¡HOOOOORA DE FIIIIICS!
Por favor… ¿leerían la Nota de Ayu antes de bajar a leer el fic? Quiero aclarar algo ;)
Primero, aclaro que anteriormente, en un capítulo había dicho que éste fic sería híper corto y que llegaría a menos del Capítulo 10. Ahora, pueden pegarme un tomatazo, lo acepto, pero no porque ya éste es el final, no Darling, ¡PERO SI ÉSTE APENAS ES EL COMIENZO! ¿En qué pensaba, man? ¿Estaba loca en dejar éste fic al Capítulo 10? Vaya que sí…
Gracias por sus Reviews, blah blah blah… aja, aja, lo importante xD: perdón por la grave tardanza. Es que estaba un poquitín deprimida porque no viajé, además de que la red Wi-Fi dejó de servir, OTRA VEZ; gracias a eso perdí la inspiración y simplemente me entró mucha pereza de ponerme a escribir. No fue hasta hoy que lo terminé luego de un "ataque" artístico \O/. ¡SANTO DIOS! ¡Qué largo me ha salido, man! Nunca en mi vida había pasado de las 10.000 palabras en un fic o.o
Sí que me inspire aquí, ¿eh? Éste es mi capítulo favorito hasta el momento. ¿Ustedes le creen que sea todo para mí como dice Miku? Es decir, ella es una pija loca xD, espero que no me haya escuchado… Por cierto, tengo una adoración con la palabra "imbécil" xD es que me crucé con unos niños que se estaban diciendo así y fue tan inevitablemente gracioso que… ay ya, ya captaron xD. Así que no se extrañen de verla allí abajo un poco seguida.
Chicos, sinceramente les debía un capítulo así, espero estén MUY conformes con éste. Tiene 16.408 sin contar mis Notas de Ayu. Quizás Miku alardee que éste capítulo es todo mío, pero yo se los dedico a todos aquellos que toleraron mis tardanzas por culpa de los estudios. Un enorme beso a todos y… simplemente:
Seeya ¡OᴥO!
If Were a Boy
—(¯`•¸•´¯)—
ᴥ
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Capítulo 10: ¡Cuidado con el complot de chicos macabros!
¿Y por qué no en la tarde? Insistió Ayu con un tonito infantil en su voz. ¿Es que esta chica nunca se cansa?
"Si te dije que hoy sería dedicado a ti, ¿por qué no quieres?" le dije meneando las esposas para no dejarla escapar.
Rodó los ojos y siguió: Irás a clase. ¡Yo no quiero ir al colegio! Exclamó haciendo una mueca y un ademán de asco.
"Está bien, ¿ésta tarde?".
¡Claro! Sonrió con decisión. Tal vez me puse paranoica, pero creí ver que ésa sonrisilla se tornó socarrona. Volvió caminando hacia la casa, y antes de entrar por la puerta, se giró hacia mí y me dijo: ¡Ya verás que ésta tarde será genial!
¿Fue idea mía o es que se tomó muy en serio lo que le dije ayer?
"¡Ayu!" la llamé. "¿Por qué insistes tanto en…?". Pero fue muy tarde, entró bailando a la casa. Lo que le iba a preguntar era que por qué tanta obsesión por ésta tarde.
Y es que ha insistido mucho durante lo que daba de la mañana. Desde hace una hora que me levanté, comenzó a decir que tenía muchas ocupaciones ahora mismo y que como yo iría al colegio sería muy aburrido. No fue hasta ahora que me ganó y sólo la dejé aquí en casa para que, de una vez, me dejara en paz con el asunto de ésta tarde.
Sé bien que ella sabía su "dedicación" en el día de hoy, y ésa era llevarla a todas partes, conmigo, esposada a mi mano. Si por algo nombré un spa la vez anterior, fue porque me tomaría un tiempo libre. Pero ya veo que sus "ocupaciones" le son muy importantes. ¿Por qué me he tomado muy en serio esto? Debería dejar de juntarme con Meiko por un día, me estoy poniendo demasiado paranoica. Relájate Miku, hoy tienes que dar lo mejor de ti.
Aún así si quieres verle la cara a Kaito. Y vaya que sí… ¡Qué vergüenza! Aún no supero lo de ayer.
Escuché el claxon de la camioneta de Prima, ya había llegado a buscarme. Me aproximé hacia ella y abrí la puerta de atrás, me fijé en que estábamos casi todas allí. Luka y Meiko estaban sentadas juntas en el asiento del copiloto; Rin estaba sentada cómodamente en el maletero, cómo se nota que ésta chica ama sentarse allí detrás; Neru estaba recostada de la puerta del asiento de atrás, frente a mí, tenía las piernas cruzadas. Me acomodé en la misma posición que ella.
Los martes siempre nos íbamos juntas y lo seguimos haciendo. Prima nos hace el favor de buscarnos a todas. Mis padres habían salido temprano al trabajo, como era de costumbre —al fin habían vuelto a la rutina, aún no sé porqué se iban tan tarde últimamente— y por eso ya estaba lista como «Kenji».
—¡Buenos días, Kenjiku! —saludó Luka animadamente, a lo que yo le respondí con un ademán.
Desde el retrovisor, Prima me miró confundida. Temí lo peor, recordando lo que había sucedido ayer en el colegio durante el receso de las once.
—¿Todavía ese disfraz? —cuestionó Prima, Rin estuvo a punto de aclarar con una mentirijilla, pero fue callada de nuevo por la misma—: Oigan, aún estoy confundida por lo de ayer. Y no quiero mentiras… —destacó ante los oídos de todas.
Houston, tenemos un problema…
Y digo «destacó» porque todas nos observamos con miedo. Sobretodo Neru —que había dejado de teclear su teléfono—, nos miramos y aún en su cara de póker pude notar preocupación. A las demás no se les notaba mucho el temor de que Prima descubriese mi mentira, puesto que no habían estado presentes cuando eso sucedió; Rin andaba carcajeándose de Len, Luka estaba desmayada en la cantina y a Meiko se la había tragado el baño; las que sí andábamos más preocupadas éramos Neru y yo, y supongo que si Gumi estuviese aquí, también lo estaría, porque nosotras fuimos las que presenciamos eso más que las otras.
Tragué fuerte y me volví hacia Luka, disimuladamente pasó un dedo por su cuello, indicándome que me rindiera y le contara se una vez todo el plan a Prima. Neru siguió tecleando su teléfono para aliviar un poco el ambiente.
Decidí comenzar a hablar, puesto que todo éste plan fue mí idea—: Verás, Prima… todo esto fue un plan para conquistar a un chico.
Suspiró relajadamente y comenzó a reír, fue allí donde todas observamos con las pupilas hechas minúsculos puntos de lo confundidas que quedamos ante su reacción.
—¡Increíble! Eso es lo más loco que he visto que hace una chica por ganarse el corazón de un chico —comentó Prima deteniendo la camioneta frente a la casa de Gumi.
Tras aliviar el ambiente tenso de la pregunta de Prima, las chicas se pusieron a hablar y Neru a teclear frenéticamente su teléfono. Vimos a nuestra peliverde desde la camioneta, caminaba dando saltitos con una sonrisilla infantil; de pronto se paró en seco y puso una cara de espanto. Nos indicó con un ademán que la esperáramos, corrió hacia dentro de su casa, sin cerrar la puerta de ésta y aún así desde la camioneta, con los vidrios y puertas cerrados, pudimos escuchar sus gritos de exasperación e histeria.
"¡MAMÁAAAA! ¡DAME DINERO PARA MI DESAYUUNOOO!" exacerbó Gumi, pudimos ver con la puerta de su casa abierta que correteaba de allá para acá.
Su madre se acercó a ella y Gumi se paró en seco frente a ella, la cual estaba más calmada que su hija, le habló sosegada y pude leer en sus labios: "¿Cuánto quieres que te dé, hija?".
Gumi se detuvo a pensar unos pocos segundos y le dijo a su madre: "Dame 70 yenes para desayuno, mis tres meriendas y un helado extra".
Y fue el turno de su madre para sulfurar: "¡¿TE HAS VUELTO LOCA, MEGPOID?!".
Suspiré resignada. Estoy segura de que Gumi se inventará cualquier cosa para convencer a su madre de que le dé el dinero. Aunque sea menos de lo que pide le sacará. El mundo es raro, muy raro.
Mientras las chicas hablaban, yo me puse a indagar en mis pensamientos, reflexioné de pronto en lo que Prima había dicho hace unos minutos.
Chicas por chicos. Sin darme cuenta, ya había premeditado profundamente de eso, había dicho unos segundos atrás que el mundo es raro y, vaya que sí, no sólo por Gumi y su obsesión por la comida. Es decir, ¿cómo no serlo? Si en las anteriores épocas los hombres eran los que conquistaban, los que dedicaban regalos así como chocolates y flores, los que establecían las conversaciones con las chicas, los que rogaban por salir contigo… Chicos por chicas. Pero como ven, eso ha cambiado, no sé por qué, y yo soy un ejemplo claro de ésa ironía.
Quizás cambió porque las chicas se han vuelto muy lanzadas o porque los chicos se han vuelto muy flojos para pasar un rato hablando con la chica de la cual guste y quieren que todos les hagan; o simplemente se han puesto tímidos —aunque los chicos son los más lanzados, en mi criterio—. Yo estoy siendo lo primero, me volví una chica acosadora de mi amor platónico, indirectamente, y sólo para saber quién le gusta.
Esto mismo me ha hecho recordar la pequeña conversación con Neru durante la estadía en el gimnasio, aquel jueves en las últimas horas de clase en la mañana. «Deja de preocuparte por los demás y preocúpate por ti. Mírate, eres un chico», vaya que sus palabras tenían razón; qué curioso ahora que me pongo a analizar.
Es decir, no es que Neru sea la indicada doctora "corazón", pero me ha hecho caer en cuenta —tanto ella como Prima— que cometí un error al inventarme éste plan, en vez de dejar que el destino corriera como debería ser.
O quizás… no. Tal vez, simplemente me he dejado llevar por la pereza de no querer acercármele lo suficiente a Kaito para entablar una conversación y ganarme su confianza y que no tenga miedo de decirme quién le gusta. Y como dijo Prima acerca de que las chicas son las que ahora conquistan, ya no más, cambiaré eso.
Bueno, algo así…
Si me dice —en realidad será a Kenji— que le gusto, entonces le diré formas de conquistarme; en vez de dejar de ser Kenji y volver a ser yo para lanzármele.
Todo se vino abajo cuando Gumi abrió la puerta tras de mí. Culpo a Neru por su forma de acomodarse en el auto y hacer que yo también lo hiciera. ¿Ya entienden el significado de «venirse abajo»?
—¡Miku! ¿Estás bien? —exclamó Gumi mirándome desde arriba— Ése golpe sí que sonó fuerte.
Las chicas no paraban de reír, Neru y Gumi me ayudaron a levantarme.
¡Mi cabeza! ¡Palpita…!
—(¯`•¸•´¯)—
—Bonito chichón, Kenjiku —reiteró Rin con burla.
—Cierra la boca.
Definitivamente, hoy no es el mejor día para que me hablen.
Quitando lo de la espectacular caída, éste día no comenzó tan mal. Comenzando porque no tuvimos reflexión, ya que a la vieja se le zafó el tornillo, más de lo que ya se le había zafado, hipotéticamente. La mañana pasó con ritmo rápido, me gustaba eso porque así saldría rápido de ésta cárcel. Por otro lado estaba ésa incisión en Ayu de querer que le dedicara la tarde. Obviando eso y las clases, el timbre sonó, y como si se tratara de un sonido mágico que nos obliga a hacerlo, bajamos a carreras, yo con un poco de cuidado de que se acercaran los futbolistas de 9no, además de que los grandotes podrían matarme.
A veces odio mi estatura.
—Oye Meiko, ¿ésa esclava es nueva? —examinó Luka tomando del brazo a Meiko.
En su muñeca cargaba una bonita esclava de platino con su nombre tallado. Era muy bonita.
—Así es —afirmó—. ¿Les gusta?
—¡Está divina! —exclamé.
Compramos nuestro desayuno, sin siquiera esperar que el cantinero le diese de una vez el "supermercado" a Gumi. Nos sentamos bajo la sombra de un árbol, ubicado un tanto lejos del patio principal. Nuestra peliverde regresó un rato después, sosteniendo varios bocadillos, sentándose sentó a un lado de mí y comenzando a comer todo lo que había traído.
Los modales de Gumi al comer eran… totalmente… ¿cómo se dice cuándo es increíblemente bien?, ah, ya sé cómo: Impresionantes. En sí, Gumi no era de esas personas amantes de la comida que consumen sin modales, ésta chica merendaba como cualquier princesa educada, sólo que devoraba todo más rápido que éstas.
—Oigan —nos llamó luego de tragar lo que masticaba—, ¿sigue en pie lo de ir al parque de diversiones? —preguntó de una forma dubitativa mientras se llevaba la comida a la boca una vez más.
