CAPÍTULO 11: EL CABALLO ALADO SUPERA AL GRAN TORO DE ORO

Marcus tenía que reconocerlo… ¡estaba muy malherido! A pesar de llevar la todo poderosa armadura de oro, que había sobrevivido desde la lejana era mitológica, había recibido mucho daño con el golpe de Seiya. Pero ya no tendría que preocuparse.

Ante el, estaba el cuerpo ya inmóvil de Seiya. Sabía que aún estaba vivo, pero este no se movía.

- Finalmente se acabo caballero.

- Ugh… arg… - Intentó moverse para levantarse, pero no podía.

- No lo intentes. Tendrás todos los huesos rotos. Dudo mucho que te puedas poner en pie. Debido a las heridas morirás dentro de muy poco.

- N-No puedo morir… n… no… hasta haber… salvado a… Saori… san…

- Siento decírtelo chico, pero tú ya no podrás salvar a nadie. Disfruta del poco tiempo de vida que te queda.

Recogiendo y recolocándose el casco, Marcus comenzó su marcha para volver al templo de Zeus a reportar que había acabado con el caballero de Pegaso. Esta vez ya de seguro que no se volvería a poner en pie.

Desde la lejanía, Shiro lo observaba todo.

- Vaya, parece que todo ha terminado. ¿Hasta aquí es hasta donde puedes llegar Tenma?

Seiya intentaba moverse. Pero ninguna parte de su cuerpo le respondía. Era como si todo su cuerpo se hubiera dormido de golpe.

- Saori-san… - al pensar en que no había podido hacer nada por Atenea, no pudo evitar empezar a llorar de impotencia. Todo había acabado para él.

Si lo que decía Marcus era cierto, aunque lo hubiese vencido no hubiera podido hacer más. La fuerza de Marcus era muy superior a la suya, pero si lo derrotaba y seguía, eso quería decir que tenía que enfrentarse a Shiro, quién era mucho más poderoso que él.

Decidió finalmente cerrar los ojos y dejar que la muerte lo arrastrase hasta el olvido. Ya no podía luchar más.

En su interior comenzó a oír las voces de sus compañeros, de sus hermanos, quienes le rogaban que no rindiera, pero ya no podía hacer más. Estaba agotado y no le quedaban fuerzas para ponerse en pie.

- Perdonadme amigos… ya no puedo hacer nada más… todo ha acabado para mi…

- ¡No seas idiota Seiya! – Dijo una voz que resonó en la oscuridad que comenzaba a cubrir a Seiya.

- E-Esa voz… ¿Marin…?

- ¿De verdad piensas rendirte? ¿De verdad vas a dejar morir a Atenea?

- Pero Marin… no tengo fuerzas y tengo el cuerpo destrozado… además su fuerza…

- ¡Eso son excusas!

Seiya se asustó al oir gritar a Marin, cuya silueta apareció frente a él.

- Recuerda Seiya. ¿En cuantas batallas te has enfrentado a enemigos mucho más poderosos que tú y has salido victorioso? ¿O es que ya no te acuerdas? Aunque tú vida se apague, tu cosmos siempre brilla como la luz esperanzadora para derrotar a tus enemigos.

- Mi… ¿cosmos…?

- Haz explotar tú cosmos hasta el límite. Igual que hiciste durante la batalla de las doce casas. Igual que durante la batalla contra Poseidón. Demuestra tú poder Seiya. ¿O es que acaso ya no quieres volver a tú hermana?

- Mi… mi… hermana… Sei… ka…

- Eso es. Seika te esta esperando Seiya. No puedes morir hasta haberte encontrado con ella. ¿O acaso no hiciste esa promesa?

- Tienes razón Marin… no puedo morir…

- ¡Entonces levántate! ¡Levántate y acaba con el caballero de oro!

Marcus se detuvo un momento porque sintió un gran dolor en el pecho. El dolor del golpe de Seiya había sido aún mucho más fuerte de lo que imaginaba. Desde la última vez que lucho jamás había sentido tanto dolor.

