Lamento la tardanza... Mucha confusión en mi cabeza al momento de elegir el rumbo, pero ya me logré centrar n.n
Espero les guste!
Ilusiones
- …supongo… que mi japonés no es muy fluido, ¿cierto? – lo miraba de reojo, frunciendo la nariz, como si apestara, pero ni por esas el otro se alejó.
- Lo es. Pero más el de Isaka-san…
- Como sea, podrías haberte adelantado… Yo puedo llevar a mi prometido sin ningún problema a Marukawa, Iokawa…
- Lo sé. Pero YO soy su SECRETARIO… En cambio, su labor es únicamente de alcoba… - Yokozawa calculó que el rostro de su pareja podía llegar a freír una docena de huevos de codorniz en esos momentos por lo rojo que lo había vuelto el comentario insolente de su lamentablemente ahora… subordinado.
- ¿Pero cómo te at
- Llegamos, este es nuestro paradero… Vamos, Zen… - Yokozawa lo tomó de la mano y lo jaló hacia afuera, seguidos por Iokawa. Kirishima se aseguró de que ninguna parte del trasero de su novio quedara a la vista del sujeto.
Ya eran más de las doce, y por ende, era la hora de almorzar. El momento perfecto para poder conversar acerca de los resultados de la consulta, pero no: tenían que tener cerca a ese odioso mequetrefe.
- ¿Dónde almozaremos? – se colocó casi pegado a Yokozawa. Kirishima se detuvo.
- Tú, no sé. Llevaré a Takafumi a nuestro restaurante de todos los días. Con tu per
- Yo voy a donde va mi Jefe – con descaro, tomó al morocho del brazo, irritando al máximo a Kirishima. Pero…
- Tú lo has dicho…
- ¿Eh? – ambos lo miraron con incredulidad. Kirishima ofendido ante la posibilidad de que estuviese de acuerdo con tener a ese holotúrido con ellos, e Iokawa esperanzado ante la idea de haberle ganado a Kirishima.
- …soy tu Jefe y debes obedecerme. Y mi orden es que te largues de mi vista – él también ya estaba harto de las faltas de respeto del sujeto. El pobre retrocedió bajo la mirada del Oso – Estoy fuera del horario de oficina de mi pareja y mío, así que en estos momentos no te necesito. Ve a comer a otro lugar.
- Pero… Yokozawa-san…
- ¡HE DICHO! – le faltaron piernas para irse corriendo. Su novio se echó a reír – ¿De qué te ríes, zopenco?
- Nada, nada… …ahora ya veo por qué te tienen tanto miedo…
- Cállate y vamos si no quieres que me arrepienta…
- Awww – lo abrazó por la cintura, sonrojándolo completamente - ¿Tanto así me quieres para ti solito?
- ¡IDIOTA, SUÉLTAME! ¡NOS VAN A – su corazón se detuvo. Delante suyo estaba nada más y nada menos que Usami Akihiko, quien los miraba completamente sorprendido.
- ¿Ki…Kirishima…-san…? – junto a un jovencito de ojos verdes que reconocía como uno de los subordinados de su novio.
- Takahashi-kun… Me descubriste – le sonrió divertido, soltándolo con delicadeza.
- Vaya, vaya, de modo que lo que oíste de casualidad mientras husmeabas a Ijuuin-sensei – el menor del grupo se sonrojó hasta la raíz de sus cabellos, haciendo sonreír hasta al mismo Yokozawa – era verdad, Misaki: Kirishima-sama ha logrado conquistar el corazón del soltero más codiciado de Marukawa Shoten…
- ¿Eh? – miró a su novio, mientras Kirishima lanzaba un suspiro.
- Para que vea, sensei… Aún ahora hay ciertas alimañas estúpidas rondándolo…
- ¿Cómo que soltero más cotizado? ¡Ese era Zen! – se sonrojó por su propio comentario – Yo… bueno…
- Jajaja… En realidad, Yokozawa-san, todas las mujeres de la Editorial fantasean con usted. Dicen que su personalidad es muy atrayente… Y ahora, que se sabe de su relación, las editoras de Zafiro han instado a sus autoras a hacer mangas basados en su historia…
- ¿QUÉ? – gritó alarmado ante el comentario de Misaki.
- Es un honor que las sensei hayan aceptado, si es el caso – lo abrazó por la cintura. Y él se tranquilizó – Sin embargo, les agradezco que me lo hayan comentado, porque solicitaré que no se haga por el momento… Como saben, nuestra situación familiar, es… un tanto…
- He oído al respecto… Misaki llegó llorando el día que todo ocurrió – el pequeño se sonrojó y bajó la mirada, triste. Yokozawa anotó tratarlo con consideración desde ese día – Me va a perdonar… pero… Su madre parece haber nacido de una víbora…
- No tengo nada que disculparle, sensei… A mí mismo me decepciona día a día… - su rostro se ensombreció, pero para su sorpresa y la de Misaki, Yokozawa le acarició la mejilla, sonriéndole.
- Suele pasar… Mientras sean felices, sin embargo, que el resto no les importe.
- Lo sé. Takafumi me ha iluminado la vida – el menor se sonrojó por completo y desvió la mirada, arrancándole un suspiro – Bueno, íbamos a almorzar, ¿nos acompañan? – sabía que era una cortesía, pero también que a Zen no le importaba que dos amigos los observaran interactuar en su intimidad. Y honestamente a él tampoco.
