Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Antes que nada, quiero decirles que muchos no me dijeron que outtake les gustaría, por el momento va ganando un outtake de Edward, pero, Jasper le sigue por un voto, así que díganme a quién prefieren.
Capitulo anterior:
Han pasado dos meses desde ese día, nunca volví a ver a Jasper, o a Alice, y nunca los volveré a ver.
La vida debajo del puente.
Más allá de mis miedos.
Me encontraba escarbando entre los botes de basura que se encontraban afuera de la pizzería Tony. Tengo que apurarme, no tarda mucho en salir el dueño y correrme. No es "estético" que los clientes vean a una persona como yo escarbando en la basura.
Por un momento me quedé paralizada, después de todo, él era un cliente en aquel restaurant. Así fue como lo conocí, escarbando en la basura. Y al final, sigo escarbando en la basura. Podía sentir mis ojos aguadarse ante su recuerdo, y no era sólo por la nostalgia, era coraje.
Yo nunca he sido una persona rencorosa, porque si lo fuera, mi lista de odio nunca acabaría. Además, sé que la única que saldría perjudicada sería yo. Me da coraje porque ellos me hicieron darme que cuenta que por más que piense que un día las cosas cambiarán y que alguien me querrá, el hecho sigue siendo que para la demás gente no valgo nada, y cuando me topo con gente que ofrece su ayuda, tengo que tomar el riesgo de ser utilizada. No es que desprecie lo que la gente me da, al contrario, agradezco de todo corazón hasta la más mínima ayuda. Es sólo que a veces esa gente me ve como un caso de caridad, no como lo que soy, una persona. No soy un perro que necesita un hogar. O, no soy una persona que sirva para quitar la culpa de las otras personas.
Está más que claro que para Jasper y Alice, yo nada más era una forma de limpiar su conciencia. Recuerdo que un día, Jasper me dijo que él se había acercado a mí y me había ayudado, porque le recordaba a alguien muy querido por él. Claro, después me aseguró que me había ganado su cariño y su estima, que me quería como a una buena amiga, y todo resultó una mentira. No entiendo como no lo vi antes. Él se sentía culpable. Nunca le pedí más información sobre ese tema, él es una persona reservada, no quería invadir su privacidad. Para éste entonces ya debe de haber encontrado a otra persona a la cual "ayudar", como lo hizo conmigo.
Dios, esas personas deberían de darse cuenta del daño que causan.
—¿No te he dicho que no te puedes acercar aquí, mugrosa? —los gritos del cocinero me sacaron de mis pensamientos. Maldición, me atrapó. Tomé mi mochila y los restos de comida que había encontrado y salí corriendo. Ni siquiera me molesté en contestarle. No tiene caso—. No te quiero volver a ver por aquí —fue lo último que escuché.
Después de correr unas cuantas cuadras, llegué a mi lugar predilecto. Una vieja y mojada esquina en el callejón de la calle Mesa. En la noche es lugar predilecto de los drogadictos, pero en el día, éste lugar ésta solo. Me imaginó que por temor ha ser atrapados por la policía durante el día. Aunque siendo honestos, a mí no me importa, no tengo nada que esconder, de manera literal. Así que me da igual si en el día viene o no, a revisar éste lugar la policía.
Saqué la caja de sobras que había encontrado, por suerte a alguien en ese lugar se le ocurrió llenar una recipiente desechable con las sobras que dejaban los clientes, es por eso mismo que todos las personas que necesitamos comer siempre vamos a ése lugar. Sonreí al ver que había un poco de espagueti, además, para mi suerte, alguien había dejado una rebanada de pizza intacta. Tal vez debería de comprar un billete de lotería, con la suerte que traigo hoy.
Éste día hubiera sido todavía más perfecto, si hubiera podido comer en la orilla del muelle. Pero desde el día me escondí de lluvia, no he podido dejar de tener la sensación de ser observada. Sé que lo más probable es que sea una paranoia mía, pero, desgraciadamente, ya no podía sentir la misma paz de antes en aquel lugar. Así que decidí empezar a rodar por la ciudad. Así me sacaré de la cabeza esa estúpida idea de ser seguida.
