Luego de una semana agitada por ese torbellino llamado "Summer Belongs To You", regreso con esta historia. ¡Ya estamos por la mitad!

No quiero parecer pesado, pero, una vez más, insisto a todos los fans de pasarse por favor por el foro de Phineas y Ferb, en Español. No se van a arrepentir.

¿Saldrá bien el rescate? Capítulo diez, a continuación:


Capítulo X

¿Rescate... o fracaso?

Ya habiendo llegado al estado de Louisiana, las chicas continuaban con su viaje, yendo por la carretera con cuidado debido a la fuerte lluvia que había caído cerca y que había dejado húmeda la carretera. El cielo, de hecho, estaba bastante oscuro y parecía que la tormenta se trasladaría hacia allí.

A eso de las nueve y media, Isabella despertó, y grande fue su sorpresa al ver a la pelirroja con los ojos abiertos y conduciendo.

-¡Candace!-gritó, sobresaltada-¿Condujiste toda la noche?

-Sí, Isabella. Ayer Jeremy me llamó desde ese lugar...

-¿En serio? Y… ¿qué dijo?

-Que es una prisión… y que él y mis hermanos están en problemas… por eso decidí conducir toda la noche… para llegar antes. ¡Y creo que lo lograremos…! Oh, perdona… buenos días, Isabella.

-Buenos días, Candace.

Las chicas siguieron hablando, e intentaban quitarse el sueño tomando café.

-Fue buena idea traer la cafetera en el auto-dijo la niña.

-¿Ah, sí? Pues no te imaginas todo lo que traje. Está todo ahí atrás.

-¿Y cuánto dinero nos queda?

-Depende. Si lo vamos a gastar en estupideces, no mucho.

-Bien. No gastaremos nada hasta que encontremos a los chicos.

-¿Nada?

-Claro. Creo que podemos vivir sin comida.

-Por supuesto.

-Y sin agua.

-Por supuesto.

-Y sin ropa a la moda.

-Por supues… ¿Sin ropa a la moda?-se escandalizó-¿Estás loca?

-Vamos, Candace, siempre te pones la misma ropa todos los días.

-¡Pero la necesito!

-¡No!

La pelirroja comenzó a ponerse nerviosa. Sus impulsos de adolescente eran fácilmente controlables a la hora de atrapar a sus hermanos, pero en este caso, no podía hacer nada. Ya habían pasado por varios pueblos en el camino, e Isabella no iba a soportar quedarse en uno para comprar vestimenta. Sigilosamente, extendió su mano hacia atrás y trató de buscar algo en el asiento trasero. Tuvo mucha suerte: allí había un abrigo fino color verde que le caería muy bien.

-A ver si con esto te pones contenta-le dijo, dándole la ropa.

-Oh, muchas gracias, amiga. Creo que ya estoy bien.

Ella nunca le decía "amiga" ni tampoco la consideraba dentro de su grupo, principalmente por la diferencia de edad, aunque esto poco le importó a Isabella, quien sonrió al escuchar la palabra.

La pelirroja se lo puso y esto no sólo la calmó, sino que le sacó el frío que la molestaba.

-¿Falta mucho para llegar, Candace?-preguntó la chica, ansiosa y un poco nerviosa.

-No, Isabella-respondió la conductora-De hecho…

Frenó la marcha un poco para observar el enorme cartel que había en el camino. "Bienvenidos a Nueva Orleans" decía.

-¡Hemos llegado!-gritaron juntas-¡Lo logramos!

Y se abrazaron, aunque sólo por un momento, ya que el auto aún estaba en movimiento y cualquier distracción podría provocar un accidente.

-Pero… ¿cuánto nos tardaremos para encontrar la prisión?-cuestionó Isabella-Nueva Orleans es enorme.

-Ya nos arreglaremos-dijo Candace-Y di gracias al cielo que Jeremy me dio algunas indicaciones para poder entrar…

De repente, frenó de forma sorpresiva, y entró en depresión.