- No, descuide, Kirishima-san. Misaki y yo ya almorzamos. Estaba acompañándolo hasta Marukawa para evitar que ese mangaka gay me lo intente raptar…
- …Usami-sensei-sama – el más joven lo miró con reproche - …no estás en posición de llamar así a Ijuuin-sensei…
- ¡Jajaja! Descuide, me encargaré de que se relacione lo mínimo con Misaki-kun…
- Esa noticia me motiva a seguir trabajando – los dos se inclinaron ante el escritor – Por cierto… Fuerza – apoyó las manos en sus hombros, y los miró con seriedad – Estando juntos todo podrá ser resuelto… Nadie puede juzgarlos, y si lo hacen, me avisan. No pienso llenar las bóvedas de una editorial intransigente e irrespetuosa…
- Descuide – Yokozawa se animó a hablar al fin – Tenemos el apoyo de Isaka-san…
- Entonces todo está bien… Saludos a su preciosa niña…
OwO
Tras despedirse de ellos y chocar con unas veinte editoras que los encontraron "de casualidad" por esa ruta que sólo ellos conocían, llegaron a su restaurante favorito. Alejado, cálido y, aunque Yokozawa no lo quisiera aún admitir, romántico, solía reunirlos en las noches que necesitaban un poco de intimidad para mostrarse su afecto ante un público que poco o nada los conocía…
- El otro día probaste este, amor… Y dijiste que te gustó mucho…
- Ah, cierto, lo había olvidado. Yo quiero entonces ese… ¿Y tú?
- En realidad no tengo mucha hambre…
- Entonces pidamos sólo un pla – calló ante la mirada seria que le dirigió.
- Tú comerás una ración entera… Yo sólo pediré un sándwich.
- Eso tampoco es una comida – se quejó con resentimiento.
- Yokozawa… no me hagas renegar… – le lanzó una mirada fulminante y luego pidió la orden. Cuando el mesero se hubo ido, volvió a mirarlo – Bien, estoy listo y presto a oírte…
- ¿Eh?
- Me ibas a decir algo antes de que esa alimaña nos interrumpiera. Estoy listo para oírlo…
Se puso tenso. En ese momento había resultado desesperante no poder hablar, pero ahora… Ahora se sentía como un ciervo acorralado.
- Te estoy escuchando… O debo recordar
- No. Yo… - suspiró - …debo tomar unos suplementos alimenticios debido a una baja en la vitamina C…
- ¿De verdad? – lo miró a los ojos. No era del todo correcto, pero dado que había pedido saber lo que ocurría, así fuese una verdad modificada, asintió - ¿Hace cuánto que estás con esa baja…?
- Pues… - y ahí sí que bajó la mirada. En eso sí que era mejor no mentirle, aunque las consecuencias fuesen funestas – U…un año…
- ¿QUÉ? – su grito hizo voltear a todos los comensales. Yokozawa cerró los ojos, esperando el golpe, el grito, o lo que fuese a hacerle. Pero sólo oyó un suspiro prolongado – Sólo porque te amo y porque al menos 365 días después soy informado, no termino la relación… - los ojos azules se entreabrieron levemente – Pequeño tonto… - le acarició la carita, alzando su mentón para depositar un casto beso – Desde hoy comerás sólo alimentos ricos en vitamina C, ¿entendiste?
- Si…
- Especialmente… - susurró de manera sensual – el que empieza en coi… y termina en un… "Haaa… así, Zen…" - jadeó sexualmente, y acarició su entrepierna por debajo de la mesa.
- …oi… - se sonrojó – Cállate, y controla tu mano… - lo alejó.
- Está bien, está bien… Come todo, ¿sí? – les trajeron su orden y Kirishima solicitó un plato similar al de Takafumi.
- ¿No dijiste que no tenías hambre? – se tomó su tiempo para contestar, partiendo en dos el sándwich.
- …no puedo comer cuando estoy tenso… Me asustaste mucho. Tú que tienes a tu familia completa quizás no lo entiendes, pero… Yo vivo con la sombra continua de que un simple resfriado te aleje de mí…
- …lo siento… - le sonrió, y con mano temblorosa le acarició los labios. Un par de jóvenes que estaban sentadas en la otra mesa suspiraron, sonrojándolo completamente – Pero no pasará nada, créeme…
- Sugieres que soy exagerado, ¿verdad? – besó su mano - Lo sé, pero… Si algo te llegara a pasar… yo
- ¡Buenas tardes! ¡Qué alegría que pude encontrarlo! – la mujer insoportable llamada Haruka se sentó en su mesa, sin invitación, y pegada por completo a Kirishima, quien no apartó la mirada de Yokozawa. Adquiriendo lentamente un lindo color vino – Lo busqué en Marukawa y nadie me dio razón de su paradero… Traje su almuerzo, no debería
- Tienes… veinte segundos para irte… a partir… de este… momento…
- Zen…
- Pero, considero que usted
- Quince…
- Hem… Haruka-san, yo creo que
- No le hables… Diez…
- Ya… ya veo… - aparentemente reconsideró las cosas al oír que Kirishima le daba una orden a su pareja que el otro acataba sin chistar – Los veré en casa, entonces.
- No. Tu horario termina a las cinco en punto. No te quiero ver en el departamento cuando lleguemos. Y considerando que es viernes, nos veremos el lunes. No te necesito los fines de semana…
- Pero…
- Cinco…
- Mejor vaya… Yo la llamaré si la necesitamos… - sentía un poco de pena por la mujer. Se sonrieron mutuamente con incomodidad antes de que el último dedo de Kirishima fuese bajado – No deberías ser tan descortés… Sólo hace su trabajo…
- ¿Llamas trabajo a que quiera reemplazarte en nuestra cama? – el otro se puso tenso.
- Claro que no.
- Me parece perfecto que opines como yo – lo besó – Bueno, continuemos… Te vas a comer todo, hasta el último arroz… ¡Y no me mires así, mocoso atrevido!
