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Kagome

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Lo primero en lo que pienso al despertarme es en Sesshomaru lamiéndome el estómago, metiendo la lengua en mi ombligo, mirándome a los ojos de aquella manera profunda. ¡Santo Dios! Podría haberle devorado allí mismo.

¡Malditos sean los chicos malos!

Todo esto es culpa de mi debilidad por ellos, porque mi mente bien que me dice que debo buscar a alguien más adecuado. Alguien como Inuyasha.

Inuyasha.

Suspiro su nombre mentalmente. Es tan increíble como su hermano. No podía ser de otra manera, dado que son gemelos, y si bien no posee esa cualidad malvada que me atrae como las abejas a la miel, tiene otras muchas que me encantan.

Suena mi móvil. Miro la pantalla y ningún nombre acompaña al número, lo que quiere decir que no sé quién me llama. Aunque estoy a punto de no responder, ya estoy despierta, así que lo hago.

¿Diga?

Buenos días ― gruñe una voz ronca en mi oído. Por un segundo no solo reconozco al propietario, sino que reacciono a él. Noto mariposas en el estómago.

Buenos días ― respondo educadamente. Es Sesshomaru.

Esperaba hablar contigo anoche, antes de que te fueras.

Su comentario trae a mi mente un recuerdo desagradable de la noche pasada. Un poco antes de que los últimos clientes salieran del edificio, Kagura desapareció por la misma puerta por la que había visto salir a Sesshomaru un poco antes y ninguno de los dos regresó. Hakudoshi me enseñó a cerrar el local y, cuando terminamos, se ofreció a acompañarme al coche.

Mientras los dos caminábamos hasta mi Civic me sentía algo enfadada y no estaba dispuesta a esperar a Sesshomaru como un cachorro abandonado. Incluso aunque fuera mi jefe. Así funcionaban las cosas. Recuerdo haber pensado que él era como todos los chicos malos; le encantaba la diversión, la excitación y era, irremediablemente, infiel. Tampoco es que tenga que ser fiel a nadie, pero me sorprendería si lo fuera.

Dejo a un lado esos pensamientos y me recuerdo a mí misma que Sesshomaru no me importa. Es mi jefe y punto. Fin de la historia.

No quise interrumpirlos a Kagura y a ti ― le explico, odiando el sarcasmo que destila mi voz. Intento suavizarla un poco ― Hakudoshi me indicó todo lo que necesitaba, no te preocupes.

¿Así que Hakudoshi?

¿Es cosa de mi imaginación o ahora es su voz la que supura veneno?

Sí, se ha portado fenomenal conmigo.

Mmm… ― Hay una pausa de varios segundos antes de que continue ― A Kagura le preocupaban algunos temas y teníamos que hablar de ellos anoche. Por eso te llamo.

Me siento aliviada al instante. Y no me gusta nada sentirme así, me cabreo conmigo misma y, más que eso, me preocupo. Aquella llamada comienza a resultarme amenazadora.

¿Hay algún problema?

Mira, no me gusta andarme con rodeos o idioteces, así que voy a ser franco contigo; Kagura no parece especialmente interesada en entrenarte. No me ha dado una razón específica, solo que no le apetece. No voy a explicarte lo que pienso al respecto porque no importa. Lo único que importa es que quiero que trabajes en el Dual y sé que necesitas algo de ayuda. Por lo tanto, si tanto le molesta hacerlo, puede buscarse otro trabajo en el que sea completamente feliz.

Entonces, ¿qué es lo que quieres decirme?

Bueno, cuando hablé con Kagura decidió que prefería quedarse con nosotros, así que he pensado que será mejor que elijas tú misma; si quieres que sea ella la que te entrene, lo hará. Si no, lo haré yo.

Se me acelera el pulso al pensar en pasar más tiempo con Sesshomaru en un lugar tan pequeño.

¿No puede ocuparse Hakudoshi?

Hay una nueva pausa, esta vez más prolongada, antes de que me responda. Cuando lo hace, su tono es muy seco.

No. No es trabajo de Hakudoshi.

Mi mente da vueltas a toda velocidad y el pensamiento que sobresale entre todos los demás es pensar que Sesshomaru podría estar un poco celoso de Hakudoshi.

No sé qué decir. Me refiero a que no quiero que Kagura piense que estoy cediendo; no pienso permitir que me putee y, al mismo tiempo, no quiero ponerla en un aprieto si tiene algún problema conmigo.