-Jeremy…-susurró-estuvo a punto de decirme algo antes de colgar…

-Seguro iba a decirte algo muy lindo-sugirió la morocha.

-No lo creo…

-¡Oh, vamos! ¿Por qué no lo crees?

-Bueno… creo que es porque he cometido un gran error… está claro que él sabe que todo esto fue mi culpa y que por dentro me odia…

-¡Eso no es cierto, Candace!-le gritó la niña, enojada-Jeremy te ha querido siempre. Es más, estoy segura de que le gustas. Pero claro, tú siempre has sido una pesimista sin esperanzas.

-Pero…

-¡Otra vez te pasa lo mismo!-se quejó-¿Cuándo aprenderás lo que significa ser optimista?

-Yo…

La adolescente se quedó pensativa, mientras volvía a poner en marcha el auto y lo conducía rumbo al lugar en cuestión.

-¿Y dónde estará la prisión?-preguntó la niña.

-Creo que no hay que mirar mucho para darse cuenta-dijo la conductora, señalando al frente.

Y al frente, justamente, se erigía la enorme casona, la escuela militar, cercada por el enorme campo, la fosa con cocodrilos, las vallas y la reja electrificada. Ah, y la puerta gigante cerrada.

-Creo que estoy asustada-dijo Isabella.

-Maldita sea-dijo Candace-¿Eso crees? Pues te diré una cosa: yo no. De hecho, es como me la imaginaba. Pero con truenos de fondo.

Casualmente, ni bien terminó de decir esto, un rayo cayó sobre el techo de la casa y comenzó a llover torrencialmente.

-Ahora sí estoy asustada-dijo la niña.

-¿Eso crees?-repitió la pelirroja- Pues te diré una cosa: ¡Yo también!

Y se abrazaron, temerosas, mientras más truenos caían cerca de la prisión.


Al mismo tiempo, de regreso en Danville, el malvado Heinz Doofenshmirtz preparaba todo para su largo viaje hacia el estado desconocido donde Perry el Ornitorrinco, su gran enemigo, debía residir, prisionero.

-Oye, papá…-le dijo Vanessa, con su pijama aún puesto debido a que recién se había levantado-¿puedo preguntarte por qué el lavador de cerebros no me afectó?

-Buena pregunta, hija-le respondió Heinz-La razón por la cual no te afectó fue por… por esa… esa cosita… ¿cómo se llama eso que te di?

-¿Hablas de este ridículo chip?-preguntó, intentando sacárselo.

-¡Alto! No te lo quites. En efecto, este chip lo construí para darte inmunidad. Yo también tengo el mío.

-¿En serio? ¿Dónde?

-Eh…-balbuceó, nervioso-mejor no te lo digo.

-Y… ¿por qué no decidiste controlarme?

-No necesito controlar a mi hija así. Soy tu padre, y te quiero mucho.

Vanessa sonrió tímidamente. "Bueno, al menos me valora un poco…" pensó.

Entonces, Doofenshmirtz siguió, preparando sus cosas y hablando de su enemigo.

-Tal vez me ha vencido siempre, pero debe admitir que su Agencia es inútil. No sirve para nada. ¿Cuatro meses para reubicarlo? Sólo hay una palabra para eso… estupidez.

-Más bien, esa es la palabra para definirte a ti-le dijo ella, enojada.

-¿Estúpido? Loco tal vez, pero estúpido no, hija. Estúpida es esa Agencia y todas las cosas que odio.

-¿Todas las cosas que odias?

-Pues claro… tú sabes, Vanessa, que odio los finales felices, los genios, y el noticiero de las ocho. Me sacan de quicio y me hacen vomitar.

-¿Por eso compraste todas esas películas para niños?

-No las compré, las descargué ilegalmente de Internet.

-Típico. ¿Y por eso hiciste demoler el edificio del canal siete de noticias?

-Pues claro. Esos locutores me hacen erizar.

-Creí que eran sólo los matutinos. Recuerdo que me lo dijiste una vez.

