Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y su editorial. La historia es producto de mi locura, la cual amo compartir con ustedes.


Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, Perdón, lo siento chicas... he tenido una serie de problemas... pero sin mas... Disfrutenlo... y gracias mi Yani... por tener rápido el capitulo... lectoras nuevas... Bienvenidas!


Shhh. —Me calló y comenzó a acercarse a mí. Se puso de rodillas y me tomó el rostro. Yo no sabía qué hacer, estaba sentado a la orilla de la cama—. Tú lo cumplirás, porque yo ya cumplí, Edward. —Yo no podía lastimarla de esa forma. Por más cabrón que fuera con las mujeres, no podía serlo con ella. Ella ya había hecho mucho más de lo que yo le había pedido, ya había actuado mejor que nunca, estaba obligado a hacer lo que me pedía. Total mañana por su estado… ¡no se acordaría! De pronto presionó sus labios con los míos e hizo que mis manos se enrollaran en su cintura. Me rendí—. Mañana nadie recordará esto, ¿de acuerdo?

—… Y no insistirás en preguntarlo… porque no te lo diré. ¡Feliz no Cumpleaños, Isabella!

Ella sonrió y yo la seguí besando… sin duda: sería una gran noche.

Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)

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Capítulo 10

" No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca"

Bella's Pov.

Hoy se cumplían dos semanas desde esa maldita fiesta de mi "cumpleaños". Estaba sola en casa, en mis clases en línea de Diseño de interiores. Era la primera semana de mis clases, estaba feliz. Me mandaban a casa los materiales que necesitaba y me sorprendió tanto que mi maestro guía era Jason, el chofer de Edward. Él había estudiado Arquitectura y estaba afiliado con esa escuela para dedicarse a guiar a alumnos como yo. Gracias a esto, nuestra relación estaba siendo más apegada y me estaba dando cuenta que era un buen chico. Me pidió que no le dijera a nadie que él se dedicaba a esto… me había convertido en una cómplice de su secreto. Aunque no entendía por qué no quería que se supiera esto, pero respetaba las decisiones de los demás.

Dos días después de la fiesta, Tanya me entregó una dirección de un spa, me dijo que eran órdenes estrictas de Edward que acudiera ahí, con una nota que decía que era mi segunda petición cumplida, ya que la primera ya me la había cumplido el día de la fiesta. Me llené de rabia por estúpida. Fui al spa y debo reconocer que era hermoso y relajante, parecía como un jardín, todo al natural. Comenzaron haciéndome un masaje en el cuerpo, después me lo nutrieron con un sinfín de cremas y lociones. Debo decir que fue muy bueno y después de eso me sentía relajada y con la piel como de un bebé. Después me hicieron un tratamiento en el cabello, quedó sedoso y con mucho movimiento, era increíble lo que hacía el dinero, quedé como una artista de Hollywood. Llevaba como una hora metida ahí y yo pensaba que ya habíamos acabado… pero estaba equivocada. Me pasaron a un cuarto, donde me informaron que me harían una sesión laser de depilación del cuerpo, que quedaría lista en seis sesiones semanales, que así ya no habría necesidad de depilarme con cera y que me olvidaría de los vellos por toda la vida. Comenzaron a hacerme como un examen de piel o eso fue lo que entendí, para ver si no me haría daño o me quemaría el láser, pero al parecer mi piel estaba bien para ese tipo de tratamientos, una hora después, comenzaron a untarme una crema transparente, como gel y después pasaron una máquina por mi cuerpo, que soltaba una luz infrarroja que hacía que sintiera choquecitos en mi cuerpo y si digo cuerpo, me refiero a todoooo el cuerpo, claro en excepción de las cejas. Estaba feliz, porque odiaba que me depilaran con cera, dolía mucho y además, los vellos volvían a crecer, ahora con esto, jamás los volvería a ver. Pero… ¡Dios!, ¿cómo tuve el valor de pedirle a Edward esto?, ¿en qué forma se lo habré pedido?, ¿algún día lo sabría?

A Edward hacía más de una semana que no lo veía, él me evitaba lo más que podía. Me había dado cuenta que después de una reunión que había mantenido con Emmett y Jason, su comportamiento —las pocas veces que nos veíamos— se había vuelto más hostil y sus comentarios cada vez más hirientes. Me sentía mal y además, me sentía como un estorbo.

Un sábado él salió a divertirse con su familia, yo estaba invitada, Alice había llamado para hacerlo, estaba en la cocina y pensé que me andaba buscando cuando entró, tenía la certeza de que me llevaría, pero aún era una ilusa y recuerdo muy bien sus palabras…

Saldré yo solo… y la verdad, no creo que tú estés a la altura de mi Ana para cubrir bien ese lugar… Finges bien, niña… pero no le llegas ni a los talones a ella, aún te falta mucho.

Me dio mucha rabia después de que me dijo eso, yo sabía de sobra que nunca sería como ella y no quería serlo, pero sin embargo traté de retener mis lágrimas y no llorar frente a él, pero no lo logré, era un maldito y cada día lo odiaba más, pero también lo extrañaba… Extrañaba pelear con él, además, extrañaba esas salidas en donde me tenía que convertir en Anabella Swan. ¡Era una masoquista!

La última vez que salimos, fue el día anterior a que él saliera con su familia. A una cena de abogados. Todos me saludaron cordialmente y a muchos les agradó mi presencia nuevamente en esas reuniones, aunque a ciertas arañas no les agradó lo suficiente, en especial a la secretaria del gordo… Emma. Una morena muy linda, con un cabello negro, largo y una figura de infarto, pero no me preocupo, seguro Edward ni caso le hacía.

Esa noche, me vestí sencilla, pero elegante. Un vestido negro arriba de la rodilla, con detalles plata. Tenía la espalda cruzada, sin olvidar mis hermosos tacones plata, que la verdad es que ya les estaba tomando demasiado cariño. Solo hubo abrazos y besos en la mejilla, la actuación de esa noche no fue demasiado importante, aunque después de que pasaba todo el show, la situación con Edward se volvía muy tensa, había sido de esa manera desde la noche de la fiesta. Las pocas veces que lograba verlo, le insistía que me dijera, pero se negaba y me dejaba con las palabras en la boca. Aún recuerdo cómo desperté esa mañana y aún me siento tan mal, tan poca cosa. No cabe duda, me porté como una puta y no hay excusas, esa noche eso fui, una puta fácil, que cayó en los brazos del ser que más odio y no podía culpar al alcohol. La culpa había sido mía por estúpida…

*Flash back*

La luz entraba demasiado fuerte por la ventana, eso fue lo que me despertó. Descubrí que tenía un fuerte dolor de cabeza y no sabía el porqué. Con rabia, me coloqué la almohada encima de mi cara y me pegué más al cuerpo cálido que me acompañaba en la cama, me tenía rodeada de la cintura con su mano, yo coloqué la mía encima de la de él. Se sentía tan bien estar acompañada, nunca había despertado así y esto me gustaba. Estar acompañada ¡sí señor!… ¡Alto! ¿Acompañada?

— ¿Qué diablos…? —Me giré de golpe quitando la mano de mi cintura y pude notar que era Edward. ¡Dios!, estaba en mi cama y pude ver que estaba ¿desnudo?—. No, no, no, no… —comencé a hablar desesperada, pero ni con eso el maldito gordo abusador se despertó. La sábana estaba a nuestros pies y yo también estaba… sin ropa. Sentí que temblaba debido a los nervios—. ¡Maldita sea! —grité y me paré de la cama. La ropa de él y la mía estaba regada alrededor de la cama. Esto no pudo haber pasado, yo no debía de ser tan débil. ¿Por qué caí tan rápido?—. ¡Maldito alcohol! —grité, pero mi propio grito me dejó aturdida. El dolor de cabeza estaba peor y me estaban dando ganas de vomitar. Lo primero que hice, fue cerrar la maldita ventana, en estos momentos odiaba todo, no quería ni que la luz del sol me diera.

