Capitulo 9
Me apoyé en el marco de la puerta en el bar de la sede del club, crucé mis brazos y me acomodé para ver el duelo entre Rufus y Lucy. Habíamos llegado hace menos de quince minutos y ya
—No quiero que vayas a ver a Wendy ahora porque no puedo ir contigo. Tengo que estar en otro lugar. —Rufus se estaba poniendo muy cabreado, pero, por otro lado, ¿cuándo no estaba cabreado con Lucy?
Lucy replicó:
—Soy muy capaz de hacerlo por mí misma.
Mis ojos vagaron hasta sus caderas donde había colocado sus manos. Llevaba los pantalones más jodidamente ajustados del mundo y todos los idiotas aquí la estaban desnudando mentalmente. Quería decirles a todos que se jodan, pero ya no tenía derecho a esos pensamientos.
Rufus ahora estaba paseando en círculos. Jesucristo, si era así con su hermana,
¿cómo diablos sería con su señora? No tenía relaciones y esa probablemente era una cosa buena porque su sobreprotección no sería apreciada por muchas mujeres. Mierda, debería saberlo. También tenía esas tendencias, y causó un sin fin de putos problemas entre Lucy y yo cuando estuvimos juntos.
—A la mierda —maldijo Rufus e inclinó la barbilla en mi dirección—: Entonces, S irá contigo.
Me aparté de mi lugar y caminé hacia ellos. Ella se dio la vuelta para mirarme; no estaba contenta.
—S no tiene que ir conmigo. —Miró violentamente por la habitación hasta que su mirada se detuvo en Natsu que estaba sentado en la esquina. Señaló un dedo hacia él—: Natsu puede ir conmigo.
—Iré contigo, Lucy —gruñí—. Busca tus cosas y podemos irnos ahora mismo.
—Lucy. —Todos nos detuvimos y giramos al oír la voz de nuestro presidente. Laxus Dreyar era una presencia imponente y vi a Lucy estremecerse un poco. Siempre tuvo una relación difícil con su padre. Él era un hombre acostumbrado a estar en control y por desgracia para él, había criado una hija demasiado parecida a él, de modo que discutían constantemente.
Ella se recompuso.
—Papá.
—Mierda, por el amor de Dios, ve con S. No estoy seguro por qué siempre tienes que discutir por jodidamente todo. —A veces, podía ser un bastardo y apreté mis puños, con ganas de darle un puñetazo por ser tan duro con ella.
—También es bueno verte —dijo hirviendo. Laxus la ignoró y se volvió hacia mí.
—Llévala a ver a Wendy y luego tráela de vuelta aquí. Quiero que se aloje en la sede del club hasta que averigüemos dónde está Cobra. —Con eso, dejó la habitación sin mirar atrás a Lucy. Parecía herida, y contuve el impulso de atraerla contra mí y envolver mis brazos alrededor de ella. En su lugar, me quedé en silencio donde estaba, esperando a que haga el siguiente movimiento.
—Nada ha cambiado mucho por aquí, ¿verdad? —preguntó a nadie en particular y echó sus brazos al aire—. ¡Mierda! ¿Y te extraña que no quisiera volver a casa? —Esta pregunta la digirió hacia mí.
Mierda, no quería entrar en la política de mierda de su familia en este momento. Había sido un día largo y aún no terminaba. Señalé la puerta principal.
—Es hora de irnos —dije, avanzando hacia ella y luego me volví para mirar por encima del hombro a Rufus—: Te llamo más tarde, para ver dónde estamos.
Él asintió.
—Sí. Hablamos más tarde, hermano.
Bueno, mi padre no había cambiado mucho desde la última vez que lo vi: todavía tan controlador como siempre. Él y Rufus eran iguales; ¿cómo demonios conseguiría superar esta visita? Y S. Bueno, eso en conjunto era otro dolor de cabeza. Estaba tan confundida con él en este momento, además, me estaba dando señales mezcladas. En un minuto me estaba dando órdenes y al siguiente me miraba como solía hacerlo.
