¡Hola, hola, hola! ¿Cómo están mis queridos lectores? Yo estoy muy bien, gracias y buenos… Esta no es otra nota de autora sino el siguiente capi bien planteado y recién salido del horno xD.

Entes que nada…una enooooooorme disculpota del tamaño del mundo por haberme tardado cinco meses en actualizar además de las dos notas de autora que a muchos decepcionaron creyendo que eran este capi. Bueno, de verdad lo siento, tuve muchos problemas personales y con mis estudios, por no mencionar de salud… Pero afortunadamente ya estamos aquí, bien y bueno, la historia continúa…n.n

En este capi nos enfocaremos a lo que sucede en el baile, la convivencia de varios personajes de la historia en este capítulo, los choques de Marshall, el Príncipe Flama y Gumball… También sabremos qué pasará con nuestra querida Princesa Ámbar y Anthony, quienes por cierto no actúan de la mejor manera en este capítulo. Los del Parlamento evaluaran a los humanos y los someterán a un rato muy, muy tenso y Fionna ha sellado un pacto que puede poner todavía más su vida en peligro.

Cabe mencionar que, como le título del capítulo lo menciona, hay muchas canciones y este capi va más dirigido aun formato song-fic… que bueno, espero les guste… Además de que ya están sus prometidos Niveles 15 tanto Fiolee como Finnceline muajajajajajajajaja 7w7…. Bueno, ya no les digo más ¿vale? Que creo que cinco meses es demasiado para esperar…

Así que los dejó con este capi y espero que les guste :D :


Música, Celos y Pasión.

"No necesito mis piernas si tengo alas para volar"

-Frida Calho

(Marceline's POV)

Sé que toda mi vida he sido racional. Parte de mí, o al menos e noventa por ciento, suelo ser muy objetiva. No puedo evitar pensar en lo que pasará si hago algo...Y más que moverme como alguien precavida, me he convertido en al alguien dura...Encerrada en una burbuja.

Katherine igual y Marshall también. Dos de la personas más afectadas en la Guerra de los Champiñones, nos volvimos cuadrados, firmes, desconfiadnos, estábamos tan empeñados a evitar que otros sufrieran lo que nosotros...que nos olvidamos nosotros mismos.

El problema es cuando, de una persona, depende tu vida. Cuando un hilo rojo se ata a tu meñique y al de esa persona y...Sabes que si, casi no piensas en ti, pero tampoco querrías morir...Y por eso, debes cuidar a esa persona. Asegurarse de que no la perderás para no perderte tu mismo.

Es complicado. Pero a decir verdad, cada parte de mi historia lo es...Y más la de Finn. No somos personas concretamente fáciles de explicar, pero si de encajar como dos piezas de un rompecabezas.

Un rompecabezas que se terminó de unir la noche del Baile de las Olimpiadas. Sexo.

Un término que no logré descifrar nunca, ni siquiera teniendo mil años de edad, es tan complicado que la muerte...Y se tiene que tener cuidado de con quien se ejerce. Esa es la clave.

La respuesta para mí era clara: Finn. El problema radicaba en si yo era la persona correcta...Además, podría tener diecisiete años...pero seguía siendo un niño de quince. Me sentí como una depravada cuando lo recordé.

Sin embargo, si Finn muere en las Olimpiadas...de algo puedo estar segura:

Ahora ya ha tenido todas las experiencias humanas que le faltaban.

(Fin de Marceline's POV)


-Hay... Que imbécil...- murmuró Finn, viendo tan asombrado como Gumball a la pareja que había estado besuqueándose y que...de un momento a otro, ese beso tan pasional...se había roto en miles de pedacitos.

Y ella, tan pronto como se encendió en ese beso...Se apagó. El destello dorado que salía de su cuerpo se extinguió, mientras cada piedra del dragón se opacaba...al igual que su mirada.

Como si le recorriera una descarga, soltó al Consejero y lo miró, asimilando sus palabras. "Yo no te amo...Yo no te amo...Yo no te amo..." esas palabras se repetían en su cabeza una y otra vez sin poder creérselo. Pero...si...hacía unos momentos, ellos...

-¿Qué?...- susurró, mirándolo, más que dolida, incrédula...sintiendo como si un tigre le hubiese dado un zarpazo en el pecho.

-Lo que escuchaste...- dijo Anthony, se manera frívola, una mirada que la dejó hecha pedazos y que la hizo sentir como el ser más insignificante en lo que quedaba de la tierra- Yo no te amo...-repitió.

Tal vez bastó que se lo repitiera para asimilarlo. Dio un paso hacia atrás y sintió como algo en ella que quebraba...Sentía miles de astillas en el cuerpo con esa simple frase...Se sentía estúpida por dejarse llevar y el remordimiento de no haber pensado las cosas, se hizo presente.

Al principio, le dolió, pero conforme se agrandaba el dolor...sintió un gran coraje que la hizo encenderse nuevamente y ponerse roja...Y los tres espectadores sintieron miedo de la expresión que había adquirido.

-¿Y tú que te crees, estúpido?- dijo con unas palabras tan secas que le calaron hasta el alma al Consejero...Y a Finn y a Gumball los dejó con la boca abierta. Nunca, en su santo juicio, habían visto decir a la Princesa una ofensa a otro ser por mucho que se la mereciera.- ¿Crees que puedes besar y luego hacerte el idiota?-

-Katherine...- comenzó a decir el Consejero, intentando acercarse a ella, pero ella lo apartó de un empujón.

-¡Ahora si soy Katherine! ¿Qué pasó con "su alteza real" "Ámbar" o "Princesa"? Ahora si soy Katherine ¿no?- explotó ella sin dar crédito a sus palabras- ¿Por qué me besaste esa vez, entonces?- le gritó. Mientras ese resplandor dorado se apoderaba de su cuerpo.

Finn miró con curiosidad esto. Era la primera vez que veía a la Princesa envuelta en ese resplandor...y a decir verdad sintió cierto miedo. Parecía peligrosa, y mas con esa mirada que mataría a cualquiera, llena de dolor, ira y tristeza.

Anthony se lo merecía, pero no sabía que tan saludable podía ser para ellos si tenían a los monarcas de la mayoría de los reinos de Ooo y Aaa.

Anthony miró la ira en su rostro, la decepción en sus ojos y el dolor en sus labios. Ahí estaba...decepcionándola de nuevo, pero todo para salvarla. No podía ser sincero con ella si eso la iba a llevar a la muerte. No podía decirle la verdadera razón de porque se le declaró esa noche.

No podía decirle que había sido por amor...que sus días estaba contado y por eso debía hacer que lo supiera, de lo contrario sería una condena para ambos. Debía mentir...como siempre. Lastimarla más todavía.

Era eso a verla muerta.

-No lo sé...- respondió con un hilo de voz y suspiro. A lo que la Princesa se sorprendió...y se dedicó a escucharlo- Lo hice...porque...Te deseaba...solo...Necesitaba un beso porque...tenía ganas de uno...-

Finn frunció el ceño y apegó a Gumball más a la pared. No podía creer que Anthony cayera tan bajo...ni siquiera Gumball parecía tan repugnante como él e esos momentos.

Y Ámbar se apagó de nuevo cuando pensó que el chico que tenía en frente era completamente igual a los otros. Fijados en su belleza, es sus ojos claros, sus pechos, su buen cuerpo, su monarquía...todo. Justo cuando pensó que era alguien que la quería por ser ella misma.

Otro a la lista. Otro macho, otro estúpido que quiso jugar con ella y que lo logró. Y ahora, en esos momentos...Le partía el alma...Pero conocía la parte machista de Anthony al fin. Otro hombre que la veía como objeto de burla, de pertenecía y nada más.

Soltó una risa seca y llena de dolor.

-Je...¿Cómo que no sabes? ¿Realmente eres tan imbécil?- le soltó en la cara y lo miró con repugnancia. Aquello mató a Anthony interiormente...Porque ella había dado al blanco. Que le dijera eso lo calentaba.

Así que la tomó bruscamente del brazo y la encaró muy de cerca, mientras invadí su cuerpo de rabia. Mas valía que Ámbar no le diera razones para no arrepentirse de haberle mentido.

-Escucha...Si no te amo es porque reflexione acerca de quién eres- le escupió en cara- Podrás siempre sonar como una linda persona, amable, perfecta...Pero dentro de ti estás loca. Apenas y puedes controlar un poder que posees, eres ego centrista, egoísta y sobre todo una hipócrita...- luego la soltó empujándola, mientras ella chocaba con la cadera en el balcón y cerraba los ojos con fuerza- Yo no quiero una mujer que solo sonría todo el día cuando en realidad, por dentro...está sufriendo. Esa es la peor mentira-

-Te equivocas...- dijo ella- La peor mentira es decir que amas a alguien cuando solo lo estás usando- masculló ella entre dientes mientras se llevaba una mano a la cadera. El golpe le había dolido y Anthony, al ver su gesto de dolor, no pudo evitar sentirse culpable...Eso no estaba en sus planes…

Finn se dio cuenta de esto y soltó a Gumball para entrometerse con buenas razones. Le dio la vuelta a Anthony, tomándolo bruscamente del hombro y empujándolo. Ámbar esa su amiga...Y aunque no lo fuera...Pegarle a una dama no era algo que el pasara por alto.

-¿Qué te pasa, bastardo?- dijo el humano, tomándolo rudamente por la camisa- ¡Si te crees tan hombre pégame a mí! ¡Órale! ¡Éntrale, estúpido!- lo retó. Anthony al principio se sorprendió, pero ya se sentía demasiado mal como para que ese niño llegara a entrometerse...además, según parecía, de nuevo había escuchado cosas que no debía. Así que lo empujó.

-¡A ti es al que le voy a partir la cara, idiota! Por andar espiando cosas que no debías...- dijo entre dientes y repitiéndose mil veces que no debía perder los estribos o saldrían perdiendo todos...sobre todo él y ella.

-¡Hey! ¡Basta...los dos...!- dijo la Princesa, con un nudo en la garganta e interponiéndose entre ambos y poniendo sus manos en los pechos de los dos chicos- Finn...Vuelve adentro, no podemos hacer un escándalo- pidió ella, con los ojos cargados de tristeza.

-¡No, Princesa! ¿Cómo puede dejar que le haga esas cosas?- dijo él, intentando pasar, pero ella lo detuvo de los brazos- ¡Déjeme partírsela!-

-¡No, Finn!- dijo ella duramente y luego señaló a la entrada, donde la mayoría ya estaba bailando con una canción más movida de las Scream Queens y Marshall- ¡Adentro! Todos los Peones deben estar allá-

La respiración de Finn seguía agitada y miró a Anthony, lanzándole la peor de las miradas. Ya se las arreglaría con él. Nadie le pegaba a una de sus amigas y menos si les estaba ayudando como era.

Anthony mentía. Ámbar si podría sonreír cuando en realidad sintiese algún dolor, pero eso solo la hacía una persona admirable...Siempre se había mantenido firme por sus súbditos...Ahora solo le faltaba, que además de lastimarla así, Anthony le reprochara por ser así de buena.

-No...- masculló Finn- Disculpe, Princesa...Pero a este si le doy ahorita...- dijo, tratando de apartarla...Entonces alguien puso la mano sobre su hombro, vio como el rostro de la Princesa cambiaba a uno sorprendido...y el de Anthony igual. Se giró y vio el rostro moreno y esos ojos negros y brillantes de Rabí. -Rabí...- susurró el joven humano. Pero él no lo miraba a él...Solo miraba Anthony con cierta desaprobación y el ceño fruncido, sin embargo, estaba calmado.

-Déjalo, muchacho. Yo me arreglo...- le dijo, con voz dura y mirando más intensamente al Consejero, quien frunció el ceño. Nunca se llevó bien con ese sujeto tampoco- Buenas noches, Anthony- dijo, fulminándolo con la mirada.

-Rabí...- le devolvió el saludo el joven, mirándolo de la misma manera y ladeando un poco la cabeza.

-Finn...Vuelve adentro...- dijo la Princesa, tomándolo del hombro. El humano miró a la castaña y sintió como el corazón le quedaba hecho trizas cuando la vio así. Siempre le vio ese gesto benévolo en ella, precavida, poderosa, fuerte...pero en ese momento parecía la mujer más vulnerable del mundo.

-Está bien...- dijo el humano, cansinamente. Nada más porque ella se lo pedía que sino...se quedaba ahí a echarle a Anthony el poco hombre que era. Suspiró y abrazó a la diminuta figura de la Princesa, mientras frotaba su espalda...Era irónico...Pero estaba helada.

Ámbar se sorprendió un poco pues...Era raro que se dejara abrazar por alguien...generalmente los guardias lo tacleaban antes de tocarla...Pero el roce de Finn y su compañía eran más que suficientes para hacerla sentir mejor...No le correspondió, pero cerró sus ojos y se dejó apapachar.

Mientras la abrazaba, vio a Anthony...quien tenía los puños cerrados...Le valía un pepino verde que estuviera celoso...La había abrazado por iniciativa, pero si eso le daba un poco como escarmiento, lo seguiría haciendo...

-Anda, Finn...Corre...- dijo ella en un suave susurro que apenas y le fue audible al joven rubio- Estaré bien, lo prometo-

Finn asintió en respuesta y se dirigió de nuevo a la entrada, pero antes de que se marchara, se giró de nuevo a Anthony y agregó:

-Te tendré bien vigilado, imbécil...-

Luego de eso, se marchó. El joven Consejero clavó sus uñas en las palmas de su mano y no le satisfacción en dolor que le provocaba hacerse eso...Quería más, quería demostrar que no era lo que pensaban...Que el amaba a esa niña que estaba bajo los brazos de Rabí.

No necesitaba que el baboso que era la razón de todos sus problemas...Se lo restregara en la cara todavía, después de causarle muchos problemas.

-¿Estás bien, Ámbar?- preguntó el hombre moreno, volteándola y tonándola suavemente de los hombros. Ella, aun algo aturdida, asintió levemente en respuesta.

-Sí, Rabí...No...No te preocupes...- respondió la castaña, tomando sus manos. Entonces el hombre miró al Consejero, con aspecto serio. Le preguntó a la Princesa si estaba bien del golpe que le había metido...Pero estaba más que claro que no sentimentalmente...Y ese chico frente a él tenía la culpa.

-Creí que eras su Consejero...- dijo Rabí, apegando a la chica contra su corpulento cuerpo. Anthony vio como ella se encogía un poco contra su pecho...y supo leer ese brillo en sus ojos: Estaba asustada.

-Esto a ti no te interesa...- repuso el joven Consejero.

-Yo creo que si...Dado a que fuiste mu pupilo el ultimo año...¿Se te olvida?- dijo Rabí, entornando sus ojos en él- No me importa que te haya dicho...No debiste tratarla así. No abuses de tu puesto...-

-¡Y que ella no abuse de él tampoco!- replicó el Consejero´.

-No te iguales, Anthony. Ella es la Princesa... ¿Y de que va a abusar, eh? ¿De qué te dijo que te ama? No me hagas reír...- dijo él, sonando frívolo y despiadado.

-No soy un juguete...- trató de defenderse por igual.

-Y ella tampoco. Así que mejor vete comportando si no quieres que llame a los guardias y te echen a patadas del Palacio...-le atajó el joven moreno, a lo que Anthony le contestó con un resoplido.

-Déjalo, Rabí...- pidió Ámbar, mientras empujaba un poco el corpulento cuerpo de su estilista-Ya sé que desperdicie mi primer beso,...Así que no hagas que me duela más-

Y con esas simples palabras, y pese a que no se dirigía a él, logró apuñalar el corazón de Anthony a lo más hondo. Él no sabía eso. No sabía que era su primer beso. Se maldijo mas de mil veces internamente porque...Ahora que se lo había dado, se lo había devuelto en la cara de un golpe...Lastimándola al punto de que se había quedado callada...hasta esos momentos.

-Princesa...- intentó decir el Consejero...Pero como si hubiese sido otro golpe, ella se encogió en los brazos de Rabí, quien miró al joven muy disgustado.

-Vamos, alteza...- dijo él, en un susurro. Y como si se tratara de un guardaespaldas, pasó uno de sus fuertes brazos por sus hombros y la guió adentro del Palacio, sin que nadie, además de Anthony y Gumball los viera.

Una vez que desaparecieron por las puertas, Anthony sintió como el corazón se le helaba y el alma caía de su cuerpo. Había perdido a Ámbar y quizás nunca la recuperaría, aunque quisiera.

-Lo bueno era que tú la ibas a proteger...- dijo Gumball de la nada...Clavándole el último puñal que le quedaba: La de la mentira e insuficiencia. Quería responderle y mandarlo directo a Aaa de un solo golpe.

Pero por más patán que fuera...Tenía razón. Resopló nuevamente y se metió donde estaba la fiesta, mientras Gumball sonreía de oreja a oreja.

Era una oportunidad perfecta, para un movimiento.


Al llegar a la habitación de la Princesa, Ámbar no soltó a Rabí en ningún momento hasta que este cerró la puerta con pasador. Luego de eso se dirigió a la cama con ella y la sentó en la orilla, para después hincarse a su lado, buscando su rostro.

No le había dicho ni una palabra cuando se escabulleron de entre toda la gente y subieron a las habitaciones del Palacio. Casualmente se encontraron con Grace, quien al ver el aspecto pálido de la Princesa y el abrazó sobreprotector de Rabí, se asustó, pero este únicamente le hizo una seña de que no se preocupara y de que se lo dejara a él. Así que sin más que decir, la llevó a sus aposentos.

Pero se preocupó cuando vio su rostro escondido por su cabello castaño, mientras veía sus puños sobre sus piernas. No estaba llorando, pero tenía los ojos cerrados con fuerza y temblaba…no sabía si de miedo o de impotencia…Quizás de ambas. Tenían tantas ganas de volver ahí y liberarse. Golpear a Anthony hasta matarlo por romperle el corazón así….Explotar más de lo poco que le pareció en el balcón.

Pero no podía. Era la Princesa….Un precio que pagaba por su inmortalidad y su juventud eterna.

-Ámbar…Mírame…- pidió el moreno, mientras sostenía entre sus manos su rostro y lo levantaba un poco. Más ella no abrió los ojos y únicamente se aferró a su muñeca, quizás buscando consuelo o pidiéndole a gritos que la dejará en paz. Que estaba rota y que no quería saber de nadie, absolutamente nadie….Que nadie podía ver a la Princesa del Reino de la Joya de esa manera- ¿Estás bien? ¿Te hizo daño?- le preguntó, aun tomándola del mentón firmemente.

La chica intentó zafarse, pero la verdad era que estaba emocionalmente perdida y débil, ni siquiera tenía fuerzas para apartarlo, para gritarle que la dejara en paz, al contrario. Se sentía como la niña más pérdida y desprotegida de lo que quedaba del mundo. Con los ojos vidriosos, se hincó frente a él y lo abrazó tan fuerte como pudo. Era la única persona a la mano con la que podía desahogarse.

Allá abajo estaba Marceline, cantando por ella, Guy y Bongo la acompañaban junto con Marshall…Finn trató de meterse, de defenderla, pero lo evitó, porque sabía que si lo hacía iba a perder más él que alguno de los dos. Estaba sola…Como siempre, solo estaba Rabí, un viejo amigo junto con su hermano…El único que en esa habitación de cuatro paredes, podía confiar.

-Rabí….Anthony….Él…- trató de decir, pero lo cierto era que tenía un nudo en la garganta que no la dejaba ni hablar. Rabí hizo una mueca y únicamente acarició su cabello, asegurándole con ello que jamás estaría sola si lo tenía a él.

-Lo sé….Te rompió el corazón…- susurró el joven moreno- Pero no te preocupes, linda…A todos nos lo parten-

-Sí, pero…No tenía que ser tan duro conmigo- dijo y se separó para mirarlo. El corazón se le hizo pequeño al estilista cuando vio sus ojos llenos de lágrimas, mientras uno y otro diamante resbalaba de sus ojos e iba a dar al suelo- Yo no le dije nada que le doliera….Él dijo que yo….era una hipócrita…Eso no es cierto- lloró ella, mientras se limpiaba las lagrimas y se dejaba caer al suelo, abrazando sus rodillas- Desperdicie mi primer beso…-

La verdad no sabía que le causaba tanto dolor,

Las simples palabras de Anthony "Yo no te amo…", la manera en que le dijo que la noche anterior la había besado porque solo lo deseaba y no porque realmente lo sintiera, si por su cruel punto de vista hacia su persona, o el hecho de que Finn la defendiera de manera tan brutal…O que Gumball hubiese visto todo y la vergüenza que le daba ante uno de sus invitados.

O quizás todo.

No entendía por qué, ella no era mala persona. Si, se había equivocado como todos alguna vez, pero siempre le mostraba una sonrisa a medio mundo pese a su dolor, no se mostraba huraña y ahí estaba, pagando a sus padres adoptivos el privilegio de hacerse inmortal….Pero jamás habría herido la integridad de alguien. No como Anthony lo había hecho.

Entonces comenzó a pensar que Anthony no la conocía como ella pensó. Que tal vez era un error tenerlo de su Consejero si solamente estaba criticándola sin ver las tres caras de ella (Katherine, Keila y Ámbar. Y para colmo, burlándose de ella…Haciéndole creer por un instante que alguien la podría amar como era…No por el hecho de ser Princesa.

Pero entonces se detuvo a pensar que Anthony tampoco la miraba así…Y que ahora en vez de seguirlo viendo primero como un pequeño niño que debía ser acogido y cuidado, a un hombre respetuoso que tenía su admiración y cariño….a un sujeto irrespetuoso y completamente malagradecido, por no decir, patán.

¿Cuándo pasó todo aquello? ¿Cuándo se volvieron tan duras sus palabras? ¿Cuándo sintió tanta repugnancia hacia ella…Si lo único que había pasado es que no sabía que sentía por él? Y ahora, después de una lucha interna entre sí misma… Después de haberle aclarado sus sentimientos…Él llegaba….Y le echaba todo en cara…Definitivamente, ser abierta con alguien...Como era costumbre, le resultaba caro.

"Te apuñalaron, Katy. Pero esto te ganas por estúpida y por confiar en alguien…", pensó, sintiendo la llaga más profunda en su pecho

-Tranquila…- dijo él, mientras le limpiaba una lágrima, antes de que se convirtiera en diamante- Escucha, no sé porque Anthony lo hizo…Y a decir verdad, me siento muy decepcionado de él…Pero, a veces…Esas cosas pasan, querida…- dijo él, acariciando su mejilla- Te vuelves buena persona con los demás…Y es muy raro que alguien te dé si quiera las gracias…-

Las palabras de Rabí resonaron en su cabeza como un panal de avispas molestas…Tenía razón. Ni siquiera su padre le agradeció cuando se ofreció a Los Vampiros Rebeldes en la guerra, sino que se portó como todo un Judas….Y se lo llevaron. Tenía razón en cada una de sus palabras…Pero nunca, nunca les había hecho caso a esas palabras internas…hasta esa noche.

Sintió como algo se quebraba en ella…Y una fría y dura impotencia. Algo, adentro, se rompió en mil pedazos. Sería buena con ellos que se lo merecían…Pero aquellos que la lastimaban y manipulaban de distintas maneras…bueno, iban a conocer una parte de ella que decidió ocultar…

…Y Anthony era el primero en la lista.

-Has trabajado mucho desde que estas absurdas Olimpiadas empezaron…Y ya te rompieron el corazón así que… ¿Por qué no apartamos esta noche a la dulce Princesa de nuestro Reino y a la inocente chica que eres?- dijo él, dedicándole una sonrisa amistosa, mientras le quitaba de su cabello algunas de las cadenas de plata y monedas de oro que había puesto sobre su cabeza- ¿Qué te parece si….solo por esta noche…sacamos a Keila?

Si…Aquello lo iba a cumplir…E iba a empezar desde esa noche.

-Si…Saquemos a Keila…- respondió ella, con una sonrisa.


El humano llegó a la parte trasera del escenario, completamente malhumorado y con la respiración agitada, sentía que se volvía loco y la verdad nunca antes había estado tan enojado y con ganas de partirle la cara a alguien. La Princesa lo había mandado a meterse, pero la verdad estaba a punto de regresarse y tomar el cuello de Anthony y retorcerlo hasta oír que crujiera.

¿Cómo se le ocurría hacerle eso a Ámbar? Nada mas eso le faltaba ¡que le reclamarán por ser una persona tan linda y paciente! Nada más porque la Princesa realmente parecía amarlo, que si no…Ya lo habría mandado de patitas a la calle….O al menos eso era lo que él haría.

Resopló para sí mismo. Estaba hablando e la Princesa, no de él ¡Claro que no lo iba a correr! Ambos ya estaban demasiado involucrados el uno con el otro tras esos besos, esa idea lo puso peor. Ámbar iba a parar como la peor parada en esa situación….o al menos ya la había empujado ese patán, según él.

Estaba enojado. Sabía que no podía meterse…Peor no podía evitarlo. Esta enojado, realmente enojado. Si ni a su novia le hablaba así, menos iba a tolerar que ese sujeto empujara a una persona que quería y apreciaba demasiado por su ayuda y por ser tan buena persona

-Hey, Finn… ¿Estuviste esperando?- dijo Marceline, mientras bajaba del escenario y se quitaba el bajo, para convertirlo de nuevo en su collar. Pero en lugar de recibir un lindo recibimiento de su novio, este se giró a ella, echando fuego por los ojos y rojo de tanta ira comprimida que sentía, intimidándola un poco- Um… ¿Pasa algo?-

-¡El imbécil de Anthony! ¡Eso pasa!- soltó él en su cara, agarrándose los cabellos de las sienes. Marceline enarcó una ceja e hizo un ademán.

-Haber, Haber… ¿Qué?- dijo ella, sin comprenderlo muy bien- ¿Qué pasó? ¿Qué hizo ahora ese tipo?-

-¡Pues su estupideces, Marcy!- volvió a decir el humano, exaltado-¡Ámbar le dijo que si lo amaba…! Y este estúpido…no…ella…beso….y….y….luego la empujó…Y sus caderas….y Rabí llegó y ella…"Metete para adentro"…y…y….- dijo el humano, ofuscado del enojo, haciendo que Marceline ampliara los ojos, se alarmara y lo viera aun sin comprender ni un poco de sus palabras.

-Haber, Finn….Cálmate…- pidió ella, pestañeando y tomando del pecho a su novio- ¿Qué pasó? ¿Katherine está bien?-

-Es que….Es que…- intentó decir Finn….recuperando el aliento- Estúpido, Anthony…- dijo entre dientes y apretando los dientes.

Marceline lo miró sin comprender aun. Fue cuando Marshall también bajó del escenario, mientras Guy y Bongo arreglaban algunas cosas después de tocar varias canciones. Tanta había sido la conmoción que ni siquiera el humano se permitió escuchar más canciones de su novia y su Banda salvo una parte de la primera canción.

-Hey, les encantamos…- dijo Marshall contento, mientras se quitaba la guitarra prestada de Guy- Imagínate ahorita que llegue Katherine… ¡Los amarán!-

-En realidad…No sé si veamos a la Princesa en lo que resta de la noche…- dijo Finn, con un suspiro. Entonces ambos vampiros se giraron a él y Marceline lo miró algo molesta de que no le daba una buena explicación.

-Finn… ¿De qué rayos hablas?- volvió a preguntar la vampiresa, algo exaltada y preocupada- Y esta vez…Dame una buena explicación-

El humano suspiró cansinamente y miró a ambos vampiros.

-Es que….Cuando entraron a cantar ustedes….Ámbar le dijo a Anthony que si lo amaba- dijo Finn, tratando de sonar tranquilo. Los chicos ampliaron sus ojos y se miraron entre si...Esa no se la esperaban pero en absoluto. Bueno, tal vez Marcy si, pues ella la conocía mejor que nadie y después de la plática de la noche anterior ella le dejó claro que no podía actuar de manera imprudente...Pero no la notó muy segura en su manera de hablar...Quien sabe...igual y esta vez su mejor amiga se había permitido hacer una tontería.

-¿Y luego...que pasó?- preguntó Marshall con curiosidad, a lo que el humano suspiró.

-Bueno...Primero se besaron y Anthony le correspondió al principio...Pero luego...Se alejó y le dijo que por ella no sentía nada. Que la vez que la besó en su oficina la otra noche había sido un mero impulso. Ámbar se enojó y le dijo de cosas...Y Anthony también se enojó y le dijo mas cosas...- dijo Finn, sin tomar respiración y soltando los hechos como vomito de palabras-Entonces Anthony la empujó y ella se dio contra el barandal del balcón e la cadera, entonces yo llegué y le dije de cosas a Anthony y estuve a punto de romperle la cara...- explicó, apretando los puños y poniéndose ligeramente rojo- Pero llegó Rabí y me dijo que él se encargaba...Entonces la Princesa me dijo que me metiera y...y me metí y no sé como terminó todo...- terminó, mientras al final tomaba una gran bocanada de aire.

-Haber, Finn...Cálmate- pidió su novia, mientras lo tomaba de los hombros y lo sentaba en el suelo, hincándose a su lado- ¿De verdad pasó todo eso?-

-¿Que no estás escuchando, Marcy?- dijo Finn...Mientras apoyaba sus codos en sus rodillas flexionadas y se tomaba la cabeza entre sus manos- ¡Diablos! siento tanta rabia...- dijo él entre diente.

-Lo sé...- dijo Marceline- Yo me siento igual...- y acarició el hombro del humano para después mirar a Marshall.

-Vaya idiota...- refunfuñó el vampiro.

-¿Por qué se lo dijo?- mencionó Marceline sin poder comprenderlo- Él...La amaba...Me lo dijo...-

-Pues solo te lo habrá dicho para que tu también te lo creyeras, Marcy- dijo el humano...Mirándola como si quisiera que comprendiera, pero lo cierto era que ella no podía tragárselo. Por algo tenía mil años de edad y por algo sabía cuando las personas mentían.

Y ese día en la playa, luego de que Finn le dijo esas cosas horribles y hablaron de ella...Ese brillo en sus ojos...No...Él no estaba mintiendo.

Había lastimado a Ámbar por alguna razón...Ese beso no lo hizo por impulso tampoco...Porque, además de que no podía ser impulso...Porque conocía bien a las personas con las características de Anthony.

Eso estaba mal...Eso no era verdad. Esa si era una mentira creada por el Consejero.

-¿Y a donde está ese idiota ahora?- preguntó Marshall.

-No lo sé. Si no lo sacó Rabí de un golpe, debe estar atendiendo a los invitados...La Princesa no se veía muy bien para hacerlo...- dijo Finn, levantado el rostro.

-Sería bueno decirle a Cake y a Jake que nos ayuden un poco...- comentó la vampiresa.

-Si...Es buena idea...- concordó el humano.

-Bueno, chicos... ¡Les encantó la presentación y ya están esperando por más!- dijo Bongo entusiasmado, mientras bajaba también a tras bambalinas.

-Je...La verdad es que...ando un poco ronca de la garganta- mintió Marceline.

-Oh, vamos...Acabas de dar todo lo que no diste en treinta años...Vamos al escenario- reprochó Guy, haciendo un ademán hacia las escaleras.

-Lo siento, chicos...En serio...Por lo menos necesito un descanso...- dijo Marceline- Pero...canten ustedes...Marshall... ¡Vas- dijo la vampiresa, mirándolo con una sonrisa y eclipsando un poco la apatía que les había causado las nuevas noticias.

-¿Qué? ¿Yo?- gimió Marshall de mala manera- Aaaagg...- dijo y echo la cabeza hacia atrás- Quiero estar con Fionna...-

-Y estarás con ella desde arriba del escenario- dijo Marceline, empujándolo hacia las escaleras, junto con Guy y Bongo- Corre, corre... ¡Los están esperando!- Marshall subió a regañadientes junto con los otros dos, al hacerlo Finn y ella escucharon los aplausos y gritos aduladores del público.

-¿Las Scream Queens, eh?- dijo Finn a su novia, esbozando una sonrisa.

-No me importa eso- negó ella con la cabeza y le tendió su mano- Ven...Tengo que hablar con Anthony y tú tienes que impresionar a las personas que están afuera-

-¿Y que diablos vas a hablar con ese patán?- dijo Finn, tomando su mano y mirándola con ceño fruncido. Marceline vio endulzada como su novio la trataba de proteger con esas palabras y sonrió, mientras acariciaba sus mejillas.

-Tranquilo…Escucha, Finn. Yo sé que no te llevas bien con él…Pero, debes entender algo…Yo he hablado con Anthony intensamente acerca de Katherine…Claro que la ama…- dijo Marceline, mientras el humano miraba sorprendido e incrédulo cómo su novia lo defendía.

-Si, Marcy…Yo pensé lo mismo… ¿Y mira con qué nos sale?- soltó Finn.

-Lo sé…Pero, tendrá una razón…Y yo averiguaré cual es si….No por él…Sino por Ámbar…La ha de estar pasando mal… ¿No crees?- dijo ella, acariciando su cabello y mirándolo a los ojos.

Finn abrió la boca para seguir protestando. No le agradaba la idea de que la mujer que amaba se enfrentara a él…Pero, realmente tenía razón, sobre todo por que la Princesa ya era una de sus mejores amigas y una mujer que les había ayudado bastante. Por eso le dolió tanto y le caló hasta el alma verla asó de triste…Y lo lleno de ira que fuera Anthony el que la había provocado.

Si Marceline lo iba a hacer por Ámbar y no por ese imbécil, que lo hiciera.

-Está bien, Marcy…- dijo él, rodeando su cintura con sus brazos- Pero solo porque me hizo sentir mal realmente ver su carita toda triste y desamparada…- dijo él, haciendo un mohín, a lo que la vampira sonrió dulcemente ya acaricia su nuca.

-Hey…Sin pucheros…- dijo ella, sonriendo dulcemente- ¿Por qué eres tan lindo, eh?-

-¿Y tu porque eres tan sexy?- dijo Finn, de la misma manera.

Ambos soltaron unas risitas mientras Bongo, Marshall y Guy tocaban una canción que les parecía familiar, pero que no querían reconocer porque estaban muy ocupados asimilando el sabor de los labios del otro. Hasta que la luz del exterior los hizo abrir los ojos, despegarse y voltear a ver quien los había interrumpido.

-Eh…Lamento…Interrumpirlos…-dijo Jake, asomando un poco su cabeza por la cortina de tras bambalinas, por donde se colaba la luz del exterior y les lastimaba un poco los ojos a ambos.

-¿Qué quieres, Jake?- dijo Finn, cubriéndose un poco los ojos con su mano, para enfocar la vista en su hermano.

-Hermano, los invitados preguntan por ti. Tienes que causar una buena impresión y no estar aquí, besuqueándote con tu novia, tras bambalinas- dijo él, con aspecto cansino ante tanta melosidad.

-Esta bien, perro…Ya vamos…- dijo Marceline, en tono de reproche, pero con una sonrisa. Tomó la mano de Finn y lo guio hasta donde Jake, saliendo de nuevo a la recepción, donde la fiesta seguía más animada que otra cosa.

Por alguna razón, la mano de Marceline hizo que a Finn se le bajara todo el coraje que tenía por lo que pasó con Anthony. Esa era ella, siempre tranquilizándolo y teniéndole la mayor tranquilidad en la Tierra. Se sentía bien, porque, pese a que al día siguiente no la iba a ver en absoluto…Y que pasado maña, su suerte decidiría si vivía para siempre o no vivía nada.

Se sentía aun más agradecido con la Princesa…Porque esa noche era para ellos…Y estaba tal y cómo quería ser…Grande y fuerte…Solo para sacarle a Marceline una sonrisa más grande y hermosa de lo que ya se la sacaba. Tal vez por eso, aunque se viera como una barbaridad, hacían ese tipo de fiesta antes de las Olimpiadas; para darles una última oportunidad a los Peones de ser felices y ellos mismos.

Tomó a Marceline como una verdadera dama y él como un verdadero caballero, dejándose ver como la pareja más elegante de la recepción, mientras caminaban por la pista medio llena…Al instante, los invitados alzaron murmullo a lo bien que se veían. Puede que la vampiresa odiara ser el centro de atención, pero, aferrada al brazo de Finn…Se sentía la mujer más segura del mundo mientras seguían a Jake.

Llegaron del otro lado del Salón, donde Jake presentó a su hermano y a su novia con unos monarcas que había conocido y con los que había entablado conversación. Finn sonrió con su habitual frescura y vibrante personalidad y comenzó a charlar alegremente con la pareja, mientras Marceline sonreía y se presentaba de la manera más educada que incluso a ella le sorprendió. Luego se aburrió y tomó de excusa que iba al tocador, a lo que se disculpó con los monarcas y a Finn le dirigió una mirada de súplica…Cosa que el humano entendió perfectamente y la dejó ir.

No le gustaba alejarse de Finn y menos en esas circunstancias, pero no soportaba ver la hipocresía en la cara de esas personas cuando bien sabía que los Peones podían morir en ese momento. Caminó con una gracia que hasta a ella le pareció extraña, considerando que podía flotar sin la necesidad de utilizar los enormes tacones y mortificar sus pies…Entonces, buscando a alguien con quien pegarse, encontró a Bonnibel en la barra de licores y bebidas, con una copa de cristal y aspecto apático y a Fionna platicando y riendo con Wendy.

"Al fin…Chicas.", pensó, agradecida con Glob de que ya tuviera amigas con quien pegarse. Por lo que se encaminó hacia ellas, mientras veía como Cake bailaba con una extraña criatura que llegó de los monarcas del continente de Uuu.

-¡Hey, chicas!- saludó ella, mientras se acercaba a la barra junto con ellas.

-Hola, Marceline…- dijo Fionna, con las mejillas levemente sonrosadas. Ella sonrió ante el saludo y miró al joven que atendía detrás de la barra.

-Una doble, por favor- pidió, mientras el joven le sonreía y se la preparaba. Luego se giró a Wendy y a la rubia, quienes seguían riendo y platicando. Parecía que se había vuelto buenas amigas en lo que ella y Finn estaban detrás de bambalinas.

-Je, je… ¿Hace cuanto que no bebemos juntas, Mar-Mar?- preguntó Wendy, llena de alegría y mientras tomaba una copa, alzándola hacia ella.

-No lo sé, Wen…Creo que… ¿Desde que las Scream Queens se desintegraron?- dijo Marceline, sonriéndole audazmente. Al fin podría ser ella misma sin la necesidad de modales y de ocultar que esos tacones estaban matando sus talones.

-¿Tu también bebes, Marceline?- le preguntó la humana. Marceline la miró mejor…En esos adorables hoyuelos que se le hacían en sus sonrisa se le notaba el rubor y sus ojos levemente cansados y la mirada ida. Sonrió y parpadeó un par de veces al ver una copa en la mano de la humana.

-Fionna… ¿Estás bebiendo?- le preguntó, con una sonrisa incrédula. Fionna miró la copa en su mano y le sonrió en gesto de complicidad.

-Solo un poco…Dado a que pueda que me maten en las Olimpiadas…Quiero probar lo que no he probado…- dijo ella, dándole un sorbo a su copa, mientras hacia un extraño gesto- Está rico esto…Desde que me lo dio a probar Rubí después de la entrevista-

-Es vino…- rió Marceline- Y por lo que se ve es bueno. Ámbar tiene muchos de esos de los años de las Guerra de los Champiñones y como entre más años se añeja mejor…Bueno…Te imaginarás…- explicó, con una sonrisa.

-Aquí tiene…- dijo el cantinero, dejándole su copa.

-Gracias…- respondió Marceline, tomando su copa y dándole un sorbo, mientras e relamía los labios. La verdad, no había bebido en mucho años…La última vez que lo hizo fue cuando visitó a su primo en Aaa…En su casa. Resulta que Marshall tenía varias botellas de vino…Y se las tomaron una por una, de poco en poco...A la mañana siguiente había una Marceline con resaca y un Marshall que se la pasó todo el día en el baño.

Valió la pena.

-Bueno, pero…No bebas mucho…A Marshall no le gustaría y a parte…Tienes que atender a los invitados e impresionarlos…Igual que el Parlamento…O eso fue lo que me dijo Ámbar- dijo Marceline.

-Oh…Eso lo sé…- dijo Fionna, ampliando los ojos- Por eso esta es la última…- dijo, levantando una copa, llena de nuevo- Salud…- dijo para ambas chicas.

-Salud…- dijeron Wendy y la vampira al mismo tiempo, mientras chocaban levemente sus copas contra ellas y le daban un sorbo.

-¿Y tu desde cuando te volviste tan "prudente"?- dijo Wendy a Marceline, mirándola con una sonrisa audaz- Si quiere tomar…Pues que tome-

-Claro…Y luego que el Parlamento se vaya en contra de ella por borracha- rió la vampiresa, mientras las chicas también lo hacían- Pero es en serio, eh Fionna…Esa y ya…- dijo, adquiriendo un tono más serio.

-Claro que si, amiga…Esta y ya…- dijo ella, llevándose la mano con la copa al pecho, haciendo que se le derramara un poco- Mierda…- gruñó ella, mientras se limpiaba un poco la mancha de su vestido y Wendy y Marcy reían divertidas…Fue cuando la vampiresa giró la mirada a alguien que había estado todo el tiempo a su lado, pero que se había permanecido callada hasta esos momentos.

Era la Dulce Princesa…Que estaba recargada, mirando a la pista, en la barra, sosteniendo aun su copa, que estaba a la mitad. Tenía la mirada perdida y si Marceline no la conociera bien, podría jurar que estaba triste. Así que se hizo a un lado de la rubia y la fantasma y se acercó un poco a Bonnibel.

