Capítulo 11 y último, ¡disfrutad! Me falta el epílogo.


11. Eternidad y Thanatos a su lado.


A la mañana siguiente, la luz se filtraba a través de los párpados de Mu y un calor gentil vino con aquella iluminación. De forma inconsciente sonrió y emitió un sonidito de plenitud. Con un poco de esfuerzo —emitido por su subconsciente— sus extremidades comenzaban a despertar.

Y cuando cuatro de sus cinco sentidos estuvieron el pleno funcionamiento, sintió una presencia a su lado. Momentáneamente, pensó que sería nuevamente el gemelo Archí menor, por lo que la idea de continuar durmiendo no parecía tan mala después de todo.

Su cuerpo reaccionó contrariamente a sus deseos y abrió los ojos, uno por uno. Giró su rostro y observó la serenidad en la expresión facial de Saga… ¿Saga? Sí, era él.

Inmediatamente, sus mejillas adquirieron un tono bermellón casi pareciendo carmesí. ¿Por qué de repente se sonrojaba con el mayor si la última vez que había estado durmiendo le había pedido que estuviera en la misma cama? ¿Por qué?

¡Vamos! Aquello era ridículo. Decidió no darle más vueltas al asunto y volvió a cerrar los ojos para intentar dormir. Lastimosamente, saber de la presencia a su lado poco le ayudaba a relajarse.

Intentó incitarse al sueño con la excusa de su herida en el costado, sin embargo, poco ayudó aquello —o mejor dicho, no era nada comparado con el hecho de tener a alguien que sabías se moría por comerte— a hacerle conciliar el sueño.

Recostarse de lado no era buena idea considerando su herida, y tampoco lo era el hecho de que sentía a su estómago rogar por comida. Oh, vaya reluctancia de la vida.

Por lo que, la única cosa que podía hacer, era, despertar al mayor y hacerle saber que… ¡no! Era un adulto ahora, ¿no? ¿Acaso no hace tres días había sido su décimo-octavo cumpleaños?

Pero… no sabía nada de gastronomía y menos sabía mucho sobre hierbas, plantas y hongos así como moras, por lo que había pocas que conocía y las que no, desconfiaba de ellas.

Ahora, la posibilidad de despertar al mayor era más tentadora. Pero, por más hambre que tuviera, no lo haría. Su orgullo como un recién-adulto se lo impedían.

Unos cuantos minutos de pelea interna, el mayor abrió los ojos y observó movimiento en el cuerpo de Mu, por lo que, confundido, movió una de sus palmas frente al rostro del menor. Éste no tardó en reaccionar, y se volteó a mirarle confundido (sólo el rostro, debido a que aún cabía la posibilidad de que las puntadas se le abrieran.)

Las mejillas color rojo de Mu brillaban con la luz del astro Rey.

—Hola. —Dijo incómodo. Desvió la vista a ningún lugar y pensó que, de momento, la mejor opción que tenía era que el mayor no viera el sonrojo generalizado que cubría sus mejillas.

Saga le observó durante un par de segundos confundido, sin embargo, se encogió de hombros internamente.

—Buen día. —Saludó. Se levantó con ayuda de sus codos y se quedó quieto un par de minutos antes de levantarse de la cama. Mu lo observó con cierta envidia, él si podía levantarse mientras que él apenas y podía mover la cabeza.

— ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que pueda salirme de la cama? —Preguntó. Saga le miró durante un par de minutos antes de responderle lo más acertadamente posible.

—Unas tres horas más. —Acotó. —De mientras, puedes seguir durmiendo si gustas.

—No tengo sueño, tengo hambre. —Frunció los labios en un gesto infantil. A Saga le enterneció aquello pero al mismo tiempo le dieron ganas de soltar una risita.

—Eres adorable. —Mencionó acercándose a la puerta. —Volveré en un par de minutos, traeré algo para que comas.

En el tiempo mencionado por el otro, Mu se lo pasaría observando los alrededores de la carpa, viendo si algo podía ayudarle a levantarse. Porque sabía que, a pesar de ser sólo tres horas, en una cama la vida era mucho más lenta, a menos que estuvieses dormido.

Pero no tenía sueño, ahí se encontraba el problema.

Cuando el mayor volvió, en sus manos tenía aquella extraña papilla que le habían dado el día anterior. Ya conociendo el sabor que ésta tenía, no dudo en comérselo de sorbo en sorbo. Algo delicioso se tenía que degustar, después de todo.

—Gracias por la comida. —Dijo al tiempo que le entregaba el plato vacío a Saga quien asintió y lo dejó a un lado.