OwO
Terminaron de comer y marcharon abrazados a la editorial. Sin embargo, por acuerdo mutuo, nada más llegar a una cuadra anterior, se soltaron. Si bien es cierto ahora ya todos sabían sobre ellos, no tenían la más mínima intención de darles más motivos para hablar… Y Kirishima mucho menos deseaba someter a su novio a burlas inapropiadas. Ya había soportado estoicamente las generadas a causa de las fotos anteriores que él mismo había difundido entre los suyos… sólo a nivel de amigos.
- ¡AHÍ ESTÁN! – sin embargo, como comprobaron nada más ingresar al edificio, Marukawa albergaba una gran cantidad de fujoshis y fundanshis. Fueron rodeados por un par de docenas de trabajadores que los miraban con ojos de cachorritos.
- ¿Ocurre algo? – Kirishima lo cubrió con prudencia, arrancando suspiros que los sonrojaron completamente.
- Es que no los vimos llegar y creímos que estaban enfermos…
- O de Luna de Miel…
- Jajaja, nada de eso, nada de eso… Aún no nos casamos… - otra tanda de gritos. Yokozawa, nuevo en el arte de ser considerado un sex symbol, se aferró a su espalda, viéndose, si es que era posible, cuatro veces más tierno.
- Pero para la Luna de Miel no es necesario casarse… ¿O sí?
- ¡Claro que no, tonta! Es más, creo que renuevan sus votos diariamente…
- Así es… ¿Ya vieron el cutis de porcelana de ambos…? ¿Serán sukes? – esto último definitivamente le causó gracia al morocho, ya que era un gancho de izquierda a la vanidad de su novio.
- Jajaja, no, no. Yokozawa es un hermoso osito Teddy dispuesto a quedar con las baterías al rojo vivo cuando lo pongo en funcionamiento – pero quien terminó despedazado en su amor propio y con la fama de Oso Gruñón por los suelos fue él mismo.
- ¡OI! ¡¿QUÉ IDIOTECES INVENTAS, JUMENTO?!
- Ya, no te enfades… Dime, mírame bien… - todas y todos los presentes suspiraron cuando se abrió el saco y le mostró a su novio su camisa, su pantalón, toooda su perfecta humanidad en un giro elegante de galán de cine - ¿Luzco en verdad como un uke, mi amor…? – luego de recobrar el aliento y obligar a sus ojos a elevarse hacia su rostro, negó frenéticamente, con la mano en la frente. ¿Por qué estaba teniendo que sufrir el peor caso de novio acéfalo del mundo…?
- Vaya, vaya… ¿De modo que ya es vox populi? – Takano acababa de llegar junto con Ritsu. Al ver el sonrojo de su casi nuevo amigo, le sonrió con esfuerzo, dándole a entender que lo comprendía muy bien.
- Las buenas noticias vuelan… y los buenos trabajadores trabajan – suspiros de queja se dejaron oír, pero Kirishima logró dispersarlos – No te enfades conmigo. En estos momentos es más conveniente ser la comidilla del resto que dos treintones amargados adictos al trabajo, y no lo digo por ti – se apresuró a aclarar antes de que el otro replicara.
- Aun así… no deberías darles tantas alas… Lo saben los trabajadores, pero los de las imprentas y librerías pueden no estar conformes… Imagina que los encargados de
Ijuuin-sensei te vean como un
- Por ellos no se preocupe – el aludido llegó, completando el quinteto de guapos solteros codiciados que estaban fuera del alcance de cualquier mujer – Saben desde hace mucho que yo tengo mi forma muy particular de amar… No habrá problemas…
- Y con todo lo que se habla sobre las Doncellas de Esmeralda… Relájate y ocúpate sólo de tu relación, de tu hija y de la Editorial. Piensa en ti alguna vez, maldito idiota… - Takano lo golpeó ligeramente en el hombro y él se sonrojó, provocando celos en Kirishima.
- Gracias por su apoyo… Bueno, vamos, ¿verdad? Ibas a ir a tu – una voz conocida llamó su atención desde la recepción.
- Por favor…
- Pero… es que recién acaban de llegar. No sé si puedan atenderte – la recepcionista lucía inclinada hacia adelante, para poder captar dentro de su campo visual al poseedor de la vocecita que sonaba ansiosa.
- Por favor… ¡Inténtelo, es de vida o muerte!
- ¿Mamoru? – los dos se acercaron a paso apurado. Y el pequeño corrió para abrazarlos.
- Zen-chichi… Niichan… - y empezó a llorar, sin dar mayores explicaciones.
OwO
Debido a la bendita reunión no programada de Isaka-san, ambos habían tenido que dejar a Mamoru con Tanaka-san, ya que afortunadamente no se encontraban en el fin de ciclo de
Z-Kan. Pero tan pronto como concluyó, Yokozawa había tenido que marchar, para molestia de Zen, con Iokawa, a visitar Librerías. Cómo odiaba a ese sujeto, pero esperaba que no intentase nada que lo sometiera a un homicidio de parte del Oso.
- Estuvo jugando con sensei… Y luego se quedó dormido...
- Parece un ángel… Gracias, Tanaka-san… No sé qué habría hecho sin usted…
- Cómo se nota que no confías en mí, Zen – rieron – Me estuvo contando sobre sus fines de semana – cerró la puerta de su estudio y continuo hablando con ellos – Los ama mucho… Lo oía, y te juro que si no lo supiera habría creído que era hijo de ambos…
- Lo sé. Es que… tiene cosas de ambos, ¿te has dado cuenta? El color de cabellos mío y de Hiyo… Y los hermosos ojos de Takafumi…
- Sería un lindo comienzo… - sugirió Tanaka. Y ambos lo miraron – Cuando todo se solucione, porque lo hará, tener un niño en común demostraría al mundo que nada es prohibido…
- Lo sé… por primera vez, créame, he decidido algo por él y por mí…
- No me digas que… - sólo lo miró, sonriendo sereno – Vaya, vaya… Sí que te han conquistado…
- ¿Recién te das cuenta? Lento… Ya quiero el siguiente tomo, así que no dejes de obedecer a Tanaka-san…
- Ah… nos enemistas desde el inicio…
- Jajaja, maldito flojo… ¡APÚRATE! Quiero ese Storyboard para el lunes… mira que
- Zen-chichi… - la vocecita les llegó desde dentro. Los otros dos se disculparon y salieron de la oficina. Él ingresó, sonriéndole con ternura. Y se sentó frente a él.
