Este es un capítulo más largo, así que disfrutadlo (realmente el cap tenía una última parte, pero he preferido dejarlo para el siguiente. Ya se extendía demasiado). ¿Alguien adivina que va a suceder?

Sí, he aquí el plan de Edward. Me temo que no está a su nivel, pero después de todo yo sólo soy una simple humana. No doy para más. Aún así esto satisfecha con el resultado.

Por si acaso no se entiende: lo que está en cursiva (menos un par de excepciones) son las palabras de Edward, contantodo su plan.


9. La hora de actuar

Los accidentes de coche son comunes. Mucha gente muere en la carretera, todos los días. Incluso un pequeño pueblo como Forks tiene que aceptar esa realidad.

Charlie se abrochó la chaqueta, sintiéndose muy cansado. Las ojeras se marcaban bajo sus ojos, y había adelgazado, pero lo peor era el cansando que carcomía todas sus energías.

Durante la última semana apenas había dormido, siempre pensando en su pequeña Bella y en dónde estaría ahora. Se detuvo a mirar las fotos en fila, en las que se la veía crecer y evolucionar. Su hija tenía ya dieciocho años: oficialmente era adulta. Sin embargo, para él era todavía una niña. Y siempre lo sería.

Con un nuevo brote de furia, cogió las llaves y salió. No descansaría hasta encontrarla y meter a sus secuestradores entre rejas. Haría pagar a todo el mundo que hubiese hecho daño a su hija.

Cerró la puerta de un golpe y entró en el coche. Se abrochó el cinturón -había que empezar dando ejemplo-. Aún no había terminado con ellos. Puede que no hubiesen encontrado rastro de Bella en la Push, pero eso no significaba nada. Los policías de otros lugares ya estaban en marcha, buscando cualquier vehículo sospechoso o a una chica que se pareciese sospechosamente a su hija.

Encendió el motor. Charlie no tenía muchas esperanzas en eso. No creía que los quileutes se atreviesen a salir de Forks con Bella a cuestas.

Condujo por la carretera, casi vacía. Era temprano –siempre madrugaba estos últimos días- y apenas había coches. Aun así ya había gente en la calle, abriendo tiendas o caminando a su trabajo. Empezó a bajar por la carretera inclinada, construida en lo que una vez había sido la ladera de una colina. El semáforo estaba en rojo al final de la calle. Pisó el freno, casi sin fijarse. Tardó unos segundos en darse cuenta de que no paraba. Cuesta abajo, tomaba cada vez más velocidad.

Pisó de nuevo, más fuerte, con desesperación. La mente en blanco, helado por el pánico, vio como el edifico se acercaba. Reaccionó a tiempo para girar. Las ruedas golpearon la acera; hubo un brinco, y Charlie salió despedido hacia delante. El cinturón le mantuvo pegado al asiento, pero su cabeza chocó contra el volante. Inconsciente, la sangre manando por un lado de su cara, no pudo evitar que el coche se estrellara contra la pared.

-o-O-o-

Charlie es un buen hombre, pero tiene enemigos. Los quileute deben estar molestos por sus continuas investigaciones por la desaparición de su hija. Han decidido eliminarlo.

-¿Estás seguro?

-Completamente.

Los dos policías hablaban en voz baja, en la cafetería del hospital. Uno de ellos, con un espeso bigote, daba lentos sorbos a una taza. La dejó lentamente sobre la mesa y cruzó una mirada con su compañero.

-Así que… frenos manipulados.

El otro asintió.

-Era demasiada casualidad para ser un accidente.

-¿Quién podría haberlo hecho?

-¿No está claro? Los indios querían quitarlo del medio. Además, quien lo hizo era un mecánico bastante bueno. Por los informes del caso de su hija he visto algo de que uno de ellos reparaba coches.

-¿Recuerdas quién?

-John, James, Jim, algo así. De apellido Black, creo.

-Habrá que investigarle.

-Sí.

Hubo una pausa. El del bigote bebió otro trago de café, e hizo una mueca al comprobar que estaba frío. Una enfermera pasó velozmente a su lado.

-Si esos los chicos Cullen no hubiesen estado por ahí, el jefe no habría sobrevivido –comentó al cabo de un rato-. Los dos más altos, eran. Nadie más se atrevía a sacarlo del coche. Fue una suerte que anduviesen cerca en aquel momento.

