Notas antes de empezar: So... la semana pasada fui un... poquito irresponsable x'D y subí el capítulo el martes, así que si alguien quiere leerse un lemon mal hecho, de click en el botón del capítulo anterior~


La última noche
Capítulo Once

Yubel dejó que la sensación de las suaves alfombras de colores vistosos bajo sus pies descalzos fuera su única distracción. Aún al cerrar los ojos, aún al mirar por las ventanas, en busca del salón principal, podía imaginar lo que había oído, lo que había pasado. Había salido rápidamente del área de peligro, pero incluso con ello no se permitió volver a ponerse las zapatillas hasta llegar al vestíbulo. No le sorprendió tampoco saber que ellos también eran cautos, que sus voces tenían cierto tono de alarma, de complicidad.

La cena está lista. Les había dicho, aún sin saber muy bien porqué, ya que ese era el trabajo de los empleados. La cena está lista y los están esperando. No esperó respuesta, escuchó murmullos, pero no llegó a entenderlos en su rápido camino hacia el comedor.

—¿Qué pasa, Yubel? —Asuka estaba de espaldas al comedor, donde los sirvientes arreglaban la mesa, cubriéndola con utensilios de plata que destelleaban a la luz del candelabro, reverberando por las paredes de la habitación. Observaba a la lejanía con gesto grave, que sólo se acentúo cuando la otra mujer entró, sin duda con el semblante pálido.

—Nada —fue su respuesta cortés—, quizás todavía no me acostumbro al aire de Inglaterra.

Aquella no era una mentira muy convincente considerando que de pequeña había vivido uno o dos años en el país, pero la rubia lo dejó pasar considerándolo como algo que no le incumbía, dada la mirada evasiva que le dirigía Yubel.

—¿Qué sucede hija? ¿Dónde está tu hermano? —la llegada de la madre de Asuka, Alice, terminó con la tensión que reinaba en el lugar. Como siempre, parecía agobiada por preocupaciones desconocidas y se apartaba constantemente los rizos castaños del rostro, en un gesto de clara desesperación. No obstante, cuando vio a Yubel su rostro cambió ligeramente—. Es un gusto verte, querida. ¡Cuánto tiempo! ¡Y cuán grande has crecido!

Se intercambiaron los cumplidos de rigor, que no por eso dejaron de ser menos verdaderos. Alice siempre había querido tener más familia, más hijas de las cuales ocuparse cuando su tiempo era demasiado, cuando no sabía qué hacer, cuando la mansión le parecía asfixiante, pero los compromisos de su esposo y el sospechar siquiera su engaño terminaron por distanciarlos y romper ese sueño. Así pues, cuando conoció a Yubel al ser tan sólo una niña y al tratarla durante el escaso tiempo en que permaneció ahí, le hicieron tomarle aprecio, como si fuese también su sangre. Era tan grato verla que de momento se olvidó de su amargura y preocupación sin sentido.

—Deben de venir en camino, ya he mandado a que les avisen de la cena —Asuka se encogió de hombros y con cierta indiferencia se hizo a un lado para que su madre pudiera verter sus instintos cariñosos en su amiga, que de nuevo parecía haber palidecido. ¿Estaría enferma o algo así?

Antes de que pudiera preguntarlo, Juudai entró en la habitación luciendo ligeramente diferente a esa tarde, aunque ella no podía precisar si era un efecto óptico, pues llevaba las mismas ropas y no hacía ni dos horas que se habían separado y aún así... De alguna manera, se veía más maduro y más feliz, como nunca lo había visto desde que había heredado la manutención de los negocios de su padre. A su lado estaba Johan, por supuesto y parecía un poco reticente, casi alarmado, sus ojos verdes escrutaban la habitación como si temiera encontrar artillería pesada dentro o a un monstruo horrible. Qué raro... Y cuánto más raro que Yubel también cambiara sutilmente de rostro, pasando de sonreír a apretar mucho los labios, como si temiera decir algo inapropiado.