Y vaya que tenía por qué dudar. Desde ayer estábamos discutiendo sobre ello, sin llegar a un acuerdo de cuándo ir.
—¿Por qué? ¿Te dejaron ir? —ratificó Rin.
—Pues sí, mamá me dejó ir. Pero aún no tengo idea para cuándo lo planeamos —contestó Gumi.
Luka permanecía atenta a la conversación, con un semblante confundido. Probó un poco de su sándwich y siguió escuchando lo que decíamos.
—Mañana podríamos ir, ¿qué dicen? —propuso Rin.
—¿Mañana? ¿Es que los miércoles se han convertido en los días de salida? —exclamó Meiko con cara de fastidio.
—Lo dices porque no puedes —Fue más una afirmación de mi parte, que una pregunta.
—¡Los miércoles son mis días! —bufó de manera infantil— ¿No ves por qué invité yo la semana pasada al cine?
—¡Oh vamos! ¿Y entonces cuándo iremos? —inquirió Rin.
Fue el turno de Luka para ésta vez hablar—: ¿De qué parque de diversiones hablan?
Neru en ese instante sacó su Android y le mostró la misma foto que nos mostró ayer. Ella no estaba presente cuando discutimos acerca de ir al parque, puesto que estaba buscando los uniformes, tenía razón en preguntar. Luka puso una cara impresionada al ver la foto que Neru le mostraba, se dio cuenta de que era muy bonita.
—¡Vaya! ¡Yo quiero ir! —ansió notablemente emocionada.
—Iremos —anticipó Neru con su típica cara de desinterés.
—¿Pero cuándo? —pregunté.
Nos miramos las caras unos segundos, como si rebuscáramos un día sin excusas en la mente de cada una de nosotras.
—¡HOOOOLAA!
Y sólo fue hasta que el grito de mujer se salió de mis cuerdas vocales y resonaron entre la bolita. La mano del idiota de Nero, que se encontraba tras mí me hizo respingar, llegando al punto de no querer volverme hacia atrás. Sentí la presencia de sus amigotes que se acercaban junto a él, razones me sobraban por no querer volver mi mirada para cruzarla con la de Kaito, de todas formas, no podía verle a la cara después de lo de ayer.
—Nero… te mataré —mascullé una vez que el rubio se sentó entre Luka y Neru, que estaban frente de mí.
—¿Cómo están? —preguntó Luka cariñosamente, más hacia Nero que a los demás, el cual con un ademán le respondió que todo estaba bajo control.
Kaito se acercó a Meiko y sentó a un lado de ésta, la pobre estaba rodeada por chicos, lo digo porque Gakupo también se sentó al otro lado de ella, lo miró de reojo y a juzgar por su mirada, se preguntaba qué hacía sentado allí.
—¿Cómo sigue tu tobillo? —quiso saber Gakupo, señalando el tobillo de Meiko, el cual tenía gran moratón del que apenas me di cuenta.
Y ahora que lo veo mejor, ¿que ayer no andaba coja?
—Ya no duele tanto —contestó sin voltear a mirarlo.
Akaito se sentó a un lado de Neru, la cual sólo lo miró de reojo con leve molestia. ¿Me perdí de algo entre éstos, o es que Neru lo odia sin razón aparente? Finalmente, Len se sentó a un lado de Rin, la cual estaba a mi lado.
—¿Qué cuentan, tontas? —saludó "amablemente" Len.
—¿Qué hacen aquí? —resopló Neru, formulando más una pregunta que una respuesta para Len.
—Pues, Nero tuvo la idea de sentarnos todos juntos —explicó Kaito con una sonrisa. Me miró unos segundos y me sonrió, como si quisiese darme confianza y hacer que olvidara lo sucedido ayer; pues… adivina Kaito, no te está funcionando.
Para NADA.
¿Debería agradecerle a Nero por traerlos aquí? No. Creo que no debería. Primero por lo de ayer entre Kaito, Len y yo, porque gracias a eso ni puedo sostenerle la mirada a Kaito por dos segundos y, para completar, Nero los trae; segundo por mi gritito, ¡qué vergüenza!, y en frente de ellos que fue lo peor, vaya tonta; tercero porque a las chicas les incomoda estar cerca de ellos, se les nota… y aún no hemos comenzado el tema de intimidad.
—¿Hoy tendremos práctica? —preguntó Len con un tono de fastidio en su voz.
—Sí, durante la última hora, como ayer —contestó nuestro "entrenador" Nero—. Pero no tendremos en la tarde. La capitana Teto irá a buscar los reglamentos de las nacionales y no podrá supervisarnos.
—¿Y Howard y Louis? —cuestionó Gakupo esta vez.
—Se irán de fiesta.
Genial, Kaito no sufrirá tanto el día de hoy.
—Y ahora que mencionan «fiesta», ¿se enteraron del nuevo parque de diversiones que está a seis manzanas del colegio? —preguntó de pronto mi futuro cuñado.
¿Fue idea mía o acaba de decir «seis manzanas»? ¿Tanto caminó Neru sólo para ver ese parque luego de haber salido del gimnasio al mediodía del jueves? ¡Estoy casi segura de que sólo fue allí porque algún idiota le dijo que se conseguía señal Wi-Fi! O porque su radar de cabinas telefónicas le avisó que allí se encontraba una, aparentemente, gratis.
—Pues, sí nos enteramos —respondió la que apenas supo de la existencia del parque.
—¡Deberíamos ir! —aportó Nero animadamente.
—Justo hablábamos de ir, pero no sabemos cuándo —revalidó Meiko.
—Podríamos ir mañana —consideró Len sonriendo, recibiendo "amablemente" la mirada asesina por parte de Meiko, inmediatamente dejó de sonreír—. Está bien… creo que mañana no será.
—¿Y qué tal hoy? —repuso Kaito hacia Meiko, la cual asintió. Nuevamente se volvió hacia nosotros preguntando—: ¿Qué dicen?
—Decidan rápido para reservar un espacio en mi estómago —comentó… ustedes saben.
Vi que Nero le susurró algo a su hermana mientras ésta fruncía el ceño y negaba varias veces. Los demás no notaron eso, estaban demasiado ocupados hablando.
—Si iremos hoy, tendría que preguntarles a mis padres desde ya —dijo Gakupo.
—A mí mamá ya me dejó —le explicó Rin a Len. Supongo que la dejaron porque preguntó antes, al igual que Gumi—, por ti no debe haber problema entonces.
—¿Eso suena a que me estás invitando? —cuestionó éste de manera pícara.
—No, suena a que te quedarás en casa, imbécil —respondió Rin dándole un zape a su hermano.
—¡Oigan! —exclamó Nero, sosteniendo el teléfono de Neru, la cual sólo le observaba de reojo con su cara de póker que, al igual que todos nosotros, le estaba prestando atención— Mi Neru recibió un mensaje de Miku —anunció el rubio abrazando a su hermana que lo miraba extraño.
¿Fue idea mía o acaba de decir que recibió un mensaje de…?
—¿De Miku? —cuestionó Meiko completando mi anterior frase, arrugando la cara y girando hacia mí— Pero sí…
—¿Qué dice el mensaje, Nero? —reivindicó Rin, haciendo que Meiko se comiera sus palabras por estar de observadora, a veces me preocupa que esa chica sea la prima de Kaito.
El rubio obedeció y tomó unos segundos para procesar lo que el supuesto mensaje de mí decía. Creo que esto es parte de su plan.
—Dice que vino a Tokio, llegó de Hokkaido anoche —alegó.
—¿Qué hace aquí? —preguntó Len con leve fastidio. Idiota.
—Me dijo que necesitaba…
¡Por favor que no diga que vine a buscar el cable USB! ¡Por culpa de haber dicho eso, tuve que inventarme una lista de excusas las veces que Miku "estaría" en Tokio! ¡Por lo que más quiera…!, le daré un dulce si no lo hace, ¡… que no lo diga!
—… ver a su familia y amigos. Se le hacía duro estar en Hokkaido y como en su escuela dejan salir a los estudiantes de intercambio por unos días, decidió venir —repuso Nero.
¡WOOO! ¡NO NOMBRÓ EL MALDITO CABLE! Le daré un dulce cuando mis piernas tengan el privilegio de hacer el baile feliz en un rincón oscuro donde nadie me vea.
Supongo que si Kaito y los demás no fuesen tan despistados, se darían cuenta de que las veces en las que todos nosotros salimos —así como la vez en el cine—, Miku se aparece, anteriormente fue con la boba excusa de venir a buscar el cable USB.
—Genial —dijo Neru sin mostrar emoción alguna, ya cuando Nero le dio su teléfono, comenzó a teclearlo como si el mundo acabara mañana. Raramente, los Blackberrys de ella misma, el de Luka, Gakupo, Akaito, el de un chico que iba pasando por allí cerca y el mío sonaron casi al mismo tiempo; ninguno, menos Neru, le prestamos atención a eso.
—Pregúntale si puede ir al parque con nosotros.
… Que alguien me pegue un tiro en toda la cabeza porque… ¡Kaito Shion! ¡MÍ Kaito Shion me está invitando, indirectamente, al parque! ¡Oh Dios mío! ¡Me dará algo!
Sin poder evitarlo, una sonrisa estúpida se pasó por mi rostro, y que el sonrojo no se quede atrás. Oculté todo mi rostro con la peluca, lo mejor era que nadie más me estaba prestando atención en ese momento. Nero "obedeció" a Kaito y le "escribió" un mensaje a Miku.
—Sólo falta saber si iremos todos —afirmó Luka—. Yo por mi parte, podría ir, mis padres no tendrán problema alguno y más cuando ando entre la bolita. Incluso mi hermana nos podría llevar a todos —Y lo dice la que se acaba de enterar de la existencia del nuevo parque de diversiones a seis manzanas de aquí.
Por parte de Rin no había problema, ya había dicho que sus padres la dejaban ir, pero Len era el que estaba angustiado, imaginándose la respuesta de sus padres; seguramente pensaba que le sacarían en cara lo de los anteriores exámenes de matemáticas que reprobó, y si no era eso, entonces estaría anticipando las increíbles burlas de Rin cuando se entere de que sus padres no lo dejaron ir con ella. Gakupo dudaba, al igual que Kaito y Akaito. Éramos más que todo, los chicos y yo los que estábamos preocupados, por no preguntar; Luka también se uniría al grupo si no tuviese estrategias y esa sonrisilla tan decidida y ¿socarrona?
Neru se volvió hacia Nero y le avisó—: Nos dejarán ir.
—¡Genial! Entonces no habrá problemas para nosotros —alardeó Nero.
—Tendré que preguntarles a mis papás —divagó Gakupo sin prestarle atención a los parloteos de Nero.
—¿Te dejarán ir? —le preguntó Kaito a Meiko.
—Sí, de todas formas, ayer fue que discutimos de ir al parque —contestó Meiko.
—Si por casualidad no nos dejarán ir a Kaito y a mí —intervino Akaito en la conversación de los primos—, les diré a mis tíos que los convenzan.
—(¯`•¸•´¯)—
Mis ojos se entrecerraban con los parloteos que hacía la profesora de Inglés, no era que no me gustara en lo más mínimo la materia, al contrario, era una de mis sobresalientes, sólo que me aburría ver cómo explicaba lo mismo para los que no entendían nada de eso. Y el golpe duro era nada más y nada menos que para Meiko, una vez que la profesora de inglés explicó y preguntó quién no había entendido, la morena levantó el brazo —fue la única entre los 38 alumnos del salón— y le pidió que pasara al pizarrón para que realizara un pequeño ejercicio explicativo.
—¡Oh my Godness, Meiko! —exclamó la profesora, poniendo ojos de exasperación— ¿Es que nunca pasaste por 7mo año?
—¡Ay, profe! —berreó mi amiga— Nunca le presté atención al verbo To Be.
—¡¿Y cómo fue que pasaste inglés con un promedio de 15.1 el año pasado?! —La mujer comenzaba a sudar al tener en frente a una chica tan… tan Meiko. Se pasó un pañuelo por la cara unas cuantas veces— Por si no sabías, la mayoría de los objetivos de Inglés que vimos el año pasado contenía al verbo To Be.
—Profesora —chasqueó la lengua y mostró una sonrisilla—, usted sabe que somos chicos, todos podemos mirar frente al examen del otro y copiar sus respuestas.
¡Y Meiko lo dice como si estuviese tratando con un simple vago de la calle al que, sin importar las consecuencias, le echa en cara todas sus maneras de copiar en los exámenes! La pobre profesora permanecía mirando a Meiko con exasperación, su ojo izquierdo le palpitaba.
La profesora guía entró en ese momento al salón de clases. Vi cómo Meiko comenzaba a sudar frío, tanto así que le quitó el pañuelo a la profesora de Inglés y se lo pasó un poco por su frente; estaba asustada, seguramente pensando si la vieja escuchó sus macabras maneras de copiarse en un examen.
—¿Me los deja un rato, profesora? —pidió la vieja, a lo que la de Inglés asintió y salió del salón de clases y, juzgándolo por su rostro, aprovecharía el momento para tomar un vaso de agua.