Comencé a recoger la ropa del suelo, me puse las bragas y después el sostén. Por lo menos ya tenía algo puesto. Planeaba tirar la ropa del maldito gordo por la ventana, pero ni ánimos tenía de levantarme y coger la ropa del suelo. Me volteé y miré hacia la cama, donde Edward estaba durmiendo. Se veía tan sexy. Tenía una espalda hermosa y marcada, sus nalgas las tenía paraditas. Tenía un trasero de infarto el muy maldito y en esa espalda tenía lunares, ¡Dios!, mi debilidad. Si por mí fuera se los contaría. Comencé a acercarme a él, seguro tenía el sueño pesado y ni cuenta se daba que lo tocaría. Tenía la curiosidad de sentir cómo era tocar a un hombre cuando dormía en tu cama. Mas sin embargo volví a sentir rabia y odio, ese hombre que estaba ahí, acostado, durmiendo plácidamente, él me había robado la libertad, se había adueñado de mi vida y además, me había arrebatado muchas cosas que yo quería disfrutar y experimentar lúcida, pero no, de nada me acordaba. Llegué hasta donde estaba acostado y me senté en un ladito de la cama. Después de todo, ya nada me quitaba si lo acariciaba, si ya casi todo me lo había quitado. Iba a tocarlo, pero comenzó a moverse, me paré rápido y le di la espalda. Tardó unos minutos en sentarse en la cama, aún se veía adormitado, parecía un niño… lindo.

— ¡Qué bonita manera de despertar! —dijo el muy maldito, me sonrió y me guiñó el ojo—. Buenos días, Anabella.

¡Idiota! Ni mi nombre recordaba. No sabía qué hacer, quería golpearlo, me volteé para verlo de frente y me dio vergüenza de solo verlo, estaba completamente desnudo y solo de verle esos músculos marcados de su cuerpo, me hacía sentir nerviosa. Cerré los ojos y me tragué mi coraje por un rato. Comencé a caminar hacia el otro lado del cuarto, donde estaba la puerta, no quería verlo. Me sentía como la peor puta del mundo y además, el pendejo ni de mi verdadero nombre se acordaba.

— ¿Te puedes vestir por favor? —le dije dándole la espalda y abriendo la puerta—. Y lárgate ahora mismo de mi cuarto, Edward —le grité. No quería verle la cara, me sentía enojada conmigo misma. Y la cabeza me comenzó a punzar.

—En primera, niñita, este cuarto es mío y no puedes correrme de mi propiedad… — ¡Maldito! No se cansaba de recordarme en mi cara lo pobre que era—. Y en segunda, si a ese caso vamos… ¿te podrías vestir también… por favor? —Sentí que me ponía roja como el tomate. Dios, siquiera no me vio desnuda, al menos yo ya traía algo encima—. Verás, es difícil concentrarse viendo ese culo tan respingón y hermoso tuyo… y conste que yo no lo quería ver, tú misma me lo estás enseñando. —No supe ni cómo, pero me agaché y tomé su camisa del suelo, me sentía mal estando solo en ropa interior ante sus ojos. Tal vez borracha ni de mi desnudez me había dado cuenta, pero ahora, ya pensaba coherentemente. Me la puse y el dolor de cabeza regresó a mí—. Te ves sexy con mi ropa encima…, la próxima vez que no se te olvide volvértela a poner.

— ¡No habrá próxima vez, estúpido! Eres un maldito abusador, Edward, te odio más que nunca. Te aprovechaste de mí porque estaba borracha —no le grité, hablé lo más bajo que pude. No quería que el dolor de cabeza se hiciera más grande. Lo miré a los ojos y él se acercó a mí—. ¡Lárgate de mi cuarto! No quiero verte, recoge toda tu maldita ropa y lárgate de mí vista. ¡Te odio! Cada día te odio más —ahora sí le grité, estaba llena de rabia con él y conmigo misma, también con el maldito alcohol que me hacía perder la conciencia cuando más la necesitaba. Estaba a escasos centímetros míos, mis manos picaban, mis ojos al borde de las lágrimas por la rabia y las mejillas de Edward rojas de burla. Sin pensar y medir mis movimientos, le solté una sonora cachetada—. ¡Te odio! —le grité lo más fuerte que pude y agaché la mirada. Me sentía mal después de que le pegué, pero se lo merecía por abusador. Ni se inmutó con el golpe, pero me sentía mejor después de haber descargado un poco de rabia.

—Cuida tus movimientos, niñita. —Me tomó las muñecas bruscamente y me pegó a él. ¡Estaba desnudo! Me hizo sentir incómoda. Pude ver que su mejilla adquiría un tono rojo en donde le había pegado. Ojalá se le pusiera morado—. Anoche no decías lo mismo, Isabella… — ¡Vaya! Recordó mi nombre. Me miraba como burlándose de mí—. Anoche me dijiste todo lo contrario. —Su sonrisa era pícara y de burla, la burla pura, ¿le parecía gracioso aprovecharse de una chica borracha y hacerle lo que él quisiera?... Pues a mí no—. ¿Sabes?… No soy un maldito abusador como tú dices… ¿Acaso notas algún rastro de violencia en tu cuerpo? ¿Acaso sientes dolor, fuera de lo normal, en alguna parte en… específico?

Bajé la mirada hacia mis pies, ahora no quería mirarlo a la cara. Lentamente, revisé esos detalles que él había dicho y, efectivamente, no había nada de lo que él decía… yo no me había resistido. Me sentí aún peor y no recordaba nada.

— ¿Qué pasó anoche, Edward? —le dije levantando la mirada y posándola en sus ojos. Tenía una mirada de burla, estoy segura que estaba a punto de burlarse de mí—. Si me estimas un poquito dime qué sucedió. Por favor…

—Mmm… no lo creo posible, hermosa, tú misma me pediste, que pasara lo que pasara anoche, hoy no te lo tenía que recordar cuando tú lo preguntaras y yo soy hombre de palabra, pequeña.

¡Maldito alcohol! No volvería a tomar nunca más y menos en presencia de Edward, ¡jamás! Y además, maldita fragilidad la mía, resulta que cuando más tomada estaba, más valientita era. Me soltó de su agarre y comenzó a recoger su ropa del suelo… ¿se iba a ir?

—Edward… por favor, no te vayas sin que antes me digas qué fue lo que te pedí… —casi le rogué, después de que había quedado como una borracha puta, ahora la estaba haciendo de idiota rogona.

—Aunque me ruegues que no me vaya, me iré… no insistas, Isabella… Pero si te sirve de consuelo… creo que es obvio lo que pasó anoche viendo toda esta ropa regada, ¿no? —Se dirigió hacia la puerta y antes de abrir, se giró y dijo—: Fue la mejor noche de toda mi vida… cuando quieras otra así, hermosa…, no dudes en pedirla, sabes que cumplo todos tus caprichos. ¡Claro!, todos… mientras tú primero me cumplas a mí. —Abrió la puerta y me lanzó un beso—. Por cierto… cada vez eres mejor actriz. —Sin más salió de mi recámara sin aún vestirse.

— ¡Eres un maldito imbécil! —le grité, lo más fuerte que pude. Aunque después me arrepentí, sentí que mi cabeza estallaría en cualquier momento.

Yo me volví a meter en las sábanas, sabiendo de sobra que era una cualquiera, que no respetaba las relaciones de los demás y que con mucho alcohol en el cuerpo, olvidaba todos los valores que tenía. Lloré hasta que me sentí tranquila, pero esto que yo no recordaba, jamás se me olvidaría… jamás.

*Fin del flash back*

Ahora, había algo que me preocupaba demasiado, pensaba en llamarle a Kate y preguntarle, o de plano, decirle a Edward y que él me ayudara y me contestara mi duda, pero de algo estaba completamente segura… tenía que ir al ginecólogo cuanto antes.

Gracias a Dios, Edward también pensó en eso, y segura estaba que ya me había apartado una cita con algún doctor, por ese lado ya estaba tranquila. No quería que ocurriera un accidente, no sabría qué hacer, si yo tuviera un… un… No, no podía ni pensarlo, yo no quería ser madre, nunca, prefería morir a tener un hijo.

De toda esa fiesta, recordaba ese doloroso encuentro con "mis padres", gracias a Dios, Edward se apiadó de mí y cada vez que me llamaban, le había dicho a Tanya que me negaran, que dijeran que me había ido de viaje a México, según él para volver a encontrarme "conmigo misma" y también para distraerme un rato, que regresaría en un mes. Y así fue, gracias a eso, a mí no me molestaban, pero según mi amiga decía que se la pasaban llamando a Edward todo el día, tanto en casa como en su trabajo y que Charlie estaba muy enojado con su hijita predilecta, debido a que se había ido sin avisarle a su padre.