—¿Nos hemos perdido de algo? —preguntó sin mucho tacto Juudai, acercándose al pequeño grupo junto a la ventana, les sonrió a todos, se quedó de pie con cierto gesto insolente y se puso a reñir con su madre sobre las maneras propias de las personas. Nada había cambiado, nada parecía sustancialmente cambiado y por eso, Johan dio las gracias.

Se le había caído el alma a los pies cuando escuchó la voz de Yubel atravesar la puerta, como si fuese un batallón tratando de tirar su refugio. ¿Habría escuchado algo? ¿Sabría algo? Le parecía extraño que les hubiese avisado de la cena, ella, de tan alta categoría, pero quizás así se hacía en Francia, ¿verdad? Trató de convencerse de ello. Después de todo, nada más había pasado después de que su voz desapareció y aunque no oyeron el repiquetear de sus zapatillas sobre la alfombra, dieron por sentado que se había ido y que el peligro, tan cerca que podían tocarlo con las manos, ya se había desvanecido como una columna de humo.

—Tendremos que darnos prisa —le apuró Johan en cuanto pasaron unos cuantos minutos—. Podría ser sospechoso tardar demasiado.

—Te preocupas mucho —Juudai se encogió de hombros antes de comenzar a buscar a tientas su ropa por la habitación oscura, pues nadie había ido a encender las velas de la araña de luces del lugar y la electricidad era algo en lo cual no confiaba demasiado—. Aunque te doy la razón en que deberíamos de apurarnos. ¡Me muero de hambre!

—Uhm, trata de arreglarte un poco, ya sabes... Se podría notar algo —la voz de Johan de pronto sonaba algo cohibida y se dio la vuelta para tratar de ocultar este hecho, mientras sus manos se movían ágilmente cerrando los botones que antes le habían parecido un estorbo.

—Supongo que la diversión se acabó —el castaño siguió con sus ojos la silueta difusa que era Johan mientras se dirigía al cuarto de aseo, justo detrás de la puerta situada al lado de la cama. Por un lado, no podía creer lo que había hecho ni tampoco cuán bien todo ello había salido; pero por el otro le parecía lo más normal, aunque eso sí, algo extraño—. ¡Espera! La diversión se acabó sólo por hoy, ¿verdad?

Johan se rió desde el cuarto de baño y asomó la cabeza para asentir con cierta sorna.

—A menos que quieras perderte la cena y luego tu vida, sí —salió del lugar haciéndole una seña que indicaba que era su turno—. Ahora date prisa.

Durante el camino hacia el comedor habían tratado de poner sus ideas en orden y crear una versión de los hechos que encajara perfectamente con el tiempo de su ausencia y lo que habían estado haciendo. Para precaución extra, además, Juudai había cerrado con llave su habitación, aún si eso significaba privarse de luz esa noche y tener que limpiar por sí mismo la mañana siguiente. Habían concordado también en mantener la mayor naturalidad posible, aunque eso a Johan le costó más trabajo una vez se vio bajo las miradas de todos. Especialmente la del padre de Juudai, que parecía incluso más autoritaria que la de su padre cuando se lo proponía y que, pese a que se sentaron a considerable distancia a la hora de la cena, le parecía escrutarlo y condenarlo por lo que, bien era obvio, nadie más que Juudai y él sabían.

El orden en la mesa iba de la siguiente manera: en la silla principal, por supuesto, estaba el padre de Juudai y Asuka; William, pese a no ejercer más los negocios de manera directa, imponía lo suficiente como para no cambiar sitios con su hijo, pese a la jerarquía de la familia. A ambos costados estaban Asuka y su madre, le seguían, siempre de izquierda a derecha Yubel y Johan y por último Juudai, todo esto por cortesía a los invitados. El resultado era demasiado explosivo y demasiado pesado de llevar. Tanto Yubel como Johan parecían nerviosos y palidecían tanto que casi parecían aquejados de un extraño resfriado, pero nada podía hacerse salvo aparentar normalidad y esperar a que ese largo, largo día terminara.

—¿Piensas quedarte permanentemente en Inglaterra? —Alice se limpió los restos de comida del rostro con desenvoltura, echando una mirada a Yubel desde el otro extremo de la mesa, sin duda tomando el momento de incomodidad por timidez.

