Derechos: Antes que nada, este grandioso fic no es mío, es solo una traducción autorizada de remuslives todos los derechos a ella y a JK Rowling la mente brillante detrás de todo el universo de Harry Potter.


CAPITULO XI

EL FUNERAL

Hermione se despertó a la mañana siguiente aún sintiéndose aturdida. Se sentía un poco extraño estar en su antigua cama, había pasado un tiempo desde que había estado allí. La última vez que durmió en esta habitación había sido a inicios del verano del año anterior; la noche anterior de que enviara a sus padres a Australia. Se sentía extrañamente infantil de estar allí ahora.

Gruñendo, se sentó y miró la hora, nueve y media. Algo... iba tarde para algo. El funeral no era hasta las once y media, así que qué otra cosa ¡Sirius! moviéndose rápidamente a pesar de su adormecimiento se precipitó por las escaleras y directo a la puerta de atrás. Pero él no estaba allí. No estaba segura de lo que esperaba ¿a él aguardando por ella en silencio en la puerta? ¿se habría marchado cuando nadie contestó?

Lentamente, su cerebro procesó los sonidos provenientes del estudio de su padre. Su viejo tocadiscos tarareaba una melodía de jazz lenta, destacada siempre tan a menudo por dos suaves voces masculinas. La primera, que reconoció al instante como su papá. La segunda le tomó más tiempo para identificar, pero era Sirius, esa era sin duda su risa ahogada.

Aliviada de que no se hubiera marchado, caminó de puntitas a la puerta semi-abierta y se asomó. Hablando de sentirse infantil. Los dos descasaban en los cómodos sillones reclinables situados cerca a la ventana y sentados fumaban cigarrillos. Ella les rodó los ojos como Sirius tocaba el ritmo con su pie y su padre cerraba los ojos y balanceaba la cabeza.

La canción llegó a su fin y su padre abrió los ojos y apagó su cigarro; Sirius hizo lo mismo y movió su varita, guardando el disco y el reproductor.

—Bueno, Sirius —dijo él, parándose. —Creo que es hora de despertar a las mujeres —golpeó a Sirius en la espalda. —Ya sabes, de cuanto a yernos se trata, no estás nada mal, un poco demasiado cerca a mi edad, eso sí, pero aún así me podría acostumbrar a tenerte cerca.

—Gracias papá —respondió Sirius con una sonrisa pícara y soltó una carcajada cuando lo golpearon en el brazo.

Hermione ahogó su risa y se apresuró a regresar a la cocina antes de que fuera atrapada espiando.

—Hablando de —anunció Sirius, al entrar en la habitación.

—Buenos días —saludó Hermione, fingiendo buscar a través de los gabinetes por el desayuno.

—Buenos días, bichito —Chuck besó su cabeza y se marchó a despertar a su madre.

—Así que, ¿preferirías que te llame bichito o Minny? ¿o tal vez Mia?

—No te atrevas —sacó un poco de cereal y vertió la leche. Él ya había puesto un tazón y una cuchara en la mesa por la caja antes de que ella se diera la vuelta. —Gracias —él le guiñó un ojo y ella se dio la vuelta para ocultar el rubor repentino manchando sus mejillas. —Hay un almuerzo después, en casa de mi primo. ¿Te gustaría venir con nosotros?

—Claro —él se sentó a su lado mientras comía. —¿Te quedaras aquí de nuevo esta noche?

—Sí. Lo siento se me olvidó-

—No, no. No te preocupes por eso. Has tenido lo suficiente para mantenerte ocupada sin necesidad de añadirme a la lista.

Ella le sonrió y pronunció las palabras antes de que su cerebro tuviera la oportunidad de filtrarlas. —Realmente eres maravilloso —su cara se calentó y lo sabia, tenía que estar del color de un tomate.

Sirius sonrió ampliamente ante su espontáneo elogio. —Y tu eres asombrosa.

Ella resopló ante su ridículo comentario, pero sus padres entraron en la habitación antes de que tuviera la oportunidad de decir algo al respecto. Su madre lucía terrible, enferma y vieja en su harapienta bata.