— ¿Necesitas algo más? —Preguntó. El de cabellos color lila lo pensó un par de minutos antes de negar con la cabeza.

—No, gracias. Veré si puedo descansar. —Saga asintió y lo dejó solo en la habitación para que tuviera espacio para dormir.

Se recargó en uno de los postes que había en la tienda. Cruzó los brazos sobre su pecho y de éste soltó un exhalo cansino.

—No me gustaría ser grosero pero, ¿para qué exactamente me necesitas? —Frunció sus labios y se quitó uno de los mechones celestes del rostro con un resoplido.

DeathMask se giró para verle, dejando la comida que antes preparaba. Se quedó observando al otro y pensó en una respuesta clara y exacta que saciara su curiosidad.

—El comandante Archí me dijo que podía utilizar o pedirle a los prisioneros que me ayudasen con la comida debido al trabajo que es. Y bueno, tus manos parecían perfectas para la labor.

Afrodita observó instintivamente sus manos con una ceja levantada.

— ¿Qué tienen mis manos de especial?

—Son suaves y delicadas. —Se encogió de hombros. Continuó amasando.

— ¿Y qué con eso? —Inquirió aún más confundido. Probablemente enojándose un poco.

—Son lindas. —Afrodita rodó los ojos frente a aquel último comentario.

— ¿Sólo por eso? ¿Porque mis manos son bonitas? Me siento indignado. —Soltó un bufido.

DeathMask soltó una risotada.

—No es por eso. Simplemente me es curioso que, con todo lo que ha pasado tengas las manos tan suaves.

—No son suaves. —Acotó fulminándole con la mirada.

—Bueno, son lindas.

—No lo son.

— ¿Y afeminadas?

—Atrévete a decirlo.

DeathMask soltó un suspiro. Afrodita observó las manos del italiano.

Sus dedos eran callosos y tenían varias heridas y quemaduras por los cuchillos y los fogones que utilizaba a la hora de cocinar o inclusive en el campo de batalla.

Contrariamente a las suyas. Si bien, estas eran pálidas y no tenían cicatrices, no eran suaves. Y él nunca admitiría que eran bonitas.

Porque no lo eran. Sus manos eran extremadamente pálidas, y la porcelana no era su tono favorito de piel.

Pero las manos de DeathMask si se veían bonitas. Estaban bronceadas y se notaban fuertes. Al menos desde su punto de vista.

— ¿Y qué hay de tu rostro?

Afrodita volvió a la realidad con aquella pregunta.

— ¿Qué tiene que haber con mi rostro? —Frunció la nariz. Se mordió un labio y ladeó ligeramente el rostro, realmente intrigado por la pregunta que le dirigía.

—Tienes el rostro más afeminado que he visto en toda mi vida. —Afrodita le dirigió una mirada asesina.

—No lo tengo. —DeathMask le dirigió una mirada despectiva que le hizo dudar de su respuesta. ¿No lo tenía? Debería discutirlo con alguien más para hacer válidas las palabras del italiano.

—Dije, "El más." No quería decir que pareciese el de una mujer. —Afrodita rodó los ojos, de cualquier forma, le estaba diciendo afeminado, fuese o no de una forma directa.

—Repetiré mi pregunta, DeathMask, ¿para qué me necesitas aquí en la cocina? —La sonrisa de DeathMask no hizo sino ensancharse.

—Cocino mejor si tengo alguien con quien conversar. Me mantiene de buen humor y, por lo tanto, hace que la comida me quede mejor. —Afrodita, volvió a rodar los ojos. Muy para su pesar, no pudo evitar soltar una risita, risita que el italiano pudo escuchar.

Shaka abrió uno de sus ojos por mera curiosidad, al sentir a alguien llegar a la estancia en la que se encontraba meditando. Bufó para sus adentros al saber inmediatamente de quien se trataba.

— ¿Para que necesitas meditar si ya no estás en tu país de origen? —Cuestionó el forastero. Sus cabellos color turquesa y su morena piel se veían un poco terroríficas bajo la luz meditabunda que producía la vela que había frente a él. ¡Maldición! ¿Es que acaso no podía meditar en paz sin que viniese aquel idiota a molestarle?

—Milo. Vaya, que… sorpresa. —Increpó, buscando las palabras para demostrar su incordia pero sin ser grosero con el nuevo en la tienda. —Pensé que te encontrarías alrededor de… ¿quién era?