- Hola, hermoso… - lo sonrojó - ¿Qué pasó? ¿Por qué estabas llorando…?
- Nos quitarán la casa… - empezó a llorar de nuevo. Y a Zen se le puso la mente en blanco – Abuelito y abuelita están buscando hogar para los niños con urgencia… pero nadie acepta… Nowa-chan y Hiro-chan están haciendo turnos extra para ver si pueden reunir dinero suficiente y pagar meses de adelanto… Pero, si nada de eso sucede… iremos a una entidad del gobierno… Y ya no podré verlos… - se aferró a su cuello y lo llenó de la cálida humedad de sus lágrimas. Lo abrazó con fuerza, como cuando Hiyori se asustaba al sentir un temblor casi imperceptible, y le besó la cabecita hasta que se hubo calmado.
- Todo va a salir bien… Mírame – se separó. Al rubio se le hizo pasita el corazón: el niño era demasiado tierno, casi tan tierno como recordaba había sido Takafumi de niño, ¿por qué diablos lo habrían abandonado? – No voy a dejar que los echen… Y en determinado caso, te prometo que no se quedarán en la calle… Tus papás, tus abuelos, Takafumi, sus padres y yo haremos algo, te lo prometo…
- Pero ustedes tienen un problema muy fuerte… Mis papás querían ayudarles, pero con esto… Yo no quiero que se separen… y tampoco dejar de verlos… - se volvió a aferrar a él. Zen lo sentó en sus piernas, y no le importó que su camisa nueva se empapara. Digitó un mensaje en su celular, para calmar a los Kusama, y otro para avisar a Yokozawa. Había llegado el momento.
OwO
Estaba a un paso de perder la poca paciencia que tenía. Odiaba a muerte al sujeto. De veras, sin exagerar. Así que se detuvo y lo encaró. Afortunadamente era una calle concurrida, así que no había que temer un ataque de insolencia.
- Visitamos todas las librerías, gracias por tu ayuda. Hasta mañana.
- Lo acompañaré a casa, nece
- No te necesito. Ni en la Editorial, ni en mi vida. No sé si es amor, no sé si es un estúpido capricho subreal… Pero no te necesito. Y en estos momentos, debo ir a casa, por mi hija, para salir. Y me estorbas – el otro bajó la mirada – No soy la persona destinada a ti. Soy tu Jefe, aunque en estos momentos esté confinado a un trabajo elemental. Así que por favor, Iokawa. No me generes más problemas de los que ya tengo… No tienes una idea de mi nivel de estrés, no quiero perder los papeles por culpa de un encaprichamiento…
- ¿Ha notado que esa relación está enferma…? No lo digo porque sean hombres, lo digo por
- Sé a lo que te refieres… y puede que tengas razón… Pero yo voy a luchar hasta el final… Tú no conoces mi historia… - sintió un nudo en su garganta. No por Takano. Por la posibilidad de alejarse definitivamente de lo único que hacía que su vida tuviese sentido – No sabes las veces que he llorado solo… ni el momento en que mi persona elegida vino a rescatarme… No sabes cómo fue que conocí a nuestra hija, y la manera en que me recibió… No sabes lo que ese hombre y su hija hicieron por mi único ser importante cuando creí que lo perdía… No sabes nada de nosotros, al igual que su madre – una lágrima cayó. E Iokawa, por primera vez, se odió por ser el causante – Por favor, Shiro – abrió los ojos al oírlo hablarle de esa manera – entiende… Aún si este amor mutuo muere, yo no dejaré de amarlo… - lo miró fijamente con sus ojos que cada vez se volvían más azules al hablar de Kirishima… Y dio media vuelta rumbo a la estación, a paso apurado… Deseando estar cerca de las personas que más amaba en el universo.
- Si gusta… podemos ir juntos a la estación… por la otra entrada… - una voz familiar llamó su atención a sus espaldas. Y cuando volteó, sus ojos verdes se sorprendieron al ver a un hombre ligeramente más bajo que él, pero a todas luces su mayor. De cabellera castaña oscura y una sonrisa bondadosa que dejaba mostrar una perfecta dentadura, el hombre frente a él sostenía de la mano a un pequeño niño que debía tener unos quince años… Un niño que nada más verlo, a Iokawa le produjo una inmensa ternura. Aun mayor de la que le producía Yuuto, su sobrino.
- Kuroda-san… Lamento habernos adelantado, pero
- Descuide. Como le dije a Yokozawa-san, debía recoger a mi Ryuu de la escuela. Se ha sentido un poco mal estos días, y yo la verdad… La verdad es que no tenía tampoco cabeza para seguir conversando con los encargados de Marimo…
- Entiendo… Hola, pequeño… Soy Iokawa Shiro, colega de tu padre… ¿Cómo te llamas? – el pequeño lo miró a los ojos, con esos ojos verdes heredados de papá que lo habían lucir como un ángel. Y le sonrió ampliamente.
- Ryuutaro, niichan… Kuroda Ryuutaro…
- Hijo…
- Descuide… Ryuu-kun… ¿te gustan los dulces…? – el pequeño asintió – En ese caso, antes de ir a casa… ¿me acompañan a comer un helado…? – los dos hombres se miraron. E Iokawa, que solía a veces ser un poco enamoradizo, creyó leer algo que definitivamente no existía en los ojos de Yokozawa cuando les ocurría lo mismo.