Observó a Sirius enderezarse y ponerse rígido, tomando una expresión prevenida. La complació darse cuenta de que no había adoptado esa postura o actitud, ni con su padre ni con ella, aunque no estaba muy emocionada de que tomara tales medidas en presencia de su madre.

Mona llevo a cabo su rutina de la mañana en un silencio lánguido. No habló con nadie antes de volver a su habitación para prepararse para el funeral que se acercaba rápidamente, Hermione la siguió poco después.

(Punto de vista personal de Sirius)

El funeral aconteció muy parecido al velorio; Sirius sostuvo a su esposa cerca a su pecho, consolándola durante todo el servicio. Mantuvo sus brazos firmemente a su alrededor de camino al coche, preocupado por la manera en que ella se estremeció.

La parte junto a la tumba fue, afortunadamente, rápida, unas pocas palabras se dijeron y numerosas flores fueron colocadas en el ataúd y luego todos se fueron. En el coche, de camino a la casa del primo de Hermione, ella tomó una profunda y trémula respiración. Él observaba, fascinado como volvía a tomar el control de sus emociones. Al momento en el que estacionaron junto a la acera, parecía casi en su estado normal.

Ella amablemente tomó el brazo ofrecido como seguían a Chuck y Mona al almuerzo. Esta era una costumbre totalmente ajena para Sirius, en el mundo de los magos, uno puede celebrar un brindis por un amigo caído, pero nunca un almuerzo. Abatió sus propios sentimientos de ansiedad y se preparó para ser el encantador esposo que Hermione merecía.

Dentro, se mezclaron, mientras que la comida se calentaba. Finalmente, fueron separados por un primo curioso. Sirius vagó por la habitación y se encontró en un rincón al lado de Chuck y otros varios hombres, compartiendo una botella de brandy.

Estaba plenamente consciente de las miradas que recibía. Era obvio que él era el tema de algunos chismes, Hermione también. Podía imaginar lo que debían pensar; él tan viejo como era, Hermione tan joven, todavía en el colegio y sin embargo, casada. Cuan más sombrío su estado de ánimo se volvió, más atención le prestó a las mujeres a su alrededor.

—¿Está embarazada? —una mujer rechoncha preguntó.

—No, según Mona —respondió otra. —Pero apuesto que sólo lo están encubriendo.

—Que pena. Siempre fue una chica tan brillante.

—Culpa de él, estoy segura.

—Eso es lo que me suena a mi también. Mona parece echarle la culpa, también.

—Bueno, no es de extrañar. Ella ni siquiera asistirá a la universidad.

Sirius dejó de escuchar al ver a Hermione cruzar la habitación. Parecía herida y enojada como se acercaba a su madre.

—…Jamás a la altura de su potencial —la mujer rechoncha sisó, enviándole una mirada a Sirius que él no notó o le importó.

Del otro lado de la habitación, él pudo ver la explosión acercarse. Ella caminó lentamente hasta la espalda de su madre, quien estaba platicando, amontonada con otras mujeres. La cara de Hermione estaba roja, su cuerpo tenso, sus manos incluso con los puños cerrados.

Sirius se acercó, atento a las expresiones de su esposa. Como se acercaba, podía escuchar la mayoría de las palabras de Mona.

**—Mi hija se casó con ese… hombre, quien, quien-quien, ¡apuesto que la amenazó a que lo hiciera! emocionalmente, por supuesto, porque mi Minny es oh demasiado joven para casarse para gusto de él. Realmente ahora, ¡si no fuera por ese estúpido-empalagoso colegio, no habría estado en esta situación!

—¿Por qué estás difundiendo tales mentiras? —sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡Hermione! —Mona gritó, dando vuelta para hacerle frente a su lívida hija. Primero lució con pánico, después su rostro se volvió impasible, como el que tenía el primer día que él la había conocido. —Bueno, ellos tienen que tener respuestas. No puedes esperar que nadie se pregunte por qué.

—Tu sabes por qué.

—¡Ese colegio! —su máscara se rompió y parecía medio loca. —Nunca debí haberte dejado ir. Tenía mis dudas, pero conoces a tu padre. Lo que sea que quieras.

