Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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Honor
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Capítulo 11: Fantasmas del pasado
—Necesito que me ayudes a encontrar a Ranko Saotome.
Sus palabras le dieron de lleno en el pecho, se hincaron profundas en sus entrañas hasta hacerle sentir dolor real. Ella le conocía, ella le recordaba. Akane le estaba buscando.
Intentó que su expresión no le delatara, calmar su respiración y parecer indiferente, tuvo que dejar de mirarla pues la culpabilidad le carcomía.
—¿Quién es? —atinó a preguntar de forma aséptica.
—Es una amiga de la infancia —explicó a media voz—. Quizás ni siquiera me recuerda, pero necesito encontrarla, quizás ella sepa algo sobre…—. Dudó durante unos angustiantes segundos en los que Ranma tragó saliva—, la muerte de mi madre.
El chico se giró de golpe, mirándola espantado. En los ojos de Akane no había dudas ni miedo, solo una aplastante seguridad cargada de la más opresora angustia.
—¿Tu madre? —preguntó con miedo— ¿Pero no dijiste que fué un accidente?
—Sí, eso dije —contestó ella—. Aunque eso es sólo la mitad de la verdad. Mi padre me contó cosas terribles sobre Ranko y su familia, pero yo ya no soy una niña, y no tengo por qué creerle. Se ha equivocado otras veces.
Ranma entendió que la había subestimado desde el mismo principio. Akane no sólo era una chica que vivía con un cruento yugo impuesto por su padre, era mucho más, tenía peores problemas que ese. Su resolución tembló y durante un instante estuvo tentado de confesarlo todo. Decirle que la había engañado desde el principio, pero un temor que no había sentido antes se adueñó de sus decisiones.
Comprendió que tenía demasiado miedo a perderla, aunque eso significara vivir en una eterna mentira.
—¿Qué te dijo sobre mi? —preguntó con el temor atorado en su garganta.
—Dijo… —le miró pensativa—. Que tu estilo de lucha se parece demasiado al de los Saotome, que no podía ser casualidad. ¿Lo es? Dime, ¿se equivoca mi padre?
La lluvia había comenzado a ceder su intensidad, Ranma se sintió tan vil como estúpido mientras ella se quedaba allí, quieta, esperando una respuesta.
—No conozco a nadie llamado así —dijo finalmente, y Akane bajó la mirada. Sus hombros cayeron, pareció derrumbarse y volverse aún más pequeña en su estatura.
—Vaya, ¿de veras? Eres lo más cercano a una pista que he tenido hasta el momento, creí que quizás les conocías… que el señor Saotome te había dado clases o que practicaste con ellos. Que quizás te habían engañado o contratado para… —no terminó la frase, clavó sus ojos marrones en los azules del muchacho. La mirada de Ranma era febril, urgente.
—¿Akane?
Ella negó con la cabeza, haciendo que su encantadora melena se balanceara a los lados de su rostro.
—Es mejor así. Al menos ahora sé que eres sincero —sonrió lacónica—. Ha cesado la lluvia, volvamos a casa.
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Cuando llegaron al dojô había anochecido. Por el camino no hubo chistes ni bromas, siquiera tímidas muestras de cariño. Cada uno caminó demasiado centrado en sus pensamientos.
Kasumi les esperaba con la cena lista, a ambos les sorprendió que aquella noche contaban con un invitado más a la mesa. Un empapado Ryoga les recibió ceñudo, al parecer su tienda de campaña no había soportado el terrible chaparrón y ahora tenía una gotera, por lo que fue amablemente acogido por la mayor de las Tendô por una noche.
Honestamente, Ranma seguía sin entender su presencia constante en aquel lugar. Durante la boda y en pleno ataque etílico había confesado sus sentimientos por la menor de las Tendô, pero finalmente no había hecho nada al respecto.
Y no es que Ranma se sintiera culpable por el pobre chico, aunque en cierta medida así era, si no que aquella especie de vigilancia, como un perro guardián distante no dejaba de escamarle.
Reflexionó sobre ello durante la cena, y tomó el valor de hacerle unas cuantas preguntas cuando finalmente se quedaran a solas.
Después del baño y mientras alistaban los futones para dormir, el chico de la trenza vio finalmente su oportunidad. Le encaró de buen humor, queriendo recuperar aquella atmósfera de familiaridad que sólo habían tenido borrachos.
—Sigues aquí —dijo como forma de romper el hielo, Ryoga suspiró de forma cansina y asintió en silencio.
—Sí, supongo... aunque quería hablar contigo sobre eso.
Sorprendentemente, Ranma no tuvo que decir una sola palabra antes de que el tema de conversación surgiera de forma natural.
—Estáis juntos, ¿no?
—¿Eh? —respondió nervioso, mientras sentía su corazón encabritarse acelerado.
—No soy idiota, dímelo de una vez. No vas a herir mis sentimientos —terminó burlón, esperando la estocada.
—B-bueno... sí —confesó el artista marcial, Ryoga soltó el aire que sostenían sus pulmones, perdiendo casi un par de centímetros de altura.
—Me pasa por cobarde —murmuró para sí mismo, parecía haber aceptado su derrota en aquella batalla mucho antes de haber tenido la oportunidad de librarla—. Ella me parecía tan débil, tan indefensa... y al final llegaste tú y te adelantaste. No te culpo, habría que estar loco para no intentarlo.
Ranma permaneció callado un instante, intentando hacerse con las riendas de la conversación.