Su trabajo no es que le caigas bien, es entrenarte. No la pones en ningún aprieto.

Vacilo. Sin tener en cuenta lo que pienso sobre ese problema con Kagura, no sé si será lo mejor permitir que sea Sesshomaru el que me entrene. No confío en mí misma cuando lo tengo cerca. No confío nada

Entonces que sea ella quien me forme.

Bien, pero si te lo hace pasar mal, quiero que me lo digas de inmediato.

Lo haré ― convengo, a pesar de que no tengo intención de comunicarle nada. Si tengo algún problema con Kagura lo resolveré por mí misma. O bien aprendemos a llevarnos bien, o bien aprendemos a trabajar con alguien que no tragamos.

Me paso la mano por el pelo revuelto. Espero que todo salga bien; trabajar con alguien que no te cae bien provoca una tensión cada vez mayor.

Me ha pedido la noche libre, así que no volverás a verla hasta el fin de semana próximo. A menos que quieras sacarte algún dinero extra las noches de los miércoles, en las que ella también viene al club.

Lo cierto es que necesito el dinero y el jueves no tengo clase hasta las once de la mañana, así que podría ir a trabajar el miércoles siempre y cuando no se convierta en un hábito.

Me parece bien lo del miércoles. Puedo ir.

Bien ― responde él. Me parece notar que está sonriendo mientras habla. Me alegra que no se haya dado cuenta de que no quiero que me entrene él.

Apuesto lo que sea a que tiene un ego tan grande que ni siquiera se le ha ocurrido.

Bien, si necesitas cualquier cosa, llámame. Llevo siempre el móvil encima.

¿Cómo has conseguido mi número de teléfono?

Me lo pasó un idiota llamado Inuyasha.

¿Idiota?

Sí, idiota. ¡No me digas que no sabías que es un idiota!

Me río, pero me siento incómoda.

Mmm… No, no lo considero un idiota. Siempre ha sido muy amable conmigo.

Claro que sí, eres preciosa. ¿Qué hombre no sería amable contigo?

Muchos no lo son.

Pues son todos unos idiotas ― bromea.

¿También ellos son idiotas?

Sí.

¿Es que hoy todo el mundo es idiota?

― repite ― Es la palabra del día.

Me río, esta vez de verdad.

¿Ah, sí?

Sí. Y no quieras saber cuál fue la de ayer.

Te aseguro que no pienso preguntar. Seguramente me dolerían los oídos.

Baja el tono de voz una octava.

No, pero seguramente haría que te sonrojaras.

Guardo silencio durante un rato. Noto la cara caliente, pero es un calor agradable. Se me ocurre que, a pesar de lo mucho que quiero evitarlo y sin importar que sé que no es bueno para mí, Sesshomaru es irresistible.

¡Maldita sea!

Disfruta del día, Kagome. Nos vemos el miércoles. ― Dicho eso, cuelga el teléfono y yo me relajo en la cama, perdida en mis pensamientos sobre qué sentiría si dejara de luchar contra lo que siento por él.

Oigo voces en cuanto salgo de la ducha, lo que no es lo normal. Los chillidos de Kikyo son perfectamente identificables, y preocupantes. La voz que me sorprende, sin embargo, es la de Inuyasha. Me acerco a la puerta, la abro un poco y pego la oreja a la madera.

Eres una sinvergüenza que se dedica a escuchar a escondidas.

Contengo una risita. No me paso ni una, ni siquiera la picardía.

¡No puedes decirme algo así en el último momento! ¡Ya he hecho planes y no tengo un vestido nuevo! ― Noto que ella está tratando de mantener la calma, lo que es la prueba fehaciente de lo mucho que él le gusta y, por consiguiente, trata de engañarle. No estoy segura de cuánto de lo que le cuenta es verdad. Sería interesante saber cuánto tiempo seguiría él con ella si le mostrara su verdadera cara.

Si hubiera sabido que volvería a tiempo, te lo habría dicho antes. Quería darte una sorpresa. ― Inuyasha ha elevado la voz solo lo suficiente como para hacerse oír por encima de los chillidos de Kikyo.

Bueno, ¿y qué quieres que haga? No puedo dejar colgado a mi padre. Él está…

No te preocupes ― la interrumpe Inuyasha con dulzura ― Puedo ir con otra chica.

