos meses.

—Vamos.

La mujer es la primera en irse, Hiro la sigue de cerca para ser él quien apague la luz. Y es mientras suben las escaleras que su tía le dice algo que no había pensando en mucho tiempo.

—Supongo que tendremos que ir pensando en un nombre para ella ¿no?

Hiro se detiene, no tanto por lo dicho por su tía sino consigo mismo por algo más.

—¿Sucede algo tesoro?

La mira, regresando a la realidad, sus ojos abiertos de par en par, como si estuviera recordando algo o trayendo alguna memoria de la parte más recóndita de su cerebro. Su tía se preocupa.

—¿Hiro?

—Tía yo…

Su tía ríe levemente, baja dos escalones para estar a su lado y lo rodeó por el hombro antes de empezar a subir.

—Supongo que es normal, con todo lo que hemos pasado y como se dieron las cosas, pensar en un nombre para tu bebé hubiera sido lo último en tu cabeza. En especial si no sabías si iba a ser niño o niña…

—Tía… yo si sabía que nombre quería.

Su tía es ahora quien se detiene, no tanto por lo dicho por el muchacho sino por la manera en la que sonó. Su tono sonó avergonzado. Hiro se lleva la mano detrás de la nuca, sin ver como su tía lo mira con nostalgia.

—Creo que, como jamás pensamos que podría ser niña e inconscientemente ya había escogido un nombre y por eso nunca lo discutí o pensé demasiado.

El agarre de Cass se vuelve más fuerte, sólo para darle un pequeño empujón a sus sobrino e impulsarlo a subir las escaleras otra vez.

—¿Ah si? —cuestiona— ¿Y se puede saber que nombre era? —aunque podría darse una idea de que nombre sería.

—Tadashi —revela al llegar al último escalón y poner un pie en el segundo piso— ¿Pero sabes algo?

—Dime… —lo alienta a seguir mientras se adelanta a la cocina para preparar algo simple para los dos.

—Me alegra que al final fuera niña.


Cualquier error me avisan n.n

PD: Sólo le quedan tres capítulos más al fic.