—Lo siento, debería habértelo dicho. Ella también me gusta —confesó sincero, intentaba que sonara como una disculpa, pero en realidad no tenía porqué disculparse o avergonzarse. Ryoga no tenía nada que ver en su relación.
—¿Puedo confiártela, Ranma? —preguntó el chico con una sonrisa triste, haciendo que la parte superior de sus dientes mostraran apenas la punta de su prominente colmillo.
Con una ceremonia excesiva, sintiendo que el ambiente se volvía tenso por momentos, Ranma asintió.
—Yo la cuidaré —declaró firme, creyendo indudablemente en sus propias palabras—. ¿Puedo preguntarte algo?
Ryoga le miró de soslayo, quizás adivinando qué era aquello que tanto ansiaba saber.
—¿Cómo os conocisteis? Es decir... tú no apareciste aquí y retaste a Soun Tendô, ni viniste por ella en primer lugar. ¿Qué pasó entre vosotros dos?
El chico se mesó los cabellos y suspiró.
—Si Akane no te lo ha contado no creo que yo deba —respondió esquivo.
—¿Qué se supone que significa eso? —respondió Ranma confirmando sus temores. Entre ellos dos había ocurrido algo lo suficientemente importante como para que ninguno de los dos quisiera hablar al respecto.
—Lo que has oído. Ella tiene sus problemas, yo no soy nadie para contarlos.
—Ryoga no me jodas... —dijo entre dientes, sintiendo que le abandonaba la razón—. Ella me importa más que mi propia vida, no te atrevas a pensar que puedes ocultarlo —se acercó hasta él y le agarró de forma violenta por el cuello de la camisa.
—¡No puedo decírtelo!
—¿¡Os acostasteis!? —escupió, comprendiendo finalmente que estaba enloquecido de celos—. ¿Es eso?
—¿Qué? ¡No la he tocado un sólo cabello! —se quejó enrojeciendo hasta el tuétano.
—¿Entonces...?
Ryoga resopló y se pasó una mano por el rostro.
—La encontré hace dos años, después de la competición regional de la zona de Ochiai llorando en un vestuario —dijo a regañadientes—. Yo ni siquiera había competido, me apunté pero como siempre, me perdí, y no llegué a tiempo. El estadio estaba casi vacío, y no sé cómo... la encontré.
Ranma sintió como sus manos se quedaban flojas, soltó el agarre que ejercía sobre el chico sin comprender qué le estaba contando.
—No me lo dijo, pero era obvio que... —apretó los puños, tensando los músculos y temblando por el esfuerzo de la contención—. Algo ocurrió, ¿entiendes? La llevé a casa y me quedé un tiempo, pero jamás volvimos a hablar de ello.
El chico de la trenza sentía un pitido en los oídos, escuchaba, pero a la vez no lo hacía. Tenía la sensación de ser una presencia ajena a su propio cuerpo, solo así se explicaba la sensación de evasión, de completa laxitud de sus miembros. Sintió la garganta seca, tanto que ni siquiera era capaz de pasar saliva.
—Qué —susurró quedo, entendiendo que hubiera preferido mil veces una breve historia de pasión entre ellos a lo que estaba insinuando. —Eso es imposible, ella es...
—...fuerte, sí —respondió Ryoga, igual de rendido a la evidencia—. Pero sigue siendo una mujer.
Ambos se miraron devorados por la misma fuerza sorda, el más cruel de los silencios. Las pupilas de Ranma se movían frenéticas dentro de sus iris, como si quisiera correr sin saber a dónde, necesitaba luchar, golpear. Necesitaba abrazarla inmediatamente.
—Tengo que hablar con ella —dijo caminando con pasos inestables hacia fuera de la habitación.
—No —negó Ryoga agarrándole del antebrazo de forma severa—. ¿Qué ganas con eso? Akane no te lo ha contado y ahora parece haberlo superado. No abras viejas heridas.
—¿Cómo puedes ser tan cínico? —preguntó incrédulo.
—Aquí el único cínico eres tú. ¿Quieres hablar con ella para consolarla o sólo quieres confirmar tus miedos? Te recuerdo que fui yo el que estuvo allí, y ni siquiera sé qué le ocurrió. Así que tranquilízate, si quiere y confía en ti te lo contará tarde o temprano, ¿no crees?
—No pienso quedarme quieto si alguien se ha atrevido a... le voy a matar Ryoga, ¡averiguaré quién fué y te juro que le mataré! —bufó mientras sus puños se tensaban, se abrían y cerraban y su cabeza daba vueltas enferma.
—Maldita sea, ¡estás perdiendo el juicio! Vamos fuera o despertarás a toda la puta casa.
Y esta vez fue el chico del pañuelo amarillo quién le agarró de la pechera y tiró de él de forma violenta, obligándole a seguirlo por la ventana. Saltaron sobre el tejado y caminaron apenas un par de manzanas antes de dejarse caer sobre el techado de una casa cualquiera. Ambos respiraban de forma entrecortada y sobre sus cabezas se adivinaban las primeras estrellas.
Ranma se dejó caer pesado, sintiendo que las piernas no le respondían. Se miró las manos haciendo aún más evidente el temblor del que era preso. No sabía porqué se encontraba en aquel estado de ansiedad, si era miedo o puros nervios. Quizás de algo más salvaje y oscuro que todo eso.