Debo de admitir que el sentirme seguida me hizo pensar en cuántas cosas han sucedido desde aquel día en que dejé a los Cullen y yo no las he notado. Es decir, como ya he mencionado, he comprendido que no puedo hacer nada para cambiar mi futuro, aún pienso que moriré sola. Pero, al menos estás dos semanas en las que he estado recorriendo la ciudad, me han servido para sentirme un poco más viva. Lo que también me ha podido mucho, es el haber olvidado mi cajón en el centro comunitario. Sé que aunque no hubiera sido de inmediato, eventualmente hubiera vuelto a limpiar zapatos, al menos así tendría algo para comer todos los días.
Por ahora me he quedado en el lado este de la ciudad, uno de lo más peligroso y donde nos encontramos la mayoría de los indigentes. Es más peligroso que el lugar donde "vivía" antes, porque aquí se encuentran casi todos los prostíbulos de la ciudad. Además de que en éste lado de la ciudad es donde más se trafica la droga, pero, si me preguntan, cuando yo vivía en el lado oeste, debajo de mi puente, era maltrata por Victoria y por James, constantemente. En cambio, aquí sólo me han golpeado una vez y eso por el tipo estaba más que borracho, creía que yo era su esposa o algo así.
Siempre me habían aconsejado mantenerme alejada de ésta parte de la ciudad, pero ahora, me arrepiento de no haber venido antes. Éste es el lugar al cual pertenezco, y aquí voy a morir.
— ¿Me puede asegurar que la ha encontrado? —le pregunté esperanzado, por primera vez en casi tres meses.
—Sabe que en mi trabajo no hay garantías. Pero, me atrevería a decirle que ésta vez no me he equivocado —habló confiado—. Voy camino a su oficina para mostrarle la foto, no es de muy buena calidad, no quería crear sospechas. Pero se puede reconocer fácilmente a la persona en la foto. ¿Cree que podrá recibirme?
—Claro, cancelaré todas la citas del día de hoy —le dije sin dudar—. Lo estaré esperando —colgué el teléfono y marqué el número de Alice.
—Es una excelente noticia, Jazz, estoy segura que pronto podrás hablar con ella —comentó en cuanto respondió.
—Alguna vez me dirás cómo le haces para saber lo que te voy a decir antes de que yo mismo lo sepa —podía ver su sonrisa mientras contestaba.
— ¡Ya te lo he dicho! —exclamó—. ¿Cuándo entenderás que puedo ver algunas cosas de nuestro futuro?
—Oh, nunca lo he dudado, sé mejor que apostar contra ti —la verdad es que me resulta imposible de creer, pero me ha sorprendido tantas veces, que francamente, estoy empezando a sospechar que si es verdad.
—Sí, claro. Entonces, ¿Quieres que vaya a tu oficina?
—Cómo lo…olvídalo.
—Te veré en diez minutos, te amo.
—Y yo a ti. Y Alice —dije antes de que colgara—, gracias por apoyarme siempre. Sobretodo todo, en éstos tres meses —siendo honestos, éstos meses han sido un tanto desgastantes para ambos.
—No tienes nada que agradecerme, vaquero —colgó. Mientras yo pensaba en lo caótica que se ha tornado nuestra vida.
Aún no entiendo por qué se fue de esa manera. No puedo encontrar algún motivo para su desaparición, si un día antes, estábamos haciendo planes para que por fin viniera a vivir con nosotros. Sabía que ella no estaba bien, por más que lo tratara de ocultar, lo que sucedió entre ella y Edward la destruyó. Los primeros días me costó todo mi esfuerzo hacer que comiera. Alice y yo nos turnamos todo el tiempo para estar con ella, no queríamos que estuviera sola. El único día en el que no estuvimos con ella, fue el día de la supuesta mudanza. El día que ella desapareció del centro.
Lo único que sé, y por lo cual no me he vuelto loco, es que se fue por voluntad propia. Mi recepcionista me dijo que ella le había dado un mensaje para nosotros, ella dijo que Bella le había pedido que nos comunicara que ya no podía estar más con nosotros. Que no la buscáramos, no quería saber más de nosotros. Por supuesto que yo nunca creí eso, tampoco Alice. Por eso, desde ese día no he parado de buscarla, nunca pensé que fuera tan difícil encontrarla, pero sin una foto o una pista, su búsqueda se convirtió en todo un desafío. Sabía que él único con posibilidades de encontrarla sería Jenks, él no me ha fallado ni una sola vez, es el mejor investigador del país.