-Pero que divertida pareces, Bonnie…- dijo ella, con esa sonrisa audaz de siempre que tanto le carcomía a la pelirosa…Pero esta únicamente apenas y la miró…y luego volvió su vista a la pista.

-¿Ya no tienes a nadie a quien molestar, Marceline?- le preguntó la Princesa con ese usual gesto de frialdad hacia ella, sin embargo, la vampiresa no perdió su sonrisa y se recargó a su lado.

-Bueno…Mi garganta se resecó un poco, así que no quiero cantar ya…Marshall está arriba, ya vine a molestar a estas dos…- dijo, señalando con su copa a Fionna y Wendy que seguían riendo sin parar- Y Finn está ocupado, atendiendo a unas personas…Así que…No…No tengo a nadie más a quien molestar- dijo, con una sonrisa.

-Pero tenías que venir conmigo…- refunfuñó la Princesa enojada, a lo que Marceline río un poco.

-Oye…Te ves como una chica que quiere compañía…- dijo ella, en tono de burla y se fijó que ya se había soltado el cabello y ya no lo llevaba recogido en ese gracioso chongo que llevaba, si no que sus ondulaciones se extendían hasta el suelo- Deberías buscarte a alguien con quien bailar…-

-No quiero bailar…- dijo ella, sin mirarla.

-O no quieres bailar con nadie que no sea Guy…- corrigió la vampiresa, haciendo hincapié en un punto sensible en Bonnibel, lo que hizo que se girara a verla, con el ceño fruncido, pero con las mejillas sonrojadas- ¿Crees que no estoy viendo como lo observas desde aquí?- dijo Marceline, encogiéndose de hombros y dándole un sorbo a su copa.

Lo cierto era que por eso se acercó a ella, porque lo estaba mirando desde el fondo del Salón, como cantaba, tocaba el piano y lo hacía con sentimiento. No veía algo que no le gustara en el para dejar de amarlo…La verdad….Fueran solo unos días de conocerse y unas horas de novios…Habían bastado para darse cuenta que realmente lo quería…Y Marceline, como siempre, pensó que era una lástima que estuvieran peleados por una tontería y que el incomparable orgullo de ambos les evitara estar juntos.

-Deberían arreglarlo...- mencionó Marceline, mientras también veía a su amigo cantar junto con Bongo.

-Bueno... ¿Y qué te convertiste de pronto en "La Doctora Corazón, Marceline?- dijo la Princesa, algo fastidiada.

-No...Pero...No cometas el mismo error que yo, Bonnie- dijo la vampiresa, cerrando los ojos con fuerza- No pierdas al hombre que amas y menos por una estupidez-

La Princesa se giró a su ex mejor amiga y vio en sus ojos reflejadas la cólera y la tristeza...Y a la vez...Algo de empatía. Ella había perdido a Finn de la manera más horrible, peor aún, se lo habían arrebatado.

Era por eso que se lo decía...Quería que ella lo evitara...Que evitara que se le fuera de la mano...Porque si no, no lo iba a recuperar...Y menos por una estupidez...Tenía razón...Ella no podía desperdiciar algo que por lo que Marceline había llorado, menos teniéndolo en bandeja de plata.

Si no fuera tan orgullosa...

La despertaron los aplausos desenfrenados del público luego de la última canción la despertaron y distrajeron de sus pensamientos...Alzó su mirada al escenario, donde Bongo de acercó el micrófono para la atención de sus amigos y de los demás invitados.

-Bueno, chicos...Je, je...Me acaban de avisar que la Princesa Ámbar está disponible de nuevo y la tenemos aquí...con nosotros... ¡Para que toquemos las Scream Queens de nuevo!- soltó, en el tono más animoso que pudo.

Marceline amplió los ojos al escuchar tal noticia y miró a Marshall...Quien le dirigió una mirada de "Yo no sé nada"...Y luego buscó con la mirada a Finn...Quien la veía también sin entender.

Entonces...buscó con la mirada al responsable del dolor de su mejor amiga...Y lo encontró...Era extraño porque estaba a unos metros de ella y las chicas...Y Finn, como era su costumbre con él, se acercó, tomando de los hombros a Marceline y acercándose con aire casual a él.

Al final...Como cucarachas se dispersaron entre ellos, Jake arrastrando a la pista de baile a Cake y Fionna y Marshall yéndose por un lado y la Dulce Princesa yéndose con Wendy a esperar el descanso de Bongo una vez que terminara la nueva pieza que estaban dando.

Al final, Anthony se quedó parado ahí, solo... Era tal y como se sintió cuando la empujó un vio esa mueca en su rostro... Pero era mucho más terrible, porque esta vez se la había devuelto el doble de doloroso. Sentía ese terrible agujero en su pecho... Como si algo oprimiera su garganta y no lo dejara respirar. Pronto sintió los centenares de invitados y su calor corporal inundar la habitación.

Quería golpear a alguien con todos sus puños, desquitarse... Gritarle al mundo lo cruel que era con él y lo injusto con ella. Le dolía la cabeza y sintió como se le humedecían los ojos. Quería llorar... Pero no podía ponerse de chillón ahí. Pese a todo... Aun tenía dignidad.

Sintió las luces violetas de la pista de baile darle a su piel, la música le retumbaba en los oídos... Y entre miles de caras sonrientes y danzantes... Vio una sonrisa suspicaz adornada por dientes que eran lo mas parecido a perlas blancas... Él también lo miraba y recordó sus ojos penetrantes cuando evitó que Finn le partiera la cara.

La voz del estilista de la Princesa diciéndole a Finn que él lo controlaba lo hizo poner los pies bruscamente sobre la tierra. Había caído en las redes de un sujeto completamente pacifista... Pero que también sabía defender lo que era suyo... No es que Ámbar le perteneciera, pero siendo la persona más gratificante en todo el Desierto la hacía SU amiga.

Lo había golpeado tal vez no con los puños ni sus pies... Pero si lo había hecho orillando a la Princesa a dar todo su egocentrismo

La verdad, incluso con las luces fluorescentes se le veía al Consejero lo mal que se encontraba. Había bebido, pues a Marceline le llegaba el olor a vino y whisky...Más no parecía borracho, ni inconsciente de sus acciones...Pero si bastante preocupado y pálido.

Marceline le dio la razón y pensó en que realmente debería de estarlo, porque, aquellos que conocían a profundidad a la monarca de ese Reino sabía que sus sentimientos siempre iban ligados a la música...Y que ahí...en el escenario...Iba a exhibirlo.

Tal vez no delante de los invitados ni el Parlamento...Pues ellos no tenían ni idea de que había pasado...Pero si de Gumball...De Rabí, de Finn, de Marceline y de Marshall...Y, además, le iba a restregar su error...como solo ella sabía.

-Parece preocupado, mentor...-dijo Finn, acercándose a él, en tono de burla...Anthony reconoció la voz al instante y giró su rostro para mirarlo con toda la ira del mundo.

-Cállate, bastardo...- murmuró entre dientes...Finn solo sonrió con autosuficiencia...Eso se merecía por andar jugando con los sentimientos de una excelente persona. Pero Marceline no se dejó llevar...y fue más cuidadosa al mirar los ojos del Consejero.

Más que de ira o enojo...Estaban llenos de dolor.

-Y bueno...Para ello necesitamos a Marceline en el bajo...jeje...- dijo Bongo, buscándola con la mirada entre las personas- Marcy... ¿Dónde estás?- pronunció fantasma al micrófono.

Marceline miró a Finn, como si le pidiera permiso...A lo que el joven humano le asintió dulcemente, mientras acariciaba un poco su mejilla. La vampiresa sonrió en respuesta y flotó, atravesando todo el Salón hasta el escenario...Mientras el público aplaudía y llenaba la sala de gritos al ver a la Reina Vampiro de nuevo en escena.

Marcy sonrió son timidez, mientras se quitaba de nuevo el collar y con una flama rojiza lo convertía a su bajo-tamaño-original...

Finn miró a su alrededor y vio como la gente parecía contenta de ver a los tres integrantes arriba del escenario...y decía tres porque Marshall había desaparecido detrás de bambalinas. Nunca supo bien la historia de su novia o de la Princesa en esa banda...Pero parecía que a todos les encantaba e interesaba verlos de vuelta.

Lo supo cuando el Parlamento, que se encontraba en una mesa de los rincones se acercaba al escenario a mirar con interés. De seguro también sería "jugoso" para ellos saber sobre la vida rebelde de la Princesa...Una vida que había preferido ocultar por el estereotipo de la realeza.

-¿Sabes? Había oído que las mujeres fáciles eran aburridas...- dijo Finn a Anthony, cruzándose de brazos. Anthony lo juzgó con la mirada y lo miro extrañado.

-Si... ¿Y?-

-¿Ámbar te parecía fácil?- le preguntó el humano, con frialdad. Anthony sintió un pinchazo en el pecho...y más que sorprenderse con la pregunta...Le dolió en lo mas profundo de su ser.

No era que le importara demasiado la opinión de Finn...A decir verdad, por su culpa estaba entre la espalda y la pared...Pero...si él lo veía así...No quería ni imaginarse como lo había visto Ámbar.

Así...Que se quedó callado.

-¿Donde rayos está Katherine?- susurró Marceline en voz alta a Bongo...Pues ya se habían tardado unos minutos y la Princesa no aparecía...Además, el público empezaba a preguntarse dónde estaba la última integrante.

-No lo sé- respondió Bongo- Ella...-

-Ella está aquí...- dijo una voz femenina, saliendo de detrás de bambalinas. Los chicos giraron su vista a ella...mientras el público parecía enloquecer por debajo de tarima...Y la verdad a los tres músicos los dejo con la boca abierta.

-¿Ka...Katherine?- soltó la vampiresa atónita.

-Oh...por...Glob...- dijo Fionna, mientras Marshall llegaba a su lado y la miraba boquiabierta. Para su sorpresa el vampiro no reaccionó igual...Ya la había visto cuando cambiaron de lugar en detrás de bambalinas.

Finn pestañeó varias veces para asegurarse de que sus ojos no lo estaban engañando o que su mente no le estaba haciendo una mala jugada...Y miró por el rabillo del ojos a Anthony.

Estaba aun más pálido y con los ojos abiertos de par en par. Mas que sorprendido...Parecía horrorizado de ver lo que sus ojos presenciaban por arriba del escenario...y supo que le iba a ir peor que a cualquier condenado luego de haber cometido semejante error.

Era ella...Era la Princesa del Reino de la Joya. Pero no era ni Katherine ni Ámbar...Era una que se hallaba en medio de esas dos...Una muchacha que se hallaba con el ceño fruncido y el gesto desafiante y rebelde...Por no decir de su ropa...Nada de trajes árabes y sosos...

La castaña llevaba su cabello suelto, sin nada más que unas ondulaciones bien hechas que caían por su espalda y hombros...Unos mallones ajustadísimos color negro con partículas luminosas...Botines negros con tacón de aguja...haciéndola ver más alta...Un top negro lo suficientemente corto y ajustado a sus pechos para entallar la figura...y un chalequito verde opaco de tela fina y suave...Por no decir que llevaba a la que alguna vez fue su inseparable guitarra; Polly.

-¿Esa...es...?- comenzó a preguntar Fionna, atónita.

-¿Ámbar?- completó el vampiro, con una sonrisa audaz- Digamos que si es Ámbar pero tampoco lo es...- dijo él. La humana lo miro sin entender y el amplió esa sonrisa- Es Keila-

Curiosamente Finn escucho lo que Marshall había mencionado. Era cierto...Parecía la Princesa...Pero a la vez no lo era...Había algo diferente en ella y no por sus facciones...Sino por su mirada...Había algo en su mirada que...que le hacía estremecerse...Una mirada intimidante. Una mirada que siempre debió tener para defenderse de aquello que quisiera jugar con ella.

Una mirada cruel, incluso.

Miró a Anthony, quien no salía de su aspecto de asombro y total sorpresa. Incluso miedo...Y es que había olvidado una parte importante en su plan...Que, si la Princesa realmente creía que para él, había sido un juego...Ella lo cobraría con moneda de oro. Había despertado una parte mala en ella...Y si, tenía que preocuparse.

El Salón estalló en gritos de emoción, mientras silababan a las dos jóvenes de arriba y mientras la Princesa se acercaba con un paso a movimiento de caderas al micrófono, acomodándose a Polly.

-Buenas noches...Señores del Parlamento, Señores del Jurado que no están aquí arriba, Peones, familiares y amigos de los Peones...E Invitados que nos acompañan...Espero la estén pasando muy bien en el Baile...Y...Para animar mejor esta fiesta, una banda muy especial que se ha mantenido oculta... Hoy vuelve para ustedes- dijo la Princesa. Finn veía admirado como hablaba...Como si nunca hubiese pasado nada, como si esa joven que vio afuera nunca hubiese estado asustada o lastimada por el amor...Realmente, en esos momentos, iluminada bajo loe proyectores y junto al amor de su vida...Parecía la persona mas dura que había visto- ¡Señoras y señores, con ustedes...Las Scream Queens!-

Y tras esta presentación los aplausos y gritos de emoción como en un concierto se hicieron presentes en cada rincón del Salón. Fionna, Wendy, Marshall y Bonnibel aplaudían y gritaban adulaciones para sus amigos y jueces, mientras Jake y Cake...con sus brazos...Los habían alargado entre la multitud y escribían con ellos "I Love Scream Queens"...

Finn también aplaudió...Ya los habían oído esa mañana...Pero tenerlos con tanta gente gritando y aplaudiendo su nombre era alucinante y aun mejor. Anthony, por el contrario...Solo dio unos aplausos para no quedarse atrás, porque lo cierto era que se estaba muriendo de miedo.

-Vale chicos..."You don't know me" ¿Les parece?- dijo la Princesa, girándose a ellos para ponerse de acuerdo en que tocar. Marceline abrió la boca para decir que era una pésima idea considerando el porqué de querer tocarla...Pero Guy y Bongo no sabían nada...Y dos le ganaban a uno.

-¡Si, nena!- soltó Bongo, animado como siempre y tocando una notas en su batería, haciendo que el público gritara más fuerte hasta lastimarles los oídos.

-Vale...- dijo ella con una sonrisa y se giró de nuevo a la gente, llena de emoción.

-Bueno chicos...esta canción va para una persona muy especial en...mi corazón...- dijo ella, con falso sonido sentimental. Al instante Marceline se tenso, Finn también y Anthony sintió que las rodillas le temblaban y como su pulso se bajaba...-De seguro todos conocen a Anthony...Mí...Queridísimo Consejero real...- dijo ella, señalándolo en medio del todo el público.

Marceline vio a donde señalaba y no pudo creer que no lo viera antes para decirle con la mirada que se desapareciera del Baile o del Reino si era necesario. Katherine se lo iba a comer vivo...y para colmo de males, el proyector se posó sobre él, lastimándole un poco los ojos...

Finn dio un brinquito al lado, para no verse envuelto...Pero la verdad era que también sonrió maliciosamente. Anthony se lo merecía por completo.

-¿Que...?- soltó Anthony, deslumbrado por la luz del proyecto.

-Solo escucha...Creo que la odiarás...- dijo la Princesa con una sonrisa cruel- ¡Denle duros chicos!-

Y tras decir esto comenzó a tocar las primeras notas de su guitarra...Junto con las cuerdas del bajo de Marceline

-"You think you know me..."- comenzó a cantar la castaña, uniendo su voz el piano de Guy- "...But you don't know me...You think you own me, but you can't control me. You look at me and there's just one thing that you see ...So listen to me...Listen to me!...- y su voz voló por cada uno de las bocinas en todo el lugar, haciendo que cada presente comenzara a gritar y aplaudir de la emoción. La verdad dejó sin palabras a sus amigos...A excepción de Marshall, claro. Y obviamente todos unieron sus palmas a su voz y a la acústica de la genial banda detrás de ella.

-"You push me back ...I push you back ...Harder, harder .You scream at me...I scream at you... Louder, L-L-L-L-Louder"- cantó, moviendo sus hombros y tomando el micrófono, mientras su mirada se posaba en uno solo de entre ellos. Y como si se delatara él solo, Anthony dio un paso al frente, mientras Finn lo señalaba con un aspecto fingido de sorpresa. El rostro del rubio divirtió a la vampiresa, quien pese a la situación completamente tensa, sonrió.

Tenía que relajarse, como los viejos tiempos y ojala esa vibra se las hubiese pasado al joven Consejero...Pero lo cierto era que estaba completamente aturdido por cada una de las palabras de la joven... Y se sentía peor todavía cuando alguno en el público se giraba a verlo con un sonrisita molesta y maldijo al tipo del reflector que aun le apuntaba.

-"You push me back ...I push you back ...Harder, harder .You scream at me...I scream at you... Louder, L-L-L-L-Louder"- cantó, moviendo sus hombros y tomando el micrófono, mientras su mirada se posaba en uno solo de entre ellos. Y como si se delatara él solo, Anthony dio un paso al frente, mientras Finn lo señalaba con un aspecto fingido de sorpresa. El rostro del rubio divirtió a la vampiresa, quien pese a la situación completamente tensa, sonrió.

Tenía que relajarse, como los viejos tiempos y ojala esa vibra se las hubiese pasado al joven Consejero...Pero lo cierto era que estaba completamente aturdido por cada una de las palabras de la joven... Y se sentía peor todavía cuando alguno en el público se giraba a verlo con un sonrisita molesta y maldijo al tipo del reflector que aun le apuntaba.

-"I'm dangerous so I'm warning you. Cause you're not afraid of me... And I can't convince you..." - cantó y sintió como posaba sus ojos en él y le dio un tiro con sus palabras -"You don't know me..."-

Verdad y error.

Porque era cierto...No la conocía del todo...No esa parte de ella. Esa parte despiadada...casi mala...Pero terriblemente sensual y tentadora. La comparó por un segundo con

Marcy...Fue cuando reparó que...Finn no le había hecho nada tan despiadado como él a ella y no lo odiaba.

-"You think you got me... But you don't get me... You think you want me... But you don't know what you're getting into..."- cantó mientras que Marceline le seguía- "There's so much more to me then what you think you see ...So listen to me ... Just listen to me!"-

Nuevamente las palabras le calaron a Anthony...Pudo haber salido de ahí...Nadie lo estaba reteniendo... Pero por alguna razón se estaba quedando escuchando esas palabras, como si él mismo recibiera su castigo por decirle tan cruel mentira a la persona que amaba.

Sin quererlo, sin contenerlo más, dentro de su cabeza en la media hora en la que desapareció hasta que llegó al escenario, la imagen del beso en el balcón le golpeó esta y el estómago. Recordó cuando alzo su Mirada a él luego de que deshizo el beso; estaba tan inocente y con un brillo en sus ojos tan único que casi lo habían puesto de rodillas y lo había orillando a abrazarle y jurarle con su alma que la amaba y la protegería.

Pero era cobarde hasta cierto punto, porque la lastimó tanto que en ese momento lo veía. A nadie en el Reino lo había tratado como él hasta ese momento. Por muy malo que fuera alguien jamás lo había exhibido ni impuesto una tortura como esa; llena de notas musicales y le quedó claro algo cuando de nuevo se encontraron sus miradas: Para ella era la peor persona que pisaba el Último

Desierto en ese momento.

-"You push me back...I push you back&†Harder, harder. You scream at me, I scream at you…Lauder…L-l-l-lauder…I'm dangerous so I'm warning you. Cause you're not afraid of me... And I can't convince you..." - cantó y sintió como posaba sus ojos en él y le dio un tiro con sus palabras -"You don't know me..."-

Verdad y error.

Porque era cierto...No la conocía del todo...No esa parte de ella. Esa parte despiadada...casi mala...Pero terriblemente sensual y tentadora. La comparó por un segundo con Marcy...Fue cuando reparó que...Finn no le había hecho nada tan despiadado como él a ella y no lo odiaba.

-"You think you got me... But you don't get me... You think you want me... But you don't know what you're getting into..."- cantó mientras que Marceline le seguía- "There's so much more to me then what you think you see ...So listen to me ... Just listen to me!"-. Nuevamente las palabras le calaron a Anthony...Pudo haber salido de ahí...Nadie lo estaba reteniendo... Pero por alguna razón se estaba quedando…

Escuchando esas palabras, como si él mismo recibiera su castigo por decirle tan cruel mentira a la persona que amaba.

Sin quererlo, sin contenerlo más, dentro de su cabeza en la media hora en la que desapareció hasta que llegó al escenario, la imagen del beso en el balcón le golpeó esta y el estómago. Recordó cuando alzo su Mirada a él luego de que deshizo el beso; estaba tan inocente y con un brillo en sus ojos tan único que casi lo habían puesto de rodillas y lo habían orillando a abrazarle y jurarle con su alma que la amaba y la protegería.

Pero era cobarde hasta cierto punto, porque la lastimó tanto que en ese momento lo veía. A nadie en el Reino lo había tratado como él hasta ese momento. Por muy malo que fuera alguien jamás lo había exhibido ni impuesto una tortura como esa; llena de notas musicales…Y le quedó claro algo cuando de nuevo se encontraron sus miradas: Para ella era la peor persona que pisaba el Último Desierto en ese momento.

-"You push me back...I push you back… Harder, harder. You scream at me I scream at you…Louder, L-L-L-L-Louder…I scream at you… Louder, L-L-L-L-Louder"- En esta parte ya no lo miró a él, mientras unía su voz un poco a Marcy, quien trataba de que el público se diera cuenta de que era una canción con un tema normal…Pero claro que no lo era, porque muchos en el publico aun veían al oji-verde con algunas risitas o curiosidad…Y claro, Finn contribuía con esas sonrisitas irónicas y burlonas cada vez que veía como Ámbar le daba con cada palabra- "I'm dangerous so I'm warning you… But you're not afraid of me… And I can't convince you… You don't know meee!"- luego de eso el rostro de mártir se vio en su rostro….y al menos aquellos que la conocían suficiente pudieron ver el dolor en sus ojos y lo dura que la había echo en cuestión de minutos…Sin quererlo Anthony había creado un caparazón en ella.

-"And the longer that you stay, the ice is melting…"- y esta vez con todo el dolor de su corazón si lo miró a los ojos, estaban cargados de trsiteza y decepción. Le dejaba claro en ese momento que no importaba lo que hiciera en esos momentos…Realmente estaba dolida por haber "desperdiciado" su primer beso, por ser tan sincera con sus sentimientos y por ser humillada ante Gumball, su estilista y uno de los Peones- "And the pain feels okay, it feels okay…"- y de nuevo….esa mueca de dolor.

-"Heyy…"- canto Marceline, haciéndole coro por detrás… Y tratando de suavizar la situación que evidentemente ya estaba puesta incluso en los doce metros entre Anthony y Ámbar.

-"You push me back… I push you back… You scream at me… I scream at you Louder, lauder…"- y pareció que con el puente de la canción se apasionó más que en el resto, porque dejó la guitarra por un momento y se aferró al microofono tanto que en algún momento Marceline pensó que lo partiría a la mitad- "Lauder, lauder, lauder, lauder…LAUDER, LAUDER…LAUDER!"-

-"You push me back… I push you back… Harder, harder…"- cantó la pelinegra con el poco aire que le quedaba en los pulmones, y no es que necesitara respirar…Es que realmente el ritmo de su amiga iba demasiado rápido y pesado y Guy y Bongo pensaban igual…Habían olvidado la condición que debían tener cuando en su banda estaban Marceline y Keila como vocalistas.

-"You scream at me… I scream at you… Louder, L-L-L-L-Louder… I'm dangerous, so I'm warning you… But you're not afraid of me…"- entonces alcanzó la voz de Marceline y canto ella también con lo poco que le quedaba-" I'm dangerous so I'm warning you… But you're not afraid of me…- entonces alcanzó la voz de Marceline y canto ella también con lo poco que le quedaba- "And I can't convince you… I don't have to…"- unió su voz de nuevo a la de la vampiresa, pero luego terminó con la última frase mirando directamente a Anthony- …"I think that you know me."-

Tan pronto como terminó la canción el público irrumpió en aplausos ensordecedores y comentarios aduladores completamente emocionados de los invitados. Por primera vez en mucho tiempo, los cuatro recordaron lo que era estar en el escenario siendo admirados por todos.

La primera canción estuvo bien, pero sin duda hacía falta Ámbar y en esos momentos las Scream Queens estaban de nuevo en la cima, al menos esa noche. La voces de tan hermosas muchachas, los acordes bien formados de Guy en el teclado y Bongo dándole a la batería con toda la fuerza de su espectral alma…Finn entendió porqué ellos significaban más que un simple conjunto de músicos…Porque en esos tres minutos de música la mayoría se había dado cuenta del corazón partido de Ámbar y la razón.

Sin dudarlo y completamente anonado por la genialidad de su amiga, su novia y sus Jueces aplaudió con una gran sonrisa. Marshall, Fionna y la Dulce Princesa también lo estaban haciendo mientras gritaban sus nombres eufóricas…Incluso pudo jurar Bonnibel que estuvo por quitarse ese enojo y orgullo que le traía a Guy. Y claro que Jake y Cake escribían más en las cabezas de las personas del público "I love Scream Queens" en lo alto.

El reflector al fin dejó en paz a Anthony y este tomó nota de quien lo conducía para que al final de la fiesta, lo echaran de patitas en la calle por haberle ayudado a exhibirlo así. Pudiese ser que no tuviera otra opción al recibir órdenes directas de Ámbar…Pero…

Tenía tanto coraje.

Tenía que tragarse la verdad y ya le parecía suficiente haber perdido a la mujer a la que mas amaba, solo le faltaba eso, que ella lo humillara de esa manera. Que le restregara en la cara de lo que se había perdido y de lo que nunca más le iba a ofrecer…Y la canción era tan simple y a la vez tan complicada que también le costaba trabajo tragársela por completo.

No la conocía…Eso decía la canción…Si él la había atacado, ella lo atacaría más fuerte…Se lamentó porque eso si debió verlo venir. Por mucho poder que él tuviera…Ella estaba a un paso más adelante y siempre sería así, por su poder, por su edad…Por lo difícil que había sido su vida…No iba a poder compensarlo y menos con las Olimpiadas a la vuelta de la esquina. A esa chica la había perdido para siempre…Agradeció poder besarla por última vez…Al menos, en eso….le reconfortaba.

Keila…Otra de sus múltiples personalidades que se había dignado a guardar solo para ella y su guitarra "Polly" ¿Y era simple no? La muchacha que estaba arriba era completamente diferente a como era ella realmente…Una princesa educada, benévola, paciente, discreta…No que esa chica tenía un aire rebelde, intimidante, explosivo, completamente desalineado. Era sexy…O al menos él lo encontró así en una parte…Pero esa no era su Princesa ni ella misma.

Eso no estaba en sus planes...Cambiarla...no... Sobre todo porque sabía lo que podía ocurrir tras de ello. Si ella se movía, el Reino también lo haría.

-Gracias, Reino de la Joya y mis invitados especiales...- dijo ella, acercándose con la respiración un poco agitada al micrófono pero con una enorme sonrisa- Espero que la estén pasando bien porque yo estoy muy contenta de andar esta noche con ustedes. Acaban de escuchar el debut de esta noche de las Scream Queens...Porque...solo podemos para una noche- dijo ella, bromeando entre risas. Al instante el público les respondió con otras, agraciados de su pequeña broma.

-Habla por ti misma, nena...- soltó Bongo, mientras daba redobles en su batería y el público reía más, extasiándolo.

-Bueno, Bongo...Si tanto crees poder creo que es momento de dejarlos- dijo ella con una sonrisa- Guy...- pidió con una enorme sonrisa, al instante el muchacho puso en su rostro una misma expresión, aunque claro, con su toque taciturno.

-Como diga su alteza...- dijo él y comenzó a ambientar de nuevo, tocando su piano complicadamente y tocando las notas con sus dedos a una rapidez imposible. Al instante el público soltó gritos de emoción, salvo Bonnie, quien simplemente sonrió de medio lado.

-Presumido...- murmuró por lo bajo, recordando lo enojada que todavía seguí con el joven juez.

-Señoras y señores, los dejó con el baterista y el tecladista de las Scream Queens ¡Guy y Bongo!- dijo Ámbar de nuevo con su misma reverencia de siempre, mientras los espectadores aplaudían. Los chicos tocaron unos cuantos acordes en conjunto, mientras sonreían a los gritos femeninos del público- Gracias y que sigan teniendo una linda noche...- se despidió contenta, mientras el público le aplaudía mucho más fuerte a ella y a Marceline, quien sonrió, hizo una pequeña reverencia en el aire y dejó su bajo por ahí. No creía necesitarlo en lo que restaba de la velada hasta que volviera a tocar. Pero por el momento solo quería estar con Finn todo lo que pudiera.

Cuando bajaron de escenario, mientras las luces volvían a ser claras y varios invitados se ponían a bailar con una danza romántica que Bongo y Guy estaban interpretando en acústica, Jake, Cake, Finn, Fionna, Marshall, la Dulce Princesa y Wendy se acercaron a ambas chicas abajo del escenario para felicitarlas por una gran interpretación.

-¡Chicas! Estuvieron geniales…- soltó Fionna, mientras se lanzaba a los brazos de Marceline contenta.

-Gracias…- jadeó un poco la vampiresa- Hacia mucho que no tocaba al ritmo de Katherine- dijo con una sonrisa, y mirando a su amiga, quien le dedicó el mismo gesto.

-Bueno...Pero aun tenemos el toque, Marcy...Yo sigo teniendo todo con la guitarra y tu con el bajo- dijo ella guiñándole un ojo.

-Y usted, princesa...Se ve tan...Diferente...- dijo Wendy, mirándola de abajo hacia arriba...Como si fuera una llamada de atención en las que frecuentemente estaba metida, el resto de sus amigos la miraron igual. Ese atuendo completamente provocativo y nada formal para la fiesta de esa noche.

Sin embargo, la belleza era la belleza, y aun sin esos trajes de seda y solo sus ajustados mallones que parecían de plástico negro y más alta gracias a sus tacones seguía estando hermosa. Tan hermosa como letal. Aunque a sus amigos les dirigía una sonrisa de complicidad, de profundo aprecio y cariño, por no decir calor, como siempre...Pero había algo en sus ojos. Algo que parecía dolerle y que opacaba ese bonito color topacio.

-¡Estuviste genial, nena!- dijo Finn, llegando de pronto, tomando a Marcy de la muñeca y besándola intensamente mientras la inclinaba un poco hacia atrás. Marceline no le correspondió de la sorpresa y de la repentina pasión con la que le dio ese beso.

Sus amigos hicieron algunos ruiditos melosos mientras los veían el pasional beso, igual que algunos invitados quienes soltaron comentarios llenos de picardía y emoción al ver al Peón que se había llevado la entrevista de la noche con su sexy novia vampiro.

-Wow...- soltó Ámbar con una sonrisa llena de picardía...Pero a la vez de cierto dolor. Por alguna razón se estaba viendo por fuera tras darle a Anthony ese beso que lamentaba desde que Rabí la cambió por completo.

Al final Finn mismo detuvo el beso y miró a Marceline completamente ruborizada y sorprendida de ese repentino acto de cariño. La verdad es que el humano había estado mucho más atrevido que otras veces en toda la relación que llevaban a partir del viaje. Por ejemplo, era rara la ocasión en la que él le agarraba la cintura, dado que su inocencia no le permitía ir más allá de esos besos cariñosos.

Pero esa noche, desde que terminó el baile, todo el tiempo puso su mano en su cintura, le daba besos asi, como el que se habían dado después de que le conto lo de Anthony y el beso con la Princesa. Si no lo conociera bien...Realmente estaba de rarito...

-¿Y eso...Por qué?- jadeó la vampiresa, enderezándose y mirándolo completamente azorada, mientras Finn tomaba su mano.

-¿Qué? ¿No puedo besar a mi novia?- dijo Finn con una sonrisa tímida, mientras tomaba su mano con firmeza.

-Oh, de que puedes, puedes...Pero la poca vergüenza y el cinismo es otra cosa muchachito- dijo Marshall con burla, mientras rodeaba los hombros de la humana y le daba un beso en la mejilla.

-Lo dice el que se dejo ver en fotos en la entrevista y aparte se escondió en la butaca- le reprochó Jake, entrecerrando sus ojos. Al instante Marshall apretó los dientes y se ruborizó ante todos, a lo que rieron a carcajadas por la pena del vampiro.

-Estúpido perro...- gruñó, mientras apretaba su puño.

Ámbar rió más todavía. Por eso le gustaba estar con ellos porque su compañía hacia que casi se olvidara de sus problemas...Entonces fue cuando sin querer su mirada se posó en la mirada esmeralda del joven Anthony, quien estaba a unos metros de ellos, de seguro escuchando a distancia sus conversaciones.

Por alguna razón no solo ella notó su presencia, sino también Finn, quien frunció el ceño al verlo...No sabía si de satisfacción por el golpe bajo que Keila le había dado o todavía de ira. Marshall igual contuvo el aliento y Marcy lo miró algo dudosa...Y lo examinó con la mirada. Había algo en él...Como si hubiera dicho una mentira y esta le quemara por dentro.

La mirada que le dedicó el Consejero a ella era casi desesperada, abrumada...Dejando claro que las notas y la letra de esa canción le habían perforado las en el alma... No solo era que no pudiera tenerla...Era el hecho de que la había perdido y se había ganado su odio.

Y cuando alguien se ganaba el odio de ella, al menos en ese Reino...Era una persona muerta...Y lo verificó en su mirada.

Ya que la tenía cerca le parecía tan frívola, tan malvada...Tan seria. No era ella...Era otra chica la que había liberado. Una fuera de si...Una llena de ira, la cual, era un efecto secundario del dolor...Sus ojos lo mataban lentamente, mas no desvió la mirada como el balcón. Ahí lo último que quería era verlo...

Y en ese momento, ver su semblante pálido, débil ante ella, confuso, humillado...Era como una clase de satisfacción para ella...Porque, hacía unos minutos...Él la había hecho sentir igual:...Como el ser más insignificante en lo que quedaba del Planeta.

Al parecer los demás se dieron cuenta de la situación incomoda por la mirada de los chicos, los vampiros y el humano, además del recuerdo de las palabras de la Princesa en el escenario. Si...Algo pasaba con esos dos.

-Princesa...yo...- comenzó a decir Anthony con voz temblorosa, en la que se le notaba lleno de miedo.

-Dime...Thony...- respondió la Princesa con una sonrisa tan burlona que le perforó el alma a todos ellos, pero más a Anthony. Para empezar ese tono de superioridad que nunca había usado...Esos ojos matadores y retadores, esa sonrisa fingida encorvada en una pequeña mueca...Era la expresión mas terrible que ella le había dedicado. Incluso lo llamó por como sabía que odiaba. Sin quererlo, ahora ella tenía el arco y le estaba apuntando.

-Quisiera...Hablar con usted- dijo el Consejero, sintiendo como le temblaban las rodillas. Al instante el grupo se hundió en un inmerso silencio que después se vio interrumpido por unas risitas de la persona que menos esperaban: la princesa.

-Pero si tu y yo ya hemos dejado todo claro- sonrió ella burlonamente- Tu no me quieres, no te tengo porqué querer. Mejor vete buscando a otra chica de por ahí a la cual presumirle que eres Consejero... O que te mantenga-

-¡Ooooooohhhh!- soltaron Finn y Marshall al mismo tiempo, hundiéndolo más de lo que Ámbar había hecho. Luego soltaron unas risitas al igual que ella y Marcy únicamente lo miró completamente apenada, igual que la Dulce Princesa, Cake y Jake, quienes no entendían muy bien que pasaba, igual que Fionna.

En ningún momento en su vida se había sentido tan más humillado y perforado por alguien.

Lástima que era la misma Princesa, la mujer que amaba, la que lo estaba haciendo frente a todos.

La verdad había sabido dar al blanco. Él la lastimó donde era su punto débil: el hecho de no haberse enamorado de alguien nunca...Ahora ella le restregaba en cara que sin ella habría seguido siendo el pequeño ladrón de manzanas asustadizo sin familia.

Era una de las frases más crueles que alguien le había dicho a Anthony, incluso cuando muchos en el palacio conocían su historia y su pasado humilde, por primera vez ella le decía con su boca y con esa mirada retadora que jamás estaría a su altura...Y eso ya era rebajarlo muchísimo. También estaba la parte donde le reprochaba con ese "mantenido" lo que había hecho por él.

Tenía razón en cierto aspecto, porque Anthony nunca trabajó ni vivió de nada salvo del robo hasta que ella lo encontró en el pueblo. Ella le dio de comer, ella le dio un hogar, ella le dio educación, por ella aprendió más, por ella llegó a un puesto tan importan y por ella era quien era en esos momentos... Tenía el tercer puesto más importante en el Reino... Y sin embargo estaba ahí parado como imbécil y con la mirada llena de dolor.

Pese a que ella se dio cuenta de sus palabras, de lo crueles que fueron, no desvió la mirada y se la sostuvo ahí. Esos eran ojos retadores, y parecía que ese bonito color miel o topacio se oscurecían a un punto en el que Anthony ya no supo reconocerlos. Por su buen corazón estuvo a punto de pedirle que lo disculpara... Que no quería ni debió haber dicho eso...Pero luego recordó como la humilló en el balcón.

Recordó como partió su "corazón" en mil pedazos, como la vio con aire de superioridad una vez que ya se había rebajado a la altura de ese beso, que, aun dadas las circunstancias, fue la mejor sensación que en su vida había sentido. Tal vez eso le hería más, que seguía queriendo a Anthony... Y por eso a la vez lo odiaba.

Frunció el ceño mas de lo debido cuando vio que la mano de Anthony se cerraba en un puño. ¿Qué? ¿Estaba enojado? Pues solo eso le faltaba... Ella no lo empujó al barandal ni lo humilló hasta ese momento...Casi le volvió a doler donde se había pegado cuando él se la quitó de encima.

-¿Princesa?- una voz detrás de Anthony hizo que el feo ambiente que se había creado se rompiera y que la mirada cruel de la Princesa se desviara de la apenada de Anthony, quien se giró completamente tenso hacia el que la llamaba.

-Dígame, Príncipe Gumball...- dijo ella con una sonrisa coqueta y burlona para Anthony.

-Debo decirle que... Se vio fenomenal ahí arriba. Su canción realmente tocó mi corazón- dijo el Príncipe con falsa galantería y la misma sonrisa.

-Gracias, alteza. Espero que no sea el único que haya escuchado mi melodía con el corazón- dijo ella, haciendo énfasis en "el único" mientras miraba de reojo a Anthony, una vez que lo apartó del camino y dio un paso frente a Gumball.

Anthony lo miró con el ceño fruncido y a decir verdad, todos a sus espaldas, lo hicieron. No se sentían del todo bien teniendo a Gumball en frente de ellos, mirando a la Princesa como si fuera un jugoso trozo de carne.

Finn tampoco lo vio como la mejor idea. Sabía las intenciones de Gumball desde esa mañana hasta cuando tuvo que detenerlo para no hacer una escena en el beso. Aunque claro, la escena la armó solita Anthony y él solo sirvió de espectador para ver como humillaban a la Princesa.

Marcy tampoco vio en esas sonrisas llenas de picardía una buena intención. Ni por parte de la castaña ni por parte del Príncipe. Él lo hacía quizás con las intenciones más sucias y depravadas de la mente varonil...Y ella lo hacía para clavarle las agujas de los celos al ojiverde poco a poco. Era una tortura cruel quizás pero tal vez era lo justo por herir su corazón de esa manera.

-¿Me permitiría compartir unas copas con usted?- dijo el Príncipe, tendiéndole el brazo con galantería. La Princesa amplió un poco los ojos y sus amigos a sus espaldas le gritaban que no confiara en el con la mirada. No podía dejarse llevar por él... No podía ser tan tonta, considerando toda la sarta de barbaries que les había soltado luego del ataque de Zoey.

Anthony, más que mirar a Ámbar preocupado de lo que podía hacer o a Gumball completamente molesto por hacer su aparición e invitación de una manera así... Su gesto era de profunda tristeza y humillación y a Marceline no le pasó desapercibido esto.

Finn por el contrario, su pequeño corazón se le encogió cuando vio el rostro de Anthony. Si el hubiese visto a Marceline con otro...No lo hubiera soportado...Sacudió la cabeza cuando recordó que, aunque le había dicho cosas horribles a Marceline en ocasiones... No le llegaría a los talones de como él había herido a la Princesa... Ni siquiera le llegaba al hecho de que aceptara ser acompañada por Gumball.

-Pero claro que si, alteza. Vamos...- respondió ella con una sonrisa complaciente y entrelazo su brazo al de él para luego girarse a sus amigos- Disfruten la noche, chicos- les deseó con una sonrisa sincera y luego se giró a Gumball- Le va a encantar lo nuevo que tiene la barra...-

-¿En serio?- pregunto Gumball, mientras desaparecían entre la multitud de invitados, bajo los rostros boquiabiertos de los demás.

Sinceramente ninguno creyó que le diría que sí, sobre todo porque antes de las entrevistas dejó claro que no podía acompañar a nadie... Sin embargo todo su ego se vino abajo de un tirón.

Gumball se había aprovechado de la situación. Había captado como todos el cambio que el Consejero creó en ella... El cambio para mal, claro estaba y eso lo había llevado a salvar su orgullo de hombre, ese que arrebató una Princesa rebelde al negarse a su afecto... Hasta ese momento.