- Por supuesto que sí… De paso que le sigo explicando el proceso de ventas de Japun – le sonrió afectuosamente, sintiendo un extraño cosquilleo en el corazón.
- …nada me haría más feliz… Sempai.
OwO
Llevaban una hora completa acunándose mutuamente. Kirishima cantándole las canciones de cuna que Sakura le había enseñado antes de que Hiyo naciera… Y Mamoru aferrado a su camisa, deseando que ese contacto no se perdiera nunca.
De más niño, siempre había deseado un papá así… Y una mamá como niichan. Seria la mayor parte del tiempo, pero con la capacidad de derretir un cubito de azúcar con una sola mirada. Cuando lo vio trepado al árbol, para bajar el juguete… Cuando le vio sonrojarse al ser descubierto en su amor secreto… Mamoru había deseado con todo su ser quedarse con ellos… Ser uno con ellos…
- Mamoru-kun – la voz firme de Hiyori los hizo dar un respingo. Asustados, pese a tener los rostros llorosos, la miraron con ojos desorbitados. Ella estaba con las manos a los costados, en actitud retadora – ¿Cuántas veces te he dicho que no se solucionan las cosas llorando?
- Hem… nunca… - ella se sonrojó.
- Pues da igual. A partir de ahora aplicarás ese precepto o me enojaré mucho contigo… - miró a su papá, y se sonrieron dulcemente.
- Acompáñalo a los servicios… no habrá problema en que entren al de damas… Ya no hay nadie más en este piso…
- Sí, papi. Ven, Mamoru… - se lo llevó de la mano. Y quedaron solos. Yokozawa se acercó, con timidez, y él le dio el encuentro. Le acomodó la camisa empapada y limpió los rastros de lágrimas que aún se veían en su piel.
- No entiendo a veces al mundo… ¿Soy tan torpe…? – empezó a llorar de nuevo.
- No. Eres un ángel, eso es lo que pasa… - lo abrazó – Zen… yo… quería hablar contigo desde hace mucho, pero…
- Yo también – se separó y lo tomó de las manos – Hay algo que no te he dicho…
- Yo también…
- Yo… a tu nombre y el mío… he iniciado desde hace dos semanas su adopción… - el otro abrió los ojos como platos – Perdóname por hacerlo sin consultarte, pero – lo abrazó con fuerza, más que otras veces, con el corazón saltándole en el pecho - ¿Amor…?
- Te iba a pedir hacerlo… Yo… yo no puedo darte hijos… Quisiera, pero no puedo. Estuve averiguando si había un método para lograrlo, pero es imposible…
- A veces eres tan tontito – rió divertido.
- Me contagias… Gracias – el otro lo besó - ¿Cuándo sabremos si…?
- Creo que mañana… o el lunes… tendremos una entrevista. Pero ya me lo quiero llevar a casa – rieron – Estaba pensando, dado que ya son grandes, y no quiero incomodar a Hiyo, que ella puede ocupar mi habitación, Mamoru la tuya, y nosotras ir a la de ella. Después de todo, no necesitamos un ambiente muy amplio – lo atrajo por la cintura y empezó a besarlo – Recuerda que cuanto más cerca… yo… tú… - Yokozawa ya empezaba a soltar pequeños gemiditos, y a soltar el cuerpo para que el otro hiciese su voluntad, pero
- Ejem – el carraspeo de Hiyo los hizo regresar a la realidad, poniéndolos a ambos muuuy colorados – Disculpen, tórtolos, pero… hay niños cerca… - Mamoru sonreía mirándolos a través de sus dedos, que convenientemente no cumplían su labor de tapar sus juguetones ojitos azules.
- Ah… mocosos del averno, ¿osea que no puedo seducir a su madre cuando me da la gana? – lo abrazó por detrás, haciéndolo reír.
Luego de unos diez segundos de risa de parte de los niños, Hiyo se quedó callada y el pequeño también. ¿SU… madre…? ¿De ambos…? Mamoru bajó la mirada, aún impactado con esa expresión, intentando no ilusionarse…
- Entonces… ¿lo hiciste? – los dos ojiazules la miraron sin comprender. Kirishima asintió, y ella, luego de saltar y chillar con alegría, apachurró a Mamoru - ¡WIII, YA TENGO UN HERMANITO!
- ¿Qué…?
- Hum… amor… creo que no quiere… - Zen bajó la carita con tristeza y se fue a un rincón. Yokozawa, quien lo conocía más que bien, aguantó la risa, igual que la niña, pero el pequeño se aterró.
- ¡NO ES ESO! – corrió hacia él – Es sólo que… que…
- ¿No soy lo suficientemente rubio…?
- ¡Claro que no!
- ¿Lo suficientemente guapo…?
- ¡NO! ¡Digo, es hermoso! – se sonrojó por su propio comentario.
- ¿Por qué cocino terrible…?
- ¡COCINA RICO! Es sólo que… yo… yo… - gimoteó – No puedo creer que sea cierto…
Se acercaron los tres, y lo abrazaron, con amor. Zen le alzó la carita y le sonrió, como sólo lo hacía para Hiyo.
- Es cierto… y no por esto que ha pasado… Hiyo y yo lo conversamos el mismo día que te conocimos… y aunque no se lo dije a Takafumi, era evidente que aceptaría porque se ha enamorado de ti… - Yokozawa se sonrojó – Así que, siéntete dichoso: eres el único hombre sobre la faz de la Tierra al que le doy el permiso de amarlo…
- Y es correspondido… - se atrevió a hablar – Nii… papá es muy lindo… - Hiyo se enjugó una lagrimita que le caía por su mejilla.
