CAPÍTULO 11

Pasado, presente y futuro

Había pasado una semana desde que Scorpius viera a Rose alejándose desde el autobús, y el rubio podía recordar con claridad cada uno de los momentos vividos. Qué imbécil había sido creyendo que, al confesar sus sentimientos, ella se bajaría, correría hasta él y se fundirían en un beso mientras los transeúntes les aplaudían y vitoreaban. Eso sólo sucedía en las películas. En esas que había tenido que tragarse porque su ligue de turno le había pedido que le acompañara. En esas en las que el protagonista era un triunfador y la chica caía rendida a sus pies con un par de palabritas.

Pero no.

Esto era la vida real, y las palabras: ¡Te quiero, Rose! ¡Bájate!.- no parecían haber hecho mella en la pelirroja. Scorpius se golpeó la frente, enfadado, y sintiéndose tremendamente estúpido al recordar la escena. ¿De verdad había creído que funcionaría?. Sí. Por un momento lo creyó. Pensó que Rose dejaría todos sus prejuicios atrás y volvería a estar con él.

La tristeza que sintió en un primer momento se había echado un lado para dejar paso a la rabia y la frustración, aunque aún seguía allí, instalada en su pecho.

En esos momentos, pasada una semana y pensándolo en frío, Scorpius sólo podía sentir rabia hacia Rose. Si ella se hubiera bajado del maldito autobús tal vez ahora todo sería diferente y él no se encontraría en su habitación llorando como un imbécil.

Definitivamente, su relación con la pelirroja había terminado, y de la peor manera. Ella ya sabía lo que sentía, ¡Por Merlín que lo sabía! Lo había gritado a los cuatro vientos y ella no le había hecho ni caso. Pero todo iba a ser distinto a partir de ahora. Él no se arrastraría a pedrila perdón, y tampoco creía que pudiera perdonarla si ella venía.

Miró los apuntes esparcidos sobre su mesa con hastío. Tenía el examen de selección mañana y, debido a que había estudidado más que nunca en su vida, se lo sabía de principio a fin. Tenía bastantes posibilidades de entrar en la empresa, por no decir todas, y que su padre fuera amigo del dueño facilitaba las cosas. Aún así, no lo tenía todo ganado, sabía que en esos trabahos hacían una entrevista para valorar el carisma, la espontenidad y ese tipo de cosas. Scorpius estaba decidido a conseguir el puesto, pues ya que había perdido a Rose, que al menos le sirviera para algo. Además no veía la hora de marcharase de allí e irse a vivir a Estados Unidos. Lejos de su casa, de Hogwarts y de todo lo que le recordara a Rose. Lejos de Rose.

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Rose se dejó caer sobre el sofá del salón, mirando fíjamente el fuego que crepitaba en la chimenea, como si fuera de lo más interesante. Había empezado a hacer frío y ya casi todos se disponían para recibir la lluvia, las nubes y todo lo que tuviera que ver con el invierno.

Aquella semana había sido difícil y confusa para la pelirroja, que se había pasado los úlitmos siete días pensando sobre lo acontecido con Scorpius. Cuando se bajó del autobús estaba convencida de que había obrado bien y había hecho lo correcto, pero... entonces, ¿Por qué se sentía tan mal?.

Sólo le había contado lo ocurrido a Albus, y éste, que no era un gran experto en las relaciones humanas y en sentimientos, la había escuchado y apoyado. En realidad, era lo único que Rose necesitaba en esos momentos. Nadie podía ayudarla.

Aún sentada en el mullido sofá, observó cómo sus padres entraban por la puerta y se acercaban por su derecha. Rose enterró la cara en un cojín, sabiendo lo que vendría a continuación. Sus padres habían estado toda la semana intentando sonsacarle lo que había ocurrido, pero ella se negaba a decirles nada y respondía con evasivas. En realidad no les culpaba, era normal que se preocuparan por ella, y tal vez había llegado el momento de contárselo, al menos para que dejaran de preguntar por qué Scorpius no la había visitado en todo el verano.

-Rose....- comenzó diciendo Ron en tono suave, sentándose a su lado. La pelirroja no pudo evitar sonreír, era divertido cuando su padre intentaba ponerse en su lugar y comprender a su hija adolescente cuando en realidad se le escapaban muchas cosas.