Hoy me sentía especialmente sola, estaba en casa con la computadora que Jason me había dado por órdenes de Edward, aquí me estaría manejando para la escuela y esas cosas. Hasta me había dado las cuentas de las redes sociales de Anabella Swan y sus contraseñas, pero en realidad eso no me llamaba la atención, aunque de vez en cuando me metía a revisar sus intimidades y encontraba cada conversación con sus "amiguitos", que me daban ganas de irle a contar todo a Edward, pero mejor cerraba mi pico y me callaba, así disfrutaba ver al ingenuo de Edward creyendo que su noviecita santa le era fiel. ¡Estúpido! Y mi abuelita era virgen.

Con Kate y Santiago hablaba a diario, las cosas habían cambiado muy rápido, ellos eran felices y su felicidad me hacía feliz a mí, aunque no del todo. Santiago ahora tenía el bar más popular de Londres y ya hasta tenía un local mucho más grande y céntrico. Kate ya estaba estudiando Mercadotecnia y ambos vivían en una gran suite del hotel de Edward, la vida de princesa que tanto había deseado Santiago, me hacía sonreír. Aunque yo ahora estuviera más sola que un perro, porque hasta eso, Tanya ya casi no estaba en casa, yo sabía cocinar y ella se había ido a vivir a casa de sus padres, al parecer y lo poco que me había contado Alice, ya se había reconciliado con sus padres, por el momento no quise más explicaciones, ya que tenía demasiada información en mi disco duro y en cualquier momento se podría sobrecargar y formatearse automáticamente.

En lo que respecta a los Cullen, hasta hoy no sabía nada de ellos. Alice había desaparecido del mapa, desde ese sábado que me invitó a salir con Edward, no había habido ni una llamada, ni un mensaje ¡nada! Emmett y Rosalie, bueno, pues ellos eran un matrimonio, pero aun así, ¿no que la rubia era muy amiga de Anabella? ¿Por qué me deja sola y cuando más la necesitaba? Esas no eran amigas. Hoy en cuanto llegara Edward, le preguntaría y me tenía que dar explicaciones, estaría pegada a la puerta hasta que llegara, hoy era lunes y según yo, llegaba temprano, aparte, quería decirle unas cositas, hacerlo sentir mal le vendría muy bien a mi estado de ánimo. Necesitaba diversión, ¡ya mismo!

Me puse a escuchar música. Hoy ya no tenía nada que hacer, quería salir a distraerme un rato. No sería mala idea desobedecerle a Edward, ¿no? Me había dado órdenes irrevocables de no salir yo sola, pero lo necesitaba, necesitaba oxígeno verdadero, si él se divertía ¿por qué yo no? Además, hacía más de quince días que no salía de este encierro. Y según sabía, Jason no se despegaba del edificio, seguro se daría cuenta y me llevaría. Me quité la pijama de ositos y me puse una playera de tirantes color roja, unos shorts de mezclilla y me monté a unas plataformas a juego con la blusa. Me recogí el cabello en una coleta, tomé mi celular y un poco de dinero que tenía en mi cartera. Ese me lo había dado Edward para que Tanya hicieras las compras hace dos semanas. Pero todo estaba muy bien surtido, así que lo guardé para cuando fuese necesario y hoy ¡era necesario!

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Bajé a la calle y todo estaba despejado, no había rastro alguno de Jason, y mucho menos de Edward. ¡Sí! Me divertiría yo solita. No conocía esta ciudad, pero un taxi solucionaba todo. Cuando estaba arriba del taxi, le pedí al amable viejito que me llevara a un parque, el que fuera, me apetecía tomar un helado y sentarme a observar la naturaleza. Las calles de Seattle eran muy lindas, todo demasiado distinto a Londres, me gustaba más. De ahora en adelante saldría más seguido a visitar la ciudad. Cuando llegamos al parque, el señor del taxi me sonrió y me dijo que le saludara a Alice. ¿Él me había reconocido… es decir… a Anabella Swan? ¡Sí! Creo que sí.

El sol apenas y se veía, eran cerca de las cuatro de la tarde y había niños y señoras jugando en el parque, en medio de él, había una enorme fuente y muchos árboles. Me encantaba ver tanta naturaleza. Me senté en una banca y me puse a pensar cómo era mi vida antes… No me podía quejar, no tenía todas las comodidades del mundo, pero tenía una vida tranquila, además era libre y podía hacer lo que yo quisiera. Tenía dos personas maravillosas a mi alrededor que me querían y yo los amaba. No entendía por qué la vida se ensañaba conmigo, nunca podía ser libre al máximo. Apenas tenía unos cuantos meses de haberme escapado de mi más grande tortura, de ese horrible encierro en donde me tenían y cuando por fin comenzaba a disfrutar de la que era la verdadera vida, llega el estúpido de Edward y me encerraba él. Yo acepté estúpidamente porque quería la comodidad de mi única familia, pensé que yo también iba a ser feliz y disfrutar todo esto, pero no, era doloroso saber que tomas la vida de alguien que no eres, de que la vida que estás viviendo es falsa y no te corresponde, que no puedes hacer lo que tú quieras porque los demás te juzgarán y que en cualquier momento, alguien llegará y te arrebatará lo poco que tienes y regresarás a tu horrible realidad. Eso es lo que me pasaría, ella en algún momento llegaría y con la frente en alto me botaría de su lugar, su verdadero lugar y se quedaría con la persona que extrañaba en estos momentos, con el gordo, con Ed…

— ¿Isabella? —Una voz conocida me sacó de mis pensamientos. Alcé la mirada hacia la figura que estaba parada enfrente mío y sonreí al ver de quién se trataba.

— ¿Félix?... Félix. ¡Dios! —grité y me paré de la banca y me lancé a sus brazos, él me correspondió y me comenzó a dar vueltas. Yo reía me sentía como una niña. Mi corazón se sentía feliz, feliz de haber encontrado a alguien conocido. Aunque solo hayamos hablado dos veces, él me cayó muy bien y además era guapo, un novio perfecto. Si Edward no me hubiese traído para acá y yo hubiese seguido con mi vida normal, seguro él hubiese sido mi novio en la universidad. Hicimos clic desde el primer día. Y hoy que lo volvía a ver, sentía una adrenalina correr por mi cuerpo, claro, no igual que cuando veía a... Edward. Me puso en el suelo y lo volví a abrazar. Nos separamos.

— ¿Qué haces aquí? —preguntamos al unísono. Ambos reímos—. Yo… —siguió él— vine de paso con mis padres y venía a dar una vuelta al parque, cada vez que vengo me gusta pasarme por aquí… Pero tú… desapareciste de un día para otro, ¿vives con Edward? — ¿Qué? Él cómo sabía que yo…

— ¿Perdón? Tú… cómo... sabes… que… —le pregunté muy confundida, solo sabíamos de eso muy pocas personas.

— ¡Kate! —dijo—. Sí, Kate fue la que me dijo. — ¿Pero ella no me había dicho nada? ¿Por qué no me dijo que Félix me había buscado?

—De acuerdo. —Olvidaría eso, ahora disfrutaría de su compañía—. Tú… ¿conoces a Edward?

—No, no… que va, si te pregunté eso, fue porque tu amiga me dijo que vivías con un tal Edward, por eso pregunté. —Asentí no del todo convencida—. ¿Qué haces sola por aquí, Isabella? ¿Qué fue lo que pasó?

—Yo… viajé rápido para acá, Félix, verás… — ¡Diablos! No me gustaba mentir, pero lo haría—. Me ofrecieron una beca en una universidad aquí en Seattle y Edward… es el que patrocina eso y me propuso estudiar Diseño de interiores.

—Tu sueño… —dijo él riendo y sentándonos en la banca. Por lo visto mi amigo tenía buena memoria, no se le olvidó lo poco que le había contado de mi vida—. Me alegra que estés bien, Isabella, te he extrañado… —dijo nervioso.

— ¡Félix! Pero si solo nos vimos dos veces, ¿cómo que me extrañaste?

—Es raro, pero… es verdad. —Asentí, lo comprendía—. ¿Eres feliz? —preguntó serio. Se interesaba por mí. Pero por qué preguntaba eso y no otra cosa.

