-o- cambio de escenario

[o] analepsis

Beyblade no me pertenece...


Los hechos son el pasado y las acciones el presenteNo olvides, sólo perdona


-oO08(¿Papá?)80Oo-

Por Kiray Himawari

Capítulo X Sonrisas Francas

El pelirrojo se agarró fuertemente de la pierna derecha de su padre…

— ¿Papá? —

Kai torció la boca en un gesto hostil. ¿Hacía cuánto no veía a aquel hombre en sucasa? Más de diez años, eso tenía por seguro. No entendía ni el motivo por el que estaba allí parado en su pórtico.

— ¿Qué hace aquí? — preguntó molesto.

— Vine a ver a Ritsuka, mi nieto… — el sólo escuchar esas palabras en sus labios hacía que su estómago diera un vuelco en repulsión.

Su semblante era sereno, aunque ciertamente había timidez en su voz. ¿Qué le hacía pensar que tenía el derecho a proclamar a Ritsuka como sunieto? Sabía que había cometido el error más grande de su vida, pero en su definición de felicidad también estaba la palabra: enmendar errores y pedir perdón. La vida le había mostrado tantas caras que en definitiva quería estar junto a suhijo y su nieto.

— Creí que venía por las gráficas… — desvió su mirada hacia el pequeño pelirrojo que aún se abrazaba fuertemente a su pierna.

En un movimiento rápido y visiblemente fácil lo alzó y colocó en sus brazos.

— Ritsuka… — llamó el hombre.

Sus orbes carmín observaban a una figura masculina de cabello grisáceo, ojos color verde y piel blanquecina; vestía un traje formal negro y una corbata color vino. En definitiva se encontraba frente a Susumu Hiwatari.

— ¡Abuelo! — saltó de inmediato para ir a los brazos de aquel hombre.

Sus corazones dieron un vuelco. El del mayor porque se llenaba de regocijo al escuchar aquella vocecita llamarlo abuelo; a veces fantaseaba con que aquella voz dijera "papá" y entonces tener la bendición de recordar esos momentos que quedaban en algún rincón de su memoria. Por otra parte el corazón del menor palpitaba más rápido buscando la manera de dejar salir toda esa sensación de resentimiento contra aquel sujeto que quería ser su padre después de tantos años, después de haberlo entregado a Voltaire en bandeja de plata.

Con recelo observó cómo Ritsuka abrazaba a Susumu, sus manos se empuñaron y su mandíbula se tensó, mas no dijo nada…

— Estamos tomando el almuerzo, pase — invitó, aunque renuente.

Su risa se paró inmediatamente. Podía sentir la tensión en la voz de Kai, sabía que no era bienvenido en aquella casa que alguna vez compartió con su amada esposa, mas si tenía que recurrir a esa debilidad de su hijo con Ritsuka para poder acercarse a él, lo haría; quería al bicolor en su vida de nuevo.

— Gracias — pasó lentamente a través de la entrada que Kai había despejado.

Tras él, el bicolor seguía sus pasos con rigidez. Odiaba tener que permitirle la entrada, sin embargo hacía lo que creía mejor para Ritsuka. Desde que el pequeño había llegado se había convertido en su vida. Aún recordaba cuando Susumu apareció por primera vez con su traje negro y corbata verde olivo, en aquel entonces había querido golpearlo directo al rostro, pero el pequeño en sus brazos le impidió semejante acción.

Aquel hombre ingrato había buscado la manera de sanar su corazón apoyando "desinteresadamente" a diversos orfanatos en varios países. Todavía no quería creer que había gente tan hipócritamente enfrascada en sí mismos haciéndose pasar por filántropos… Detestaba a Susumu

-o-

En el comedor el caos no se hacía esperar. De alguna manera Kai terminaba siendo el punto medio entre ambos bandos, por un lado estaban sus amigos de infancia y sus amigos de la adolescencia. No sabía cómo es que había pasado, pero a su corta edad podía decir que había llegado hasta una estabilidad familiar; sus amigos lo aceptaban como era, con su pasado y su presente, con sus defectos y virtudes, además sus amigos aceptaban a Ritsuka, esa parte fundamental en su vida, la base de su ahora fortaleza y deseo para ser y hacerlo feliz. Cuando llegaba a pensar en lo cursi que sonaba aquello sólo tenía que recurrir a la imagen del pequeño pelirrojo sonriendo, entonces todas las dudas, la vergüenza y la nube de soledad y depresión se alejaban. Ahora podía decirlo con todas sus letras, Kai Hiwatari era feliz.

Sin embargo la felicidad no es un estado permanente, sino pequeños fragmentos que resignifican la vida a cada instante y era por ello que en ocasiones las nubes negras nublaban su existencia, justo como ocurría en aquel momento. De un segundo a otro el silencio invadió la habitación. La expresión de Kazumi era un poco confusa, según podía observar Hilary. La joven pelilavanda había marcado la pauta del silencio incómodo. En su campo de visión había aparecido aquella figura que había aprendido a reconocer y respetar desde el momento que le fue presentado. En ese entonces comprendió muchas de las cosas que el bicolor guardaba de sí mismo y fue así como también pudo conocer ambos puntos de vista.