— ¿Camus? —Shaka asintió. —Estaba hace rato pero dijo que tenía una conferencia con el comandante por lo que estoy revoloteando de un lado para otro por el campamento. Pensé que por aquí podría estar Afrodita pero parece no ser así. —Frunció el entrecejo, dándose cuenta de que hablar con el jefe utilizado como excusa era en realidad un muy sutil pedido para alejarse de él. Al menos, después de haberlo dicho en voz alta lo era.

—Sí, según tengo entendido el cocinero pidió a Afrodita porque necesitaba un par de manos extra, no me extraña que le haya escogido a él siendo un excelente conocedor de la flora alrededor de aquí y, por consiguiente, de las especias que los prisioneros comunes no identificamos.

— ¡Oh, vamos! No te digas a ti mismo un prisionero, porque no lo son. —Cruzó los brazos en un gesto infantil, Shaka rodó los ojos.

—De cualquier forma, me gustaría estar solo. —Dijo intentando ser directo, fallando miserablemente por supuesto.

Se removió en su cama, soltó un suspiro cansino al mismo tiempo que bajaba la mirada.

Sus hebras lilas se encontraban atadas en una coleta —que, no recordaba haberse hecho— por lo que no hicieron acto de aparición cuando intentó levantarse un poco de la cama.

No había nadie más que él en la habitación. Había fingido dormir un rato hasta que se hubo asegurado de que el comandante ya no se encontraba en la habitación, puesto, que tenía la fiel idea de que tres días de inconsciencia habían sido suficiente descanso como para dormir toda la mañana o al menos hasta la hora del desayuno.

La herida en su costado le recordó a Fica. Eso le llenó de dolor, el sólo pensar en el mayor le llenaba de una sensación de pérdida horrible.

¿Qué acaso no le había olvidado ya? ¿No lo había hecho? Y en aquel tipo de situaciones, en las que se encontraba solo, es cuando se volvía a llenar la cabeza de preguntas. ¿Por qué tuvo que ser él? ¿Por qué no otra persona? ¿Por qué le había correspondido? ¿Por qué tuvo que morir él? Nuevamente pero en diferente término, ¿por qué no otra persona?

Antes de que se diera cuenta, lágrimas salían de sus ojos, diez años… ¡diez-malditos-años! ¡Diez años que pasó con él! ¡Pensó que sería para siempre lo que los unía!

Se lanzó a la almohada, quien le tendía los brazos abiertos y, al mismo tiempo, ahogaba sus sollozos. Le agradecería después, pero, primero, necesitaba desahogarse un poco.

Varias cosas que habían pasado ambos, ¿por qué su padre tuvo que morir? Suponiendo que todo iniciase con la muerte de su padre. De no haber sido por eso, su madre no se hubiera visto obligada a buscarle un reemplazo y de no haber sido así, él no hubiese conocido a sus primos, Fica y Di-ta.

¿Por qué la muerte le perseguía? ¿Por qué no moría ya? ¿Acaso Thanatos le tenía repulsión y por eso le hacía sufrir hasta el punto de que desease la muerte, y no ofrecérsela? ¿Qué tenía la muerte en su contra? ¡¿Pero qué cosas decía?! Si no le hubiese conocido, no habría tenido aquella oportunidad de conocer aquel sentimiento. ¿Por qué preferir no haber sentido nada sólo por el miedo a sufrir? ¿Acaso el amor no valía la pena un poco de dolor? ¿Acaso no existía un dicho que decía, Es mejor haber amado a nunca haber sentido nada? ¿No existía?

Para su suerte, nadie entró en la habitación durante un buen rato. Por lo que tuvo tiempo de calmarse un poco. ¿Cómo fingir ser fuerte, cuando ya se encontraba destruido por dentro? Se sentó en la cama, y como había hecho durante varias noches en aquel campamento, se quedó viendo a la nada al mismo tiempo en el que pegaba sus rodillas a su pecho.

Se suponía que ya se había sobrepuesto de la muerte de Fica, entonces, ¿por qué le dolía tanto el sólo pensar en nombrarle? ¿Por qué lágrimas no paraban de bajar de su rostro? ¿Por qué sollozos no paraban de salir de su garganta? ¿Por qué aquella sensación opresora no salía de su pecho?

¡Demonios! Ya habían pasado cinco días de su muerte, ¿cómo pudo el tiempo pasar tan rápido? ¿Cómo es que ahora no podía recordar a ciencia cierta el sonido de su voz? ¿Cómo es que no podía recordar el brillo que había en su mirada cuando le veía a él? ¿Por qué comenzaba a olvidarlo?