Se giró entonces para mirar a Seiya, quién seguía en el suelo tirado. Le había parecido oírle decir algunas palabras, pero no le dio importancia. Suponía que estaba loco al pensar que pudiera levantarse de nuevo tras recibir tantos golpes.

- ¡E-Espera caballero!

Parecía que se había equivocado. Marcus se giró al oír la voz de Seiya y allí lo encontró. En pie, con dificultad, pero ahí estaba. Si Shiro hubiese estado a su lado, se hubiese dado cuenta que estaba sonriendo.

- Muy bien. Así me gusta Tenma – dijo Shiro sonriendo con satisfacción por lo que estaba viendo.

Era sorprendente. Había recibido un daño que quizás el mismo no sería capaz de soportar y ahí tenía.

- ¿Por qué no abandonas de una vez, caballero? ¿No sería más fácil esperar y tener una muerte plácida?

- No puedo… morir aún… no hasta haber salvado a Atenea… y…. cumplir mi promesa.

- Veo que eres más terco que una mula. Supongo que notarás como todo tu cuerpo sufre el dolor por la rotura de tus huesos, pero parece que eso no es suficiente. Tendré que dejarte inutilizados completamente los brazos y las piernas para que no te muevas.

- N… no te dejaré que acabes conmigo… tan fácilmente…

- No te des esos aires caballero. ¡Prepárate!

Marcus se puso en posición, elevando su cosmos. Entonces se lanzo de golpe contra Seiya, para embestirlo con todas sus fuerzas.

- ¡Embestida de toro!

Lo golpeó de lleno, con todas sus fuerzas. Pero algo extraño pasaba. ¡Solo lo había hecho retroceder unos escasos centímetros!

- ¿¡Q-Qué!?

¡Era Seiya! ¡Lo había parado usando las manos!

- ¿¡C-Cómo es posible esto!?

Usaba toda su fuerza física para hacer retroceder a Seiya y así lanzarlo por los aires, pero solo lo hacía retroceder unos escasos centímetros. A veces ni eso.

- ¿¡C-Cómo puede un retaco como tú tener tanta fuerza en tú estado!?

- T-Te dije… ¡qué no me derrotarías tan fácilmente! – Intentó darle una patada en la cara, pero su rival se apartó a tiempo.

Respiraba agitado. Marcus no podía creer lo que sus ojos acababan de ver. ¿Cómo era posible? En su estado, hasta el peso de una mosca debería poder derribarle. ¿Acaso del golpe de antes le había hecho perder fuerza? No, no podía ser. ¿Acaso en los últimos segundos Seiya se había vuelto más fuerte? ¿Había despertado de nuevo en el esa fuerza oculta?

Cansado, Seiya se limpió la sangre que le caía de la cabeza. Estaba hecho polvo y cansado, pero tenía que acabar con su enemigo. No iba a morir sin luchar, pero en el estado en el que se encontraba no creía que sobreviviese a otro ataque. Pero tenía que hacerlo. Por Atenea y por Seika.

- Muy bien caballero. Tú lo has querido. Acabaré contigo con mi técnica más temible a su máxima potencia.

- ¡Ugh! – No podía ser otra más que la que había usado hacía un rato. Así que se puso a la defensiva para prepararse.

- Y esta vez no podrás esquivarla…

Marcus se puso en posición y comenzó a concentrar su cosmos al máximo, cubriendo una gran zona del bosque con un brillo dorado.

- ¡Muere caballero de Pegaso! ¡Titan Nova!

La gran cantidad de energía se lanzó a la velocidad de la luz contra Seiya, quién se preparó para detenerla con las manos.

- ¡No seas iluso! ¡En tú estado no podrás desviar mi ataque como hiciste antes!

Sin hacer caso a las advertencias de su rival, comenzó a aumentar su cosmos al límite. Tenía que detener el ataque o estaba perdido.

Cuando le llegó, comenzó a detenerlo usando las manos. Retrocedía varios metros sin parar, pero no podía rendirse. Tenía que detenerlo.