Recordó el rechazo de Akane tras aquella primera vez, ambos ebrios en la boda, después de su más que torpe encuentro en su habitación. Ingenuamente pensó que era producto de su propio egoísmo, de su orgullo negándose a rendirse a él de forma flagrante. Quizás lo era, pero también había algo más.
Ahora más que nunca se daba cuenta de su torpeza, de su brusquedad. Si tan sólo ella le hubiera dicho... si le hubiese contado... él jamás se habría atrevido a ponerle la mano encima, desde luego no como en la consulta del doctor y mucho menos de la forma depravada e incontenible que había tenido lugar sólo unas horas atrás.
Se llevó las manos a la cabeza y sin importarle la presencia de Ryoga soltó un incontenible grito de impotencia. El chico a su lado no dijo nada, se sentó a su lado comprensivo.
Los minutos pasaron y en la noche solo se escuchaba el aullido de un perro lejano. Ranma alzó la cabeza al fin, intentando normalizar la respiración.
—¿Y ahora? —preguntó, completamente perdido ante la evidencia—. ¿Qué hago?
Ryoga suspiró.
—Nada, intentar cuidarla... como intenté hacer yo. Aunque te advierto que no te lo pondrá fácil, es demasiado orgullosa.
—¿Cómo lo has soportado, Ryoga? Yo... siento que voy a enloquecer por momentos.
—Tendrás que ser más maduro que eso —respondió dando a entender su punto.
Continuaron allí durante horas, hasta que el sueño les venció y de mutuo acuerdo decidieron dormir algo antes del alba.
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Ryoga se marchó a la mañana siguiente. Se despidieron de forma lacónica, con el mutuo convencimiento de que no se verían en mucho tiempo.
También se despidió de Akane de manera más íntima. Ranma no se metió, bajó la cabeza demasiado obnubilado, con un peso en el estómago que pensaba que ya no se iría por el resto de su vida.
A los nuevos descubrimientos sobre la vida de Akane se sumaba el hecho de haberle mentido todo el tiempo. Él que internamente tanto se felicitaba por su faceta protectora. Si la mentira continuaba la destrozaría, y no podría perdonárselo jamás.
¿Era lícito lo que le estaba haciendo con tal de seguir los preceptos de su padre? Comprendió que se estaba convirtiendo en un reflejo de su propio progenitor: un mentiroso, un aprovechado.
Le dolía hasta mirarla. Se encontraba tan descompuesto que ya no sabía si la verdad podría borrar el rastro de la mentira, ¿serviría de algo ser sincero, o por el contrario, la perdería para siempre?
Pero siquiera le dio tiempo a meditar aquello, pues la alegre pareja de recién casados estaba de visita esa misma tarde, y por la significativa mirada que le dirigió el doctor supo que, sin duda, esta vez sí le traía información fiable.
Se vieron a escondidas detrás de la casa, cuando la tarde comenzaba a dar paso a la noche y el cielo se mantenía de un color gris claro.
—¿Conoces la empresa de prestamistas Aokiri? —dijo Tofu sin miramientos, y Ranma negó con la cabeza, cruzado de brazos—. No sé de qué forma, pero creo que tienen algo que ver con la desaparición de tu madre.
—¿Cómo lo sabe? —preguntó desconfiado.
—Es una... "empresa" famosa en el barrio, no está regentada por buenas personas.
—Hablamos de la yakuza —concluyó el chico con un revoltijo en el estómago.
—Sí, algunas de las personas mayores dicen que les vieron rondando el lugar días después.
—Aokiri... —reflexionó en el nombre, antes de recordar casi de pasada que ese era el nombre y el anagrama que estaba grabada en una de las muchas cartas que tenía escondidas su padre—. ¿Sabes dónde están sus oficinas?
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Al final todo siempre se reducía a lo mismo, el maldito dinero.
El dinero movía el mundo, y siempre estaba en las manos de quien menos parecía merecerlo. Esa gente se dedicaba a los préstamos a intereses cuasi pornográficos, al chantaje, a la extorsión y a los negocios de pachinko.
Obviamente siempre era mejor estar alejado de la yakuza, pero se había propuesto seguir hasta el final.
Hinchando el pecho y apretando los puños para armarse de coraje caminó resuelto hacia aquella oficina cuyo aspecto impoluto no engañaba a nadie, siquiera a la policía que se dedicaba a hacer la vista gorda.
En su chaqueta guardaba algunos de los últimos recibos, y más preguntas que respuestas. Esperó pacientemente hasta que una señorita le condujo amablemente hasta la mesa de un "asesor", un tipo con corbata y piel cetrina, que fumaba sin vergüenza alguna en su escritorio. A la derecha un vaso hasta arriba de colillas y a la izquierda un montón de papeles, algunos con restos de ceniza.
Ranma tomó asiento mientras los ojos oscuros como canicas de aquel tipo se fijaban en él y apuraba su cigarrillo.
—¿Qué buscas, chico? —preguntó grosero, como si oliese a la legua las segundas intenciones. El artista marcial irguió la espalda en su silla.
—Encontré estas facturas en mi casa, creo que son suyas —dijo tendiéndole alguno de los sobres que había conseguido reunir.
El tipo los tomó con sus dedos amarillentos de nicotina, los abrió y leyó a vista de pájaro.
—Es una gestión por un seguro de vida.
—¿Trabajais con seguros? —preguntó el chico alzando una ceja.
—Tenemos muchos negocios.
—¿A quién pertenecía?
—Vamos a ver… —el tipo encorbatado se levantó y miró en un grueso archivador, bien parecía que el equipo informático sobre su mesa era simplemente decorativo. —Nodoka Saotome, el preceptor es su marido, Genma Saotome.