Lo seguí afuera y se dirigió a su motocicleta mientras se detenía y hablaba con un chico al que nunca antes había visto. Discutieron algo en voz baja y me di cuenta de las expresiones faciales de S que no estaba contento con lo que sea que le estaba diciendo. Murmuró algo al chico antes de sacudir la cabeza hacia él con disgusto. Esto no podía ser bueno.
—¿Qué fue todo eso? —pregunté cuando se me acercó.
—Nada de lo que debas preocuparte —me desestimó. Sentía mi sangre hirviendo.
—¿Por qué Rufus, papá y tú hacen eso? ¿Por qué no pueden simplemente contestar mis preguntas y decirme lo que está pasando?
Volvió sus ojos furiosos hacia mí.
—No todo se trata de ti, Lucy. Parece que es algo que todavía no te has dado cuenta.
—Sí, lo sé, pero con lo que está sucediendo en este momento, pensé que podría ser sobre Cobra. Y eso se trata de mí —había levantado mi voz y estaba sin aliento por la rabia. No sé si ésta venía de mis frustraciones actuales o si se trataba del dolor viejo reapareciendo. S me había afectado profundamente y lo había enterrado durante tanto tiempo, sin permitirme sentirlo realmente porque sabía el poder que tenía sobre mí. El poder para romperme de nuevo.
—Sí, nena, esa mierda es sobre ti —espetó bruscamente—, pero esto no.
Ahora sube a la parte trasera de la motocicleta y vámonos.
Oh, no, no lo hizo.
—¿Qué diablos significa eso, S? La parte de eso siendo sobre mí. —Había habido un tono desagradable en sus palabras que no me gustó y no sabía de dónde venía.
Se inclinó sobre mi cara y me sorprendió la ira emanando de ella.
—Tal vez si no hubieras salido con Cobra, toda esta mierda no estaría sucediendo.
Lágrimas amenazaron con escapar de mis ojos.
—No puedo creer que hayas dicho eso —exhalé en un susurro, mirándolo fijamente en estado de shock y confusión. Se quedó inclinado sobre mi cara, simplemente mirándome. Nos quedamos así durante un minuto más o menos, los sentimientos de dolor y las palabras sin decir de hace años arremolinándose a nuestro alrededor.
Finalmente se retiró y rompió el contacto visual.
—Wendy se está quedando con Minerva, así que prepárate para eso. — Cambió de tema, así como así; como siempre solía hacer y dolió tanto ahora como entonces.
Minerva era la hermana de S, y teníamos una larga y fuerte historia. De vuelta a la escuela habíamos sido cercanas, pero al año después de haber terminado un malentendido se interpuso entre nosotras. Fue un malentendido tonto, sobre un chico, pero me había odiado desde entonces. Sin embargo, Jenny mantuvo su amistad con ella, de modo que siguió siendo una presencia en mi vida. Hicimos todo lo posible para mantenernos fuera del camino de la otra. Cuando empecé a salir con S, se enojó e hizo todo lo posible para que rompiéramos. Minerva era la única familia que le quedaba a S después de que sus dos padres hubieran muerto en un accidente automovilístico y eran muy cercanos; era su hermana menor, velaba por ella y se aseguraba que siempre estaba bien. Cuando ella comenzó su campaña en contra de nosotros casi funcionó porque S siempre excusó su comportamiento. Muchas veces sentí que llegaba en segundo lugar y había amenazado con alejarme de la relación un par de veces. Todo llegó a un punto cerca de un año en nuestra relación y S se había visto obligado a adoptar una postura. Me había elegido, pero siempre estuvo claro lo mucho que la amaba, y desde entonces me había esforzado por no ponerlo en el medio otra vez. Creo que Minerva hizo lo mismo porque dejó de intentar separarnos.
Nos detuvimos en la casa de Minerva unos quince minutos más tarde. S todavía cabreado, y se dirigió a la casa por delante de mí. Vi como entró en la casa y la saludó. Ella miró más allá de él, a mí, su cara una máscara en blanco. Me sorprendió cuando me dio una sonrisa forzada e hizo un gesto de que pase.