- ¡Idiota! ¡Vas a conseguir que te pulverice!

No desistía. Seguía intentando retenerlo de todas las maneras posibles.

- Muy bien. Si quieres morir de esta manera, ¡cumpliré tú deseo!

Aumentó aún más la potencia de su golpe, aún más de su límite. Esto hizo retroceder más aún al caballero de bronce quién no se daba por vencido.

- Está loco… intentar parar mi golpe con las manos desnudas es… ¿eh?

No sabía de donde, pero de pronto un intenso brillo dorado que no provenía de su cosmos comenzó a iluminar el área.

- ¿¡Q-Qué es esto!? ¿De dónde proviene ese brillo dorado?

Miraba en todas direcciones, pero no podía detectar de donde provenía.

- ¡Un momento! ¿¡No será…!? – Miró hacía Seiya y como temía… - ¡Seiya!

Su cosmos había cambiado al color dorado del cosmos de los caballeros de oro. Pero no solo su cosmos era lo que había cambiado.

- ¡S-Su armadura! ¡Es tan brillante como las armaduras de los caballeros de oro! ¡No puede ser!

- ¡¡¡¡AAAAAAAH!!!!

Usando el poder de su cosmos, Seiya logró desviar el ataque de Marcus hacía el cielo.

- ¡No es posible!

Miró rapidamente hacía su rival. Era inaudito. ¿Cómo era posible que un caballero de bronce pudiera hacer brillar su armadura de esa forma?

- N-No es posible… esto es imposible…

- Esto se acabó Marcus. Ríndete o me veré obligado a terminar contigo.

- ¿Qué me rinda? ¿Me tomas el pelo? No pienso cederte la victoria caballero de bronce. Que tú armadura brille como una de oro, ¡no quiere decir que estés a mi altura!

Aumentó su cosmos más allá de sus límites. No estaba dispuesto a perder.

- ¡Muere caballero de Pegaso! ¡Titan Nova!

El ataque salió directo contra Seiya con toda su potencia. No podía hacer más que elevar más su cosmos, hasta que no pudiese más y derrotar finalmente a su enemigo.

- ¡No pienso dejarme derrotar caballero de oro! ¡Cometa de Pegaso!

Ambos ataques se encontraron en el centro de la distancia que separaba a los dos, generando una pequeña bola de energía que flotaba en el aire. Y que cada vez se hacía más grande.

- ¡E-Es imposible! ¡Ha igualado la potencia de mi Titan Nova!

- ¡¡¡¡AAAAAH!!!!

- ¡N-No! ¡No la ha igualado! ¡La ha superado!

Estaba en lo cierto. La esfera se rompió y el ataque de Seiya se dirigió a toda velocidad hacía él, golpeándole de lleno y haciéndolo volar por los aires.

- No me lo puedo creer… este chico… este chico…

Marcus miró a Seiya que veía como su rival iba descendiendo de cabeza poco a poco hacía el suelo.

- …me ha derrotado.

Y cayó, causando un pequeño estruendo al chocar su peso contra el suelo, el cual se quebró varios metros a su alrededor.

Por su parte, Seiya también cayó al suelo, exhausto y casi sin aliento.

- L-Lo he… conseguido…

Su vista se nublaba. Apenas podía distinguir sus manos. Y estaba a punto de desmayarse. Pero entonces vio ante él unos enormes pies.

Alzó la vista para mirar al dueño y distinguió a Marcus.

- ¿¡A-Aún estás vivo!? – Grito debilitado Seiya a la vez que se levantaba como podía.

Era imposible. Había usado toda su fuerza en ese golpe y él estaba delante suya como si no hubiese pasado nada.

- Se acabo, Seiya.

Marcus alzó la mano y la abrió, concentrando su cosmos en ella. Era el fin. No podía defenderse y estaba agotado. Solo le quedó cerrar los ojos para recibir el golpe de su enemigo. Había fracasado.

Pasaron unos segundos sin que pasara nada. ¿O fueron minutos? No lo sabía, pero lo único que si que noto fue que el cuerpo le dolía menos. ¿Cómo era posible?