— ¡Mira! —grité cuando vi al heladero, me caía bien, pero no podía confiar demasiado en él… aún no—. Iré a comprar uno —dije tratando de pararme de la banca para ir a comprar, pero su fuerte mano me detuvo. Era fuerte y hasta dolor me provocaba—. ¡Me lastimas, Félix! —le dije, ahora me daba miedo.

— ¿Te lastimo? —preguntó enojado, ¿qué rayos?—. Tú lastimas la vida de mucha más gente y ellas no rechistan… y tú lo haces, eso es no tener vergüenza.

— ¿Qué te pasa, Félix? ¿De qué hablas?

—Eso no importa, creo que lo sabes de sobra, Anabella Swan… o Isabella impostora, ¿no?

Mi corazón latía con fuerza, pero no de emoción, de miedo.

— ¿Quién eres? —Me seguía apretando la mano y ahora dolía más. Forcejé para zafarme, pero era inútil.

—Las preguntas las hago yo… tú solo cállate y pórtate bien. —Se paró y me jaló a su lado, me agarró de la cintura, como si me estuviese abrazando. Esto me olía a peligro. Comenzó a caminar y me llevaba a mí a fuerza—. Gritas… y te vuelo la cabeza. A ti y a tus amiguitos. —Las piernas me temblaban.

— ¡Suéltame! Por favor. —Las traicioneras lágrimas amenazaban con salir. Otra vez me llevaban a la fuerza, esto no era justo.

—Eso te pasa por meterte en lugares donde no debes, chiquita. —A la orilla del parque, estaba estacionado un carro negro, con un hombre adentro. De repente, se me ocurrió sacar mi celular y llamar a Edward, él me rescataría. Lentamente bajé mi mano hacia la bolsa de mi short—. ¿Piensas que Edward vendrá en tu ayuda? Tks, tks, tks, no lo creo, niñita, Cullen ni por enterado de esto… y si se te ocurre preguntar cómo sé todo de ti… no te contestaré, solo te aconsejo… que se te quite la costumbre de confiar en extraños.

Cuando llegamos a la camioneta, me agarró de la nuca muy fuerte, me quejé del dolor, estaba a punto de meterme a la camioneta, cuando una negra más grande que esa, se le atravesó enfrente, impidiéndole el paso. No me dio tiempo de voltear a ver qué sucedía, solo me percaté de que la gente se tiraba al piso y se oían disparos y gritos. Sentí como Félix, o quien fuera, me soltaba del agarre y un hombre, que no sé de dónde salió, caía a mi lado mal herido y el chofer de la camioneta negra, se iba de lado y tenía sangre en la cabeza, ¡sangre! Entré en pánico, pensando en los niños, en mí y en que tal vez estos eran mis últimos momentos de vida. Comencé a llorar y no sé si grité. Pero estaba estática en el lugar donde Félix, o como se llamara, me había dejado.

— ¡Maldita sea! —gritaron y pude ver que Félix caía al piso mal herido de la pierna.

Olía a sangre y se seguían escuchando gritos de angustia y desesperación. Sentí como me desvanecía y caí en un hoyo negro. Todo quedó en silencio.

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Edward's Pov.

Hoy no era mi día, hacía más de dos días de la dichosa fiesta de cumpleaños y ahora todo estaba hecho un desorden. Miles y miles de periódicos, revistas y programas de televisión hablaban de la pareja Cullen-Swan y eran absurdos sus titulares…

"Se ven muy enamorados" "¿Cuándo se casarán?" "Salen del closet en la fiesta de Anabella Swan" "¿Estará embarazada?" "Edward Cullen se encuentra con ex amante".

… Una sarta de especulaciones y mentiras. Y por otro lado Rosalie y Alice insistiendo que saliéramos el viernes por la noche. Carlisle y Esme, implorándome que llevara a cenar a "Anabella" a casa y que de una vez por todas le pidiera matrimonio. Los padres de "Anabella" me llamaban a cada rato para preguntarme de su hijita e insistiendo que los dejara ir a visitarla para que se reconciliaran. Y por si faltara algo, Emmett y Jasper enfrente de mí con sus investigaciones del caso "Vulturi-Black". No lográbamos entender por qué tenían chantajeado a Charlie y aún no habían sido capturados. Por más que insistía en preguntarle al viejo, él solo contestaba y me decía que me conformara con saber que a mí y a mi familia nunca nos pasaría nada, que yo solo no metiera mis narices en donde no me importaba. Pero no me conformaba con eso y es por eso que mi equipo seguía investigando ese asunto y seguro estaba que algún día llegaríamos a saber por qué el temor de Charlie.

Mi vida era todo un caos, no sabía cómo ordenarla, es más, no sabía cómo se había desordenado, no supe cómo se me salió de las manos. Yo no sabía qué hacer y por si algo me faltara, tenía un difícil caso de un fraude en una empresa muy importante en Seattle, Carlisle me lo había pasado, él confiaba que yo lo resolvería y no lo iba a defraudar. Mis amigos hablaban y hablaban, yo no ponía atención, así que me levanté del escritorio y me fui a servir una copa de whisky, ese era un buen relajante.

Miré hacia la ciudad y sonreí al recordar lo que pasó en la dichosa fiesta. Nunca pensé que esa huérfana tuviese un duro carácter, o quizá fue el alcohol lo que le ayudó, pero la forma en cómo se enfrentó a Alec y como lo desenmascaró fue increíble, contando con que no lo conocía. Pero lo mejor, fue como se enfrentó a sus "padres" fue aún más memorable, creo que debería estudiar actuación, era demasiado buena para eso y mucho más para fingir. Pero era débil, aunque parecía ser fuerte, lo poco que la conocía, sabía que era lo contrario, porque en lo que correspondía a los sentimientos, cualquier situación la echaba abajo. Su valentía esa noche, la ayudó a hacerme sus tres peticiones, fueron inesperadas, pero la que me tomó desprevenido fue la tercera. No supe cómo reaccionar, yo no podía aprovecharme de ella y tomarla así y menos en su estado. Ella no pensaba bien lo que me pedía y estoy seguro que si estuviera en sus cinco sentidos, eso… ni por equivocación me lo pediría. Cuando le dije que no y ella lo volvió a pedir y además dijo que nadie lo recordaría, le tomé la palabra, era hombre y por mucho que me quise controlar, no pude y decidí que moría por estar dentro de ella. Aunque sé que no se acordaría al día siguiente, haría que su primera vez, porque para mí la primera no fue, fuera tierna y la disfrutara. No se me haría difícil imaginar que era mi Anabella, ya que físicamente eran idénticas, pero cuando la acaricié y la comencé a besar... enseguida supe de quién se trataba y por esa noche sería mi Isabella, por lo menos una noche me lo permitiría. Además, su mirada era tierna, y supe que se entregaría a mí en cuerpo y alma, ¡era un imbécil con suerte! La estimulé con mis dedos, toqué y acaricié sus labios íntimos, estaba tan húmeda, que supe lo mucho que me deseaba. Sus senos, eran la perfección, sus labios sin duda alguna mi perdición, pero no dejaría que se convirtieran en mi droga, porque me volvería adicto, además, yo amaba a alguien más. En ese mismo momento me di cuenta que sería infiel por segunda vez, pero valía la pena y más por esa mujer. Ella gemía y jadeaba, con sus suaves manos, acariciaba mi espalda y le dejaba leves rasguños que me hacían excitar más de lo que ya estaba. Constantemente buscaba mis labios, la acomodé en la cama y cuando supe que ya estaba lista para recibirme, me posicioné entre sus piernas y me coloqué en su entrada, sin importarme las consecuencias, no me protegería, después de todo quería ser padre y seguro estaba que ella también quería ser madre, ¿no? Cuando estaba a punto de penetrarla, la besé y ella cerró sus ojos, pensé que era por lo que venía a continuación, pero me equivoqué, ella dio un suspiro largo y relajó su cuerpo quedándose profundamente dormida.

Era la primera vez que me pasaba algo así con una mujer y no pude aguantarme la risa, pero después de eso, tuve que terminar yo solo con el problema que tenía entre las piernas. Pensé en salirme de su recámara, pero después se me ocurrió una idea mucho mejor, seguro estaba que la haría rabiar en la mañana. Me acomodé en su cama y no pude resistirme a abrazarla, pegarla a mi pecho, ella suspiró y me abrazó, era tan placentero tenerla tan cerca y tan pasiva, además su olor era exquisito, a fresas, era una niña, pero era única y no sé qué tenía su personalidad, que hacía que te acostumbraras a ella en pocos días y eso estaba pasando conmigo. Seguí observándola y pensando cosas banales y me quedé dormido. A la mañana siguiente, mi idea fue un éxito, la pobre chiquilla parecía una fiera, pero cuando se le ocurrió pegarme, me molesté tanto que no me importó lo que le dije y si ella se comportaba así, yo lo haría peor, no le diría lo que en realidad había pasado, se quedaría con la duda y ese sería su peor castigo.