Ranma torció el gesto, era lo que se temía.
—Soy su hijo, Ranma Saotome, ¿no debería saber algo? Al fin y al cabo soy el heredero legal.
—Son asuntos de familia chico, habla con tu padre y no me metas en líos. Estoy ocupado —se excusó pobremente, dando carpetazo al asunto.
—¿Quién firmó ese seguro?¿Y cuántos años quedan para amortizarlo? Al menos me podrá decir eso.
—Deja ya de hacer preguntas —Le echó con paños destemplados.
—Oiga, esto para mí es cuestión de vida o muerte —dió un fuerte golpe sobre la mesa, sabiéndose de nuevo sin opciones, en un callejón sin salida. —¿Qué es lo que quiere?¿Más dinero?¿Un soborno?
—Creo que no tienes ni idea de con quién te la estás jugando… —le amenazó, mirándole fijamente con sus pequeños y rasgados ojos, apagando el cigarrillo casi extinguido entre sus dedos.
—No tengo nada que perder —le mantuvo la mirada, sabiéndose imparable.
El viejo hombre suspiró. Sólo quería otro cigarrillo y quizás un buen vaso de licor. Se masajeó las sienes comprendiendo que ese chico sería peor que un mal dolor de cabeza, un maldito grano en el culo.
Echó la silla hacia atrás y se balanceó unos segundos en el respaldo, aguantando aquella mirada del color de las aguas profundas del mar. Chasqueó los dientes y se levantó de nuevo, esta vez ausentandose de su puesto. Tardó unos minutos en regresar y cuando lo hizo soltó una carpeta de color marrón, envejecida y con olor a moho sobre la mesa.
—No has estado aquí, ¿entendido? Y yo no te he dado esto.
Ranma tragó saliva y tomó la carpeta antes de que el hombre pudiera arrepentirse, hizo una breve inclinación con la cabeza y salió a toda prisa de aquella oficina.
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Apenas caminó una veintena de metros antes de que sus nerviosos dedos decidieran dar descanso a su apabullados pensamientos. Abrió la carpeta y apoyó la espalda contra la pared de ladrillo que acompañaba la vereda.
Lo sabía, su intuición se lo había susurrado al oído pero se negaba a creerlo. Su padre era un cerdo mentiroso. Arrugó en su mano aquel papelajo donde había escrito a mano una dirección y el nombre de soltera de su madre. Su gesto mudó a uno de absoluta angustia. Le temblaban las piernas al pensar que quizás a escasos kilómetros encontrara por fin las respuestas a todas sus preguntas.
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Todo el enfado pareció disiparse cuando se encontró ante el gigantesco jardín salvaguardado por inmensas vallas de acero forjado. El cartel exterior no dejaba lugar a dudas.
"Hospital psiquiátrico de Setagaya"
No le costó encontrar el timbre, a uno de los laterales de la puerta había un pequeño comunicador. Lo pulsó reticente, esperando una contestación durante instantes que se le hicieron eternos.
—Hospital de Setagaya — contestó una voz femenina, aséptica.
—H-Hola —respondió el chico sin poder evitar un leve tartamudeo—. Soy familiar de una paciente, querría saber si puedo verla.
—¿Nombre de la paciente?
—¡Ah! Eh… Nodoka Tsunemori.
No recibió contestación, en su lugar escuchó un timbre metálico que indicaba la apertura de la puerta. Se dió prisa en entrar al recinto y avanzó admirado por el bonito jardín, por el que algunas personas parecían pasear, pintar o simplemente contemplar los árboles. Cuando llegó a la puerta principal se percató de que estaba sudando, se limpió las palmas de las manos en la tela del pantalón, no, no sólo estaba sudando. Temblaba.
La recepción estaba presidida por un largo y alto mostrador, al otro lado una mujer de mediana edad le miró por encima de sus gafas.
—Dijiste que venías a ver a Nodoka Tsunemori —le interrogó sin compasión, y Ranma tragó saliva.
—Sí, eso es —se reafirmó intentando que en su voz no transluciera su estado de alteración total.
—¿Eres familiar?
—Soy su hijo, Ranma —aclaró amedrentado.
La mujer le miró lentamente, de arriba a abajo, recorriéndole con un gesto desaprobatorio.
—No ha venido nadie preguntando por ella en años.
El chico apretó la mandíbula.
—¿Puedo verla?
La mujer tomó el teléfono sin quitarle la vista de encima. Intercambió algunas frases cortas con la persona al otro lado de la línea y cuando colgó continuó mirándole con esa cara llena de profundo desagrado.
—Por el pasillo de la izquierda, toma el ascensor a la segunda planta.
Ranma inclinó ligeramente la cabeza y obedeció en el acto.
De alguna forma entendía esa actitud, si su madre estaba allí eso significaba que bien podía llevar quince años encerrada, en la más absoluta de las soledades sin un solo pariente o persona que siquiera la echara en falta. Era imperdonable.
Subió raudo y en la puerta del ascensor salió a recibirle otra mujer, delgada y con el uniforme reglamentario del personal sanitario.
—¿Eres Ranma? —preguntó a quemarropa, con los ojos llenos de brillos que denotaban un especial y genuino interés.
—Sí, soy yo.