—Lucy, ¿cómo estás? —preguntó cuando llegué a través de la puerta principal.
Bueno, mierda, también podía hacer una pequeña charla.
—Estoy bien. ¿Y tú?
Antes de que pudiera responder, Wendy entró corriendo en la habitación.
—¡Lucy! —Se arrojó en mis brazos y me sentí abrumada por la emoción. Me agaché y la envolví en mis brazos, alisándole el cabello y presioné mis labios en su frente. Mi corazón se rompió un poco más por ella y luché contra las lágrimas. Luché con el conocimiento de que esta hermosa niña estaba ahora sola en el mundo, y estaba molesta conmigo por no verlo venir antes.
—Hola, cariño —dije, sosteniéndola un momento más y luego me separé para mirar sus ojos. Delataban su confusión, pérdida y angustia. Si antes estaba molesta, ahora sentía una ira asesina. ¿Cómo se atreve Cobra a llevarse a su familia? La besé de nuevo y luego me levanté, manteniendo mi brazo alrededor de ella.
S me estaba observando atentamente; su estado de ánimo un poco cabreado disminuyó de algún modo. Ahora se arrodilló frente a Wendy.
—¿Te gustaría que nos quedemos a cenar esta noche, ángel? —le preguntó a medida que pasaba la mano suavemente por su cabello en un gesto tranquilizador—. Podríamos pedir tu plato favorito.
Era amable con ella y mi corazón dio un vuelco. Me recordó que había un lado más suave en él; en alguna parte, debajo de toda esa mierda motera ruda.
Ella asintió.
—Mi plato favorito es la pizza —dijo con voz tímida. S le sonrió y dijo:
—Está bien, pediré eso. Ve a sentarte con Lucy mientras Minerva y yo organizamos la cena. —Su ternura me estaba matando. Era tan caliente y frío a la vez; un minuto tan enojado conmigo que decía mierdas que no sabía que tenía en él, y ahora esto; esta dulce charla con una niña.
Se puso de pie y le indicó a su hermana que lo siga a la cocina, dejándonos a Wendy y a mí solas para hablar. No la había visto en más de tres años, pero antes de eso fuimos casi tan cercanas como madre e hija. Jenny había estado criando a sus hijos por su cuenta y yo era su apoyo, ayudándola con el dinero, cuidando a los niños y todo lo que necesitara. Me preocupaba regresar a la vida de Wendy ahora, después de tres años, y no pudiera recordarme, pero me sentí aliviada de que lo hiciera.
Tomé su mano y la llevé hasta el sofá.
—Cariño, lo siento tanto no haber estado aquí para ti. No solo ahora, sino también en el último par de años. Cosas sucedieron, tu mamá y yo…
Ella me interrumpió.
—Mamá dijo que no quería volver a verte nunca más. Sabía que no era que no querías verme. —Sus grandes ojos azules parecían tan tristes y podía decir que estaba a punto de llorar.
Asentí.
—Necesito que sepas que ahora estoy aquí para ti, nena. No te dejaré sola.
¿Lo entiendes?
Comenzó a llorar y utilicé cada onza de control en mí para mantenerme fuerte por ella. Lo último que necesitaba ahora era que llore con ella; necesitaba saber qué era lo suficientemente fuerte por las dos, que la podía llevar a través de esto. La atraje hacia mí y la abracé, dejándola llorar. Wendy siempre había sido una niña dura, muy independiente y no la había visto llorar mucho en los últimos años. Tendía a embotellar sus sentimientos y trataba de no dejarnos ver lo que estaba pasando. Creo que era su manera de hacer frente a todas las cosas locas que había visto en su vida. Jenny había sido tan buena madre como podía serlo, pero los hombres con los que se involucró con frecuencia habían llevado la locura a su vida y como resultado los niños también lo sintieron. Al haber crecido bajo el estilo de vida del club, siempre pude ver por qué Wendy se encerraba en sí misma, porque hice lo mismo de niña.