-Pero el problema es que son todos iguales, Vanessa. Sonrisa de estúpido, flequillo al viento y siempre noticias que hablan sobre el bien. ¿No pueden dar una noticia sobre un desastre natural, o un atentado a un edificio? ¡Pues aquí va uno para que tengan, entonces!

Y, ante la sorpresa de su hija, presionó un botón en su tablero de control, lanzando del edificio de "Doofenshmirtz, Malvados y Asociados" un cohete gigante en dirección a Italia. El resultado fue la destrucción del Coliseo Romano.

-¡Papá! Pero… ¿qué has hecho?

-Ese lugar era horrible-respondió el científico-Una vez fui y me cayó una piedrota encima por andar en "lugares no apropiados". Bueno, pues ahora se dan cuenta de que todo el lugar era un sitio no apropiado. Siglos en ese estado terrible y no se caía. Si no es la naturaleza es el ser humano, Vanessa. Así es el hombre: tímido al principio, pero que luego se da cuenta de lo que es y quiere someter al mundo bajo su voluntad.

La chica se quedó callada un rato, hasta que dijo:

-Mejor vete ya, papá, si no quieres que llame a mamá, vea lo que hiciste y te adelante el juicio.

-¿No estaba de vacaciones?

-Tengo suficiente fuerza como para traerla de vuelta.

-¡Genial! Pues entonces tráela, será un orgullo mostrarle como mis esfuerzos dieron frutos por fin, luego de tantos años de sufrimiento.

-Con gusto.

-Aunque ahora no puedo, porque tengo que ir a arreglar cuentas con Perry el Ornitorrinco, tú sabes… igualmente, muero por verle la cara a esa mujer. Así que en fin, hija, ve a buscar a tu madre y regresa aquí. Si tengo éxito, volveré mañana por la tarde.

Caminó hacia el paredón y, apretando otro botón, abrió un cuarto secreto donde había varias creaciones suyas viejas o que nunca había usado. Caminando entre ellas, fijó su atención a la de una antigua avioneta.

-No la he usado desde hace años-comentó-Me traerá recuerdos de Afganistán.

-¿Qué?

-Eh… ¡del carnaval! Una vez la usé en un carnaval… para escribir un mensaje de humo en el cielo.

Más calmado, se puso un atuendo de aviador, gafas incluidas, y arrastró el vehículo hacia afuera.

-Cada vez estás más ridículo-le dijo Vanessa, al ver su nuevo aspecto.

-Eso es otro punto a favor-le dijo su padre-El hombre es como el oso, cuanto más feo, más hermoso.

-¿Eh?

-Es sólo un dicho, hija. Cosas que nunca digo, pero que en realidad… ¡Bueno! Tú entiendes. Cuando te diga, haces contacto.

-Bien-dijo ella de mala gana.

Se subió a la avioneta y la puso en marcha.

-¡Contacto!-rugió.

Vanessa tomó una de las aspas y la hizo girar. El vehículo estaba listo.

-¡Adiós, hija!-gritó Heinz-¡Que la maldad te acompañe!

Sin embargo, el espacio para la carrera del avión no era suficiente, por lo que cayó patéticamente al vacío. Afortunadamente para Doofenshmirtz, pudo estabilizarlo a tiempo y comenzó a volarlo con gran habilidad.

-¡Yahoo!-gritó-Esto es mejor que mi aburrido globo aerostático.

Y así, se lanzó rumbo a recorrer el país. No disponía absolutamente de nada para reconocer el lugar al que debía llegar... salvo su instinto y su personalidad malvada, claro.


Mientras tanto, las chicas habían estacionado el auto en un estacionamiento al aire libre, cerca de la prisión, para caminar un poco y planear el rescate. Ocultas entre unos arbustos, comenzaron a establecer algunas pautas.

-En primer lugar, Isabella, si me capturan, tú escapas-dijo Candace.

-¡No puedo! Estamos juntas en esto.

-Pero si tienen que capturar a alguien, esa debo ser yo, no sólo porque soy la culpable de todo esto, sino también porque soy una Flynn, y es preferible que tú, que eres de una familia ajena, se salve.