—Vaaaaaya, qué te parece. Siempre pensé que no existías —contestó ella, de nuevo recorriéndole con la vista en un gesto tan interesado como desagradable. —A veces habla de ti, aunque con el paso de los años… en fin, será mejor que lo veas por ti mismo. No quiero entrometerme en tan esperada reunión familiar. —esto último lo dijo con evidente molestia, echándole en cara sin disimulo alguno su injustificable ausencia.
Y cuando Ranma pensaba que todas esas personas ya no podían hacerle sentir peor, la vio. Tan sola, tan desamparada. Junto a uno de los grandes ventanales del largo pasillo había una mujer sentada en una silla de ruedas, tan delgada y pálida que parecía un esqueleto, como si sobre los huesos hubiesen posado una fina tela blanquecina que hacía las veces de piel.
Su gesto ausente iba acompañado de una neblina que cubría sus ojos, otrora vivos y del color de las aguas, ahora apagados y vacíos. Ni siquiera se percató de su presencia, pero Ranma supo sin lugar a dudas que estaba frente a ella. Acababa de encontrar a su madre.
—¿Mamá? —preguntó con voz trémula, intentando tragar las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, la congoja que agarraba ardiente su garganta. Se agachó junto a ella intentando captar la atención de sus ojos. —Mamá… soy yo, Ranma.
—Ranma… —repitió ella por inercia, con la vista aún fija en un punto lejano y vacío del cielo—. Ranma no debes jugar a las peleas delante de tu padre.—dijo ida, y aquello fue la confirmación de sus peores temores, el chico se llevó una mano al rostro mientras las lágrimas traidoras surcaban sus mejillas y sentía cómo se astillaba por dentro.
Tantos años creyéndola muerta, tanto tiempo viviendo una mentira.
—Mamá —susurró roto, agarrando su huesuda y fría mano. Ella ni siquiera le miró, permaneció ausente, como si la persona que le hablaba en realidad no estuviera allí. Consumida por los años y la pena, enferma en lo más profundo de su ser.
Dió una fuerte bocanada, intentando hacer llegar a sus pulmones el aire en una inspiración agónica que pareció un quejido. Solo entonces Ranma se percató de la botella de oxígeno y el fino tubo que se enterraba en sus fosas nasales. Como una cuerda que la mantenía atada a aquella vida miserable en la que parecía haber perdido todo, hasta a sí misma.
Apenas unos minutos le bastaron para comprender que, aunque viva, su madre había muerto. De ella no quedaba más que la carcasa que contenía difusos recuerdos de años de abandono, de momentos fugaces. Con suerte alguno feliz.
El chico tragó saliva, sabiendo que el día que encontrara a su padre iba a golpearlo hasta la muerte. Era tal la rabia que sentía que el temblor de sus manos llegó hasta lo profundo de los huesos. Ese hombre, ese ser que le había alejado de ella, haciéndole creer que había muerto. ¿Lo hizo por venganza?¿Quizás por dinero? Al fin y al cabo se había asociado con la yakuza, fingiendo una muerte para así estafar a un seguro por una muy cuantiosa cantidad.
Quizás sólo la había usado, desde el principio. Primero para tener un hijo, y después, cuando ya no le servía, para poder vivir cómodamente con el importe del seguro.
Ruin y mezquino eran palabras que se quedaban muy cortas para definir a Genma Saotome.
—Mamá, estoy aquí. Voy a sacarte de este sitio —declaró agarrando con fuerza su mano, intentando imprimirle la determinación que sentía arder en su pecho.
—Ya que estás aquí, ¿porqué no la llevas a dar un paseo por el jardín? La cena no es hasta dentro de una hora —le dijo una de las sanitarias que transitaban el pasillo. Y Ranma se sintió idiota, porque entendió que ese era el único lugar al que podría llevarla. A un paseo por el jardín. No tenía casa, no tenía dinero, no tenía forma alguna de cuidarla adecuadamente. Se sintió de nuevo inútil. Eso es lo que era, un inútil crónico.
Empujó la silla de ruedas con la bala de oxígeno y tomó el ascensor. Nodoka balbuceaba palabras sin demasiado sentido, perdida en las neblinas del pasado. Ranma tuvo que tragarse sus lágrimas para poder ver por donde pisaba.
Pasearon unos minutos, agradables y tranquilos, en una falsa burbuja de tranquilidad. Ella podía haber olvidado quién era, pero él no lo olvidaría jamás. Cuando comenzaba a anochecer la regresó a su cuarto, a pesar de todo aquel hospital no parecía un mal lugar.
—Mamá, espérame. Voy a conseguir un buen trabajo y te sacaré de aquí. Conseguiré mejores médicos… y mataré a papá por haberte hecho esto —repitió en voz baja, una promesa susurrada en sus oídos que pasó inerte por el pensamiento de la mujer.
—Saya —contestó en su lugar, y su rostro se convirtió en una máscara de dolor. Comenzó a llorar mientras hipaba, provocando horribles sonidos por la falta de oxígeno. —¡Saya!
—¡Mamá! —exclamó el chico asustado, y apenas unos segundos después entró en tropel parte del equipo médico. Iban preparados, una mujer agarró fuerte el brazo de Nodoka mientras otra le inyectaba un calmante de forma eficiente. El chico miró la escena ajeno, con los ojos desorbitados entendiendo que debía ser habitual, pero eso no lo hacía menos perturbador. Había algo que estaba profundamente mal.
Se encogió sobre sí mismo, queriendo volverse invisible, materializarse con la pared. Finalmente el sedante hizo efecto y Nodoka se quedó aún más lívida de lo que ya era, prácticamente tirada en la silla de ruedas como una marioneta sin hilos.