—Medio dólar por tus pensamientos —dijo Jasper—. Te pierdes, Cullen.

—Lo siento —dije regresando a la mesa—, ¿en qué estábamos?

—En que Isabella va bien con sus clases de Diseño de interiores —dijo Emmett—. La chiquilla es más inteligente que Anabella… quién lo diría.

—Es que le gusta, chicos, si vieran, pone tanta atención a cada clase, ojalá todas mis alumnas fueran así. —A Jasper se le veía bastante animado. En eso el celular de Jasper comenzó a sonar—. Jason —contestó, solo asentía y al final dijo un "ok" y su semblante cambió, se le veía molesto—. Cullen… ¿crees que porque soy tu amigo puedes seguir tratándome como un perro?

— ¿De qué mierda hablas? —le pregunté mirándolo a él y a Emmett, era un bipolar.

— ¿Que de qué hablo?... Y todavía lo preguntas. —Suspiró cansado y se paró de la silla apretando el puente de su nariz. Emmett y yo lo veíamos sin entender nada—. Que ya no quiero que me mandes de niñero de tu hermana, eso es tratarme como un perro. —Tanto Emmett como yo soltamos una risita—. ¿Y se ríen?

—No hagas drama, Jasper, si mi hermanita es inofensiva —contestó Emmett aún riendo.

— ¿Inofensiva?... Que te pida que la acompañes de compras durante cuatro horas y veremos si regresas pensando lo mismo.

La risa se nos borró del rostro a ambos y ahora el que sonrió fue él.

—Bien… y dejando tu drama, Jasper, de qué estaban hablando antes.

—Pues de lo que tú no quieres entender, Edward —contestó Em molesto—. Queremos saber si te sigue interesando cuidar tu puta vida y que además, recuerdes que tienes enemigos fuertes a tu alrededor, que no descansan y de los cuales debes cuidarte a diario el culo —me dijo en modo de reproche.

—Eso lo sé de sobra —les contesté molesto—, no se me olvida nunca y saben que a diario les cuido a ustedes también su gran culo y es por eso que traje a Isabella conmigo, si no, todos estaríamos fritos ya. —Ellos me sonrieron más tranquilos—. Comenzando por Charlie, si él ya lo hubiese descubierto… nuestro imperio ya se hubiese caído. —Ellos asintieron—. Entonces no veo razón a su preocupación.

—Pues yo sí, Edward —dijo Jasper volviéndose a sentar—. ¿Sabías que Jacob Black volvió a entrar a nuestro país?

Negué y debo reconocer que me tomó por sorpresa.

—Y tú juras que te estás cuidando el culo —intervino Emmett, negó y tuve ganas de matarlos a los dos, tenían razón.

—Además, fue imposible no escuchar lo que decían los señores Swan el día de la fiesta… que era imposible que fuera ella y ya sabes cómo es Renée de sensible. Solo repetía que era un milagro y que…

—Jasper —lo interrumpí y vinieron a mi mente las palabras de Renée, pero no podía ni desmentir ni asegurar nada, tenía que investigar y llegar hasta el fondo de este asunto—, necesito que investigues de pies a cabeza a Charlie y a Renée Swan…, y cuando digo todo es todo, chicos —les dije a ambos.

—Pero…

—Pero nada, Emmett, yo sé que una vez ya los investigaron, pero ahora quiero una mejor… a fondo, ¿entienden? —Asintieron—. Que sea lo más pronto posible, busquen hasta por debajo de las piedras si es posible… quiero todo.

—Entendido, mi capitán. —Jasper y sus bromas para relajar el ambiente—. Pero Edward… —Volvió a sonar preocupado—. Aún hay algo más que tienes que saber. —Asentí para que continuara—. Jane Vulturi buscó a Emmett y le dio un aviso para ti.

—Dámelo. —Miré en la dirección de mi hermano y él se tensó, esto no estaba bien.

—Si ves que me tenso, Edward, es porque esa bendita rubia hizo que me peleara con mi Rosie… y tú sabes cómo se pone esa mujer cuando se enoja. —Asentí, lo sabía y lo sabía de sobra—. Si Jane me dio miedo, fue porque sabía que me traería problemas con mi rubia… pero lo que me dijo, me dejó confundido… ella dijo: "Dile a Edward que se cuide… —Em comenzó a imitar su voz, Jasper y yo reímos, se escuchaba como si tuviese tapada la garganta, era tan gracioso—… y que cuide al segundo tesoro de Charlie —continuó—, ya que al primero no lo cuidó como era debido y por eso se lo arrebataron de las manos, y que lo disfrute, porque no lo tendrá por mucho tiempo… Que la guerra apenas comienza" —terminó de decirlo y tosió… él mismo comenzó a reír y cuando paró se me quedó mirando serio—. ¿A qué se refería, Edward? —me preguntó preocupado.

Yo, a diferencia de él, estaba intrigado, esa rubia sabía más cosas que yo, seguro estaba que ella sí sabía por qué Charlie les temía y de alguna forma también los protegía, me daba igual las amenazas de esa mujer, para mí, era inofensiva.

—Sé lo que piensas —me dijo Jasper levantándose a servir tragos para los tres—, pero aunque sea mujer… recuerda que es Vulturi, Edward y sus amenazas no deben de pasarnos desapercibidas.

—Lo tengo presente, Whitlock, pero ahora hay algo de lo que sí me preocupo —le dije, Jasper me pasó el trago y volvió a sentarse, ambos me miraron intrigados.

— ¡Vaya!, pensé que no tenías sentimientos. —Emmett y sus comentarios sarcásticos. Le miré feo, me estaba molestando—. ¿Cuál es tu preocupación, hermanito?

—Si Black entró nuevamente a este país, creo que Anabella aparecerá en cualquier momento y yo no sabré cuándo dará el golpe… mi teatro caerá y Charlie… —ni siquiera terminé la frase. Si eso pasaba sería demasiado rápido para mí. Me tendría que separar de Isabella y regresaría ella… todo volvería a ser igual, pero yo no podría seguir fingiendo, si ella regresaba yo la sacaría de mi vida para siempre. Pero sería demasiado pronto, ¿no?—. Por primera vez le temo a una mujer… ¿se dan cuenta de eso?

—Eso es para que de una vez por todas te des cuenta que el karma existe, hermanito… El que la hace la paga. —Sonrió levemente y Jasper también.

—Déjate de chistosadas, Emmett y date cuenta que si yo caigo… todos caemos. —Sus sonrisas desaparecieron—. Así que… también tienen que preocuparse.

—Tranquilo, Ed… —Jasper tomó un sorbo de su copa y continuó hablando—: Anita no viene con él, ella sigue vacacionando en quién sabe dónde, no es tan tonta como para regresar a tu lado, sabe que no la perdonarías, ¿o sí?

Negué.

—Pero no puedo sacarla de mi lado, chicos… eso significaría acabar la relación de paz con Charlie Swan y ahí sí todo se vendría abajo, así que… tengo que hacerme a la idea de que ella regresará a mi lado y no me importa que me odie más, primero está mi familia y después mi felicidad.

—Tú siempre tan sacrificado, hermanito…, por eso te admiro… Aunque, ¿saben? No tienes que soportar todo el tiempo a Anabella Swan a tu lado… tiene que haber una forma de librarte de ella, si Charlie sabe que terminas con su hija no creo que sea tan imbécil como para ordenar inmediatamente que nos arresten, ¿crees que le gustaría al viejo que todo Seattle se entere de dónde sale el dinero para mantener a este país? —Jasper y yo negamos—. Y tampoco le conviene que se sepa que está conviviendo a diario con narcotraficantes como nosotros, porque es obvio que no nos quedaríamos callados… el viejo es inteligente y no echaría a perder su gran carrera política, ¿no?

—En eso tienes demasiada razón —le dije.

—Como siempre —contestó orgulloso.