De manera inconsciente se levantó de su lugar y caminó hacia el hombre que traía en brazos al pelirrojo. Las demás miradas siguieron su grácil figura hasta alcanzar a divisar con perfección al hombre que había provocado la reacción en la chica.

— ¡Kazumi! — se removió el pequeño con el objetivo de correr a los brazos de su nana — ¡Mira quién vino! — exclamó gustoso.

La expresión de los rusos fue de consternación en el momento. A su mente llegaba el recuerdo de aquella escena de un pequeño bicolor llorando en frustración y un par de marcas que a partir de ese momento serían el orgullo de su amigo de infancia. Tyson y los demás chicos no sabían lo que ocurría en verdad. El silencio, los rostros preocupados y Kai entrando al lugar con una expresión molesta no encajaban con la visión de un pequeño pelirrojo emocionado por la presencia de un hombre que a todas vistas parecía un empresario haciendo gala de un fino traje negro y una corbata vino que resaltaba sus ojos verdes, su cabello grisáceo y su piel extremadamente blanca. Algo en aquel hombre les parecía familiar y no fue hasta que algunas palabras hicieron clicen sus mentes…

— ¡Vino mi abuelo! — el aire fue inhalado profundamente para contenerse en el interior de los pulmones por unos segundos hasta que escucharon la voz de Darinka…

— Sr. Hiwatari — pronunció con un tono que emanaba respeto y admiración y al mismo tiempo sorpresa.

— Kazumi, Darinka — mencionó sus nombres brindándoles una sonrisa gentil.

"Sr.Hiwatari"… Ahora parecía tener más sentido, el cabello grisáceo y la piel blanquecina eran dos características que Kai y ese sujeto compartían. La diferencia radicaba en los ojos que, ahora suponían, el bicolor había heredado de su madre, así como también su cabello azul noche que se encontraba en la nuca del chico. Era un hombre bien parecido que, si sus cálculos no fallaban, no superaba los treinta y cinco años.

Kai observó las diferentes reacciones de los huéspedes en su hogar. Sabía que en algún momento pedirían explicaciones, mas, desde su punto de vista, no había más qué decir, por lo que presentó a Susumu.

— El Sr. Susumo Hiwatari es el abuelo de Ritsuka, — intentó no sisear con veneno el nombre — además de ser mi jefe directo en su empresa — y la presentación terminó allí.

El bicolor en verdad no quería tener ninguna relación con ese hombre; si bien había participado en su procreación, ahora no era más que un hombre que huye ante las responsabilidades que él mismo se genera y por tanto no tenía el más mínimo respeto por parte de Kai como padre, únicamente como un empresario exitoso.

En ese momento comprendieron la molestia de su amigo y la mirada consternada de los rusos, aunque todavía quedaba la incógnita de cómo era posible tan buena relación con Ritusuka, Kazumi y Darinka. De un segundo a otro la atención fue robada para que pudieran ser presentados a Susumu.

— Sr. Hiwatari, ellos son mis amigos: Hilary, Tyson, Tala, Ray, Max, Bryan, Spencer, Kenny y el Sr. Dickenson, que supongo usted ya conoce. —

El Sr. Dickenson no podía sentirse más incómodo. Ahora sabía que Kai tenía conocimiento de sus tratos con Susumu, no que fuera malo, sino que había pensado mantener en discreción sus transacciones con el fin de no herir al chico. Sólo que no había contado con la información de que Kai trabajaba para su padre…

— Susumu, ¿cómo has estado? — preguntó con una sonrisa fingida debido al estrés por el que estaba pasando.

— Muy bien, Sr. Dickenson… — el silencio amenazaba con volverse permanente.

Ritsuka miraba de un lado a otro intentando saber qué era lo que estaba pasando. Su abuelo estaba allí y los amigos de su papá también y no entendía qué era eso que sentía en su corazón. Angustia, miedo, represión, pesadez, ansiedad… Comenzó a jalar aire con fuerza, su carita palideció de un momento a otro en los brazos de Kazumi…

La atención de todos se dirigió en aquellas respiraciones que parecían dificultarse a cada instante. Y pronto vieron cómo el bicolor corrió a su auxilio de inmediato. Kai había visto cómo Ritsuka estaba experimentando cada cambio de diferente manera. El pelirrojo era un niño tímido, en ocasiones parecía un pequeño ratoncito que buscaba esconderse de las garras de un gato feroz; sabía que al pequeño le había costado mucho salir de su zona de confort, enfrentarse a nuevos rostros y a nuevos lugares. Según el psicólogo, era una brillante idea, sabiendo que el pequeño necesitaba comenzar a ser más independiente y menos apegado a Kai, puesto que pronto iniciaría su etapa preescolar y el bicolor no podría estar allí todo el tiempo.

-o-

Abrazó con fuerza a Ritsuka ahora que lo tenía en sus brazos. No recordaba ni cómo había llegado hasta donde estaba el pequeño con Kazumi, ni tampoco recordaba cómo es que ahora estaba en la habitación del pelirrojo. Lo único que pasaba por su mente era evitar otro ataque de pánico que mermaría la salud del pequeño. El pelirrojo en sus brazos comenzaba regularizar sus respiraciones. Sus manitas se aferraban a la ropa de su padre intentando no dejarlo ir. En su interior, Ritsuka sabía que no tenía porqué asustarse, mas su organismo no parecía responder como deseaba.