—Creo que por hoy es suficiente, han sido demasiadas emociones para ella —le dijo una de las enfermeras, y Ranma estuvo de acuerdo. Se despidió susurrándole la promesa de regresar pronto, salió de la clínica aún más asustado de lo que había entrado.
Le temblaba la mandíbula. Sentía sus dientes castañear ante el miedo que le provocaban sus propias decisiones. ¿Pero qué más podía hacer?
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Se había pasado todo el camino hacia el dojô pensando, dándole vueltas una y otra vez en su cabeza a sus siguientes pasos. No podía dejar a su madre en aquel lugar… su objetivo actual distaba un mundo del que le había llevado a la concurrida ciudad de Tokio.
Y no solo eso había cambiado. De estar solo ahora había dos personas que le necesitaban, dos mujeres a las que había prometido proteger. Con toda la rabia que era capaz de soportar se dijo a sí mismo que no podía, era imposible seguir con su mentira. Debía poner fin a su mascarada para así poner sus asuntos en orden. Y ahora mismo quién más le necesitaba era su madre, postrada, amnésica, tan débil que ya apenas podía revolverse contra su propia y enferma mente.
En su corazón ya no había lugar para ese odio enfermizo que tanto esmero puso su padre en transmitirle por los Tendô. Ahora todo parecía irreal, sin importancia. Todo su enfado, su empeño en conseguir aquella maldita y estúpida técnica ancestral había quedado a un lado. Debía hacer de tripas corazón y enfrentarse a Akane.
Llegó tarde, tanto que la familia ya se había acostado. Encontró en la cocina algo de comida, primorosamente preparada y tapada para cuando regresara. Kasumi siempre pensaba en todo, pero Ranma tenía revuelto el estómago.
Caminó hacia su cuarto y no le llevó más de diez minutos meter todas sus pertenencias en su mochila de viaje. Después salió de la casa y con sigilo la dejó junto a la puerta. No iba a irse sin más, no sin darle una explicación. Debía verla una última vez.
Saltó hasta su ventana y dió un par de golpes en el cristal. Esperó lo que le pareció una eternidad. Akane abrió la ventana con expresión somnolienta y el entrecejo fruncido.
—¿Ranma?¿Dónde te habías metido? —preguntó mientras se rascaba los ojos de manera adorable.
—¿Puedes salir? —respondió él con voz grave, más serio de lo que le había visto jamás. Ella asintió entendido que algo había pasado, tomó una gruesa chaqueta y se la puso sobre los hombros. Se subió al escritorio y encontró la mano del chico tomando fuerte la suya, agarrándola impaciente y desesperado por el contacto.
Akane se dejó llevar, se agarró fuerte a su cuello y el luchador tomó sin dificultad su figura, saltando desde el alféizar de la ventana hasta posarse sobre la hierba del jardín con una habilidad prodigiosa.
—Vamos al dojô, aquí hace frío. —dijo él sin soltarla, cargándola decidido hacia la construcción de madera. Akane siquiera protestó, tragó saliva y sintió agarrándose aún más fuerte a él; como si en el fondo de su corazón ya hubiera entendido lo que Ranma debía decirle de forma tan urgente como para despertarla en mitad de la noche.
Corrieron las pesadas puertas y encendieron la luz. Él la dejó en el suelo, y ella se giró llena de preguntas, con sus finos pies descalzos y agarrándose con fuerza la chaqueta.
—¿Qué pasa? —preguntó inquieta, y el chico sintió como toda su determinación se hacía trizas. Apartó la mirada incapaz de hacerle frente.
—Debo irme.
Pasaron unos segundos de voraz y oscuro silencio.
—¿Qué? —dijo ella con voz de cristal, tan fina y temblorosa que hasta él mismo se sintió flaquear.
—Hay algo que debo hacer, no puedo seguir aquí —contestó de corrido, como si así fuera menos doloroso.
—¿De qué estás hablando?
—Yo… no he sido del todo sincero contigo, Akane. —tragó saliva y alzó la vista, intentando poner en orden sus palabras a la vez que sus pensamientos—. Pero cuando consiga arreglarlo te prometo que volveré por ti, y te lo contaré todo.
Y para su mortificación tuvo que contemplar su rostro pálido y consternado. Sus ojos secos le miraron tónitos.
—Me estás dejando —No lo preguntó, más bien lo aseveró tan impactada que apenas y podía creerlo, Ranma se llenó de rabia y vergüenza.
—¡No! Escucha, es complicado, ni yo mismo sé muy bien lo que está pasando pero tienes que creerme. Voy a volver.
Akane dejó caer el rostro y sus hombros comenzaron a temblar, por un momento Ranma se espantó al pensar que estaba llorando, dio un decidido paso hacia ella y agarró sus brazos, prácticamente inmovilizándola con sus poderosas manos. El sonido era cada vez más alto, hasta que se dio cuenta de que no era llanto.
La irónica risa de la chica le golpeó de lleno, se apartó de ella confuso.
—Soy una idiota —dijo ella con una sonrisa extraña—. Te debe haber resultado muy divertido todo esto. Venir aquí y fingir que yo te importaba algo, he de admitir que has sido listo. Has sabido engañarme a la perfección.
—¡Akane! —exclamó espantado, comprendiendo los oscuros pensamientos de la chica.