Pasaba de ser una joya codiciada a tal vez una prestada... Cuando Anthony vio eso supo lo cruel que había sido y la mala decisión de había tomado. No solo al tratar salvarla se había auto acabado, sino ella igual. Sabía lo que pensaba..."Un hombre me va a lastimar... Entonces enamoraré a muchos, pero claro... Sin que yo me enamore para no salir lastimada de nuevo".

Pasó una mano por su rostro y su cabello y dio un paso hacia adelante. No había dejado caer a Ámbar para que se azotara tan bajo... Tenía que llevar a cabo su papel de Consejero y decirle que estaba mal. Debía hablar con ella aunque no quisiera.

Entonces alguien lo detuvo de la muñeca.

-¿Qué...?- soltó molesto y se giró a ver qué lo detenía o más bien quien. Frunció el ceño cuando vio a Finn agarrarlo con rudeza.

-Déjala...- dijo en tono severo.

-No te metas... Esto no te interesa- dijo Anthony, desamarrándose de su agarre de manera brusca- No tengo por qué escuchar tus opiniones... ¡Cuando todo esto es tu culpa!- dijo, mientras lo tomaba de la camisa y tiraba de ella.

-Ya...ya...¡Basta!- dijo Marceline, empujando al Consejero lo suficientemente fuerte para que soltara al humano...quien se tambaleó un poco hacia atrás igual que Anthony- Fin...Finn...no... No lo golpees...Espera...Espera- dijo Marceline...tendiendo su mano enfrente de él y mirándole completamente irritado y rojo de la ira.

-Imbécil...- gruñó Finn y lo miró con desaprobación- ¿Qué? ¿Me vas a decir que ahora de duele que se comporte así y mas contigo? ¡Estás enfermo!- le gritó Finn, a punto de abalanzarse contra él, cosa que Marcy tuvo que detener aferrándose a su brazo.

-Finn...- pronunció suavemente su nombre para tratar de tranquilizarlo.

-Escucha, idiota... No estás en posición de juzgar lo que hago o no hago... ¡Así que omite comentarios acerca de temas que NO ENTIEDES!- le gritó Anthony con toda la ira que pudo, tanto que algunos presentes se voltearon a mirarlo sorprendido.

Marshall y los demás se dieron cuenta de que estaban comenzando a llamar la atención y Fionna apretó un poco su agarre para señalarle con la mirada que hiciera algo porque sabían de sobra que a ninguno de los dos les convenía en absoluto armar un escándalo por el asunto de las Olimpiadas.

Así que como buen réferi se puso en medio de ambos, poniendo sus manos en sus pechos y los miró con aspecto cansino.

-Haber...Ya basta...Están llamando la atención y creo que a ninguno le conviene- dijo él, haciéndolos reaccionar un poco a ambos...y haciéndolos pensar mejor. Cierto, no les convenía, pero definitivamente eso no les quitaba la mirada terrible de encima a uno del otro.

-Eres un patán...- dijo Finn entre dientes y antes de que Anthony pudiera decir algo tomó a Marceline de la muñeca y se largó con ella de ahí antes de iniciar una pelea- Vámonos...- dijo sin más y se llevó a Marceline arrastrando, mientras esta le dirigía una mirada al Consejero algo apenada.

-Bueno, esta es una fiesta y no un funeral...- dijo Jake, interrumpiendo el inmenso silencio incomodo en el que se sumieron- Vamos a bailar mi querida gatita...- dijo sonriendo nerviosamente y arrastrándola a la pista. Al principio Cake lo miró sin entender... Hasta que supo porque lo hizo, así que se dejó llevar.

-Bueno... Vamos a comer algo...- dijo Fionna colgándose del cuello de Marshall. El asintió y acarició un poco su cabello.

-Vamos, preciosa...- y tras decir esto miró a Anthony- Y ya... No armen escándalo- dijo y lo pasaron de largo mientras se dirigían a la mesa de platillos. Poco después Wendy y la Dulce Princesa regresaron al bar a terminarse su copa y dejaron ahí al Consejero... Solo.

Y vaya que por primera vez se sintió así... como si le escupieran en la cara... Sintió como las piernas se le doblaban, que estaba a punto de desfallecer... quería llorar porque había perdido lo mas que amaba en el mundo... Y a la vez lo humillaba de tal manera...que le ardía el pecho... Que quería matar a alguien.

Sintió por primera vez el calor de la multitud de los invitados, el calor corporal, el olor a alcohol, a comida... La música retumbando en las bocinas... la luces golpeándole su piel. De repente todo el entorno lo mareaba, el sonido lo aturdía y el aire lo asfixiaba...

Y de entre las personas vio una sonrisa burlona de perlas blancas... lo miraba con esos ojos de color de boca de lobo mientras tomaba una copa... Su piel morena relucía con las luces del salón... Y esa expresión lo delataba.

En puente entre Ámbar y Keila... recordó como tomó el hombro de Finn cuando se la iba a partir y dijo: "Déjalo, muchacho...Yo lo arreglo..."

Y vaya que lo había arreglado. Había evitado que Finn le partiera la cara pero él había dado un golpe peor todavía. Le había hecho abrir a Ámbar una cajita de Pandora llena de rencor y odio hacia él. Tal vez no era menos de lo que se merecía... Pero él no conocía sus motivos.

Apretó dientes y puños y con impotencia atravesó la pista de baile hacia el, quien cuando vio que se acercaba, amplió su sonrisa.

-Eres un maldito...- gruñó cuando llegó a él.

-Anthony...- dijo Rabí con una sonrisa torcida-¿Escuchaste la canción que te dedicó su alteza? La verdad no sabía que fuera tan buena cantando en una tonada rebelde... Se lució-

-Escucha, imbécil. No sé qué ideas le metiste a la cabeza... ¡Pero ella no puede rebajarse a ese nivel!...- dijo, golpeando la cantina con un puño y mirándolo con rabia a los ojos- Quítala...Quita a Keila y trae de regreso a Ámbar...- le exigió entre dientes... Pero él solo soltó una carcajada sarcástica y llena de burla... se levantó dándole un último trago a su copa y se acercó a él, susurrándole al oído:

-Lo dice el bastardo que la hizo sentirse como nada rompiéndole el corazón...- dijo con rencor y casi maldad. La verdad no era la naturaleza de Rabí... La suya era ser comprensivo y solidario con las otras personas... Como lo era Fionna o Ámbar...Pero...cuando alguien humillaba a alguien...Tenía el conocimiento suficiente para sacarlos... Y derribarlos por completo.

Lo miró a los ojos después y vio que se había quedado callado con la rabia acumulándose en su cuerpo y su pecho. Sonrió al ver esa expresión en la cara de Anthony y lo volvió a encarar.

-No solo tú puedes protegerla...Así que ten cuidado y no la fastidies... O me vas a conocer- dijo entre dientes, tomándolo por la corbata y encarándolo muy de cerca- Recuerda, que aunque hayas ganado... sigo siendo tu tutor...-

Luego de eso lo soltó con rudeza, mientras lo barría con la mirada y se iba, pasándolo de largo.

El Consejero al instante se sentó, sintiéndose completamente aturdido... frotó sus ojos y recordó el pasado. Recordó cuando en efecto Rabí lo preparó para las Olimpiadas. A diferencia de la relación tensa con Finn, él y Rabí jamás la tuvieron. Pensó que tal vez se debía a que desde que llegó al Palacio Rabí le enseñó "Artes y Joyería", siendo su maestro, así como ser la persona que le ayudó a manejar el arco, convirtiéndose en el mejor arquero del reino.

Vio como su cabeza se unía a otra raramente familiar y de no ser por la complicada cicatriz parecida a la de la Princesa en forma de luna, Rabú pudo haberse confundido por su doble. Vio como intercambiaban algunas palabras y después este lo buscó con la mirada hasta que lo encontró. Le sostuvo la mirada por un momento, mientras fruncía el ceño, dejando ver que la vergüenza que sentía en ese momento no era objeto de burla o de diversión. Notó como lo miraba con burla, igual que su hermano, aunque menos severo y luego compartía unas risas con una jovencita a su lado.

Se giró a la enorme bocina detrás de él, de donde resonaba una música más movida de la última y se sintió pequeño por primera vez. Lo habían bajado bruscamente de su nube, pero aquello le dolía más que cualquier otra cosa en el mundo. No bastaba con el amor perdido que Ámbar ya no le tuviera…O mejor dicho Keila, o la falta de respeto de sus Peones o la decepción de Marceline reflejada en sus ojos carmesí. Resultaba peor que todo eso… Resultaba que ya no se tenía él amor a sí mismo…Que ya no se tenía respeto y claro, al igual que todos (incluso su mentor, al que hacía un año había hecho muy orgulloso de su victoria) estaba decepcionado de él.

Y no le quedaba nada. Y esta vez era la verdad. Sin poder contenerlo y antes de que alguien lo viera, derramó una lágrima que cayó sobre su botín.


Las horas de la velada transcurrieron y lo que pasó de ser una noche elegante pasó a ser una completamente reventada y ambientada. Los jóvenes invitados bailaban al compás de la música que las Scream Queens daban, de vez en cuando rolándose. A veces subía Marceline a apoyar con el bajo y Bongo bajaba o Guy subía mientras la Princesa se encontraba dando comentarios aduladores a los invitados que podía. Finn cuando vio su sonrisa casi pudo jurar que lo del beso con Anthony ´parecía tener años… Pero cuando la miraba y ella a él y se saludaban continuamente aun se le denotaba ese aspecto de tristeza.

No solo era la Princesa del Reino de la Joya… También era la Princesa de las mascaras de los sentimientos… Eso si… En todo lo que restó de la velada la vio colgada del brazo del Príncipe Gumball, quien tenía una absurda mueca de satisfacción al llevarse a la chica de la velada.

No se topó de nuevo con Anthony y agradeció de no hacerlo, porque si no le iba a partir la cara… Además, se dejó consentir por la diversión que el baile le proporcionaba. Así como Gumball parecía literalmente un chicle andante al lado de la Princesa, así estaba con Marceline. Y no pudo pasarlo mejor a su lado. Bailaron juntos algunas piezas, comieron juntos y la pasaron bien con sus amigos y familiares. Igual, una vez cuando se le bajó en coraje, bailó con Fionna, con Cake y hasta sacó a la Dulce Princesa para que no se la pasara mirando como colegiala a Guy arriba del escenario (esto, había sido sugerencia de Marceline). No bebió demasiado, pues aquello lo mareaba un poco, así que se limitó a pedir ponche sin licor y jugos…Muchos jugos.

Entonces hubo un lapso donde se encontraban en la cantina donde platicaban con Bongo, Wendy, Justin, Neko, Max, Rubí y Shadow…Por lo que se acercaron al igual que Fionna y Marshall. Parecía buena su plática porque sus carcajadas se escuchaban hasta la otra punta del Palacio.

-Parece que se divierten…- dijo Marceline, llegando con un brazo de Finn alrededor de sus hombros.

-Pero miren quien esta aquí…- dijo Max con admiración mientras se tomaba el resto de un caballito de cristal- Reina Vampiro, permítame decirle que se ve como una diosa de las tinieblas esta noche…- dijo, mientras le besaba la mano galantemente, a lo que la vampiresa sonrió con burla.

-Las cortesías no te servirán de nada para que te deje entrar a la Nocheosfera- rió un poco.

-Pero si se lo digo de corazón, mi preciosa reina…- dijo y luego miró a Finn, quien sonreía divertido por la audacia de su novia- Debo admitir que te llevaste el premio mayor, humano… Y no solo lo digo por ella, sino también por la entrevista-

-Gracias, señor Juez- dijo Finn, haciendo una leve reverencia.

-A mi… No me engañas…Muchachito...- dijo Justin, con las mejillas levemente sonrojadas y tambaleándose un poco en su silla- A todos… Les gusta el romance. Por eso se ganó a los jueces…- sonrió, mientras pegaba con un puño en la barra.

-¿Estás ebrio?- preguntó el humano divertido al verlo. La verdad Justin siempre fue un muchacho que le divertía hasta que le dolían las tripas de la risa que le daba cada vez que abría la boca para algo.

-¿Tu qué crees?- respondió Shadow con el estado de humor a un nivel a menos uno. Todos ahí parecían divertirse excepto él.

-Marceline… La Reina de la Nocheosfera…- dijo Rubí, tropezándose un poco para llegar a la vampiresa. Si no la hubiera detenido la mano de Marshall o la mano de Neko se iba de bruces seguro. Soltó unas risitas empalagosas y tomo la mano de la pelinegra, mientras la miraba apenada- Un placer…Conocerte…Yo soy… Una Ninfa…de…de…-

-¿De fuego?- completó Wendy, mientras soltaba unas risitas divertidas al ver a la chica toda desalineada. Y era la verdad…El bonito vestido rojo estaba manchado ya y su cabello rizado estaba todo desalineado, por no decir que el maquillaje esta corrido en su bonito rostro. Era bueno que estuviera muy bonita como para que eso le afectara.

-¡Eso!- dijo, y luego sacudió su mano de una manera brusca para su pequeña figura, porque fácil, Marceline le sacaba una cabeza. Ella intentó sonreír, pero esa chica y Justin olían a licor, por no decir que la sangre purpura de las Ninfas tenía un olor que de Marceline no era precisamente el favorito. Sin evitarlo, arrugó la nariz igual que Marshall.

-Un placer…Conocerla señorita…- dijo Justin, mientras se paraba tambaleante y se abrazaba a ella, quizás por los estragos de licor…o porque ya no tenía equilibrio alguno. Marceline sintió su cuerpo robusto sobre ella y también lo olfateó. Finn contuvo el aliento… Recordaba que en algún libro leyó acerca de la enemistad de los vampiros y los hombres lobo… De hecho a todos se les paralizó el corazón cuando vieron eso, por ser un mito muy hablado en Ooo y Aaa.

Marceline también contuvo el aliento… Y se tensó. Pero no era por esa absurda idea de enemistad entre ellos… De haber sido así, desde las entrevistas o desde que estaban a fuera, donde se conocieron (cosa que veía irracional ya que Rubí y Justin se estaban presentando de nuevo) pero lo único que hizo fue soltar un grito agudo, parecido al chillido de un murciélago… Entonces sus ojos se volvieron rojos y comenzó a sacar fuego.

-¡AAAAAAAAAHHHHH! ¡QUITAMELO! ¡APESTA!- gritó, tratando de zafarse de su agarre. Finn al instante reaccionó y se lo quitó de encima, mientras el chico sacudía la cabeza, mareado. Por extraño que pareciera, Marshall comenzó a soltar unas risas que más tarde se volvieron carcajadas, mientras veía como la vampiresa se limpiaba la ropa asqueada, como si Justin hubiese dejado residuos desagradables en él.

-Lo…Lo siento…- tartamudeó el joven, tambaleándose.

-Te… Te perdono…- dijo Marceline, aun bastante asqueada- Solo, no lo vuelvas a hacer-

-Ja, ja… Los vampiros y su asco hacia los Hombres Lobo…- rió Bongo, mientras besaba la mejilla de Wendy.

-¡Es que apestan!- dijo Marceline- No es nada contra ellos…¡Pero huelen a perro mojado cada vez que se nos acercan!-

-Escucha…"Colmillitos"… Es mejor que su empalagoso olor a…fresas, frambuesas…y cerezas…- dijo Justin, tambaleándose y a punto de caerse. Entonces Shadow lo detuvo del pecho y soltó un resoplido.

-Pfff…Estas muy ebrio y mañana toca el último entrenamiento- le reprochó con su voz grave y misteriosa- Ven… Vamos a tu cuarto… Yo te llevaré-

-¡No! ¡No!- dijo Justin, desamarrándose de su agarre, con aire necio y medio dormido… Entonces se apegó a Rubí y la abrazó mientras acariciaba una de sus blancas y fuertes piernas- Yo me quedo con mi…Rubí-

-Hombre…Estás fuera de sí… ¡Si te agarran los del Parlamento te van a…!- comenzó a protestar Fionna, sin mucho éxito. Pero al instante el joven la calló con un además divertido y apegando más su cuerpo a Rubí.

-Shh… Shhhh… Shhh…- dijo, poniendo un dedo en sus labios- Hablas demasiado, pelirrojita…-

-¡Soy rubia!- le increpó la humana, apartando su mano, frunciendo el ceño, mientras Marshall se tragaba algunas risitas contagiosas igual que Finn y Bongo.

-Ya… Ya…- dijo Justin con un divertido aire relajado, entonces tomó la mano de la chica y la besó- Ven Rubí… Vamos a tener sexo salvaje que aquí todos están empeñados a regañarme…- dijo, tambaleándose. La aludida parecía igual o más borracha que él, sin embargo, no se le notaba demasiado en esa mirada media ida, esa sonrisa bobalicona y las mejillas pintadas de rosa intenso bajo su blanca piel.

-¿Sexo salvaje? Suena bien…- dijo ella, mientras se aferraba a su brazo, dándole a entender que así la llevara a una prosiga, se dejaría toquetear. Justin rió y apartó a Finn de un empujón, mientras tiraba de la mano de la chica, saliendo como pudieron por los portones, en medio de tanta gente, tantas luces de baile y el ruido ensordecedor de una pesada música de rock que estaba suplantando a las Scream Queens para que sus integrantes descansaran un poco.

-Esperen, chicos… No vayan a…- trató de decir Neko. Pero fue demasiado tarde, los chicos, como pudieron, tambaleantes, a punto de caerse y en estado de completa inconsciencia salieron a tientas del Salón, recargándose en algunas mesas, en las paredes y en algunos invitados incluso, quienes se dedicaron a dedicarles unas miradas de indignación.

-Están fritos…- dijo Finn.

Y la verdad era cierto… De repente se le vino la idea del Parlamento. Esos hombres feroces con las miradas y crudos con el porte… Descubriéndolos a medio vestir, besándose y manoseándose. Se estremeció de tan solo pensarlo…Eso garantizaría la muertes segura de ambos chicos… Solo esperaba que donde fuera que lo "hicieran" estuviese lo suficientemente seguro como para que nadie los viera… Ni ellos, que parecían tener ojos de halcones.

Miró de reojo a Neko y a Max, quienes reían un poco. Solo esperaba que no hubiesen manchado su reputación diciendo una sarta de babosadas… Lo suficiente como para que esos dos, ni con su amabilidad pura, les pudieran salvar la vida.

-¿Puedo pedirte algo?- de repente esa voz en su cabeza lo distrajo de sus pensamientos, y vio como Marcy conversaba muy animada con los tres Jueces y Wendy… Y también vio como Shadow se había acercado a Fionna y a Marshall, cosa que le extrañó. En los días que había estado ahí ese chico no parecía ser lo suficientemente amigable como para hacerse de amigos… Tal vez se sentía más en confianza porque estaba Fionna y con ella si había tenido contacto… Lo suficiente como para dirigirle la palabra directamente a Marshall.

-Um… Claro… Quien quiera que seas…- dijo el vampiro, enarcando un poco la ceja. Sinceramente ese muchacho le hacia sentir su aura oscura… Y eso que era el Rey Vampiro.

-Oh, lo siento. Marshall, el es Shadow, uno de los Peones y un gran amigo…- dijo la humana cordialmente, presentándolos- Shadow él es Marshall, el Rey Vampiro y….mi novio- dijo, y no pudo evitar ruborizarse ligeramente y pensar en la foto que había puesto en la entrevista… De seguro Shadow la había visto.

-Un placer…- dijo el vampiro, tendiéndole la mano para estrecharla, pero solo el joven la vio a través de sus lentes negros y luego lo miró al rostro.

-¿Puedo bailar con Fionna?-

Al escuchar su pregunta, ambos ampliaron los ojos sorprendidos y se miraron. Esa propuesta era rara, sin embargo Shadow no parecía tener algún interés fuera del mero compañerismo, y aunque no se veía en sus ojos, se veía en su postura: relajada, sin importancia… Sin que las manos le sudaran o temblara antes de invitar a alguna chica a salir.

Marshall al principio no se sintió muy seguro y apretó más su mano en torno a la de Fionna, dejándole claro a ella que no le daba confianza. Pero luego pensó en que ese chico no parecía malo en absoluto, solo misterioso… Y para saber el código secreto que esos dos se tenían solo bastó ver los labios de Fionna encorvarse en una curiosa mueca.

-Claro…- respondió el vampiro y le entregó su mano al joven. De todas maneras se quedaría cerca por si ese rarito intentaba hacerle algo. Fionna miró la mano de Shadow y se permitió sentirla…Era como si en su palma estuviera el Polo Norte. Era fría como un hielo… Y eso que el chico no la apretaba demasiado.

La guió a la pista y una vez ahí puso sus manos en su cintura y ella en sus hombros, empezando a balancearse con suavidad ante una melodía que no iba tan rápido ni tan lento. Pese a estar a unas regla de distancia, Fionna podía sentir su aliento helado saliendo por la abertura de sus labios y sus ojos estudiándola minuciosamente.

-Okey, Shadow, esto es poco usual en ti… Así que si vas a decir algo, escúpelo…- dijo ella, entrecerrando los ojos y mirando esas gafas donde tendrían que asomarse sus intensos ojos. El chico sonrió de medio lado y suspiró.

-¿Siempre eres tan sagaz?-

-De vez en cuando…- sonrió ella, encogiéndose tímidamente de hombros.

Por un momento se quedaron en silencio y ahí, balanceándose… Tuvo que mirar a otro lado para no sentirse del todo incomoda con él y poder mirar mejor a los invitados. No lo había notado, pero algunos tenían unos graciosos y exuberantes trajes. Tuvo que morderse la lengua para no soltar una carcajada cuando vio a una madam con una cabeza de salmón como sombrero.

-¿Qué opinas de Jacobo, en novio de la Kuronumo?- le soltó la pregunta de repente, pero sonando cauteloso.

Fionna lo miró con el seño fruncido, sin saber muy bien a que iba su pregunta. Vio como Shadow miraba por arriba de sus cabeza y se giró ligeramente para ver como este y su novia se encontraban en una mesa sentados, con los brazos cruzados, sin dirigirse la palabra y mirando al que se les cruzaba como si fueran una alimaña a o la misma porquería de la vida.

La idea que tenía de la Kuronumo era clara: Una mujer mala, despiadada, terriblemente poderosa, orgullos, sensual… Sintiéndose que nadie la pudiese retar por su máximo de poder. Por eso tal vez se odiaban tanto, porque al final… Ella había tenido las suficientes faldas como para ir y pedirle que cerrara la boca acerca de temas que no podía comprender bien. Pero también de algo estaba segura: Esa chica era de cuidado.

Jacobo, por el contrario, no lo conocía muy bien, ni siquiera recordaba haberle dirigido la palabra en toda su estancia en los entrenamientos… Pero si lo veía y de vez en cuando lo cachaba mirándola con desprecio e indignación… Pero también sabía lo poderoso que podía ser. Lo veía cuando pulverizaba los muñecos hechos de costales que terminaban siendo cenizas. El también tenpia un aire para cuidarse.

-Que son detestables- respondió ella, pero luego suspiró y giró de nuevo su cuerpo a Shadow- Pero que también son de mucho cuidado…-

-Solo te pregunté por Jacobo… me estás respondiendo por los dos- reprochó levemente el muchacho.

-Bueno… Ya tienes mi idea de ambos…- respondió la humana.

-Tienes que cuidarte… Sobre todo de él… Su veneno ya estuvo una vez dentro de ti… ¿Me equivoco?- dijo el joven y entonces la miró… Y pudo ver su clara sorpresa en su rostro. ¿Cómo sabía Shadow acerca de que la habían envenenado durante el viaje? ¿Y por qué le decía que se cuidara?

-¿Cómo sabes lo de…?- comenzó a preguntar Fionna, boquiabierta.

-¿Lo de la Demonio Doble Cara y la revuelta de la Nocheosfera?- completó el muchacho, dejándole claro que sabía más de lo que ella creía. Fue cuando se quitó los lentes y la miró fijamente… La humana sintió como si estuviera viendo a la mismísima Medusa, porque la dejó petrificada completamente. Sus ojos… Eran tan penetrantes, tan oscuros y a la vez tan claros… Se sintió mareada por ellos, pero a la vez la ponía de rodillas y la doblegaban ante él.

Entonces supo a que le recordaban y casi le dolió el cuello, donde tenía los puntos apenas visibles de las espinas de aquellas Purpuras que la pusieron al borde de la muerte. Esos ojos eran igualitos a ese día en Bellotopia… La Flor de Fuego, la cueva… Y miles de sombras rodeándola hasta que se las tragó la Nocheosfera. Recordó lo mareada que se sentía y la adrenalina recorrerle el cuerpo luego de que se enteró acerca de la verdad de su familia y de Finn.

Tuvo que aferrarse a la camisa de Shadow para no invocar el Aura Celeste al recordarlo. Si no hubiese estado tan enferma… Habría evitado que Marceline cayera bajo el hechizo de ese amuleto.

-¿Cómo sabes todo eso?- le preguntó seriamente.

-No he dicho mi verdadera razón de mi estadía aquí en la Entrevista- confesó Shadow sin pena alguna- En realidad no es la Perla lo que me interesa-

-¿Entonces por qué diablos estás aquí?- preguntó la humana extrañada, aunque no sabía que tenía que ver el premio de las Olimpiadas con la Revuelta y los Desterrados de la Nocheosfera- Dile a la Princesa que te saqué… Aun hay tiempo antes de que hagan los tableros de los duelos y…-

Entonces Shadow la tomó con fuerza del brazo y la acercó a ella con un poco de ira y con un extraño brillo de ¿miedo? en sus ojos. La humana lo miró algo impresionada por su cambio de actitud y porque viniendo de él, esa conducta no era nada normal en él dado a que era un chico bastante calmado.

-¿Qu...Qué te pasa?- preguntó la humana, mirándolo con miedo a los ojos.

-¿Sabes de dónde sacó la Demonio el Ejercito de las Sombras?- le preguntó entre dientes y encarándola muy de cerca.

-No...No...- dijo ella temblando y sintiendo como las uñas de Shadow se enterraban en su blanca piel... Miró de reojo a Marshall, esperando a que actuara... pero lo vio de espaldas, hablando con el cantinero de un tema sin importancia. Por un lado lo agradeció porque entonces se haria un problema.

-Yo soy el Gobernante de Ejercito de las Sombras- le escupió en la cara- Hunson Abadeer, el padre de la noviecita de tu hermano me lo encargó. Pero ahora todo está patas arriba gracias a que su hermano lo atacó y a que él tiene en control del inframundo...- explicó y se acercó mas a ella- Yo sabía que las razones son simples de esa revuelta: y son tú, tu hermano y los dos Reyes Vampiro-

Fionna lo miró con miedo. Ahora, solo les faltaba eso... un sujeto loco que se la traía contra ellos porque a saber que le había hecho la Demonio y el Lich.

-Pero...si tu...si tu eres el gobernante del Ejército... ¿Por qué lo tiene...la... Demonio Doble Cara?-

-Me lo quitaron. Viste la técnica que usaron con esa chica de cabello blanco. Los tiene bajo su poder de las Semillas de Topacio al igual que las Sirenas de Arena- siseó con algo de rabia, pero vio que no era dirigido ese enojo a ella- Esas sirenas eran libres y ya... El Ejército es mío y es por eso que estoy aquí. Para recuperarlo-

Fionna lo miró con más temor todavía y sintió como su mano se resbalaba de su brazo y lo comprendió todo de una buena vez. Él era un afectado más por toda la revuelta que se estaba dando. Solo que esta vez se lo estaba diciendo alguien en la cara. Y la verdad tenía razón... Marceline y Marshall estaban negando a propósito su puesto de Reyes Vampiro en las rayas divisorias de Ooo y Aaa.

Mientras ellos estaban disfrutando de una cena con música y cocteles... La Nocheosfera iba prácticamente a un hoyo más negro del que ya lo estaba y todo eso era porque iban a venir por ellos. No importaba si era de noche o de día... Antes o después de las Olimpiadas... Iban a ir por ellos.

Un miedo inexplicable se apoderó de ella tan pronto como Shadow le explicó la situación. Tenía razón, después del viaje se habían portado indiferentes... Lo suficiente como para dejar algo enterrado ese asunto después de el ataque de la Demonio en el pueblo.

Se puso a pensar en el padre de Marshall...y después en Marshall mismo... Con cuidado volteó a donde estaba su novio y lo vio muy animado, mientras platicaba con Neko y Max. ¿Su padre sería igual que él? ¿Se parecerían solamente en el físico? -porque estaba claro que sus niveles de maldad estaban muy desalineados-.

A raíz de esto, dedujo algo: Durante el viaje, durante su estadía ahí ese hombre demoniaco había actuado por el Lich, La Demonio, El Ejercito de Sombras y las Sirenas de Arena... Pero él nunca les había dado la cara. No había utilizado sus propias manos para tratar de ahorcarlos hasta el último intento de respiración.

Recordó que Finn, cuando le contó todo en Bellotopia luego de que los atacaron, mencionó algo acerca de que Marceline lo había desterrado, no podía tocar tierra firme ni otros lugares de la Nocheosfera si no era donde la vampiresa lo había encerrado. Apretó los puños al hacerse a la idea de que... Eso era lo que estaban esperando ahora... Por eso había tanto silencio en ese problema.

Ese demonio encerrado iba a liberarse... Y tal vez en esos momentos estaba viendo la manera de resurgir... Pero no solo tomaría venganza contra ellos... Sino contra toda criatura que, con solo nacer, lo hizo miserable.

Se puso más tensa... el Lich, según Jake, tenía todo el poder para extinguir la vida en Ooo y Aaa. La Demonio tenía el poder de llevar a las criaturas a la locura por las ilusiones...y a la muerte con sus plantas toxicas y venenosas. Por alguna razón, le punzó levemente en el cuello, ahí donde esas espinas le perforaron las venas, intoxicándola.

Pero ese hombre parecía más peligroso. Era un vampiro más antiguo que Marceline y Marshall... incluso más que Hunson Abadeer, y lo que le dijo Gumball esa vez era eso, un vampiro es más fuerte por la cantidad de años que posee. Por eso quizás era el más poderoso y el más peligroso de todos.

-¿Te comió la lengua en gato después de lo que escuchaste?- preguntó Shadow, mirándola seriamente. Ella lo miró temerosa- Voy a recuperar a mi Ejército, y como veo tú y tu hermano tienen dos opciones: O me ayudan a recuperarlo matando a Los Desterrados de la Nocheosfera... O yo los mató y les entregó sus cuerpos...-

Y esa amenaza le erizó más la piel a la humana. ¿Cómo podía ser que Shadow también estuviese tan arrastrado en el problema y a parte, los viera como la carnada para conseguir lo que quería... O en este caso, recuperarlo.

Estaba consciente que en las Olimpiadas había un ochenta por ciento de que al final tuviera que matarlo, pero, quizás se había encariñado tanto con él como con Justin, Rubí y Deinux como si quiera para hacerse a la idea.

-No estás aquí por la Perla...- susurró Fionna temblando- Nos estabas buscando... Querías... Que fuéramos tu puente para que, los recuperaras-

-Así es...- respondió el chico, fríamente- Pero después de que los vi tan indiferentes a ustedes y a sus novios... Me quedó claro de que a ustedes les importa un pepino verde lo que le pueda pasar al mundo si solo tienen a sus 'sanguijuelas' al lado-

Y eso colocó duramente los pies de la humana sobre la Tierra. Tenía toda la razón, ella solo quería la Perla de la Juventud Eterna para quedarse siempre con Marshall... Pero ¿A costa de cuantos? Shadow había perdido a sus seguidores, a Zoey casi la avientan al acantilado de la locura, a Ámbar la envenenaron...¿Cuantos más deberían salir afectado de esa manera? Personas que apenas conocían, personas que eran apenas sus amigos... Ya estaban saliendo afectadas... pensó en Cake, en Jake, la Dulce Princesa... ¿A ellos que les harían que los conocían más?

No podían seguir así. Debían acabar con ese problema antes de que se hiciera más duro...más grave... O que ninguno pudiera controlarlos. Frunció el seño y miró a Shadow con decisión... Aun cuando se merecieran que llevaran sus cuerpos inertes a los pies de Conde, sabía que no lo respetaría y que, al tener ya el provecho del Ejército, eliminaría a Shadow y de todas maneras se quedaría con él.

-No puedes hacer eso...- suspiró ella- Porque, si lo haces será peor, solamente le darás la llave para que se abra la Caja de Pandora y el caos en Ooo y Aaa. Nosotros fuimos los únicos que pudimos detenerlos con Marshall y Marceline... Así que matándonos no arreglaras nada. Pero te prometo que, los acabaremos... Y te devolveremos tu Ejército...-

Shadow se la quedó mirando por un instante con algo de sorpresa y luego rió ligeramente, pero sin gracia

-¿Es en serio?- dijo él, con algo de burla. Fionna abrió la boca para hablar, pero entonces recordó que estaba de todas maneras arrinconada. Miró a Marshall de nuevo a través del hombro de Shadow y luego giró la mirada a Marceline y a Finn quienes reían con ellos. No podía permitir que tocaran a los que ya eran su familia... Igual que Cake, quien bailaba a su lado con Jake completamente divertida. No podía hablar del todo por ellos... pero si por ella.

-Seguro. Y... Si no lo hacemos, tendrás el cuerpo de la humana, no puedo prometerte a mi hermano porque no soy Judas...- dijo ella, bastante segura- Pero si, tendrás mi vida si no logramos derrocar a los Desterrados-

Shadow la miró con una sonrisa y se colocó de nuevo las gafas, para después acercarse a ella y susurrar a su oído como una cascabel moviendo su cola.

-Eso espero, preciosa...- dijo, cerrando así el trato y agarrando la muñeca de Fionna. Al principio ella no notó nada, pero después un terrible dolor punzante le atravesó la mano y emitió un chillido, pero entonces el chico le tapó la boca- Shhh...Shhhh... No grites preciosa... No querrás dar una mala impresión a los del Parlamento ¿Verdad?-

Fionna lo miró aterrada y sintió de nuevo ese dolor punzante en su muñeca, pero esta vez esa como si la mano de Shadow le estuviera enterrando un grueso clavo... Sentía la sangre helada y pronto era como si se sintiera sucia por dentro. Cerró los ojos con fuerza, emitiendo un chillido que resonó en vacio de entre sus labios y la fría mano del chico...y al final... No sintió nada... Solo un sabor amargo en la garganta.

Sintió como Shadow tiraba más de ella y acercaba su boca a sus labios, para susurrarle de manera intimidante:

-Y, solo como recomendación... Procuren caerle bien al Parlamento... Tu vida no depende ni de la Princesa ni de los Jueces... Sino de los seres más crueles y duros de este Reino...- luego de eso, la soltó de manera poco caballerosa. Ella se tambaleó hacia atrás y se agarró la muñeca, mientras lo miraba asustada- Tenemos un pacto, Fionna, la humana...-

Y luego de eso, se marchó, dejándola ahí, sola y temblando de miedo. Rápidamente, miró su muñeca y vio como había en ella una terrible mancha negra que, poco a poco, se fue convirtiendo en el tatuaje de una cadena, alrededor de su muñeca…

Miró impresionada por un momento... A la vista de cualquiera solo era un tatuaje y una marca, pero para ella era como si en efecto tuviera una cadena... incluso podía sentir en metal frío en su piel y como le pesaba el brazo entero a partir de ella. El pulso se le aceleró y comenzó a sentirse mareada. Sintió en calor corporal de la habitación y miró a sus lados para saber si nadie se había dado cuenta.

Al parecer no, porque todos seguían bailando y desfrutando de la velada, incluso Jake y Cake que eran los más cercanos a ella.

Miró de nuevo su mano y se preguntó si había hecho bien. Sabía que ahora ya no tenía dos razones únicamente para poder morir... Sino tres: Las Olimpiadas, los Desterrados de la Nocheosfera… Y si no derrocaba a estos; Shadow. Recordó el primer día de los Entrenamientos, cuando Justin y Deinux se acercaron a ellos amistosamente... y las palabras de Shadow: sobre de que no se podían relacionar porque, al final, los matarían.

Tal vez no lo decía por todos, pero si hablaba por él. Porque los estaba buscando a ellos y no a la Perla, porque iba a matarlos. Le resultaba sorprendente que siguieran a ahí. Pudo haberlos matado mientras dormía dada la confianza que Finn y ella le habían brindado... Tal vez eso se debía a que tampoco quería matarlo muy en el fondo.

Oportunidades nunca le faltaron para eliminarlos y cuando le propuso aquello, tampoco pareció oponerse en absoluto´. Es más, parecía aliviado de que lo arregló un poco ella.

Tapó un poco su muñeca y miró a Marshall, no podía decirle aquello, ni a Finn. Solo los alteraría y causaría más problemas, además de que se querrían echar a Shadow por haberle puesto esa..."maldición" o "pacto obligatorio". Pero bien, prefería sus vidas a la de ella.

Caminó como pudo a Marshall entre la gente, sintiendo las piernas débiles y que en cualquier momento se le doblarían, pero entonces, al llegar a ellos, tomó una gran bocanada de aire.

-Marshall...-

-Dime, preciosa...- rió Marshall por la plática que estaba teniendo con sus colegas y se giró a verla, pero entonces su sonrisa se borró cuando vio la expresión febril de Fionna- Glob, te ves terrible...-

Bien, no eran las palabras de aliento que quería escuchar, pero tampoco quería preocuparlo del todo. Prefería que se lo tomara algo indiferente y exagerado a que se causara un lío al enterarse que había cerrado un pacto con una de las criaturas más peligrosas del Inframundo.

-Voy... A tomar aire...- dijo, y la verdad no mentía, le hacía falta demasiado. Jadeó un poco y retrocedió.

-¿Quieres que te acompañe?- preguntó Marshall algo preocupado por su aspecto- Estas toda pálida y sin color...- y por encima de su hombro vio a sus amigos ligeramente preocupados también.

-No... Es...el calor del Salón... Vuelvo en un rato... Estoy bien...- respiró con dificultad y antes de que empezara un interrogatorio por parte de su novio se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia los Jardines... Tenía razón, quería aire, porque tan pronto como salió dio una gran bocanada para tomar oxigeno y el aroma a mar y el aire cálido acarició sus pulmones... Pero luego corrió a la enfermería.

Necesitaba algo para tapar esa cosa en su muñeca y que nadie se diera cuenta.


-¿Qué le pasa a Fionna?- le preguntó Marceline a Marshall, recargándose en la barra de licores.

-No lo sé- respondió el vampiro, recargándose a su lado con aspecto serio- No me gustó para nada como llegó después de bailar con Shadow... Tenía aspecto como si fuera a vomitar... Además,...no sé... Su pulso parecía más pesado- dijo con una mueca y miró a su prima.

-¿Mas pesado?- repitió ella, algo confusa- ¿Cómo?

-Si... Era como si su sangre estuviera infectada con algo... no sé. Había algo oscuro en ella que la estaba ahorcando- suspiró Marshall- Me asusta un poco-

-Mmm...¿Crees que haya quedado algo de las Purpuras en su sangre?- le preguntó Marceline, recargándose en sus hombros

- No lo sé. Pero si sigue así, la llevaré a la enfermería- dijo el vampiro, mientras la miraba más preocupado todavía. Ella hizo una mueca y acarició su hombro en señal de consuelo. Sinceramente, no había examinado bien el pulso de Fionna ni olido su sangre... Pero si que se le veía mal luego de que salió corriendo de ahí.

Marshall suspiró y trató de buscarle pies al asunto. No sabía por qué, pero presentía algo acerca de Shadow... Como si nunca hubiese debido prestarle la mano de Fi o dejar que la condujera a la pista. Adora que lo pensaba... No lo había vuelto a ver por el Salón luego de que Fionna llegó con tal aspecto. Sin duda y si se lo encontraba, le preguntaría si pasaba algo.

-Mira quién es el alma de la fiesta- dijo Marceline divertida, mientras señalaba con la mirada a alguien a lo largo de la barra. Marshall se despejó de sus pensamientos y volteó la cara, topándose a unos metros con Bonnibel, quien seguía tomando licor de un "caballito"... al parecer había estado bebiendo más, porque sobre la mesa había seis además de aquel, vacios.

-Es por Guy, ¿Cierto?- dijo Marshall, mirándola con aire de aburrimiento.

-¿Tu qué crees?- respondió Marceline socarronamente.

-¿Por que no vas y le hablas?- sugirió el Vampiro.

-Ya lo hice... Pero me ignoró por completo- dijo Marceline, recargando su rostro en una de sus manos. Marshall bufó y miró a la Dulce Princesa y luego al escenario, donde Guy y Bongo interpretaban una divertida canción de vaqueros con ayuda de un bajista y un guitarrista extra, dado a que Marceline estaba cansada y Keila...es decir, Ámbar... A saber donde se había metido, porque ni a ella ni a Gumball los habían visto luego del agarre con Anthony... y al Consejero menos lo habían visto.

Entonces se le ocurrió una idea... Si Ámbar había logrado darle en la torre al Consejero con su canción... ¿Por qué no reconciliar a una linda pareja por este medio? Sonrió de medio lado y agarró el brazo de Marceline con fuerza.

-¿Qué te pasa...?- comenzó a replicar la vampira, con molestia.

-¡Tengo una idea!- soltó de repente, sobresaltándola un poco y sonriendo abiertamente. Marceline enarcó una ceja y Marshall tiró de ella, para susurrarle algo al oído, luego de eso se separaron un poco para mirarse, una vez que los ojos de Marcy estaban ampliados como platos.

-¿Crees que funcione?- le preguntó, no muy segura.