—Duele… —susurró. Cerró los ojos, intentando con aquello aminorar la sensación de pérdida que sentía—. Saga…

¿Por qué no estás aquí?

Sin ponerle demasiada atención, asintió con la cabeza.

—Entonces, ¿está de acuerdo en que ya partamos a Atenas? —Preguntó Camus.

Saga, le observó durante unos minutos y cuando se dio cuenta de lo que le había preguntado, asintió con la cabeza.

—Por supuesto. —Sin más, se retiró de ahí al tiempo que caminaba hacia la cocina. Dentro, se encontró con Afrodita en un extremo y a DeathMask en el otro.

Arqueó una ceja, ¿qué hacía el 'Hermano' de Mu ahí?

—Comandante. —Saludó el italiano asintiendo con la cabeza. Saga le regresó el gesto. El cocinero le señaló tres bandejas con desayuno cuantioso—. Para usted, su hermano y el otro chico. —Lo último lo dijo porque no recordaba el nombre de Mu.

—Gracias DeathMask, con tu permiso me retiro. Afrodita. —Acotó al tiempo que hacía también una pequeña reverencia con la cabeza para despedirse del otro chico.

Caminó con las tres bandejas en las manos, no eran tan pesadas ni tan grandes como para tener que sostenerlas entre el número de personas equivalentes al número de porciones, lo cual agradecía en cierta forma.

Minutos después, entró en su tienda y se encontró con Mu intentando levantarse de la cama. Actuó de inmediato acercándose al otro.

—Ni siquiera intentes levantarte. —Saludó. El otro levantó la cabeza para verle y Saga, de nuevo pudo ver el dolor reflejado en su mirada. Con la voz más suave, preguntó—: ¿Estás bien?

Mu asintió con la cabeza.

—Duele un poco la herida, es todo. —Desvió la vista a la cama del Archí menor, extrañándose al ver que en ésta se encontraba el propietario, dormitando.

Saga quiso dejar el asunto por lo que dejó una bandeja en las piernas de Mu y la suya la dejó a un lado de él. Con la bandeja sobrante, se acercó a su hermano y le levantó.

—Ya no es hora de dormir, inútil. —Fue el, hermosamente saludo que le dio al mismo tiempo que el otro gruñía algo. Saga negó con la cabeza—. Bien. ¿Alguna otra cosa que quiera, Su Majestad?

—Me gustaría un par de huevos revueltos y un poco de crema de avellanas cubriendo una dona. —Tuvo el descaro de contestar su gemelo. ¿Qué clase de relación sana existía entre ellos dos? Fue la duda que acaparó la mente de Mu al verles interactuar.

—Lo lamento Alteza, pero sólo puede comer lo que el cocinero prepare. —Al tiempo que le quitaba las sábanas de la cara, dejando al descubierto la sensibilidad que tenían la mirada de Kanon a la luz por el hecho de apenas levantarse.

—Es una lástima. —Se lamentó el menor al tiempo que tomaba la bandeja que el comandante le entregaba.

Mu parpadeó un par de veces. Pensó en la posibilidad de tener un hermano. Sentía a Di-ta como uno propio, sin embargo siempre quiso tener uno. Por esa misma razón le había enseñado a Di-ta y le pedía que le dijese 'Ge' a que le dijese 'ji-Ge' ya que eso le hacía sentir el tener más un hermano.

Pero aun así, no era lo mismo. Él le entendía mejor de lo que lo haría un verdadero hermano, a pesar de sólo conocerle durante diez años, y no haber vivido nada de su infancia temprana. Pero no era la misma sensación.

Observó a su plato, y comenzó a comer un poco de la carne cuantiosa que había en su porción. Nunca había sido un gran fan de ese tipo de comida, sin embargo sabía lo mucho que la necesitaba en aquellos momentos por lo que, simplemente se llevó toda la comida a la boca y no replicó nada.

—Gracias por la comida. —Dijo al finalizar su porción. Saga por fin se dio cuenta de su presencia y se asombró que el menor se hubiese terminado su plato.

Asintió torpemente y dejó a su hermano ser para comer él también. Si Mu se había terminado todo es porque la comida debió de ser exquisita.

Se sentó al lado de Mu, dejándole al menor todo el espacio de la cama para él mismo —a pesar de que no lo utilizaría en lo absoluto, su cuerpo era demasiado menudo— y se terminó el platillo casi con la misma rapidez que el otro.