—¿Por qué dices esto?

—¡Porque es la verdad! está arruinando tu vida. Primero desperdicias un año para perseguir a un chico. Después tienes que repetir tu último año. ¡Ahora huyes y te casas!

—No estaba persiguiendo a 'un chico'. Te lo dije. ¡Te lo expliqué! —lágrimas resbalaban por sus mejillas libremente.

—Hermione —dijo Sirius en voz baja a su lado, antes de que ella abriera la boca para continuar. Todos los estaban mirando. —Recuerda dónde estás.

Nuevas lágrimas emprendieron como ella miró alrededor de la habitación, a todos los rostros espantados-interesados. —Y yo no 'huí' y me casé. Todavía estoy aquí y todavía no soy lo suficientemente buena para ti —acusó.

Su madre parpadeó rápidamente, mirando fijamente pero sin decir nada. Chuck se había trasladado a abrazarla, murmurándole que parara.

—Sólo quiero lo mejor para ti. Deberías estar asistiendo a la universidad, viviendo a la altura de tu potencial. No puedes hacer eso con ellos.

Hermione volteó con un rostro torturado hacia Sirius y antes de que él se diera cuenta, ella estaba en sus brazos, llorando en su camisa. —¿Llévame a casa? —imploró, con voz quebrada.

Sin responder, él le acarició el cabello y les dio la vuelta para marcharse.

—¡No te atrevas a marcharte! Si lo-

—Mona —Sirius alzó la voz calmadamente. —Eso es suficiente por esta noche. No digas algo más de lo que te vayas a arrepentir. Me la llevo a casa. Y si ella siente ganas de hablar, vendrá a verte mañana antes de que se dirija de regreso al colegio.

La señora Granger resopló, pero su marido le impidió hablar. —Eso suena razonable —dijo Chuck asintiendo con la cabeza.

Sirius los condujo afuera y caminaron por la calle hasta que encontró un lugar aislado. Él la sostuvo con fuerza como los trajo a un grupo de arbustos cerca de Grimmauld Place. Con cuidado, la guió a adentro, a la sala de estar y se sentó con ella en el sofá.

Él la abrazó durante tanto tiempo y se había puesto tan tranquila, que pensó que tal vez se había quedado dormida.

—Solía pasar los veranos con ella —comenzó Hermione en voz baja, sin moverse de su posición recargada a su lado. —Esperaba por ello durante todo el año, íbamos de camping, ciclismo, natación; siempre era muy divertido. Y mis primos, era casi como tener hermanos —hizo una pausa durante unos minutos. —Ella siempre tenía tiempo para mí. Sin importar qué.

—Es bueno que tuvieras eso al crecer —Sirius le acarició el cabello de nuevo.

—Realmente voy a extrañar eso.

—... Sé que no es lo mismo, pero siempre estaré aquí. Cuando sea que necesites hablar o llorar o gritar. Preferiblemente no de golpear cosas. Al menos que invitemos a Ron, es decir.

Hermione se rió en voz baja y se hizo hacia atrás para mirarlo. —Gracias —lo miró parpadeando un par de veces, luego sus ojos se deslizaron a sus labios.

Él vaciló, sin saber qué hacer, en todo caso. Entonces, favorablemente, ella le quitó la decisión de las manos. Él contuvo el aliento como ella recostó sus manos sobre su pecho, inclinándose lentamente, con cuidado y presionó sus labios contra los suyos.

Ambos se mantuvieron inmóviles por un momento, antes de que Sirius decidiera seguir su suerte. Él desplazó sus labios un poco y ella se acomodo a él, deslizándolos con los suyos. Él se retiró sólo una fracción, antes de volver a conectar sus labios, ambos ligeramente entreabiertos.

El aliento que sostenía, ahora se escapaba a través de su ensanchada nariz. Con las pequeñas manos de ella presionadas con más fuerza contra su pecho como se recostaba más en él, inclinando la cabeza un poco más para profundizar el beso. Cuando su lengua rozó la suya, ella masculló.