Meiko se quedó parada en el mismo lugar en el que estaba antes, con una sonrisa de oreja a oreja hipocritísima para con la profesora guía.
—¿Y usted qué hace aquí? —riñó odiosamente la vieja.
—Vaaaya profe —emitió un asombro claramente falso—, esos lentes le quedan de maravilla —alagó falsamente en un intento de ganarse el corazón de la vieja, y todo por saber si ésta se enteró de que se copiaba.
Nuestra guía la miró con desdén.
—Vaya a sentarse —rumió molesta.
—¡Sí, señora! —obedeció Meiko tal cual pupilo del ejército. Parecía correr entre largas zancadas hacia su pupitre.
Se acomodó los lentes de sol —que la hacían ver más ridícula de lo normal— en su cabeza y sacó un enorme libro, el cual siempre traía para sus minutos de cavilación junto a nosotros, y en el que se encontraban cada una de las reflexiones que nos echa en el año escolar. Estábamos en octubre y el libro apenas había pasado como unas nueve páginas, desde que comenzaron las clases en septiembre. ¿Tan cortas eran las reflexiones? No, tan pequeñas eran las letras de ése libro, ya han pasado casi dos meses con cavilaciones diariamente y las páginas no avanzan.
—Como hoy no tuvimos la reflexión en la mañana, les tocará escucharla a ésta hora —anunció.
Todos, TODOS en el salón nos pusimos a berrear. Qué horror, cuando no es una cosa, es otra y peor. Al menos las horas pasaban rápido…
—La Tortuga y la Liebre, un clásico —refirió la profesora.
Deseaba dormir, y eso que anoche me acosté temprano. Los ojos se me iban cerrando cada vez más. En ése instante me acurruqué en la tabla del pupitre, apoyando mi cabeza sobre mis brazos, sin prestarle mucha atención a la profesora que comenzaba a contar aquella historia con su reflexión, lo único que no me percaté fue que uno de mis brazos rozó con la camisa de mi compañero de adelante, haciéndole un tacto cosquilludo. Respingó.
Se dio la vuelta hacia mí y me vio en ésa posición de descanso, tan inocente y cansada.
—¿No dormiste anoche? —preguntó éste al notar cómo se entrecerraban mis ojos cada vez más.
—Sí que dormí —le respondí—. Pero, tal parece que descansar más te da más sueño al siguiente día.
Estoy segura de que sonrió.
—Tiene sentido, suena irónico.
No le presté mucha atención, si estuviese en mis cinco sentidos entablaría una conversación con mi compañero para pasar el rato aburrido que se estaba formando por la aburrida reflexión. Sentí cómo unos tacones de corcho resonaban en el piso del salón, acercándose a mí, tuve un mal presentimiento al instante, pero no le quise prestar atención. Odiaba que mi intuición femenina me quitara el único momento de paz en el salón.
Y sólo fue hasta que la regla pegó contra mi pupitre haciéndome abrir los ojos de un solo tiro y quedarme petrificada cuando ésta quedó a un nivel de mi nariz, la vi de una manera en la que mis ojos se quedaron bizcos.
—¡Ryuusuke! —prorrumpió a regañadientes y mascullando de por sí en todo su parloteo. La profesora guía parece que se dio cuenta de que estaba descansando durante su turno de reflexión repentina. Quitó la regla de madera de la punta de mi nariz y volví mi mirada a ella, mostrando una cara de póker— ¡Explíqueme! —exigió poniéndose firme— ¿Qué fue lo que había dicho hace unos momentos?
La miré con una ceja arqueada y noté que las miradas del salón estaban sobre nosotras, no les presté mucha atención a ellos y me puse a pensar unos cortos segundos. Sólo fue hasta que una sonrisa socarrona se pasó por mis labios, agradezco que no se haya dado cuenta de ésta.
—Hace unos momentos, profesora, usted me llamó por mi apellido —revelé sin borrar la sonrisilla que se había formado en mi rostro y pude escuchar al salón completo estallar en risas.
La mujer me miró con desdén y fue entonces que sonó el timbre, indicando el final de la clase de Inglés, para darle paso a Kanji. La profesora guía cerró su libro molestamente, se colocó los lentes de sol al nivel de sus ojos y salió refunfuñando unas cuantas cosas. Creo que siquiera terminó la reflexión.
Volví a acurrucarme en el pupitre y vi cómo mi compañero de enfrente se giró en su asiento hacia mí, sonreía. Me levanté finalmente para verlo a los ojos.
—Te la comiste entera —comentó sonriendo y dejando escapar una risilla tierna.
Estoy casi segura de que me sonrojé por lo adorable que se había visto. Exactamente, mi no novio estaba ahí sentado, en frente de mí. Cuando llegamos en la mañana, Nero lo sentó ahí mientras se ponía a hablar con Gakupo en el puesto de Kaito, no me molestó en lo más mínimo, es decir, ¡mi futuro esposo estaba en frente de mí! Oculté mis mejillas levemente ruborizadas con mis manos, mis codos estaban apoyados en la tabla y lo que daba del antebrazo estaba flexionado hacia mi cara. Sonreí como estúpida, aunque la disimulé un poco con la otra mano.
—¿No irás al parque de diversiones con nosotros? —preguntó.
En ese instante, recordé que a Miku la habían "invitado", y como yo soy Miku, no puedo decir que Kenji irá al parque, ¡sería un enredo total!
—No creo que me dejen.
Asintió. Pareció comprender. Fijó su mirada en mí, lo cual hizo que me sintiera un poco nerviosa, lo que él no notó.
—¿Sabes? Me eres muy familiar a alguien…
Mi sonrisa se borró inmediatamente y sentí cómo comenzaba a sudar frío. Kaito enarcó una ceja, pero no confundido, sólo estudiaba las facciones de mi rostro con más detalles. Me sentí un poco incómoda, porque estoy casi segura de que entre nosotros estaba volando la tensión; y como él es muy despistado, sólo la sentí yo.
Tragué la saliva lo suficientemente poca como para hacerme notar ante él, con el miedo de que me haya descubierto, volé cualquier fantasmita de tensión que sentía que se me acercaba, con la estúpida excusa de que tenía calor y me estaba abanicando con la mano.
—¿A-ah sí? ¿A quién? —articulé con un leve tartamudeo que simplemente no pude obviar. Dejé de abanicarme cuando él dobló la vista como si estuviese detallándome más y más, entrecerró los ojos.
Formó una sonrisita tan hermosa que le dio un brillito a sus labios rosaditos. Finalmente dijo—: Estuvo en Tokio hace una semana el día que no tuvimos clases, fuimos al cine ése día. Te quisimos avisar, pero ninguno teníamos tu teléfono.
Y ahora que lo dice, es cierto. La vez del cine, no me percaté de que los chicos hayan invitado a «Kenji». Oh no, y ahora que menciona el cine… ¿a quién dirá? ¡No puedo esperar a que diga: «Te pareces mucho a Rin» o lo mismo pero con Luka o Meiko! Por lo que más quieras, Dios, que no lo diga…
¡Porque se me estará arruinando el plan! ¡Y tampoco me percaté de ello!
—Creo que no la conociste, ella fue con la que intercambiaste estudios.
Llamaré a Neru en este instante, porque sé que ella tendría las ganas de tocar una bazuca y apuntarme. ¡PIUN, PIUN! Al menos moriré más rápido y podré olvidarme de todo este embrollo…
¡Santo cuerpo del actor americano León! ¡Me descubrió! O eso creo yo… ¡Pero ya nos está haciendo a Kenji y a mí una clara comparación!
Si Kaito no fuese tan despistado, estoy segura de que tendría el valor de quitarme la peluca y soltar mis coletas para que todos vean que fue una vil mentira, pero gracias a Dios que no.
Sonreí forzadamente, y juzgándolo por su extraña sonrisilla, me salió fatal el inútil intento de formar una sonrisa que no delatara mis nervios. Estoy casi segura de que enarqué una ceja, entrecerré un ojo y mi nariz se arrugó, ¡y todo por quitarme la maldita tensión del rostro!
Aunque, viéndolo de una forma… me recordó, es decir, a Miku, ¡bueno!, en realidad fue a mí. Wow, es como si fuese un pequeño avance, aunque en realidad no haya hecho casi nada. Pueda que… le interese… bueno, en realidad Miku.
Vaya, ahora mismo desearía tener un diario para anotarlo. ¡Pero qué m…! ¿Un diario? ¡Qué asco! Tal vez extrañe un poco venir a clases como Miku, pero rebajarme al nivel de querer un bobo diario para escribir mis cosas, ¡qué ridículo pensamiento! Ni que fuese la princesa Mía de ¿Genovia era? Estoy casi segura de tenía algo que ver con ése libro de Meg Cabot… espera, ¿qué no era ése?
Si Ayu estuviera aquí me reprocharía con un: ¡Gran momento de divague, Kenjiku!
Obviando todo eso y viéndolo de una forma… Éste es un buen momento para comenzar a indagar en sus secretos.
—¿Y qué, ella es tu novia?
Kaito rió. Pero no como una burla, simplemente echó una corta risilla, no supe describir tal sentimiento pero estaba segura de que no era burla, y no, no es que me esté haciendo creer lo contrario.
—No, no es mi novia —dijo finalmente sin quitar la sonrisita de antes.
Tuve la tentación de preguntare que si quería serlo o si sentía algo por ella, pero creo que ya estaría pareciendo muy curiosa, además de que esto sólo es un comienzo. Pero no pude evitar preguntarle cómo la veía exactamente a ella.
—¿Entonces, qué son?
—Digamos que amigos. No tanto, pero más o menos.
—Es Miki Hatsune, ¿no? —indagué un poco vacilante.
—Miku —repuso él.
—¡Claro! Miku…
Rió.
—Deberías acercártele más, si quieres entablar una amistad con ella —divagué en un intento de que se me acercara, es decir, a Miku… Santo Dios, ustedes ya captaron que es lo importante.
—¿Eres algo de ella? —preguntó Kaito ésta vez.
—Pues, somos amigos de la infancia —afirmé. ¡Vaya mentira! Ni tartamudeé, y eso que estoy frente al amor de mi vida.
Me miró con una ceja arqueada, y supuse por qué.
—Le digo Miki de cariño —alegué rápidamente, casi farfullando.
Asintió, pareció comérsela completa.
—¿Ella era de Hokkaido o algo parecido?
—No, yo era de Tokio.
Kaito estuvo a punto de decir algo, pero la entrada del profesor de Kanji lo detuvo, se giró sobre su asiento y la clase transcurrió normal, no hablamos del tema luego de eso.
—(¯`•¸•´¯)—
—¡Oh vamos, mamá! ¡Déjame ir, por favoooooor! —imploró Len desde el teléfono de Neru, hablaba con su madre para que lo dejara ir. Hizo un mohín infantil y volvió a rogar—: ¡Vamos mamá! ¿Le dejas a Rin y a mí no?
Irónico.
—Imbécil —carcajeó Rin con bastante burla, viendo cómo su hermano hacía cada mueca posible— ¡Increíble que me hayan dejado ir y a éste idiota no! ¡JA, JA, JA!
Fue inevitable que no nos contagiara la risa a todas. Neru observó con desdén a Len, tal parece que quería su teléfono de vuelta.
—¿Lo harás? —inquirió Len— ¡Por supuesto! Lavaré la ropa interior de papá… —Luego hizo una mueca de asco muy notable, a lo que Rin no pudo aguantar las risas.
Estábamos saliendo del gimnasio, todos. Ya había sonado el timbre de las doce. Kaito se me había acercado a agradecerme el entrenamiento de ayer, puesto que hoy no le había tocado tan duro como a los demás. Me sentí feliz de poderle haber ayudado, se le veía una radiante y arrogante sonrisa para con sus amigos, sobretodo con Len, que era el más flojo para realizar la gimnasia.
Planeamos nuevamente la ida al parque de diversiones, los chicos llamaron a sus madres durante la estadía en el gimnasio, los dejaron ir a todos y a Len le pusieron condiciones muy asquerosas. Kaito y Akaito estuvieron a punto de llamar a los papás de Meiko para que convencieran a los suyos, pero no tuvieron necesidad, puesto que los habían dejado ir sin problemas. Gakupo por su parte, no tuvo problema y a Nero lo dejaron ir porque iba con su hermana.
Yo no quise llamar a mi madre, de todas formas, la veré en un rato y podría llamar a Luka avisándole de que iría, si es que me dejan. Prima llegó a buscarnos y las chicas y yo nos subimos a la camioneta.
—(¯`•¸•´¯)—
Se miró al espejo decidida, una vez más, preguntándose internamente si estaba totalmente perfecta como para ir a un parque de diversiones. Sostenía una camisa en el aire por pereza de vérsela puesta. Al instante la tiró de vuelta a la enorme bola de ropa que había hecho en su habitación, ésta misma se movió de un lado a otro, provocando el susto en ella y que un grito se le escapara, creyendo que toda la bola de ropa femenina había cobrado vida y venía a comérsela por no usarla tan seguido como debería.