Nos sentamos en silencio, sosteniéndola mientras ella sollozaba. Me pregunté si era la primera vez que se había dejado sentir su dolor. Hace una semana tenía a su familia, ahora no tenía a nadie. Nadie más que yo y un club de moteros que estarían, supongo, haciendo cualquier cosa para protegerla. En ese momento, sabía que me aseguraría jodidamente que la protejan. Incluso si eso significaba mudarme de nuevo aquí; el lugar al que había jurado no volver jamás.
La cena fue tensa, pero Minerva, S y yo hicimos todo lo posible para mantener las cosas apacibles por el bien de Wendy. Después de la cena regresamos de nuevo a la sala de estar y vimos un poco de televisión. Wendy estaba apagada y bastante agotada por lo que Minerva sugirió una ducha e ir a la cama temprano. Estuvo de acuerdo y se dirigió al cuarto de baño, mientras Minerva terminaba de limpiar la cocina. Esto nos dej mí solos, sentados en silencio viendo televisión. No tenía ni idea de lo que estábamos viendo porque mi mente estaba corriendo con tantas preguntas; no solo sobre Wendy sino también sobre él y yo. Me tenía totalmente confundida con su arranque de ira antes.
Lo miré y descubrí que me estaba observando. No rompió el contacto visual, solo siguió observándome. Eso me inquietó; ya no sabía lo que estaba pensando. Cuando estábamos juntos, solía ser capaz de leerlo la mayoría de las veces, pero ahora, más de dos años después, no tenía idea de lo que pasaba por su mente. Demonios, tal vez nunca lo conocí tan bien como creí que lo hacía. Él fue, después de todo, quien me dijo que me fuera justo cuando pensé que teníamos la oportunidad de estar juntos otra vez.
Finalmente rompí el silencio.
—¿Todavía no han encontrado a Cobra? —Fui con una pregunta fácil.
—No, pero Rufus tiene una pista que está persiguiendo esta noche — respondió.
—¿Cuál es el plan para Wendy? ¿Crees que está a salvo aquí? Se pasó la mano por el cabello y suspiró.
—Tenemos dos chicos vigilando la casa. Estamos haciendo todo lo posible para mantenerla a salvo.
—¿Cuánto tiempo se quedará aquí con Minerva?
—Ahora vivirá con Minerva. Era lo que quería Jenny —dijo en voz baja, manteniendo la mirada fija en mí. Estaba observando mi reacción porque sabía que no sería buena.
Me disparé de la silla y fijé mi mirada enojada en él.
—¿Qué demonios, S? ¿Por qué ella iba a hacer eso? —grité.
Él reaccionó bruscamente, poniéndose de pie y agarrando mi brazo.
—Baja la voz, Lucy —espetó—. Jenny y Minerva fueron muy cercanas después de que te fuiste, es sin duda lo que quería.
Arranqué mi brazo de su agarre.
—Bueno, estaré cerca para ayudar así que Minerva tendrá que lidiar con eso. Parecía aturdido.
—¿Te vas a quedar? ¿Para siempre?
Asentí, todavía haciendo las paces con mi decisión.
—Sí.
Solo se quedó allí, sin decir nada, pero podía sentir la tensión espesándose en el aire. Una vez más, no podía descifrar lo que estaba pensando, pero mi corazón se estaba entumeciendo porque estaba bastante segura que no quería que me quedara. Y eso me cabreó al mismo tiempo. No quería sentirme de esta manera; terminamos y había seguido adelante. Encargándome de lo que él pensaba que no era lo mejor para mí. Ya era hora de acallar estos sentimientos.
—Sí, S, te guste o no, me quedo así que es mejor que te acostumbres. Y, lo primero en mi maldita agenda es que mi padre y hermano me digan qué demonios ha estado ocurriendo por aquí mientras no estuve. Estoy harta de toda esta mierda del secretismo. —Me di la vuelta y salí enfurecida de la casa, desesperada por fumar un cigarrillo.
