Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
-Décimo primero/Onceavo-
Ken Ichijouji – Detective
"Me interesa saber que se esconde tras las limpias fachadas, tras los visillos de las casas, explorar los recovecos tortuosos de la existencia. Soy como un detective que destapa lo que los demás ocultan. Y es que este mundo de hoy no es un lugar tan maravilloso como dicen. No es el sueño más brillante."
David Lynch
"Asesino o detective: no hay otra elección para un hombre."
Roberto Bolaño
A los diecisiete Ken no tenía idea de lo que quería hacer con su vida laboral ni amorosa, o más bien, no tenía intenciones de tener una vida amorosa.
«Tu problema es que como eres un genio puedes hacer lo que quieras y por eso no te decides», le decía Daisuke con algo de envidia, pero nunca con mala intención.
Y el chico Ichijouji de vez en cuando se veía tentado a aceptar que su amigo tenía razón, aun cuando llamarse a sí mismo genio no era algo que lo convenciera mucho. Simplemente poseía intereses diversos y era una persona lo suficientemente lista para desempeñarse en variadas áreas. Lo que nunca pensó ni llegó a imaginar fue que de no tener idea de nada pasaría a tener todo claro en una sola tarde.
Entre el grupo de amigos era materia de público conocimiento lo que Miyako sentía por él, salvo para el incauto de Ken, claro está, pero que él correspondiera esos sentimientos fue algo que a todos tomó desprevenidos cuando la invitó a una cita por primera vez, sobre todo a la chica, ya que estamos.
Fue una de esas citas torpes y tímidas en las que ninguno de los dos sabe muy bien qué esperar o qué hacer, con roces casuales de mano e intercambios de miradas nerviosas capaces de llenar los silencios más incómodos y profundos. Una cita que podría haber sido como cualquier otra en la vida de dos personas que se gustan. Sencilla, irrelevante, rayana en lo predecible, salvo porque se tornó desastrosamente afortunada en algún punto. Ellos todavía se preguntan si fue un desastre que salió muy bien, o un golpe de suerte que empezó muy mal.
Habían decidido ir a ver una película, idea propuesta por él que pensó que sería mejor escoger un sitio en el que no se vieran forzados a hablar si no lo deseaban, un lugar para romper el hielo. Y hasta ahí el plan resultó ir bastante bien. El problema surgió cuando, al salir del cine, un ladrón le arrebató la cartera a Miyako.
Ken no lo pensó. Ya estaba corriendo antes de darse cuenta de lo que hacía o de que su cerebro tuviera tiempo de advertirle sobre lo peligroso que podía ser. Ni siquiera el grito de su acompañante lo hizo detenerse.
Siguió al ladrón y gracias a su buen estado físico —resultado de tantos años jugando al fútbol—, logró darle alcance a unas cuantas calles, pero durante los minutos que duró la persecución no pudo recordar ni un solo partido en el que su adrenalina se hubiera disparado hasta tal punto mientras corría, sintiendo el aire golpear su rostro y sus pensamientos perfectamente alineados en una sola dirección, con un solo fin: recuperar esa cartera.
Minutos más tarde, cuando Miyako logró alcanzarlo y llegar a su lado, empujando a una pequeña multitud que se había congregado alrededor en el proceso, llamaron a la policía y uno de los dos oficiales felicitó a Ken, reprochándole empero, que su acto había sido tan heroico como imprudente.
Lo demás se sucedió tan rápido que él apenas conserva recuerdo. La idea de convertirse en detective nació esa tarde. Empezó a recolectar volantes sobre la carrera de esos que repartían a la salida de la secundaria y del metro. Por las noches se dedicó a buscar en internet toda la información que aquellos papeles no le proporcionaban, y, casi como un acto aleatorio, como si fuera alguien tratando de probar suerte en la lotería, al final del curso decidió aplicar a la Academia de Detectives.
Tal vez no era una carrera muy prestigiosa o llamativa por el riesgo constante que significaba, aunque no por eso el número de postulantes era despreciable, y desde luego no era la carrera que sus padres, maestros ni compañeros imaginaron que un genio como él escogería, pero resultó ser la elección correcta.
Un sitio en el que cambiar un poco el mundo y conservar el equilibrio, un sitio en el que luchar por el bien y borrar poco a poco ese pasado oscuro en el que estuvo del lado equivocado. Una forma de aprender a convivir con él y perdonarse.
Cuando lo piensa en retrospectiva siempre llega a la conclusión de que la suya fue una forma realmente curiosa de encontrar su vocación, pero que en su caso particular tiene perfecto sentido que la hallara junto a la persona que lo hizo descubrir el amor, ese sentimiento tan incondicional por el que estás dispuesto a sacrificar tu propia seguridad con tal de saber que esa persona está a salvo en casa.
Notas finales:
El Kenyako no es lo mío, sin embargo, aunque nunca los he shippeado mucho tengo el headcanon de que la elección de la carrera de él, de una u otra manera, tuvo que ver con ella. Y además son una de las parejas canon y mi intención hasta aquí ha sido apegarme al canon en la medida de lo posible.
Otra vez no pude elegir solo una frase. Siento que ambas lo representan muy bien de diferentes formas.
Gracias por leer :)