Viendo la oportunidad de alejar nuevamente el tema que la agobiaba de su mente, Yubel dio gracias por tener algo en qué distraerse.

—Mis padres quieren que me asiente aquí permanentemente, sí y la verdad es que nada me gustaría más —eso era probablemente medio cierto. Nada le habría gustado más que estar al lado de Juudai, pero el peso de su secreto, apenas descubierto parecía querer teñir los días que con tanto esmero había planeado de color negro opaco.

A William, que no había entendido la indirecta que Alice sí —esa que venía implícita en mis padres quieren, ésa que hablaba de un 'sólo si me caso', cambió drásticamente el tema al ver que se le iba de las manos para pasar a ser un nido de chismes que odiaba.

—Últimamente han venido muchos extranjeros, ¡ahí tienen los que se atrevían a criticar el reinado de la Reina Victoria! Primero se descubre ese nuevo país y luego la economía creciente y la estabilidad se hacen una realidad —el hombre siempre se ponía muy apasionado cuando se trataban de sus opiniones políticas y económicas, como si lo que él dijera (o bien, lo que la reina dijera, dado que siempre la copiaba) era lo correcto—. Por ejemplo, ese muchacho, lord... ¿James Cook? Estoy seguro que sin él, la llegada de tanta prosperidad al país no sería una realidad. Oh, si hasta me han dado ganas de brindar por él.

Su esposa sonrió con diversión, se acordaba que había salido en todos los periódicos la foto de James Cook cuando se hizo el descubrimiento de Australia, sólo un año antes. En ese entonces a su esposo no le había interesado mucho el 'valiente' desconocido como lo había llamado, ni mucho menos las minas de oro que le habían sido entregadas junto con el título de Caballero, pero ahora que lo tenía viviendo a sólo unas millas... Habráse visto, era todo cumplidos para él.

Otro que se había reído había sido Juudai, quien hasta el momento había estado totalmente concentrado en su plato a rebosar de comida. Pero a diferencia de su madre, él no se reía por la ironía de la hipocresía, sino más bien porque Asuka había apretado los labios hasta volverlos una fina línea y parecía decidida a fingir que no se daba por aludida al escuchar ese nombre, pese a que siempre la había visto hablar con él en cualquier evento social en el que se encontraran.

—Oh, yo sé a quién le gustaría brindar por él —comentó, tras pasarse con verdadero ánimo un enorme pedazo de cordero. Alzó su copa, aunque nunca le había gustado el vino y la dirigió a Asuka, cosa que fue suficiente para que todos entendieran.

—¡Juudai! —su madre le dedicó una mirada de advertencia por sobre las fuentes llenas de comida en el centro de la mesa. No le parecía correcto dejar a otras personas enterarse de los asuntos de la familia, mucho menos a Johan, hermano de Ryou y con quien supuestamente estaba todo arreglado, menos la fecha para su enlace con Asuka. ¿Qué iba a decirle Johan a su hermano si oía algo así? ¿Y qué iba a decir Ryou y su familia?

Asuka agradeció mentalmente a su madre por intervenir en el momento adecuado. Sin embargo, no se dio cuenta de que su padre se quedaba pensativo ante ese nombre y ante la indirecta que su hijo había lanzado. El hombre, cuyo cabello rubio estaba moteado de canas, acariciaba con parsimonia su copa de vino, sopesando las palabras escuchadas, comparándolas con los hechos y por supuesto, con las cifras. No había llegado a profundizar mucho en el carácter de ese hombre, ni de hablar de las extensas propiedades y capital que poseía, pero superficialmente y sobretodo, por los periódicos que enumeraron en el pasado los beneficios que la reina le había ortogado, sabía que su unión con Asuka podría ser bastante beneficiosa y casi se arrepintió de haberle prometido a Ryou algo que ya no parecía tan bien dispuesto a cumplir.