El pequeño aún recordaba cuando Kai le había explicado el porqué no le gustaba estar cerca de su abuelo, también le había expresado que si él quería podía acercársele, pues al final de cuentas Ritsuka era un punto y aparte. Había intentado hacerle ver que los problemas que el bicolor pudiera tener con Susumu no debían afectarle en lo más mínimo. Cerrando sus ojitos para mitigar la sensación de mareo comenzó a relajarse. Sus manitas ya no empuñaban con fuerza la ropa de su padre y su respiración era casi normal.

Kai repasaba su cálida mano por entre su cabellito pelirrojo intentado disminuir el estrés al que había sido sometido a su hijo. No podía evitar sentirse culpable. Quizá si no tuviera aún ese resentimiento, la tensión no habría llegado hasta Ritsuka. Ryota, el psicólogo del pequeño, le había dicho que el pelirrojo era muy sensitivo y sensible y que los cambios de ambiente podían afectar su estabilidad emocional. Había logrado con éxito evitar los ataques de pánico que poco tiempo atrás habían sido constantes, pero no podía evitar sentirse frustrado, enojado y dolido con su Susumu. Sabía que tenía ciclos que cerrar con respecto al tema y era por ello que había decido mantenerse a distancia cuando su padre decidía convivir con el pequeño en el orfanato, ésa era la razón por las cuales las cuestiones laborales las dejaba en el gran edificio perteneciente a Susumu.

Cerró los ojos y respiró profundo, debía relajarse y resolver sus propios problemas si no quería que Ritsuka sufriera las consecuencias…

— Quiero ver a mi abuelo — escuchó una voz que lo sacó de sus pensamientos.

— Vamos — le dijo con una sonrisa cálida y sincera.

Si bien no le agradaba estar con Susumu, no tenía motivos para entrometerse en la relación entre él y Ritsuka… Se pusieron en pie y salieron de la habitación.

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En la sala Susumu mantenía su rostro oculto tras las palmas. Había ido a visitar a Ritsuka luego de haber escuchado que el pequeño se había puesto mal el día anterior. Esa mañana había ido de visita al orfanato, como ocurría cada fin de semana, con el objetivo de verificar que todo estuviera en orden y que no hiciera falta nada en aquel sitio. Desde que había tomado la decisión de abandonar a Kai con su padre, Voltaire, Susumu había sentido una culpa terrible acosarlo desde siempre. En un principio creyó que podía olvidarlo todo, olvidar a su amada esposa, a su amado hijo y comenzar de ceros, pero la vida no es así. La culpa, la miseria, la tristeza y la soledad lo habían acompañado desde el momento que le dio la espalda al bicolor. Había intentado salir con otras mujeres para llenar el vacío que había dejado su esposa, mas nada parecía funcionar, no había mujer que cubriera su desierto corazón. Fue así como decidió abandonar la idea de rehacer su vida por completo.

El trabajo se había convertido en su refugio y realizaba alguna aventurapasajera que lo distraía momentáneamente de su infierno. Luego volvió a Kioto para establecer su empresa allí. Y un buen día recorriendo las calles con la miseria a cuestas pasó por aquel orfanato; LuzdeInvierno era el nombre. Miró en el interior del lugar con lágrimas acumulándose en su interior. Allí dentro había varios niños jugando, niños que habían sido abandonados por la fortuna y por sus padres. Su corazón había dado un vuelco, él era uno de esos padres infames que huyen de la responsabilidad y son los suficientemente cobardes para no enmendar su error.

Así comenzó su vida como benefactor de orfanatos. Teniendo el dinero suficiente para vivir y regalar decidió ayudar a orfanatos como ése. Comida, mobiliario, reconstrucciones, jardinería, profesores, materiales, juegos, todo lo que fuera necesario para hacer su estadía en esos sitios más pasadera. Comenzó a creer que el cariño que les daba a esos niños llegaba por magia a su propio hijo, que ese cariño llegaba a Kai.

Su frustración creció demasiado. Ese cariño no había llegado a Kai, ni todas esas cosas que enviaba a aquellos niños. Se había estado engañando y había dañado de manera irreversible a Kai. Y un buen día en el orfanato, haciendo su visita de rutina lo vio. Allí estaba su hijo con su cabello bicolor y esa mirada carmín que compartía con su amada esposa. Quiso correr y abrazarlo, suplicarle perdón y llorar hasta que la vida le quitara la culpa que llevaba desde hacía mucho, mas sus acciones se detuvieron al ver a un pequeño pelirrojo en brazos… ¿Kai tenía un hijo?

— ¿Abuelo? — esa pequeña voz podía reconocerla en cualquier parte.

Esa voz pertenecía a su pequeño nieto, ese pedacito de estrella que había iluminado la oscuridad de su hijo. Su voz sonaba un poco confundida, quizá debido a su propio estado que denotaba preocupación.

— Ritsuka — levantó la vista para encontrar su mirada con unos ojitos carmín.

El pequeño estaba allí frente a él con una mano sujeta por Kai. No podía creer que la expresión de su hijo, ya no tenía ese semblante incómodo y homicida. Su rostro ahora mostraba una serenidad imperturbable, una serenidad que nunca creería ver dibujada en esas facciones marcadas de por vida por su culpa.