Suspiró pesadamente cuando vio a su amiga Ayu salir del montonazo de camisetas, faldas y abrigos. Raramente conservaba las faldas que sus primos le regalaban, una vez estuvo tan segura de botarlas o donárselas a un vagabundo, pero sería regalar lo que te regalan. Las mantenía guardadas, aunque nunca se las ponía porque… no eran de su estilo.
—¡Pensé que mi ropa cobraba vida! —exclamó la peliaqua girándose hacia el enorme espejo de su habitación.
Ayu tornó una sonrisa sarcástica y se aproximó fugazmente frente al espejo.
¡No creo que esté llegando hasta ése punto, Kenjiku! ironizó la muchacha detallando bien la vestimenta de la que tenía en frente.
Era tanta la desesperación de Hatsune Miku que aún seguía con ropa interior, sin saber qué ponerse para su día de diversiones. Ayu negó con la cabeza pensando que su amiga se había puesto muy paranoica con el asunto.
¡Santo Dios! ¿Y cómo no estarlo? Es decir, iba al parque de diversiones, uno de sus lugares favoritos desde niña; además de que iba a encontrarse con su propuesto novio, Kaito Shion. Era inevitable no ponerse paranoica. Lo peor de todo, era que no se decidía por alguna ropa.
Se volvió hacia el montón de ropa, que hasta hace unos momentos, pensaba que vivía. Tomó una camisa blanca, lisa y con el dibujo de un corazón rosado incrustado en el centro; arrugó los labios pensando en que se veía demasiado cursi para su gusto y la dobló en su armario.
Ayu encendió el aire acondicionado, se había tomado un baño recientemente, y con todo el asunto de Miku y sus lanzadas de ropa, comenzaba a darle calor, al igual que la peliaqua, que estaba comenzando a sudar, y su cabello húmedo no ayudaba mucho.
—Gracias por ello —dijo Hatsune, abanicándose con la mano y volviendo su vista al montón de ropa de su sofá de Animal Print.
Ayu se encogió de hombros y comenzó a jugar con las esposas que Miku le había dado, no se aburría de ello.
Escudriñó la bola de ropa una y otra vez, desdoblaba algunas prendas que le favorecían y guardaba las que no quería, dobladas, así como las había sacado, sin obviar a todas las faldas. Ya cuando la montaña había quedado totalmente baja, se volvió hacia las prendas que más le habían gustado. Entre ellas eran pantalones de colores, bluejeans claros y oscuros, una camiseta blanca sin mangas y chalecos de varios colores y formas.
Tomó uno de los pantalones de color rojo fluorescente y lo combinó con la camiseta que le había gustado, agarró un chaleco negro que daba hasta debajo del muslo y fue eso lo que se decidió por ponerse; ni tan exagerado, ni tan escueto. No fue hasta que modeló su conjunto en el espejo que miró que no tenía zapatos para combinarlos bien.
—Perfecto… —masculló con sarcasmo mientras rebuscaba ahora cada uno de los pares de zapatos de su armario, los lanzaba hacia el piso haciendo una nueva montaña.
¡Santo Dios, Kenjiku! ¿Es que no puedes calmarte? Ni que fuese una cita con Burkely Duffield. Expresó Ayu paseándose hacia la bolita de zapatos que hizo Hatsune. Tomó las Converse negras de la peliaqua y se las mostró en un intento de que dejara de lanzar los zapatos por el aire, podría terminar quebrando un vidrio.
—¡No! —negó Hatsune en redondo— La vez pasada, en el cine, usé las Converse. Seguramente van a creer que no tengo más zapatos.
Enarcó una ceja y soltó los botines en la montaña. ¿De cuándo acá a la chica le interesaba lo que los demás pensaban de ella?, y además de eso, ¿desde qué momento le importó verse a la moda? De todas formas no le atañía decirle, Miku estaba desesperada por verse bien ante su propuesto, como cualquier chica lo haría.
Cualquier chica.
Divagó un rato por la habitación en un intento de relajarse, la paranoia de Sakine estaba volviéndose un poco contagiosa si se ponía a pensar. Se detuvo ante el escalón hacia la cama y se volvió para mirar a Hatsune, seguía buscando algunos zapatos para calzarlos en la tarde. Definitivamente Miku se había vuelto una fémina muy feminista, quizás el haberse transformado en un chico, la hizo despertar. Negó con la cabeza y sonrió para sí como si fuese ridículo ver a su amiga tan femenina, de por sí ya se comportaba como una chica normal.
Extrañaba ponerse el brassier en las mañanas. Extrañaba lo divino que se sentían las fragancias de aguas de colonia con olores a coco. Extrañaba agitar su cabello en el aire. Extrañaba ponerse las sandalias azules que sus primos le regalaron en navidad. Y sí, extrañaba ir al colegio con la ridícula falda del uniforme.
De pronto gritó.
¿Pasó algo?
—Lo olvidaba… —detuvo su cuestionamiento mental y se quedó un rato pensativa mirando sus pies— Iré a un parque de diversiones.
Ayu casi se cae para atrás con tal declaración, estuvo a punto de lanzarle uno de los mil y un zapatos que conservaba en la montaña. ¿Tan rápido se dio cuenta de que no iría a una cita con la banda de Big Time Rush entera? ¡Vaya que había tardado!
—Ayúdame un rato, descarta las sandalias que odiaría estar en un parque de diversiones con ellas —imploró Miku sacando las sandalias de la montaña y guardándolas nuevamente en su armario.
Rodó los ojos y le señaló nuevamente las Converse negras que hace un rato le había mostrado. Miku pensó unos segundos y finalmente los tomó y se los puso, si no tenía algún zapato cerrado que le combinara, no había más remedio que usar las Converse.
Sonrió relajada y se quitó la toalla de la cabeza, dejando caer pesadamente su largo cabello. Comenzó a cepillarlo apuradamente mientras miraba la hora en un pequeño reloj digital, estaba entre las 2:30pm y Luka les había dicho que alrededor de las 3:30pm comenzaría a buscarlos a todos, puesto que Neru había aclarado que a las cuatro abrían el parque. Por lo menos le quedaba una hora para terminar de peinar su cabello, que en verdad era un completo enredo.
Se amarró las trenzas de las Converse torpemente, sólo estarían así mientras se peinaba el cabello. Miró por detrás del hombro cómo Ayu jugueteaba con las esposas que le había dejado.
—¿No esperabas la tarde con ansias? —preguntó Hatsune sonrientemente.
Ya Miku suponía lo que le deprava la tarde, si se refería a estar presente cuando fuesen al parque de diversiones, no se sorprendía, Ayu sabía.
La muchacha tiró las esposas hacia arriba y éstas cayeron fácilmente en sus manos. Sonrió con arrogancia y dijo: ¿Cómo no, Kenjiku?
Miku negó con la cabeza sin quitar la sonrisa, y le advirtió a Ayu—: Hoy soy Miku Hatsune.
La muchacha sonrió y se volvió para mirar por la ventana. Y vaya que ansiaba que llegase ése momento, no podía creer que ya había llegado, ya estaba comenzando a cansarme de tanta espera.
—(¯`•¸•´¯)—
Prima tocó el claxon una vez más mientras Meiko, desde la ventana de la segunda planta de su casa, rogaba que la esperaran. Luka se acomodó las mangas de su blusa holgada de estampado floral y finalmente suspiró mientras se volvía hacia los chicos que estaban allí, entre ellos los cuatro gemelos: los Kagamine y los Akita.
La Kagamine rasguñó a su hermano porque éste le había quitado un chicle, como siempre, comenzaron una guerrilla infantil entre ellos. Por el lado de los Akita, Nero hablaba con Luka, mientras que Neru, estaba oculta en su mundo celular. Tanta era la dramatización de mostrar un semblante de no-me-molesten que tomó la capucha de su anorak verde y se la colocó en la cabeza; a pesar de que estaban entre el verano y el otoño, vistió con su anorak, además de que era muy fresco, aunque no pareciera.
Tecleó frenéticamente su Blackberry hasta que se apresuró en guardarlo en el bolsillo de su anorak, Nero se volvió hacia ella y la miró preguntándose si todo estaba bien. Puesto que no era novedad que la chica, cuando se ponía nerviosa, comenzaba a teclear frenéticamente su teléfono —más de lo normal—. Nero le sonrió para darle seguridad, cosa que Neru no le prestó mucha atención cuando vio a su amiga Meiko acercarse a la camioneta y montarse en el asiento del copiloto, ésta venía junto a sus primos Kaito y Akaito Shion, los cuales se montaron en los asientos del maletero, viendo que no cabían ambos en los asientos de atrás.
La esclava en el brazo de Meiko con su nombre tallado, resonó al sentarse en el asiento del copiloto junto a Luka.
—¡Hooolaa! —saludó Meiko enérgicamente— Vaya, y pensar que a Len no lo dejarían ir —juzgó Meiko mirando al chico masticar otro chicle que le robó a su hermana.
Como respuesta, Len le sacó la lengua.
—¿Quiénes más faltan? —preguntó la morena hacia todos los chicos.
—Faltan Miku, Gumi y Gakupo —respondió Rin observando a todos los pasajeros de la camioneta.
—Oh vaya —Fue más un suspiro, por parte de la morena, que una indicación que había entendido.
Luka miró de reojo a su amiga y pudo escuchar cómo ésta tamborileaba los dedos sobre el forro de su Blackberry, a un paso lento y siguiendo el ritmo de una canción que en ese momento sintonizaba la emisora de la radio. Se preguntó internamente qué le pasaría, y por qué tan repentino nerviosismo, porque la conocía; aunque se veía muy normal que una chica que amara el baile y la música se situara a tamborilear los dedos, pero ella sabía que estaba algo nerviosa.
Tan rápido como localizó a la camioneta de Luka acercarse a hacia su casa, tomó firmemente la cadena de las esposas y jaló a Ayu hacia sí, de una forma una otra, estaba esposada a su amiga. Cuando la camioneta ya estaba en la acera frente a su casa, se despidió de su madre que estaba dentro de la casa y vio cómo Meiko la saludaba con la ventana del copiloto abajo.
—¡Miiiiikuuuuu! —exclamó Meiko enérgicamente, disimulando la alegría de que no veía a su amiga desde hace tiempo y tragándose las ganas de llamarla por el apodo que se había ganado, «Kenjiku».
—¡Qué onda, Meiko! —Miku también disimuló alegría.
—Oye, móntate en el maletero, allí atrás ya estamos llenos —alegó Luka haciéndose presente en la ventana, justo cuando Miku pensó que se estaba olvidando de algo, se mordió la lengua con miedo a que metiera la pata—. Por cierto, ¡hoooolaaa!
Y ése saludo fue suficiente para que aliviara sus pensamientos. De todas formas, hoy era su día, hoy era el día en el que sería Miku sin importar ponerse la peluca negra y simular una voz más grave que la que tenía. Hoy era el día en el que Miku estaría presente ante los ojos despistados de sus compañeros de clase.
Se aproximó al maletero, el cual desde adelante, Prima ya lo había abierto. De lo que no se esperaba era de encontrarse a su casi-chico y a su futuro cuñado sentados atrás, Kaito le sonreía dulcemente mientras que Akaito le hacía un ademán y sacaba su Blackberry el cual, en ese momento había sonado anunciándole que recibía un mensaje. Miku no pudo evitar sonreír como una idiota y ruborizarse tontamente y, aunque ya no fuese un chico, debía ocultar su sonrojo para no hacerse notar tan obvia en cuanto a sus sentimientos por el chico.
—¡Santo Dios, Hatsune! —exclamó Len mirando cómo la chica se subía al maletero y se sentaba nerviosamente al costado de Akaito— ¿No han pasado ni siete días y ya vuelves a Tokio?
Quiso matarlo ante tal comentario, es decir, ¿cómo se atrevía? Sí era cierto que quería volver a sentir su cabello suelto en el viento, pero, ¿por qué tenía que venir Len a arruinarle en partes su llegada "repentina"? Maldijo internamente unos cuantos insultos hacia el chico, que lastimosamente se tuvo que tragar.
Rin, mirando la cara de Miku, decidió defenderla dándole un zape a su hermano.
—¡Tú cállate, Len! ¿No te acuerdas de aquella vez en el campamento? ¡Estabas llorando a las tres horas de haber llegado porque querías ver a mamá!
Tal declaración, puso tan rojo como un tomate al Kagamine que no pudo ocultarse con algo, después de todo, las risas en la camioneta fueron inevitables luego de eso. Fue suficiente para hacer crecer el ego de Miku y dejar de preocuparse por su repentina "llegada" a Tokio. Se volvió tímidamente a Kaito, el cual le sonrió, Hatsune sostuvo su mirada unos segundos y le devolvió la sonrisa, pero ésta se tornó un tanto estúpida como la que había hecho «Kenji» en la mañana, en la pequeña plática con Kaito.