Kanon salió de su cama y alegó que iría a pasear por ahí. Para Saga, aquello era de tan poca relevancia, como lo eran el peli lila hace poco. Sin embargo, tampoco se le pasaba por alto el hecho de que, desde siempre, su hermano había tenido aquella actitud sospechosa, que, sin embargo, terminaba siendo casi tan inocente como las intenciones de un niño al intentar coger una flor y oler su esencia.

No podía decir lo mismo de él. La mayoría de sus acciones siempre venían con un doble propósito y, nuevamente, la mayoría de ellos, nunca con el doble sentido en la dirección equivocada. ¡Vaya! ¡Él sí que no tenía remedio!

Mu le observó extrañado durante algunos segundos, al menos lo que le habían parecido segundos. Y, antes de que Saga pudiese hacer algo, removió las sábanas e intentó pararse. Su destino no fue otro que el inevitable suelo.

— ¡Mu! —Exclamó yendo al apoyo del menor. Este, emitía un quejido pequeño, no por el golpe, sino por el hecho, de que la predicción del día anterior de Saga se había cumplido: Uno de los puntos se le abrió. Vaya que los dioses tenían que odiarle tanto como para que le pasara desgracia tras desgracia, ¿qué tanto podía llegar a odiar un Dios? ¿Será que Thanatos tenía antecedentes en su contra y, por eso, intentaba hacerlo sufrir al máximo?—. Demonios —susurró Saga al ver la sangre en el suelo, sintió una presencia entrar y, sin molestarse en girar la cabeza para ver quién era, exclamó— ¡Traiga rápido a la curandera!

—Tienes suerte que yo se la curandera. —Acotó arrodillándose al lado de Saga para, al instante, examinar la herida de Mu—. ¿Qué demonios intentó hacer?

Mu, a pesar del hecho de que era el herido, tuvo la actitud satírica suficiente como para responder.

—Levantarme. —Dato curioso, no había sentido tanto dolor como lo supuso cuando la herida se le abrió.

—Saga, tráeme las cosas de la tienda de enfermería, ¡rápido! —Ordenó la dama, todo su rostro una máscara de concentración. El comandante, sin ninguna oportunidad de replicarle nada (y sin sentirse con el derecho de hacerlo, al fin y al cabo, de cierta forma ella era su superior) asintió con la cabeza.

—Tranquila… no es como si me fuera a morir. —Intentó aligerar el ambiente que su caída había proporcionado, intentó reírse. Claro, que la seriedad en el rostro de la pelirroja no hizo mucho para ayudarle. Nope. En lo absoluto.

—Tienes el ánimo de decir aquellas palabras por el hecho de que no sabes la cantidad de sangre que has perdido en esta semana. Tampoco es como si nuestros vasos sanguíneos fuesen fuentes infinitas de glóbulos rojos que se regeneran con tan sólo desearlo. —Respondió de una forma, que a Mu le pareció demasiado dura. Siendo condescendiente, debería admitir que ni Saga era así de serio. Aunque, bueno, no llevaba demasiado tiempo de conocerle. ¿Qué podría decir del capitán que estuviese correcto?

En lo que ella presionaba la herida para evitar que saliera la sangre a montones —Sólo es un punto lo que se rompió, están exagerando. Pensó Mu, no tan seguro de si aquello era realidad, debido a las últimas palabras de la curandera.

Tenía razón, había perdido demasiada sangre en esa última semana como para creer que aquel momento era una nimiedad. Y eso, ni contar el hecho de que también se encontraba famélico y su desnutrición estaba casi tan equilibrada como lo debería de estar la guerra en aquellos momentos.

Saga llegó en menos de un minuto con todos los materiales que, Mu supuso, necesitarían, sólo para coserle aquel punto. ¡Vaya exagerados que eran los curanderos!

—No es tan grande la abertura como para tener que darle un sedante, —Dijo Marin sin mirar a Saga. Sin embargo, las palabras iban dirigidas hacía Saga, debido a que era el único que comprendería a qué demonios se referiría— por lo que habré de comenzar con las puntadas ya.

De repente, Mu se preguntó si dolería. A pesar de ya haberlo vivido, Afrodita le había dicho que estuvo sedado durante aquel lapsus de tiempo, por lo que no estaba cien por ciento seguro si debería pedir mínimo un aminorante de dolor.

Sintió algo frío contra su costado, y pensó que la mujer seguramente estaría tanteando el área. Echó un pequeño vistazo y se dio cuenta de que la aguja se encontraba atravesando su piel. ¿Cómo es que no le dolía? Se preguntaba, al tiempo que observaba con ojos como platos aquella escena.