— Ritsuka aún no termina de desayunar, ¿por qué no lo acompañas? — esas palabras parecían un sueño.

¿Había escuchado bien? ¿Lo estaba invitando a desayunar con Ritsuka? ¿Lo había llamado de una manera menos formal y másafectiva? Quizá su mente le estaba jugando una mala broma, pero esa teoría se fue por la borda cuando Kazumi lo escoltó de regreso al comedor con Ritsuka y Kai tras de ellos. Los demás presentes observaron curiosos los sucesos que comenzaban a llevarse a cabo, sin embargo los siguieron también para terminar el desayuno que habían dejado pendiente debido a la alerta por la salud del pequeño pelirrojo.

Sentándose a la mesa, Susumu pudo tomar posesión del asiento a la derecha de Kai, observando a éste cómo actuaba para con Ritsuka. ¿Hubiera podido actuar como el bicolor? ¿Hubiera sido un padre paciente, sobreprotector, amoroso, cariñoso? Tantas preguntas quedarían sin ser contestadas porque, al final, Susumu no podía volver el tiempo atrás y no podría saber lo que es ser un padre…

El desayuno se llevó a cabo en un ambiente felizmente extraño. Ritsuka se veía contento con la presencia de Susumu y hablaba con él de vez en vez cuestionando lo que a Susumu le gustaba hacer, a lo que el hombre respondía gustosamente inventando pasatiempos que podían gustarle al pequeño. Tyson y Max se integraron de inmediato a la conversación y en verdad congeniaron con el padre del bicolor; mientras tanto Kenny, Ray, Hilary, Kazumi y Darinka participaban en menor medida, pero todo parecía tranquilo.

Los rusos, por otro lado, no emitieron más que respuestas monosilábicas o gestos hostiles que por segundos cortaban el ambiente cómodo que se había creado. Por su parte, Kai sólo mantuvo en su regazo a Ritsuka escuchando con atención la conversación de todos, no participó en lo absoluto y, contrario a lo que muchos pensarían, no se le veía hostil o enojado; y aunque para la mayoría del equipo japonés pasó desapercibido, algunos lograron ver a través de esa casi impenetrable barrera de tranquilidad.

En verdad Susumu disfrutó de aquel desayuno familiar. Risas, conversaciones banales, profundas, con y sin sentido, era algo que realmente deseaba. Las mañanas con un par de ejecutivos o amigos no era algo que podía llamar familiar. En su cabeza comenzaba a crear escenarios en donde las risas, las conversaciones relajadas y los chistoretes eran cotidianos, incluso llegó a imaginar a Kai riendo en sonoras carcajadas y a él mismo sonriendo y dando palmadas reconfortantes a su hijo mientras veían a Ritsuka jugar en el jardín, pero pronto tuvo que volver a la realidad cuando Kazumi anunció el momento de recoger la mesa y, como en toda gran familia, cada miembro colaboró con alguna tarea, aunque simple, todos participaban de manera activa.

Susumu se sentía realmente a gusto, sentía que por fin había llegado el momento de volver a estar todos juntos, de dar la vuelta a la página del pasado y de escribir el presente y futuro. Su sonrisa en verdad era sincera; su corazón sentía regocijo. Una vez que el comedor estuvo limpio y que todos habían tomado sus respectivos roles de competidores, Ritsuka optó por jugar un poco con Susumu mostrándole lo divertido que era armar rompecabezas. El hombre estaba realmente encantado y asombrado por la habilidad del pequeño para encontrar las piezas justas para los espacios disponibles. En verdad admiraba a su hijo. Jamás cruzó por su mente el cómo sería Kai en su etapa adulta, Susumu simplemente hizo su maleta, tomó sus cosas y salió por la gran puerta, esa misma por la que ese día había entrado.

Su mente estaba comenzando a perderse en amargos recuerdos cuando el pequeño pelirrojo lo atrajo nuevamente a la realidad. El rompecabezas de mil piezas casi estaba terminado. Debía darle méritos extras al bicolor, había sido muy listo en mandar a hacer una base de madera en donde el pequeño podía ir colocando las piezas sin tener que moverlas de un lado a otro cada que quería jugar un poco. Susumu sonrió una vez más… Quizá era momento de comenzar de ceros…

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Por otro lado los rusos, siendo más previsores y prácticos que los japoneses, ya tenían sus maletas listas y ahora intentaban congeniar un poco más con las chicas. Kazumi en verdad parecía la hermana de sangre de Bryan. Ambos chicos compartían rasgos familiares como la tonalidad del cabello, los ojos, la piel, pero más allá de aquello lo más sorprendente resultó ser el carácter. La pelilavanda tenía buena habilidad y reflejos para sortear los comentarios ácidos de su ahora hermano de circunstancias. Yuriy y Spencer estaban asombrados por la habilidad de la chica, incluso llegaron a pensar que las cosas podrían tornarse peligrosas entre ese par de pelilavandas, pero se tranquilizaron un poco cuando Kazumi perdió la batalla al no saber qué responder al comentario de Bryan. Darinka rió graciosamente junto con los demás por el sonrojo en las facciones de su amiga, Definitivamente sería un torneo interesante, y ni qué decir de la compañía.