-¿Y por que no habría de funcionar? Sería un lindo detalle- dijo el vampiro, encogiéndose de hombros. Marceline frunció los labios y lo pensó un poco... Si, era buena idea. Si hacia unos momentos usaron la música para voltearle la moneda a un chico y humillarlo...¿Por qué no iba a arreglar los problemas de una pareja?. Sonrió.

-Vale. Yo hablo con Cara de Chicle, tus hablas con Barbas de Chivo y Bongo que hable con la Princesa Loca- dijo Marceline, poniéndole apodos a la Dulce Princesa, Guy y Ámbar.

-Esta bien...- rió el vampiro divertido y ambos se fueron por caminos separados. Marshall a avisar a Guy y a Bongo y Marcy a distraer un poco a la Dulce Princesa.

-Hola, nena... Pareces aburrida... Aquí...Sola...- dijo Marceline, acercándose a ella e imitado el tono de un hombre seductor, mientras miraba a la pelirosa se manera quisquillosa.

-¿Que quieres de nuevo, Marceline?- dijo ella, mirándola por el rabillo del ojo y fulminándola con los ojos.

-Oh... No te pongas así, Bonnibel... Solo quería divertirme un rato. Dime... ¿Has bailado?- le preguntó para romper un poco el hielo. La dulce Princesa bufo y la miró sin gracia.

-No-

-Wow... ¿Y no te gustaría bailar con alguien?- dijo la vampiresa, algo sorprendida por su apatía.

-No. Ya me ha invitado el Príncipe de las Rocas, es Duque del Maíz y mi hermano y a todos les he dicho lo mismo. No quiero bailar... Compréndanlo- dijo sin ganas y terminando lo de su copa.

Marceline lo miró molesta y bufó para sí mismo. Se recargó de espaldas a la barra solo haciéndole compañía en silencio. Al parecer esa noche estaba decidida a llevarle la contraria a todo el mundo. Solo esperaba que Marshall pudiera convencer a Bongo y a Guy para arreglar las cosas.


Por otro lado el vampiro- mientras Cake y Finn bailaban al ritmo de la música de vaqueros que seguían interpretando- esperaba detrás de bambalinas a que ambos chicos terminaran la canción.

-Gracias, invitados del Reino de la Joya...- dijo Guy al micrófono, mientras tocaba las últimas notas y la sala se llenaba de aplausos.- Ahora, vamos a interpretar una canción de...-

Muy tarde, el chico no pudo continuar porque una mano emergió del telón a sus espaldas y lo jaló de la camisa, metiéndolo a detrás de bambalinas. Los ojos de todos se sorprendieron un poco y comenzaron a murmurar... Entonces, Bongo, parpadeó una par de veces y miró al público sin saber muy bien qué hacer, por lo que flotó hasta el micrófono y dijo con una sonrisa nerviosa.

-La banda volverá en cinco minutos... Gracias- dijo, alargando la última palabra y luego se metió dentro del telón,, atravesándolo-¿Qué te pasa, Guy? ¿Por qué desapareces así en medio del espectáculo?- le reclamó en fantasma al chico.

-No lo sé... Tal vez porque ¡Alguien me sacó del escenario!- soltó sacando su usual mal humor y mirando a Marshall.

-Oye, Oye... Tranquilo, viejo... Es que tenía que platicar contigo acerca de una cosa- trato de justificarse el vampiro.

-Pues más vale que sea bueno y valga la pena- dijo molesto y acomodándose de nuevo su ropa y la corbata para no perder el estilo. Marshall lo miró no muy seguro y con miedo de lo que pudiera decir o responderle... Pero se armó de valor y se lo soltó.

-Es... Acerca de La Dulce Princesa-

Al instante su mirada molesta y su ceño fruncido se relajaron y se tornaron en una expresión más dulce. Incluso Marshall pudo jurar que los ojitos de Guy se iluminaron a través de la oscuridad.

-¿Que... Que pasa con ella? ¿Le paso algo?- preguntó algo preocupado.

-No. No, Guy- respondió el vampiro de manera inmediata y al instante el chico se relajó, pero lo miró intrigado.

-¿Entonces que pasa?-

-Mira... Ella ha estado en el bar toda la noche. Ya se tomo no se cuantas copas y no parece borracha ni ha hecho un espectáculo... Pero no hace más que lamentarse y mirar al escenario...y...- comenzó a decir el pelinegro y luego cerró la boca cuando la expresión de Guy se volvió a endurecer- Por favor no me mires así...- dijo algo intimidado y retrocediendo.

-¿Y que quieres que yo haga?- le preguntó, sonando frío y se cruzó de brazos.

-Oye... Oye... Tampoco es para que te pongas en ese papel- dijo Marshall, calmando sus malos estragos.

-Bueno, ¿Entonces que quieres? ¿Que la lleve a su cuarto cuando se quede dormida?- dijo Guy, en tono de reclamo.

-No, no... Solo... Que arreglen las cosas- dijo Marshall, tímidamente. Entonces el chico bufó sonoramente- Guy... De verdad, sé que los dos lo están pasando mal. Dejen del lado su orgullo y solo... Arréglenlo-

-Ella es la orgullosa, tonto... No yo. Quise arreglar las cosas y ya viste como se puso en el día- excusó Guy, con enfado.

-Aunque si se vería mejor con un vestido morado...- murmuró Bongo por lo bajo. Entonces el vampiro y el chico le dedicaron una mirada de "Cierra el pico" que lo hizo estremecerse- Ok, ok...me callo...-

-Ya sabes lo que pasa cuando pierdes a la persona que quieres, Guy- dijo Marshall, y sus ojos se volvieron nostálgicos de repente- No la pierdas por una estupidez cuando la puedes tener-

Guy había abierto la boca para seguir protestando, pero únicamente al escuchar esto de las palabras de Marshall le hicieron reflexionar. Tenía razón, el lo había visto... Había visto lo mucho que en las noches sufría el vampiro por la otra Fionna o a Marceline llorar por una canción que le recordara a ello.

Ellos no tenían que preocuparse si uno iba a morir por las Olimpiadas, estaban libres... Hasta que estos eventos terminaran... Porque entonces ella se iría de nuevo al Dulce Reino y... ¿Él que haría? ¿Seguirla? No lo había pensado, pero... Podía ser. Ella tenía las características para ser una chica a la cual pisarle los talones.

Y al parecer, en mucho tiempo... Ella tampoco se había fijado en alguien mas.

La quería, lo quería, se querían... Formula simple.

-Tienes razón...- suspiró resignado y como si se hubiese llevado el regaño de su vida. Marshall sonrió contento y Guy también esbozó una sonrisa en ese serio rostro. -¿Qué tienes en mente?-

Y entonces el vampiro amplió su sonrisa.

-¡No! ¿En serio?- rió la Princesa Ámbar, mientras tomaba un costoso martini en compañía de Gumball, quien la divertía con algunas historias, en su mayoría, inventadas y solo para hacerse el galán con ella.

-De verdad, su alteza...- rió él- Le dije a Pan de Canela: "No bebas eso..." y lo bebió y todo mi Reino se volvió a diferentes especies de zombis que te chupaban la sangre y te llenaban de baba...-

La Princesa soltó unas carcajadas y tomó más de su martini. Pese a que se estaba divirtiendo con los relatos de Gumball, esas risas no las sentía del todo sinceras para con él. Sentía la garganta tan reseca a pesar de que había bebido tanto... Pero...solo quería olvidar lo que había pasado... Incluso si tenía que escuchar la historias sobre la alquimia de Gumball... Lo cual le parecía estresante dado a que ella guardaba algo que se le parecía a la Piedra Filosofal.

No pudo evitar sonreír antes un recuerdo que le vino a la mente. Recordó que hacía un año, Anthony había encontrado algo en lo que tierra se le llamaba "Piedra Oxidada"; una piedra en efecto de oro oxidado. Recordó que le había emocionado demasiado e incluso escribió miles de ensayos acerca de su aparición... Entonces alguien del palacio llegó y rompió su ilusión, mostrándole terrenos de estas piedras, que al final parecieron no ser tan raras y preciosas como él había argumentado.

Esa misma noche le platicó lo sucedido a ella y, lo animó diciéndole que buscara mejor las "Flores de Zafiro" plantas joya acuáticas que se hallaban cerca de los riscos, al instante Anthony se puso pálido y Zoey le tomó una foto, que hasta hacía unas semanas se estaban burlando de ella.

Recordó que sus risas eran naturales, tan simples, divertidas y estúpidas que la hacían sentirse... Especial.

Sacudió la cabeza cuando se dio cuenta en que pensaba con cariño en una persona a la que odiaba con todo su corazón.

-¿Le divierto, alteza?- le preguntó Gumball, frunciendo el ceño cuando vio que sonreía de manera tonta a él.

-¡No! No, no... Disculpe, alteza... Es que... Recordé algo...- dijo ella con sinceridad y tratando de enmendar su error, sin embargo, era obvio que seguía pensando en el joven Consejero... A quien no había visto por cierto.

-¿Quiere saber de qué color tenía los ojos?- preguntó el muchacho, ansioso de continuar con el relato que le contaba pero que ella no escuchaba o le prestaba atención.

-Verdes... Muy verdes...- murmuró ella, aun pensando en Anthony, mientras recargaba el mentón en su mano. No sabía si eran los estragos del alcohol, subiéndole al grado de la estupidez... O lo hacía en su mera conciencia.

-¿Uh?- dijo Gumball, enarcando una ceja.

-¡Ámbar! Digo... ¡Keila! Bueno... ¡Tú!- gritó Bongo, llegando a ella exasperado, mientras la tomaba del brazo con rudeza. Al instante los chicos se sobresaltaron y Ámbar lo miró con ira al ver de quien se trataba.

-¡Bongo! ¿Qué tienes? ¿Qué pasa?-le preguntó ella, levantándose de su lugar... Temiendo que los del Parlamento se hubiesen comido a un Peón o que uno de sus invitados hubiese rodado por las escaleras.

-Es la Princesa de este reino- reclamó Gumball, levantándose de su asiento- ¡Trátala como se merece, por favor!-

El repentino atrevimiento del Príncipe los hizo girarse a verlo con cierta sorpresa. Pero al instante Bongo frunció el seño cuando vio que le alzaba la voz de esa manera. Si estaba así con Ámbar era por una buena causa... Y a un mero invitado, eso no le incumbía, por mucho de la realeza que fuera.

-Tengo que arreglar cosas con ella... Y por si no lo sabías "Rosadito", ella es mi amiga del alma... Y Princesa o no... Así lo es... ¡'pos' este!- dijo barriéndolo con la mirada y llevándose consigo a la Princesa, quien le dedicó una mirada a Gumball de "Permítame, ya vuelvo", a lo que el bufó, dejándose caer sobre el asiento, indignado.

-Bongo... ¿Qué te pasa?- dijo ella, preocupada. Pero entonces no le respondió y se hizo el sordo una vez que llegaron a la parte trasera del escenario. Una vez ahí vio a Guy y a Marshall colocándose el bajo prestado de Marceline... Esta reunión le preocupó un poco.- Um... ¿Qué pasa?-

-Perdona por traerte así de esa manera- dijo Bongo con una sonrisa- Pero era la única manera de despegar ese 'chicle de tu zapato', si entiendes a lo que me refiero...- dijo el fantasma, entrecerrando los ojos, a lo que la Princesa rió.

-¿Gumball?... Es un buen chico...- dijo ella, con una sonrisa.

-Si... Habla por ti misma...- bufó Marshall, afinando el bajo. Ámbar lo miró con una media sonrisa.

-Venga... Que se lleven mal no significa que no lo sea... Es divertido, caballeroso, inteligente...- comenzó, tratando de justificarlo.

-Si, y un cerdo...- agregó Marshall de mal modo.

-Disculpa, pero no se compara a nada con lo cerdo que fue Anthony- dijo ella, y por alguna razón sintió que algo se le rescrebajaba en el pecho.

-Pero Anthony si quiera fue sínico para reconocerlo... No que este es bien "mosca muerta" y créeme linda, esos son de los peores- dijo él entre dientes- No tienes ni idea del daño que nos hizo a mí y a Fi-

-Lo sé, Marshall. Se ve en sus ojos que no es una persona de fiar...- dijo, pero entonces sonrió coquetamente- Pero es lindo...- sonrió, encogiendo un hombro, sonriente.

-O es lindo que Anthony los vea como un cachorrito al que le han arrebatado un hueso- dijo Guy, son una sonrisa de medio lado. Ámbar se agachó y tomó a Polly, colocándosela...

-Dirás un perro detrás de un trozo de carne...- suspiró ella y lo mencionó con ironía y luego miró a los tres -¿Para qué me quieren?-

Los chicos se miraron entre sí, algo golpeados por la fría respuesta de su amiga y agradecieron que Anthony no estuviera ahí para que no terminara de destrozarlo.

-Pues, así como tu partiste a ese güero a la mitad con tu linda canción...- dijo Marshall con sarcasmo- Guy la usará para reconciliarse con "Rosita Fresita" (N. de la A. : jaajajajaja siiii hago relación al personaje de esa caricatura y su serie de juguetes :P) - bromeó el vampiro.

-Pues siendo así... no diré que no- dijo ella con una sonrisa, echando la primera mitad de la información de Marshall a la basura y quedándose con lo importante- ¿Que vamos a cantar?-

-Bueno...a ella le encantan los números...- dijo Guy, frotando su barbilla- Es como una cuenta regresiva... Cada número en ella es como...un nivel mas de su belleza...- mencionó, sonando enamorado y haciendo que los tres rodaran los ojos.

-¿"Coutdown"?- sugirió la Princesa con una gran sonrisa.

-Me parece genial...- dijo Guy con el mismo gesto y poniendo una mano en su hombro. Están a unos centímetros de ella, se permitió olfatear ese fuerte aroma a alcohol se estaba desprendiendo.-Ámbar...-

-Dime...-

-¿Has estado bebiendo?-


-Bueno...¡Ya, Bonnibel! Sonríe un poquito si quiera...- dijo Marcelina, algo frustrada de que estuviera allí quince minutos sin lograr ningún cambio en el estado de ánimo de la Princesa. ¿Donde estaban esos tipos con su supuesto plan? Según señas de Marshall desde el telón le había dicho que si había convencido a Guy... ¿Por que tardaban tanto entonces? No solo el asunto se les estaba yendo de las manos... Sino que los invitados ya querían de nuevo a la banda.

-Estoy sonriendo...- contestó la Princesa con la expresión más apática que se podía ver en el mundo.

Marceline bufó y se recargó de espaldas a la barra, mirando al escenario... Entonces fue cuando vio que los chicos salían y se colocaban de nuevo en la tarima. Al instante el público aplaudió ante su regreso y la vampiresa no pudo sentirse más aliviada. Vio como cada uno se ponía en su puesto y como Guy se adelantaba al micrófono de enfrente.

-Um... Buenas noches...- saludó tímidamente, considerando que siempre había sido el miembro más introvertido del grupo. Hubieron varios gritos femeninos luego de que el reflector se posó en él- Ejem... gracias- dijo nervioso, y aclarando su voz- Bueno... La banda ha regresado como podrán haberse dado cuenta…- dijo y luego rió con mas ansiedad, Bongo no pudo evitar pegarse con una baqueta que tenía en la mano en la cara, ante tan mal actuación de su amigo- Yo…quiero dedicarle la siguiente canción a una linda chica… Que… Ha robado mi corazón- dijo, ruborizándose un poco y aflojándose un poco el cuello de la camisa. ¡Glob! Le resultaba tan difícil expresarse- Bonnie…-

Y como si hubiese sido una orden, al instante otro reflector se posó encima de ella, mientras se encogía un poco en la barra, llena de vergüenza. Ya había escuchado la voz de Guy al micrófono y rogaba porque no hiciera alguna locura como esa… Pero al parecer la buena suerte no estaba de su parte esa noche….Y justamente le tocó a ella. Casi pudo ver como la sonrisa de Marceline se agrandaba hasta el rabillo del ojo.

-¿Y-Yo…?- tartamudeó llena de pánico al darse la vuelta suavemente y ver como el reflector le pegaba en la cara y como las miradas de todos los invitados se posaban en ella.

-¿Hay alguna otra Bonnibel en esta fiesta?- preguntó Marceline con ironía en voz alta, y extendiendo los brazos. Algunas risitas por parte de los presentes se escucharon por la picardía de Marceline, entre ellos Finn y Fionna y voltearon a ver el rostro sonrojadísimo de la Dulce Princesa, quien daba el parecido a un dulce picante a punto de estallar- Si… Creo que se refiere a ti…- dijo la vampiresa con una sonrisa y empujándola levemente hacia adelante. Le gustaba cobrársela de esa manera, quería tomar venganza de cuando la empujó en medio de centenares de Hyoomens cuando Finn se vistió de mujer, disculpándose… Y declarándose.

-Yo… Te amo, Dulce Princesa- dijo Guy, con una sonrisa estúpida en la cara y un leve rubor en sus mejillas. Al instante se escuchó un "Awww…" de los que festejaban y se vieron las sonrisas satisfactorias en cada uno de sus amigos. Bonnibel sintió como la sangre inundaba más todavía sus mejillas y lo vio con los ojos abiertos de par en par. En su vida se le habían declarado de esa manera… A decir verdad, muchos habían dejado al descubierto sus sentimientos hacia ella: Bonita cara, inteligente, calculadora… Pero ninguno le llegaba ni a los talones a Guy. Ni siquiera Finn al estar enamorado de ella sintió que estuviera a si altura… O se lo dijera de tan en el fondo…Que él.-Y… Yo sé que te gustan mucho los números y lo demás… Ciencia y química…Je, je…- rió con más nerviosismo el muchacho- Por eso, esta canción la escribí para que, el día en que encontrara a una chica tan crítica y lista como yo… Y a la vez que fuera perfecta… Se la dedicaría….- de nuevo se escuchó un "Aww…" en el público y esta vez la Dulce Princesa no pudo evitar esbozar una tierna sonrisa… Al ver este gesto le dejó claro a Guy que su orgullo ya estaba bajando, igual que el de él (si eso era más posible) así que se giró a los chicos- ¿Listos? Uno…Dos…Tres…Cuatro….-

Y así empezó la música de nuevo a ambientar la buena fiesta, iniciando por Ámbar y Marshall, quienes con el ritmo de su bajo y guitarra de nuevo enloquecían a los invitados, Peones y Jueces… Era genial de nuevo ver arriba a la Princesa hecha un cuero y al sexy novio de una de las Peones más bonitas… Por un momento se le ocurrió a Ámbar que Anthony la estaba viendo desde algún lugar en el salón… Sin embargo se le borró el pensamiento cuando lo vio siendo una de las personas más cercanas al escenario… Sonriéndole… Entonces empezó a cantar a dueto con Guy y Bongo… Ya que Marshall no tenía más voz.

-"Yeah, yeah, yeah…"- comenzaron a cantar los tres.

- "Oh- oh- oh- oh…yeah…- le siguió Guy al instante y pegando sus labios más a al micrófono- "All my attention baby… My extra time!...There's nothin' I won't give you…

Girl if you were mine… Six million times I'm thinkin', about your face. You know I'm crazy for you. Let me count the ways…- y entonces le dedicó una sonrisa tan terriblemente sensual adornada por lo que a Finn y Marshall les gustaba llamar "barbas de chivo".

-"Too many girls I'm chasin', I've had my fun…"- y entonces Bongo unió su voz a él-" But all the time was wasted… Girl you know that you're the one!...-

-" It's a countdown…!"- Cantaron ambos chicos en conjunto con Ámbar, mientras Marshall le subía más el ritmo a su bonito bajo rojo cereza prestado.

-"… to your love."- cantó únicamente Guy, tronando los dedos, solo para dares estilo, porque en realidad era imposible que con la música se escuchara su leve chasquido.

-"Oh whoa oh…"- canto Ámbar, dedicándole una sonrisa coqueta al Dulce Príncipe, quien sonrió de manera seductora y grande.

-" You're my number one…"- siguió cantando Guy.

-"…girl. It's a countdown…"- y entonces de Nuevo unió su voz femenina a la suya.

-"…fallin' fast"- volvió a cantar solo, viendo divertido y enternecido como La Dulce Princesa se acomodaba un mechón de cabello, detrás de la oreja, cohibida.

-"Oh whoa oh…"- y de Nuevo esa voz de la morena que le daba el toque femenino a la canción, apreció enloquecer más a los invitados e hizo que a varios de los presentes masculinos se les desencajara la mandíbula.

-"Don't think I'm gon'…"- volvió a cantar solo Guy.

-"…last now!"- y para terminar el coro, lo volvió a cerrar con esa bonita voz femenina.

-"Wait a minute…"- comenzó a cantar un poco más suave el joven juez, mientras movía un poco los hombros en afán seductor y levantando un dedo, haciendo énfasis en su cantada petición.

-"Oh, Oh, Oh, Oh, Oh…"- y en el fondo se oían las perfectas voces de Bongo y la Princesa.

-"Wait a minute…"-

-"Oh, Oh, Oh, Oh…"

-" Wait a minute…"-

-" Oh, Oh, Oh, Oh…"-

-" There's only one in your life… I want it to be me…- cantó, bajando del escenario con un baile pausado y sosteniendo firmemente el microfono cerca de sus labios. Al instante las chicas soltaron gritos chillones que obligó a Finn, Marcy y Jake taparse los oídos ante tal molestia-" Gon' set your heart on fire… Burnin' in the fourth degree…- de nuevo entonó y se acercó a ella con una mirada calculadora y cariñosa, con la que el publico, en lugar de abalanzarse sobre el, solo se abría, permitiéndole el paso hasta la barra, donde seguía la Dulce Princesa iluminada por el reflector al cual le quería lanzar un vaso de agua para que se apagara y le dejara de lastimar los ojos… Sin embargo, su mirada se encontró con la de Guy… Solamente soltó unas risitas nerviosas… No sabía si de pena o de la divertida imitación de Guy acerca de un ser un cantante seductor…-Serenade you, call your name

For you to come around! Nine, Ten back again…- y tras cantar esto y estar lo suficientemente cerca de ella, tomó su mano y la apegó a él- " Count the ways I love you now…"- entonces la jaló al centro de la pista de baile y como era lógico, la multitud unió a la melodía, fuertes aplausos al ver la sonrisa sincera de la joven.

-" It's a countdown…!"- y de nuevo, Bongo y Ámbar unían su voz a la de Guy, quienes veían contentos igual que Marshall como este le estaba dando algunas vueltas mientras bailaban prendidos y dándole pie a las demás personas que empezarán a bailar y le dieran más ánimos a la fiesta.

-"… to your love."- aunque le parecía complicado, logró acomodar los pasos de la pelirosa guaindola con un solo brazo y con el otro aun sosteniendo el micrófono para que su voz se oyera hasta las Praderas de Aaa.

-"Oh whoa oh…"- cantó la Princesa, con una gran sonrisa. Ya ni se acordaba de Gumball o de Anthony... ¿Quiénes eran esos dos? Solo quería seguir viendo la sonrisa dibujada en los ojos de sus colegas. Había olvidado lo bien que se sentía ayudar a un buen amigo.

-" You're my number one…"- siguió cantando Guy, mientras le sonreía a su acompañante y veía como las demás personas habían sido lo suficientemente animadas como para acompañarlos en la posta de baile, pero pese a ello, el reflector seguía quemándoles la piel.

-"…girl. It's a countdown!…"- …Ámbar le siguió la tonada y de Nuevo se ganó varios gritos aduladores del público.

-"…fallin' fast"- volvió a cantar solo él, moviendo más sus pies, en plan seductor, cosa que hizo rodar los ojos a Bonnie, divertida.

-"Oh whoa oh…"- volvió a cantar Ámbar.

-"Don't think I'm gon'…"- volvió a cantar solo Guy.

-"…last now!"- y la princesa, para cerrar levantó un brazo, dejando claro que pese a todas sus preocupaciones, esa noche estaba tan animada como ellos.

-" It's a countdown…!"- el coro se volvió a repetir y los ojos verdes de la Princesa se encontraron con los de Guy, quien la miraban de manera inquietante… Sintió como algo se le trepaba por la columna… Y sinceramente le daba miedo.

-"… to your love."- esta vez, Guy le cantó directamente al oído para el deleite de todo el público… ¿Y por que no? Al de ella también.

-"Oh whoa oh…"- más notas cantadas por parte de la morena se escuchaban por los altavoces, y quien no miraba a la feliz pareja, la miraban a ella.

-" You're my number one…"- siguió cantándole el muchacho, esta vez con una sonrisa de oreja a oreja, no solo para tener a sus pies a Bonnibel, sino también a su público al que extrañaba luego de tanto tiempo.

-"…girl. It's a countdown…"- amabas voces sonaron y por un momento se preguntaron… ¿Habría un trío mejor hecho? Solo faltaba Marceline, y Bongo no pudo evitar maldecir que en esa canción no los acompañara.

-"…fallin' fast"- cantó Guy, y bailó con la Princesa llevándola hacia atrás y cerrando el espacion entre sus cuerpos, sintió estremecerse… Pero esa sonrisa llena de rubor le dejaba claro que estaba funcionando.

-"Oh whoa oh…"- esta vez la que comenzó a mover los hombros con toda su coquetería, fue Ámbar, mientras caminaba a Marshall y se apegaba a el con una sonrisa audaz, igual que él, quien siguió tocando el bajo de Marceline a todo.

-"Don't think I'm gon'…"- y al cantar esto, Guy tuvo el atrevimiento de acariciar con sumo cuidado el cabello de la Dulce Princesa, admirando sus ojos y esos bonitos ojos aceitunados… Dudaba que existiera una criatura más gratificante en los restos de la Tierra.

-"…last now!"- las dos voces se escucharon a todo pulmón y Finn, pasó su mirada de la pareja a Ámbar, allá arriba. Parecía tan contenta, tan animada… Era como si el dolor que le causó Anthony se hubiese esfumado en un abrir y cerrar de ojos. Por un lado estaba bien por guardar la compostura… Pero rogaba para que no se estuviera tragando esos sentimientos… Sino…. Habría problemas más fuertes después. Vio a Gumball al pie del escenario, mirándola boquiabierto… No lo culpaba, a cualquiera dejaría así… Sin embargo ese chico tampoco le daba buena espina.

-"Wait a minute…"- vuelta, vuelta, vuelta de regreso y mas meneo del cuerpo. Sin duda aquello estaba mareando a Bonnibel, pero no sabía si eran las copas, el ruido, el calor… O Guy.

-"Oh, Oh, Oh, Oh, Oh…"- de nuevo esas voces tan afinadas de Bongo y la castaña se oyeron a través de las bocinas.

-"Wait a minute…"-

-"Oh, Oh, Oh, Oh…"

-" Wait a minute…"-

-" Oh, Oh, Oh, Oh…"-

-" Ooooohh…"- cantaron de manera seguida Bongo y Ámbar, mientras esta se acercaba a el y cantaba asi, suavemente-"Oooooohh…"- y mientras cantaban de esa manera tan suave, y ella no pudo evitar recordar cuando cantaban así. Cuando todo era más simple y una tontería bastaba para sacarle una sonrisa. Así que cantó como todos querían… Ni como Ámbar ni como Katherine… Solo Keila, una parte en su vida donde no tenía que preocuparse de mucho.

-"Ten, you're beautiful, nine, you're amazing…- y así empezó la cuenta regresiva que tanto decían y anhelaban por parte de la Dulce Princesa, representada por las animadas voces de Guy y la Princesa Ámbar-"Eight, you're contagious…-

-" Everytime I look at you…"- canto Guy, apegándola a su pecho de la manera más seductora que se le pudo ocurrir, sacándole un tímido rubor a la pelirosa.

-"Six, you're a star, five, who you are…"- cantaron de Nuevo, mientras la Princesa movía ligeramente los hombros, dándole un toque más de picardía a la canción-"Four, three…Who you wanna be… Don't you know that.."

-"I want you, two…"- cantó por ultimo Guy, apegándola del todo a su cuerpo, hacienda que la audiencia soltara unos grititos de picardía ante el atrevimiento del joven Juez.

-" You're the one, you're the one...- cantaron los dos al mismo tiempo, mientras Guy le daba mas vueltas gráciles a la joven pelirosa- You're the one, you' re the one, you're the one, you're the one... Yeah...-

-"You're the oneeeee...!"- y para finalizar ese bonito puente, una vuelta mas y la inclinó hacia atrás, al puro estilo tango.

-" It's a countdown…!"- Y entonces empezó un ritmo más lento, pero motivador para todos y sin borrar esas sonrisas divertidas de sus rostros. Guy enderezó a la Princesa con brusquedad, pero con gracia y seducción y la apegó a el de un golpe lo suficientemente cerca como para estar cerca de sus labios.

-"… to your love."- cantó únicamente Guy y se acercó más al oído de la Princesa, al instante los gritos aduladores y llenos de picardía y emoción llenaron la sala.

-"Oh whoa oh…"- cantó Ámbar, guiñando un ojo sin mostrar restos de dolor o debilidad.

-" You're my number one…"- siguió cantando el joven a su oído, hacienda que se ruborizara de una manera, que al menos por aquello que la conocía de mucho tiempo, no habían creído que existía en ella.

-"…girl. It's a countdown…"- cantaron de nuevo a dueto, mientras la Princesa se acercaba esta vez a Bongo, dedicándole la misma sonrisa que a Marshall y dejándole claro que eso había sido una idea maravillosa para comerse con alguien o reconciliarse con alguien.

-"…fallin' fast"- volvió a cantar y se apegó más a ella. Sintió su pequeño cuerpo amoldado a sus brazos y lo temió… Porque sinceramente se amoldaban como dos pequeñas piezas de rompecabezas; a la perfección.

-"Oh whoa oh…"- de nuevo cantó solo Ámbar, dando pasitos en el escenario con esos toscos botines de aguja.

-"Don't think I'm gon'…"- volvió a cantar solo Guy y sin contenerse ni pensarlo dos veces, besó de nuevo su oído su oído, haciendo que todo estallara en emoción.

-"…last now!"- y para terminar el coro, lo volvió a cerrar con esa bonita voz femenina.

-" It's a countdown…!"- el coro se volvió a repetir de manera rítmica, y llenando de más gente toda la pista. Guy se separó de ella, guiándola en un excelente pasó y siguieron bailando de manera movida.

-"… to your love."- cantó de nuevo solo el joven castaño y le dio una vuelta a la joven, mientras esta soltaba unas risitas.

-"Oh whoa oh…"-

-" You're my number one…"- siguió cantando Guy.

-"…girl. It's a countdown…"- de nueva esa voz femenina que seducía a cualquier hombre en particular.

-"…fallin' fast"- volvió a cantar solo, viendo divertido y enternecido como La Dulce Princesa se acomodaba un mechón de cabello, detrás de la oreja, cohibida.

-"Oh whoa oh…"- y de Nuevo esa voz de la morena que le daba el toque femenino a la canción, apreció enloquecer más a los invitados e hizo que a varios de los presentes masculinos se les desencajara la mandíbula.

-"Don't think I'm gon'…"- volvió a cantar solo Guy.

-"…last now!"-

-"Wait a minute…"- comenzó a cantar Guy de manera movida y dedicándole más sonrisas a la muchacha.

-"Oh, Oh, Oh, Oh, Oh…"- y de nuevo, esas dos voces, cantando en un hermoso dueto.

-"Wait a minute…"-

-"Oh, Oh, Oh, Oh…"

-" Wait a minute…"-

-" Oh, Oh, Oh, Oh…"-

-" It's a countdown…!"- el coro se repitió nuevamente, y entre las luces y los danzantes en la pista de baile, hacía que el corazón de cada uno en salón brincara de éxtasis.

-"… to your love."- de nuevo la voz de Guy sonaba tan cercana y a la vez tan lejana.

-"Oh whoa oh…"- cantó la Princesa de nuevo, esta vez a la tonada que Guy le estaba comenzando a dar a la batería para cerrar.

-" You're my number one…"- solo…

-"…girl. It's a countdown…"- dueto…

-"…fallin' fast"- de nuevo ambas voces se unieron, y por primera vez sintieron cada uno esa manera confortante de expresarse de nuevo, aunque fuera por una noche, por medio de la música.

-"Oh whoa oh…"- y la Princesa dio una vuelta, divertida. Había olvidado lo que era ser completamente libre. Rabí tenía razón… Esa noche solo debía ser Keila… Una parte de ella que sacaba lo mejor de si misma.

-"Don't think I'm gon'…"- de nueva esa extraña sonrisa en Guy se dibujo, poniendo a la Princesa de rodillas, mirándolo con unos ojitos que solo Glob sabía que reflejaban… Pero algo si sabía él que dejaban ver… Mucha ternura.

-"…last now!"-

-"Wait a minute…"- para terminar la movida canción, terminaron como empezaron. La coordinadas voces de Ámbar, Bongo y claro, Guy, quien esta vez limpiaba la pista con la Dulce Princesa, quien estaba llena de alegría. Parecía como si esa cara que había tenido toda la noche, Guy se la hubiese cambiado a una de armonía.

-"Oh, Oh, Oh, Oh, Oh…"- la canción comenzó a cesar y el hecho de tener una respuesta para su…"musical disculpa", se acercaba. Se fijó en su rostro teñido con la sinceridad.

-"Wait a minute…"- oyó de nuevo su voz como cantó de las sirenas…

-"Oh, Oh, Oh, Oh…"- oyó la voz de Ámbar y Bongo haciéndole coro…

-" Wait a minute…"- sintió que el corazón se le salía al escuchar por ultima vez su voz en solo…

-" Oh, Oh, Oh, Oh…"- ¿Lo perdonaría?...

-It´s a countdown!- …Claro que si.

La música cesó…Y entonces todos comenzaron a aplaudir de manera mecánica y llenos de emoción, incluido a sus amigos quienes sonreían de satisfacción ante la alegría de sus amigos, y es que a pesar de que se había callado la música, seguían siendo el centro de atención y el reflector aun les quemaba la piel… Pero no les importaba, solo se habían quedado ahí…. Pegados cuerpo con cuerpo.

De entre el público llegó Marceline al lado de Finn, quien al verla al instante la abrazó y besó su frente. La sonrisa satisfactoria que tenía el rostro de su novia le dejaron claras muchas cosas. Sabía que ella conocía del todo a Bonnibel y a Guy…Y que estaba en contra de que alguien más, por una injusticia, no estuviera con su media naranja teniendo todas las oportunidades.

Fuera de lo gracioso, de lo fiestero, de lo musical… Marceline estaba haciendo lo mismo… Solo que con un grado menos de dificultad para que, a lo que a él gustaba llamar "el poder de alguien que te gusta mucho" a raíz del primer enfrentamiento del Lich, se viera presente en esa pareja. Y puede que no lo hiciera desinteresadamente, por todo el gesto de las Olimpiadas… Pero si lo veía de una manera técnica… La novia de uno de los Peones le había ayudado a uno de los Jueces a tener al amor de su vida de nuevo en sus manos. Viéndolo por otro lado… Ellos solitos debieron haber cedido ante su orgullo… Y eso fue lo que pasó. Esa idea le había quitado el orgullo a Guy para ponerse a cantar delante de todos que la amaba… Y a ella le quito el orgullo para que se divirtiera al instante… Sonrió y soltó unas risitas que tuvo que disimular.

Y pensar que el tuvo que vestirse de mujer para tener lo que tenía con Marceline en esos momentos.

-¿Me perdonas, Bonnie…?- le preguntó Guy tímidamente, y pegando su frente a la suya. Varios presentes soltaron un incontenible "Aaawww..", enternecido y los chicos se mordieron la lengua para no gritar lo lindos que se veían.

-Je, je… Claro que sí, señor Juez, claro que si…- dijo La Dulce Princesa con una sonrisa tímida en su rostro, para al final atraerlo hacia ella, dejando de lado la vergüenza y besarlo con todo el cariño que su corazón de chicle podía tener. Al instante Guy se apenó, pero cuando escuchó los aplausos del público y los gritos de tantos amigos, conocidos, gente de la realeza… Incluso Peones, no pudo evitar corresponderle de la mejor manera… Y rodeó su cintura, acoplándose mejor.

Después de tantos pretendientes, de tantos rodeos incómodos con Finn… Al final, el mejor amigo de su amiga-rival había sido el único hombre para ella. Tan simple, tan tímido e introvertido, pero suficiente para ella. No necesitaba joyas ni nada… Solo ser quien era, así de sencillo. Lo quería y solo para ella. Igual que el a ella…Estaba agradecido por haberlo hecho...por dejar tantito del lado su orgullo, para al final… Ser felices.

La Princesa Ámbar aplaudió y le dedicó una mirada a Gumball, quien hacia lo mismo. Pero también la miró y no le fue difícil leer su mirada y lo que esta gritaba… Era algo así como "Ojala nosotros pudiéramos estar un día así…". Sin embargo no era tonta… Y sabía que si Gumball la quería era para algo… No de corazón. No podía dejar manipularse por él… Pero debía divertirse esa noche y de paso darle la lección de su vida a Anthony.

No pudo evitar rodar los ojos de repugnancia al ver la mirada empalagosa del Príncipe, así que esbozó por sonreír y se acercó de nuevo al micrófono hacia sus invitados.

-Je, je… Bueno señores… La fiesta continúa…-


La fiesta siguió avanzando hasta la madrugada, pero… En realidad el Salón seguía teniendo tanta gente como desde que Gumball y la Dulce Princesa fueron el centro de atención. Una banda del Reino había suplantado a las Scream Queens, pero su música era tan prendida que había puesto más ambiente ayudados por el alcohol y la ebriedad de algunas personas.

Finn y Marcy se había dedicado a bailar desde que él la encontró en el público. Querían pasar todo el tiempo juntos ahora que no había invitados impertinentes que les quitaran su espacio de pareja… Solo él y ella, divirtiéndose… Riéndose de sus pasos cuando había una canción movida o acaramelándose cuando se trataba de una canción lenta, cuerpo a cuerpo…Jake y Cake entretenían a algunos invitados con un truco de copas de cristal que Arcoíris le había enseñado a Jake… La Dulce Princesa y Guy en esos momentos compartían agradables momentos unidos en los jardines del Palacio para respirar un poco de la multitud que los aturdía… Iban tomados de la mano, abrazados… Esos instantes seguían siendo tan especiales en la compañía del otro.

Sin embargo Marshall no se la había pasado del todo bien. Cuando bajó del escenario luego de la canción de Guy, lo primero que hizo fue buscar a Fionna, porque durante la tocada, por arriba del escenario no se encontró con sus adornos metálicos con diamantes o su cabellera rubia o ese vestido azul destellante. Así que la había buscado por los dos pisos del Salón, entre la barra, con sus amigos y demás… Pero parecía que a la humana se la había tragado la tierra.

Se maldijo por dejarla sola con Shadow, quien tampoco había aparecido. Solo esperaba que ese huraño no le hubiese hecho nada malo.

Pero lo cierto era que estaba preocupado por ella y estaba teniendo algunos ataques de desesperación en los que empujó a varias personas, quien lo maldecían en voz baja, pero… Realmente quería encontrarla, estaba preso del miedo. Y no podía perderla sin siquiera haberla dejado ir a las Olimpiadas… No podía simplemente. Al final su levitación lo llevó a elevarse en todo el salón y echar un vistazo… Pero no había rastro de ella. Tocó el suelo y también maldijo a la música. Con ese ruido, gritando su nombre no podría escuchar nada, además… Tampoco lo veía bien, teniendo al Parlamento cerca de ahí, pensarían que tendrían problemas.

Al final sus pies los llevaron a Marceline y Finn, quienes bailaban alegremente en la pista. Pero al llegar, sobresaltó al rubio cuando puso una mano en su hombro.

-Lo siento… No quería interrumpir…- dijo el vampiro, disculpándose por haberles roto el momento.

-No, no importa…- dijo Finn con una sonrisa, y luego vio el semblante preocupado de Marshall, por lo que lo miró igual de extrañado - ¿Qué pasa?- y Marceline al instante imitó su mismo gesto. El vampiro vaciló por un momento… No sabía si preocuparlos o no por el tiempo que tenían y porque estaban juntos… Pero en esos momentos sentía que su alma inmortal se le iba a los pies.

-¿Han visto a Fionna?- les soltó de repente, sonando completamente angustiado. Los chicos se miraron entre si y entrelazaron sus manos, mirándolo preocupados.

-¿Fi no está contigo?- le preguntó Finn, comenzando a angustiarse.

-No. Ella bailó un momento con Shadow y luego me dijo que se sentía mal y se salió…- explicó Marshall, con más preocupación al recordarlo.

-¿No la acompañaste?- le preguntó Marceline, incrédula ante la indiferencia del vampiro hacia su novia.

-No quiso que lo hiciera…- explicó Marshall- Chicos, tengo miedo de que le haya pasado algo. Ya la busqué por todos lados y no aparece…¿Qué tal si le pasó algo malo?-

-No, no… Tranquilo, Marshall…Avisémosle a Cake y a Jake para empezar a buscarla y si no aparece le diremos a la Princesa Ámbar o a Anthony… ¿vale?- dijo Finn, tratando de calmar a su amigo y tomando más firmemente la mano de Marceline. La verdad también tenía miedo de que algo le hubiese podido pasar a Fionna. Marceline por el contrario alzó la cabeza y se elevó a unos centímetros del suelo… Entonces divisó algunas cabelleras rubias de las invitadas y una que otra de un caballero. Pero entonces vio una hasta el rincón… Hasta el final de la hilera de mesas… Soltó la mano de Finn, quien intentaba tranquilizar con sus palabras al vampiro, diciéndole que con lo alterado que estaba no iban a poder encontrara a la humana, y se elevó más.