Me alegra que los hayamos Alice y yo hayamos podido superar los difíciles días de angustia, y no es que haya tenido alguna vez duda de nuestro amor. Pero no puedo evitar ponerla en una situación muy complicada, por un lado, estoy yo, su prometido y por el otro lado, está su hermano. Él es al que culpo de toda la situación, no me importa el tiempo que hayamos sido amigos, sé que si él se hubiera mantenido lejos de Bella desde un principio, nada de esto estaría pasando. Ella estaría viviendo con nosotros, probablemente para éste entonces ya estaría terminando la escuela especial. Y en primavera podría entrar a la universidad. Podría estar llevando una vida completamente plena y feliz. Es por eso que no lo puedo perdonar, pero, Alice es su hermana, y no importa lo que haga, nunca lo dejará de amar, ni siquiera podría llegar a odiarlo. En cambio yo, estoy a un paso de hacerlo.
Despejé mi mente de esos pensamientos, necesito concentrarme por ahora en encontrarla, eso es todo lo que importa. Le pedí a mi secretaria que cancelara todas las citas del día de hoy y que reservara la sala de juntas, quería que nos reuniéramos en un lugar más privado.
Como Alice lo prometió a los diez minutos de haber colgado, ya estaba entrando a mi oficina.
—Vayamos a la sala de juntas, amor. Ahí esperaremos al investigador —le anuncié tomándola de la mano.
—No tienes por qué estar nervioso, confía en mí cuando te digo que mañana mismo, estarás hablando con ella a ésta hora —me reconfortó.
—Pero, ¿Qué tal si no? Quiero pensar positivo, pero han sido tantas falsas esperanzas —me ha traído fotos de diez diferentes chicas, desgraciadamente ninguna era Bella.
—No volveremos a lo mismo. Recuerda, nunca apuestes en mí contra —culminó dándome un apasionado beso.
Unos minutos después, el investigador privado por fin llegó.
—Dr. Whitlock, un placer verlo —me saludó ofreciéndome su mano derecha.
—Buenas tardes, Sr. Jenks —tomé su mano de manera apresurada—. No malinterprete lo que le diré, pero espero que sea la última vez que nos veamos —bromeé.
—Jasper —me reprendió Alice—. Discúlpelo, está un poco nervioso.
—No se preocupe, Srita. Lo entiendo, y no me ofendió para nada. De hecho, espero que éste asunto quede solucionado hoy —le indiqué con la mano que tomara asiento.
Alice y yo nos sentamos del lado contrario de la mesa.
—Quiero decirle que nunca pensé que sería tan difícil encontrar a la Srita. Isabella. Aún cuando no tenía una foto de ella, pensé que sería trabajo fácil —se quejó—. Pero como le dije, soy el mejor investigador de la ciudad. Le mostraré las fotos, y espero que por fin pueda cerrar un caso más —la principal razón por la cual lo contraté, es porque nunca ha dejado un caso sin resolver.
Tomé la mano de Alice para que me ofreciera un poco de paz, no sé que haré si no es Bella. Han pasado tantos días desde que la vi, cada uno se ha llevado poco a poco mi esperanza.
— ¿Ella es la Isabella que está buscando? —me preguntó extendiéndome una borrosa foto.
Y en el momento en que la tomé, sentí el peor de los dolores. Definitivamente, la chica de la foto es Bella. Pero luce tan mal, ha perdido demasiado peso. Quién sabe cuántos días habrá pasado sin comer. Además, por el amor de Dios, se estaba escondiendo de la lluvia debajo de una escalera.
— ¿Hace cuántos días tomó está fotografía? —pregunté tragando el nudo que se había formado en mi garganta.
—Hace 16 días, exactamente. Sé que la calidad no es buena, pero fue la única que pude tomar —recuerdo muy bien esa lluvia, no paró de llover en dos días seguidos, uno de los días más fríos del invierno, sin duda. No puedo ni imaginarme como sufrió durante esa tormenta.
— ¿Por qué no me avisó antes? —espeté con un grito, saltando de mi silla.
—Dr. Withlock, sabe muy bien que tenía que llevar una investigación antes de traer resultados —se defendió, un poco asustado por mi temperamento.
—Calma, Jasper. Sabes que él no tiene la culpa —dijo Alice tomándome del brazo para que me sentará de nuevo.
—Lo lamento, es sólo que…estoy un poco estresado por éste asunto.
—No se preocupe, lo entiendo perfectamente. Lo importante es que la hemos encontrado
— ¿Que más información nos puede dar? —se adelantó Alice.