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Estaba sentado frente a su escritorio en el estudio. Revisaba con paciencia los documentos que había recibido del Sr. Dickenson. Desde que le habían sido entregados no los había revisado con propiedad, considerando que era la documentación necesaria para que Ritsuka viajara con él alrededor del mundo. Respiró hondo y fijó su mirada en el ventanal que daba hacia el jardín trasero. El cielo parecía tranquilo, las nubes eran pocas y formaban figuras sin sentido en la inmensidad azul. Paseó su vista un poco por entre las plantas que adornaban ese pequeño espacio creado sólo para el deleite del pequeño. Sí, había mandado colocar algunos juegos allí. Recordaba que los de su infancia los había mandado botar porque consideraba doloroso mirarlos y saber que no los había disfrutado como todo niño desea hacerlo, mas ahora las cosas eran diferentes. Esos juegos infantiles cargaban con una nueva energía, estaban hechos para que a Ritsuka le fueran arrebatadas sonrisas y carcajadas. Sonrió brevemente antes de continuar su labor. Debía distraerse un poco más si quería olvidar esas manchas en su pasado.

Estaba perdiéndose de nuevo mientras miraba un pequeño álbum de dibujos del pequeño, había decido que era importante conservar sus pequeñas y significativas obras de arte, le gustaba pensar que tiempo después sentiría nostalgia al recordar la infancia del pequeño. De pronto un toque en la puerta se dejó escuchar. Levantó la vista y despabilándose dio la orden para que la persona afuera pudiera acceder. La perilla se giró y al estudio entró no otro más que Tyson.

— ¿Qué ocurre, Tyson? — preguntó volviendo a fijar la vista en sus asuntos.

— Vengo a decirte que ya estamos listos, sólo falta lo que digan los maniáticos — dijo refiriéndose a los rusos.

— No les hables de esa manera, mucho menos delante de uno de ellos — dejando en duda si se refería a él o alguno de los "verdaderos" maniáticos.

— Bueno, ya… ¿qué haces? Tiene rato que no te apareces por ningún lado — inquirió mientras intentaba echar un vistazo a lo que hacía el bicolor.

— Nada de tu incumbencia, — pronunció en tono frío — dile a los otros que comiencen a subir las cosas a la camioneta, debemos partir antes de que sea más tarde, de lo contrario perderemos nuestro vuelo — y diciendo aquello inició su tarea de ignorar a Tyson aún frente al escritorio.

— ¿Te encuentras bien? — preguntó el chico de gorra con cierto tono que desconcertó al bicolor.

— ¿A qué viene tu pregunta? ¿No ves que estoy ocupado? — no pudo evitar sonar molesto.

¿Se encontraba bien?

— Te veías tenso durante el desayuno… ¿Hay algún problema con tu padre? — y dio en el tema preciso.

— Tyson, — habló con firmeza, pero no rudamente — no tienes nada de qué preocuparte, sólo entrena lo necesario para conservar tu título. No pasa nada entre Susumu y yo, quizá sean especulaciones tuyas al no haberme escuchado hablar de él, pero si te reconforta saber si está todo en orden, lo diré fuerte y claro: No pasa nada, todo está tranquilo y normal — diciendo aquello con su rostro armonioso sin rastros de broma o mentira aparente continuó su papeleo.

Tyson observó atento unos momentos más… Era verdad, podía ver que no había nada que expresara molestia en el rostro de su amigo, quizá sólo había sido su imaginación. Sí, eso era lo más probable. En fin, Kai tenía razón, sólo debía preocuparse por entrenar para conservar su título y dejar un buen recuerdo para el futuro. Tras la salida de su compañero de equipo su mirada se tornó oscura, sus labios se torcieron en un gesto de disgusto… ¿Se encontraba bien?

Nuevamente fue traído a la realidad cuando un pequeño pelirrojo entró por la puerta que había sido cerrada hacía unos instantes. El pequeño corrió directamente hacia él para acomodarse de inmediato en su regazo. Kai sonrió inevitablemente. Amaba esas interrupciones. Quizá si hubiese sido alguien más hubiera terminado con un libro estrellado en el rostro. Abrazó su hijo y depositó un beso en su pequeña frente… Si alguien más lo viera…

— Es un niño muy inteligente y encantador — escuchó una voz conocida.

— Lo sé — pronunció con orgullo.

— Es muy hábil con los rompecabezas, — sonrió ante el rostro sereno del bicolor — también me ha mostrado algunos dibujos, sin duda tiene talento para las artes — se permitió reír ligeramente.

— En verdad lo es, lo hace desde que descubrió un rompecabezas enmarcado en mi habitación y algunos bocetos de mamá — respondió con soltura, como si en verdad fuera sencillo hablar del asunto.

— Era una mujer admirable y llena de talentos — su mirada reflejó la nostalgia que había sentido desde el momento que supo que no volvería a estar a su lado.

— Así es… — su voz quería entrecortarse, aún era doloroso recordar todos aquellos sucesos del pasado.

Hubo un silencio momentáneo en el que el viento de afuera se escuchaba golpear contra las ramas de los árboles y flores…

— ¿Papi? — llamó el pequeño.

— ¿Qué ocurre? ¿Te divertiste con tu abuelo? — sonrió con dulzura.