Divisó primero su cabello y luego la vio de manera entera. Esta sentada en una de las mesas vacías, completamente sola… Tenía las manos apoyadas en la mesa y su mirada parecía distante. Sin alarmar a sus caballeros, bajó de nuevo, tomó la mano de Marshall, quien la miró sorprendida por haber interrumpido su plática con Finn, quien la miró igual y lo haló hacia arriba, para que la viera a la misma altura.

-Ahí esta, torpe…- dijo ella, señalando el fondo de la enorme habitación y entre toda la gente y las luces de la música. Al instante el alma de Marceline volvió a su inmortal alma y los musculos se le destensaron. Marceline cruzó los brazos, molesta de que los hubiesen interrumpido y frunció el ceño...pero Marshall solo se alivió y sin darle las gracias se apresuró a llegar a ella.

Fi estaba muerta de miedo y se le veía en la cara que traía. Al final logró llegar a la enfermería sin ser descubierta, se metió a una bodega y se vació dos botellas de alcohol en la muñeca, cuando iba a la mitad de la segunda se dio cuenta que solo estaba quemando su piel, quedándole roja y este rojo solo cubría un poco la mancha, por lo que se hecho la mitad de la otra botella hasta que le quedó por completo rojo, quemándole. Entonces buscó una venda y más tarde una gasita para que se viera más discreto, pues desentonaba con el bonito vestido y el perfecto maquillaje-que aun con el sudor, no se había batido en su cara- así que encontró una muñequera color negra y se la puso, justo cubriendo la gasita, y por ende, la fea marca negra.

Se miró la muñeca como si estuviese maldita y la respiración le faltaba. Era como si hubiese hecho un pacto con la misma Demonio Doble Cara o el Lich. Sacudió la cabeza cuando se dio cuenta en que estaba pensando. Recordó que no era verdad, Shadow era uno de los Peones, aunque su prioridad no habían sido las Olimpiadas, sino ellos… Iba a ver que realmente iban a hacer, recuperar su Ejército de Sombras por medio de ellos. Era un tanto egoísta, pero hasta cierto punto tenía toda la razón… Era su culpa por andar de egoístas con los vampiros. ¿Cuántos no habían pagado caro aquello? Comenzando desde las Caverna de los Merodeadores, donde casi acaban a Marshall de adentro hacia afuera, y terminando por Zoey e incluido el chico de las sombras.

Tenía razón Shadow en todo, y hasta eso había sido listo, porque agarró al eslabón más débil. No tomo a Marshall o a Marceline como sus marionetas porque sabía que en poderes, ambos vampiros tenían mucho más que él, tampoco agarró a Finn, porque sabía que, de cierta manera, la Princesa Ámbar lo tenía protegido, igual que a ella, pero por mucho que quisiera mostrar igualdad… Sabía que no era así- Incluso siendo un chiquillo, el simple hecho de ser hombre lo hacía más fuerte físicamente que ella, era la naturaleza de ambos sexos, no símbolo de debilidad femenina… Solo… Naturaleza; y por eso Shadow la había elegido.

Se sintió terriblemente mareada y exhausta, incluso con nauseas y terriblemente sucia. Además tenía miedo, ahora no solo a los Desterrados de la Nocheosfera, sino…que a él más. En cuanto viera al padre de Marshall o a cualquiera de los otros dos, estaba decidida en cortarles la cabeza… Pero… ¿Shadow? Como fuera, era un Peón… Un Peón al que, bueno o malo, le había tomado mucho aprecio, igual que Finn, que Justin, que Rubí… Se sentía cobarde de cierta manera, pero no de la forma pecadora y mala… Sino de la inocente… ¿Cómo diablos lograría clavar una flecha en alguno de los corazones de esos chicos?

-¡Fi!- de repente alguien la tomó de los hombros y la hizo saltar del susto. Parpadeó cuando se dio cuenta de que tanto ver a la nada le había dejado la vista borrosa, y cuando vio de quien se trataba al ver esos ojos carmesí, su cuerpo se relajo por medio segundo….Entonces recordó a Shadow, su pacto, y esa fea marca en su muñeca.

-Marshall…- dijo con algo de impresión y se llevó la mano disimuladamente a la muñeca- ¿Qué haces aquí?-

-¿Qué qué hago aquí?- preguntó Marshall con cierta sorpresa ante la ineptitud de su novia- ¡Preocuparme por ti, niña boba! ¿Dónde has estado? ¿Te has puesto a pensar en lo preocupado que estaba?-

-Yo…- balbuceó la humana, algo intimidada por la voz del vampiro.

-¡El Parlamento está a punto de abordarlo a ti y a Finn! ¿Qué hubiese pasado si lo abordaban solo a él? ¿Tienes idea de en cómo te afectaría?- espetó el vampiro con rudeza, tomando sus muñecas cuando vio que Fionna las miraba, en lugar de prestarle atención.

-Marshall…yo…- de nuevo intentó decir la humana.

-¡Quiero que me digas la verdad! ¡Deja de esconderte como una chiquilla asustada!- y sin querer, sus ojos se tornaron más rojos de lo usual y apretó las muñecas de Fionna. La humana sintió un duro vacio en el estomago y como si miles de agujas se le clavaran en la espalda… Sabía que le estaba lastimando donde estaba la mancha, pero no por esta, sino por la quemadura que ella misma se provocó cuando puso su delicada piel blanca a dos litros de alcohol.

-¡MARSHALL!- gritó la humana, para hacerle saber que la lastimaba, mientras cerraba los ojos con fuerza. Al instante el vampiro regresó en sí de su molestia, endulzó la mirada y vio lo que estaba haciendo, por lo que la soltó… Al instante Fionna comenzó a sobarse la muñeca dónde tenía marca. No sabía que le preocupaba más, que su novio la hubiese lastimado o que se hubiera dado cuenta de que tenía algo… Solo esperaba que la última no pasara.

-Fi, perdóname… ¿Estás bien?- dijo el vampiro más calmado y mirándola preocupado, pero la humana solo se encogió un poco de dolor y apegó su mano a su pecho- Fionna, lo siento… Déjame revisarte… ¿Te hice daño?- dijo con ansiedad y trató de tomar su mano, pero ella solo lo alejó un poco… No porque estuviera indignada… Le preocupaba más que lo viera.

-¡Suéltame! Estoy bien…- contestó con un hilo de voz, apenas audible, aunque lo primero lo dijo en voz alta.

-Fionna, no estás bien… Déjame verte…- volvió a insistir el vampiro.

-¿Hay algún problema?-

Y de repente esa voz hizo que a ambos se le erizara la piel… La conocían bien; serena… hasta que explotaba y enloquecía… Fionna abrió los ojos de golpe cuando sintió que la temperatura de donde estaban aumentaba ligeramente, como si se tratara de un farol enorme dándole calorcito o un pequeño solo a su lado. Se enderezó y casi se cae hacia atrás cuando vio al Príncipe Flama frente a ella… Tenía una actitud serena, sin embargo no tenía baja la guardia cuando sabía que el vampiro le echaba una terrible mirada.

-¡Príncipe Flama!- soltó Fionna, con un ligero rubor en sus mejillas ante el juez, y al instante se levantó de golpe. Sintió que el alma se le iba del cuerpo cuando vio la incómoda situación… Un triangulo amoroso no muy bien fabricado luego de algunos meses de cortar, volver, cortar y volver…- Yo… Si… Estoy bien… No tiene porqué preocuparse…- respondió y fingió la mejor sonrisa que pudo, aunque a leguas se le notaban los nervios.

-Exacto… No tienes de que preocuparte…"velita"- dijo Marshall en tono amenazador y se encaró a él, interponiéndose entre el Príncipe y la humana… quien al instante se le puso la piel de gallina. Ya era demasiado feo recordar que los dos se pelearon y destruyeron medio Salón antes de la llegada de Zoey… Otra pelea más, en pleno baile, a los ojos del Parlamento, con una maldición del Ejército de las Sombrar rodeándola… No era de mucha ayuda.

-Me estoy dirigiendo a la competidora, no a ti, "sanguijuela"…- dijo el Príncipe Flama, barriéndolo con la mirada. Antes de que se acercaran más como para que las garras de Marshall pudieran rasguñarlo o para que él lo hiciera cenizas, Fionna se interpuso entre ambos y se apegó a Marshall, dándole la cara al Príncipe Flama. Fue el movimiento más sutil que encontró, pero así le haría saber que, ahora, por muchos celos que sintiera, ella estaba con el vampiro, pero aun así, le seguía guardando respeto.

-¡Digan whisky!-

Entonces un flash de cámara deslumbró a los tres jóvenes y los hizo cerrar los ojos por una milésima de segundo… Entonces voltearon y vieron a Gumball con una sonrisita de oreja a oreja, mientras sostenía a Beemo entre sus manos, quien no se veía nada feliz. Al instante la expresión de Marshall cambió a una más enojada y la del Príncipe Flama no estuvo muy lejos de la expresión del vampiro.

El Dulce Príncipe… Nunca había lidiado bien con él, mucho menos después de que Fionna llegó a sus brazos por la causa de sus múltiples rechazos, y claro, la ayuda de Cake al ir al Reino del Fuego. Se podía decir en cierta parte que si odiaba a Marshall por haberle quitado a su chica…. Al pelirosa lo odiaba por haberle hecho tanto daño a Fionna. Por lo menos el vampiro le sacaba una sonrisa cada vez que podía, pero ese tipo siempre la había hecho llorar. A saber qué quería ahora de Ámbar, pues los había visto juntos, y saber dónde estaba la Princesa en esos momentos.

-Si pudieran ver la cara que tienen…- rio Gumball divertido, mientras Beemo se zafaba de su agarre y se iba de su lado, completamente molesto por agarrarlo como un objeto. Era cierto, lo era… Pero nunca se lo había restregado tan descaradamente. Claro "descaro" era el tercer nombre de ese Príncipe.

-¿Qué quieres, Príncipe Gumball?- le preguntó el chico de cabello de fuego. Trató de sonar cortés, pero definitivamente se oyó la molestia y la tensión en su voz.

-¡Huy! Tranquilo, "flamita"… Es una broma… Pero me encantará tener esta foto de los tres de recuerdo…- dijo y entonces tuvo el descaro de acercarse a Fionna y rodearla con su brazo. Al instante la chica se tensó y la expresión de ambos chicos cambió drásticamente- ¿No te molesta si bailó con ella, verdad?

Entonces los ojos de Marshall enrojecieron hasta parecer que no había expresión más terrorífica y le metió un empujón, liberando a Fionna de su agarre y sobresaltándola a ella y al Príncipe Flama, quien miró atónito lo rápido que el vampiro había reaccionado. Bien, no lo culpaba, era sonrisa cínica del pelirosa y esa mira burlona hacían sacar a cualquiera lo peor de uno.

-No la vuelvas a tocar, estúpido…- masculló entre dientes- Porque te mato…. En serio te mato-

-¿Tu matarme a mi?- respondió Gumball, sonriendo de oreja a oreja…- Antes de que tu me logres tocar, aquí mi amigo Flamita, te va a incinerar por bajarle a su novia-

Entonces ahora el que se enfureció fue el Príncipe Flama, quien trató de propinarle un puñetazo, pero Marshall logró jalarlo un poco, por lo que apenas y rozó la mejilla de Gumball. Y es que un empujón del parte del vampiro no era lo suficientemente mortal… Pero un golpe de ese chico le iba a dejar la cara deshecha, o peor… Lo podía matar simplemente. Y entonces ahí iba a haber graves problemas. Un delito en el Reino de la Joya se penaba con la muerte… Ningún habitante de ahí causaba algún daño, por ello el Parlamento había sido demasiado estricto con Ámbar… Debían eliminar a aquel ser que pusiera de cabeza el orden de la ciudad… Y una asesinato por un impulso… Podría hacer la diferencia entre la paz del Reino del Fuego y del Reino de la Joya.

-Imbécil…- dijo entre dientes el Príncipe, mientras era sujetado de la camisa por Marshall… Menos mal que al vampiro ya no lo podía quemar.

-Tranquilo… Él no lo vale- dijo Marshall, mirando con ira al Príncipe rosa, quien solo comenzó a reírse burlonamente. Únicamente el Príncipe Flama se deshizo del agarre de Marshall de manera brusca y recobró la compostura. Y tenía razón, no iba a cargar una sentencia por un impulso.

-¿Te dolió recordarlo?- dijo Gumball burlonamente- Aunque claro, Fionna siempre ha estado enamorada de mi- y tras decir esto, tomó a la humana de la muñeca y la apegó a él, poniendo sus brazos alrededor de ella- Ella siempre me ha amado desde los doce años… Así que digamos que ustedes han sido los platos de segunda mesa a los que Fi acudió al ver, andar de rogona no le había servido de nada conmigo…-

¡ZAZ!

Cuando menos vio, sintió una terrible punzada en la cara, como sus labios se contraían y como sus dientes rebotaban en su lugar, para después caerse sobre la silla en la que Fionna estaba sentada. Sacudió la cabeza un par de veces y miró algo atontado aquello que lo había derribado. Se encontró con el rostro de Marshall desfigurado por el enojo, con los ojos rojos y ardiendo en la ira y a Fionna, quien se había interpuesto entre ambos y que tenía sus manos en su pecho, intentando detenerlo. Sabía que era tonto, ya que le había dicho al joven de fuego que no lo valía y que lo hubiera dejado, pero las palabras de Gumball eran un tema que había preferido sepultar por ese dolor y esa idea que había tenido en la cabeza.

No ser el primer amor de Fionna le había dolido mucho, porque le había tocado ver cuanto sufría por sus rechazos o ver como lloraba por él, mientras que a él mismo lo tenía en un rango de "mejor amigo". Luego, cuando al fin Fionna levantó bandera blanca, llegó el otro tipo "ardiente" y la hizo suya (en el buen sentido)… Eso lo entristecía más todavía… Porque entonces no estaba solo en plano de segunda mesa….sino de tercera. A parte, haberla esperado tanto para que la maltrataran o para que le quemaran la cara con cada beso, luego de que siglos atrás él le había dado calor… Bueno, le frustraba.

-Espera, Marshall… No lo golpees…- dijo Fionna, casi suplicándole. Entonces encontró sus ojos azules y pudo ver como casi se lo decía para no ver sufrir a Gumball, porque aun lo quería… Esa era la Fionna de antes… la pequeña. Pero ahora que veía a ese mujerón y lo crecida que estaba recordó que no era así… No quería más problemas de los que ya tenían encima, menos delante del Parlamento y de uno de los Jueces… Lástima que eso no lo hacía sentir mejor.

Así que únicamente apartó a Fionna y se dirigió al balcón. De repente todo ese asunto de la fiesta le resultaba bochornoso y atosigador. Quería algo de la playa. Fionna lo miró alejarse algo impaciente y se volvió al Príncipe Flama, a quien le hizo una reverencia.

-Muchas gracias, Príncipe Flama…- dijo, haciendo una reverencia y sin ver si quiera a Gumball para ver como estaba, salió detrás de Marshall como alma que lleva al diablo y sintiéndose terrible. No quería hacerlo enfadar… No quería enfadarse con él, un día antes de que todo se pusiera en juego.

Ambos Príncipes la vieron alejarse y entonces Gumball rio, mientras se sobaba un poco la mejilla en donde Marshall le había golpeado. La sentía algo hinchada pero bien había valido la pena si veía la cara de esos tres así, personas que no le habían servido de nada.

-¿Qué buen partido, no?- le dijo al Príncipe Flama, burlándose de su expresión. Le dolía un poco que Fionna ahora lo tratara de "usted", cuando en algún tiempo todo había sido completamente feliz entre ellos… Cuando solo jugaban en las praderas, se metían a cuevas, Fionna intentando divertirlo… En esos momentos, era cuando más extrañaba a la humana y cuando más le dolía verla con alguien que nunca le había hecho daño, claro, si lo que había visto al llegar lo había malinterpretado.

-Aléjate de ella..- le advirtió el Príncipe, mientras la flama en su cabeza crecia debido al enojo y al dolor que sentía- Y de paso, también de la Princesa-

Y tras decir esto se marcho de ahí antes de que le pegara, y tal y como había propuesto Marshall, quemarle la cara. Deseó por un instante estar en el desierto con él, entonces definitivamente lo incineraría vivo por maltratar en el pasado a Fionna y por recordarle que ahora era de alguien más: El Rey Vampiro. Bueno, nunca había sido egoísta, impulsivo si, pero nunca egoísta… Por ello le tranquilizaba un poco que estuviera con Marshall, aunque tampoco lo conocía… Aunque si estaba seguro de algo y le había quedado claro con el puñetazo que le había dado el vampiro; él jamás la dañaría como el otro le hizo. Bien, eso le bastaba.

Pero más le valía no lastimarla de ahí a lo que restara de su inmortal vida.


-¡Marshall!- llegó Fionna al final al balcón, el mismo lugar donde Ámbar y Anthony se había besado de manera tan pasional… y donde casi entre Finn y Rabí le parten la cara al Consejero, aunque claro, de eso se habían enterado por varias voces, porque en realidad no lo habían presenciado.

Vio al vampiro recargado en el barandal, mirando a la playa y se temió lo peor. Lo conocía, estaba molesto, muy molesto. La hizo sentir muy mal porque, tal vez lo había malinterpretado… Si le pidió no matar a Gumball en ese momento era por miedo a que las cosas se pusieran peor… No a que sus sentimientos florecieran de nuevo…. No quería perderlo y no esa noche, porque entonces tanto trabajo y esfuerzo, se vendría completamente abajo. Con cuidado se acercó a él y se recargó a su lado, buscando su rostro, pero este lo tenía cubierto con el cabello, por lo que no sabía ni que decían sus ojos. Eso la hizo sentir peor.

-Marshall, yo… Yo no…- intentó buscar las palabras, pero el miedo a que no la quisiera la invadía- ¿Quieres hablar?-

Silencio. El vampiro no dijo absolutamente nada y siguió con su flequillo cubriéndole los ojos. Escuchaba su voz, si… Pero algo en su corazón le decía que Gumball tenía razón.

… Al final Fionna lo había escogido… Porque ya no le quedaba a nadie… y entonces ¿Qué? ¿Plato de tercera mesa?

Su silencio le dolió más que cualquier palabra que le pudo decir… Así que, por lo visto, la fiesta para ella se había acabado. Que lastima que se tenía que ir a la Arena completamente desilusionada y triste de que al final, ya no fuera para Marshall ese sacrificio.

Sintió como el pulso de Fionna se alejaba de su lado y oyó los primeros dos pasos que dio, no la dejaría irse así como así… No después de un mal entendido o de problemas existenciales que eran de él…ella solo se merecía una noche antes de que el mundo de cayera encima. Así que no lo soportó demasiado, no podía ni enfadarse con ella ni hacerla sentir mal, porque sabía que no era su culpa en absoluto, sabía la situación y la comprendía… Pero le dolía a la vez tanto. Únicamente se giró, la tomó con brusquedad del hombro y la abrazó tan fuerte como pudo. Al principio la humana se sorprendió de su rudeza, pero luego cuando vio ese gesto, lo abrazó de la misma manera y se apegó más a él. Le confortaba bastante que no estuviera enfadado con ella, pues no se había enfadado, pero le ansiaba igual porque, bajo sus manos pálidas, la abrazaba con desesperación y, se le notaba aun triste.

-Perdóname, Fi…- susurró y acomodo su cabeza en su rubio cabello. Le gustaba… Era como un algodón se azúcar y de vainilla o como una almohadilla de oro. Le gustaba… Además el perfume que le había puesto Rabí… olía tan delicioso; a flores de manzanilla, a flores del desierto… No sabía, pero le encantaba ese olor.

-No importa…- dijo Fionna y acarició sus brazos. Le gustaba cuando Marshall la abrazaba así, se sentía segura- ¿Estás bien?-

-No- respondió con franqueza el vampiro y la apretó más a su pecho- ¿Y si Gumball tiene razón?... y si… ¿Soy plato de tercera mesa?-

-¿De donde sacas eso?- preguntó ella, mientras frotaba su espalda.

-No lo sé. Es que… Primero Gumball, luego la "velita" y luego…yo… Hasta el final- suspiró y la humana sintió su aliento frio en su cabello- No sé… Me hace pensar que al final, estás conmigo… Porque fui tu última opción… Porque no te quedaba nadie…-

Las palabras de Marshall la hirieron un poco, pero se alegró de que hablaran de ese tema que ambos había decidido enterrar, aunque estaba equivocado en su totalidad. Ella no lo había elegido después de que terminó con el Príncipe Flama, al parecer había ahí mas malos entendidos, porque, ella nunca lo dejó en última opción. Lo que pasa es que nunca lo vio más que un amigo.

-Marshall… No pienses eso…- dijo ella con dulzura y lo llevó al barandal, ahí tomó su rostro entre sus manos- Yo no te tuve en última opción. Solo, no espere enamorarme de ti hasta cuando nos besamos… En la Aldea de los Merodeadores… Ahí, sentí que te perdía y si te perdía, no sé que me iba a pasar. Me sentía tan sola, tan débil… Cuando yo estaba con el Príncipe Flama, antes de terminar con él… Yo, cuando salía contigo… Y me sentía feliz, entonces ahí mis sentimientos comenzaron a dudar si lo que sentía por ti era amistad… O algo mucho más allá de ahí, y ese día… Cuando ellos invadieron tu mente… Me di cuenta de que te amaba. No es que te tuviera de última opción, solo… Nunca pensé en enamorarme de quien era mi mejor amigo… Y a Finn y a Marcy… les pasó lo mismo- aclaró y desvió la mirada sonrojada.

No quería ver los ojos ampliados de Marshall de la sorpresa. A decir verdad, ninguno de los dos se había sincerado del todo hasta esa noche, hasta que a ella le quedó claro cuanto lo amaba o cuando se dio cuentas. Eran lagunas en las que ambos se habían hundido, y al final, en esos momentos, habían salido a la superficie, tomando una gran bocanada de aire.

-Te amo, Fionna- dijo Marshall con dulzura y besó su frente, haciendo que la humana se ruborizara un poco- Perdóname por haberte gritado y haberte lastimado…- dijo y la abrazó más fuerte a su pecho- Pero es que estaba muy asustado. Pensé que te había pasado algo-

-No me pasa nada- respondió la humana y acarició su nuca. Vale, en esa parte no podía decirle la verdad, pero también era para cuidarlo, porque, de otra manera… Se iban a armar muchos más problemas de los que ya había, sobre todo con Shadow, y considerando que era un Peón…bueno, no era lo más recomendable- Y también te amo muchísimo…- dijo y lo abrazo más.

Entonces tomó el rostro de ella como si se tratara de un delicado cristal y presionó sus labios contra los suyos. Fionna únicamente acarició su nuca y siguió besándolo suavemente, danzando sus bocas poco a poco. Al principio era un beso a miel, vodka y vino de tanto que habían bebido y se habían fundido, pero entonces algo en Marshall aumentó la llamarada…y como si se tratara de algo meramente contagioso, la pasión también inundó el cuerpo de Fionna.

La comenzó a besar más pasionalmente, y comenzó a acariciar su espalda de manera prepotente, apegándola más a el y abriendo más la boca, saboreándola por completo… Es que su pequeño y fino cuerpo seguía siendo como una pieza que se amoldaba del todo a sus brazos… Era tan perfecta, tan bonita… Sus labios eran cálidos, tan dulces y embriagadores… Perfectos… Sentía su cuerpo entero, su cintura pequeña, sus pechos contra su cuerpo, sus manos en su nuca, aferrándose a él. La disfrutaba tanto.

Por un momento se les olvidó todo… ¡Y al diablo si alguien los veía! Para ellos ya no había mañana… Solo una parte inconsciente que les gritaba que siguieran y siguieran y siguieran. Al final la levantó del suelo y la sentó en el barandal, mientras la besaba más y acariciaba su cabello. La amaba tanto que solo la quería más a el, pasó sus manos por si cintura para evitar que se le cayera… y siguieron besándose, encendiendo una llama más.


Mientras tanto, dentro del Salón, Finn y Marceline iban hacia el balcón donde se estaban besuqueando, contentos y cansados de bailar después de un gran rato lleno de risas, bromas y romances… Bien, era hora de estar con su hermana y ¿Por qué no? Con su primo también. Fue entonces cuando un muchacho se les atravesó, un muchacho que sorprendió a Marceline y que le hizo fruncir el ceño a Finn.

-Oigan… ¿Han visto a La Princesa Ámbar?- preguntó Anthony, algo ansioso y preocupado. Finn únicamente resopló molesto. Ya bastante contento se sentía de no haberlo visto en toda la velada como para verle la cara y aparte tener el cinismo de preguntar por ella, luego de como la había lastimado.

-¿No está en ningún lugar?- le preguntó Marceline, algo preocupada.

-No, no está… La llevo buscando desde hace rato, por favor díganme que está con ustedes- dijo el Consejero, sonando más preocupado.

-Y… ¿Para que quieres a la Princesa Ámbar?- le preguntó Finn en tono cansino y cruzándose de brazos.

-Necesitó hablar con ella- respondió Anthony, mirándolo de manera cruel.

-¿Para que? ¿Vas a clavarle algo más en su corazón?- dijo Finn de manera irónica, restregándole de nuevo lo de hacía rato, aunque bien sabía que ese no era la mejor manera de expresarlo. Si, había pasado lo que había pasado con Anthony, pero eso no quitaba que le preocupara que la Princesa estuviera desaparecida.

-Mira humano, será mejor que…- comenzó a mascullar el Consejero, mirándolo directamente a los ojos y empezando a decirle que él tenía toda la culpa de que los Desterrados de la Nocheosfera lo hubiesen puesto a hacer todo eso bajo amenaza.

-Bueno, ya…ya…- dijo la vampiresa, interponiéndose entre ambos, apagando la chispa que se acababa de encender para que después no se hiciera un incendio forestal. Así que le dedico una mirada apacible al humano y encaró a Anthony- No, no la hemos visto. Pero si la veo te prometo decirle que las estás buscando-

-Gracias- respondió el Consejero con sinceridad. Sabía que con Marcy, bajo la presión que estuviera, si podía contar. Pero luego su aspecto se endureció cuando vio de nuevo a Finn- Dile a tu hermana que esté atenta... He estado sondeando al Parlamento y ya han hablado con todos los participantes… Solo faltan ustedes y en cualquier momento van a lidiar con ustedes. Recuerden que deben agradarles….- dijo y endureció más aun su mirada- Acuérdate de que, más que los Jueces, de ellos dependen sus vidas…-

-Claro, le diré en cuanto la vea. Gracias- respondió Finn de manera cortante y rencorosa. Bueno, se lo merecía por partir un corazón completamente blandito.

-Vale. Avísenme como les fue… Nos vemos luego- se despidió, a lo que Marcy solo sonrió y asintió de manera cuidadosa, mientras Anthony seguía su búsqueda. Una vez que se fue miró a Finn, quien bufó, completamente irritado.

-Vaya, parece que esta noche todos han perdido a sus parejas- dijo Marceline, divertida y tratando de bajar en enojo que convulsionaba el cuerpo de su novio.

-Te juro que quisiera…- dijo Finn, apretando los dedos de sus manos y figurando con ellos como si despedazara algo. Entonces Marceline sonrió y las tomó con suavidad… Debía reconocer que entre todas sus cualidades estaba esa; la de calmar a su novio estando en un ataque de enojo.

-Lo sé. Hablaré con él… Pero tú también trata de controlarte. Recuerda que no estás en posición para pelearte con alguien fuera de la arena… Y menos con tu tutor…- dijo y le acomodo un mechón de su cabello rubio detrás de la oreja. Finn suspiró y la apegó a él para besarle la frente. Tenía toda la razón… Agradecía tenerla a su lado para no lanzarse sobre Anthony y estrangularlo.

-Gracias, Marcy…No se qué haría sin ti…- dijo, sonriendo amorosamente y luego rodeó con un brazo sus hombros- Ven… Vamos a ver a Fionna y a Marshall- dijo y siguieron caminando al balcón.

Claro que al llegar no supieron si reír de tanta picardía o vomitarse de lo que estaban haciendo.

Seguían besuqueándose a todo dar… pero, al parecer la temperatura le había ganado al lado racional de ambas cabezas. Pues el cuerpo de Fionna estaba contra el barandal, una de las piernas de Marshall estaba en medio de las de ellas, presionándola más contra su cuerpo y el frio mármol. Tanto había subido la intensidad que uno de los tirantes de l vestido de la humana estaba completamente abajo y Marshall estaba completamente despeinado y con la camisa a medio abotonar.

Al instante Marcy enrojeció hasta las orejas y Finn únicamente se quedó parado, como si9 lo que hubiese visto lo hubiese perturbado del todo y de por vida.

-¡Oh por Glob! ¡Tengan decencia!- soltó Marceline apenada y tapándose los ojos. Al parecer la exclamación de la vampiresa les hizo poner los pies sobre la tierra. Por que al instante se separaron con las respiraciones agitadas y completamente ruborizados hacia ellos- ¡Si quieren hacer algo así, váyanse! ¡No lo hagan aquí! ¿Saben si quiera los problemas en los que se pueden meter?-

-Vamos, Mar- Mar… Solo nos estaban besando…- dijo Marshall, con una sonrisa cinica y audaz, típico de su primo.

-Pues yo diría que iban a ir más allá- dijo Marceline, descubriéndose los ojos y mirándolos con enfado, mientras se cruzaba de brazos, completamente noqueada por la escena que había visto. No se sentían traicionados, pero ver esa escena con dos conocidos muy, muy cercanos…. No era algo de olvidarse.

-Dame tres motivos para no golpearte…- balbuceó Finn, acercándose a ellos con Marcy y dirigiéndose a Marshall. No quería golpearlo, claro estaba, pero se le ocurrió de repente como buen dialogo para el novio de su hermana.

-Porque soy uno de tus mejores amigos, porque soy el novio de tu hermana… Y porque soy sexy…- dijo Marshall, parando los labios y haciéndose el gracioso, a lo que Finn rió cuando puso una pose donde paró el trasero. Al instante los cuatro comenzaron a reír y la humana y el vampiro se relajaron. Bueno, al menos sus primos y hermanos no estaban enojados, solo sorprendidos y perturbados por la escena, la cual se había tornado divertida ante las bromas y payasadas de Marshall.

-Ejem…-

Y esa aclaración de voz los puso con los pies y la cabeza dura y fríamente a la tierra. Finn y Marceline vieron como los ojos de Marshall y Fionna cambiaban a unos de horror, como si hubiesen visto un muerto… Y luego se giraron a ver que miraban sobre sus hombros. Entonces sintieron como la sangre abandonaba su rostro y empezaron a sudar frio.

Frente a ellos estaban doce hombres con gemas en su cabeza, perfectamente vestidos.

El Parlamento.

-Buenas noches, participantes de las Olimpiadas de la Perla- saludó el hombre de en medio, quien tenía un diamante en su frente y su bigote fina y complicadamente afeitado.

-Señores del Parlamento- soltó Finn, intentando sonar natural, aunque el nerviosismo en su voz fue más que audible. Mecánicamente hizo una reverencia varonil y Fionna tomó la seda de su falda, la extendió y mostro reverencia también. Los vampiros se miraron por unos segundos y luego les copiaron.

El humano luchó para que las rodillas no le temblaran, al fin y al cabo Anthony les había avisado, aunque él no alcanzó a advertir a Fionna. Se irguieron de nuevo y Marceline vio que debían marcharse... No se fiaba de dejar a los humanos con esa bola de sádicos que mangoneaban a Ámbar... Pero tampoco veía prudente para sus vidas seguir ahí si la evaluación era meramente de ellos.

Como modo de práctica, debían dejarlo y confiar en ellos. Por lo que sonrió lo más sincera que pudo y tomó el brazo de Marshall, quien notó tambien bastante tembloroso.

-Es un placer estar ante tales ejemplares de... gobernantes...- mintió- Pero creo que, debemos dejarlos solos- dijo e hizo una reverencia, con ella obligó al vampiro a hacer lo mismo con timidez- Buenas Noches tengan, señores...- dijo, irguiéndose junto con Marshall y sonrió ampliamente.

-Con su permiso, eh. Buenas noches- se despidió el vampiro, y con Marceline entrelazada a su antebrazo se marcharon, conteniendo el aliento... Para que una vez adentro de nuevo del salón, soltaran ese oxigeno que les empezaba a marear, para luego ponerse nerviosos.

-¿Crees que estarán bien?- le preguntó Marshall en un susurró, algo aterrado.

-Tranquilo. Finn y Fionna son muy listos, sabrán como simpatizarles... Espero- dijo y suspiró sonoramente, pero luego acarició su antebrazo- Tranquilo... Ya verás que todo va a ir bien-

Pero, a pesar del optimismo de Marceline y de su confianza en ellos, no podían dejar de sentirse aterrados. Los ojos de esos hombres eran tan penetrantes como las gemas que estaban sobre sus cabezas, incluso estas parecían mucho más oscuras de lo habitual. Les daba escalofríos tan solo pensar que las vidas de las personas que más amaban... Estuvieran en manos de esos sujetos de pinta de mala muerte.

-Esperemos que todo vaya bien... Te invito un trago- dijo Marshall, para sacudirse un poco las telas de la araña y relajarse un poco, igual que su prima.

-Sí. Vendría bien- sonrió la vampiresa y se dirigió con el vampiro a la cantina, donde se encontraron a Bongo, Wendy y Jake tomando licor alegremente y el fantasma alargó el brazo, haciéndole señas a Marshall mientras lo sacudía.

-¡Oye! ¡Marshall!- le gritó Bongo con una gran sonrisa- ¡Enséñanos tu truco de las copas de cristal!-

El vampiro titubeó un poco y miró a Marceline, quien asintió. Debía mantenerse firme y no caer en la desesperación para echarles aire a Fionna y a Finn cuando volvieran de una...interesante entrevista. Debían relajarse en lo que quedaba de tiempo y no había mejor manera que distrayéndose.

Así que con aire indeciso se acercaron a los muchachos con la sonrisa más relajada que pudieron y vieron como Jake ya se empezaba a tambalear un poco, así como sus mejillas completamente sonrojadas y su mirada relajada.

-¡Pero si...Aquí están los Reyes Vampiro...!- exclamó, llamando la atención un poco de quienes se encontraban ahí a sus lados- ¡Aplausos por favor!-

-Jake... ¿Quieres sentarte?- dijo Marshall con los dientes apretados y una sonrisa fingida ante los invitados, quienes soltaban algunas risitas por la ebriedad del perro y el rubor en las mejillas del vampiro. Una vez sentado el perro, Marshall le susurró con rabia:-¡Estúpido perro! ¿No te bastó con la vergüenza que me hiciste pasar en las entrevistas?-

-Oye, "colmilludo", no es mi...hip...culpa que tu y tu novia... Hallan estado... deslumbrantes...- dijo el perro, tambaleándose.

-Eso es cierto- dijo Bongo, mostrando todavía un poco de cordura en su cerebro- De todas las Peones que tenemos...ella es...la mas...mmmm... Digamos... Con porte- dijo el fantasma y soltó unas risitas cuando buscó la palabra correcta para definir a Fionna.

-Bueno... Su tutor ha dicho que tiene bastante elegancia en el combate cuerpo con cuerpo- dijo Wendy, con una sonrisa. Entonces las alarmas en la cabeza de Marceline se encendieron y miró a la fantasma algo sorprendida, recordando la mirada culpable del Consejero y su no tan afable mentira.

-¿Anthony se los ha dicho? ¿Dónde está?- preguntó ella y miró a sus lados.

-Ahí, querida- señalo Wendy detrás de su hombro. Al instante la vampiresa se giró y divisó al Consejero a lo largo de la barra, escondido por su terrible postura entre los invitados que hacia unos minutos habían estado risueños con el perro y sus adulaciones.

-Voy a verlo- le avisó Marceline a su primo, tocándole un poco el hombro. Al instante el asintió.

-Vale- contestó y luego los miró con una sonrisa- ¿Quien quiere ver el truco de las copas?-

-¡YO!- gritaron sus tres amigos al unísono y levantando la mano, completamente emocionados.

Mientras tanto, la joven vampiresa se había acercado al Consejero quien tenía un aspecto terrible. Más que un ayudante de la anfitriona parecía un borracho salido de la cantina. Ya no llevaba su corbata color esmeralda y su camisa la llevaba desabotonada y arremangada, por no decir que bajo sus ojos había unas duras sombras oscuras. Tenía en su mano una copa de vino y con la otra tenía apoyado el rostro, agarrándose igual un mechón de cabello.

Si Marceline no hubiera oído su corazón, pensaría que había sido un traído de la Nocheosfera.

-¿Sabes? Te ves horrible- dijo la vampiresa con burla y sonriéndole ampliamente. El Consejero se sobresaltó un poco y se giró a verla con el gesto molesto.

-Gracias... A los chicos nos gusta oír eso...- respondió con sarcasmo y luego se giró de nuevo a la barra, mientras bebía un sorbo de vino.

-Je, je... Lo siento- dijo ella y se sentó a su lado- Es solo que es la verdad. Una piedra tiene más simpatia que tu en estos momentos- bromeó ella, pero el solo bufó sonoramente.

-No estoy para chistes ahora...- dijo, sin mirarla a los ojos. Marceline torció el gesto y le miró mejor. Bien, tenía la misma expresión devastada y culpable, pero a la vez inocente de hacia unas horas. Se quedaron en silencio por un momento y Marceline comenzó a jugar con una copa de cristal que tenía a la mano, y luego miraba a Anthony por el rabillo del ojo.

Miró los ojos tristes que este dejaba ver y esa mirada distante y confundida, por como si lo hubiera echado todo a perder... Como si todo se hubiera perdido y ya no hubiese nada que recuperar ni con la última gota de sangre. En algún momento le habría parecido ridículo, pero luego pensó en que no hace mucho ella estaba así.

Además, parecía no ser cualquier caso, sino algo realmente serio y debería sacarle la verdad a como fuera, por su bien...y por el de su amiga.

-¿Estas así por Katherine?- le preguntó luego de un rato.

-¿No es obvio?- dijo él y tomó un sorbo más a su copa de vino, haciendo una mueca.

-Es que... No entiendo que paso- dijo Marceline, soltando esa sorpresa retenida desde hacia ratos- Tu... Ese día en la playa... me dijiste que...-

-Si, Marceline... Sé lo que dije- le respondió el con frialdad y luego suspiró, para ver de nuevo su copa- Pero mentí, solo estaba confundido-

-Oh...¡Por favor! Deja de decir mentiras...dijo Marceline irritada- Escucha... Podrás engañar a Finn, a Rabí... Incluso a ella... Pero a mí no me engaña, joven Stone- dijo, mirándolo a los ojos. Entonces el Consejero amplió los ojos desmesuradamente y vio a la joven vampiresa y a sus ojos escarlata.

Había sido más suspicaz de lo que él pensaba en realidad y mucha más lista. Típico de los vampiros; con sus ojos no solo podían ver su anatomía, sino también toda su alma entera y desnuda... Con eso no contaba-Dime la verdad... ¿Qué ha pasado? ¿Por qué de repente ella te dice que te ama y tu,..¿La rechazas así, sin más ni menos?-... Le preguntó siendo directa.

Esta vez entonces miró a Marceline casi con miedo... ¿Y si sospechaba algo? ¿Y si ya sabía lo de su alianza con los Desterrados de la Nocheosfera? ¿Y si le decía a Ámbar antes de tiempo y todo se venía abajo? ¿Y si lo aniquilaba ella a él cuando se enteraran? Np, Marceline no podría saberlo, eso solamente iba a complicar en exceso las cosas. Debería permanecer con la boca cerrada con fin de resguardar la vida de la Princesa y seguir negando todo y mintiendo… Preferiría mil veces eso; pecar a verla muerta.

-Porque es la verdad…- contestó él, tratando de sonar indiferente- La besé porque…. Solo se me ocurrió, pero luego me puse a pensar que, después de ese beso...no sentía nada por ella... Solo deseo, y eso, querida amiga, no es estar enamorado de una mujer- dijo él, sonriendo de manera indiferente. Marceline solo hizo una mueca y ladeó la cabeza- Y puedes decirme que soy horrible junto con tu noviecito, que de seguro él te contó todo lo que pasaba... Pero es la verdad... No voy a estar con una mujer que no amo, aunque sea la Princesa-

Cuando dijo eso, a peesar de la sonrisa de patán que trató de dibujar e su rostro-que por cierto no le quedó nada mal- Marceline buscó en sus ojos la verdad mas que en sus labios. Tenía demasiada edad para saber cuando alguien mentía... Y aunque la expresióñ de Anthony era casi ejemplar... No se lo creyó.

Aun estaban esos bonitos ojos esmeralda aturdidos por la culpabilidad y la confusion. Era parecido a algo así como un condenado a muerte, que no hacía mas que sonrírle a su sentencia, aunque en la mirada se leyera el miedo ante su condena.

No se lo tragaba, además, conocía el rostro de los enamorados. El de Finn lo vio infinidad de veces, primero con la Dulce Princesa, luego con la Princesa Flama y luego con ella, igual en Marshall por Fionna y viceversa... A leguas se notaba que estaba loca por el vampiro. Y el Consejero,, por duro que fuera, no lo podía ocultar.