-Mamá, papá.- dijo ella, mirándolos respectivamente.- Creo que será mejor que os cuente lo que ha pasado.

Ambos asintieron, expectantes.

-Sólo si tu quieres...- murmuró Hermione, acariciándole el brazo con dulzura.

-Será mejor.- contestó, decidida. Estaba claro que no iba a contarles todos y cada uno de los detalles de la historia, pero les dejaría claro que Scorpius Malfoy y ella ya no eran amigos y que, es más, probablemente no volverían a verse en su vida. Rose se lo contó todo a grandes rasgos, pidiéndoles que por favor no volvieran a preguntarle más sobre ese tema.

-Pero... yo creía que os llevabais muy bien. Erais inseparables.- dijo su madre.

-Sí, pero...- Rose suspiró.- Pasaron cosas y... todo cambio. Supongo que nosotros cambiamos.- se encogió de hombros.

-¿Qué cosas?.- intervino Ron, que si bien había escuchado la historia de su hija tranquilo y sosegado, poco a poco se había ido crispando y ahora su cara estaba más roja que su pelo.

-Cosas, papá.- puntualizó la pelirroja, que ni loca le iba a contar a su padre que se había acostado con su mejor amigo y que, para colmo, todo había salido mal.

Ron la miró con desconfianza y después dirigió una mirada a su mujer, que parecía comprender mejor la situación.

-Lo que Rose quiere decir es que... bueno... Scorpius y ella pasaron a tener una relación más comprometida y las cosas no salieron del todo bien.

Rose miró a su madre y le agradeció con una sonrisa que ella misma explicara lo que ella no se veía capaz de decir.

Mientras tanto, Ron abría los ojos como platos y boqueaba como un pez fuera del agua, comprendiendo de repente la situación.

-Ese malnacido...- murmuró entre dientes, retorciendo un indefenso cojín entre sus grandes manos.- ¿Te ha hecho algo malo?.- miró a su hija, pero no la dió tiempo a contestar.- ¿Quieres que le parta las piernas? Porque como lo vea por ahí se va a...

-Papá...

-...enterar de quién es Ron Weasley. No voy a permitir que hagan daño a mi niña y salgan impunes...

-Papá.- le cortó Rose por egunda vez-

-No, si ya sabía yo...- siguió él, haciendo caso omiso.- Ya sabía yo que de la familia Malfoy no podía salir nada bueno. Son todos unos rastreros, hijos de...

-¡Papá!.- exclamó la pelirroja, empezando a perder la paciencia.- Nadie tiene la culpa de esto. Son cosas que pasan, y no quiero que le partas las piernas a nadie. Pero gracias, de todas formas.- sonrió, divertida.

-Pero...- insistió Ron, nada convencido de esos argumentos.

-Rose sabe lo que hace.- terció Hermione, también con una sonrisa ante las ocurrencias de su marido.

Ella asintió y se despidió de sus padres con un abrazo, ya que estos se iban a cenar fuera. Les miró con algo de envidia mientras se marchaban por la puerta, agarrándose de la mano y mirándose con cariño, como si aún tuvieran dieceisiete años, con la misma ilusión. Se preguntó si ella compartiría alguna vez algo tan especial con una persona.

Suspiró hondamente y se quitó esos pesimistas pensamientos de la cabeza-. Era hora de comenzar una nueva vida.

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Aquél viernes por la tarde la estación de trasladores estaba llena a rebosar. Cientos de personas caminaban inquietas de un lado para otro, bien porque volvían a casa tras las vacaciones de verano o porque iban a visitar a algún familiar. Por el motivo que fuera, todo el mundo se había puesto de acuerdo en viajar ese día.

Scorpius caminaba deprisa, maleta en mano, hacia el traslador que le llevaría a Nueva York. Porque por fin se iba a trabajar. Había superado con éxito las pruebas de selección y ahora era cuando empezaba todo. La empresa le pagaría la casa donder viviría, un apartamento a diez minutos del trabajo. ¿Qué más podía pedir?