Su expresión desconcertada se convirtió en un rostro feliz…

— Mucho, le gusta armar rompecabezas, papi, — aseguró emocionado. — dice que dibujo bonito — se revolvió entre los brazos de su padre.

— ¿Ves cómo yo tenía razón? Tienes mucho talento — volvió a besar su frente.

El pequeño se sentía feliz. Su padre actuaba feliz, como cuando estaban en casa un fin de semana sin trabajo. Amaba en verdad que no lo ignorara por un montón de papeles raros con dibujos que no tenían sentido en su mundo. Soltó una carcajada sonora mientras Kai parecía hacerle cosquillas. Susumu sintió su corazón envuelto en una calidez inimaginable. Su hijo sonreía. ¿Hacía cuánto tiempo no lo veía sonreír? Una lágrima quería escapar de sus orbes justo cuando la puerta se abrió…

— Lo siento, no sabía que estaban aquí — se disculpó.

— No te preocupes, Kazumi, — pronunció relajado el bicolor — sólo estábamos hablando de Ritsuka. —

La chica sonrió, le agradaba ver que Kai ya no tenía esa renuencia a hablar con su padre, aquello era un gran logro, considerando el carácter del bicolor.

— Me alegra escuchar eso. — se acercó para poder tomar al pequeño en brazos — Ahora, jovencito, — le decía al pelirrojo — debemos darte un baño antes de partir, ya casi está listo todo — el pequeño se revolcó intentando desesperadamente de detener semejante atrocidad.

— No, no me quiero bañar… — forcejeó.

— Claro que sí… — avanzó hacia la salida — Ahora se los devuelvo limpio — informó hacia los otros dos en el estudio.

Kai sonrió y le dio un ademán de adiós al pequeño, acción que imitó Susumu.

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Hilary intentaba hacer que la computadora portátil de Kenny le arrojara algunos artículos sobre el cuidado de los niños. Sentía que era importante conocer acerca de los infantes ahora que estaría al cuidado de Ritsuka. Se sentía realmente emocionada, el pelirrojo parecía tener mucha energía, además de una ternura que rara vez había logrado sentir hacia un menor, quizá se trataba de ese ángel del que muchos hablan. Sonrió para sí, ahora también tendría la oportunidad de acercarse al bicolor directa e indirectamente. Al fin encontró un artículo interesante, "Losniñosylalecturatemprana"…

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Los Bladebreackers terminaron de acomodar sus pertenencias en la camioneta, parecía que se iban a mudar de país. Pronto les dieron alcance los rusos y, al igual que el equipo japonés se dispusieron a acomodar las cosas en la camioneta del Sr. Dickenson, que justo en ese momento hacía algunas llamadas para que todo saliera a pedir de boca. Luego todos se reunieron en la entrada a la casa intentando conversar sin discutir, cosa que resultaba un tanto complicada, aunque las cosas se calmaron cuando la discusión comenzaba a ponerse interesante averiguando algunas cosas de Darinka.

Descubrieron que la chica había nacido en San Petersburgo y que prefería los climas fríos, aunque aquello no le impedía disfrutar de un cálido verano. También se enteraron un poco sobre sus habilidades como beyluchadora, que tenía una defensa muy resistente, según las palabras de Kai, y una ofensiva bastante peligrosa; fue entonces que los rusos comenzaron a protestar justo cuando lo interesante, según Kenny, venía, pues la chica estuvo a punto de develar el nombre y características de su bestia bit, así era, poseía una bestia bit. Ahora había más expectativas para el torneo.

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Susumu observó la puerta cerrarse y su sonrisa se ensanchó más. Quizá era el momento de sostener una conversación con Kai; de padre a hijo. Susumu bajó despacio la mano con la que anteriormente había hecho su ademán de adiós, giró su cuerpo sobre su eje y lo que vio lo desconcertó. El bicolor tenía la cabeza baja como si estuviera leyendo la cosa más interesante del mundo; su rostro ocultándose tras el cabello rebelde y sus manos jugando con el montón de papeles… Tragó saliva y largó un suspiro casi imperceptible.

— Kai, yo… —

— Quizá debas ir con el Sr. Dickenson — habló interrumpiendo a Susumo con un tono vacío.

— Pero… —

— Ahora estoy ocupado — volvió a cortar el diálogo de su progenitor.

— ¿Te encuentras bien? — preguntó inquieto.

Inquietud que se transformó en preocupación cuando el bicolor estrelló sus palmas con fuerza contra el escritorio. Su cabello todavía ocultando la mirada que aparentaba estar ensombrecida…

— ¿Cómo te atreves? — siseó con un enojo innegable.

Sus músculos contrayéndose visiblemente y su cuerpo temblando levemente no parecía un buen escenario.

— ¿Kai? — murmuró asustado.

— ¿Cómo te atreves a preguntarme eso? — levantó al fin su vista encontrando una mirada confusa y temerosa contra una llena de ira y probablemente resentimiento.

— Kai, yo… —

— ¿Cómo te atreves a venir aquí y pretender ser un hombre ejemplar? — seguía hablando como si pretendiera conservar una calma que se sabía era imposible.