—¡No te atrevas a decir mi nombre, desgraciado! —explotó ella señalándole acusadora—. ¿Te retó alguien a intentar meterte en mis bragas o lo hiciste de motu propio? Eres un cabrón sin corazón. Pero te lo agradezco, ahora ya me queda claro que no hay un maldito hombre decente en el mundo.
Y reteniendo como podía las lágrimas en sus hermosos ojos de color avellana salió a la carrera del dojô con la intención clara de no volverle a ver, pero Ranma no dudó un segundo en agarrar su brazo, desesperado por el rumbo de su conversación.
—No lo estás entendiendo, deja que te lo expli…
Sintió el tortazo en mitad de la cara con una velocidad ajena a la lógica. La soltó por puro instinto y pestañeó intentando recomponerse, pero cuando quiso volver a agarrarla ya era tarde.
—¡Akane! —gritó desesperado a la par que la puerta de la casa azotaba sobre sus goznes, replicando el tortazo. Y se quedó quieto, con el alma rota y la boca seca pensando en que no había forma de que aquella conversación hubiese salido peor.
Salió del dojô y miró hacia la ventana, aún abierta. ¿Debía intentar que comprendiera? ¿O la verdad resultaría el fin definitivo?
—Voy a volver, ¿me oyes? —declaró en voz alta—. Volveré y entonces…
La ventana de Akane se cerró de golpe. Ranma apretó los puños y la mandíbula, tomó aire y lo dejó salir lentamente. Ninguno de los dos estaba en condiciones de continuar con aquella conversación.
Tomó la mochila que había dejado junto a la puerta y salió de aquel lugar que durante tan breve tiempo había considerado su hogar.
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Lo primero,
hola de nuevo queridas lectoras, y muchas gracias por seguir aquí.
Me encanta escribir, y hubo momentos en los que pensé que quizás ya había pasado mi momento, que se habían acabado para mí los días del "tac-tac-tac" de mis dedos sobre el teclado y la sonrisa al terminar un capítulo. Pero obvio que la rutina vuelve, y finalmente he podido regresar. Oh no, no os preocupéis, no me ha pasado nada malo, ¡todo lo contrario! Es sólo que mi preciosa familia me ha tenido muy ocupada.
Lo que os quiero decir es que me gusta tanto escribir que no quiero volver a ausentarme nunca más. Gracias por vuestros preciosos comentarios, los leía una y otra vez mientras contestaba adolorida "ya see, ya seee... yo también quiero actualizar". Como sea gracias a los que seguís por aquí, espero que no se os haya olvidado este pequeño fic, aunque os confieso que yo tuve que releerlo para poder continuarlo. Y si la misma autora está así no me puedo imaginar a las lectoras tras un año entero de ausencia.
Por supuesto una mención muy especial a mi queridisima betareader Nodokita, que tantisimo me ha ayudado y continua haciendolo.
Paso a contestar los comentarios del capítulo 10:
Minue (¿Lo de Nodoka y saya es menos fuerte de lo que esperabas? vaya, a saber qué imaginabas XDD. Creo que Ranma se muere por ser sincero con ella, pero después de tanto tiempo le cuesta encontrar las palabras), bustamantekayla (me alegra haberte sorprendido), alezi monela (Si llevas todos los días entrando para la actualización lo lamento muchísimo, gracias mil por tu paciencia. No lo considero un fic "transgresor" en ese aspecto, pero me alegro que remueva un poco nuestras consciencias y haga que nos planteemos cosas acerca del amor y la tolerancia. Y sobre su relación... bueno, es complicada? jajaja), Chiqui09 (Ya viste que Ranma tiene muchos problemas, a veces creo que demasiados...),Silvia PB (Muchas gracias por confiar en mi regreso. Ya ves que cumplí- con un año de retraso-. No sorprendo a nadie si digo que Akane es el personaje más complejo de todo este fic), Shojoranko (Querida amiga, mientras yo estuve de descanso tu escribiste muchísimo. Voy a intentar sacar tiempo y ponerme al día con tus fics, pero quiero que sepas que me encanta como escribes. Gracias por seguir ahí), kromalex ("sacarla del estadio" me encanta como metáfora. la trama a partir de aquí como podrás ver se ensombrece tanto que se vuelve casi negra...), Carol Fvargas (Gracias a ti por leer querida Carol, espero que este capítulo te haya gustado), Alezi Monela (ya veo que dejaste dos comentarios, ¿pues yo te dejo también dos? jaja. Ya somos dos las que escribimos desde la clandestinidad del trabajo. De hecho el trabajo es de los pocos lugares donde ahora puedo escribir. Es cierto lo que dices, oculto a Akane completamente a propósito a la espera de que ella también pueda contar su parte de la historia, quizás un poco más adelante), xandryx (Me hace sentir dichosa y afortunada el poder transmitir tantas emociones con mis historias. Oh si, Akane la pobre tiene mil cosas en las que pensar), Guest (thank you for reading, and yes, is a chance, but maybe he isn't ready), Ranma84 (muchas gracias), Redfox (Todo este fic es romance prohibido y dañino, si ya me conoces, AMO el drama. Pero si estás aquí es porque tu también jajajaja), nichegomez (Siento decir que esta capítulo tardó aún más de lo que imaginaba, pero me alegra mucho saber que te gustó tanto el anterior. Ahora llegan de nuevo emociones fuertes), belldandi17 (muchísimas gracias, espero no haber perdido