—Pero no estoy tranquilo de que los Black también quieran marcar su territorio, eso les costará y deben de saberle también algo muy importante como para que Charlie no los haya capturado ya, ¿no creen? —Asintieron—. Yo tengo a Charlie de los huevos, no le conviene que a su princesita le suceda algo… —Sonreí, el estúpido no se daba cuenta que en realidad Anabella no estaba a mi lado—. ¡Es un imbécil! Ni siquiera conoce lo suficiente a su verdadera hija.

—Es que la chiquilla finge bien, Edward, ¿verdad, Emmett?

—Ni dudarlo, Jas, porque si el jefe Swan se hubiese dado cuenta… ya hubiese estallado la tercera guerra mundial.

—Ni que lo digan —dije yo.

Nos quedamos callados por un rato.

— ¿Edward? —habló Jasper rompiendo el silencio. Asentí para que continuara—. Nunca te has preguntado por qué los Vulturi nunca han sido capturados por Charlie, sabiendo él que también se dedican al narcotráfico…

— ¿Y se dan cuenta que los Black van por el mismo camino?... Es como si le supieran algo a Charlie, ¿no? —dijo Emmett.

—Tú y yo sabemos muy bien que los Cullen, o sea, nosotros, dominamos el mercado… pero esas familias nos vienen pisando muy rápido los talones… pero, ¿por qué les teme Charlie?

—No lo sé, chicos. —Me levanté y miré nuevamente hacia la ventana—. Pero algún día lo sabremos.

Seguimos platicando de cosas ajenas al trabajo, ellos me preguntaron acerca de la fiesta y de cómo se comportó Isabella, les conté dato por dato. Al igual que yo, ellos se asombraron de Isabella, y al igual que Alice, me dieron el "consejo" de que no la desaprovechara, pero estaban locos si creían que les haría caso…

—Están locos, es una niña y además me odia.

Jasper sonrió.

—Pues yo no creo que te odie… en la clase de hoy en la mañana dijo que te extrañaba… Bueno, que extrañaba pelear contigo… eso quiere decir que no te odia.

—Eso quiere decir que se aburre de estar sola… que es diferente —corregí.

—Pues como sea… pero Rosalie quiere salir con ella…

— ¡No! —les grité—. No dejaré que Isabella se relacione con la familia, sería doloroso para ella acostumbrarse a nosotros y luego regresar a su realidad… Además, será más difícil aún, que cuando regrese Anabella, Rosalie esté acostumbrada a la falsa Anabella, ¿no crees?... Es por el bien de todos. —Y más por el bien mío, no quería que la pobre chiquilla se enamoré de mí, y yo no quería acostumbrarme a ella.

—Estás loco, Edward, la harás sufrir más teniéndola encerrada y sola, ¿no crees? —Ya iban a empezar los necios.

—Lo que yo creo es que ya fue suficiente de pláticas por hoy… Así que, tú ve y sigue cuidando a Isabella que ya la has dejado sola hoy por mucho tiempo, y tú, Emmett, también sigue trabajando.

—No te haré caso, hermanito —dijo Emmett levantándose y caminando hacia la puerta—. Lo que sí haré, es ir al médico con Rosie, luego les cuento, tal vez pronto haya un pequeño grandulón corriendo por la mansión Cullen.

Sonreímos y el pequeño gigante salió de mi oficina. Jasper se paró y antes de salir dijo:

— ¿Puedo pedirte algo, amigo?

—Lo que quieras… pero quita esa carita de gay, Jasper.

Sonrió y negó.

—No hagas que me aleje de Isabella, ¡por favor! —habló casi en ruego. Sentí raro, es que… ¿a Jasper le gustaba… Isabella?—. No es porque me guste ni nada de eso, sino que quiero estar lejos de Alice… —Su mirada cambió, ¡no entendía nada!—… es una tortura. —Sonreí, seguro estaba que ahí había algo más. Pero… no, era imposible. Negué y como manía me toqué los labios—. Además, Edward, si Jacob regresó a Seattle, no fue por nada bueno, sabemos cómo se las juega y él… —No entendía a qué se refería—. Creo que ni cuenta te has dado de lo que te quiero decir. —Negué—. Edward… él sí sabe que Isabella está suplantando a Anabella. —Fue ahí cuando entendí a lo que se refería. Me di cuenta de que Isabella estaba desprotegida en estos momentos y además me di cuenta que en cualquier momento él podría dar el golpe y sacar todo a la luz, de esa forma se vengaría de mí. Pero una idea cruzó por mi cabeza, si ya había entrado y no se había acercado a Isabella, y yo no había visto a Isabella en estos días… eso quería decir que, ¿estaban de acuerdo? Porque había algo de Isabella que aún me hacía dudar, había algo en ella que no me hacía confiar lo suficiente, que tal si en esa piel de oveja… se escondía un león y ella, al igual que Black, me quería hundir, de esa forma se vengaría el que yo le hubiese robado su libertad… No, imposible… ella no podía ser así, ¿o sí? Anabella lo hizo, ¿por qué ella no?—. ¿Edward? —Jasper me sacó de mis pensamientos.

— ¿Qué sigues haciendo aquí, imbécil? —Frunció el ceño, yo también podía ser bipolar—. ¡Ve a cuidar a Isabella! Y no te despegues del maldito edificio —le grité ya molesto debido a mis conclusiones, no me podía dar el lujo de confiar en nadie—, y también quiero un informe detallado de la última semana de Isabella en Londres, contacta a ese detective hijo de puta y sácale todo lo que tenga, ofrécele lo que quiere, pero tiene que darte todo lo que tiene y si no… que busque.

Mi pobre amigo ni contestó, solo asintió y salió de la oficina.

Después de eso, me quedé solo en la oficina, no me había tranquilizado, me sentía vigilado y tenso. Seguí con el caso de fraude y por fin le encontré la solución. Lo estudié a profundidad y supe que esa demanda mercantil era absurda, el actor, carecía de fundamentos y de pruebas, sus testigos se contradecían y con eso ya lo tenía en mis manos, con Edward Cullen nadie se metía, haría puré a esa gente y mi cliente saldría libre de toda culpa.

El día se fue rápido, salí de la oficina a las nueve en punto, ya Seth me esperaba afuera. Seth, era mi otro chofer cuando Jasper no se quedaba conmigo, él también era mi amigo y le tenía mucho aprecio.

El tráfico estaba pesado y estaba seguro que Isabella ya estaría durmiendo, debido a los masajes que recibió en el spa. Ayer mismo arreglé esa petición de Isabella, el de la depilación láser, pero además, le pagué todo completo, según Alice, recibiría masajes, tratamiento en el cabello, le arreglarían las uñas y al final le harían la depilación láser por seis semanas.

No sé, ni me explico, cómo fue que todo se me salió de las manos. Fui un estúpido al creer que Anabella me amaba como decía, pero eso solo me pasaría una vez, dos ya no. Ahora que lo pensaba mejor, estuve seguro de que Jacob se puso muy bien de acuerdo con Anabella para llevar a cabo su plan, me vieron la cara y yo ni cuenta. Y no culpaba a Ana por querer vengarse de mí y odiarme, después de todo, yo robé su vida y le arrebaté su felicidad, creyendo que el dinero le compraría todo, tal vez le ayudó a superar su adicción, pero lo que jamás superó, fue que la alejara del amor de su vida: Jacob Black. Me dolía aceptarlo, pero era verdad, ese maldito me había arrebatado lo que yo ya le había ganado. Aún recuerdo cómo es que se la arrebaté…

*Flash back*

— ¿Tú? Mocoso insolente… ¿crees que me darás miedo? —Soltó una carcajada y azotó su vaso de licor barato en su escritorio, yo estaba parado de frente, mirándolo retadoramente. No tenía ni idea con quién hablaba. Su oficina era tan fea y además, era tan pobretón como yo hace cinco años—. No sé ni quién eres… y mucho menos me interesa, así que… —Se levantó y se dirigió a abrirme la puerta—. ¡Lárgate de aquí!