Diez minutos más tarde estaba considerablemente más tranquila, después de haber tenido dos cigarrillos y tiempo para darme una charla. S era lo suficientemente inteligente como para darme ese espacio para conseguir recomponerme y estaba a punto de dirigirme al interior cuando él salió.
—Tienes una llamada perdida —dijo y me entregó mi teléfono antes de volver a entrar.
Comprobé para ver quién había llamado y sonreí cuando vi que era Yukino. Mierda, se suponía que iba a llamarla cuando llegáramos. Le devolví la llamada y esperé a que responda.
—¡Perra, estaba preocupada! —gritó.
—Cariño, cálmate. Lamento no haber llamado. Estuve distraída con Rufus y papá que han estado siendo su ser habitualmente mandones. Y, Dios, no me hagas comenzar con S.
—Oh, por favor, comienza con S —bromeó alegremente.
Me reí y solo con eso, atravesó mi ira y dolor, recordándome lo mucho que la necesitaba en mi vida.
—¡Me está volviendo loca!
—Mmmm, ¿qué está haciendo? ¿Además de agitar tus partecitas femeninas?
—Básicamente dijo que, si no hubiera salido con Cobra, nada de esto estaría sucediendo. Me culpa por las muertes de Jenny y Eve —respondí, las palabras desgarrando mi corazón.
—Guau. Mierda. Podría ser un chico ardiente, pero es un completo idiota — dijo—, espero que le hayas dicho adónde ir.
—Me tomó por sorpresa. Nunca esperé que me dijera algo como eso. Me confunde por completo. En un momento, dice cosas horribles como esas, pero en otras ocasiones siento que todavía se preocupa por mí. Simplemente no sé qué hacer con él.
—Solo mantén tu distancia, ¿de acuerdo? Haz lo que fuiste a hacer, luego puedes volver a casa y olvidar todo de él otra vez —sugirió, sin darse cuenta que esta opción ya no era posible.
Suspiré.
—Desearía poder hacerlo, cariño, pero he tomado una decisión. Volveré a mudarme aquí para estar cerca de Wendy y cuidar de ella.
—Pensé que podrías decidir hacerlo. Eres una mujer buena, Lucy Dreyar, y no dejes que nadie te diga lo contrario, sobre todo S —dijo y la amé un poco más por su apoyo incondicional.
—Te voy a extrañar. Tal vez también deberías mudarte aquí —dije, con total sinceridad en mis palabras.
—Nunca digas nunca, ¿eh? Pero, te visitaré muy pronto —respondió—. Y patearé el culo de S si está siendo un hijo de puta contigo.
No tenía ninguna duda al respecto.
—Está bien, es mejor que me vaya. ¿Puedes decirle a Gray que lo llamaré mañana? Te quiero, cariño —terminé la llamada telefónica.
—Lo haré. También te quiero, chica —dijo y colgó.
Tomé una respiración profunda y volví a entrar, con la esperanza de despedirme de Wendy y convencer a S para que me lleve de vuelta al club. No quería estar por aquí por mucho más tiempo.
Minerva y Wendy estaban de vuelta en la sala de estar con S, y todos se estaban riendo de algo en la televisión. S me echó un vistazo y luego dio un golpecito en el hombro de Wendy.
—Despídete de Lucy, ángel. Tenemos que irnos en un minuto —dijo, y me sentí aliviada que tuviera los mismos planes que yo.
Ella me dio un abrazo largo y le susurré al oído:
—Te amo, pequeña, y volveré a verte pronto.
Me dio un beso y luego se fue con Minerva a la cama. Minerva me dio un gesto al salir de la habitación. No estaba segura de lo que eso significaba, pero no parecía estar tan hostil hacia mí como pensé que sería.
—¿Estás lista? —preguntó, sin mirar en mi dirección ni una vez. Ya estaba dirigiéndose a la puerta principal, mi respuesta claramente ni siquiera era importante.
No me molesté en contestarle, simplemente lo seguí a su motocicleta. Condujimos de nuevo al club sin pronunciar ni una palabra entre sí y mi decisión a permanecer lejos de él se fortaleció.