—Bueno, debo decirles que ella se encuentra en la zona del este —Dios mío, ¿Por qué Bella se iría a un lugar así? —, no pude a indagar mucho, la mayoría de las personas creían que era policía, y en esa zona, eso no era nada bueno —se rió de su chiste sin gracia—. Continuando —se aclaró la garganta—. Me dijeron que ella pasaba todo el día en el muelle, sentada en la orilla.
— ¿No trabajaba?
—No que yo me enterará. A decir verdad, éstos pasados quince día que la seguí, no fue ni una sola vez al puente. Aunque, repito, me parece que se estaba escabullendo. Por lo general no iba al mismo lugar dos veces.
— ¿Sabe si comía algo, dónde dormía? —dudó un poco en contestar.
—Una o dos veces por día, buscaba entre la basura de los lugares de comida, o basureros en general —podía ver en sus ojos la profunda lastima que sentía hacia ella, eso sólo hacia agrandar mi dolor —. En cuanto a donde dormía, creo que lo correcto sería decir que donde se acomodara. Como ya dije, nunca la vi frecuentar el mismo lugar, ha excepción de un callejón sobre la calle Mesa. Creo que le gusta comer su comida ahí —recordó con nostalgia.
—Creo que es suficiente, gracias —lo corté. No podía escuchar más.
—Claro, dejé a uno de mis hombres, siguiéndola. Le llamaré en éste momento para saber donde está. Los llevaré hasta ella y ahí podremos liquidar cuentas. Sabe que me gusta cumplir bien mi trabajo.
—Excelente, vayamos —exclamó Alice emocionada. Había estado extrañamente callada durante éste tiempo. Espero que no sea por nada malo.
—Oye, nena —me llamó un chico desde el otro lado de la esquina. Creo que lo conozco, lo he visto drogándose dos veces con sus amigos. Será mejor que me mueva.
Tomé mis cosas apresuradamente y empecé a caminar en dirección contraria a él. Mis ojos estaban pegados al suelo, rogándole al cielo que no me tropezará.
— ¿No me escuchas, muñeca? —volví a dirigirse a mí. Por su voz, podía saber que estaba siguiéndome—. Vamos, detente, cariño. Sólo quiero hablar.
Iba a empezar a correr, pero en ese momento, su fuerte mano aprisionó dolorosamente mi brazo.
—No me toques —le grité—. Y para que sepas, no soy tu nena, ni muñeca, ni mucho menos, cariño. ¿Entendido? —él estaba tan atónito por mis palabras, que tuve la oportunidad de zafarme de su agarre. Lástima que soy lenta.
—Oye, no te enojes. Si quieres que no te llame así, sólo dilo —ofreció levantando las manos en rendición. Con la luz que tenía ahora, tuve la oportunidad de ver bien su rostro. Definitivamente es un chico guapo, claro, para las otras personas, no para mí—. Soy Mike, ¿tú cómo te llamas? Dudé un poco antes de contestarle.
Pero, después llegué a la conclusión de que si quisiera hacerme daño, ya lo habría hecho. Me he topado con muchas personas malas en mi vida como para saber la diferencia.
Suspiré derrotada—. Me llamó Bella —le contesté la verdad.
—Hola, Bella. Me preguntaba si te interesaría venir con unos amigos y conmigo —comentó emocionado.
—Mira, Mike. Sé que esto te parece gracioso, pero no me voy a quedar aquí mientras te burlas de mí —nunca más me volverá a suceder lo mismo.
—Vaya que eres desconfiada. Te lo estoy diciendo en serio. ¿No entiendo por qué no quieres creerme?
—Oh, tal vez será porque sé que no es verdad —nadie en su sano juicio querría estas junto a mí. Y menos en éste momento, hace más de un mes que no me baño ni me cambio de ropa. Lo único que he podido hacer con mi cuerpo es mojarlo un poco, sin jabón y sin champú. Nunca había sido tan indigente como ahora —. Y aunque lo fuera, no iría contigo —espeté molesta—. Y sabes qué, me tengo que ir, adiós —no le di oportunidad de replicarme, seguí caminando.
Me molesta que la gente crea que se puede burlar de nosotros sólo porque somos indigentes. Como si ellos fueran perfectos.