El rubio se paró cuando vio un leterero que indicaba la sala correcta. Se giró para ver a sus padres, que le habían acompañado durante todo el trayecto hasta allí.

-Bueno, pues...- comenzó a decir, pero no le dio tiempo a proseguir porque su madre se había abalanzado sobre él y ahora le abrazaba con fuerza. Scorpius juró que le había roto un par de costillas y cuando le soltó se esforzó por recuperar la respiración.

-Comunícate con nosotros nada más llegues allí.- le dijo una llorosa Astoria, mientras le colocaban correctamente el cuello de la camisa.- ¿Llevas ropa de abrigo? Allí hace mucho frío, hijo. Y come en condiciones, que últimamente estás muy delgado y vas a terminar por desaparecer. Y que no se te olvide...

-Mamá.- le cortó el rubio, rodando los ojos y sonriendo.- voy a estar bien.- le dio un beso en la mejilla y ella asintió algo más tranquila.

-Sí, Astoria, ya no es un niño.- dijo Draco rodeando por los hombros a su mujer y dándole un beso en la sien.

Scorpius miró a su padre, que se mantenía serio. Su relación se había enfriado un poco desde la discusión que mantuvieron acerca del tema de Rose, pero la prespectiva de que Scorpius fuera a empezar un trabajo pronto y a labrarse un futuro entusiasmaba a Draco, y ahora se hablaban con normalidad. Al fin y al cabo, eran padre e hijo.

-Iremos a visitarte pronto.- le dijo su padre, acercádose a él y dándole un largo abrazo.

-Sí, y tú también ven.- tercio Astoria, secándose las lágrimas con un pañuelo.

-Sólo será un año, mamá.- respondió Scorpius, y su madre adoptó una mueca de disgusto.- pero vendré.- se apresuró a decir el rubio, para tranquilizarla.

Después de recibir unos diez abrazos y besos más por parte de su madre, se fue hacia el traslador y, dirigiendo una última mirada a su familia, despareció. Pero lo que Scorpius no se imaginaba es que iban a pasar cuatro años antes de que volviera a vivir de nuevo en Inglaterra.

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3 años después...

-¡Será mejor que no vuelvas a acercarte a esta casa, imbécil!.- exclamó Rose saliendo hecha una furia al rellano, mientas observaba como su, hasta entonces novio (si es que podía llamársele así) desaparecía por el portal.

La pelirroja resopló con fuerza y volvió a entrar en su casa, cerrando de un portazo. ¿Por qué los hombres eran tan capullos?

Miró a Albus, que la observaba desde el sofá con una sonrisa divertida.

-¿Y tú de que te ríes?.- espetó Rose tirándole un cojín a la cara.

-De nada... sólo intentaba recordar a cuántos chicos has llamado "imbéciles" en lo que llevamos de año.

-Imbécil...- murmuró Rose entre dientes, mirando con odio a su primo.- Mira, ya puedes añadirte a la lista.- se desplomó sobre el sofá y acomodó la cabea en el ragazo del moreno, tratando de serenarse.

-¿Está cómoda la señorita?.- preguntó Albus, con sorna.

-Bastante.- respondió ella, cerrando los ojos.- y ahora calla, trato de relajarme ¿sabes?

-Tengo que irme, Rose.- dijo él, haciendo esfuerzos por levantarse y quitar la cabeza de su prima de sus piernas.- Lara me espera en casa.

-¡Oh, cierto! Me olvidaba de que no podéis estar más de tres segundos separados.- se burló Rose incorporándose y liberando así al moreno.

-Que tu no sepas aguantar más de dos meses con un tío no significa que los demás hagamos lo mismo.- contraatacó Albus y su prima se cruzó de brazos, sacándole la lengua.

-Y ahora que vais a cumplir tres años juntos estaréis más insoportables que nunca...

-Había pensado en hacerte un favor, pero creo que he cambiado de idea.- dijo Albus, mientras se ponía la chaqueta y buscaba su bufanda por el salón. Rose se levantó de un salto y se acercó a su primo con ojos de cordero degollado.

-¿Qué favor?.- preguntó con voz melosa y con cara de no haber roto un plato en su vida.

-Pensaba presentarte a un amigo. Juega conmigo al Quidditch.