-¿Sí, verdad? Me caen bien los Cullen. Creo que el padre trabaja aquí.

-Sí. Y uno de los hijos, el hermano de estos, era el novio de la hija del jefe.

-¿En serio? –el policía frunció el ceño incrédulo, preguntándose si su compañero se estaba burlando de él. Sin embargo, su expresión era completamente seria.

-En serio. Ya sé que parece sacado de un culebrón, pero es así.

El hombre resopló, encogiéndose de hombros. Cosas de la vida. Tal vez tendría que leerse los informes más a fondo. Observó que el otro policía se limpiaba la boca, tras haber dejado definitivamente el café frío.

-¿Nos vamos? –preguntó. Su compañero asintió, y ambos se pusieron de pie-. Lo primero será estar atentos. Los indios se pasarán por aquí tarde o temprano para ver a su víctima. En cuanto se asomen los arrestaremos. Quizá hasta encontremos a la hija del jefe. Dos pájaros de un tiro, ¿eh?

-Sí. Una buena semana.

-o-O-o-

Al enterarse del accidente de su padre, Bella querrá ir a verle. Los licántropos intentarán detenerla en vano; al final, la acompañarán. Pero hay…otra manera de deshacerse de ellos.

Bella desvió la vista del periódico a Billy, los ojos muy abiertos y el corazón latiendo con fuerza.

-No…

-Lo siento, Bella –se limitó a decir Billy, incómodo.

Sintió que las fuerzas la abandonaban. ¿Charlie, un accidente de coche? ¿En el hospital? ¿Estaría bien? Dios, ni siquiera sabía si era grave. ¿Y si estaba en coma? ¿O en quirófano, con la vida pendiente de un hilo? ¿Quedarían secuelas? ¿Se recuperaría…?

-Sientate, Bella –le pidió Emily, acercando una silla.

La chica obedeció sin ser realmente consciente. ¿Y qué pasaba si él… si no… volvía a verle? ¿Si no tenía la oportunidad de decirle lo mucho que lo quería, y lo que lamentaba preocuparle de esa manera? Debería haber sido mejor hija, haber pasado más tiempo con él. Y ahora, el momento de estar a su lado y apoyarle, tenía que estar recluida en la Push. Y él estaría en la sala del hospital –con suerte, y se estremeció al pensarlo- completamente solo, pensando en su hija en paradero desconocido.

Jacob le estaba hablando, pero no le escuchaba.

-Tengo que ir a verle –dijo con voz inexpresiva.

-¡No!

-No puedes, Bella.

-Lo siento.

-Te quedas aquí.

-No te preocupes, iremos a averiguar más.

Bella no se inmutó ante la avalancha de negaciones que llovía sobre ella. Ya lo había esperado, y no iba a cambiar de opinión. Miró a todas las personas de la abarrotada habitación, todos dispuestos a protegerla.

-Tengo que ir –replicó.

-No, no tienes –contestó Jacob-. Mira, es tu padre y comprendo que te sientas fatal y eso, pero es claramente una trampa.

-Jacob tiene razón –intervino Sam antes de que Bella dijera nada-. Escucha, los vampiros están esperando a que vayas corriendo a verle. Sé que es terrible, pero no puedes visitar a tu padre. Es demasiado peligroso.

-Y hay policías buscándote, como en las películas. Te reconocerán –añadió Quil, solícito.

Bella los miró a los tres, irritada. Levantó la barbilla con decisión.

-Voy a ir. Si queréis acompañarme, bien. Si no, iré yo sola. Es lo mínimo que le debo.

-No vas a ir, Bella –repitió Jake.

Sin embargo había menos seguridad en su voz, y supo que estaba ganando.

-Podemos ir con ella, todos –empezó Embry pensativo-. Quiero decir, ¿qué chupasangre se atreverá con toda la manada a la vez?

-Todo el clan Cullen –recalcó Quill ácidamente.

-¿Y qué? Toda la manada contra todo el clan Cullen. Ganaremos –proclamó Paul con orgullo.

Jacob le fulminó con la mirada, murmurando para sí algo como "lo que tú digas". Bella sonrió levemente. El licántropo tenía la batalla perdida, y lo sabía aunque no lo quisiese reconocer.