El transcurso hacia la casa de Gumi, que quedaba más cerca de la de Miku, fue algo silencioso para la peliaqua, porque ella no estaba hablando con alguno de los chicos; para Luka y Meiko fue normal, hablaban entre ellas; Neru se metía en su mundo y extrañamente, Akaito —hasta donde miró Miku que estaba a su lado— jugueteaba con su teléfono con unas cuantas aplicaciones mientras hablaba con Kaito; Len y Rin peleaban como era de costumbre y Nero… no dejaba de mirar a Luka menear su cabello.
Se ocultó un poco el rostro con su flequillo, el cual había crecido hasta un punto en el que le tapaba la mitad de su ojo derecho, y sacó su teléfono para ver qué había de nuevo allí. Desde la mañana no revisaba los mensajes. Reparó de que había recibido un mensaje de Blackberry Messenger a la hora del recreo, extrañamente, al mismo tiempo en el que otros de sus compañeros. Entró a la mensajería desde el menú y abrió un mensaje de Neru, el cual decía claramente: «Necesito tu ayuda».
Hatsune abrió los ojos como platos, no se esperaba eso y mucho más viniendo de Neru, lo peor de todo era que no había respondido su mensaje, se sentía, en una pequeña parte, malvada. Movió la cabeza de un lado a otro y decidió responderle el mensaje a Neru, aunque un poco tarde para su gusto.
"En la noche hablamos de ello. Lamento haber tardado". A lo que Neru le respondió con una emoticón seria y pulgares arriba por el chat del Blackberry Messenger, cuando la tenía casi al frente.
Incluso en por mensajes, Neru permanecía con la cara de póker tan característica de su ser.
La camioneta se detuvo frente a la quinta de los Megpoid. De un árbol que estaba ubicado en su jardín, bajó una figura femenina de cabello verde. Gumi se acercó ella y reparó en Meiko, quien le indicó desde la ventana del copiloto que se sentara en el maletero y ésta accedió con algo de pereza. Finalmente se subió al vehículo y saludó con ése buen humor tan suyo, comenzando un tema de conversación entre todos sobre lo que comerían en el día de diversiones.
Luka se recostó del espaldar del asiento del copiloto para comenzar a reír por un comentario algo inocente viniendo de Gumi. Se fijó en su amiga Meiko, que a su lado permanecía riendo, sus dedos tamborileaban con más ganas, y no estaba siguiendo el ritmo de la música que pasaban por la emisora.
—¿Pasa algo contigo, morena? —preguntó Luka en un susurro, no quería que los demás notaran su conversación con la chica, puesto que era personal.
—¿Pasarme algo? ¿Por qué tendría que pasarme algo? Estoy normal, ¿no me ves? —Tantas preguntas en un solo diálogo fue suficiente para Luka para notar su paranoia. Meiko tarareó una canción que la emisora dejó escuchar y recuperó la calma.
—Te conozco, ocurre algo —insistió la pelirrosa dedicándole una mirada seria.
—¡Jácaras! —contestó rodando los ojos con un poco de exasperación.
Si Luka se ponía a indagar más, llegaría el momento en el que la morena estallaría peor que Rin cuando Miku les anunció su plan. Literalmente.
La camioneta se detuvo a unas cuantas cuadras más de la casa de Gumi, allí vivía Gakupo, el cual no tardó en seguir acomodándose un poco la cola de caballo. Meiko sonrió cuando bajó el vidrio para anunciarle lo mismo que a los otros, Gakupo obedeció y se sentó en el maletero entre los mellizos Shion, hablando de cualquier tontería de deportes que, simplemente, Miku y Gumi ignoraron y quedaron conversando entre ellas.
El transcurso al Parque de Diversiones Yamaha, fue muy normal. Prima se bajó junto a ellos —tal cuales gorilas hambrientos que correteaban de allá para acá— y señaló el carrusel.
—Aquí nos veremos a las siete —avisó la mayor atrayendo la atención de los chicos—. Ni más, ni menos.
Asintieron algo fastidiados y luego de haberse comprado una malteada, Prima se fue a la universidad. Aunque hubiese querido quedarse para montarse en la montaña rusa, pero deberes eran deberes, ya se le hacía tarde. Meiko, Luka y Len se dirigieron a las taquillas para comprar unas cuantas hileras de boletos.
Nero cargaba un bolso que le colgaba del hombro, sintió que lo tanteaban y se volvió hacia quién lo hacía, encontrándose con la mirada de su hermana, pidiendo que se lo pasara.
—Aguarda Neri, espera a que compren los boletos —dijo Nero con un poco de fastidio en su voz.
—No. Dámela —refunfuñó la chica arrugando infantilmente el ceño y rebuscando en el bolso de su hermano.
Desde la fila de boletos, Luka se volvió hacia Nero y le sonrió dulcemente, a lo que el rubio le intercambió la misma y se volvió hacia su hermana que no dejaba de buscar.
—Llorona —masculló Akaito pasando por un lado de Neru, recibiendo "dulcemente" una mirada asesina de la chica. Akaito no se dejó envenenar por ella, que extrañó en Neru.
—Bobo —contraatacó Neru alejándose un poco del pelirrojo, luego de haber tomado el objetivo que rebuscaba en el bolso de Nero.
Luka que había visto aquello, no pudo evitar sonreír con malicia.
Neru miró a la peliaqua que conversaba con Rin y Gumi, y a unos pocos metros estaban Kaito y Gakupo hablando. No les prestó mucha atención a ellos, sino al fondo que tenían detrás, se habían hecho las cuatro y treinta de la tarde y el sol estaba casi en su punto de dar paso al atardecer, por eso habían encendido las luces de neón de las atracciones, se veía increíble, y claro, con un montaje en Intagram, podía mejorarlo. Tomó la cámara Nikon, que hasta hace un minuto, había sacado del bolso de Nero y capturó una fotografía. En ella se reflejaba el escenario de fondo de la rueda de la fortuna y otras atracciones; lo mejor, fue que capturó el momento perfecto en el Miku se volvió hacia y Kaito y éste a ella, intercambiando una sonrisa, tímida por parte de ella y dulce por parte de él.
Sonrió con sorna, ya se la sacaría en cara muy pronto a su amiga.
Los chicos volvieron con más de setenta boletos, además de que había varias atracciones, estaban seguros de que repetirían aunque sea en pocas. Las chicas reían una vez que dejaron todos los boletos a merced de Len, el pobre chico se enredaba mientras caminaba, por ser una enorme bola de boletos la que sostenía. Se acercaron a Neru y notaron la Nikon de ésta.
—¡Foto! —gritó Luka.
—¡Chicos! —llamó la morena a toda la bolita, que atendieron apenas dejó de oírse el grito. Hizo un ademán señalando hacia la rueda de la fortuna y, como si fuesen almas que lleva el diablo, corrieron hasta el pie de la atracción.
Neru sostenía la cámara y les indicó alejarse un poco de la rueda para que se detallaran más las luces de arriba. Las chicas modelaron y sonrieron, los chicos se ubicaron cerca de una de ellas y Akaito, que había llegado de último al correr, se ubicó en el medio de Meiko y Nero. Gumi estaba situada en todo el medio de la bolita, en el piso, haciendo un Split improvisado y subiendo los brazos alegremente como pose. De izquierda a derecha estaban Gakupo, poniendo dedos de amor y paz con su mano derecha; Meiko, apoyando su brazo derecho en el hombro de Gakupo, mientras que su otra mano se posó en su cadera; Akaito, quien se cruzó de brazos; Nero, que cargaba a Luka tal cual novia recién casada, y ésta que rodeaba sus brazos en el cuello del rubio y estiraba el suyo hasta abajo, dejando caer su cabello; Len, rodeando su brazo en el hombro de Rin, mientras que ésta lo imitaba y finalmente; Miku y Kaito, que miraban un poco extrañados a los chicos de la izquierda, por como posaban.
—Oh vamos, pareja, ¿se quedarán así o es que tengo que hacerlos posar? —exclamó Neru, con un poco de sorna en su tono de voz. Lo hacía más para incomodar a su amiga que para acabar con la foto de una vez.
Miku no pudo evitar ponerse tan roja como un tomate mientras que negaba con las manos y la cabeza. Una cosa era que apenas fuesen —aparentemente— amigos ella y Kaito, pero otra era ser pareja. Kaito por su parte se sonrojó levemente y se pasó una mano por el cabello. Fue tan gracioso verlos así que no evitó sonreír de oreja a oreja.
—Acomódense —ordenó Neru.
Miku se le acercó nerviosamente a Kaito y le susurró un—: ¡Qué gruñona!
Kaito negó con la cabeza, sonriendo, y tomó a Miku de la cintura, haciéndola estremecer un poco al ser más acercada al cuerpo de él. No pudo evitar sonrojarse un poco. Para no parecer una estúpida enamorada en la foto, pasó su brazo izquierdo alrededor del cuello de Kaito, sintiendo lo cálido de su piel.
La "fotógrafa" Neru estuvo a punto de tomar la foto cuando fue interrumpida por Luka. Le entraron unas ganas de quitarse sus sandalias y lanzársela a la chica con todas sus fuerzas, se tragó las ganas al tratarse de una de sus mejores amigas.
—¡QUÉ! —exasperó Neru perdiendo la calma que había cobrado para tomar la foto.
—¡Faltas tú, nena! —afirmó Luka bajándose de los brazos de Nero y aproximándose a la hermana de éste para tomarla por la muñeca.
Un chico algo despistado se paseó por allí cerca, siendo atraído por los gritos de Luka.
—Disculpa, chico raro, ella quiere que tomes una foto —le notificó Neru secamente al muchacho que había llegado hasta allí.
El pobre joven suspiró al haber sido llamado «chico raro», según parecía, estaba consciente de que sí lo era, causando una sonrisilla en Akita.
—Olvida sus malos modales —dijo Luka rodando los ojos—. ¿Podrías tomarnos unas cuantas fotos?
—Está bien —aceptó el muchacho tomando la Nikon de Neru, mientras ésta era arrastrada por Luka hacia un costado de Akaito.
Miró con una ceja arqueada al muchacho y una mirada claramente mosqueada, el pelirrojo le dedicó la misma. Estuvo a punto de alejarse de Akaito cuando Luka —ya ubicada en su anterior pose a los brazos de Akita Nero—, le jaloneó el brazo para que se quedara allí. Se hincó de hombros para ser abrazada por el hombro, por el brazo de Akaito. No pudo evitar sentirse un poco incómoda, pero accedió a modelar llevándose una mano a la cadera.
La primera foto salió exactamente igual como antes de que se incluyera a Neru, pero claro, la presencia de Neru cambió la pose del pelirrojo.
Luka gritó que tomara otra mientras se bajaba de los brazos de Nero susurrándole algo, que fue a llegar hasta los oídos de los demás chicos ubicados a la derecha del rubio. Luka sonrió con bastante malicia, siendo notada por los atentos ojos de Neru, percibiendo un muy mal presentimiento. La pelirrosa se apretujó más a ésta. Neru no pudo evitar tropezar torpemente con Akaito, quedando muy abrazada al chico, o al menos eso quería aparentar la segunda foto…
La tercera y última fue muy cómica, puesto a que los de la derecha salieron todos empujando a Luka, que no pudo evitar salir con la boca abierta, formando una sonrisota de oreja a oreja. Los de la izquierda entendieron la complicidad de los chicos y empujaron a Meiko, que ésta terminó empujando a Akaito, y Luka a Neru, la cual finalmente salió totalmente abrazada por Akaito. Ambos chicos salieron un poco sonrosados por lo molestos que estaban por ello, Neru frunció el ceño entreabriendo la boca porque había dejado escapar un quejido y Akaito arrugó un poco el labio, sin dejar de mirar a la cámara.
—Aquí tiene la cámara, señorita —dijo el friki entregándole la cámara a Neru, le sonrió y le guiñó un ojo, desapareciéndose hacia una de las atracciones.
Neru quedó petrificada en su sitio con una mirada asqueada, definitivamente ése no era su mejor día, ya mucho tenía con ir al parque de diversiones —aunque por dentro se moría desde la primera vez que vio el parque por ir y disfrutar en las atracciones, pero claro, su orgullo no podía delatarla—. Insultó internamente al friki, a Luka, a Nero y al maldito de Akaito, con el que ahora tenía y tendría —porque estaba segura de que sí— malos ratos, y eso que antes ni se cruzaban palabra alguna.
Se hizo el atardecer y Neru aprovechó para tomarle una última foto al pie de la rueda de la fortuna.
—¿Y bien? —preguntó Len, desesperado por cargar los boletos de las atracciones— ¿Por dónde comenzamos?
Luka giró en torno a su alrededor, observando cada una de las atracciones para finalmente musitar—: Ni idea.
—¿Qué tal si nos probamos las más leves —aportó Gumi sonrientemente— y luego nos vamos por las extremas? —De repente, un aura muy extraña rodeo a la chica y una macabra y sádica sonrisa se mostro en su cara. Agitó un puño hacia arriba y los chicos se imaginaron temerosamente a una daga ensangrentada en él.
—Apoyo a la psicópata peliverde —sonrió Len, casi pudiéndose imaginar lo que rondaba por la mente de la chica.