Susumu no podría encontrar palabras para contestar aquello. De un momento a otro había descubierto que Kai no estaba ni medianamente sereno ante su presencia, ¿entonces qué había sido aquella charla de hacía unos instantes? ¿Y qué había del desayuno familiar y la invitación a pasar? Sus ojos se llenaron de lágrimas. Una parte de él sabía que Kai jamás lo iba a perdonar, puesto que él mismo aún dudaba de su supuesto auto-perdón; otra parte le decía que había una solución y que pronto habría una aceptación y reencuentro.

— ¿Cómo te atreves a siquiera mirarme a los ojos? — casi gritó con la mandíbula aún trabada — ¿Cómo puedes fingir estar consternado por mí o mi hijo? ¿Cómo tienes el descaro de venir aquí y pretender que somos una familia ejemplar? — sus propios ojos ya comenzaban a derramar algunas lágrimas contenidas a través de los años

— Kai… yo… —

— No. — cortó en seco — ¡Usted no tiene el derecho de venir aquí y pretender que es una buena persona¡ ¡Usted se largó hace más de catorce años! ¡Usted me abandonó cuando más lo necesité! ¡Usted me entregó en bandeja de plata a Voltaire! ¡Usted es el causante de este dolor que siento en el pecho y este maldito nudo en la garganta! ¡Usted no es nadie que tenga el derecho de hablarme y mirarme a los ojos siquiera! —

Susumu podía ver todo aquel veneno que parecía emanar su aura, era una sensación sofocante y temible… Lo sabía, él era el responsable de su propia miseria y, peor aún, de la miseria y odio de Kai.

— Kai, escúchame por favor — suplicó.

— Si usted está aquí es porque mi hijo le ha tomado cariño, pero eso no significa que las cosas hayan cambiado, yo lo odio — levantó su cabeza con altanería — y la única razón por la que usted no fue echado de mi casa es porque no le quiero enseñar a mi hijo lo que es el odio, porque el odio es la peor enfermedad que hay en el mundo, porque el odio pudre el alma. — y habiendo dicho aquello, tomó de nuevo asiento, lugar que había abandonado con anterioridad — De ahora en adelante, — habló con claridad y desenfado — usted y yo fingiremos que todo está en orden, que yo lo respeto y que usted me estima, fingiremos que todo está bien y que en algún punto habrá la esperanza de un reencuentro… — Susumu dio un paso atrás, temiendo el tono sereno con el que hablaba su hijo. — Sé que no le será difícil, puesto que lo ha estado haciendo en los últimos catorce años y yo he sido bien instruido para mentir, así que creo que será sencillo. —

Sus labios se tornaron en una perfecta sonrisa que le provocó escalofrío. En su rostro nada más que serenidad y un brillo singular en los ojos acompañados de una sonrisa amable, casi amorosa. Lo único que podía delatar la falsedad de la situación eran aquellas lágrimas que aún resbalaban por sus mejillas. ¿Qué había querido decir con "bieninstruidoparamentir"?

— No te preocupes, Susumo, Voltaire pagó muy bien por mis cuidados y educación. — la sonrisa aún en sus labios jugando a sonreír más abiertamente le erizó la piel — Ahora si me disculpas, debo terminar mi papeleo. —

Y volvió su vista a su montón de documentos en el escritorio. Susumu ahogó sus palabras junto con esas lágrimas que emanaban libremente de sus ojos. Caminó despacio hasta llegar a la puerta, tomar el picaporte, girarlo y salir de allí.

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Una vez tras la puerta se recargó y se dejó caer al piso, derrotado. Sus sollozos se hicieron incontrolables y sus lágrimas parecían no querer tener fin. A ese punto había orillado a su hijo. Y Kai tenía razón, odiar es la peor de las enfermedades, desafortunadamente Susumu le había enseñado a Kai a odiar muy bien…

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Cerró los ojos con fuerza y se dejó caer en la silla. Sus manos fueron al rostro para intentar cubrir esa visión que el mundo debía estar teniendo de él. ¡Qué patético se sentía! Siempre creyó que sería lo suficientemente fuerte para retener todas aquellas palabras. Si Boris o Voltaire lo hubieran visto le hubieran dado un buen recordatorio de qué no hacer. ¡Malditos recuerdos!

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El viento era helado. Sus mejillas estaban rojas y a punto de reventarse por semejante temperatura. Su cuerpecito temblaba por el frío y por ese sentimiento tan poco conocido a su edad. Estaba solo. Mamá había muerto en aquel terrible accidente y papá se había ido. Estaba solo. Mamá y papá habían partido de diferentes maneras, pero al final con el mismo resultado; lasoledad. Sus orbes carmín se inundaron de lágrimas que corrieron libremente por su rostro, sin pañuelo que las secase, ni pulgares que las enjugasen. El aguanieve comenzó a descender de a poco chocando contra su frágil cuerpo. No había más, estaba solo en el mundo. Y sin saber cómo los gritos vinieron a su garganta. Uno tras otro fueron expresados. Dolor. Dolor era la única palabra que podía llenar todo ese sentimiento que sentía en ese momento y pronto ese dolor se convirtió en odio, en resentimiento.