Tan solo lo había visto desde arriba en el escenario... A saber cuanto le dolió que Ámbar le cantara esa canción y luego que ella lo mirara asi, porque eso si... Los ojos dorados de ella no se podían comparar, porque realmente, de un momento para otro, parecía odiarlo... Y esto, en él, se veía cuanto le dolía.

Por ello, por mucho que lo intentara... No la podía engañar. Sabía que algo seguía ocultando.

-Anthony... Dime la verdad- dijo girandose en su asiento para verle mejor y directamente a los ojos. Entonces el Consejero suspiró sonoramente y frotó su rostro.

Sabía que una vez que ella empezara a sospechar no se la quitaría. Era lógico, no era prejuiciosa además de todos los años que tenía. Era buena... Pero bastate audaz, y el sabia que eso para si mismo y para todos los que les rodeaban, incluidos Finn y la Princesa Ámbar, saldrían perjudicados si le decía la verdad.

Por mucho que confiara en ella o por mucho que quisiera confiarle algo para alivianar más la cruz... No podría si eso aseguraba la destruccion de todo lo que conocían.

-No puedo decirtelo- se limitó a contestarle sin más explicaciones ni mas.

-¿Y por qué no?- preguntó la vampiresa, extrañada.-¿Es algo malo?-

-Peor de lo que te imaginas, Marcy...- suspiró el Consejero y con ojos vidriosos la miró al rostro- Pero entre menos sepan tu y todo el mundo, estarán mejor- sonrió con tristeza.

Marceline lo miró con pena, pero eso le dejaba claro al cien por ciento que mentía y que no era cierto, que realmente amaba a su amiga... Pero por lo que él decía, era mejor tenerla así. Sin embarggo, aunque empezó a mecanizar en su mente diferentes posibilidades de qué podría ser... Mas lejos estaba de la verdad y de lo que pasaba.

Tampoco iba a atormentar a Anthony a que le dijera, suficiente ya tenía con 'Keila' y su terrible indiferencia y maldad directas a él. Pero, así como ella él le había dado animos en su última pelea con Finn... Ella haría lo mismo. Así que puso una mano sobre la suya y le sonrió con confianza.

-No sé que suceda, Anthony, pero, quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea- dijo sonriendole y dandole aliento. El Consejero al principio la miro sorprendido por el gesto que tenía con el... Pero luego sonrió amistosamente. Aunque fuera la Reina Vampiro... Por algo Finn la había elegido- Pero tambien quiero hacerte saber que si ocultas algo tan complicado como el amor... Te enfermarás-

Ese últimos consejo se lo dio de corazón, porque ella lo había vivido. Desde que conoció a Finn le enfermaba no poder decirle lo mucho que lo amaba, aunque a él le hubiese parecido una locura enterarse que se conocieron en otra vida.

Por eso actuó bien y que las cosas se dieran solas por el curso vital, las decisiones de Finn y su libertad... Y al final todo había resultado bien... Si quitaban eso de los Desterrados de la Nocheosfera y las Olimpiadas, claro.

Pero eso era otra historia.

-Gracias, Marcy...- dijo Anthony con una triste sonrisa, pero con sinceridad. ¿Quien diría que después de tantos choques se hubiese vuelto una persona tan afectosa y amigable con él? Ironías de la vida. Y le daba gusto haber encontrado a una amiga asi, aunque tuviera que traicionarla despues... Y eso lo hacia sentir fatal, además, ni con todo el calor de Marceline se acabaría de sentir tan mal...- Pero, ya esto enfermo...-

Y tras decir eso, vio detrás de su hombro y ella volteó a ver en direccion en la que él veía... Y al instante s sonrisa se borró.

La Princesa y Gumball conversaban en una mesa no muy lejos de ellos, y ella estaba completamente ebria. Se le notaba en esa sonrisita estúpida y en sus mejillas completamente coloradas. Se veía que Gumball tampoco tenía el juicio plano, pero tenía más puestos los pies sobre la tierra que ella… Eso era seguro.

-¿De verdad se resbaló?- preguntó ella, entre risas nasales y poco contagiosas.

-Así es… Se lo juro alteza…- dijo el Príncipe también riendo y sabiendo de sobra que ya se había cargado a una chica más a su lista…¿Quién diría que sería la codiciada Princesa del Desierto que todos los monarcas querían tener a su lado por su poder y su belleza?

-Ja, ja… ¿Sabe Príncipe Gum…ball? Usted es muy simpático… Me ha hecho mucho reír esta noche… Agradezco la compañía de tan buen invitado a mi baile…- dijo ella, cabeceando un poco y jugando con su copa… Quien sabe cuántos tragos de vodka llevaba, había perdido la copa después de llevar media botella… Pero de que se había propasado eso estaba claro por su terrible mareo. El Príncipe sonrió de manera satisfecha y se inclinó a ella.

-¿Ah, sí?-

-¡Pero claro!- soltó la castaña, completamente ida de sí y sin importarle si llamaba la atención o no- Nadie en este Reino me ha hecho reír…como usted…Príncipe Gumball-

-Oh por favor… Puede llamarme solo Gumball… Déjese de formalismos, a fin y al cabo, nos llevamos bien ¿o no?- dijo el Príncipe, resbalando su mano hasta posarla sobre la suya y apegándose más a ella.

-Entonces usted… Digo, tú… Me puedes llamar… Keila nada más- dijo la morena, mientras dejaba que el pelirosa acariciara su mano de manera repulsiva, pero coqueta a sus ojos.-Nadie… Me ha hecho pasar un rato tan… Increíble… como usted…- pero esta vez, por increíble que pareciera, ella fue la que se acercó a él y entrecerró sus ojos de manera coqueta.

-Bueno, Prin… Keila, es tan bello estar con una señorita tan hermosa y sensual como usted…- entonces acercó su mano a su rostro y acarició sensualmente sus labios- ¿Qué hay de ese tal… Anthony… su consejerucho ese… ¿Acaso tenía algo con él?- le preguntó, acariciándole el cuello, pero ella, con tan solo oír el nombre de su Consejero, bufó y se separo lentamente de él, molesta.

-Ese sujeto que vio ahí… es un idiota. Es tan seco y sin sentimientos… que apenas y puedo lograr ponerle una sonrisa en el rostro- dijo y luego borró esa cara de enfado y lo miró a los ojos, completamente sensual y de nuevo se acercó a él, mientras se le bajaba un poco la torera verde por su hombro- Pero tú eres todo lo contrario… Eres tan risueño y genial… Y me gusta que alguien se divierta y sonría de vez en cuando… Y además… Tu… Me gustas también…-

Y tras decir esto lo miró con una sonrisa tan sensual y maravillosamente provocativa que así como cayó en los "encantos" de Gumball, él también cayó ante esa expresión completamente sexy, mientras ella se mordía el labio inferior, tentándolo. Sin duda ella había caído… Bien decían que una mujer dolida recientemente era carne fresca… O al menos él así lo veía… Y se aprovecharía del grave erros que había cometido el Consejero.

-Usted es demasiado hermosa como para aguantar a sujetos así…- dijo él, sonriéndole seductoramente y apegándola más, mientras acariciaba una de sus piernas a través del mallon negro que estaba pegadísimo a sus torneadas piernas- Si usted me lo permite… Me gustaría ayudar… a olvidarlo- dijo, y se apegó aun más a ella, acortando a centímetros la distancia.

-Y con gusto le daré ese honor- dijo ella sin titubear y usando la parte irracional de su cerebro- Pero se me hace muy injusto que él, comportándose como un completo patán tenga una canción que yo se la haya dedicado… Y usted…siendo tan… terriblemente sexy… No la tenga…- dijo y acarició su cabello de chicle, sintiendo lo pegajoso y empalagoso que era.

-Pues creo que… teniendo a tan buen voz en tan bella garganta… Podríamos solucionarlo… ¿verdad?- dijo, mientras en efecto, acariciaba su garganta de manera hostigosa, sin embargo a ella no parecía importarle en absoluto, pues únicamente sonreía más y acortaba la distancia.

-Pero claro…- dijo, rozando sus labios, pero luego se giró de forma brusca, buscando un mechón de cabello color capuchino con corbata elegante, y rápidamente, luego de unas mesas del pequeño bar que predecían ante ellos, encontró al sujeto que estaba buscando con la bonita "princesa rosita", tomados de la mano y riendo con cariño.

"Patéticos…", pensó, pero no sabía si lo decía por la ebriedad o desde su corazón. Tenía envidia de que ellos, después de esa canción se acaramelaran de esa manera. Esperaba la suya obtuviera resultados.

-¡HEY GUY!- gritó con todas sus fuerzas para travesar el ruido de la música a través de las enormes bocinas. Y al parecer el chico la escuchó a la primera, porque volteó en su dirección aun con esa sonrisa bobalicona que Bonnie le causaba, pero que también volteó a verla. Al instante la sonrisa de ambos se borró cuando vieron el estado no tan estable de la Princesa y únicamente el chico encogió sus brazos, preguntándole con ese gestó qué quería- ¡AYUDAME A CANTAR UNA CANCION ALLÁ ARRIBA!- dijo, señalando con la mirada el escenario. Guy la miró primero a ella y luego al frente y luego de nuevo a ella… Por alguna razón, aun viéndola de lejos, pensaba que no era una buena idea… Y se le veía en los ojos, porque la Princesa vio su inseguridad, pero entonces frunció el seño y le dijo con voz dura:- ¡O ME AYUDAS O TE MANDO A LA HORCA!-

De broma o de realidad, asustó a Guy sin duda.


-¿Vino?- dijo uno de los jueces, mientras le ofrecía a Finn y a Fionna dos copas de vino tinto de una bandeja que uno de los camareros, quien hizo una reverencia una vez que le sirvió a los doce hombres y a los dos humanos.

-Muchas gracias…- titubeó la humana y tomó la suya, con la mano temblorosa.

-Gracias…- dijo Finn un poco más sereno y la tomó por igual.

-Salud… Por los últimos dos competidores de las Olimpiadas de la Perla…- dijo él hombre que se las había dado y animando a los once detrás de él a que brindaran.

-¡Salud!- dijeron todos en un unísono casi aterrador y perturbador. Fionna y Finn fingieron las sonrisas que mejores les salieron y chocaron las copas con aquel hombre y los otros once entre ellos, soltando risitas y sonrisas de complicidad. Al final ellos chocaron sus copas y se miraron a los ojos y pensaron lo mismo. El uno estaba tan aterrado como el otro, así que el humano le dirigió una mirada de "tranquilicémonos" a la humana, quien suspiró.

Entonces se dio la vuelta, de nuevo dándoles la cara a los hombres, sonriéndoles nerviosamente y Finn vio el tirante de su vestido bajado por completo, entonces se lo subió rápidamente, lleno de ansiedad. El agasajo con Marshall al parecer había dejado evidencias. Menos mal que Marceline y él había llegado antes de que los doce los descubrieran.

-Y díganme… Fionna, la humana y Finn, el humano… ¿De dónde vienen?- preguntó el hombre con el diamante en la frente, mientras le daba un sorbo a su copa.

-Mi hermana vive en las Praderas de Aaa y yo vengo de las Praderas de Ooo- dijo Finn, sonando increíblemente calmado, aunque esos tipos le ponían la carne de gallina.

-Vaya… La hermosa humana, aquí presente, viene desde el otro lado de un continente- dijo aquel que tenía un zafiro en la cabeza- Entonces es un honor tenerla con nosotros-

-Gracias- dijo Fionna, haciendo una reverencia, mientras un leve rubor subía a sus mejillas. Cielos, estaba tan nerviosas y sentía que las piernas se le doblaban. Quizas hubiese sido una buena idea no haber tomado con Wendy.

-Supongo que, al igual que su hermana… Usted es un héroe allá, en las praderas- le preguntó otro hombre, quien tenía una alejandrina en la frente.

-Así es señor- respondió Finn, cordialmente- Mi hermano y yo ayudamos a mucha gente de por ahí. Somos muy respetados y queridos- no quería sonar arrogante, pero era la verdad, además, así se luciría con esos hombres.

-¿Y quién tiene una gata como hermana? Digo yo, pensé que era una broma, pero cuando vi su expediente me quede paralizado de horror cuando me di cuenta- dijo uno que tenía un topacio en la frente.

-Si… Imagínense ser educados y cuidados por unas bolas de pelo pulgosas y sucias… Pobres chicos, debieron pasarla mal realmente- dijo el sujeto con el zafiro en la frente, de manera que la hipocresía se oía en su rostro.

Definitivamente el comentario y las risitas y murmullos entre ellos los hicieron ponerse rojos de ira como lámparas para fotografías, pero tuvieron que morderse la lengua para no decirles que más sucios tenían sus corazones por permitir que seres vivos se mataran por la Perla de la Juventud Eterna de esa manera tan vil y siniestra.

Según ellos sabían que las reglas establecía que el ganador, además de que a él o a ella se les efectuara la Juventud Eterna gracias a la Perla, podía elegir una persona o un conocido al que también se efectuara en ellos, y en caso de ganar Finn estaba claro que Jake también sería "bendecido" por dicha perla, o si Fionna ganaba, Cake sería la elegida. Pero ahora no solo pondrían esa regla porque eran sus hermanos, sino porque esos "pulgosos" a los que se referían ellos los apreciaban mucho y se lo demostrarían sin piedad, restregando su victoria.

-Bueno, al parecer no seríamos los primeros educados por "perros"…- dijo Finn, con una falsa sonrisa y barriendo a cada uno con la mirada.

Fionna lo miró como si hubiera perdido el juicio y los hombres lo miraron con una sonrisa que casi les pareció sádica, pero a la vez bastante interesada. Era como si ese humano frente a ellos fuera una interesante criatura… Y a decir lo era, pero ellos, más que seres vivientes, solo eran raras piezas de porcelana que las iban a admirar por un rato, iban a jugar con ellas… Y luego las romperían en mil pedazos. Y Finn captó eso en sus miradas al instante. Por ello, sin ser grosero (porque sabía que eso también les costaría muy caro a los cuatro, incluidos los vampiros) les volteó la tortilla, sonando tan cortes como ellos, pero soltando el mismo veneno.

-Entonces sería bueno que les pusiéramos "correas"…- dijo el hombre que tenía el diamante, de nuevo regresándosela a Finn, pero era demasiado astuto como para sentirse ofendido por ellos o incluso perder el juicio, tirándole la opa de vino a ese hombre, eso querían ellos, para hundirlos tan pronto como fuera posible. Pero no iba a caer con ese truco, y si con palabras iban a pelear junto con sonrisas falsas, él la jugaría igual.

-Sobre todo a aquellos que muerden…- dijo con una sonrisa y levantó su copa ligeramente.


-Keila, Ámbar, Katherine… ¡Como te llames! ¡Esto no es una buena idea!-

-Cállate, me ayudarás, te guste o no…¿Me das de tu whisky?-

Y así fue como Ámbar arrastró a Guy hasta detrás de bambalinas. Únicamente se tambaleó hasta la mesa de ambos chicos y le pidió a Gumball que se quedara en la pista porque iba a empezar un espectáculo más "agradable" del que había dado cuando le dedicó la canción a Anthony. Luego de eso le dijo a la Dulce Princesa, completamente ebria: "Te lo robó unos minu…tos, niñita de Dulce", y arrastró a Guy de la mano hasta detrás del escenario.

Durante su trayectoria el chico notó que el fresco aroma de jazmines de la Princesa había sido sustituido por un terrible olor a alcohol y licor que le picaba la nariz, además de su tambaleante forma de caminar y sus risitas tontas sin sentido ni ubicación. La verdad daba pena verla así… Solo esperaba que los del Parlamento no la vieran, porque estaría frita. Comenzó a tratar de convencerla de que no era buena idea… Pero ella lo amenazó de muerte y en su estado, aun si llamaba asía los guardias, de lo llevarían preso.

-¡No!- respondió él, dejando su copa de lado que por las ansias se le había olvidado dejarla en la mesa- Y déjate de tonterías… ¡Mira cómo estás! En cualquier momento te vas a caer de borracha-

-Mira… Guy…- dijo, cortando las palabras y dirigiéndose más bien a una estaca de madera que estaba al lado del chico y que tenía su misma altura, que sostenía en su punta una manta blanca de toda la utilería- No tengo doce años para que…me digas que hago o no… Así que te sugiero… que me ayudes a cantar… O llamaré a mis guardias…- y frunció el ceño como una niña pequeña.

-Ámbar, esto no es una buena idea… ¡Y estoy aquí!- soltó completamente impaciente, tomándola de los hombros y volteándola para mirarla directamente a los ojos- Deberías subir ya a dormir… A nadie le gustara ver a la Princesa ebria-

-¡Oh! ¡Ya acabaron!- dijo ella, dando unos pequeños aplausos cuando oyó que la banda que tocaba se había detenido, mientras los invitados aplaudían llenos de ambiente. Entonces se soltó del amarre de Guy y salió al escenario. El chico intentó sostenerla de nuevo, pero se le resbaló de las manos y cuando vio, la Princesa ya estaba sobre la tarima y se había acercado al micrófono.

-¡BUENAS NOCHES INVITADOS DEL REINO DE LA JOYA!- gritó por el auricular tan fuerte que se hizo el sonido de vacío en las bocinas y un terrible zumbido se escuchó por todo el salón, aturdiendo a todos los invitados y haciendo que la mayoría se encogiera y se tapara los oídos ante la molestia y la mayoría porque ella no pareció inmutarse de su sonido.

-Ay… Glob…- murmuró Marceline cuando la vio arriba, completamente tambaleante y su mandíbula se desencajó cuando la vio, igual que la de Anthony a su lado, quien se puso pálido como el papel.

-¿Ella es…?- dijo Jake, descubriéndose las orejas y a punto de perder el juicio por igual.

-Mierda…- masculló Anthony y se levantó como alma que llevaba al diablo de su silla. Iba a cometer una tontería, aunque no estaba seguro de cual, pero era eso sin duda… Y no sabía porque tenía el presentimiento de que era su culpa.

-Espero que la estén pasando de lo mejor... Porque... ¡yo! estoy más que feliz de recibir...a invitados tan...elegantes y bellos...como ustedes... Esta noche- dijo, sin importarle lo desafinada que ya se oía su voz al hablar y de que todo le diera vueltas.

Sus amigos, Marceline, Marshall, Bongo, la Dulce Princesa y los demás, la veían sin poder creer lo que estaba pasando. A punto de caerse, desalineada, completamente borracha... ¿Que no había una parte racional de ella que le dijera que eso estaba incorrecto?... Ah, cierto...el alcohol la tenía bajo su merced.

-¿Cómo llegó ahí arriba?- pregunto Marshall, sin dar crédito a sus palabras.

-Cayéndose, yo creo...- murmuró Bongo, sin dejar de mirarla, boquiabierto al igual que Wendy.

-Marshall...Hay que hacer algo... ¡Hay que hacer algo pero ya!- dijo Marceline, completamente preocupada y angustiada de lo que su loca amiga pudiera hacer.

-Hoy...Mis invitados... Quiero dedicarle otra canción a un chico que me ha hecho reír toda la noche luego de que al patán al que le dedique la otra canción se arrastrara igual que un gusano...- dijo ella por el micrófono, casi con repugnancia. No sabía donde se había metido Anthony, pero Marceline sabía que, donde estuviera, su oyó eso... Le habría calado el alma- Pero hoy... Voy a dedicarle una canción bonita...a un chico...bonito...- dijo tambaleándose- ¡El del reflector! ¡Si tú! ¡Alumbra al Dulce Príncipe, si eres tan amable!- le ordenó al chico del reflector.

Al instante la luz se posó en el aludido y los invitados se hicieron un poco al lado, rodeando a Gumball, quien estaba cruzado de brazos y sonreía complacido de que ahora, no solo hubiera ella caído en sus brazos... Sino también en la humillación.

-Yo... Quería... cantarle una canción a mi amigo Gum...ball...Con la hermosa melodía que las Cream Kings...generalmente tocan para ustedes...¡pero!...- y tras soltar esa última palabra, volvió a gritas, haciendo que ese zumbido apareciera de nuevo, pero de manera menos molesta porque esta vez solo algunos se taparon los oídos y los otros hicieron muecas de disgusto- ...hoy...solo cantaré con el joven que ganó a su chica...con la anterior canción y que me inspiró a hacerle lo mismo...a mi...Gumball… Démosle un aplauso a... ¡GUY!-

Pese a que una parte de los invitados ya veían a la Princesa ebria y con la atmosfera de pena ajena, la gran mayoría aplaudió enérgicamente cuando vieron que el aludido salía, quien no pudo dejar que aunque sea una sonrisa nerviosa se apoderara de su rostro y saludara con timidez, mientras otro reflector lo alumbraba.

-¿Que diablos está haciendo ahí?- soltó Bongo confundido- ¿No está viendo lo ebria que está?-

Pese a que el comentario del fantasma tenía toda la razón y que todos se preguntaban lo mismo, no le hicieron caso. Estaban demasiado impresionados con lo que estaban viendo... Mas la Dulce Princesa quien se preguntaba cómo demonios había aceptado.

Marceline estaba desesperada igual que Marshall. No sabía si levitar hasta allá y taclearla, aunque eso crearía mucha critica. Miró a los lados con ansiedad... ¿Donde rayos se había metido Anthony?

-¡Así que querido publico...!- soltó de nuevo, tambaleándose un poco- ¡VAMOS A CANTAR!-

Los invitados al principio no parecían muy seguros, pero cuando soltó de esta manera ese "a cantar" de nuevo todos se animaron. Era bueno que la fiesta estuviera tan ambientada, aun si su Princesa estaba borracha... Y Gumball no podía sentirse tan mas satisfecho de sí mismo, por eso el reflector iluminaba esa sonrisota que tenía en la cara.

La Princesa se acercó tambaleándose hasta un amplificador al lado de Guy, se agachó como pudo y sacó un micrófono puesto a una diadema... Se la colocó, se acomodó el cabello y se dirigió a Guy.

-Vas a tocar para mí..."Adiccted to you"...- dijo, tratando de ponerse firme y afinando su voz que el vodka había resecado un poco.

-Ámbar, esto no me parece buena idea...tu...- comenzó a decir el chico, tratando de convencerla con su prudencia por última vez.

-Na, na, na...- rezongó ella, como una niña pequeña y luego lo miró con gesto amenazante...- Tú decides..."Adiccted to you" o mis guardias...-

Guy puso cara de mártir y miró a su alrededor, buscando algún milagro. Pero nada, no podía negarse, sobre todos si, borracha o no, le echaba a sus guardias, los cuales, borracha o no, la obedecían al pie de la letra.

-Vale...- dijo, bajando la mirada y comenzando a tocar algunas notas en el piano, mientras la banda que los respaldaba, comenzaba a tocar cuando Guy les hizo una señal de qué canción.

-Así me gusta...- dijo, guiñándole un ojo burlonamente, a lo que Guy bufó sonoramente. Y es que era eso; una burla. La Princesa se posó en medio del escenario y dijo de manera mas sensualona- Esta... es para Gumy...- y al instante, algunos murmullos sonaron pícaramente entre los invitados.

Y pasó lo peor que cualquiera que la conocía bien pensó que podría pasar. Comenzó a sonar la musiquita tentadora y terriblemente sexy, mientras ella comenzaba a mover sus caderas y a levanta sus brazos, dando un espectáculo completamente sensual.

-Hay no...- gimió Marshall, pegándose en la cara fuertemente.

-Ooooooh...Ooooooh...- comenzó a cantar sensualmente, dándole a él también un toque más de coquetería, ¿Y por qué no? De mas hormonas también. Era increíble como estiraba sus brazos al cielo, mientras seguía con sus movimientos de cadera al puro estilo de danza árabe...solo que mas indiscreto y menos formal.

Dejó a varios boquiabiertos de los invitados masculinos. Pero... Al que había dejado sin habla fue a Gumball, quien al principio se puso serio de la sorpresa al ver sus movimientos, pero luego esa sonrisa satisfactoria ensució más su rostro. Sonó Guy entre toda la banda sonora, mientras ella hacía seguía son esa danza. Marceline parpadeó más veces y buscó al Consejero de nuevo con la mirada... ¿Dónde demonios estaba?

Y luego mas movimientos de cadera lateral, para empezar a cantar.

-"Debe ser el perfume que usas o el agua con la que te bañas..."- comenzó a cantar, más sin embargo no dejó de hacer movimientos sexys y mirar a Gumball, seduciéndolo entero- ...Pero cada cosita que haces a mí me parece una hazaña...- volvió a cantar, sacudiendo su larga cabellera castaña y completamente desordenada haciendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás una sola vez, para seguir cantando...- "Me besaste esa noche cual si fuera el último día de tu boca . Cada que yo me acuerdo...Yo siento en mi pecho el peso de una roca…"- y luego de cantar esto, levantó el pecho dos veces... simulando el latir de su corazón...aunque en ese momento ya no lo oía del todo bien.

-Niños... ¡Traigan un tubo!- bufó el fantasma molesto. ¿Cómo era posible que todos estuvieran tan animados cuando la Princesa estaba tan fuera de sus cabales?

-Marcy...- de repente alguien la llamó, giró a su lado y vio a Marshall, quien tenía el mismo aspecto preocupado- La gente del Parlamento-

Marcy buscó a los lados aunque no le respondió. Tenía razón... ¡En cuanto la vieran hacer eso la iban a poner de patitas en el Desierto por andar actuando como una loca!... Así que le dejaría a Anthony la situación con Ámbar... Ella tenía que ver que esos hombres no tocarán el suelo del Salón.

-"Son tus ojos marrones... Con esa veta verdosa. Es tu cara de niño...Y esa risa nerviosa..."- luego de eso miró a Gumball mas sensualmente... (Si eso era humanamente posible) y se acercó al teclado con Guy, donde siguió cantando y bailando- "I'm addicted to you…"- cantó y tocó las notas del piano con sus dedos, para después recargarse en el, tal vez para seguir bailando... O tal vez para evitar caerse en medio del escenario-"...Porque es un vicio tu piel. Baby, I'm addicted to you...Quiero que te dejes querer ... I'm addicted to you, porque es un vicio tu piel... Baby, I'm addicted to you... Quiero que te dejes querer"-

Y siguió bailando, tomando el equilibrio de su cuerpo de nuevo con danza árabe entre la música que ponía la banda, siguiendo a Guy. Fue bajando del escenario y al final, al igual que con el muchacho, todos la rodearon, mientras seguía bailando... Y a Gumball lo habían dejado en medio de la pista aun alumbrado por el reflector, pero con esa sonrisa tan sínica, que en lo que a sus amigos decía... Era repulsiva.

Una vez abajo el efector la siguió y continuó bailando de esa manera que a cualquier hombre dejaría boquiabierto. Solo veía a Gumball complacido por ella y por ese "deleitable" espectáculo. Bueno, siendo una chica buena y de gran corazón la habían herido por la espalda tan fatal que cayó su corazón y se hizo mil pedazos.

Pero esa parte de ella no era tan mala... Mas si la utilizaba para poder seducir al chico que quisiera, bien, no era tan malo aquello. Y más igual si era un cebo tan grande como Gumball... Que mal que ella, sin darse cuenta, fuera la presa.

-"Por el puro placer de flotar ahora si me llevó la corriente"- cantó y ahora las que comenzó a mover fueron sus piernas al conjunto de sus caderas... Esas largas y tonificadas piernas que, si era posible, hizo que las bocas de la audiencia masculina se abrieran mas- "Ya no puedo dormir ni comer como lo hace la gente decente..."-

Y siguió cantando, mientras se acercaba a Gumball con su baile completamente tentador, seduciendo cada gota de su empalagoso y endulzate cuerpo. Bien, pudiese ser que para él fuese solo un juego... Pero lo había puesto a sudar.

Mientras tanto, Finn y Fionna seguían en su charla con los del Parlamento. Habían comenzado a hablar del Dulce Reino de Ooo y el sujeto con el Zafiro en la cabeza les decía que había visitado ese lugar por última vez cuando los abuelos de la Dulce Princesa murieron.

Entre sonrisas hipócritas, cometarios sarcásticos y respuestas arrogantes, pero bien envueltas en gestos amables y caballerosos de Finn, la canción de la Princesa Ámbar les llegó a sus oídos, sin embargo, no podían ver tremendo espectáculo dado a que desde el balcón solo se veía las espaldas de los invitados alrededor de la pista de baile.

-Parece que la Princesa está dando un buen espectáculo- dijo el hombre del diamante en la frente, aun sosteniendo su copa medio llena de vino.

-Es buena idea. La Princesa da buenas canciones... ¿Nos acompañan, Príncipes de las Praderas?- dijo el hombre con la turmalina en la cabeza, dirigiéndose a Fionna.

-Claro, nos encantaría- contestó la humana, mintiendo... Era lógico que no le encantaba la idea ir con esa bola de hombres que daban mala espina... Pero no podía negarse ante tal...'cortesía'.

-Psss...-

Pero justo cuando los del Parlamento y los humanos dieron un paso, estos escucharon un discreto llamado detrás de ellos. Al parecer solo los dos se dieron cuenta, porque los hombres aquellos ya habían dado media vuelta para marcharse.

-Psssss...- volvieron a escuchar. Esta vez se miraron entre sí y se voltearon a la oscuridad de la noche... Entonces Finn se inclinó con cuidado en el barandal del balcón... Cuando de repente emergió el rostro de Marcy- Finn...-

Al instante ambos pegaron un respingo, esperándose lo peor, pero luego suspiraron aliviados de que no fuera algo más, y miraron un poco a sus espaldas para ver si esos hombres no se habían dado cuenta... Para su suerte no había sido así... Pues ya estaban de espaldas, platicando muy concentrados.

-Marcy...- murmuró Finn cuando vio al fin algo agradable luego de ese tenso momento.

-¿Que haces aquí?- susurró Fionna, algo ansiosa.

-Me gustaría explicarles pero... necesito que me hagan un favor- dijo la vampira nerviosa- Distraigan a estos hombres, no dejen que entren en los próximos cinco minutos...-

-¿Qué? ¿Por qué?- preguntó el vampiro, completamente confundido y Fionna la miró igual de extrañada.

-¡Cielos! Es que Katherine perdió la cabeza y está haciendo una tontería... Luego les explico... Solo háganlo- dijo ella en un fuerte susurro y luego se alejó levitando a la entrada. Los humanos se enderezaron y se vieron entre si... Tenían que pensar en algo y rápido.

-Bueno... Será mejor que entremos entre toda esa gente... Después de ustedes, humanos- dijo el hombre con el diamante, ofreciéndoles el paso.

-Eh...Eh...Pero... Podríamos quedarnos aquí...- soltó Finn, en un intento de buscar alguna solución- Es una...linda noche- dijo con nerviosismo.

-Eso puedo notarlo, jovencito- dijo el hombre con el rubí- Pero debemos ir para no perdernos el espectáculo- y como si fuera una orden de guerra, todos dieron media vuelta de nuevo y se dirigieron al Salón.

Finn y Fionna se miraron como mártires... Y a la humana se le ocurrió una única solución... Hacía rato de sentía fatal... ¿Por qué no sacarle provecho?

-No respiro...- jadeó Fionna, se tomó el abdomen... Se tambaleó...y se dejó caer como si de verdad se hubiera desmayado. Finn solo vio como su cabeza rebotaba contra el suelo y no supo si era verdad o no dado a su reciente aspecto...

-¡Fi!- soltó el humano, entre preocupado y entre fingiendo, entonces todos los hombres se dieron media vuelta ante el golpe del cuerpo de Fionna en el suelo y Finn preocupado.

-¡Santo cielo!- soltó uno de ellos y en un instante, todos los hombres del Parlamento se acercaron y rodearon a la humana, para según ayudarla. Fionna sabía que era solo un despiste... Pero tendría que ser convincente por los próximos cinco minutos

Y mientras tanto, en el Salón, bueno... la música seguía de pie y la joven danzante ahora solo estaba a medio metro de Gumball... Seduciéndolo con unos movimientos que hasta Glob se hubiera muerto y vuelto a resucitar de lo bellos que eran.

-"Tu recuerdo ha quedado en mí así como un broche prendido en mi almohada..."- cantó poniendo ambas manos en su pecho y haciéndolo rebotar de nuevo-"Y tú en cambio que tienes memoria de pez no te acuerdas de nada"- cantó...y esta vez se acercó del todo a Gumball... Tan rápida y potente...bueno, así le gustaban a ese Príncipe... Aunque no contaba del todo tomando en cuenta lo ebria que estaba.

Sus amigos abrieron más la boca, sobre todo Bonnibel... Bien, su hermano había caído mas bajo todavía emborrachando a una chica rota y teniéndola bailando de esa manera tan... Hermosamente vulgar. No lo podía describir de otra manera, porque todo lo que venía de Ámbar era hermoso... Pero eso, lamentablemente, era demasiado vulgar.

-"Son tus manos de hombre..."- y entonces, acarició sus manos y subió...acariciando sus hombros. Dio media vuelta y se colocó detrás de él, manoseando su espalda-"El olor de tu espalda...lo que no tiene nombre..."- cantó y manoseó mas al Dulce Príncipe, haciendo que los invitados soltaran alaridos aduladores y hasta morbosos. Dio otra media vuelta luego de rodearlo y quedó frente a él y tomo sus manos-"Lo logró tu mirada..." -

Lo guió mas al centro de la pista, pero esta vez ambos se pegaron del todo al otro. Ella sentía su respiración cerca de su nariz y el su perfecta cintura en su estomago... La tenía donde él quería.

-"I'm addicted to you...Porque es un vicio tu piel. Baby, I'm addicted to you...quiero que te dejes querer . I'm addicted to you...Porque es un vicio tu piel. Baby, I'm addicted to you ...Quiero que te dejes querer...Ooooohhhh...Ohhhhhhhh"- la última estrofa la cantó casi sin aliento, pero era tal vez porque Gumball estaba tremendamente cerca de sus labios y le cortaba el aire... No por ser..."irresistible", simplemente... No le gustaba respirar tan cerca del.

Comenzaba a sentirse mareada... Ya ni siquiera sentía las piernas, pero si que sentía que iba a flanquear en cualquier momento. Sentía ese aliento olor a medicina dulce de Gumball...y sentía sus manos... Más no sabía dónde.

Desgraciadamente los ojos ajenos si podían verlo todo. Mientras la musiquita daba sus últimas notas, las manos de Gumball habían acariciado la esbelta cintura de la Princesa... Y después había colocado sus manos más abajo. Tan vulgar y tan irrespetuoso... Aunque algunos no los habían visto porquetambién ya estaban bailando pegaditos... Aunque menos atrevidos.

Una parte de ella quería empujarlo, decirle que lo alejara... Pero sus pensamientos solo se arremolinaban en torno a Anthony... Y en lugar de ese aliento a medicina su subconsciente lo cambió por uno olor a menta... Como el de hacía unos momentos... Tan fresco... Tan increíblemente hipnotizarte que quería probarlo de nuevo, embriagarse con el aunque después le perforara el alma.

Se imaginó igual que las manos de Anthony eran las que la tocaban... Tan perfectas... Tan increíblemente grandes, tan satisfactorias y varoniles... Rozó los labios de Gumball y le supieron a goma de mascar... Un dulce que siempre aborreció en su época de humana, prefería el sabor a chocolate amargo o a miel... Como los labios de Anthony.

Entonces sintió como la jalaban hacia atrás, tal vez era el alcohol atacándola y dándole el golpe de gracia para caer desfallecida, pero luego se puso pálida cuando vio quien la había separado de Gumball... Y oyó como los dientes del pelirosa chocaban unos contra otros.

Anthony.

El Consejero había llegado y le había metido un puñetazo al Principe tan fuerte que lo derribó y le sangró el labio. Al instante los bailarines que estaban ahí se apartaron y vieron sorprendidos la increíble escena. Sin embargo, la Princesa no pudo verlo del todo... Estaba completamente mareada y con la vista algo borrosa.

-¿Anthony?- susurró, sorprendida. Al instante llegaron a su lado Marceline, Marshall y el Príncipe Flama, quien estaba danzando cerca de ellos con una simpática hibrida de arboles... Pero se había detenido cuando vio la escena...

El Consejero estaba rojo de ira y en sus ojos casi se le podía notar la locura y esas ansias de partirle el cuello a la mitad. Lamentaba no haber podido llegar al escenario antes, pero los encantos de la Princesa lo habían hipnotizado, aun si le cantaba esa canción a otro sujeto... Además de la terrible multitud con hormonas alborotadas que no lo dejaba pasar.

Si, pudiese ser que estaba ebria, que lo hubiera lastimado, que ahora estaban en "guerra"... Pero seguía amándola y seguía siendo su mano derecha y como Consejero esa actitud era completamente irrespetuosa hacia la monarca mas poderosa del Desierto... ¿Quería más argumentos acaso?

-Katherine... ¿Está bien?- le preguntó Marceline a Princesa, mientras la sujetaba, pues daba el aspecto de que estaba a punto de caerse... Ella no le contestó, solo veía horrorizada como le faltaban pocos segundo para que Anthony lo asesinara con sus manos.

-¡Escucha, bastardo!- dijo Anthony entre dientes, mientras levantaba a Gumball del cuello de la camisa. Era tanta la rabia que sentía que había generado adrenalina en él y por lo tanto, también mas fuerza- ¡Vuelve a tocarla, desagraciado y yo mismo me encargo de matarte! ¿¡Me oíste!?- dijo, casi convulsionándose del enojo.

Para la sorpresa de las pocas personas que miraban el espectáculo, Gumball únicamente rió burlonamente y se limpió con la muñeca la sangre que empezaba a escurrir por su barbilla.

-La verdad... Es que ella ha sido demasiado fácil- siseó con veneno. Bien, no fue una gran idea, porque Anthony de nuevo le metió un puñetazo, tirándolo de nuevo al suelo y dejándole esta vez un ojo morado. Pero ahí no se había acabado, quería matarlo por decirle así a la mujer que amaba (aunque no estaba muy lejos de la verdad)... Así que tomó impulso para propinarle otro golpe para que el fino mármol del suelo se llenara de su sangre.

-¡Oye! ¡No te metas!...-y para la sorpresa de todos, Ámbar se había zafado del agarre de Marceline y se había colocado en frente- ¡Déjalo en paz!... ¡El no me hizo daño!-

Vale. Eso fue la gota que derramó el vaso. Menos mal que no había tantos espectadores por el ruidazo de la música... Menos mal que Guy se había dado cuenta de ello y había subido el volumen a todo para encubrir esa escena de drama.

Anthony se puso rojo de ira y le propinó un puñetazo mas a Gumball antes de que este se pudiera reincorporar, tomó impulso y le propino otro más. Acabaría con él como si fuera un costal de papas. Pero entonces sintió como algo lo sujetaba de los brazos y de los hombros, lo suficientemente grande como para inmovilizarlo y arrastrarlo lejos de él aun cuando se zarandeaba.

Entonces el Príncipe Flama se puso frente a él y le bloqueó el paso, sabiendo que si se aventaba a él lo quemaría.

-Espera... Espera, por favor... Deja que a esta basura lo saquemos nosotros- dijo el Príncipe, tratando de sonar firme, aunque él y Marshall estuvieran más que felices de que él le hubiera partido la cara por parte de ellos.

Anthony se zafó bruscamente del agarre de Marshall, bufó para todos, dejándole claro a todo el mundo que pensaba que absolutamente todo era una mierda y se acercó a la Princesa... Quien lo mira furiosa... ¡Ahora solo eso le faltaba! Que después de sus estupideces, quisiera regañarlo como un retrasado... Enojado se agachó, la tomo de las piernas y se la llevó como un costal en el hombro.

-¡Anthony! ¡Bájame! ¡Maldita sea! ¡Bájame! ¡Te lo ordeno! ¡Guardias! ¡Guardias!- comenzó a gritar, mientras pegaba en la espalda de Anthony, bocabajo, y pataleaba humillada, para que después, antes de que alguien pudiera hacer algo, la sacara de ahí, saliendo del enorme Salón a unas escaleras laterales que tenían, directo a los dormitorios.

Marceline y los demás vieron como se alejaban y ella frotó su cara. Menos mal que el Parlamento se había quedado afuera con Finn y Fionna... Ojala la hubieran cubierto bien.

-¿Que paso?- dijo Cake exaltada, llegando junto con la Dulce Princesa. Entonces vieron a Gumball en el suelo, completamente noqueado... Bueno, podrían decir que se había embriagado de más. Al verlo, ambas soltaron un grito ahogado- ¿Pero qué pasó aquí?- volvió a preguntar la gata.

-Luego...te explicó ¿Vale?- dijo Marceline y luego miró a la Dulce Princesa- Bonnibel, ve por tu novio por favor... Tenemos que asegurarnos de que todo esté en orden-

La Princesa asintió y caminó directo al escenario, seguida por la gata. Entonces Marceline miró a Marshall y al Príncipe Flama, quienes sonreían algo satisfechos. No era el mejor espectáculo pero... Qué bien les había sabido.

-¿Y qué haremos con este?- dijo el Príncipe Flama, mirando a Gumball noqueado en la pista mientras las personas pisaban sus cabellos arremolinados. Parecía un chicle que había sido removido de la suela de un zapato. Al instante Marshall lo miró con una sonrisa audaz y se cruzo de brazos.

-¿Pues a donde mas, alteza?... Al basurero, por supuesto-


-¡Wiiiii! ¡Me doblo como un pretzel!- canturreó la Princesa, mientras se balanceaba en el hombro de Anthony.

-Estate quieta... Por favor- dijo el Consejero en tono serio. Pero entonces esto pareció enfurecerla, porque comenzó a patalear y a pegarle en la espalda como una niña haciendo berrinche.