Ambos rieron malvadamente por un rato, recibiendo Len, un zape en la cabeza por parte de su hermana.
—¡Qué te ocurre, mujer! —exclamó Len con exasperación.
Rin sonrió socarronamente y se encaminó junto a Miku, que estaba hablando con Luka.
—¿Al carrusel? —anticipó Meiko, luego de que Len dejara de refunfuñar.
—¡Sí!
La bolita entera se volvió entre carreras hacia el carrusel, donde se supone que esperarían a la hermana mayor de la pelirrosa. Neru le tomó una foto desprevenida a Luka, siendo arrastrada por Nero hacia el carrusel, ambos reían en carcajadas; al notar eso, Luka le quitó la cámara a Neru y le pagó un poco de propina al técnico de la atracción para que les tomara varias fotos mientras estaban subidos allí.
La atracción comenzó a dar vueltas, y fue el inicio del "fin" del mundo para Miku, que se aferró a uno de los tubos del carrusel, causando risas en sus amigos, gritó cómicamente—: ¡ESTÁ MUTANDO! ¡ESTÁ MUTANDOOO!
Recordó lo graciosa que se había visto cuando su compañera Ayu había estado entre la montaña de ropa, creyendo que había cobrado vida. Comenzó a reír, en carcajadas, y fue suficiente para causar una enorme confusión entre sus amigos.
—Hatsune, móntate al caballo y no sentirás que está mutando el carrusel —bromeó Rin acercándola a uno de los caballos de la atracción.
Por otro lado, justo cuando la atracción comenzó a andar, Luka subió a Neru en uno de los caballitos, mientras que Nero empujaba a Akaito, obligándolo a subirse en el mismo en el que estaba Neru. La pobre rubia estaba comenzando a armar algo en contra de su estúpido hermano, ya estaba comenzando a hartarle.
Rin se subió a la espalda de Len, el cual comenzó a corretear al lado contrario en el que giraba el carrusel, persiguiendo a Gakupo.
Ya al bajarse del carrusel —siendo corridos por el técnico por armar tanto alboroto—, los chicos andaban mareadísimos, más que todo los Kagamine y Gakupo. Aunque fuese unos de los leves, el carrusel supo darles un mareo increíble.
Neru tomó su cámara de fotos y comenzó a tomarles fotos a Akaito, Len y Gakupo cuando éstos se montaron en la próxima atracción, la cual era el trencito.
—¡CHUU! ¡CHUU!
Gakupo y Akaito quedaron juntos en un vagón, casi ni cabían en éste al ser tan grandes y altos; éstos gritaban emocionados, viviendo sus momentos de infancia. Neru negó con la cabeza mientras sonreía, vaya inmaduros. Len quedó junto a una pequeña niña de no más de cuatro años. Tarareaba una cancioncilla mientras Len la miraba de reojo, algo nervioso.
—Hola, ¿cuál es tu nombre? —preguntó el rubio Kagamine, en un intento de ser amable con la chiquilla.
Ésta lo miró algo desconfiada, pero Len no se rendiría hasta sacarle unas palabras.
—Soy Len…
—¡AHAAA! —berreó la pequeña niña interrumpiendo las palabras de Len— ¡Mamáaa! ¡Me están acosando!
Len quedó muy confundido por tales palabras viniendo de una niña de menos de cuatro años. El trencito se detuvo, entrando la madre de la criatura para recogerla. El pobre Len quedó algo estupefacto al recibir de la mujer una mirada envenenada. Rin, que estaba muriéndose por la carcajada, quedó tragándose las risas y mirando a la mujer acercarse peligrosamente hacia su hermano.
—¿Qué intenciones tenías con mi hija? —encaró la mujer.
—¡Y-yo…!
—¡Niñato pervertido! —agravó la mujer sin dejar a Len terminar de explicar, enviándole un golpe totalmente enfurecido hacia el rubio.
Len se quedó petrificado ante el "agradable" recibimiento de un golpe en su mejilla, cálido sí, porque se había sonrojado bastante al recibir el golpe, pero para nada esperado de la madre de una niñita. El técnico se acercó al rubio, luego de que la madre desesperada saliera del trencito. Enarcó una ceja mientras Len se sobaba el cachete.
—Salga ahora —exigió.
—¡Pero…!
—¡Ahora!
Sin pensarlo menos de una vez, Len salió corriendo del vagón, terminando por esconderse detrás de su hermana, que seguía petrificada.
El técnico se acercó al vagón contiguo al que había estado Len allí, donde las risillas bajas se hacían entre Akaito y Gakupo, quienes habían presenciado el increíble espectáculo de Len con la madre de la chiquilla. Los miró con una ceja enarcada, provocando que los dos chicos sudaran frío.
Neru, la que no dejaba de tomar fotografías de eso, sonrió con sorna.
—¿Son ustedes amigos de aquel depravado muchacho? —preguntó retóricamente el técnico.
Gakupo y Akaito se miraron con la boca ligeramente abierta y se volvieron con la misma cara hacia el técnico.
—¡Por supuesto que no! —negó Gakupo en redondo.
—¿Cómo cree? —coreó Akaito.
—¡Ése depravado no se merece nuestra amistad, señor! —siguió Gakupo con la cantidad de locuras que tenían que inventarse para que no los sacaran del vagón, enfatizando con bastante hincapié el apodo que el técnico le dejó a Len durante el resto de sus recuerdos.
—¡Depravado! —subrayó Akaito, repitiendo una vez más.
El técnico los miró con ojos entrecerrados.
—Salgan.
—¡Por supuesto, señor! —asintieron Gakupo y Akaito al unísono.
Cuando salieron de la atracción, recibieron la mirada desaprobatoria de Len. Algo decepcionado.
—Qué increíble, tus mejores amigos apuñalándote en la espalda con una daga —metaforizó Len, sonriendo enigmáticamente.
—Len, cálmate —pidió Rin, aunque su hermano no estaba guerreando como era de costumbre—. Muchachos —se dirigió hacia Gakupo y Akaito—, corran.
Sin pensarlo dos veces, la obedecieron y comenzaron a correr hacia un destino inimaginable, siendo perseguidos por Len. Rin se acercó a Neru y soltó un suspiro, ésta les tomó una foto a los muchachos correteando.
—No cambiarán —comentó Rin, a lo que Neru asintió.
—(¯`•¸•´¯)—
—¡Perfecto! —exclamó Gumi sosteniendo una malteada en alto.
No muy lejos del carrusel, Miku, Gumi, Luka y Meiko se quedaron en un pequeño café del parque, sentándose sobre unos taburetes dinner giratorios. Tomaron unas malteadas y Gumi pidió varios bocadillos del menú.
Ya se habían hecho las seis de la tarde. Sólo les quedaba una hora de disfrute, ya se habían subido a casi todas las atracciones del parque, dejando por un lado las de los más pequeños, recordando lo que le había sucedido a Len.
Se habían tomado variedad de fotografías. Se habían ido a un rincón donde se presenciaba el parque completo, Neru había dejado la cámara en el suelo con un temporizador para que salieran varias, mientras se preparaban para cuando tomara la foto. Una de las fotos que más les gustó, fue cuando la cámara capturó un perfecto momento en el que las seis jóvenes salían saltando en el aire.
Los chicos, por su parte, se quedaron en los juegos de azar y agilidad que había por allí cerca. Era increíble que se hayan gastado casi todos los boletos en tantas atracciones, apenas les quedaban veintidós restantes, para cada uno de ellos, sólo en dos atracciones más.
—Hace tiempo que no salíamos de ésta forma —comentó Meiko tomando un sorbo de su malteada.
—Y que lo digas —fue apoyada por Luka, quien simplemente se relajó en la mesa—. Fue buena idea la de Neru de venir al parque.
—Ahora que lo dices, ¿dónde estará? —cuestionó Miku mirando por todas partes, en busca de algún rastro de ella.
—Debe estar buscando alguna cabina telefónica, Miku —ironizó Meiko—. Sabes cómo se pone la pequeña Akita cuando no tiene algún aparato que tenga que ver con tecnologías sociales y ésas cosas.
Rieron ante el comentario de la morena.
—No exageres, debe estar por aquí cerca —aseguró Gumi.
Y no fue hasta que sintieron el flash de la cámara Nikon aturdirlas un poco que se volvieron hacia el frente y notaron a Neru sonriendo al haber capturado una foto desprevenida.
—¿Con estar por aquí cerca, te refieres a esto, Gumi? —observó Meiko con sarcasmo.
La rubia pelilarga se acercó hacia sus amigas, seguida por Rin.
—¿Qué esperan para continuar con la aventura, chiquillas? —dijo Rin, robando uno de los bocadillos que Gumi había pedido.
—¡Egfo egtf mnhfío! —señaló Gumi, hablando con la boca llena, muy raro viniéndose de ella.
—Sí, sí —obvió la rubia sin prestarle la más mínima atención a la peliverde, llevándose el bocadillo a la boca.
Gumi ahogó un gritito.
—¿Ya en cuántas atracciones nos hemos subido hoy? —examinó Luka.
—Creo que en casi todas —contestó Miku, de manera pensativa.
—No todas —ratificó Gumi, volviendo en ella la sonrisilla sádica y la enigmática aura que antes le rodeaba—. Aún faltan otros dos.
—¿Cuáles? —preguntó Meiko.
Luka sonrió e intercambió una mirada cómplice con Gumi.
—Faltan la rueda de la fortuna y la montaña rusa —aclaró Luka.
Rin puso ojos hechos fuego de la emoción y comenzó a exclamar—: ¡Santo Dios, la montaña rusa!
—¿Que no es ésa en donde unos chicos salieron de los colores del arcoíris? —cuestionó Neru.
—¡Exactamente! —dijo Rin— ¿Te imaginas acabar con el mayor record de vomitar en el mundo al subirse a ésa máquina? ¡Sería increíble!
Gumi se limpió la boca y observó la montaña rusa un poco temerosa.
—No sé, Rin. No quiero botar toda la comida que acabo de comer, si a eso te refieres.
—¡Oh, vamos, Megpoid! No seas aguafiestas, será muy divertido —aseguró Luka, ésta vez, ganándose la mirada cómplice de Luka.
—¡Iremos! —exclamó Rin— Vayan a hacer la fila para subirnos, yo les avisaré a los chicos.
Miku observó a Rin cómo se iba emocionadamente de allí, tragó fuerte, sintiendo las mariposas corriendo por su estómago. Estaba imaginándose cómo sería su grito de miedo, ya que obviamente sería espantoso, si fue sólo feo con el carrusel…
—No sé chicas, ¿qué tal si comenzamos por la rueda de la fortuna? Recuerden que dijimos que primero los más leves —consideró la peliaqua.
Las otras se miraron a las caras y se encogieron de hombros.
—Creo que es mejor —apoyó Luka—. Deberían hacer la fila para subirnos, yo me adelantaré en la montaña rusa para avisarle a Rin y a los chicos —dijo Luka incorporándose de la silla y yendo rumbo a la montaña rusa.
No tardó mucho esperando al pie de la fila cuando Rin y los chicos se acercaron a ella.
—¿Y las otras?
—Subámonos primero a la rueda de la fortuna.
Rin arrugó la cara.
—¡Eso es de niñas pequeñas! —espetó la rubia.
—Oh vamos, será divertido —aseguró Luka sonriendo como quien no quiebra un plato, en un intento de convencer a Rin.
—Sabes que odio que sonrías así.
—¡Lo sé! Pero nadie puede resistir ante mis encantos —alardeó la pelirrosa—. Además, ¿te parece que hagamos algo para entretenernos en las alturas?
Nero escuchó en ése instante la conversación de las chicas. Se les acercó sonriendo y dijo—: Me uno.
Rin lo miró con una ceja arqueada, luego a Luka y los tres intercambiaron una sonrisa macabra.
—(¯`•¸•´¯)—
Observó desde el pie de la atracción la gran altura de ésta y las cabinas giratorias. Desde abajo se podían escuchar los gritos emocionados de las personas que se subían a la rueda de la fortuna. Tragó duro por la altura y eso que era una porrista y estaba acostumbrada a la gran altura de los saltos que realizaba, incluso tenía la idea de hacer la Fuente de Troya en las nacionales —si no estuviera "ocupada" en ser un chico—, la más peligrosa entre las rutinas y, aún así, tenía miedo de una segurísima atracción de parque.
Rin suspiró detrás de ella y la empujó hacia una de las cabinas de la rueda de la fortuna y se subió junto a ella, acompañada de Len que andaba junto a Kaito. Según el técnico de la atracción, en las cabinas sólo aceptaba a cuatro personas máximo. En la siguiente cabina se subieron Luka y Nero, arrastrando a Neru y a Akaito, el cual no paraba de protestar mientras su piel se empalidecía; en la otra cabina, se subieron los más normales —si es que así se les podían llamar— durante la estadía en el parque, los cuales eran Gakupo, Meiko y Gumi.
La atracción comenzó a andar y las cabinas en las que se habían subido los chicos, estaban elevándose cada vez más.