-Bien-dijo la niña, resignada.

-Segundo: si los rescatamos, y mientras corremos yo caigo, no vengas por mí. Sálvate tú.

-¿Otra vez lo mismo, Candace? Te he acompañado todo el viaje y creo que ya estamos lo suficientemente unidas como para ayudarnos la una a la otra. Además, recuerda que estarán los chicos.

-Bueno… y tercero-la ignoró la pelirroja-¿Tienes idea de cómo pasar?

-Claro. Sólo déjamelo a mí.

Ya eran las diez y media, y luego de volver al estacionamiento para buscar algo dentro del auto que pudiera ayudar, Isabella se encontró con las preciadas herramientas de Ferb, una ayuda indispensable en toda ocasión. Volvieron al edificio y se quedaron mirándolo desde atrás de las rejas.

-Mira, Candace-le dijo Isabella-Cortaremos los cables que conducen la energía a la escuela para entrar por esta puerta, que según la carta de Jeremy está electrificada, para entrar sin problemas.

-¿Y cómo cruzaremos el campo sin que nos vean?

-Sencillo. Estarán todos preocupados por el daño eléctrico y aprovecharemos para meternos dentro.

La adolescente se quedó maravillada con el plan.

-Eres un genio, Isabella-le dijo simplemente.

-Oh, no es cierto-se sonrojó la niña.

-Ahora… ¿cómo llegamos al suministro de energía del edificio?

Y empezó a buscar desesperadamente. Miró hacia todos lados, incluso dentro del lugar.

-Oh… ¿dónde está?

-Candace…-le susurró su amiga, manteniendo la calma.

-¡Espera, espera! ¡Aquí está…! ¡No!

-Candace…

-Alto, creo que…

-¡Candace-rugió ella, asustándola.

-¿Qué?

-Mira hacia abajo.

La pelirroja miró a sus pies. Increíble: colocado dentro del muro, al ladito de la reja y resguardado por una simple puertita de metal barato, se encontraba el suministro de electricidad.

-Deben ser muy imbéciles para colocarlo aquí-dijo Candace.

-En realidad no-corrigió Isabella-Como intentaba explicar Edgar Allan Poe, a veces uno busca con tanta desesperación una cosa que no puede encontrarla, por más de que ésta esté frente a sus ojos.

-Cierto, pero no creo que la gente busque con desesperación esto.

-Claro que no, pero… ¿y las que sí lo hacen? Como tú, por ejemplo. Te volviste loca y no pudiste encontrar algo que tenías a tus pies. Oh, por cierto… eso mismo te pasa con Jeremy.

Inmediatamente, a la adolescente le surgió como una especie de clic en el cerebro.

-Isabella…-susurró la pelirroja-Jamás pensé que fueras tan analista.

-Bueno, no siempre el protagonista es el más importante.

-Así se habla-respondió Candace, y tomó la pinza de su hermanastro-¡Que se apaguen las luces!

Y tras gritar esto, cortó el cable que proporcionaba la energía. En efecto, pudieron ver como todas las luces se apagaban y un impactante grito se escuchaba desde una de las habitaciones. A la vez, Ferb cantaba victoria. No porque sabía lo qué había pasado, pero sí que eso no era normal.

-¡A correr!-gritó la adolescente, y treparon por la cerca.

No era una puerta muy alta, por lo que pudieron llegar hasta arriba y saltar al pasto en poco tiempo.

-¡Rápido!-gritó Isabella.

Se escuchaban cientos de gritos provenientes del edificio, ante el horror de las chicas, que corrían y corrían desesperadas por el campo, hasta que finalmente llegaron hasta la puerta.

-¿Cuál era la contraseña?-preguntó la niña de pelo negro.

-¿Contraseña?-preguntó Candace, y recordó lo que el rubio le había dicho-Creo que era… ¡ostras fritas!

La puerta comenzó a abrirse con un sonido chirriante, y antes de que bajara por completo se detuvo.