Con las bocas moviéndose al unísono, las lenguas bailando, Hermione llevó sus manos de su pecho a acariciar la parte posterior de su cuello, haciéndolo temblar, había sido mucho, mucho tiempo desde que había sido acariciado así. Con la mano descansando en la parte posterior de su cabeza, sumergida en sus rizos, como su mano libre acariciaba su mejilla ligeramente, haciéndola mascullar de nuevo.

Él empezó a sentirse un poco mareado cuando la mano en su pecho comenzó a trabajar en sus botones. Cuando ella finalmente abrió su camisa, se detuvo, lentamente posando sus manos contra él y él suspiró en su boca.

Sus manos recorrieron su torso, acariciando su piel bronceada. Sobre sus hombros, se deslizaron, quitándole la camisa; un brazo a la vez, él la soltó para dejar caer la pieza de su cuerpo y fuera del camino, con los labios sin separarse por más de un segundo.

Él había fantaseado con este momento, casi desde el día en que le pidió que se casara con ella. Esto es lo que había imaginado cuando pensaba en sus noches juntos.

Ella estaba recostada en gran medida sobre en él ahora, con sus brazos alrededor de él, masajeando su piel, besándose más profundo y más lento que nunca antes. Con cautela, esperando que sus manos fueran alejadas de un manotazo, él tiró del cierre en su espalda. El vestido cedió demasiado fácilmente debajo de sus suplicantes manos. Un poco vacilante, ella lo soltó, para dejar caer el vestido hasta su cintura. Después, él desabrochó su sujetador sin problemas y dejó que sus manos recorrieran sus brazos y luego los arrojó por encima de sus hombros.

Sirius regresó de inmediato sus manos a su cuerpo, deslizándolas sobre su suave espalda, haciendo círculos en sus ensanchadas caderas y retrocediendo a sus costillas. Vacilante, envolvió sus pechos, palmándolos suavemente. Deliberadamente, rozó con su pulgar sobre el pezón y sonrió cuando ella maulló e incitó su mano.

Dejando sus labios por primera vez, marcó un recorrido de besos por su cuello. Lo excitó la forma en que ella dejó caer su cabeza hacia atrás para exponer mejor su cuello y la forma en que estaba respirando tan pesadamente. Cuando su boca vislumbró su pequeño pezón, ella jadeó y cerró el puño en su cabello.

Él lo lamió suavemente y rozó su lengua juguetonamente. Estaba perfectamente consciente de la agitación que ella estaba haciendo por la forma en que se presionaba más cerca.

—No —jadeó ella cuando dejó sus pechos.

Él acercó su rostro para otro beso penetrante. Sabiendo que ella estaba lista, masajeó sus manos por sus muslos, con su cuerpo agitándose en respuesta. La guió sobre sus rodillas, con sus manos en sus caderas, debajo de la tela combinada. En una sola jugada, dejó caer tanto su vestido y como sus bragas hasta sus rodillas.

Ridículamente, las manos le temblaron un poco cuando las deslizó lentamente por sus pantorrillas y pies. Antes de que pudiera entender qué hacer a continuación, ella había liberado el cierre de sus pantalones. Apenas aferrándose a su ingenio, él levantó sus caderas del sofá para que ella pudiera retirarlos.

Una vez que ambas de sus prendas habían sido retiradas, se quedó inmóvil. Él disminuyo el apasionado beso de nuevo a uno tierno, como apaciguaba su espalda con las manos. Tentativamente, recorrió una mano de su muslo y abdomen, haciéndole gemir de necesidad. Una vez más ella se inclinó hacia él con un maullido propio cuando se presionaron sus cuerpos desnudos.

Sirius movió sus manos hacia atrás hasta su cintura y la levantó un poco, arrastrándola a su regazo, con sus piernas montándolo.

Los ojos tímidos de Hermione se reunieron con los suyos, había algo erótico sobre la forma en que se mordía labio inocentemente. Él tuvo que recordarse a sí mismo, que a pesar de que ellos habían estado cogiendo con regularidad, esta era muy como la primera experiencia para ella, en efecto, sería la primera vez que le haría el amor. Algún día, con un poco de suerte, incluso podrían llegar a amarse. Sinceramente esperaba que así fuera, dado que estarían casados por el resto de sus vidas.