—Jefe Swan —dije aún dándole la espalda. Ignorando que me estaba corriendo y me senté en la silla—, creo que aún no he tenido el placer de presentarme. —No sé si se movía o no, pero le dejaría bien claro con quién hablaba—. Soy directo, así que… empecemos como se debe. —Sentí que comenzó a caminar y vi que volvió a ponerse cerca de su escritorio, mirándome con desprecio y quedándose parado—. Le suena el apellido Cullen, ¿señor? —Su cara fue un poema, cambió totalmente. Esperé a que contestara, pero no lo hizo—. Mire, señor… no me andaré con rodeos, soy Edward Cullen, abogado prestigioso y solo personas como usted saben que soy narco… Lo que quiero y le vengo a exigir… es simple. —Se puso blanco y creo que de la impresión tuvo que sentarse—. Hace un mes que conocí a la drogadicta de su hija, me gusta y la quiero conmigo —le dije ya enojado. Pensé que sería feliz con la chiquilla y además, se la arrancaría a Jacob, al cual ya odiaba desde hacía años atrás.

— ¿Usted cree que mi hija es un objeto? —preguntó por primera vez.

—Lo que yo creo no importa… solo quiero a su hija… pero al parecer no entiende y yo se lo explicaré mejor. —Me paré y comencé a caminar de un lado a otro—. Usted y yo sabemos que su carrera política es una mierda y a este paso que va, no pasará de ser un mediocre jefe de policía, yo le propongo dos cosas… —Me detuve y lo miré a los ojos—. La primera, me da a su hija, yo la protejo, le doy lo que necesite y además, la saco de sus adicciones, y como bono… la alejo de los Black. —A esta altura el viejo ya estaba morado—. Yo le aseguro que le ayudaré con su carrera política, le garantizo que en cuatro años usted será presidente de este hermoso país, y a su familia no le faltara nada, dejaran de ser unos pobretones… —Charlie apretaba los puños de puro coraje—. La segunda, que no le conviene…, daré a conocer la salud de su hija y la gente se dará cuenta que si no puede controlar ni a su propia hija, no podrá controlar a un país entero, y ahí sí, la poca carrera política que tiene se irá abajo, y… no lo sé, pero tal vez algún día su hija aparezca fría en algún camino y Jacob Black se irá con ella. —Esta amenaza era falsa, yo nunca me mancharía las manos de sangre, pero fingía tan bien, que el jefe Swan estaba a punto de desmayarse.

— ¡Hijo de puta! —gritó.

—Mida sus palabras, Charlie. —Me dirigí hacia la puerta—. ¿Sabe?… Solo las personas inteligentes saben hacer negocios conmigo. —Le di la espalda y antes de salir grité—: Con su secretaria le dejo mi número, espero su llamada mañana a las siete de la mañana, veremos qué decisión tomará. —Dicho esto, salí y azoté la puerta.

*Fin del flash back*

Y ahora… aquí iba yo, en una carretera solo, sin Anabella, la mujer que amo. Y llegaría a casa y en ella estaría una pobre chica, imitación barata de mi Anabella Swan. Era un cerdo, Isabella me daba lástima. Desgraciadamente esa noche, ella estaba en el momento y lugar equivocado, y ahora su vida se había convertido en un infierno. Siempre sucedía lo mismo con las mujeres que traía a mi lado a la fuerza, les daba los lujos y comodidades, pero ellas eran infelices. Pero con Isabella fue distinto, porque ella no fue un capricho, ella fue algo… inesperado. ¡No!, pero Anabella no había sido un capricho, ¿o sí?

Por ir pensando tantas cosas, ni cuenta me di que llegamos a casa. Bajé del carro, le ordené a Seth que se fuera a descansar y yo me metí al departamento. Cuando entré, casi todo estaba apagado, solo se veía la luz de la lámpara de mesa que estaba cerca del sillón, la casa estaba en orden y olía a limpia, además, se sentía ese aroma a fresas que se me estaba haciendo tan familiar. Caminé hacia la lámpara para apagarla y después iría a la cocina, seguro a esta hora Isabella ya estaría durmiendo. Pero para mi sorpresa, no estaba durmiendo en su habitación, sino que lo hacía en el sillón. Fui a su habitación por una manta y regresé de inmediato, cuando se la coloqué, ella se movió y se despertó. Se sentó y se talló los ojos como una niña pequeña. Yo no quería verla, porque seguro estaba que me pondría más de mal humor con sus preguntas.

—Hola —me dijo tímidamente, adaptándose a la luz de la lámpara.

—Hola, Isabella, disculpa si te desperté —le dije en tono de disculpa, metiéndome las manos a los bolsillos de mi pantalón.

—Mmm, no te preocupes… hoy estuve mucho rato de perezosa en casa.

—Bien…, ve a dormir, yo iré a cenar algo. —Estaba a punto de darle la espalda, pero ella habló:

— ¿Edward?

— ¿Ahora qué, Isabella? —pregunté malhumorado, seguro ya comenzaría con sus preguntas.

—Solo… mmm… quería pedirte que me digas en realidad qué pasó esa noche, ¡por favor, Edward! —casi me gritó, la miré fríamente. No podía dejar que esta chiquilla sintiera algo por mí, de esa forma no la iba a lastimar. Tenía que comenzar a odiarme.

—Te lo repetiré por última vez, niñita —le hablé claro y firme. En sus ojos pude ver miedo—. Creo que si tú amaneciste desnuda y yo igual… —La tomé por la cintura y la acerqué a mí, ¡maldita la hora en que se me ocurrió hacer eso! Ella tembló y yo me sentí excitado, esa mujer… No, ella tenía que odiarme—. Es obvio lo que pasó, Isabella. —Le di un leve beso en los labios y con toda mi fuerza de voluntad la alejé de mí. Ella me miraba triste, como decepcionada de ella misma y sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas.

—Entonces tú y… yo. —Me encogí de hombros—. Tú te protegiste, Ed…

—No lo recuerdo, Isabella —le dije sin importancia. Era un poco hombre, pero estaba seguro que Isabella se estaba haciendo ilusiones conmigo y no se lo permitiría—. Pero para estar más seguros, te llevaré a un ginecólogo. —Le di la espalda y comencé a dirigirme a la puerta de la cocina—. A por cierto… —Una idea vino a mi cabeza, así los viejos Swan dejarían de joderme un poco—. Como tus papis falsos insisten en verte… y como tú metes a cada rato la pata, les diremos que te fuiste de vacaciones a México, a reencontrarte contigo misma. —Sin decirle nada más, me metí a la cocina y pude oír como sollozaba. Me dieron unas ganas inmensas de ir a abrazarla, pero no podía ser tan débil y no lo sería nuevamente con una mujer. Isabella solo era el reemplazo de Anabella, ella solo tenía que cumplir, al fin yo le pagaba por sus "servicios" y ella ya me daba lo suficiente.

Solo tomé un poco de leche y fruta, no tenía más hambre. Y como todas las noches, desde que llegó esa chiquilla a mi departamento, después de ducharme y ponerme la pijama, me metía por la puerta de acceso a su habitación y la observaba dormir. Era tan placentero hacerlo, así se veía tan frágil e inocente, además de tierna con esa ridícula pijama de ositos. Sin embargo, esa noche habló en sueños, pero con palabras distintas a las que había oído noches pasadas…

—Te quiero… Te quiero mucho, Edward. —Se removió inquieta y supe que tenía que actuar rápido para que ella me odiara, tenía que hacerlo por ella… Se estaba enamorando de mí en pocos días y yo me estaba… ¡No, imposible! Y como el marica que era… salí rápido de ahí.

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Los días pasaron y todo estaba tranquilo, o eso parecía. Yo seguía metido en mis asuntos y había evitado los más que podía a Isabella. Hasta el viernes, que tuvimos que salir a una cena con unos abogados. La traté lo más distante que pude y solo hubo abrazos y ligeros besos. Ella se veía hermosa, como siempre, pero esa noche, me daban ganas de follarla desde el momento en que la vi, pero no, no podía, ella me tenía que odiar. Vi como Emma me buscaba, ya le había dejado claro que con ella no me metería, pero no entendía. Pude sentir como Isabella marcaba territorio y eso me llenaba de orgullo. Cuando regresamos a casa, todo fue silencio y al parecer Isabella ya había entendido que no le diría nada de lo que sucedió la noche de la fiesta, porque ya no preguntó nada.

El sábado, salí a hacer ejercicio con mis amigos, como todos los días. Emmett nos contó que Rosalie nos tenía que dar una noticia hoy en la noche y que teníamos que ir todos, así que no me pude negar a la salida. Según supe por mi hermano, Alice estaba muy molesta porque le quité a Jasper de guardaespaldas y que según, esta noche, me lo reclamaría. Jasper, por el contrario, estaba feliz.