Abrió los ojos y se llevó una gran sorpresa al ver que su enemigo había colocado la mano en su pecho. Todas las heridas comenzaban a cerrarse y notaba como el cuerpo cada vez le dolía menos. ¡Le estaba curando!

- Con esto… - dijo Marcus apartando la mano del pecho de Seiya – bastará para que puedas seguir luchando.

Pasó por el lado de Seiya, pero no pudo evitarlo y cayó al suelo de rodillas, escupiendo sangre.

- ¡Caballero!

Se agachó a su lado. Su estado era lamentable. Tenía heridas por todas partes y la armadura tenía grietas por todos lados.

- ¿Por qué? ¿Por qué me has salvado caballero? – Preguntó sin entender la actitud del que hasta ahora había intentado matarle.

- Je… te parecerá una tontería pero… me gustaría saber hasta donde llegarás. Por desgracia… no podré verlo… como la última vez…

- ¿L-La última vez?

- No lo recordarás pero… en el pasado… durante un tiempo te estuve adiestrando… Tú espíritu de lucha… me impresionó… ¡ugh! – escupió una gran cantidad de sangre.

- ¡No hables!

- No te preocupes… - Marcus miró al cielo y sonrió – Aquella vez… no pude ver tus logros caballero… pero esta vez… si que podré…

De golpe se cayó. Su cabeza se inclinó hacía abajo, con los ojos cerrados. Había muerto.

No entendía porque, pero Seiya no pudo evitar llorar. Desde el fondo de su corazón, sentía una inmensa pena por haber acabado con él.

- Gracias por curarme caballero. Te prometo llegar hasta el final y salvar a Atenea. Mírame desde el más allá y te juró que lo lograré.

Seiya se puso en camino. No tenía tiempo que perder. El tiempo apremiaba y la vida de Saori podría acabarse en cualquier momento.

- ¡Espérame Saori-san! ¡Ya voy!

Shiro miraba el cuerpo del caballero de Tauro. No quería tocarlo ni moverlo. Esa era la postura que el había elegido y tenía que respetarla.

- Perdona por haberte metido en todo esto Marcus. Luego te invitaré a un trago de sake, ¿de acuerdo? – Preguntó sonriendo.

Oyó un sonido a su espalda y se giró. Allí vio a Raiden apoyado en un árbol, para así mantenerse en pie, y respirando agitadamente.

- Vaya, así que aún estás vivo.

- M-M-Maldito… ¡maldito desgraciado! ¡Todos los caballeros de oro sois unos malditos desgraciados! ¡He visto como ese caballero ayudaba al caballero de Atenea! ¡Se lo comunicaré inmediatamente a Zeus-sama!

- Veo que no has entendido lo que te dije antes. El gran señor Zeus me ordenó que te matase. Si vas a verle, solo harás que el mismo te mate.

- ¡Estás mintiendo! ¡Zeus-sama jamás ordenaría tal cosa!

- Pues hazte a la idea.

- ¡Cállate maldito miserable! ¡Le llevaré tú cabeza en una bandeja de plata y así lograré que me escuche! ¡Le demostraré que eres un traidor!

Raiden comenzó a correr hacía Shiro, concentrando su cosmos.

- Veo que no lo has entendido… tú los has querido.

Hubo un pequeño brillo dorado que se podría apreciar desde cualquier zona de la isla, seguido de un grito desgarrador. Un grito agonioso. Un grito de pavor.

Ante los pies de Shiro, el cuerpo de Raiden, que mostraba una mirada petrificada por el miedo, yacía inmóvil. Ahora si que estaba muerto.

Su cuerpo mostraba señales de no solo haber sido atravesado, sino también como si hubiese sido mordido.

- Te hubiese valido más morir en paz, idiota.

Suspirando, agarró el cuerpo ya muerto de Raiden y lo cargó en sus brazos, para llevarle al palacio de Zeus. Antes de marcharse del lugar, se giró para ver una vez más a Marcus.

- Nos vemos.

Y se marchó del bosque.