Le concedió una sonrisa arrogante que la hizo reír un poco. Experimentalmente, él movió sus caderas.

—Oh —gimió Hermione, temblando un poco. Orgulloso de sí mismo, repitió el movimiento hasta que ella se volvió un tembloroso desastre en sus brazos. Una vez más, dio un aviso agitado y se desplomó. Él se movió un par de veces más, dejando suavemente que su cuerpo se calmara. Respirando pesadamente, ella se dejó caer hacia adelante, acurrucándose suavemente a su alrededor.

Sirius rió, acariciando su espalda. —No te duermas, no hemos terminado todavía, cachorrita.

—Hmm —maulló en su hombro, parecía estar a punto de dormir.

Él decidió que tenía que despertarla, así que deslizó una mano hacia abajo entre ellos. Ella tomó aire y se puso considerablemente rígida.

—¿Otra vez? —suspiró.

—Mejor —él mordió el lóbulo de su oreja.

—¿Mejor que eso? —ella sonaba muy dudosa. Pero a él le gustó que pensara tan en alto de su juego previo.

—Absolutamente —confirmó, mirándola a los ojos. —¿Lista?

—Sí —ella gimió, cerrando los ojos.

Con una mano en la cadera, le guió a su posición. Él tuvo que apretar los dientes por un momento antes de que se perdiera allí.

—Oh —ella gimió. —Oh, Dios —sus ojos estaban cerrados con fuerza y sus uñas se clavaron en sus hombros, lo que le tenía de nuevo luchando en contra de su propia redención.

—Joder, te sientes bien —él espetó. Preocupado por su reacción ante sus contundentes palabras, se sorprendió al ver su gesto de acuerdo. Ella se retorció un poco, sin saber qué hacer en su nueva posición en la parte superior. Usando sus manos para ayudarla a moverse con confianza, él se relajó, apretando la parte superior de su cuerpo.

Ella oscilaba contra él, maullando y ronroneando. Incapaz de llegar a su redención, se retiró un poco y gimió en el nuevo ángulo. Aferró sus brazos por apoyo, aún sin ser capaz de encontrar lo que buscaba.

Sirius estaba tan cerca, que tuvo que luchar desesperadamente por aferrarse a ella. —Inclínate hacia atrás —instruyó, sosteniéndola con fuerza, por lo que se sintió segura. Al inclinarse, sus pechos se alzaban para su placer visual y no pudo resistirse mover una mano de apoyo para envolver su dulce montículo.

Ella todavía se movía buscando placer, hasta que él se tensó debajo de ella. Concentrándose, él tomó el control. Hermione gimió en voz alta.

—Ne-Necesito —prácticamente aulló. Él sabía exactamente cómo se sentía, lo necesitaba también, desesperadamente. Él continuó, hasta que finalmente Hermione medio ahogó un grito atrapado en su garganta. Su cuerpo se endureció sobre él mientras se sacudía incontrolablemente y arqueaba su espalda peligrosamente.

—¡Uh! — Sirius gimió ante tan poderosa redención.

No queriendo terminar, él la levantó y la regresó a sus brazos. Ella cayó sin fuerzas en él con un suspiro de satisfacción. Él la sostuvo estrechamente mientras se acurrucaba más en el sofá.

—¿Así que tenía razón? —preguntó después de varios minutos de recobrar el aliento.

—¿Sobre qué? —murmuró ella en su cuello.

—¿Qué era mejor? —él la sintió sacudirse con risa.

—Sí. Fue brillante —susurró.

Temió el regreso de su timidez, por lo que rápidamente regodeó para aligerar el estado de ánimo. —Por supuesto que lo fue —se estiró para encontrar su varita y convocar una manta cerca, tirándola por encima de ellos. La besó en la sien con una sonrisa, antes de cerrar sus ojos cansados.


La uni me consume entera y aparte muchas traducciones nuevas de Tony/Steve, trataré de actualizar este mes, y como ya lo he mencionado antes; no abandonaré la historia, puede que tarde, pero no la voy a dejar. Gracias por leer, comentar y seguir aquí.