Los licántropos pensaban de esa situación como una oportunidad única para enfrentarse a los vampiros. Seguramente Jacob se habría unido a ellos sin pensarlo, de no haber estado la seguridad de Bella en juego. A la chica no le importaba que lo vieran así, mientras eso le ayudara a ir a ver a Charlie. No temía que fuese una trampa. Los Cullen -Edward- no llegarían al punto de hacer daño a su padre, ¿no?

-Es peligroso –dijo lentamente Sam, y Bella sintió que el corazón le daba un vuelco.

Daba igual si todos los licántropos estaban de acuerdo en que fuera a ver a Charlie. Si Sam no quería, no había nada que hacer. Y no había duda de que él era más sensato que todos los demás juntos: rehuía del peligro innecesario y de las peleas absurdas.

Bella se preguntó cuántas posibilidades había de salir de la Push sin que se enterasen los licántropos.

Sam suspiró.

-Una visita rápida, Bella. Ir y volver. Y no te separarás de nosotros ni un momento.

Una sonrisa iluminó su rostro. A su lado, Jacob torció el gesto y les dio la espalda.

-Gracias –dijo, aún sonriendo.

Necesitaba ver a Charlie. Sólo verle, averiguar cómo estaba y regresar. Estaría rodeada de licántropos; ningún vampiro se atrevería a acercarse, aunque fuesen siete. ¿Qué podía salir mal?

-o-O-o-

Los lobos siempre van en manada. Pero incluso ellos saben que en ciertas circunstancias es mejor separarse.

Bella acarició suavemente la mano Charlie. Estaba inconsciente, más pálido de lo normal. Los cables se enroscaban por su brazo. Las sábanas lo cubrían hasta el pecho; avergonzada, agradeció no ver las heridas. A pesar de la máscara respiratoria, le pareció apreciar que el rostro de su padre tenía más arrugas que la última vez que lo viera.

-Lo siento -murmuró. Observó su perfil con cuidado. Una parte de ella esperaba una reacción, una señal de que la escuchaba, pero no hubo ninguna.

Lo siento, por todo. La culpa es mía…

Suspiró.

Jacob y los demás la esperaban fuera. Jake había querido entrar con ella, pero Sam le había indicado que se quedase con ellos, algo que agradecía. Llevaba unos vaqueros y una sudadera gris de Emily, varias tallas más grande pero pasable. Junto con una gorra que le recogía el pelo, y que ahora retorcía con una mano, nadie le había reconocido. Miró el reloj. En un cuarto de hora como mucho debían ir yéndose.

En ese momento entró una enfermera de pelo castaño, que se paró en la puerta sorprendida. Bella, helada, se limitó a mirarla. Tras unos segundos una sonrisa maternal adornó el rostro de la mujer.

-Hola. No esperaba encontrar a nadie aquí. ¿Eres familiar?

Bella asintió nerviosamente.

-Es mi tío –mintió con una tímida sonrisa. Antes de que hiciera más preguntas, añadió-. ¿Cómo se encuentra?

-No muy bien, cielo –contestó ella con voz comprensiva-. ¿Quieres que llame al doctor para que te explique cómo está?

-No hace falta, gracias –se apresuró a contestar-. Preferiría que me lo dijese usted.

-Bien –la enfermera vaciló, buscando la manera de suavizar las noticias. Bella esperó pacientemente, cada segundo de angustia quemándola por dentro como las ascuas de un fuego encendido-. Tiene numerosos arañazos y contusiones por todo el cuerpo, pero se curará sin problemas. La columna vertebral está intacta, y el golpe en la cabeza no es demasiado grave. Lo peor… son las piernas. Quedaron aplastadas por el golpe. Los huesos están fracturados en muchos fragmentos, y los músculos están desgarrados.

Bella apretaba con fuerza la mano de su padre. Sus nudillos estaban blancos. Al darse cuenta, inspiró hondo y se relajó. La enfermera le sonrió compasivamente.

-Eso no significa nada, cariño. Le han operado, ya veremos cómo evoluciona. Puede que se recupere completamente. El doctor Cullen, el que lo trata, es un gran médico.

-El doctor Cullen –repitió Bella con voz inexpresiva.