-¿Qué sucedió?-preguntó la pelirroja.

-Bueno, recuerda que no hay energía-le recordó Isabella-¿Qué, creías que se abría con magia?

-No, pero… ¡aún podemos pasar!

Con un par de grandes saltos, pudieron saltar al otro lado, burlando a los cocodrilos, y pasaron por el pequeño espacio entre la puerta y la pared. Dentro, se oían algunos disparos. Aterradas, comenzaron a correr en la oscuridad, guiadas únicamente por la linterna de Ferb, la cual traían junto con todas las demás herramientas.

Así siguieron, hasta que, de repente, Candace e Isabella se chocaron con dos personas al mismo tiempo.

-¡Ah!-gritó la pelirroja-¡Por favor, no nos hagan nada!

-¿Eh? ¿Candace?-preguntó uno de los desconocidos.

Alumbrándolos con la linterna, pudieron ver que eran Coltrane y Bill.

-¡Coltrane!-gritó ella, abrazándolo-¡Hemos venido a…!

-¡Lo sé!-exclamó-Y tenemos la solución a su problema. ¡Vengan con nosotros!

Los cuatro corrieron juntos unos cuantos metros, hasta que unas voces provenientes de cerca hicieron que se detuvieran.

-Bueno, hasta aquí llegamos-dijo el moreno-Tenemos que distraerlos. Pueden encontrar a los chicos si doblan a la derecha dos veces, yendo por allí-les informó, señalando un hueco casi invisible en la pared, en medio de la oscuridad.

-Oh, muchas gracias-le dijo la pelirroja, y se metió en el hoyo, seguida de la niña.

-Pero antes…-las detuvo-Temo avisarles que, tal vez, ya sea demasiado tarde para que puedan recuperarlos... Francamente, lo siento.

Preocupadas, volvieron a mirarse y se metieron en el agujero. Tal como lo dijo el adolescente, y luego de doblar dos veces, llegaron a una puerta cerrada con llave.

-¡Está cerrada!-gritó Candace-¿Crees que sea ésta?

De repente, alguien exclamó su nombre desde adentro, al escuchar su voz.

-¡Es Ferb! ¡Ayúdame, Isabella!

Y comenzaron a embestir la puerta con furia, intentando abrirla.

-¡Ríndete ya!-gritó la pelirroja, como si aún estuviera tratando de abrir ese candado en el jardín-¡Ahhh!

Y tras ese último grito, la puerta finalmente cedió. El lugar, que estaba lleno de celdas para presos, sólo tenía tres huéspedes allí: los chicos. Candace corrió hasta donde Ferb lo llamaba y allí los vio a los tres. No pudo evitar gritar al ver el estado en el que se encontraban.

-¡Hermanos…! ¡Jeremy!-exclamó, pero el adolescente no le contestó.

-¡No, Phineas!-gritó Isabella, al ver a la persona que amaba con un chaleco de fuerza.

La dulce voz de la niña de pelo negro le hizo levantar la cabeza, contemplando así su rostro.

-¡Isabella!-gritó el muchacho, sonriendo luego de mucho tiempo-¡Eres tú! ¡En verdad eres tú!

-¡Hay que derribar la puerta! ¡Ferb, ayúdanos!

Como era el único sin el chaleco de fuerza, el muchacho de pelo verde pudo embestir las rejas sin problemas, mientras Candace la azotaba con un martillo e Isabella con sucesivas patadas. Finalmente, la puerta cedió y los tres pudieron encontrarse y darse un abrazo.

-¡Ferb! ¡Estás muy pálido! Y Phineas… ¡y Jeremy…!

Con la mirada perdida los vio. Sus hermanos, en especial Phineas, y su amor imposible estaban en muy mal estado. Y el rubio balbuceaba cosas.

-¡Jeremy!-exclamó Candace-¡Jeremy! ¡Soy yo!

El rubio no contestó. Con los ojos entrecerrados, lo único que hacía era mirar al techo.