-¡Bájame! ¡Eres un cerdo! ¡Te odio! ¡Bájame, idiota!- comenzó a gritarle y Anthony dio gracias a Glob de que ya estuvieran en los pasillos desolados, directo a su habitación.

Ese "Te odio" pareció dolerle, porque hizo una mueca y sintió que el corazón se le hacía añicos... Pero también tomaba en cuenta de que estaba totalmente ebria...

...

¿A quién engañaba? Ebria o no de verdad lo sentía por partirla en mil pedazos. De hecho era en cierta responsable que estuviera así y que actuara de manera tan estúpida y poco prudente. Todo eso era su culpa en definitivo. Pero también ella... ¿Que no tenía cabeza? No podía creerlo... Cientos de años de edad y se comportaba como una adolescente inmadura y rebelde.

Él también estaba enojado y se había visto cuando le partió la cara a Gumball...¡Maldito Marshall! No sabía por qué estúpida razón lo había retenido así... Lo hubiera matado y desgajado en esos momentos. Después de todo, había ido en contra de la Princesa Ámbar.

-Pegándome no harás que te baje...- dijo, zarandeándola un poco para que se estuviera quieta. Parecía una muñeca de trapo, una loca y borracha muñeca de trapo.

-¡Bájame!... Idiota... ¡Puedo estar en pie! ¡Bájame!- gritó y le pegó más veces en la espalda, esto le frustró. Parecía que solo le daba manazos a un enorme ropero andante.

-¿Por qué haces esto, Katherine?- suspiró el Consejero, dejando ver su clara decepción en su voz- Tú no eres así...-

Molesta y mas mareada de ver los pies de Anthony, soltó unas risotadas nasales y tontas tan falsas que hasta a ella le dolieron, pero pronto pasó... Al final de cuentas, en esos momentos el mundo le valía nada.

-Esta soy yo, Thony... Contigo o sin ti-

La habitación de la Princesa estaba lo suficientemente alejada del Salón, así que a los cinco minutos de caminar con ella en su hombro, sintió como dejaba caer todo su peso en el y como se había quedado dormida. Sonrió un poco cuando lo notó... Ahora si parecía una muñeca de trapo.

Al llegar, abrió la puerta con cuidado y la dejó caer en la cama, mientras un mechón de cabello castaño quedaba justo encima de sus labios. Anthony la miró con pena y los miró a ellos... Los culpaba de todas sus desdichas... Si tan solo no supieran a gloria...

Le apartó el mechón del cabello y le quitó las gruesas botas negras de aguja. Sin duda se había visto hermosa esa noche...que mal que ahora tuviera un mal recuerdo de esta. Pero como había dicho Jake... Cada cosa que ella hacía o donde estuviera, hacia que esa cosa o ese lugar se convirtieran en algo hermoso.

La miró con tristeza, como si le pidiera una disculpa por todo lo que había pasado y se inclinó para besar con cariño su frente. Tal vez ahí estaba su error, igual que Marceline, incluso después de tener miles de años... No le quedaba claro que seguía siendo una niña perdida y completamente sola... Y él lo había empeorado.

No supo como... Pero sintió ese contacto tibio en su frente, entre la conciencia y la inconsciencia y entre el mareo y el silencio. Así que abrió lentamente los ojos para ver como Anthony se enderezaba y se daba la vuelta para salir.

-¿Que fue eso?- murmuró ella, con un extraño brillo en sus ojos. Al instante el Consejero se paralizó al oír su voz y se giró a ella lentamente.

-Nada... Solo me despedía- se limitó a contestar él y a mirarla seriamente, como si no hubiera pasado nada.

-¿Qué…? ¿Qué crees que todo esto es un juego, Anthony?- dijo ella con un tremendo dolor de cabeza y enderezándose con una mueca.

-Solo quiero...protegerte- dijo él, como si le pesara decir eso... Aunque era así viéndolo realmente.

-Eso es otra cosa...- dijo ella, sacudiendo la cabeza- Todo el tiempo...Estoy rodeada de personas a las cuales parezco agradarles... Siempre dicen que soy bonita, graciosa y especial... Pero ahora... No sé si eso sea verdad...- comentó y entonces se le cortó por completo la voz y dejó caer una lagrima que se volvió un diamante al tocar la seda de la cama- ¿Que fue lo que te paso?...-

Anthony suspiró sonoramente y la miró con ojos vidriosos. Él estaba a punto de llorar también... Pero no podía hacerlo... Marceline ya dudaba de varias cosas...no podía permitir que ella también lo hiciera, eso solo empeoraría las cosas para todos.

-Creo que me debes una respuesta...- dijo ella con el dolor reflejado en su rostro- Me mentiste, Anthony- dijo y cerró los ojos, aturdida- Olvida...la monarquía, al Parlamento...Las Olimpiadas... Todo. Solo veme como quien soy realmente aquí...y ahora-

Por un instante, Anthony se quedó en silencio y no pudo evitar esbozar una mueca de disgusto y profundo dolor...pero luego se giró a verla del todo y Ámbar no pudo interpretar su expresión... Pero él sí que la sabía... Las lágrimas estaban a punto de aparecerse en su rostro... Pero recordó que, darle pie a la Princesa y su amor a ella...solo lo dirigiría a que dudara de el...y entonces todo estaría en juego,

-Fueras quien fueras... Te seguiría...siempre- se limitó a contestar, aunque, claramente, no era ni una pizca de lo que ella quería escuchar. Fue una respuesta educada...pero muy burda e insuficiente- Buenas noches-

Y sin esperar alguna respuesta por parte de ella, salió de la habitación y se recargó de espaldas a la puerta una vez que la cerró. Al fin entendía el termino que siempre Marceline usaba: "Emocionalmente agotador"... Y eso que ni había bailado un poquito.

Suspiró cansinamente y apoyó su corona en la madera y miró al techo. Eso lo consumía cada vez más. Sentía que estaba débil, que iba a desfallecer... De todas las mentiras del mundo, decirle que no la amaba, era una completa barbarie. Poco le había faltado para asaltar esos labios mientras dormía.

Suspiró cansado y pensó en el rostro desfigurado de Gumball y La Princesa por el contrario se levantó, tambaleándose y se recargó en la puerta y pegó su oído a la madera... Y entonces pudo sentir su aura. Estaba tan débil que apenas y pudo percibirla.

Anthony contuvo las lágrimas y únicamente pegó en la pared a la pared de enfrente... Sintió como los nudillos le ardían a pesar de que solo le había hecho una grieta a la pared de zafiro. Buscó una razón para no volver corriendo a ella y besarla y decirle que la amaba con todo su corazón... Entonces lo recordó: claro, su vida.

La Princesa sintió como se alejaba su aura y resbaló por la puerta hasta quedar de rodillas... Y una vez ahí rompió a llorar como nunca en su vida. Por un momento pensó en que lloraba por ella...de que había perdido todo su respeto y que a partir de ahora todo iba a ser diferente entre ellos... Pero supo que no era así.

Era porque Anthony había perdido su orgullo de hombre y porque veía inapropiado que la monarca se hubiera puesto a bailar como una loca ahí. No era otra cosa, simplemente se había sentido fallado como Consejero, no como confidente, ni amigo, ni hombre enamorado.

Sollozó y se abrazó a sí misma. Le dolía tanto, pero no era que la sorprendiera del todo. A lo largo de su vida si filosofía personal decía que el amor siempre duele.


-Me imagino su cara cuando despierte mañana con resaca y esté en el basurero- rio el Príncipe Flama.

-Ja, ja... Tu lo has dicho "velita"- dijo Marshall, dándole un golpe amistoso en el hombro. Menos mal que a su piel muerta ese tipo de fuego no le hacía daño- ¿Sabes? Si no hubieses quemado ni andado con Fionna... Tal vez me caerías bien-

-Y si tu... No me hubieras bajado a mi novia... Tal vez me caerías bien- sonrió el Príncipe Flama.

Con burla o como comentario sínico, a ambos les cayó muy bien. Si, era cierto, si Fionna no hubiese estado en medio, tal vez serían buenos amigos. Bueno... Ya tenían algo en común; su odio a Gumball.

-Hablando de Fi... ¿Dónde está?- preguntó Marshall, mientras miraba a los lados, buscando a su novia- A esta hora ya debió de terminar de hablar con esos señores tétricos del Parlamento, y vaya que yo ya soy tétrico...- dijo, dirigiéndole una sonrisa, a lo que él Príncipe Flama le respondió con otra. Bien, tenía razón...pero era 'buena onda'.

-¿Disculpe?- una tímida voz los hizo voltear a ambos y se toparon con una diminuta camarera que los miraba con pena y con las mejillas encendidas- ¿U...Usted es Marshall, el Rey Vampiro?- dijo y evitó su mirada a toda costa por la vergüenza.

-Si, soy yo- respondió el pelinegro, enarcando una ceja.

-Me pidieron que le avisara que...su novia se ha desmayado. Está ahí, en el balcón- dijo y señaló a donde los habían dejado a ella y a Finn. Al instante el rostro de Marshall se pintó de blanco y se puso más pálido cuando vio a los hombres del Parlamento alrededor de algo y a Finn de pie junto a ellos.

Apartó a la pequeña camarera y corrió hacia el balcón, seguido por el Príncipe Flama, igual de preocupado.

-¿Se siente mejor, señorita?- dijo el hombre del diamante en la cabeza, mientras le pasaba un vaso de agua. Fionna sonrió un poco apenada y tomó su vaso y bebió.

-Esta servidumbre tan inepta como siempre...- refunfuñó el hombre del zafiro- ¡Quiero el alcohol aquí! ¡RAPIDO!- le gritó a unas camareras que le habían traído a Fionna una silla para sentarla, agua y sal. Y este hombre le estaba abanicando y echando aire con un elegante pañuelo de filigrana de plata.

-Ya me siento mucho mejor. Gracias- dijo la humana, sonriendo.

-¡Fionna!- ese gritó exaltado los hizo brincar a los catorce y se giraron para ver como Marshall llegaba agitado, mientras apartaba a los hombres del Parlamento. ¡Al diablo si eran la segunda cabeza de ese Reino!

-Marshall...- oh-oh...

-Fi... ¿Estás bien? ¿Te pasó algo malo?...- preguntó el vampiro ansioso y frotado sus brazos. Estaba muy preocupado.

-Tranquilo, Marshall... Estoy bien- trató de decir Fionna.

-Um...Marshall...- balbuceó Finn. Debía hablar con el vampiro y decirles las cosas antes de que sus nervios alteraran más la situación.

-Su novia se ha caído en la inconsciencia por unos minutos, alteza...- pero esa voz atajó sus balbuceos.

Esa voz rasposa hizo que Marshall rechinara los dientes. No sabía porque razón Fionna se había desmayado, pero tal vez estaba completamente relacionado con esos hombres o tal vez le habían hecho algo... Además, odiaba que le dijeran alteza. Si, era un rey... Pero uno completamente diferente a lo que creían esa bola de perros carroñeros.

Se levantó de golpe y se giró a ellos, con aire energético. Incluso hizo que Finn se encogiera un poco cuando vio que sus ojos se tornaban más rojos e intensos.

-Lo siento, mi novia no se siente bien- dijo él, juzgándolos con la mirada.

-Lo sabemos, alteza...- dijo el hombre con el diamante en la frente- Creo que...deberíamos irnos- y tras decir esto y mirar fijamente al vampiro, se acercó a Finn y estrechó su mano fuertemente- Un placer conocerlos Finn, el humano... Esperamos que la fiesta haya sido de su agrado toda la suerte del mundo en las Olimpiadas...-

-Gracias, señor...- dijo Finn, con una sonrisa. No supo por qué, pero la sonrisa de ese hombre parecía sincera pero a la vez tan burlona...además, algo le hacía desconfiar en su voz reseca por el vino. El hombre le sonrió y se dirigió a Fionna mientras los demás estrechaban de la misma manera la mano del humano.

-Espero que se sienta mejor, señorita. Lo suficiente para estar en las Olimpiadas firme...y fuerte- dijo y se inclinó para tomar su mano y besarla galantemente. Marshall estuvo a punto de apartarlo de ella...pero se contuvo. Y Fionna solo encontró ese tacto completamente rasposo y frio- Buena suerte, Fionna, la humana- recorrió con una rápida mirada su escote entre los pechos... Y se marchó. Seguidamente los otros once hombres (luego de estrechar la mano del humano) besaron la mano de ella y se alejaron en una fila india y ordenada, hacia el gran Salón.

Una vez solamente los humanos, el vampiro y el Príncipe Flama, el último titubeó un poco y miró a Fionna con un ligero rubor en sus mejillas.

-¿E...Estas bien?- balbuceó, apenado.

-Si. Muchas gracias, alteza- dijo ella, con una sonrisa tímida, pero confirmándoselo al cien por ciento.

-Vale... Yo... Voy adentro. Cualquier cosa avísenme... Buenas noches- dijo tímidamente, hizo una reverencia y regresó adentro del Salón, mientras Cake y Beemo se cruzaban con él e iban al balcón, y se alarmaron cuando vieron a todos alrededor de Fionna.

-¿Fi?- soltó la gata preocupada y corrió a ella- ¿Qué te pasa, cariño? ¿Estás bien?- le preguntó ella, mientras ponía sus patitas en sus rodillas.

-Estoy bien, Cake...- dijo ella con una sonrisa, mientras acariciaba su pelaje.

-¿Que ha pasado aquí, chicos?- preguntó Beemo algo exaltado.

-¡Eso mismo yo pregunto!- dijo Finn algo exaltado- ¿Donde está Marceline? Primero nos pide algo así y luego se marcha sin más-

-¿Pide algo así?- repitió Marshall, enarcando una ceja- Explícate-

-Marshy... Yo no me desmayé...- dijo la humana, levantándose y tomando suavemente su brazo- Marceline llegó del otro lado del balcón y nos dijo que ayudáramos a Ámbar...lo que no supimos es por qué-

-Aguarda... Entonces ¿No te desmayaste?- preguntó Marshall, mirándola incrédulo y tomándola de los hombros.

-No. Solo me tiré al suelo porque esos hombres se iban a ir al Salón, cosa que Marceline dijo que evitáramos- respondió Fionna, acariciando sus manos. Al instante el vampiro suspiró aliviado y abrazó a Fionna fuertemente, tanto que le sacó un gemido- Au... Hey...tranquilo-

-Eres una tonta... ¿Tienes idea de cómo me has asustado?- dijo Marshall contra su cabello y besó su cabeza.

-Lo siento. Fue lo primero que se me ocurrió- sonrió la humana, mientras le devolvía el abrazo fuertemente.

-Sí, bueno... Qué lindo, que lindo...- dijo Finn, haciendo como el que no quiere la cosa- ¿Podrían explicarnos por qué tuvo Fionna que tirarse al suelo y darnos un susto de muerte a todos? Y… ¿Donde carambas esta Marceline?-

-Aquí estoy...- respondió la vampiresa, llegando junto con Jake, algo tambaleante, pues continuamente se sostenía de las piernas de la vampiresa o de el muro- Perdón por la tardanza, es que hablaba con Rabí acerca de Ámbar... Veremos si podemos cubrirla de los chismes-

-¿Chismes?- repitió Finn, enarcando una ceja y tomando la mano de Marceline.

-Chicos... Hay algo que debemos decirles... Ámbar no... No se portó del todo...bien está noche- titubeó Marshall, pasando un brazo por los hombros de Fionna, notablemente mas relajado.

-¿A que se refieren? ¡Por todas las manzanas! ¡Hablen!- dijo Finn, llegando a su límite. ¿Por qué todos debían hablar en clave esa noche?

-Ámbar le bailó a Gumball ¿vale?- soltó Marceline de repente, haciendo que ambos humanos ampliaran los ojos de la sorpresa- Se emborrachó de más y empezó a seducir a Gumball en frente de todos-

-¿Y que pasó?- preguntó Fionna, claramente sorprendida.

-Anthony lo golpeó...- se apresuró a contestar Cake- Al parecer estaba tocándola de mas y el chico le rompió toda la cara-

-¿De verdad?- preguntó Finn sin poder creérselo- ¿Y luego?-

-Anthony se llevó a Ámbar cargando a su habitación y El Príncipe Flamita y yo nos encargamos de esa 'nena rosadita'- dijo Marshall, con una sonrisa de autosuficiencia,

-Hablando de eso...- dijo Marceline y se giró a mirarlo- ¿Donde lo pusieron?-

-Solo digamos que... Sabemos dónde hay que colocar la basura- dijo y le guiñó un ojo. Estaba de más decirle que lo habían puesto en los contenedores del Reino y que el Príncipe Flama habían fundido parte del metal para dejarlo encerrado.

Tampoco era tan malo. Después de todo a la mañana siguiente la servidumbre del palacio al tirar la basura del baile se daría cuenta de los gritos de Gumball y lo sacarían de ahí... Y si no ya le dirían a Aroon... Al fin y al cabo él era el máximo guardián de la Princesa.

Que la salvara de las perversiones de ese sujeto rosado.

-¿Y la Princesa está bien?- le preguntó Finn a Marceline.

-Bueno... La vi muy aturdida. Pero mañana estará mejor para volver a adquirir el papel de Ámbar y no de Keila- respondió la vampiresa, apretando mas su mano.

-Habíamos olvidado lo reventada y peligrosa que era Keila ¿Verdad?- dijo Marshall, apegando mas a Fionna y torciendo su sonrisa.

-Sin duda alguna- dijo Marceline, suspirando.

-¿Y Anthony?- preguntó Finn, curioso.

-Parecía bastante molesto. Amándola o no... Le enojó mucho que ella actuara de esa manera y que Gumball le faltara al respeto- suspiró Marceline.

Bien. Mientras ellos intentaban convencer a un montón de perros bien vestidos para que les perdonaran la vida, la Princesa había perdido la cabeza por cinco minutos y el resultado había sido caótico. Le hubiese gustado ver la cara llena de rabia de Anthony y el rostro desfigurado de Gumball...pero echaría a volar su imaginación.

Se puso a pensar en el por qué de la agresividad de Anthony... Y rápido le llegó la respuesta como balde de agua fría, aunque le hubiese gustado no acertar: porque era su deber real. Claro, no podía quererla...él mismo lo había dicho, aunque se había mostrado desesperado cuando le preguntó a él y a Marceline si la habían visto...¡Bah! Solo había sido así porque estaba nervioso de que ella cometiera una estupidez...

Hasta que de verdad pasó.

-Bueno, al menos supo cuidarla... Supongo que ya no bajara ahora ¿Verdad?- dijo Finn, rodeando con su fuerte brazo a Marceline.

-No lo creo. Estaba demasiado molesto...- respondió Cake. Por un instante todos se quedaron en silencio, imaginándose lo mal que ambos habían pasado esa noche, hasta que el ruido de una copa cayéndose los hizo saltar.

-"Mambrú se fue a la guerra... ¡Qué dolor. Que dolor...Qué pena"- cantó Jake, quien había tirado la copa y se tambaleaba, hasta que al final se sostuvo de la pared.

-¿Qué le pasó a mi bro?- preguntó Finn con una sonrisa divertida, mientras enarcaba una ceja y los demás soltaban unas risitas.

-Je, je... ¿Sabes, Finn? Dos copas de vino, cinco de vodka, tres jarros de cerveza y dos de whisky atolondra el cerebro de cualquiera- rió Beemo, divertido.

-Bueno, je... Más me sorprende que no se halle muerto aun por dejar inservible su hígado... Es mucho para una noche y son demasiadas combinaciones- rió Marshall.

-¿Y tu como sabes de eso? le preguntó la humana, entrecerrando los ojos. Al instante el vampiro ese rascó la nuca y sonrió nervioso.

-Tú sabes... Experiencias humanas- respondió y besó su cabello.

-Hermanito...- balbuceó el perro, completamente ido y tambaleandose hacia adelante...abrazando unas piernas.

-Si que amor... Pero Jake, yo no soy Finn...- dijo la Dulce Princesa, quien había llegado al balcón a reunirse con los demás. Al instante soltó unas risas igual que todos, que despabilaron a Jake.

-Oh...seee...- dijo, separándose de ella y abrazando las piernas de Finn antes de caer de bruces al suelo-...Au...- se quejó, pero ahí se quedó.

-Je, je...bueno, luego de ver este espectáculo que Jake nos brindó... ¿Quieren explicarme qué pasó adentro? Guy y Bongo estaban discutiendo de porqué mi novio le había dejado hacer algo así a la Princesa en su estado-

-Si, bueno... Es algo un poco complicado de explicar, pero...je, je...creo que Finn quería hablar contigo, Bonnie- dijo Marceline, sonriéndole a Finn.

Antes de ese caos y en lo que estaban disfrutando la velada... Finn le había comentado que quería hablar con la Dulce Princesa... Solo para despedirse. Ya tendría tiempo para despedirse de ella y de Jake y de Fionna... Pero no de una gran amiga que lo había acompañado durante muchos años y mucho tiempo.

-Sí, es verdad... Me gustaría hablar con usted, Dulce Princesa- dijo Finn, con una gran sonrisa. Bonnibel miró no muy segura a Marceline; dado su historial no creía que fuera lo más correcto. Pero ella únicamente sonrió audazmente, como acostumbraba y empujó a Marshall y a Fionna al Salón, mientras Cake y Beemo le pisaban los talones.

-Bueno chicos, luego de esta tormenta, creo que nos merecemos una buena copa de vino tinto. Vamos…- dijo ella, canturreando.

-Cárguenme…- canturreó Jake, mientras trataba de seguirlos, completamente mareado. Entonces Cake se acercó a él con gesto de aburrimiento y tomó su pata.

-Y para ti un buen jugo de jitomate antes de dormir no te vendría mas…- resopló molesta del terrible aliento del perro y se lo llevó casi, casi arrastrando, siguiendo a la vampiresa y a los demás. Los chicos miraron como se marchaban y una vez solos, se miraron con una gran sonrisa.

-¿Qué querías decirme, Finn?-

Finn la miró con una sonrisa sincera y la examino mejor.

Era curioso. Casi hacia un año antes había estado completamente enamorado de ella, lo cual le hacía sentirse demasiado extraño y hasta cierto punto lo encontraba gracioso. Antes tenía que levantar el rostro para mirarla a los ojos y para darse cuenta de lo hermosa que ella y admirarla por toda su sabiduría e inteligencia. Pero en esos momentos, siendo él mayor que ella, la encontraba tan pequeña. Cada mujer que se le cruzaba en frente y a las que apenas y le llegaba al pecho como a Fionna, a Marceline o a la Princesa Ámbar (a quien se pegó de más a su pecho cuando le dio las clases de tango) le parecían diminutas muñequitas de porcelana que podía partir con un simple abrazo.

Y ella era la muñequita de porcelana color rosa.

-Yo.. Quería hablar de un tema, Princesa… Que ya lleva…demasiado tiempo- comenzó a decir algo nervioso y tratando de usar las palabras adecuadas para que no se mal interpretara- Yo… Comencé a andar con la Princesa Flama porque… Usted me dijo que debía conseguirme a alguien de mi edad… Y sinceramente yo…-

-Hey, Finn…- lo interrumpió ella suavemente, haciendo un ademán- Creo que ya sé a dónde va a parar todo esto- dijo con una sonrisa simpática- Lo entiendo, Finn. Se te seré sincera… Tú… Si me gustabas, te encontraba realmente lindo… Pero, andar con un chico seis años menor que yo… ¿No te parecería un poco raro? Aunque debo admitir que, cuando andabas con la Princesa Flama… si me dolió, me puse un poco celosa. Pero luego me di cuenta de que todo era como debería ser… Por eso ya no comenté nada-

-¡Wow! ¿En serio le gustaba?- soltó Finn, con una sonrisa entre dientes, mientras sus mejillas se pintaban de color rojo- En ese caso, la edad no habría importado…y…-

-Claro que la edad importaba mucho, Finn…- lo atajó la Princesa- Tan solo ahora lo ves con Marceline… ¿No te sentías raro de que Marceline fuera más alta y más grande que tú?-

-Bueno…si…pero…-

-¿Y qué pasó cuando Marceline se volvió de tu edad por unos años? ¿No se entendieron mejor? ¿Y ahora? ¿Qué tal ahora que pueden bailar sin la necesidad de que tu te recargues en su pecho?- dijo la Princesa con una sonrisa.

-Yo...esteee… Bueno si. Tiene razón- dijo Finn, desviando la mirada sonrojado y vencido, pero luego la volvió a mirar- Pero por eso mismo estoy luchando ahora. Estoy luchando para poder ser tan "grande" como ella. Y no me refiero a la altura o complexión… Sino… A la mente…a entender lo que significa ser inmortal-

-Eso lo sé, Finn- dijo la Princesa, poniendo una mano en su hombro- Y para serte sincera, mejor que no hubo nada entre nosotros. Creo que siempre fuiste para Marceline y yo…bueno…- dijo y miró hacia adentro del gran Salón, donde divisó a Guy platicando con Marceline alterado… Seguramente por lo del asunto de la Princesa Ámbar-… ahora ya también hay alguien para mi…- dijo con una sonrisa y mirando de nuevo a Finn, ligeramente sonrojada.

-Y no pude desear que fuera de otra manera, Princesa- dijo el humano, con una grata sonrisa llena de sinceridad. La Princesa le devolvió el gesto y tomó sus manos, dándole apoyo.

-Escucha… Eres fuerte ¿vale? Podrás con ellos y sé que ganarás… Les simpatizaste a los jueces…- dijo ella, tomando ahora más el aspecto de las Olimpiadas.

-No lo sé, Princesa. Les caí bien porque los ofendía de la misma manera que ellos; con una sonrisa burlona e hipócrita, con sarcasmo y envolviendo un insulto en un alago o en un comentario… Eso no debió gustarle porque ellos hacen lo mismo- refunfuñó el humano.

-Pero saben también que esos chicos son los que más valen. Los listos y los que están dispuestos a defender lo que es suyo…- dijo la Princesa, levantándole los ánimos y apretó más sus manos- Tranquilo… Te conozco y sé que has vivido muchas aventuras… Esto para ti será una victoria más…Te lo aseguró…- dijo ella, con una gran sonrisa, haciendo que Finn esbozara una pequeña también. Bueno, sus palabras lo calmaban un poco. Vio como la pelirosa se acomodaba un mechón detrás de la oreja y como lo miraba- Hablando de ello… Creo que nunca te di las gracias por ayudarme a mí y a mi Reino tantas, tantas veces…- hizo una pausa, como si temiera que las lágrimas brotaran de sus ojos verdes- Eres un héroe, Finn… Y como la Princesa del Dulce Reino te agradezco todo lo que has hecho por nosotros, al igual que tu hermano… Y también para decirte que, ganes o no y pase lo que pase… Tú ya eres inmortal para nosotros…-

De acuerdo, ahora era él el que se iba a poner a llorar.

Al instante abrazó a la Dulce Princesa y ella rápidamente le correspondió. Sabía que era eso: era la primera despedida, con una de las amigas más cercanas que jamás tendría.

No le importaba cuantas veces lo había rechazado, si por ella tuvo que pasar muchas cosas… (entre ellas traer entre las patas al Lich). Para eso estaban sus amigos, y sus ojos se lo decían aunque no sus labios; también se estaba disculpando. Por ser tan fría, por ser tan indiferente con él para alejarlo, aunque en realidad lo único que les separaba era la edad…Bueno, no era la primera vez que le pasaba… Pero ya tenía experiencia en eso y por ello iba a luchar por Marceline.

Pero contar con la monarca que también lo cuido y de la cual se hizo una gran amiga… Era mucho más de lo que él podía pedir. Además, estaba orgulloso, porque sabía que todos esos momentos de salvar al Dulce Reino no habían quedado de en balde.

Para ellos, él ya era un héroe.

-Gracias, Princesa… Gracias…-


Y así dieron las dos de la madrugada y la fiesta aun seguía, sin embargo esta vez con un ritmo más lento y con menos invitados… y los que quedaban o estaban muy ebrios o muy cansados. Por ello solo había unas cuantas parejitas en la pista de baile, mientras danzaban cuerpo con cuerpo con una canción súper romántica y súper lenta, y entre ellos estaban, claro; Marceline y Finn y claro, Fionna y Marshall estaban en la barra de licores acaramelándose por completo.

Cake había subido a dejar a Jake al cuarto luego de que el perro se quedó dormido profundamente en la cantina junto a todas las botellas. Supo entonces lo cansada que también estaba, por lo que se despidió de todos y especialmente de su hermana, besándole la mejilla y diciéndole que no se durmiera tan tarde porque mañana tendría entrenamientos y tendría que levantarla con una grúa si se levantaba después de la hora. También Beemo se despidió de todos, por lo que Cake (con Jake en su espalda) y él, subieron juntos a sus habitaciones y nadie los volvió a ver. En cuanto a la Dulce Princesa y Guy, una vez que ella y Finn terminaron de hablar, se encontraron con sus respectivas parejas y la pelirosa tuvo que subirle el ánimo a Guy después de un severo regaño que Marceline y Bongo le dieron por haber dejado que Ámbar subiera así al escenario. Así que lo calmó ya que se culpaba continuamente y ponía cara de pesar.

Al final una sesión de besuqueos y caricias había funcionado en el rincón del Salón, así que únicamente él se la llevó arrastrando y solo pudo despedirse de Finn y Marceline con un ademán. A saber a dónde se iban y que iban a hacer, pero al imaginárselo Marceline se estremeció de disgusto, cosa que hizo reír mucho a Finn.

Al parecer el Parlamento a la medianoche había subido ya a descansar. Seguramente en la mañana se quemarían el coco buscando la manera de torturar al día siguiente a todos los Peones de la manera más cruel y despiadada que existía. Y en cuanto a los jueces… A Neko y a Max no los habían visto desde que Fionna se puso a bailar con Shadow… El Príncipe Flama se había ido a dormir, acompañado por Zyrus (quien tuvo aspecto de aburrimiento en toda la velada) y Anthony, como era lógico, se había ido a la cama luego de dejar a la Princesa en su alcoba con una gran mueca de tristeza. Y de los Peones ya no había rastro salvo de Fionna, Finn, Alessandra, quien conversaba aun alegremente con unas invitadas y Deinux, que bailaba aun con su pareja con esa sonrisa increíblemente seductora, pero cuando daba de vueltas y se topaba con Fionna en la barra, no hacía más que guiñarle el ojo y mandarle sonrisitas coquetas.

-Me está empezando a hartar…- refunfuñó Marshall, malhumorado.

-Ja, ja… Marshall… No estarás celoso, ¿cierto?- rio Fionna, enternecida de que el vampiro actuara de esa forma. Era la primera vez que lo veía así de inseguro y con las mejillas coloradas al ser descubierto.

-¿Y- Yo?... Neeee… Como crees… Tampoco es para tanto… Podría con él… Si quisiera…- balbuceó sin mucho sentido, pero luego bufo tímidamente y bajó la mirada avergonzado- Bueno, si… Estoy un poco celoso...- susurró. Fionna rió entre dientes y se acercó para besarlo suavemente y mirarlo con dulzura. Pero cuando se separaron el vampiro la miró a los ojos y apartó un mechón rubio de su rostro- Pareces cansada…-

-Estoy cansada…- repuso la humana, con una sonrisa divertida.

-Entonces… ¿Qué te parece si te acompaño a la cama?- susurró Marshall sensualmente a su oído, lo que hizo que a la humana se le erizara la piel cuando sintió su fresca respiración que olía a vino y uvas. Sintió como la mano de Marshall acariciaba la piel de gallina de su brazo y no pudo evitar estremecerse cuando vio esos ojos carmesí tan…tan…hipnotizadores.

-B… Bueno…- tartamudeó la rubia, claramente azorada. El vampiro sonrió en respuesta y tomó su mano, le ayudó a levantarse, le dio las gracias al mesero y ambos se dirigieron a la puerta por donde Anthony había desaparecido junto con la Princesa, o sea, otras escaleras que conectaban a los corredores y a las habitaciones.

-Mira, parece que Marshall y Fi ya se van…- dijo Finn, aun apegado a Marceline. La vampira se separó un poco de su pecho y levantó la cara, para ver como efectivamente, su primo y la hermana de su novio ya estaban al pie de la puerta. Al parecer vieron como entre ya la poca muchedumbre, ellos los observaban, e igual alzaron las miradas. Al instante la humana se despidió de ellos con un además y una gran sonrisa… gesto que ellos le devolvieron… Y Marshall solo se dedicó a levantar los dos pulgares al aire, directo hacia Finn, quien puso una sonrisa audaz e hizo lo mismo.

Luego de ello, ambos desaparecieron por el pasillo.

-¿Qué fue eso?- preguntó Marceline, captando la indirecta con señas de ella y su primo y las sonrisas morbosas de ambos. El humano sonrió nervioso y solamente para disimularlo la apegó más a su pecho y siguió danzando con ella, mientras frotaba sus brazos.

-Nada, nada…- susurró, abrazándola. Marceline abrió la boca para exigirle que le dijera saber…Pero el calor de Finn se lo impidió y se dejó consentir únicamente por él y su calor.

Era curioso. Ella era un ser de mas de mil años de edad… La Reina Vampiro; letal, peligrosa, demoniaca… Pero, solo hacían los brazos de ese humano mortal y que no comprendía lo paranormal del todo para que se sintiera a gusto y protegida. Como una manta muy suave con la que de pequeña su madre la cobijara.

Su madre…

Pensar en ella la entristeció por un momento.

Finn, por el contrario yacía con los ojos cerrados y con la mejilla apoyada en el cabello de Marceline. Le gustaba, era como una almohada negra, pero terriblemente suave y cálida… Además, tenía demasiado cabello, eso la hacía sentir pachoncita. Pero además de su cabello, se permitió sentir todo su cuerpo. Su fino rostro apoyado en su pecho firme y pétreo, sus senos también los podía sentir, tan perfectos, su fina cintura alrededor de sus brazos… Por un instante recordó la noche en la que se había besuqueado más de la cuenta, cuando le dijo que las Olimpiadas de habían adelantado a más de lo que esperaban y a ambos les inundó el miedo.

En esos momentos, su fisionomía y su cabeza no le permitían asimilar del todo lo que estaba pasando… hasta que Marceline lo mordió. Pero ahora, con dos años más, con su anatomía de hombre y no de muchacho veía más clara la situación. Hacía rato, había comparado a la Dulce Princesa con una muñeca… y Marceline tenía la misma comparación, solo que esta muñeca le encantaba. Lo ponía loco, estúpido…Lo hacía sentir tan vivo que…que…quería repetir ese momento.

No podía negarlo. Ahora que lo pensaba, quería que ese momento lo vivieran a más flor de piel… ¿y por qué no? Llegar más allá de lo que había pensado. No se lo había dicho a nadie pero, en el rato en que Marceline estaba distraída junto con Fionna, él y Marshall habían tenido una larga plática acerca del "nivel quince", como Jake lo llamaba… o del "sexo", como Marshall lo llamaba. Le dijo que solo se debía hacer con la persona que más amaba en este mundo… y Finn tuvo la confianza de platicarle lo que pasó con Marceline esa noche.

Marshall entonces adoptó un tono más serio y le dio toda una clase de sexualidad hasta que Marceline llegó y se colgó de nuevo de su brazo… pero antes le había dicho:

"No sabemos si vas a morir en las Olimpiadas, así que te recomiendo que tengas todas las experiencias humanas posibles. Y con Marcy… bueno, tienes esta noche".

Y la verdad, la idea no estaba tan mal, tomando en cuenta que esa noche, no solo él había participado, sino también Marceline. Aunque claro, estaba más que nervioso porque nunca había pensado tan seriamente en ello.

-¿Marcy?- la llamó en un susurro y abriendo lentamente los ojos.

-¿Si, Finn?- respondió ella.

-¿Quieres… salir de aquí?-

La pregunta tomó a la vampiresa por sorpresa, así que se separó suavemente y lo miró algo sorprendida. En sus ojos azules nunca vio saltar más que otras veces las chispas del deseo y la seducción… y vaya que Finn era pésimo hablando con mujeres que no conocía del todo…(aunque el dijera que sí). Sin embargo, ella sentía lo mismo…

…pero al contrario de él sabía que, entre más vueltas le diera al asunto solo lo alejaría más. Por lo que sonrió traviesamente.

-Claro…- dijo, con una gran sonrisa. Finn se la devolvió y tomó su mano. Miraron a los lados para asegurarse que nadie los veía y para que no pensaran mal… Y ambos corrieron hacia la puerta, directo al pasillo…pero en vez de irse escaleras arriba, se fueron directamente a la salida, tomando otro pasillo desierto, directo a los jardines reales.

Marceline se detuvo un poco para quitarse los tacones y correr y escapar del mundo con mejor comodidad, luego tomó de nuevo la mano de Finn y siguieron corriendo, mientras soltaban risitas, como si hubieran cometido alguna travesura. Claro que casi al llegar y doblar por el pasillo para salir, los dos se resbalaron y el humano cayó primero, llevándose consigo a Marceline y una vez en el suelo, comenzaron a reír a carcajadas, tanto que ya ni podían levantarse después. Como pudo, Finn se arrastró hasta la pared y se levantó para luego ayudar a Marceline a hacerlo, entre risas claro y salieron descalzos por el jardín aun bellamente iluminado por las luces decorativas y los reflejos de todas las flores de piedras preciosas reflejándose… Hasta que al final se perdieron por la playa- La vampiresa sintió la arena tibia bajó sus pies y suave.

Les costó más trabajo de correr y perderse en algún lugar alejado del Palacio, donde nadie los viera fundirse en una pasión y en un gran deseo de amor para sellar ese lazo entre ellos y tampoco les importaba en absoluto que pasaría a continuación si estaban con el otro a su lado…

…Al fin y al cabo, esa era su noche.


Y fue así como terminaron en el pasillo, luego de una gran velada llena de emociones y sentimientos que de seguro quedaría grabada en sus mentes como la mejor… Sin embargo, esos ánimos y sonrisitas alegres se esfumaron cuando llegaron a sus habitaciones.

-Creo que... Debería dejarte descansar...- dijo Marshall, mirando a Fionna con una triste sonrisa. La humana bajó la mirada y sintió como estaba a punto de llorar.

-Deja de mirarme así...- susurró como si le estuviera suplicando´.

-¿Cómo?- dijo él, sin caer en la cuenta.

-Como si nunca mas...volvieras a verme...- dijo Fionna, frotándose el brazo derecho. Marshall la miró con tristeza... No era su intención, pero es que sentía que a partir de esa noche, jamás la volvería a ver.

Intentó contener una mueca de tristeza o dolor si quiera, pero olvidaba que la humana era demasiado lista y que no había persona que la conociera mejor que ella. Asó que únicamente le pasó un mechón de su cabello rubio detrás de sus orejas y le sonrió con tristeza.

En los próximos dos días, extrañaría por completo esos ojos azules, era piel tersa, blanca y delicada y esa sonrisa traviesa e inocente, casi ingenua, pero llena de valentía y honor... Se fijaba así en ella, para que, pasara lo que pasara, no olvidara ese rostro que amaba y cada mañana, lo tuviera presente.

-¿Qué...?- susurró la humana, y luego tomó su mano y se la llevó a los labios. Nunca le había dicho a nadie, pero amaba que tuviera las manos así de grandes y varoniles... Más cuando una de ellas estaba en contacto con la suya, se sentía tan cálida...aunque sabía que la piel de Marshall era helada.

-Nada...- respondió él con toda la dulzura que pudo, pero a la vez con toda la cólera de su corazón- Descansa... Te amo- y tras decir esto, presionó sus labios contra su frente, dio media vuelta y se dispuso a marcharse a su habitación...

Le pareció que iba a una velocidad lenta y absurda cuando la huma lo miró marcharse. En ese momento, al verlo de espaldas, a ella comenzaron a temblarle las rodillas, sintió como su respiración se dificultaba, como su corazón latía mucho más lento... Se sentía enferma, sentía que esa absurda marca en su muñeca le quemaba esta vez más duro y más cruel.

Sentía que el alma se le iba del cuerpo, que una vez que la espalda de Marshall desapareciera detrás de esa puerta... Lo habría perdido, ya no tendría su cuerpo, su corazón, sus ojos...nada de él... Una vez que se jugara las cartas en las Olimpiadas, lo vería y lo tendría el resto de su vida... o moriría llevándose consigo en doloroso recuerdo de la espalda de Marshall desaparecer y esfumarse en la oscura habitación.

No... Esa no era una despedida, ni temporal ni permanente luego de lo que venía a continuación...No podía dejarlo ir cuando no le había dicho cuanto lo amaba, cuanto lo deseaba. Hace un rato, en el balcón... Sentía la pasión en cada gota de sangre de su cuerpo, en su corazón alocado... En lo hermoso y perfecto que le parecía Marshall.

Activada por su sentido nada racional, y solo en animal, caminó a él con desesperación, lo volteó de un hombro con toda la fuerza que pudo, como su fuese a propinarle el puñetazo de su vida. Vio los ojos sorprendidos de Marshall... Cerró los suyos y lo besó.

Half of my love knee deep in

Hooked on a dream that is reeling me in…

Al principio el joven se ahogó con la boca de Fionna, sintió su pequeño cuerpo parándose de puntitas a él, besándolo con toda la pasión que pudo... Y captó su mensaje... Porque al instante cerró los ojos y le permitió el acceso a sus labios tan perfectos... Tan bellos. Ese brillo labial sabor vainilla aun lo traía a pesar de la noche, y solo le daba más sabor al néctar de la boca de la humana...