-Sí –contestó la enfermera cálidamente-. No sé si lo sabes, pero fueron sus hijos lo que salvaron a tu tío. Emmett y Jasper, se llamaban. Sin ellos, la ambulancia hubiera llegado tarde.

Bella se giró lentamente para mirarla. ¿De qué hablaba?

Pero la enfermera fruncía ahora el ceño, observándola con atención.

-¿Has estado antes aquí, cielo? Me suena haberte visto.

-Pu-puede –tartamudeó-. He… he venido antes a visitar a… mi tío.

-Sí, eso debe ser –contestó la mujer con ligereza. Sin embargo, la seguía mirando suspicazmente.

Bella se removió inquieta en el asiento. Su actuación no había sido muy convincente, pero eso no significaba nada. La enfermera no tenía que haberla reconocido como la hija desaparecida del jefe de policía.

Marcharse ahora habría sido sospechoso, así que se quedó sentada, esperando pacientemente a que la señora terminase de revisar los sueros. Cuando por fin se fue, Bella respiró hondo y se levantó. Era hora de irse.

Antes de salir de la habitación miró a su padre una última vez.

Lo siento.

Se encontró con Embry en el pasillo, que parecía a punto de entrar a buscarla.

-¿Ya has terminado? –preguntó con cierta ansiedad.

-Sí –replicó Bella, fingiendo una frivolidad que no sentía-. Además, no me gusta como me ha mirado la enfermera.

Él gruñó, visiblemente molesto.

-A nosotros también nos han estado mirando. Todo el rato, ¿sabes? Como si desconfiaran de nosotros. Por eso había ido a buscarte. Sam dice que tal vez no deberíamos haber venidos todos.

-Llama mucho la atención –asintió Bella.

Se encontraron con el resto de la manada en la sala de espera. La chica no tardó en sentir las miradas sobre ella. Caminó más deprisa, incómoda. Había hecho lo que tenía que hacer… pero quizás había sido una estupidez.

En cuanto los vio acercarse, Sam se levantó e indicó al resto que le imitaran. Dirigió a la chica una mirada severa y señaló la gorra que llevaba en la mano. Ella se apresuró a ponérsela, avergonzada por haberse olvidado de algo como eso.

-¿Estás bien? –preguntó Jacob en voz baja.

Bella le miró un momento, antes de asentir con una pequeña sonrisa. Apenas había hablado con él desde el otro día, cuando le había explicado lo que sentía. No se había sentido capaz de enfrentarse a él de nuevo, y Jake… Jake huía en cuanto se encontraban a solas.

Salieron a la calle. Sintiéndose desprotegida, Bella se caló más la gorra y se reacomodó la sudadera. Miró alrededor con inquietud. Nadie parecía estar fijándose en ellos, pero la intranquilidad se había adueñado de ella.

La mano cálida de Jacob se apoyó en su hombro. No tuvo valor para apartarla.

Doblaron la esquina. Los dos coches no estaban aparcados muy lejos, llegar hasta ellos e irse. Ya casi estaban.

-¡Eh! ¡Vosotros!

Todos se helaron, al mismo tiempo. Quil, que iba el último, se asomó a la calle que acababan de abandonar. Se giró con brusquedad hacia ellos.

-¡Mierda, la policía! ¡Nos han visto! –susurró con un murmullo urgente.

-Si nos han visto, huir sólo nos hará parecer sospechosos –declaró Sam serenamente-. Escucha, Jacob, llévate a Bella. No creo que nos hayan visto a todos, no notarán si sólo se va uno.

El licántropo asintió y guió a Bella, sin soltarla del brazo. Ella se dejó llevar. Sólo habían dado unos pasos cuando Paul masculló:

-No tenemos porqué quedarnos. No hemos hecho nada. Deberíamos dejárselo claro, ¿quiénes se creen que son para pararnos así?

-Paul, ve con ellos –replicó Sam sin mirarlo.

-¿Por qué? –se quejó él.

-Sólo haz lo que te digo. No podemos tener problemas con ellos, no ahora.

Paul gruñó, pero corrió para reunirse con Jacob y Bella. Los licántropos los observaron marchar. Las tres figuras –una extrañamente pequeña y frágil junto a las otras dos- habían desaparecido cuando los dos policías llegaron hasta ellos.

No pueden huir siempre. Sólo queda encargarse de su perenne guardián, Jacob Black.