Sus piernitas flaquearon y cayó al piso de rodillas. La nieve acumulada humedeció sus pantaloncitos causándole dolor en los huesos, mas no le importó porque el dolor en el pecho era mucho más grande que un dolor en los huesos. Sus manos se empuñaron y comenzó a golpear la nieve sobre el piso con toda la fuerza que su cuerpo entumido podía tener. ¿Por qué tenía que quedarse solo? ¿Por qué su padre le daba la espalda justo cuando más lo necesitaba? ¿Por qué no hizo nada para no dejarlo llegar a ese infierno? Era invierno y el frío azotaba con toda su fuerza. No había marcha atrás, Voltaire lo había entregado al Diablo.

Lloró hasta que dos guardias fueron a buscarlo, lo levantaron a fuerza y lo arrastraron a su "habitación". Cuatro paredes oscuras por la mugre, una ventana sellada con barrotes, la puerta de madera putrefacta y carcomida por los insectos cerrada por fuera para evitar que el pequeño jugaratravesuras. Cuatro paredes que encerraban su cuerpo y aniquilaban su almita. Lo aventaron al fondo de aquel patético intento de mazmorra y lo dejaron allí tirado, todavía llorando. Su cuerpo ya no podía más, su mente ya no podía más; el dolor era demasiado. Continuó su llanto hasta que las lágrimas cesaron por el mero cansancio y su cuerpo quedó exhausto. Allí con la respiración entrecortada estaba Kai. Sus ojos apenas denotaban vida, apenas denotaban el deseo de vivir…

La puerta hizo un rechinido por las bisagras oxidadas denotando así el ingreso de alguien. Aunque en realidad no le importó. Continuó en el suelo sucio con su cuerpo inmóvil. A toda prisa, debido al temor repentino de ver a su amigo medio muerto en el piso, tres jovencitos corrieron para ver lo que le ocurría a su pequeño hermano bicolor…

— ¡Kai! — gritaban asustados — ¡Kai, ¿estás bien? — pero no había reacción.

Lo levantaron entre todos para llevarlo hasta las pequeñas y camitas y lo depositaron allí. Pronto un pelirrojo entró en su campo de visión…

— ¿Kai? — llamó consternado.

— Lo… o… — escucharon un murmuro.

— ¿Kai? No te entiendo… — preguntó confundido el pelirrojo.

— Lo odio… — su voz salía rasposa de su garganta seca.

— ¿A quién odias, Kai? — inquirió sin entenderle.

— Lo odio… — volvió a repetir.

— ¿Kai? — llamó intentando que el chico saliera de su estado casi catatónico.

Los otros dos intercambiaron miradas en desconcierto. No sabían lo que estaba pasando… Y sin previo aviso el pequeño bicolor se levantó de golpe y se acercó al pequeño baño que había en el rincón izquierdo. Se miró en el espejo roto, frunció su ceño y con enojo frotó sus dedos índice y corazón de la mano derecha sobre la mohosa pared logrando que la asquerosa sustancia se adhiriera a sus dígitos para enseguida trazar con ella pequeños triángulos en su rostro. Dos en cada mejilla…

— Te odio… — fue todo lo que pudo decir antes de que la oscuridad lo envolviera…

~ [ o ] ~

Regresó a la realidad con la respiración desbocada y la sudoración empapando su cuerpo. Ése había sido el día más triste, doloroso y patético en su vida. Sus manos tallaron su rostro intentando despertar al cien por ciento a la realidad. Miró su reloj intentado saber cuánto tiempo había pasado desde su "charla" con Susumu. Una hora con tres minutos. Suficiente tiempo para saber que podía volver a esa máscara de felicidad… Caminó hacia la salida, abrió la puerta y se fijó que no hubiese nadie a su alrededor. Con el camino libre inició su andar hasta el sanitario. Abrió la llave del grifo y comenzó a lavar su rostro dejando que el agua fría se llevara las lágrimas y el sudor.

Respiró hondo antes de tomar la toalla y secarse sin delicadeza. Miró su rostro en el espejo; hacía tiempo que no usaba aquellas marcas en sus mejillas… No, esas marcas ya no pertenecían a él. Esas marcas ahora pertenecían a alguien más y esa otra persona no llevaría esas marcas por odio… Odio… Cerró los ojos y suspiró.

— Ritsuka no debe a aprender a odiar, Kai, no se lo permitas… — se susurró.

Verificó una última vez si sus facciones eran serenas como hacía unas horas y estando satisfecho salió. Una sonrisa burlona característica en su rostro…

— ¡Papi! — escuchó a su pequeño hijo.

— ¡Ritsuka! — sonrió con sinceridad al verlo correr hacia él.

— Mi abuelito nos acompañará al aeropuerto… —

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Mil disculpas por el retraso con este capítulo… No he estado en mi mejor disposición y ciertamente fue un capítulo bastante complicado. Espero les haya gustado. Si alguien quiere leer algo más acerca del porqué no he avanzado mucho en las actualizaciones vaya a mi perfil en la sección llamada Notas de Ayer y Hoy Mil gracias por su tiempo y paciencia con su servidora =)

¡Gracias de antemano por sus lecturas!

Agradecimientos a:LadyCalixta, Dask Visconti y Tacaemapor obsequiarme un bonito review en el capítulo pasado.

Dudas, quejas, sugerencias, comentarios, ideas, etc., ¡Bienvenidos!