- Mamoru… - la voz de Nowaki sonó angustiada y aliviada al mismo tiempo cuando él y Hiroki entraron en la oficina, llorando, con miedo rayando en la desesperación. Los Kirishima se apartaron y los dos hombres se tiraron al piso para estrecharlo entre sus brazos – Mamoru… Te hemos buscado por todo Tokio, ¿por qué nos hiciste eso…?
- Es que…
- Pensé que te había pasado algo… - los ojos cafés, parecían derretirse – Me iba a morir si eso pasaba… ¿no sabes que eres el líder…? – Nowaki lo abrazó, en una muda y tácita manera de decirle que ya debía calmarse porque lo habían encontrado en el lugar más seguro de la ciudad.
- Eso nos pasa por olvidar que estaba con sus padres y su hermanita… Deja de llorar… - se sonrieron – Porque ya lo saben, ¿verdad? Me dijeron que le enviaron un mail, Zen…
- ¿De veras…? – corrió a su laptop. Y empezó a reír – El lunes, el lunes debemos ir, cielo – Yokozawa se sonrojó. Aún no se acostumbraba a las muestras de cariño frente al resto – Pero… - el rostro de Kirishima se fue apagando – Quieren… que vayan sus abuelos…
- Mis padres estarán felices, no se preocupe…
- No… Los Yokozawa y los Kirishima… - Takafumi abrazó al niño. De nuevo, una vez más… todo se sentía a la deriva…
OwO
Decidieron comprar un pijama para el niño antes de regresar a casa… la primera cosa que le comprarían juntos, mitad a mitad, como papás suyos. Los Kusama sonreían tiernamente al observar la escena de los nuevos hermanitos, discutiendo sobre si un pijama de ositos, a los quince, significaría que alguien pudiese burlarse de él.
- ¡No seas terco! Niichan tiene uno igualito, lo usamos los 14 de febrero, ¿verdad, papá?
- Así es… El osito es la marca oficial de nuestra familia, algo así como nuestro blasón – Yokozawa se sonrojó – Takafumi-haha es un osito de felpa, como has podido comprobar desde que lo conoces… - Yokozawa empezó a quejarse por ser llamado mamá, para risa de los niños y la otra pareja.
- También podría ser de gatitos… Por Sora-chan… - sugirió Nowaki, mientras Hiroki se abrazaba a su brazo.
- Ah, cierto… Porque yo soy el gatito de la familia… - le lanzó tal mirada a Yokozawa que logró callarlo, y hacer que huyese a la sección ropa de cama, para elegir el edredón del niño – Jajaja, predecible…
- Quizás es mejor que nos vayamos… Ya es tarde, y la casa nos queda lejos…
- Nada de eso. Hoy duermen en nuestro departamento… - los niños hicieron una pequeña danza. Ya Mamoru contaba en sus manos con un par de pijamas, uno celeste con ositos marrones en los bordes de los puños y el dobladillo, y uno verde con unos gatitos negros como estampado de toda la tela.
- Zen-chichi, ¿cuál es el más bonito…?
- Hum… ¿a ti cuál te gusta?
- Pues… - miró sus pies. Entendiendo, Kirishima los tomó con delicadeza y luego les hizo un gesto con la mano para que se fueran.
- Ahora ropa interior… Eres libre de elegir unos de bobitos si lo deseas, Takafumi tiene unos así…
- ¿Oi, quién dice eso? – definitivamente hoy era él el punto…
- Jajaja, está bien… ¡Vamos! – se fueron corriendo tomados de la mano.
- Dudo… que al verlos así… den un plazo adicional para deliberar. Estoy seguro de que ya será un nuevo Kirishima el mismo lunes…
- Kirishima no, Nowaki – Takafumi los sorprendió. Incluso Zen lo miró asombrado – Será Yokozawa Mamoru.
- Pero…
- Es lo justo… Tú tienes a Hiyo y le heredarás todo lo que le dejes… Yo quiero tener un heredero… y que mi apellido se multiplique… - casi hizo un pucherito, enterneciéndolo.
- Yokozawa Mamoru y Kirishima Hiyori… De acuerdo, esto es una especie de Más barato por docena, sólo que son dos únicamente – rieron – Ah, y debemos comprarle una mascota…
- No le hagas eso a Sorata… - suplicó – Ya es viejo… se podría encelar y si se enferma… - su rostro se entristeció. Kirishima suspiró, y le acarició los cabellos.
- Gomen, tienes razón… Perdón amor, no haremos eso… - lo atrajo hacia su cuerpo.
Nowaki y Hiroki se miraron y sonrieron. No había en el mejores padres en el mundo para su pequeño Líder.
OwO
- Gracias por la comida… - Nowaki le sonrió a Yokozawa cuando, después de tocar y recibir el consentimiento de ingreso, entró en su habitación para dejarles un par de yucatas que ellos solían reservar para cuando recibían invitados de la familia de Kirishima.
- A ustedes… La verdad es que con la emoción de tener a Mamoru aquí – el pequeño se abrazó a su cintura – me sentía un Zen más de la familia… - rieron.
- Claro, hablando mal de mi a mis espaldas… Ya te he acondicionado un pequeño colchoncito en el cuarto de Hiyo… Es hora de dormir… - los empujó para que se despidieran de los invitados y se los llevó al cuarto de Hiyo. Ya Mamoru estaba vestido con el pijama de ositos – Bien… a hacer sus oraciones y a dormir. Mañana conversan todo lo que quieran…
- ¿Compraremos un camarote, papá?
- No, mi amor… Tú dormirás en la habitación de Takafumi y Mamoru en la mía. Mañana empezaremos la mini mudanza… - el pequeño se asustó.
- ¿Y ustedes?
- Nos acomodaremos aquí… Aunque somos enooormes – los hizo reír estirando los brazos en toda su extensión – podemos acomodarnos…
- Está bien… Papi… ¿Mamoru-kun estudiará en mi colegio, verdad? – lo miró con ilusión.