—Vaya, la vista es bonita desde aquí —aduló Gumi, sacando la cabeza por la ventanilla de la cabina. Estaba sentada en el medio de Meiko y Gakupo, quienes la miraban raro.
—¡Gumi! No saques la cabeza —espetó la morena haciendo que la cabeza de la pelivderde entrara una vez más a la cabina—. Te hubieses subido a otra cabina, eres demasiado curiosa.
—Tranquila, morena. Si querías estar a solas con Gakupo, tenías que decírmelo y ya —dijo Gumi relajadamente, encogiéndose de hombros.
Causó un sonrojo en las mejillas de la morena.
—¡Estúpida, no me refería a eso! —exclamó— Decía que eres demasiado curiosa y odio eso mientras trato de revivir mi fortuna en la rueda.
—Estás siendo afortunada, Mei, estás conmigo y con Gakupo —explicó la peliverde, abrazando al pelimorado.
—¿De qué me estoy perdiendo? —musitó Gakupo, confundido de la reacción de Gumi.
—No creo que a eso se le pueda llamar fortuna, Megpoid —espetó Meiko—. Es decir, estar con la persona más curiosa del mundo, no es la mejor fortuna que pueda tener.
—¡Qué dices! Y no soy curiosa —dijo Gumi, soltando a Gakupo. Simuló una falsa indignación y se cruzó de brazos. Miró por un momento la cabina a su alrededor y notó un extraño volante en medio de los asientos— ¡Oye, para qué es esto!
—¡NO!
—¡GUMI!
Demasiado tarde para las réplicas de los acompañantes de la chica, Gumi comenzó a girar una y otra vez el volante, haciendo que la cabina diera vueltas en el aire sin cesar. Meiko y Gakupo estaban gritando y llegaron a un punto de abrazar fuertemente a Gumi, la cual sonreía de oreja a oreja y mientras éstos ejercían fuerza al gritar y abrazarse, más vueltas daban en la cabina.
—¡DETENTE MEGPOIIID! —corearon Gakupo y Meiko, gritando tan fuerte que se escuchó al pie de la atracción.
Por otro lado, en la cabina que le seguía a la de los supuestamente normales, el pelirrojo estaba de un color más pálido; permanecía con los ojos cerrados y con un semblante preocupado. Sí era cierto que había protestado como nunca al subirse a la rueda de la fortuna, pues, el chico le tenía un terrible miedo a las alturas. La rubia Neru estaba sentada al lado de Luka y al otro estaban Nero y Akaito.
—Quiero salir. Quiero salir. Quiero salir ya. Saldré pronto. Salir. Salir de aquí. Ahora mismo. Quiero. Salir. De aquí —farfulló Akaito—. Estoy en mi cama, estoy en mi cama… ¡Dios! ¡¿Por qué se mueve mi cama?!
Neru sonrió con sorna.
—¿Y ahora quién es el llorón? —espetó con burla, cruzándose de brazos y mirando a Akaito inquieto.
Éste de pronto recuperó el color normal de su piel y miró a la rubia con rabia; ésta no paraba de sonreír. Se acercó peligrosamente hacia Neru y ésta lo imitó, ambos sin apartarse de donde estaban sentados.
—Estúpida.
—Imbécil.
Luka suspiró y para salir de ése ambiente de guerrilla; observó algo confundida la cabina vecina, de la que provenían gritos, notó que giraba descontroladamente y fue suficiente para darle una idea.
—Nero, detenlos —le pidió Luka, a lo que el rubio accedió.
—Oigan chicos, ¡deberíamos jugar un juego! —invitó Nero enérgicamente.
Neru y Akaito miraron extrañamente a Nero. Luka sonreía inocentemente mientras los chicos se separaban.
—¿Juego? —repitieron los dos al mismo tiempo.
—Sí, verán —intervino Luka—, trata de que ustedes gritan.
Akaito intercambió una mirada confundida con Neru.
—No me gusta ése juego…
—¡No tiene por qué gustarte! —farfulló Nero.
—¿Dónde quedó la democracia? —ironizó Neru por lo bajo.
—No sean aguafiestas, les encantará —reiteró Luka—. Muchísimo…
Akaito tragó duro, recuperando la palidez que antes se había esfumado. Neru miró asesinamente a su hermano, quien le ignoró en redondo.
Lo último que se escuchó en la cabina, fueron los gritos desesperados de Akaito al dar vueltas en el aire por la altura, ya que Luka se había puesto a dar vueltas y también los de Nero; pero éste era por ser jaloneado por su hermana. Luka permanecía con una sonrisa sádica.
—No me gustan esos gritos… —musitó Miku, mirando por la ventanilla de la cabina— Suena como Neru haya tirado por la ventanilla a Nero…
—Al menos le haría un favor al mundo —masculló Len, seguido de una risilla.
—¡Qué cruel eres! Ni que Nero fuese tan malo —defendió Rin encogiéndose de hombros.
—¡Lo dices porque se estaban riendo como si hubiesen visto al mismísimo Mr. Been frente a ustedes! —exclamó Len.
—Y digamos que ése Mr. Been eras tú vestido de mujer, así que no le veo la diferencia —espetó Rin de manera cómica, recibiendo una mirada reprobatoria de su hermano, la cual ignoró.
Miku quitó la vista de la ventanilla y suspiró.
—No sé por qué, pero tengo un mal presentimiento de todo esto —pensó Kaito en voz alta.
—¿Cómo así? —quiso saber Miku.
—Sólo míralos…
Se volvió rápidamente hacia los hermanos, haciendo la misma guerrilla de siempre; pero ésta vez, era en una cabina de la rueda de la fortuna. Captó rápidamente que en cualquier momento se haría presente un acontecimiento si no bajaban a un lugar más abierto para pelear.
Se estaba poniendo paranoica…
—Q-quizás, sean claustrofóbicos —replicó Miku.
—¿Por qué lo dices?
—Pues, porque estamos en un lugar algo cerrado y ellos no aguantan la pelea. Es como si mientras están encerrados, quieren comerse a insultos.
Kaito enarcó una ceja mientras ella analizaba la situación.
—Tiene sentido, suena irónico —reiteró Kaito.
Miku lo miró de reojo por unos segundos, ella había escuchado exactamente ésas mismas palabras durante clase, mientras Kaito creía hablar con Kenji. No quiso decirle nada más, se volvió hacia los gemelos para calmarlos.
—¡Ya párenle!, estamos en un lugar alto —exclamó.
—¡Lo sé! ¡Es perfecto para lanzar a Len desde más de quince metros! —espetó Rin con un tono suicida en su voz, recibiendo una mirada de susto por parte de todos los presentes.
—No creo que causar un crimen a quince metros de altura sea exactamente… perfecto —consideró Kaito.
—Entonces serán a tres metros —sostuvo Rin.
Y fue cuando se dieron cuenta de que ya estaban en la parte de abajo, desalojando las cabinas. Llegaron de pronto hasta el punto de partida y salieron algo asustados de la cabina.
—Ja. Ya no podrás causar un crimen, tonta —dijo Len con un tono victorioso y una sonrisa arrogante que le picó a Rin.
—Aún falta la montaña rusa, imbécil.
Len borró la sonrisa inmediatamente y fue jaloneado por su hermana hasta la fila de la última atracción a la que se subirían en la noche.
—¿Los seguimos? —se preguntó Miku en voz alta, dirigiéndose a Kaito.
—Ni modo —consideró el peliazul—. Pero no nos vayamos a subir cerca de ellos.
Miku sonrió y dejó escapar una risilla seguida por su prospecto, mientras caminaban hacia el pie de la fila.
De la cabina que le seguían a éstos, bajaron los que entraron en ella. Akaito se le notaba un extraño color verde pálido mientras que Luka permanecía con una sonrisa de autosuficiencia; Nero tenía la oreja roja y con la marca de una de las uñas de su hermana; Neru bajó molesta de allí y siguió a los que se habían adelantado para la montaña rusa.
Sólo hasta que la macabra pelirrosa la detuvo.
—¿Quieres que me siente junto a ti en la montaña rusa?
—¡Jamás! —se adelantó a decir Neru.
—Ok. ¿Entonces con Nero…?
—Te doy el privilegio de librarme de él.
Luka sonrió con sorna mientras Neru temía lo peor.
—¿Entonces con quién te subirás?
La tercera cabina llegó al punto de partida y de allí salieron dos pálidos y mareados chicos, que se sostenían el uno al otro para evitar venirse abajo. Los seguía Gumi, que era demasiado inocente y a cada rato les preguntaba qué les ocurría, sólo hasta que se encontró en el camino con Akaito y trató de recomponerlo —la mejor medicina que utilizó fue el agite de un lado a otro—. Neru pensó rápido para responderle a la pelirrosa.
—Me subiré con Gumi —finalmente dijo, justo cuando Meiko y Gakupo lograron acercárseles.
Gakupo tomó aire, seguido por Meiko quien habló primero—: No.
—Te atrevas.
—A subirte.
—Con Gumi.
Estaban tan mareados que no podían hablar completamente. Cada uno respondía por el otro. Neru arrugó los labios y se fue de allí dando zancadas, dirigiéndose hacia la fila de la montaña rusa.
La pelirrosa suspiró y se volvió hacia los otros chicos, notando una escenita muy extraña. Gakupo tenía abrazado a la morena de la cintura, apoyando su mejilla de la de ella, mientras que Meiko sostenía al chico del hombro y jadeaba una que otra vez; ambos parecían tener espirales en vez de ojos. La sonrisilla macabra volvió a la cara de Luka.
—¿Y a ustedes qué mosca les picó?
—Gumi —señaló Meiko.
—Mala —completó Gakupo.
—¿Ah sí? —Luka simuló impresión— ¿Qué les hizo?
Fue cuando Meiko se separó de Gakupo e intentó no tambalearse hacia los lados.
—¡Ella y su boba curiosidad con el volante de las vueltas! —exclamó la morena recuperando su paranoia— ¡Estaba a punto de matarnos!
—Y lo dijiste, a punto —repitió Gakupo encogiéndose de hombros.
Luka enarcó las cejas sin notar que Gumi y Akaito un poco recompuesto se acercaron a ellos.
—¡Qué casualidad! En mi cabina ocurrió algo un poquito similar… —contó— aún no sé quién lo hizo, pero fue un loco total.
—¡Fuiste tú, demonio con cara de ángel! —incriminó prorrumpiendo con un dedo acusador hacia la pelirrosa, que no le prestó atención y les sonrió a Meiko y Gakupo inocentemente.
Los anteriormente mareados observaron con miedo a Luka y se alejaron de ella seguidos por Gumi y Akaito.
—Linda, creo que te sobrepásate —alegó Nero, colocándose a un lado de Luka que observaba a los chicos.
—¿Sobrepasarme? ¡Qué va, pero si apenas comienza! —dijo Luka emocionadamente mirando la montaña rusa— Además, creo que será muy divertido verlos gritar allí.
Nero miró hacia la misma dirección que ella y no pudo evitar que su cuerpo reaccionara mal al ver tal… espectáculo. Ahogó un gritito palideciendo un poco y entreabriendo un poco la boca; retrocedió unos pocos pasos y miró a Luka que le sonreía con sorna.
—¿No me digas que le tienes miedo a ése inocente aparato?
¿Inocente? Sí como no. Inocentes ni son las hormigas que, aunque tengan un mínimo tamaño, causan enormes picaduras si te pones a detallar… Nero la miró extrañamente mientras simulaba un poco de indignación.
—¡¿Inocente?! —exclamó— ¡Más inocente pareces tú que… eso!
La montaña rusa, o como decía la marquesina de luces de león gigante que la adornaba, «Grito sin boca», no era la típica atracción extrema a la que cualquiera iba para pasar un rato de adrenalina. En lugar de eso, parecía más un lugar perfecto para cualquier idiota que se quisiera matar; una horrible montaña altísima con caídas extremas y varias partes en las que los cazadores de adrenalina quedarían de cabeza. En la parte más alta había cuatro espirales seguidas, y eso sólo era allí, porque abajo había otras más grandes.
En sí, la montaña rusa era un terror total. Nero se preguntaba cómo era que no lo habían notado antes, ni él ni sus amigos, puesto que era prácticamente imposible no notar tales luces de neón y ésa marquesina tan… gráfica de una mujer con la boca cortada. Aún así, Luka apoyaba que esa atracción era inocente.
—¡No me subiré allí! —berreó Nero.
—¿Por qué no? Tenemos que seguir con el plan.
—¡Primero muerto antes que perder el glamour por culpa de una montaña suicida! —exclamó Nero haciendo un vanidoso énfasis en «glamour».
Luka trató de aguantar las risas y se acercó a Nero, terminando por llevarlo jalado del brazo. Nero berreaba tal cual niño pequeño.
—(¯`•¸•´¯)—
En la fila de la atracción, se podían ver a varios chicos emocionados queriendo ya pasar y sentir la gran adrenalina correr por sus venas. Miku era una de las que quería pasar rápido, pero no por emoción, sino para acabar de una buena vez con eso; había visto la montaña rusa una vez que entró a la fila y en verdad le dio miedo, al igual que a Akaito, que temía por las alturas; no obstante, al contrario de Miku, este se reusaba a pasar.