—Espera, no te vayas —volvió a tomarme del brazo—. Bombón, yo tengo exactamente lo que tú necesitas —rodé los ojos, uno por el sobrenombre y dos, porque dudo mucho que tenga lo que yo necesito—. Antes de que me digas que no, déjame te pregunto algo. ¿No estás harta de sentirte como basura todo el día? —su pregunta me tomó por completa sorpresa. Cómo demonios sabe él si me siento como basura o no—. Te he visto vagando por las calles. Creo saber el por qué. Pero, confía en mí cuando te digo que mis amigos y yo no juzgamos a nadie, al contrario. Mi amigo, Eric, él también es…—pareció dudar en lo que iba a decir—, es, es como tú —agregó con temor a mi reacción. Se tranquilizo a ver que no me enojé por su "comparación".
—Escucha, Mike. Te agradezco tu ofrecimiento —le dije más tranquila—, pero en serio, no entiendo el por qué de tu insistencia.
—Entiendo lo que es el estar en tu situación —confesó sin titubeos—. Y aunque no te pueda ofrecer un techo o algo seguro…tú sabes…no trabajo ni nada por el estilo —aclaró—. Como sea, entonces, lo que quiero decir…—balbuceó nervioso.
Bien, esto no me gusta y, francamente, me estoy cansando de su insistencia.
—Bien, ¿Por qué no vienes conmigo y te muestro de lo que estoy hablando? —ir con un desconocido. ¡Que inteligente! Iba a darme la media vuelta para irme, pero algo dentro de mí me detuvo.
En estos dos meses he sentido el peor de los dolores, y eso fue causado por gente "buena". Todos esos problemas fueron causados por no haber estado en el lugar al que pertenecía. Mike dijo que Eric es un indigente como yo, y lo aceptan. Inclusive, comparten su lugar.
—Bien, tú te lo pierdes —exclamó mientras se iba.
¿Será que debo ir con él? Después de lo que te paso con ellos, ¿aún piensas que te pueden hacer más daño? Habló una voz en mí—, espera, Mike —le pedí corriendo hacia él—. Perdón por…
—No tienes que disculparte, muñeca. Lo entiendo, no puedes confiar en todos —creo que es inútil explicarle que tengo nombre—. Así que, tomaré eso como un sí a mi invitación, ¿verdad? —cuestionó esperanzado.
Ésta vez no dude en contestarle—. Sí —repliqué confiada.
—Genial. Si quieres podemos ir a mi casa primero —sugirió.
—Si estás pensando que tú y yo vamos a…
—Claro que no —murmuró no muy seguro—. Lo digo porque mi mamá está en el trabajo y pensé que te gustaría bañarte.
—Oh —la propuesta se escuchaba encantadora, pero no creo que estar en un lugar sola con un desconocido sea buena idea, por más que quiera arriesgarme ésta noche.
—También estará mi hermanita —agregó.
—Bueno…entonces si me encantaría tomar un baño —acepté un poco desconfiada, aunque emocionada por la idea de bañarme en una regadera de verdad.
Llegamos al apartamento de Mike en poco tiempo, no era un apartamento muy grande, al contrario, como la mayoría de los departamentos de barrio, era viejo y descuidado, sólo estaba conformado por una sala, cocina, comedor pegado y tres puertas, que supongo, son las habitaciones. Si me preguntan a mí, éste es un muy buen techo para vivir.
Debo admitir que Mike el típico chico vago. Espero no estar tomando una decisión equivocada.
—El baño se encuentra al final del pasillo, siéntete como en tu casa —ofreció.
Un toqué en la puerta me interrumpió antes de que pudiera agradecerle, así que sólo caminé al baño, pero antes de que pudiera desvestirme, Mike me llamó.
—Bella, hay un hombre en la puerta que quiere hablar contigo.
— ¿De qué hablas? —le pregunté saliendo de baño un poco decepcionada por la interrupción a mi cita con el agua caliente —. Mike, ¿Por qué alguien querría hablar… —me quedé congelada al ver a la persona que estaba parada en la sala.
—Hola, pequeña Bella.
A/N: Wow, sólo tuve un día de retraso. Bueno, técnicamente. En fin, ¿Quién creen que sea la persona en la sala? Sé que muchos tal vez querían más drama en éste capitulo, pero tenía que explicar los cambiantes sentimientos de Bella y de Jasper. Como verán, Bella es un remolino de emociones, ni ella sabe lo que quiere, por suerte yo sí, no se preocupen.
Besos.
-Sally-