La pelirroja se apartó de su primo como si éste tuviera algún tipo de enfermedad contagiosa y adoptó una mueca de asco.

-No gracias.- negó con la cabeza.- Con ese equipo de Quidditch que tenéis no sois capaces ni de meter una bludger en la portería aunque esté a cinco centímetros.

-Muy graciosa...- murmuró Albus.- pues para tu información hemos mejorado mucho. Incluso ha venido un seleccionador a vernos en varios partidos, y me consta que va a fichar a algunos de mi equipo para llevárselos a equipos profesionales.

-¿Jugadores como tú?.- preguntó Rose con desgana.

-No. Ya sabes que yo no quero dedicarme profesionalmente a esto. Pero...- se detuvo un instante para ver como la pelirroja le miraba expectante, como un niño a la espera de un caramelo.- ese amigo del que te hablo pronto entrará a formar parte de los Chuddley Cannons.

-¿En serio?.- Rose volvió a a acercarse a su primo, recobrando el interés.- ¿Y cómo dices que se llama?.

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4 años después...

Scorpius Malfoy caminaba por el Callejón Diagón despreocupado. Disfrutaba de los rayos de sol veraniegos, que ahora le calentaban los brazos y le daban una sensación agradable. Miró con curiosidad cada tienda: Flourish y Blotts, la tienda de túnicas de Madame Malkin, la de varitas de Ollivander...Sonrió, recordando cuando él iba allí con sus padres a comprar todo el material escolar. Cuan lejos había quedado aquello...

Habían pasado cuatro años desde su último curso en Hogwarts y ahora era un empresario de éxito. Aún le quedaba mucho por recorrer, pero estaba claro que se encontraba en una buena posición. Y su duro trabajo le había costado. No había sido fácil para él pasarse cuatro años fuera de su hogar, pero cuando llegó a Nueva York jamás se imaginó que pasaría tanto tiempo. Transcurrido el año prometido, su jefe le brindó la oportunidad de un ascenso, pero con la condición de que siguiera trabajando allí, en Estados Unidos. Scorpius, tras dudarlo unos instantes, no pudo más que asentir. En realidad, sentía que nada le ataba en Inglaterra, y ahora su vida estaba muy lejos de allí. Pasados tres años, por fin había conseguido un puesto en la sede de Londres y, aunque se empeñara en mantener su vida tan lejos de allí, la nostalgia por la que era su ciudad le había hecho volver.

Siguió andando hasta que vislumbro el imponente edificio blanco, el más alto de todos: Gringotts. Se dirigió hacia allí, en realidad, era el verdadero motivo por el que había ido hasta el Callejón Diagón. Necesitaba sacar algo de dinero, o mejor dicho, bastante dinero. Su nueva vida lo requería, su trabajo, bueno... y en realidad... todo lo demás.

Casi media hora después, con parte de sus ahorros bajo el brazo, salió del banco. Observó el ambiente que se respiraba en la calle: era verano y casi todos los magos de la ciudad parecían estar allí en ese momento. La gente reía, compraba y se tomaba algo en las terracitas de los bares. Scorpius miró su reloj: aún quedaba media hora para su cita, tenía tiempo de tomarse algo y recordar viejos tiempos.

Entró en la primera cafetería que vio, parecía agradable y estaba bastante animada, lo que era buena señal. No recordaba haberla visto ahí la última vez que fue, la verdad era que las cosas habían cambiado mucho.

Se acercó hasta la barra dispuesto a pedir un café, a pesar de las altas temperaturas siempre solía pedir lo mismo.

-¿Sí, qué desea?.- le preguntó la chica que estaba detrás de la barra, distraida mientras contaba las monedas de propina que un señor acababa de dejarle en un plato.

El rubio permaneció quieto, inmóvil, incapaz de creer que la muchacha que tenía delante fuera Rose Weasley.

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Siiiii, lo seeeeee, ha sido cortito!! pero actualizaré pronto! que últimamente me ha entrado la neura de ponerme a escribir a todas horas xDDD

En fin, reencuentro, ¿cómo será? Todo en el próximo capítulo! Allí os espero =) Un beso y gracias como siempre!