—¡Ni loco me subiré en ésa bestia! —exclamó haciendo un mohín.
—Sabía que eras miedoso —opinó Neru delante de él—, pero no sabía que lo eras taaanto.
Akaito la miró de mala gana y bufó—: No hables mucho, llorona.
Ésta vez, Neru se giró hacia él, estuvo a punto de ponerle una mano encima cuando Rin los detuvo.
—Párenle, vaqueros. ¡Parecen la pareja con mi esposo gay! —exasperó la rubia.
Neru se sonrojó fuertemente, pero no por nervios, sino por molestia. Es decir, ¿compararla a él y al estúpido de Akaito como una pareja… extrañísima? Akaito por su parte arrugó el labio en una mueca de asco.
—¡Ni que estuviera loca!
—¡Ni que me haya sobrepasado de idiota!
Sonrió con sorna y se volvió a él.
—¿Entonces admites que lo eres?
Akaito se sonrojó esta vez.
—¡N-no…!
—¡Idiota! ¡JA!
Rin suspiró pesadamente y puso ojos de exasperación, volviendo a entrar en la fila, donde estaba detrás de Akaito.
—¿A quién te referías con esposo gay? —inquirió Len.
—Supongo que a ti, imbécil.
—Hasta que al fin lo aceptas —burló con una sonrisa en el rostro.
—¿Quién más gay que tú, hermano? —cuestionó de forma picarona— Lenka.
La sonrisa de Len se cambió a un ceño fruncido.
—Oye Kaito… —llamó Miku nerviosamente.
—¿Sí?
—¿Tú crees que alguien haya muerto allí arriba? —examinó Miku viéndolo por la aterradora forma de la montaña rusa.
Se escuchó un grito desgarrador proveniente de los caza adrenalina que estaban subidos en la montaña rusa en ése momento. Kaito se estremeció un poco y se llevó una mano a la nuca.
—No creo que muera alguien allí…
El aparato se detuvo en frente de ellos y notaron cómo la gente salía tambaleándose de un lado a otro. Sólo fue uno que aguantó las ganas de vomitar hasta que terminó de bajar las escaleras de la salida. El peliazul volvió la mirada al tren y notó que había más de cinco puestos de parejas; la seguridad y el apoyo de los puestos eran increíbles.
—Creo que el único acontecimiento que puede suceder aquí sería la ansiedad por salir —examinó Kaito.
Miku asintió y notó cómo el técnico abría las puertas de la atracción, las cinco primeras parejas que estaban delante de ellos pasaron dubitativos. La atracción comenzó a andar una vez que el técnico les puso la seguridad necesaria y eso bastó para que los gritos se escucharan. Temerosamente se estremeció.
—¡Yo no quiero pasar allí!
Luka y Nero se acercaron a ellos y se les adelantaron entre los primeros. Mucho no les importó a los demás, ninguno quería pasar a ésa montaña, a Rin se le habían quitado las ganas romper el record de vómito.
—¡Será divertido! —exclamó la pelirrosa con ojos brillosos.
—Sí, será taaaan divertido ver cómo me desmayo —masculló Akaito con sarcasmo.
—Oye, sí pueda que sea divertido —intervino Rin con una sonrisa.
Akaito resopló fuertemente mientras se recostaba de un banco que estaba cerca de su lado de la fila y veía a un niño pasar por allí.
—¡O-oye niño!
Se giro confundido hacia el pelirrojo y se le acercó.
—¿No te gustaría subirte a ésa hermosa montaña rusa? —inquirió el pelirrojo enfatizando el adjetivo notablemente.
Miró la atracción y no pareció muy convencido de que en realidad fuese hermosa como decía Akaito. Un grito se escuchó desde arriba, haciéndolo respingar.
—No sé si sea buena idea —consideró el niño—. Además, se acabaron los boletos.
—Son gritos de clara emoción. Yo tengo un boleto y puedo dártelo, si quieres —insistió Akaito agitando el boleto en la cara del niño.
—¡Vale! —exclamó arrancándole el boleto de la mano y encolándose en su puesto de la fila.
Akaito suspiró relajadamente, recibiendo miradas reprobatorias de sus amigos.
—¡No se aceptan devoluciones! —advirtió Akaito.
Rin resopló y reparó al ver un grupo de siete chicos acercarse a la montaña rusa, murmurando un millar de cosas sobre que los boletos de la atracción se habían agotado y que querían subirse. Intercambió unas miradas cómplices con Len y éste asintió, aprobatoriamente.
—¡Oigan! ¡Tenemos boletos!
Los chicos se volvieron a los gemelos y dos de ellos se acercaron para tomar los boletos de éstos.
—¿No les importa que los tomemos?
—¡Qué va! —aseguró Rin— Estamos totalmente agradecidos con ustedes.
Miku toqueteó a Kaito en señal de que ellos también podían hacerlo. Kaito llamó disimuladamente a dos de los chicos del otro grupo, puesto que tenía delante al ángel envenenado de Luka. Gakupo y Meiko los imitaron.
—Increíble —masculló Neru—. Sí que son cobardes.
—¡No digas nada, llorona! —espetó Akaito a un lado de ella— Tú no quieres subirte allí.
Neru miró a una de las chicas del grupo que acababa de tomar los puestos de sus amigos en la fila y se acercó un poco a ella, murmurándole unas cosas sin que Akaito se diera cuenta.
—¿No tienes otro amigo que quiera un boleto, por casualidad?
—Lo siento —negó la muchacha.
Infló los mofletes y maldijo internamente por no haber sido más rápida antes.
—¡Ja! Te subirás sola con los locos —burló el pelirrojo, recibiendo un zape por parte de Neru.
Gumi, quien estaba detrás de Neru, suspiró pesadamente, haciendo que la rubia se girara a ella.
—¿Qué ocurre?
—No quiero subirme —respondió Gumi penosamente—. Es decir, no quiero vomitar todo lo que me he comido.
Neru enarcó una ceja y la miró pensativamente.
—Dame tu boleto —pidió Neru luego de unos segundos, recibiendo las miradas confundidas de Akaito y la peliverde.
—¿Para qué?
—Dame tu boleto —repitió.
Se lo entregó sin más, aún estando confundida.
—Ahora, tú acompáñame —le exigió a Akaito.
—¿No me digas que quieres ir al túnel del amor? —ironizó el pelirrojo con notable burla.
—¡Ya quisieras! —exclamó— No sabía que había ésa estupidez en éste parque.
—¿Es que ya no lo recuerdas? —musitó Akaito, provocando un ligero sonrojo en el rostro de la rubia.
—Cállate.
Lo tomó del brazo y lo jaló por un camino que ya había recorrido antes. Akaito gruñó al ver adónde quería ir la rubia y lloriqueó cuando ésta lo obligó a entrar.
—¿Por qué me haces esto?
—Considéralo una venganza, imbécil —contestó la rubia acomodándose dentro y entregándole los boletos de ella y Akaito al técnico.
—Ya sé, pero ¿por qué precisamente la rueda de la fortuna? —balbuceó— Tengo muy malos recuerdos de esto… Y sólo fueron de hace unos minutos…
Sonrió con malicia.
—Eso te pasa por idiota.
Al instante sacó su teléfono y comenzó a teclearlo frenéticamente.
—Vaya, ya habías tardado con eso —ironizó el pelirrojo.
—¿A ti qué te importa?
Se llevó un mechón de su cabello detrás de la oreja y siguió con su teléfono. Sintió que la atracción comenzó a andar luego de la espera de unos cortos segundos y escuchó los lloriqueos de su compañero, el cual cerraba los ojos fuertemente y se despintaba de blanco. Sonrió con sorna y sacó su cámara, era el momento perfecto para tirarle una foto.
Además de él llorando como idiota, la vista del parque era espectacular y debía aprovechar el no tener al ángel envenenado ni a su bobo hermano cerca para poder tomarle la foto a todo el lugar. Capturó una foto, percatándose de que el pelirrojo salió en su toma, mirando a otro lado, mostrando su perfil.
—Genial arruinaste mi foto, quítate —lo empujó hacia otro lado, queriendo capturar una mejor foto.
—¿Te ayudo a tomarla, llorona?
—No necesito tu ayuda, tonto —espetó.
—Bien —suspiró acomodándose.
La atracción se detuvo y los colores normales de Akaito volvieron al instante, su respiración agitada se tornó moderada como de costumbre. Neru guardó la cámara y su teléfono.
—La montaña rusa está por detenerse —avisó Akaito—. Vamos a ver a tu hermano gritar.
—Oh vaya, eso sería lo mejor en la vida —ironizó Neru corriendo hacia el pie de la fila.
—¿Dónde estaban? —cuestionó Rin cuando vio a Neru y a Akaito llegar. Estaba sentada en uno de los bancos cerca de la fila que, al igual que los otros, no se había apartado de la atracción y todo por ver a Luka y a Nero gritar porque su plan falló.
—Dándole su merecido al imbécil —contestó Neru sin ganas.
—Recibiendo el merecido —suspiró Akaito.
—¿Ya la atracción comenzó? —preguntó la pelilarga.
—Está a punto.
La atracción extrema se detuvo en la base, el técnico quitó la seguridad de todos los que estaban subidos a ella. La mayoría de ellos estaban blancos o verdes. Se repitió la misma escena que cuando llegaron a la fila y vieron bajar a las anteriores cinco parejas. Vómito.
—Siguientes —anunció el técnico abriendo la puertilla de la atracción.
Luka y Nero sonrieron con malicia y se volvieron hacia los de atrás, donde creían que estaban los chicos. Vaya sorpresa que se llevaron encontrándose con un Kaito más enano y rubio, una Miku con el cabello suelto y rojo, ni se diga de los demás… Se podía jurar que la mandíbula caía al piso mientras que Nero se rascaba la parte de atrás de la cabeza.
Se volvieron con las mismas caras a la izquierda notando las sonrisas de oreja a oreja, aparentemente inocentes, de los chicos.
—Ustedes… son unos m…
—Señores, ¿van a quedarse allí? —inquirió el técnico de la atracción juzgándolo por a cara de los expectantes detrás de ellos.
Luka y Nero miraron de pies a cabeza la montaña rusa, sintiendo como corría su corazón al pensar que se subirían allí. Se miraron y se encogieron de hombros, para Luka no había problemas, pero Nero no quería perder el glamour.
Entraron decididos a la atracción, no sin antes volverse hacia los traicioneros y susurrarles unas cosas—: Disfruten por ahora.
—(¯`•¸•´¯)—
¡Vaya día más raro! Jamás he vivido tanta locura en mi vida. Comenzando por Luka y sus macabros asuntos, a veces ésta chica se junta mucho con Meiko y se pone paranoica.
Todo terminó con Luka mareada y diciendo cual cosa estúpida se le ocurría. Fue una de las pocas que no vomitó, junto con Nero. Pobre de él, terminó vuelto un asco, su cabello se despeinó totalmente y quedó puntiagudo, tuvo que echarse gel para el cabello cuando Prima nos vino a buscar.
Oye Kenjiku, se nos acaba el tiempo.
"¿Se nos acaba? ¡Pero si apenas comienza la diversión!".
Quiero decir, cariño, que ya llevamos más de dieciséis mil palabras contigo.
Aguafiestas.
Bostezó sonoramente mientras se acercaba al sofá del cuarto de mi hermano y se acostaba a dormir.
Y yo como dije… Apenas comenzaba la diversión.
Abrí la mensajería del Blackberry Messenger y le escribí, finalmente, a Neru. Mientras se enviaba el mensaje que claramente decía «Puedes decirme qué ocurre», organicé mis cavilaciones acompañada por el fiel vaso de leche para dormir. El día estuvo raro, ¿ya lo había dicho?
El día de parque no estuvo tan mal al momento de que disfruté con Kaito, casi parecemos amigos… Debería seguir usando a Kenji para hablar de Miku, puesto que esto está terminando por salir bien.
Mi teléfono vibró en mi mano y fijé mi mirada en el nuevo mensaje de Neru, en él redactaba que estaba cansada y que sería mejor hablar de ello mañana. Increíble, ahora me dejan sola…
¡Ya duérmete!
"¡Oblígame!".
Bueno, no tan sola…
Dejé escapar un bostezo para luego terminar el último sorbo de mi vaso de leche. Lo posé sobre la mesita de café de mi hermano y me acosté en la cama, finalmente.
Ya era hora, Kenjiku…
"Oye Ayu, ¿no me adelantas nada para mañana?".
¿Por qué tendría que hacerlo?
"¿Porque eres buena conmigo?".
Sigue soñando… Se giró hacia el otro lado y comenzó a roncar, al fin se durmió.
¿Se cansó tan rápido de narrar toda la tarde? Vaya floja…
Sabes que mientras sigas hablando yo no duermo…
"Está bien, lo que hago por ti".
Hasta mañana, Kenjiku. Hasta la próxima semana chicos.
"Los quiere, Miku".
Los adora, Ayu.