Kirishima tenía a Hiyo en uno de los mejores colegios de Tokio… entre los de mensualidad media, obviamente. Su sueldo de Jefe, aunque no representaba ni la décima parte de la de un político, le había alcanzado hasta ese momento para poder darse ese lujo y poder cubrir satisfactoriamente las necesidades secundarias de su hija, ya fuese ropa de marca, zapatos finos, sus útiles, vacaciones de a dos, visitas a restaurantes caros… Antes de Yokozawa, la vida había sido incluso ligeramente más holgada… Y aunque eso no significaba que ahora el joven representase un gasto más, Kirishima aún podía darse el lujo de prohibirle pagar los servicios, o cualquier otro gasto…
Soy el hombre de la casa, no porque te menosprecie o porque quiera minimizarte por lo que vivimos en nuestra cama… Cuando te elegí para nosotros dos, asumí tu responsabilidad… Ámanos a los dos… a los tres, con Sora-chan. Y ya te habrás encargado de mantener nuestras mentes y cuerpos sanos, mi amor… No necesito aún que me ayudes, ¿lo entiendes verdad…?
Y Yokozawa, rojo como un tomate, había asentido… por lo que así, tácitamente, habían acordado que los gastos iban a cuenta de Kirishima… y los ahorros a cuenta de él. Y el joven de los ojos azules se sentía feliz, y satisfecho. Eran una pareja constituida ya, y era feliz, ¿por qué no dejarle hacerlo sentir como su amada esposa si él le daba todo…?
Pero ahora… se le complicaba un poco la vida económicamente hablando… Una mensualidad más de esa naturaleza convertía sus posibilidades de hacer las cosas extras en nulas…
Aunque estas reflexiones no le hicieron disminuir la sonrisa, algo en su mirada debió alertar a Mamoru, porque se apresuró a responder.
- Yo estudio en un colegio público y me va muy bien… De veras. No es necesario que
- Sí estudiarán juntos, por supuesto… No dudo que tu colegio sea muy bueno, lo he descubierto por tu vocabulario y tu capacidad matemática de hace un rato al calcular el vuelto… - se sonrojó – Pero, son hermanos… y mamá osita no estaría feliz si yo permitiese eso… Así que, par de tunantes… A dormir – los dos lo apachurraron en grupo y corrieron a sus camitas.
- ¿Ya están roncando? – Yokozawa apareció en el umbral, sonriendo. Los dos volvieron a correr para abrazarlo como si hubiesen visto a Papa Noel entrar en Navidad, y esta vez Kirishima se unió, besando su frente – Es muy tarde ya, y Nowa-chan y Hiro-chan ya están descansando… Mañana podremos hablar de todo lo que quieran y acondicionar sus habitaciones… Así que… a dormir… - su autoridad se hizo patente.
Hasta Sorata, luego de oler a Mamoru, se acurrucó contra él, y cerró los ojitos. Hiyori rió divertida y se abrazó a su osito de peluche, mirando hacia su hermano y el gatito. Los dos les apagaron las luces, cerraron la puerta, y entraron en la habitación de Kirishima sin hacer ruido.
Se desnudaron sin mirarse y se pusieron los pijamas de ositos, sin ponerse de acuerdo previamente, por lo que al mirarse, sonrieron divertidos. Yokozawa ocupó su lado de la cama, y cuando Kirishima apagó la luz, se metió en el suyo, y apoyó su rostro en su pecho.
- Hoy somos oficialmente marido y mujer… Me debes varios besos…
- Supongo que lo de mujer va por ti… Tienes el pijama rosado…
- Jajaja… Capricho de Hiyo, recuerda… Mañana le diremos a Mamoru que nos elija unos de gatitos… Y tú deberás tener el rosado… - hizo pucherito.
- Está bien… - le sonrió. Y luego se puso serio – Zen… hay algo que quiero hablar contigo…
- Dime… - le acomodó los cabellos negros y se incorporó para mirarlo a los ojos. El rayito de luz que entraba por la rendija de las persianas le confería a las orbes azules un brillo precioso.
- Sé… que acordamos que yo sería el que ahorrara y tú el que gastara… Pero ahora yo quiero ayudarte… - el mayor bajó la mirada – Por favor… Si no me dejas tendré que llevarme a Mamoru a mi departamento – lo miró alzando una ceja.
- Eso ni de broma… Y sí, lo sé… Yo… lamento tener que pedírtelo, pero… iba a hacerlo - suspiró – Puedo tentar un aumento, y dudo que Isaka-san se niegue, pero… Aun así tal vez vaya a necesitar que tú me ayudes con algo…
- Yo pagaré el colegio de Mamoru… - iba a negarse, pero lo besó. Como no era muy usual que incluso estando solos se pusiera así de tierno, se dejó hacer y deshacer por esos ojos cielo – Por favor…
- …está bien. Pero sólo eso, ¿sí? – asintió – Y nada de esas cojudeces de pensar en irse y menos buscar otro empleo… Y ya va siendo hora de que nos casemos… Pienso igual que Nowaki, dudo que al verlos juntos se nieguen, pero debemos recordar que somos hombres y no estamos casados… Puede que nos la pongan difícil…
- Si es así… en verdad deberé adoptarlo yo… Quizás como hombre soltero sí me favorezcan…
- Es una posibilidad… aunque yo quiero figurar como su padre también…
- Basta con que lo sepamos nosotros… - acarició sus labios – Ya… cuando pase todo… y nos casemos…
- Takafumi… no debes hacer eso, ¿sabías…? – lo besó, echándolo en la cama y cubriéndolo – No cuando hay visita cerca… al menos…
- Pues… - gimió bajito cuando lo tocó por debajo de la sábana – mantén quietas tus manos…
- No puedo… Tu cuerpo me llama… ¿ves…? Ya palpita… - le sonrió con dulzura.