Hay una larga pausa llena de tensión; incluso yo la percibo en la distancia.

¡Retrocede, Inuyahsa! ¡Está a punto de estallar!.

¿En quién has pensado?

Su voz no puede ser más frío. Me pregunto si Inuyasha conoce ese tono y lo que quiere decir.

No tengo en mente a nadie en particular, porque no sabía que tú no ibas a poder venir. Sin embargo, estoy seguro de que encontraré a alguien. No te preocupes.

Casi se me escapa una carcajada. ¿Qué no se preocupe? Apuesto lo que sea a que Kikyo está furiosa. Casi puedo oler el humo que desprende por las orejas mientras piensa en alguien que no suponga competencia para ella; alguien que sea de fiar, pero lo suficientemente simple como para no tener planes.

¿Qué te parece si vas con Kagome? Estoy segura de que le encantará acompañarte, sobre todo si tenemos en cuenta todo lo que has hecho por ella.

Me quedo boquiabierta; es como una bofetada en toda la cara. Y la siento como tal.

¡Oh, Dios mío! ¡Soy la simple en la que estaba pensando!.

Aprecio la sugerencia, pero Kagome trabaja los fines de semana, ¿verdad?

Si finalmente va a trabajar para Sesshomaru, ¿cuál sería su horario?

Bueno, no pienso despertarla para averiguarlo. Creo que anoche trabajó.

Sí, pero no le importará. Voy a preguntarle.

Oigo que Inuyasha empieza a responder algo, pero cuando se calla me doy cuenta de que Kikyo le ha dejado solo. Empujo la puerta en silencio y me planto en mitad del cuarto de baño como si acabara de salir de la ducha, lo que en realidad acabo de hacer.

¿Kagome? ― Kikyo llama a la puerta una sola vez antes de entrar. Ni siquiera espera a que le dé permiso. Tengo que morderme la lengua.

¡Zorra!.

Estoy aquí ― digo.

La puerta está entreabierta y la veo atravesar mi habitación. Empuja la hoja y me mira con expresión ofendida. No pierde el tiempo y va directamente al grano.

¿Tienes que trabajar esta noche? Si no es así, es necesario que acompañes a Inuyasha a una exposición. Se lo debes.

Solo Kikyo puede atacar con la artillería pesada sin pensárselo dos veces. ¿Para qué andarse con nimiedades si puede recurrir a la culpa y el chantaje?

Sí, señor. Me siento orgullosa de estar emparentada con la amante de Satanás. Contengo un resoplido antes de responderle.

De hecho, esta noche libro. Sin embargo, no puedo ir con él. Lo siento mucho, pero no tengo ropa para asistir a un evento de esas características.

Ella hace un gesto con la mano quitando importancia a mi excusa.

Puedes ponerte algo mío. Con eso ya nos apañaremos.

Acabo de escuchar cómo se quejaba por no haber tenido tiempo para comprarse un vestido nuevo para el acontecimiento, pero no le importa que yo asista con… cualquier cosa.

Si a Inuyasha no le importa como vaya vestida…

Ella se ríe de una manera que me siento humillada.

Kagome, estoy segura de que Inuyasha ni siquiera se fijará en ti.

Lo confieso, comienzo a ver rojo. ¡Maldita sea! Lo veo todo rojo. En ese mismo momento decido que voy a dejarlos a todos con la boca abierta, en especial a Inuyasha. Kikyo va a arrepentirse de todo esto.

Incluso aunque tenga que hacer lo mismo que la protagonista de La chica de rosa y coserme mi propio vestido en diez minutos.

Pero eso lo pienso para mis adentros, por fuera muestro una dulce sonrisa a mi prima.

Bueno, en ese caso nada podría hacerme más feliz.

Ella se da la vuelta y se aleja sin darme las gracias ni nada por el estilo. Al oír cómo le cuenta a Inuyasha que le acompañaré yo y que ella misma se asegurará de que esté presentable, no puedo evitar preguntarme si podría salirme con la mía, aunque solo fuera por una vez, y clavar un punzón de picar hielo en ese frío corazón.

Si hiciera eso podrían concederme el Nobel de la Paz o, como mínimo, recibiría una llamada de agradecimiento desde el Vaticano.

En esta ocasión ni siquiera me molesto en contener la risa.

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Saludos muy especiales para:

Faby Sama :3

y a todos los que leen, muchas gracias.

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Gothika