Llegamos a casa y nos metimos a la oficina, al parecer el informe de Isabella ya estaba listo. El de los señores Swan, aún le faltaban algunas cosas.

—Ese detective tiene su precio, Edward, pero no hay nada que no se pueda comprar en este mundo. —Tomó la portátil y abrió el informe, y lo que había ahí me hizo llenar de rabia.

— ¡Lo sabía! Es una hija de puta, ¡estaban de acuerdo! —grité.

—Cálmate, hombre —me dijo mi hermano hablando bajo—, ella puede oír y todo se vendría abajo.

—Me voy a vengar, chicos, y haré que me implore perdón… Son iguales las dos. —En ese informe, había fotografías de Isabella con Jacob, la misma información, solo que con esas fotografías incluidas. Se les veía feliz, en una banca de una escuela, comiendo, aún parecía temprano, porque se veía la luz del día. Jacob Black también estaba unido con Isabella, claro, por eso todo coincidió, por eso la encontré en ese bar después de que ella me habló—. ¡Pero que estúpido soy!

—Tranquilo, hermano —dijo Jasper—, tiene que haber una explicación a esto, aquí hay algo que no me cuadra. —Jasper comenzó a explicar su teoría, pero yo no le puse atención. Solo me puse a pensar lo imbécil que era, cómo pude confiarme de esa mujer. Cómo pude confiarme de Jasper y hacerle caso a su primer informe—. Edward… —Volteé a mirarlo—, estoy seguro que Isabella no tiene nada que ver con ellos… y te lo voy a demostrar, amigo.

—Yo también pienso igual que Jasper, hermano… Isabella no tiene nada que ver con esto.

—Pues mientras piensen o no… yo no quiero a Isabella cerca de mi familia… quiero que le prohíban a Rosalie y a Alice que tengan contacto con ella. Le quitaré el celular y la tendré más vigilada que nunca, ahora sí su vida será peor que un infierno. Mañana mismo hago que Tanya se vaya de casa, no quiero que ellos corran peligro por mi culpa… Isabella es un peligro en este momento, seguro están esperando el momento preciso para dar el golpe, pero yo se los ganaré.

—Creo que estás exagerando, Edward… esa chica no es así —eso fue lo último que dijeron y salieron de ahí.

Yo solo me quedé observando las fotos en la pantalla… Ella también me había defraudado, sabía que no podía confiar demasiado en ella.

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— ¿Dónde dejaste a Isabella? —Ya habíamos pasado a recoger a Alice a casa, eso lo hacíamos siempre que salíamos. Íbamos rumbo al bar donde ya nos esperaban Emmett y Rosalie.

—No quiso venir…, se sentía mal —mentí, recordando las palabras que le había dicho a Isabella...

*Flash back*

Ya estaba listo para la salida de hoy en la noche, me metí a la cocina a tomar un vaso de agua y ahí estaba la traicionera de Isabella con su ridículo pijama de ositos, me daban ganas de correrla de mi vista, pero tenía que aguantarme. Me vio y sonrió, por amabilidad hice lo mismo… era una hipócrita.

—Por educación… —le dije acercándome a la alacena a tomar una vaso—, te aviso que saldré esta noche a cenar con mis hermanos. —Me arrepentí de darle explicaciones, no se las merecía, me acerqué a la jarra de agua y vertí un poco en mi vaso—. Regresaré tarde. —Me puse de frente y vi una mirada de tristeza en sus ojos. ¡Dios! Eran tan diferentes, Isabella manipulaba con su ternura, que casi era imposible odiarla.

— ¿Puedo… puedo ir contigo? —preguntó con timidez.

No, yo no quería tener al enemigo más cerca de mi familia, la alejaría los más posible y así ella me odiaría.

—No, Isabella, recuerda que tú solo eres la suplente de Ana para ciertas cosas y aparte… ella no convivía mucho con mi familia —le dije tomando el agua—.Saldré yo solo… y la verdad, no creo que tú estés a la altura de mi Ana para cubrir bien ese lugar… Finges bien, niña… pero no le llegas ni a los talones a ella, aún te falta mucho. —Vi como en sus ojos se formaban lágrimas, pero no me conmovería, ¡era un maldito perro! Pero era por el bien y la seguridad de todos.

— ¡Te odio! Te odio con toda mi alma, Cullen —me gritó y salió corriendo de la cocina.

*Fin del flash back*

— ¿Crees que me vas a engañar? —me preguntó molesta—. Yo la invité antes que a ti, yo le di la idea a Rosalie de esta cena, porque yo también daré una noticia… Ella estaba tan entusiasmada de salir y poder convivir con nosotros, y ahora tú me dices que estaba enferma, ¡eres un... Edward!

—Solo no te metas, Alice —le dije molesto y miré a Jasper quien negó, estaba de acuerdo con Alice—. Son mis decisiones y punto. —Después de eso nadie habló en el camino.

Ya en la cena, en el bar privado de siempre, Alice seguía enojada y Rosalie aun peor. Al parecer Emmett ya les había dado la noticia de que no verían mucho a "Anabella", ya que se había ido a un viaje.

—Siento como si la alejaran de nosotras, recién se comenzaba a llevar bien con Ali y ahora las alejan, ¡no es justo! —Y de pronto mi cuñada comenzó a llorar, Emmett la miraba con ternura.

—Lo mismo digo…, pero a mí no me engañan —dijo la enana echando chispas.

—Bueno… —interrumpió Emmett—, yo opino que hay que empezar con las noticias, ¿no? —Asentimos—. Bien… pues… Rosalie y yo…

— ¡Vamos a ser papás! —gritó Rosalie, llorando más fuerte que nunca.

Todos felices los comenzamos a felicitar y la pobre de Rosalie, que según dijo Emmett lloraba por las alocadas hormonas, seguía llorando a mares.

—Nuestros padres ya lo saben… apenas tiene un mes y medio —dijo Emmett abrazando a mi cuñada.

— ¡Dios! Todo lo que le compraré a esa bebé —comentó mi hermana entusiasmada—. De acuerdo —dijo Alice con una enorme sonrisa en su cara, al parecer ya se le había pasado el enojo—, voy a ser la protagonista de 50 sombras de Grey.

Todos tosimos, eso no podía ser cierto.

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El lunes, me fui a la oficina, lo primero que hice fue hablarles a mis padres y les prohibí que dejaran a Alice actuar en esa porquería de película, yo no toleraría ver a mi hermanita desnuda y con ese estúpido de Robert Pattinson… Eso nunca. Pero ellos dijeron que mi hermana ya era mayor y ya sabía lo que hacía. ¡Genial! Ahora solo tenía de mi lado a mi hermano y a Jasper para luchar en contra de ese protagónico, le ofrecería lo que ganaría en esa película y más con tal de que no lo hiciera.

De mi mente en ningún momento salió el nombre de Isabella, le ordené a Jasper que no se alejara ni un momento de ahí, no le quité el celular a la huérfana, pero sí lo tenía intervenido, cualquier llamada que hacía la escuchaba, y hasta ahora solo eran de Kate y su amigo Santiago. Me sorprendía la cantidad de veces que hablaba de mí, pero estaba seguro que solo era una táctica para despistar, seguro hasta sus amigos estaban de acuerdo, pero todos me lo pagarían.

Ya eran cerca de las cuatro de la tarde y de repente me llegó un mensaje…

"Eres un idiota, Cullen… por lo que veo todavía no aprendes a cuidar bien de tus pertenecías y no te diste cuenta que tenías un tesoro muy poderoso en tus manos… ¿Pero qué crees? En unos momentos más será mío… Isabella está enfrente de mí, es igual a ella, ¿no?... Pero son tan distintas… ella es tan ingenua y pura… Si alguna vez la vuelves a tener de vuelta… dile que no confíe en extraños… Black"

Mi corazón latió con fuerza, me di cuenta lo equivocado que estaba. Y supe que Isabella estaba en peligro...


Tal vez no era lo que esperaban para este capitulo... Pero solo les digo que es de vital importancia para que las cosas cambien en la historia ¿como ven a Mi Edward Confundido?

¿Merezco un Review? Nenas... los reviews anteriores no los pude contestar... Pero si los lei... gracias pequeñas por seguirme leyendo en esta locura... Pronto tendran el proximo capitulo... las quieroooooo... Lizz!