-¡Jeremy!-volvió a gritar la pelirroja, preocupada.

Mientras ella se desesperaba, Isabella cortaba el chaleco de Phineas con unas tijeras. Una vez libre, se dieron un enorme abrazo.

-Oh, Isabella-le dijo él-Sabía que te volvería a ver…

-Yo también… te extrañé mucho, Phineas.

Y se tomaron de la mano. La muchacha seguía gritando, sin éxito.

-Deben haberle lavado el cerebro-dijo la morocha-No encuentro otra razón por la que no te conteste.

-Por desgracia, así fue-comentó el pelirrojo, triste-Ferb y yo hemos tratado de recuperarlo, pero no pudimos…

Enojada, su hermana decidió insistir.

-¡Vamos, Jeremy! ¿No me recuerdas?

En eso, el joven abrió la boca.

-No…-balbuceó.

-Jeremy…-le susurró Candace.

Todo era inútil. Habían llegado demasiado tarde para él.

-Bien… al menos puedo darte algo…

Se sentó junto a él, lo tomó de las manos y se inclinó para darle un beso, pero antes de que uniera sus labios a los de Jeremy, reaccionó de forma violenta y le dio un cachetazo en la mejilla.

-¡Actúa como un hombre!-le gritó con furia-¿Qué sucede contigo?

Lo tomó de los hombros y lo zamarreó con fuerza, pero al verle la cara lastimada se levantó y retrocedió, arrepentida.

-¡Lo siento…! ¡Perdóname, Jeremy…! Pero es todo lo que puedo hacer por ti… quiero que sepas que estoy muy apenada por lo que hice. La culpa fue totalmente mía…

-Candace, por favor, olvida eso-le pidió Isabella.

-… y además no creo que tú hayas podido hacer algo para evitarlo-continuó, ignorando a la niña.

Le sacó el chaleco de fuerza, y se quedó mirando como el adolescente se tocaba la mejilla enrojecida.

De repente, la miró, y le dijo, sonriendo:

-Tal vez no debí cantar esa canción en el concierto. Debí cantar esa que escribí para ti, y sólo para ti... te extrañé mucho, Candace.

Emocionada, la pelirroja no pudo hacer otra cosa que darle el abrazo más fuerte que pudo alguna vez dar. Su amor ¿imposible? Había regresado.

-¡Bienvenido de nuevo, Jeremy!-exclamó Phineas, feliz.

El adolescente lo miró confundido, ya que él creía que a Phineas también lo habían reformado.

-Oye, ¿cómo te recuperaste?-preguntó.

-Nunca me lavaron el cerebro, Jeremy-admitió el chico-Lo fingí todo.

-¿En serio?-le preguntó el rubio-Bueno, yo no podía mentir acerca de esta muchacha-y miró a Candace a la cara.

Entonces, el brillo azul de los ojos de ambos se unió hasta formar una luz tan grande que iluminó toda la sala.

-¿Eh?-preguntó Isabella-¿Y esa luz?

¡No era la luz de los ojos de los adolescentes! Era el Sargento Honrado, que había entrado en la habitación con una luz de emergencia azulada en la mano.

-Los estaba esperando-dijo simplemente.

Y ante los gritos de todos, los agarró de los pelos, con ayuda de diez soldados, y los lanzó en otra celda, ya que la puerta de la que se encontraban estaba completamente destruida.

-Tengan buenos días… en unos momentos se dirán adiós para siempre.

Les cerró con llave, tres candados, e hizo lo mismo con la entrada a la habitación. Los cinco se miraron. El rescate había sido un fracaso.

Todo había sido en vano.


Otra vez, un capítulo termina mal. ¿Qué pasará ahora? ¿Doof encontrará a su enemigo? En la próxima entrega, "Rescatando al soldado Perry".

Agradezco los reviews de lord clerigo (reitero para los que no entendieron, sí hubo algún que otro guiño a "La Naranja Mecánica"), ez115fic y de tsukimine12. ¡Saludos, fans de P&F!