Por otro lado —y se complació de su astucia al pensar en ello tan rápido—, podía ver qué tan rápido subían las apuestas, después elegir. ¿Quién llegaría primero? ¿Quién estaría más interesado? Quizás, si invitaba a ese hombre lo suficiente y llegaba a ganarse su confianza, bueno, ¿no podía echarle la culpa a Asuka? ¿No podría alegarle a Ryou que respetaba los sentimientos de su hija y toda esa tontería? Su emoción pareció crecer cuando vio a Yubel en el centro de la mesa. Ella también tenía bastante capital que no le caería mal a los negocios familiares. Si hacía lo propio, si ayudaba a Juudai un poco... ¡No quería ni pensar en los beneficios que recibiría!

Estaba tan sumido en sus pensamientos que nisiquiera se dio cuenta de que todos habían terminado de cenar y de que, además, se habían retirado de la mesa sin su permiso. De cualquier modo, no le importó y se dirigió hacia la ventana para seguir elucubrando, tendría que encontrar el Debret* y hacer algunas cuentas, pero estaba casi seguro de su plan.

Sonrió al ver a sus hijos al pie de las escaleras que conducían a la salida de la mansión, ahí donde se detenían los carruajes para esperar a sus dueños después de un largo día. Yubel se había despedido primero de todos y ya enfilaba hacia la salida, reverberando el sonido de sus zapatillas al chocar contra el asfalto. Johan, en cambio, intercambiaba unas cuantas palabras con su hijo al tiempo que Asuka y Alice regresaban a la mansión.

—Vaya que ha sido un día largo —exclamó Juudai, desperezándose sin disimulo—. Pero la verdad es que hasta ahora ha sido uno de los mejores —sonrió con ganas por su broma privada, pese a que no había nadie más que ellos para oírlo—. ¿No podrías dar más lecciones mañana?

—Bueno... No sé —se encogió de hombros claramente yendo de broma con todo el asunto—. Si puedes cargar en tu consciencia la muerte de un montón de gente desconocida, sí.

—¡Johan!

—No lo prometo porque no estoy seguro, pero eso no significa que no habrá más lecciones, ¿vale? —guiñó un ojo y comenzó a descender las escaleras, pues no consideraba seguro seguir con su pequeño juego en un lugar tan abierto—. ¡Nos vemos!

Juudai le gritó algo que no llegó a escuchar en cuanto entró a su carruaje. Definitivamente coincidía con él, aquél era uno de los mejores días del año... ¿Del año? Quizás de toda su vida.

Sin embargo, no era la única persona cuyos pensamientos estaban en sincronía, Yubel también pensaba en Juudai mientras su carruaje pasaba, desdibujándolo todo por lo rápido que iba, por grandes extensiones de bosques; pensaba en Juudai y en lo que había pasado.

Un lazo insalvable que los unía a los tres de una manera demasiado extraña.

Fin del Capítulo.

Acotaciones.

*El Debret o peerage era un libro en el cual se enlistaba a toda la Aristocracia en Inglaterra, en dicho libro venían datos como el estatus, título, propiedad, relaciones como matrimonio, hijos, etcétera.


Notas de la Autora: Parece que sí he recuperado el ritmo semanal, ya era hora~ bueno trataré de irme rápido y de tomar en cuenta todo lo que pueda mis largos resúmenes de estudio de personajes, ahora una persona más se ha sumado a la lista de los que saben el secreto~ Y saben por qué :(? Porque la sociedad de la reina Victoria era muy conservadora, por dentro las familias podrían ser un desastre, pero por fuera las apariencias importaban más, por lo que muchos creían que era la mejor época de Inglaterra, lo era por la cuestión económica pero no por la social, porque todos eran unos hipócritas (pretty much lo que pasa en la sociedad moderna lol x'D), en fin, ¿se preguntan por qué Yubel no quiere decir nada? ¿Les intriga º-º? ¿Y los planes del padre de Juudai se llevarán a cabo? ¿Y habrá más lecciones? ¿Y Johan dejará morir a sus pacientes? x'D. Averíguenlo en el próximo capítulo de su telenovela...! ok, no x'DD. Ya extrañaba escribir como loca en las notas x'D.

Vale, un saludo a todos, gracias por leer y nos vemos el próximo lunes si Dios quiere~

Ja ne!