- No, por favor… No voy a poder contenerme… - le entendió. Lo abrazó con amor.
- Todo irá bien… te lo juro… - en el cuarto de al lado, Nowaki y Hiroki sonreían al oírlos, ligeramente sonrojados por haber escuchado lo anterior – Con mi madre, con Mamoru, con Marukawa… La vida sin pequeñas complicaciones no es vida, es lo que le pone el sabor…
- Supongo que aún tengo mucho que aprender…
- Sí… porque eres un niño a comparación mía…
- Sólo me llevas seis años…
- Son un suspiro del universo… Seis míseros añitos para los setenta que viviremos juntos…
- ¿Piensas ser tan longevo? – besó dulcemente su cuello, haciéndole cosquillitas.
- Si es contigo sí… Así es que cuídate mucho… Mira que ahora somos tres seres humanos y un animalito los que dependemos de ti…
- …lo sé… Me estoy cuidando…
- No tanto… - lo besó - …acabas de caer en las garras de tu lobo feroz…
Se fueron besando con deseo intentando no gemir. Los ensayos en casa de los Yokozawa habían rendido frutos, porque, aunque Nowaki y Hiroki imaginaron lo que ocurría, no lograban escuchar ni siquiera el riz riz de las telas…
- Son crueles… - le susurró el morocho - …hacer el amor a nuestro lado, con las ganas que tengo de amar a Hiro-san…
- Estamos de visita, baka… - se dejó abrazar, y tocar superficialmente – Yo… yo si no puedo contenerme… lo sabes… - se ruborizó.
- Lo sé… Por eso mañana, aprovechando mi día libre, amémonos, ¿te parece? – se miraron a los ojos… y el mayor asintió. Sellando la promesa con un beso.
Y como suele ocurrir cuando hay más de un niño en casa… dos pares de piecitos mas dos pares de patitas regresaron en silencio hasta el dormitorio de Hiyo, cerrando luego la puerta suavemente.
- …soy una molestia…
- No. Papá y niichan habían acordado cuando empezaron a vivir juntos, que las cosas serían así… De modo que… mejor… mejor…
- ¿Mejor qué?
- Hum… - le mostró su meñique. Y él, aunque sin saber por qué, lo estrechó con el suyo – Buscaremos juntos la manera de ayudar, ¿te parece?
- ¡…hai! – esbozó una enorme sonrisa – Hum… Y ya sé cómo podemos hacerlo…
OwO
Nunca recibía visitas, y menos a las once de la noche. De modo que cuando el timbre sonó por primera vez prefirió ignorarlo y prestar atención a la película que veía. Pero cuando ya la quinta sinfonía se dejó oír, tuvo que levantarse de la cama. No fuera a ser que los vecinos lo denunciaran luego por interrumpir su sueño.
Imaginaba que podría ser su hermana, llevando a Yuuto, aunque ya era realmente tarde para ello… O tal vez Kuroda-san, quien ya conocía donde vivía, a raíz de haberse acompañado mutuamente, ya que vivían en edificios contiguos. Cuando fue consciente de que había sonreído al imaginar al hombre tras la puerta, trastabilló.
- Creo que es la falta de sueño… Eso debe ser… Yo amo a Yokozawa-san, soy capaz de todo por él… - abrió la puerta. Y a quien vio, definitivamente, era una persona que jamás habría formado parte de su lista de posibilidades… - Per
- Buenas noches, Shiro… Hace aproximadamente una cinco días que no nos vemos… - la mujer entró cual gata por su casa, moviendo las caderas, pero él no se fijó en ello. Miró fuera, hacia el pasillo, rogando porque nadie hubiera sido testigo de esa visita, y luego cerró la puerta - ¿Me has estado evitando…?
- No. Por supuesto que no. Pero ahora que trabajo entenderás que
- …estar cerca de quien te moja los interiores te ha puesto nostálgico…
- No seas grosera. Ese no es el tipo de afecto que siento por él…
- Pero sí el que yo siento por su pareja… Kirishima es… - se relamió los labios – Digamos que si no fuera porque no se dejan ni a sol ni a sombra yo estaría en otro lugar en este momento…
- Lo dudo. Haruka – la niñera de Hiyo le sonrió con sarcasmo – entiende. Ellos se aman… Yo ya me resigné a
- Ah, no… Tú y yo tenemos un pacto, y debes acatarlo. Yo saco de tu camino a Kirishima, y tú te quedas con tu oso. A mí me gustan más los felinos… Así que, mi querido Iokawa-chan… - lo besó en los labios, sin oportunidad de rechazarla debido a la manera en que sabía hacerlo… Probablemente tan bien como los besos de Kirishima – Estamos juntos en esto hasta el final… No se vale salirse…
La miró con espanto, aunque turbado por su sensualidad, mientras ella dejaba el departamento. Y por alguna razón… tomó el celular y marcó un número.
- ¿Iokawa-san…? ¿Ocurrió algo en Esmeralda…?
- No… Pero… necesito que me haga un favor… Tanaka-san…
Oculto a la vista de Henmi, el hombre mayor fue escuchando atento lo que le decía. Y luego asintió.
- Descuida… Yo me encargo. Hasta el lunes – colgó.
- ¿Quién era? – lo miró desde la puerta del baño, vestido únicamente con una toalla que cubría su desnudez.
- Número equivocado… Lo despaché… - la mirada que le lanzó lo puso completamente rojo, por lo que miró al costado. Grave error.
Para cuando se dio cuenta, ya nada cubría su cuerpo, salvo los lujuriosos y sensuales besos de su seme…
Mil perdones! En mi urgencia por actualizar, no le he dado una revisada al capi. Si hallan horrores... please... Me lo dicen... u.u