práctica), rankane (Ellas sufrieron mucho, eso es cierto. Y los otros dos son pura llama. Siento haber tardado tanto...), Guest (de nuevo siento haber tardado tantísimo en actualizar. para saber eso tendrás que esperar...), paulayjoaqui (Oh, te sorprendí! me alegra saberlo, yo pensaba que más o menos lo había dejado caer antes, jajaja), akane-kun19 (Gracias por esperar), Lenna0813 (supongo que ellos no pueden comenzar nada "al uso" al no ser ellos tampoco muy normales. Y sí, de veras que lo voy a terminar, ya estoy en ello al 100%), Agatha (Lo siento, lo siento mucho. Sí, todo en mi vida está bien, pero me tuvo súper ocupada. Como ya dije será un fic largo, estamos como a la mitad o un poco más), nancyricoleon (espero que sigas manteniendo tu interés), Saritanimelove (no tendrás que esperar mucho para saber eso. Me alegra que te gustara esa parte, a mi también me gusta mucho, y la parte del templo sí, puro a ti por esperar ), Karenpin91 (es una parte importante del fic y supongo que puede incomodar, aún así espero que le des una oportunidad), Dulcecito311 (Me alegra que te gustada el capítulo, Akane tiene muchos secretos, algunos quedarán aclarados pronto, y otros no. A mí también me gusta mostrarle sin reservas, aunque me lo permita pocas veces...), Tieve (Ooooh, you made all the important questions! Congratulations), Caro (Oh si, ya te digo que viene el drama), tegomitsu (ya viste que tardé bastante, lo siento por eso. Y temo haber sembrado aún más preguntas), Llek BM (Creo que hay mucha gente que esperaba algun lío entre los padres aún peor, jajaja. Gracias por esperar. Bueno, el nombre del fic no es "Honor" por nada, creo que es un término tan ambiguo como representativo de ciertas culturas), mimato bombon kou (tranquila, lo entiendo perfectamente. A mi también me da flojera dejar reviews a las mil de la mañana, pero aún así lo hiciste. Mil gracias), Revontuli Amin (las mentiras, siempre son las mentiras las que terminan por echarlo todo a perder. Oh, esa canción me encanta! Espero que te gustara Crisantemo), Akai27 (El capítulo anterior fue bien caliente, siento que este sea como un jarro de agua fría. Ya ves que sí que fue mucho tiempo, lo lamento muchísimo.), JHO (Gracias a ti por seguir siempre ahí, leyéndome. No te creas, este fic me cuesta), azzulaprincess (Gracias por leer, siento la espera), Vernica (No creas, a veces yo misma lo veo todo tan enredado que no sé ni por dónde comenzar a tirar... y ahora que se acerca el desenlace me pongo a temblar. A mí también me gusta mucho el género AU, estoy muy cómoda en él.), Ishy-24 (Ah si, cuando pongo clasificación M no es por nada, jajaja. En un par de capítulos más quedará casi todo resuelto... casi), KattytoNebel (Esto va a explotar por muchos sitios, sí), camyg64 (yo siempre he pensado que Rumiko fue un poco revolucionaria, porque habló de muchas cosas importantes desde una perspectiva humorística. Besos para Argentina), Luna Akane (como ya he dicho en comentarios anteriores, Akane es muy compleja a muchos niveles), Aimi Tendo (perdón por tan larga espera), Lila (Muchísimas gracias, finalmente sí que os torturé... tus suposiciones están bien fundadas), Guest (Saludos también para Perú, un buen compañero de trabajo es de allá y siempre me trae regalos artesanales preciosos cada vez que va de vacaciones 3. Veo que me sigues desde hace mucho, mil gracias), A.R Tendo (sí, en el capítulo anterior subieron unos grados...), BunnyTsukino18 (Gracias, lamento la espera), JHO (Te la volviste a leer? wow, eso me hace sentir muy responsable de poder responder correctamente a tus expectativas, prometo esforzarme), akanitacuri (Ya ves que la actualización se tardó, lo siento), Guest (nunca me olvidé...), FlynnChan (ya está aqui! ya llegó!), Gayco (Gracias, claro que la terminaré), Clara TR (jajaja, tanto no creo que sea, pero me alegra que te guste), tegomitsu (muchas gracias por tu interés, me encuentro perfectamente y aquí está la esperada actualización), Arabella Li (muchas gracias, los acontecimientos se empiezan a suceder muy rápido), Guest (muchísimas gracias por leer), Saritanimelove (Si la lees de seguido lo mismo hasta encuentras algunos detalles que dejé por ahí a propósito, jeje), Anitha 56 (Ay no, dejaste este comentario en navidad... me muero de la vergüenza, disculpa la demora), darymontillato (siiii, estoy aquí, no me ha pasado nada. La vida que me tiene loca), Maryconchita (Muchas gracias, no tardaré tanto en siguientes capítulos), Guest (Cuando escribo lemon siempre temo no encontrar el equilibrio entre la pasión cruda y lo vulgar. Supongo que la balanza se tambalea de un lado y al otro, finalmente me conformo con que me guste a mi U. Besos para México ), mdberry (Jajaj, un poco de presión sí que noté. Espero que te gustara la actualización).
Uuuuuuuf, creo que me pasé más rato pidiendo disculpas que escribiendo, y lo digo completamente en serio.
En este capítulo pasan algunas cosas importantes, pero os garantizo que el que viene fuerte es el siguiente. Dadme unos días para corregir, repasar y subirlo. De nuevo siento mucho la demora y gracias por esperar.
Nos leemos pronto (esta vez de verdad).
LUM