Al instante Fionna se colgó de su cuello y lo apegó a la pared, y ahí siguió besándolo... Mientras la temperatura se elevaba con cada paso de sus labios. Menos mal que en el estrecho corredor entre ambas habitaciones no había nadie... O se habían dormido... O estaban abajo en la fiesta, a todo dar... Nadie pensaría subir en ese momento.

-Fionna...- jadeó Marshall entre el besó y la empujó hacia adelante, cocándola con la pared paralela... Se oyó un gemido por parte de la humana al sentir el zafiro en el escote de su espalda, pero lo siguió besando, esta vez con más intensidad.

Marshall comenzó a acariciarle el cabello y comenzó a quitarle cada una de las cadenitas y adornos que Rabí colocó cuidadosamente en su cabellera dorada...Fionna casi sintió pena cuando oyó que cada adorno de diamante y oro blanco caían al suelo y sintió su cabello caer sobre sus hombros y su espalda... Y las manos de Marshall acariciándolo...y también su espalda.

El vampiro abrió la boca y ella rozó su lengua, sonrojándolo por completo. Raro de él, generalmente eso de los sonrojos se lo dejaba a ella...Pero sintió con más impotencia su cuerpo y eso la hizo sonrojarse más. Sintió como la arrinconaba entre él y la pared, bloqueándole con un brazo la salida...Y bajó a su cuello, comenzando a besárselo de manera fugaz... Haciendo que la humana saltara de éxtasis y soltara suspiros de placer. Lo que pasaba era que, las hermosas manos de Marshall y sus labios...La hacían perder la cabeza.

Oh is this how we begin?

Flowers on fire in a black and white film…

Pero no lo dejó tomar por completo el control, así que lo pegó a la pared paralela de nuevo y buscó sus labios, besándolo con más pasión que antes... saboreándolo por completo...Y llevó sus manos hasta sus pantalones, donde comenzó a desabrocharle el ojal y el cierre de su pantalón... Marshall se ruborizó mas cuando sintió las manos de Fionna rozar su parte y se estremeció.

-¿E...Estas...segura...Fi?- jadeó excitado, entre beso y beso.

-Completamente...Segura...- respondió ella, con la respiración agitada...y siguió besándolo. Esta vez Marshall tomó el mando de un momento a otro y la apegó a ella...levantándola del suelo y besándola mas intensamente, mientras la humana jadeaba de placer cuando la pegó de nuevo a la pared...abriendo sus piernas y colocándolas alrededor de la cadera de Marshall... De ahí en adelante... Su lado racional se vino abajo.

El vampiro siguió besándola a todo lo que daba, con más ambición, siendo egoísta en su totalidad. La quería solo para él, ninguna "velita" que la quemara, y ningún príncipe hocicón que la lastimara... Solo, que la hiciera disfrutar de ese momento tan perfecto y tan personal... bajó entonces a besar su cuello, su pecho...y al final sus senos... aunque le incomodo mucho debido a la ropa, que a ese punto era molestan.

Curtains of rain all appear

Watching the skirt of the day you disappeared…

Fionna entre abrió la boca y sintió la boca de Marshall ahí, saboreándola, su calor...su cuerpo... La temperatura que quemaba la piel...Y solo acarició su nuca y se estremeció sonrojada ante los besos del vampiro.

-Ahhh...- no pudo evitar gemir a todo pulmón, mientras echaba la cabeza hacia atrás...-M...Marshall...

-Mía...- jadeó el vampiro, aun besando sus senos...- Solo mía...- entonces, aun cargándola, la apegó a la otra pared...y ahí comenzó a lamerle el cuello... Ese cuello tan perfecto y blanco que él mismo había mordido para salvarle la vida... Bueno, en esos momentos lo trataría como una joya sensible... Y se permitió darle unos besitos mas cálidos en donde las Purpuras le habían inyectado su veneno.

-Marshall...- suspiró la humana, excitada también... Y comenzó a tirar de su camisa, alzándosela hasta el ombligo... Quería desgarrarla a tirones y sentir esa espalda, mientras él la hacía suya... Pero sus manos no llegaban más allá de su cintura, aun por encima de sus hombros...

Caught like a wheel in a groove

Cranking it big but it don't want to move…

Al final él buscó sus labios y se separó un momentó para permitirle buscar aire. Pero mientras ella jadeaba aun rozó sus labios y entreabrió sus ojos...Se veía tan hermosa así... completamente a su merced...envuelta en los brazos de la seducción.

No supieron ni a qué cuarto se metieron, si al de él o al de ella... Pero no importó demasiado cuando Marshall encendió una vela y la dejó por ahí como unica fuente de calor y luminosidad... Bien, no necesitaban nada más a parte de la luz, el calor entre sus cuerpos era suficiente...

Acarició su mejilla y la apegó a él de manera seductor... Pero completamente seductora.

-¿Estás segura?...- le preguntó temblando. Él también estaba nervioso... Sonaba absurdo, pero, a pesar de tener mil años... Nunca lo había hecho. Fionna acarició su muñeca y bajó la mirada, sonrojada.

-Si... muy segura... Si muero, quiero tener todas las experiencias humanas posibles...- confesó ella. Al instante el miedo recorrió el cuerpo de Marshall, pero no entró en pánico debido al ambiente seductor que se había provocado.

-No digas eso...- susurró él con un suspiró, entonces la humana lo miró a los ojos.

Count me in…

Count me in…

-¿Dolerá?- le preguntó ella con las mejillas encendidas y sonando como la criatura más inocente del planeta... Y Marshall no pudo evitar soltar unas risitas. Era increíble su nivel de niñez todavía y esa pregunta a pesar de que se habías 'agasajado' ya un par de veces esa noche.

-No...no te rías...- replicó la humana, frunciendo el ceño muy apenada- Esto...es...serio...- murmuró, bajando la mirada... entonces el vampiro le levantó el rostro y sus ojos se encontraron. Ese rojo carmesí y ese azul celeste.

Fuego y hielo chocaron.

-Jamás te haría daño, Fi...- susurró y se inclinó a ella... Para besarla nuevamente.

A diferencia del beso del corredor, aquel era muy suave, pero tentador... Sus labios tocándose y el calor de nuevo elevándose debido a la hesitación de ambos... sinceramente Marshall no sabía cuando tiempo más podría tener el pantalón sin lastimarse... menos mal que Fionna lo había desabrochado... entonces él le echó sus brazos a sus hombros y comenzó a deshacer el nudo de su vestido... primero el del cuello...luego el de la espalda y luego el de la cintura...

Siguió besándola suavemente, y sintió como su miembro de agrandaba más, cuando vio a Fionna en bragas, una vez que la parte de arriba quedó colgando de su cuerpo. Era tan delicado ese beso, pero tan bello... Era como si flotara... Sin estarlo haciendo, porque, no podía tampoco... En lo absoluto no se sentía con la capacidad como para levitar… solo estar ahí, apegado a ella.

Count me in…

Count me in…

Bajó sus manos más allá de su cintura, y con una mano acarició su trasero, haciendo que la humana se sonrojara aun más y se estremeciera de placer... ahí estaban las manos grandes y perfectas de Marshall. Y siguieron besándose suavemente, mientras el joven vampiro desabrochaba el cierre de su vestido y al final ese bonito vestido azul celeste, terminó en el suelo y Fionna, aun besando sus labios y como pudo se quitó los botines y terminó siendo más pequeña a él, de la manera natural.

Entonces el vampiro bajó de sus labios a su cuello y empezó a besarle el pecho, de nuevo los senos tan perfectos y a flor de piel, bajó a su estomago y se detuvo en su vientre...y ahí, comenzó a besarlo con mas pasión y a lamerlo suavemente, no quería que la humana se asustara...así que, poco bajó a más y le arrancó a la humana varios suspiros y gemidos de placer.

The water is perfectly still

Full of the thunder but waiting until…

Entonces ella, como pudo, pero sin dejar de sentir placer, comenzó a desabrochar con cuidado su camisa llena de sudo, para al final que Marshall se separaba un momento y le ayudara a despojarse por completo de ella, al final él quedó de rodillas y ella se inclinó para seguir besándolo, esta vez con más intensidad... Era irónico, porque, cada vez que ella iniciaba un beso era completamente salvaje y satisfactorio.

-Ahhh...- suspiró Marshall, cuando sintió sus manos acariciar su rostro y su nuca. Al final, Marshall se puso de pie nuevamente y siguió besándola suavemente, entonces la humana acarició su espalda desnuda, su espalda baja y al final, metió su mano dentro de su pantalón y comenzó a acariciar también su trasero. El vampiro quedó prendado con el atrevimiento de Fionna, pero no podía negar que sus pequeñas manos eran la gloria al tocarlo.

La humana bajó sus pantalones y tiró de ello, haciendo que el vampiro cayera a la cama. Fionna y él no pudieron evitar soltar unas risitas divertidas cuando casi se cae el vampiro. Marshall tiró de ella con una sonrisa divertida y audaz y ambos quedaron hincados sobre la cama, soltaron unas últimas risitas y se fundieron de nuevo en un beso pasional, mientras las manos de Fionna recorrían de nuevo el trasero de Marshall por debajo de su boxer.

-Ahhh...- jadeó Fionna y lo siguió besando, mientras el vampiro desabrochaba sus brasier estrapless que Rabí le había puesto antes del baile. Marshall botó por ahí la prenda y la siguió besando, recostándola debajo de él, oyendo él corazón de Fionna ir a todo pulmón por él.

El vampiro entonces metió su mano por el calzoncillo de Fionna y comenzó a tocarla suavemente... Y bajó a su cuello, comenzando a lamerlo con ansiedad. La humana entonces sintió todo su cuerpo retumbar y apretó las sabanas.

When the lightning hits the lake

You'll know how it feels to want you and wait…

-Ahh...Ahhh...M...Marshall...- gimió llena de placer. El vampiro sintió su miembro más grande de lo usual y la humana metió esta vez ella su mano a su boxer, pero en la parte de adelante. Al instante oyó un gemido por parte del vampiro y eso fue como una sirena que cantaba a su oído... Nunca había sido tan atrevida y morbosa... Pero es que ese momento era tan perfecto... Comenzó a quitarle igual el bóxer y al final Marshall se lo quitó solo, sacando primero una pierna y luego la otra.

Entonces a él le tocó despojar a Fionna completamente de sus calzoncillos, así que comenzó a besarle el ombligo y se los fue quitando poco a poco... Para que al final también los arrojara para que no estorbaran más de lo que había hecho. De nuevo subió a sus labios y comenzó a besarlos suavemente para no asustarla ni lastimarla. Solo, para gozarla.

Count me in…

Count me in…

Llevó sus manos a sus pechos y comenzó a masajearlos ejerciendo presión... Eran tan perfectos, le una medida exacta...

-Ahhh...Ahhh...- jadeó la humana completamente excitada y comenzó a besarle a él el cuello, mientras el suspiraba al sentir su suave boca cálida, y tocándola con más pasión...la humana acarició sus pectorales y luego bajó su mano de nuevo a su parte y comenzó a frotarla.

-Ohh...Ahh... Fi... Eres...Perfecta...Ahhh...- gimió Marshall. Entonces la volteó y ella quedó bocabajo en la sabana y el vampiro comenzó a besarle el cuello, mientras ella se estremecía y se arqueaba de placer entero. Sentía el cuerpo de Marshall por completo en el suyo, sus piernas entrelazándose, ese pecho suyo en su espalda... Era tan hermoso, tan perfecto.

Sintió como él comenzaba a besarle la espalda con pasión, haciendo que soltara un gemido tan fuerte que le pidió a Glob que los invitados no lo escucharan.

-¿Es... Estás lista, Fi?- le susurró él con la respiración agitada, mientras acariciaba una de sus piernas y al final más arriba, pasando su mano por se entrepierna y comenzando a tocarla de nuevo... Haciendo que Fionna suspiraba de placer y se estremeciera mas.

-Ahh... ¿Pa...ra...qué? Ahhhh...- gimió llena de placer y sintiendo los dedos de Marshall en ella sintiéndose en las nubes y con el sudor recorriendo su cuerpo.

Count me in…

Count me in…

-¿Para...ahhh...que entre en ti?- susurró Marshall excitado, los suspiros y gemidos que le hacía soltar a la humana era música de dioses, así lo sentía.

-No...Sé que...ahhh..ahhh...- no pudo ni terminar la frase, porque Marshall comenzó a tocarla con más intensidad y comenzó a gemir más fuerte, mientras sentía su lengua en su clavícula-..que...es...eso...ahhh...-

El vampiro sentí su parte más grande y vio la oportunidad. Solo esperaba que Fionna no se asustara… Tal vez le dolería, pero era la única manera de satisfacerla a ella y a él mismo. Era su turno de hacerle saber que de por vida, ella iba a hacer suya.

-No te muevas...aahh...- jadeó, sintiendo en su cuello su rubios cabello haciéndole cosquillas- Ahh... Al principio...te...dolerá..Pero luego...te gustara...ahhh- dijo, llegando al éxtasis del amor y el deseo. Entonces penetró en ella poco a poco... Hasta que sintió ese placer infinito de estar dentro de ella...-Ahhh...Ahhh...-

-Ahhh...Ahhh...- gimió la humana cuando sintió algo en su parte, algo detrás de ella. Era un dolor agudo y cerró los ojos gimiendo, no sabía si de placer o dolor y apretó las sabanas mientras gemía y jadeaba mas a y más.

El vampiro abrió los ojos lentamente y vio como ella se estremecía y cerraba los ojos con demasiada fuerza, así como apretaba las sabanas al punto de desgarrarlas... Por un momento se quedó en silencio y luego se empezó a mover de nuevo y arqueó la espalda llena de placer y excitación... Y eso le dio pie a continuar... Para bombear en ella.

Count me in…

Count me in…

-Ahhh...Ahhhh...- gimió la humana cuando sintió ese placer infinito en ella, llegando al orgasmo, sintiendo su cuerpo completamente lleno de adrenalina, de emoción y de calor… Era tan satisfactorio que Marshall la hiciera sentir así... Porque lo amaba, porque no quería que nadie más le hiciera sentir así o que le hiciera soltar esos gemidos y suspiros incontrolables-... Mar..Marshall...mas...ahh...¡Aahh!...-

-Fi...eres tan...Perfecta...Ahhh...- gimió el vampiro, mientras seguía bombeando en ella y es que era un placer infinito estar así, dentro de Fionna, se sentís tan bien y tan satisfactorio saber que desde ese momento en adelante, era completamente suya. Si virginidad, su inocencia, su aspecto sexual... Todo, toda ella era de él... pronto también llegó al orgasmo y cerró los ojos de tanto placer y excitación que arqueó su espalda...-Fi...Fi...Ahhhh... Ahhh...-

Al final, sus cuerpo inexpertos y agotados quedaron tendidos al lado de la cama y Marshall vio como la pasión y el calor iban bajando de nuevo, para dejarle una sensación completamente hermosa con mariposas en el estomago. Gimió una vez más cuando sintió regresas su miembro a lo habitual y jadeó, para después ver a Fionna, tendida a su lado... Le daba la espalda y no se movía.

Esto le preocupó... ¿Le habría hecho daño?

Count me in…

Count me in …

-¿Fi..?- susurró aun con la respiración agitada... Entonces se enderezó un poco y la movió, para oír un sollozó por parte de la humana. Se acomodó en uno de sus brazos con ansiedad y acarició su hombro- ¿Fi? ¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te ha dolido? Lo siento... Yo no quise...- comenzó a decir casi desesperado. Sabía que para una mujer perder la virginidad era algo serio y que la humana ahora dudaba demasiado tarde.

Miles de aspectos estúpidos rondaron su mente, como si lo había hecho mal, si había herido su dignidad... Si no quería haberlo hecho con él y todo se derrumbara. Pero entonces oyó como la humana sollozaba una vez más y se giraba a verlo, entre lágrimas, pero con una sonrisa dulce y hermosa.

-No es eso, tonto…- dijo ella y sollozó aun más. Se sentía estúpida de portarse así frente a Marshall luego de que hace un momento lo habían hecho. Sinceramente no sintió el sexo de una manera más satisfactoria y hermosa, y dedujo que era por él por cómo se sentía tan bien... Pero a la vez tan dolida. Marshall sintió como la paz volvía a su cuerpo y suspiro aliviado... Pero luego la miró con preocupación y limpió sus lágrimas cuidadosamente.

Count me in…

Count me in…

-Oye... ¿Entonces qué pasa, preciosa?- le preguntó con dulzura y ella sollozó más todavía, para luego mirarlo a los ojos.

-Que ahora... Se me hará mucho más difícil separarme de ti- respondió ella y rompió a llorar. Tal vez no era su intensión clavarle una aguja más a Marshall... Pero era la verdad y él lo sabía.

A partir de ese momento quedaban del todo atados.

Fionna jamás imaginó que se enamoraría de él y que llegarán hasta tal punto y estaba bien... Pero no si esa noche era la primera y la ultima en la que ambos estaban juntos. Si ya no podía ver de nuevo los ojos de Marshall, de acariciarlo, de hacerle sentir hombre... Así muriera y se fuese al cielo, ella estaría en el infierno.

Aunque se había ido con un buen sabor de boca, porque habían sellado con sangre y cuerpo su amor. Porque con eso Marshall siempre sabría que ella era de él y que él era de ella. Y no lo veía como sentido de pertenencia, solo de esa persona que tenía todo el derecho de amarla al cien por ciento.

Lamentablemente, el vampiro no lo veía así cuando encontró de nuevo sus ojos azules inundados por las lágrimas. Sentía que, después de esa noche nunca más la vería y que en esos momentos quedaba condenado a vivir quizás una eternidad sin ella.

Ya había pasado por ello y gracias a Glob la había recuperado en una reencarnación... Y se había jurado a nunca perderla de nuevo... Pero e ese momento, con las Olimpiadas tan cerca, jugándose todas las cartas ya no podía dar marcha atrás de ninguna manera... Porque tampoco la subestimaba.

Count me in…

Count me in…

Y bien o mal, la tendría siempre como una haronía y también, en ese momento, ya habían sellado un pacto lleno de pasión y de amor.

Aunque claro, de nuevo ocultó un ataque de ansiedad y la abrazó fuertemente, escondiéndola en su pecho, mientras oía a la humana sollozar y a su cuerpo convulsionarse por el llanto... Y se quedaron así por un enorme momento, sintiendo solo la compañía del otro que tal vez nunca más tendrían, hasta que la luz de la luna se movió del ventanal y apagó la vela, quedándose por completo en la penumbra.

Al cabo de un rato los sollozos de la humana se callaron y Marshall sintió su respiración suave y unos murmullos incoherentes, dejándole claro que estaba dormida... Entonces el derramó una lagrima sin poder seguir ocultando ese dolor en su alma inmortal y ese miedo a perderla, similar cuando la vio pelear con su padre en el planeador, el día en que murió.

Count me in…

Count me in…

No le hizo bien recordar eso, porque solo lo alteró más. Así que apretó mas a la humana, temiendo perderla y soltándole un quejido entre sueños, pero luego que acomodó en sus brazos y siguió durmiendo plácidamente, mientras el besaba su cabello y apoyaba su mejilla en él, mientras seguía temblando de temor.

Al final, también se quedó dormido, cansado de darle más y más vueltas al asunto, pero quedó en la inconsciencia con algo en mente: después de esa racha y baño de sangre, realmente podría tener a Fionna para siempre.

Y él confiaba en ella.

Count me in…

Count me in …


El vestido de seda luminosa roja cayó al suelo y los zapatos de Marceline quedaron botados en algún lugar de la arena y ambos cayeron a la arena justo cuando una ola se estampaba contra ellos... Entonces Finn amplió los ojos de golpe aun teniendo unidos los labios de Marceline. Sintió el agua, la humedad que naturalmente poseía, su tibieza, la espuma haciéndole cosquillas en su espalda y la arenilla traviesa colándose un poco por su piel.

I've waited a hundred years

But id wait a million more for you…

Tal vez fuera Marceline encima de él lo que no le había hecho caer en pánico... Pero su autocontrol no le duró demasiado, pues la empujó un poco, quitándosela de encima y se apartó lo más rápido ates de que una nueva ola se estampara con su cuerpo. Marceline lo miró extrañada y muy confundida su estado.

Pasó de estar ruborizado a palidísimo... tenía los ojos ampliados y el cabello desordenado por el terrible cambio de temperatura entre ellos. Lo miró con la respiración agitada y sin comprender. Al principio pensó que había experimentado otro recuerdo... Pero luego miró hacia donde él miraba horrorizado...El mar.

Había olvidado por completo su fobia... El terror a sumergirse en las aguas saladas mientras en cloruro de sodio le perforaba los pulmones y le picaba la piel...Se enderezo a él semidesnuda y acarició su mejilla como un niño pequeño.

-Hey... Calma...- le dijo con dulzura- No te pasara nada... Te lo prometo-

Nothing prepared me for

the privilege of being yours …

-Eso no lo puedes saber...- respondió él con un hilo de voz y temblando un poco- Si me meto ahí... Puede que me ahogue...O si te pasa algo a ti no sé que voy a...- comenzó a decir con voz temblorosa y al borde de la paranoia.

-No me va pasar nada...- dijo Marceline sonriéndole audazmente- Yo veré que no sea así...- susurró y le apartó un mechón de la cara para luego tomar su mano, tirar de él y susurrar a su oído- Te voy a enseñar...-

Y tras decir esto lo volvió a besar suavemente, acariciando su nuca... Con cuidado y sin separarse lo puso de pie y tomó sus manos... Y comenzó a tirar suavemente de él mientras caminaba hacia atrás.

En efecto el néctar de los suaves y fríos labios de Marceline hizo su efecto y olvidó por completo su temor... Sintió sus suaves manos en su espalda fuerte y firme, mientras él la abrazaba por la cintura con ansiedad... Entonces sintió algo en su cintura...algo húmedo y que le hacía cosquillas...

If I had only felt the warmth within

Your touch…

No pudo evitar soltar un mohín cuando sintió aquello y se separó un poco de ella para bajar la mirada a aquello... Sintió como el corazón se le aceleraba cuando vio que sus pies habían desaparecido y que el agua le llegaba a la altura de la cintura. Sentía la sal y la suave marea chocar contra su cuerpo... La temperatura tibia y la luna reflejando el rostro de Marceline, el cual no podía ni ver del miedo.

Su respiración de agitó y se aferró a lo primero que se encontró, o sea Marceline, quien jadeó cuando sintió chocar contra su pecho pétreo... Pero solo acarició su espalda mientras él sentía su cabello en sus pectorales.

-Marcy...- jadeó temblando... Tan asustado estaba que ni siquiera pudo terminar de hablar.

-Shhh...Tranquilo...- dijo Marceline rodeando su cuello con sus brazos y rozando sus labios- El mar es hermoso... Es tranquilo cuando quiere y a la vez es peligroso cuando se lo propone... Ahora está completamente tranquilo...- volvió a posicionar sus labios a su oído y susurró:- Sacudámoslo haciendo el amor...-

If I had only seen how you smile when

You blush…

Quiso ampliar los ojos de sorpresa... Quiso alejarla y evitar que al final a los dos les doliera más de lo que debían... Pero sinceramente tenía muchas ganas de ella... Aunque no sabía ni a ciencia cierta qué era eso de "hacer el amor". Había escuchado algo de Jake:

"Es como montar un triciclo..."

Eso le había dicho su hermano alguna vez... Aunque Marceline no tenía si manubrios ni ruedas para ser montada...¿A que se referiría? Solo había tenido una novia y la Princesa Flama jamás planteó ese tema entre ellos... Quizás porque eran demasiado jóvenes...

-¿Qué es eso?- susurró Finn sensualmente a su oído.

-Es... Cuando el amor se puede tocar...- respondió ella con una amplia sonrisa y luego tomó su mano- Yo te enseñaré solo si quieres...-

Y de repente el fulgor azul de los ojos azules de Finn deslumbró mas con la luz de la luna... se permitió sentir mejor el cuerpo de Marceline y recordó como desde que la conocía en esa vida que tenía que verla hacia arriba. Ahora en esos momentos era tan diferente... Se dio cuenta de lo pequeña y perfecta que era su figura... la manera en la que se amoldaba a sus brazos.

No había fuego que lo quemara o una vocecita que le dijera "Eres muy joven..." Solo Marceline en "alma y cuerpo". Dedujo que ese latir en su corazón y el repentino calor que lo generaba su cuerpo y no el desierto le respondía que sí. Que tenía unas ganas de ella incomparables... Nunca había deseado tanto a una mujer.

-Si...- jadeó y la apegó mas a él- Enséñame...-

Or how you curl your lip

When you concentrate enough…

Y tras decir esto ya no hubo palabras...Pero tampoco se sumergieron en el completo silencio. Finn la besó con ansiedad... Un beso diferente, no uno capturado e hipnotizador como para meterlo más allá de la costa. Un beso tan lleno de calor que les hizo sentir a ambos el deseó de liberarse de todo...

Sentían sus cuerpos fusionarse el uno contra el otro... Los labios suaves danzar a la luz de la luna... tomó él su rostro con una mano y ambos se fueron sumergiendo hasta que solo sus rostros quedaron por encima del agua...mientras se seguían fundiendo en ese beso. Marceline rodeó su cuello con sus brazos y se apegó más a él con desesperación y más afán de pasión.

Por debajo del agua Finn tiró un poco de sus bragas, no sabía porqué... solo que quería tocar más de ella... Explorar lugares que nunca había visto ni se había dignado en investigar en ellas... Solo quería tenerla para él, que no fuera de nadie más.

-Finn...- susurró Marceline entre besos y beso, con el corazón inerte saliéndose de su pecho, si eso era posible.

-Te haré... Mía... Esta noche...- jadeó Finn y comenzó a besarle el cuello lentamente mientras ella se estremecía. Los labios de Finn eran tan cálidos al tacto... Tan perfectos y suaves. Le hacían cosquillas en su piel inerte y encender una llama apagada en ella.

Una llama llamada pasión.

Sin dudarlo y quizás ya no teniendo el completo control de quien era ella o lo que pasaba se apegó mas a él y sacando un jadeó que hizo sentir a Finn algo entre sus piernas... Que lo hacía sentir mal impulsado a seguir... así que lamió su cuello con cuidado, como si fuera un delicado caramelo de fresas, porque a eso olía.

-Finn...- suspiró Marceline y echó la cabeza hacia atrás, como si le pesara su espesa cabellera oscura adornada por miles de gotas de mar que parecían diamantes. Sintió las manos de Finn recorrer su espalda... Y sintió los metalitos del brasier en su cuerpo saltar igual que un suspiro del humano.

Ella igual bajó sus manos a su entrepierna... Y al instante las alarmas en la cabeza de él se encendieron y tomó sus muñecas entre suspiros de emoción y el calor a flor de piel...

-¿Qué haces...?- jadeó él a su oído y completamente sonrojado...

I would have known…

-Shhh...Confía en mí...- susurró Marceline al borde del éxtasis. Entonces desabrochó el ojal de su pantalón y con ayuda de la marea lo desprendió de él, al igual que unos graciosos calzoncillo que alcanzó a ver que eran de estrellas o corazones...Ya ni se digno a ver porque supo que tenía a Finn como lo quería desde la última noche que lo vio... Solo para ella... Como Glob lo trajo al mundo...

Solo faltaba ese rincón de ella... Ese pequeño y delicado rincón que solo le pertenecía pero que estaba dispuesta a compartir con el de la manera más humana posible...

Y Finn se dio la libertad de acabar con la única barrera que le faltaba para llegar a esa parte...Acarició sus piernas y sintió sus pechos contra su pecho...Oyó como soltaba un gemido y al final, con sus propias manos, con esa fuerza de caballero que tenía... desgarró su ropa interior y al final la lencería roja y sus pantalones y pantaloncillos quedaron en el mar...flotando...

Al final habían acabado con ese calor tan terrible que ya lo tenían cargando desde hace días. Se fundieron en un beso lleno de pasión mientras Marceline abrazaba su cintura con sus piernas y rodeaba su cuello con sus brazos. Sintió como movía su lengua contra la suya y con cuidado mordió su labio inferior... Esto fue la llave que hizo que la excitación del humano se encendiera a flor de piel.

Comenzó a besarle el cuello. Pero no como antes... Lo lamía, lo mordía ligeramente...Su garganta, su yugular... Sentía su cutis tan terriblemente suave y frio al calor del desierto que solo deseaba mas de ella... La inclinó un poco y comenzó a besarle el pecho suavemente... Inconteniblemente Marceline se estremeció y soltó un gemido que lo hizo sentir todo el universo entero.

Sintió sus pequeñas manos en su cabello dorado...Como se aferraba a él con pasión y sintió por primera vez todo tu cuerpo húmedo contra el mar...Bajó sus manos y tocó su trasero apoyándose en el...Haciendo que Marceline se estremeciera mas y soltara un suspiro al cielo a la luna brillantes y circular...

What I was living for

What I've been living for…

Ambos no pensaron en las consecuencias de lo que estaban haciendo... de lo que pasaría en dos días ni a la mañana siguiente cuando ella ya no viera más a Finn hasta el día de las Olimpiadas... con ese acto de amor estaban sellando lo que sentían el uno por el otro... Y la verdad no había momento más perfecto...

Todo y nada...

Todos lo que ellos querían ahí estaba, en el cuerpo del otro, siendo explorado ya no en un papel de amigos, ni de novios... Sino en el de un hombre y una mujer... Recorrían el cuerpo de sin pudor alguno, sin pena ni vergüenza... No había besos más perfectos.

Your love is my turning page

Only the sweetest words remain

Al final de una sesión de besos y caricias optaron por un lugar a unos metros de ahí... Una pequeña cabaña abandonada y dejada en el olvido por el Reino... Más no desapercibida para ellos. No se tomaron la molestia de ver que cayeron sobre un par de sabanas blancas o si caían en blandito o duro... mas les importaba el beso pasional que se estaban dando...

Estaba él encima de ella, la besaba con pasión y exploraba con su lengua cada rincón de su boca mientras ella bajaba las manos más allá de su cadera y acariciaba sus partes más intimas... sacándole un jadeo a Finn, sonrojándolo por completo.

Every kiss is a cursive line

Every touch is a redefining phrase…

Él tampoco dio pie, así que bajó de sus labios a su cuello... comenzó a lamerlo suavemente, bajó por su pecho... Y al final comenzó a besarle los senos delicadamente, sacándole a Marceline un suspiro que se oyó en toda la cabaña... Y a la vez le enterneció entera.

Recordó al otros Finn... tan impotente, tan seductor aunque nunca llegaron a nada... pero también recordó que ese Finn era más grande, más maduro... Este Finn, aun con su cuerpo, seguía siendo un niño... Eso tal vez la hizo sentirse mejor que nunca... Porque, como siempre, en la relación... Ella era la salvaje.

I surrender who I've been

For who you are…

Por primera vez en mucho tiempo sería la chica rebelde antes de volverse un vampiro, pero sin olvidar que era una Reina. Y es que así la hacía sentir Finn... algo que extrañaba mucho... Ser humana.

-Finn...- jadeó, mientras lo apegaba más, haciendo los besos del rubio mas intensos, cosa que le hizo gemir de placer... Entonces el humano por primera vez bajó a esa zona inexplorada... Esa zona que solo a Marceline le pertenecía.

Con sus manos inexpertas la comenzó a tocar... Tocó el punto de éxtasis en ella... y se dio cuenta cuando arqueó la espalda y soltó un gemido más grande que el de todos... Sintió como su miembro se agrandaba y sinceramente... Le daba miedo y hasta vergüenza de sentirlo o que Marceline lo viera.

Nunca había experimentado hacer el amor con alguien... Ni siquiera alguien tan perfecto como Marceline... Pero... ¡Santo Glob! ¿Donde tenía la cabeza? Era tan placentero...Tan intimo y perfecto... Nunca había sido admirador del arte... no era Jake... Pero...ella era una obra de Arte...lo que estaban haciendo era una obra de arte.

Nothing makes me stronger than

Your fragile heart…

-Ohhh...- gimió de nuevo Marceline, mientras él seguía frotando su parte... volvió a gemir... Ese sonido lo volvía tan loco... tan impotente... Sintió como ella apretaba las sabanas y soltaba un gemido mas...-Ohhh...- y al final... La calló con un beso... Mas no dejó de tocarla... No dejó de explorar esa parte suya ya que tenía su permiso...

-Finn...Ahh...Entra...en...Mi...- gimió la chica, al borde del éxtasis... Finn no supo a que se refería a ciencia cierta... No sabía si lo decía metafóricamente... Pero le gustaba ese término y verla así...completamente sonrojada...sudada...excitada...

If I had only felt how it feels to be yours

I would have known…

Sintió la tremenda necesidad de acercarse más a ella... Y al final empujó su cuerpo contra el suyo y sintió algo raro en su miembro...pero terriblemente satis factor...

-Ahhhh...- gimió Marceline de dolor y sintió como todo su cuerpo se estremecía... Y entonces entendió el término "entra en mí" y se sintió terriblemente ignorante... Su miembro estaba en su parte...-Ahhhh...- volvió a jadear Marceline y Finn sin saber muy bien qué hacer... Comenzó a bombear en ella... mientras recorría su espalda desnuda y la apegaba mas a él.

What I've been living for all along

What I've been living for…

-Ahhhh... - gimió él... Y se sintió al borde de la felicidad y el éxtasis cuando lo hizo... se liberaba completamente... Comenzó a jadear a su oído mientras ella acariciaba también su cuerpo...-Marcy...- y comenzó a frotar su cuerpo de nuevo...bombeando en ella, sacándole jadeos y el gemidos de placer... Se sentía atrevido... Pero... Era gloria de dioses estar en ella.

-Mas...rápido...Finn...Ahhhh...Ahh...- gimió con una fuerza impresionante, llegando al orgasmo... Si... A ese punto donde ya no había más y el humano, obedientemente... Lo hizo... Bombeó mas en ella... Y Marceline se arqueó... Dejó caer la cabeza hacia atrás y soltó un gemido mas fuerte... Mientras arañaba la espalda de Finn...- Eres...Mio...¡Ahhh!...mmh...- jadeo y gimió llena de placer.

-Hasme...Ahhh... Tuyo, Marcy- gimió Finn, sonrojado y llegando también al orgasmo... Al final callaron sus ruidos con un beso pasional, aun frotándose...sintiéndose... Acariciándose... Llenando de calor el lugar... Sintieron ese beso ligeramente más tierno y suave...hasta que Finn sintió algo en su espalda... algo que lo hizo despegarse y gemir...pero de dolor...

Were tethered

To the story we must tell…

Dejó caer la cabeza en un hombro de Marcy, dejó caer todo su cuerpo sobre ella... Penetrándola mas si era posible... Haciendo que ella jadeara y que el dolor de su espalda se incrementara aun mas...

-Aaaaahh...- gimió Marceline.

-¡Aaaaah!- gritó Finn.

When I saw you

Well I knew we'd tell it well…

Y al final nada... Todo se quedó en silencio y sintió como se despegaba ligeramente de ella y la miraba a los ojos... Por un instante todo se conectó... Ya no eran sus perverciones o caricias atrevidas... O el hecho de que uno ya no era virgen a los quince años o ella ya no era virgen a los mil... Era más que eso... Mas que un simple deseo o una noche de pasión.

De repente los ojos de Finn se llenaron de tristeza y de una inmensa nostalgia... Y los ojos de Marceline se volvieron mas claros y tentadores a la oscuridad...

-Marcy...- dijo Finn, con la respiración algo agitada- Te amo...-

-Yo también te amo, Finn- dijo Marceline, con una tremenda voz de soledad y tristeza. Al final se acurrucó bocabajo y Finn se acostó encima de ella, mientras jugaba con su cabello...Y así se quedaron los dos... En silencio... Finn gimió una última vez, porque le dolía la espalda... Le ardía y sentía algo ahí... Como una mordida.

Olía ese aroma a sangre... Y vio de reojo como algo de sangre escurría por su hombro y por su dorso... No se molestó en voltear a ver que le pasaba ni nada... Solo apegó a Marceline mas a su cuerpo, sintiendo su calor y arropándola con cuidado con las sabanas.

Oyó como suspiraba y sintió como su cuerpo desnudo se relajaba... Vio que cerraba sus ojos y se quedaba dormida. Y al final... Una lagrima salió de sus ojos azules y chocó con la espalda de Marceline... Pero estaba demasiado cansada como para incluso sentirlo.

Estaba agotado, pero no quería dormir del todo... Porque una vez que saliera el sol... tal vez nunca la podría tocar como lo hacía, tal vez ya no la sentiría ni vería ese rostro apacible en ella... Por primera vez sintió un terrible miedo... Una terrible ansiedad.

Derramó más lágrimas y acarició su mejilla. Le dolía tanto tener que causarle tanto dolor... Fionna tenía razón... A veces solo era necesario alejarse para no herirla más y ahora, después de eso... No... Ya estaba atado a ella.

With the whisper

We will tame the vicious scenes…

Lloró y trató de callar algunos sollozos que salían de su boca. Sabía que no estaba bien llorar pero... De repente sentía miedo... Miedo a perderlo todo... A ella... A Jake, a su hermana a sus amigos... Por eso le parecía perfecto para desahogarse ahí... Porque estaba junto a la mujer que amaba, pero nadie, ni ella lo veía en ese momento de debilidad absoluta.

Tenía que ganar las Olimpiadas, o por lo menos que Fionna lo hiciera para ser leyendas vivientes, para poder estar con Marceline siempre... Para que es no fuera las últimas noches de amor y fuego en el que se consumaban.

Sollozó y la apegó más a él e intentó dormir, mientras la luna que se colaba por una ventana llena de polilla iluminaba en la espalda, cerca de su hombro... una perfecta "M" escrita son sangre.

like a feather

bringing kingdoms to their knees.

(Finn POV´S)

Hey, Marceline… No importa lo que pasé a partir de ahora. Solo recuerda que te amo y que esa noche me volví tuyo y siempre seré tuyo…

(Fin de Finn POV´S)


¡Hasta aquí, mundito! Jajajajajaja xD… Bueno, debo decirles que es la primera vez que escribo un Lemmon…Pero pues espero que haya sido de su agrado. Trate de hacerlo no tan vulgar, pero muy, muy, pasional en un buen sentido. Y bueno, ya a partir de ahora la pareja Ambathony recorrerá un laaaaaaaaargo camino hacia la felicidad, en serio…no bromeo, ahora en esta pareja las cosas se pondrán más peliagudas que de costumbre…y bueno, como vimos, Shadow no era un personaje de relleno, de hecho desempeñará un papel muy importante, pero ya lo veremos más adelante.

Y bueno mis lectores, antes de que se me olvidé, hice uso de muuuuuuchas canciones, aunque este apartado de música ya se acabó y ya no me enfocaré más al formato song-fic hasta el final. Ahora realmente ya nos enfocaremos a las Olimpiadas más que al romance pero bueno, les diré cuales canciones he puesto desde que la Princesa Ámbar le cantó al Rey Helado, que desde ahí no he patentado a los verdaderos autores:

-La Nanita Nana (Belinda ft. Cheetha Girls)

-Llorar (Jesse y Joy)

-You don´t know me (Elizabeth Guillies)

-Countdown (Thomas III ft. Victoria Justice)

-Addicted to you (Shakira)

-Count Me (Early Winters)

-Turning Page (The Wedding)

Como podrán ver fueron demasiadas canciones, ja, ja… Espero que les haya gustado. Y bueno, diré que es el capítulo más difícil que he tenido que escribir debido a tooooodo lo que he pasado y bueno, también por el lemmon, como dije es la primera vez que escribo algo así y tuve que recurrir a muchos medios para hacerlo pues… bien jejejeje xD… Aun así espero les haya gustado.

Y bueno, es un gusto mencionar que el OC de la Princesa Ámbar es toooooodo un éxito, tanto que ya no solo aparecerá en mi fic sino también en el de mi gran amigo Mariano T en su fic. Léanlo, está muy, muy bueno además de que estoy muy contenta de que mi personaje salga ahí… recuerden: "Aventuras de un adolescente" y muy pronto saldrá el capi donde esta linda Princesa hará su debut. Por cierto, saludos especiales a este gran escritor y a mi amorrrrrrssshhhhh :3 muajajajajajaja Xd ya te deje el nivel 15 pervertida…jajajajaja…neeeeeee las dos lo somos jajajajajaja xD. Y también un abrazó y un beso a mi amiga Sofy que ya hizo más dibujos de la Princesa Ámbar y a mi…un hermoso dibujo de mi :´) Glob! Como lo amé! Muchas gracias Sofy… Este capi va dedicado para ti y para mi amorrssshhhh por supuesto. Saludos igual a los chicos del grupo en Facebook y a mi lectora de Brasil a la que le tengo un mensaje: "Sorry, I had some problems with my account. I 'm going to send the reply of your message on this days. Thanks for reading and I hopeyoulikedthis chapter".

Bueno chicos, de mi parte eso es todo, muchísimas gracias por leer y por ser taaaaan pacientes conmigo. Espero que realmente les haya gustado y no se preocupen, si me he tardado en actualizar es por todo lo que ha pasado, pero nada mas, eh… En cuanto pueda publicaré el siguiente capítulo, que será un preparativo para las Olimpiadas y el climax de esta historia. De verdad muchas gracias por leer, ustedes son mis más grandes inspiraciones y espero que no leamos pronto.

Cuídenseme mucho y…Sigan bellos y celebrando que ya salió "Bad Little boy"! jajajaja (desde cuándo) jajaja bueno eso es todo. Cuídense :3

Bye :D