Verano
Era un hermoso día caluroso de verano, afueras de la hermosa ciudad de Paris se contaba con unas hectáreas a la redonda de bosques catalogados como "reserva natural", muchos naturistas se esforzaban por mantener este lugar fuera del peligro de la extensión de la mancha urbana… activistas buscaban sus raíces históricas y con esfuerzo mantenían a los turistas de vagar dentro de esta área inexplorable, aunque insuficientes con las advertencia pues los aventureros eran duros de convencer…. Aunque perdían la intención de deambular cuando "recordaban" pendientes de manera espontánea.
Sin embargo dentro de esta zona, había una pequeña comunidad mágica que resguardaba una lujosa mansión de gran tamaño y hermosos jardines tan amplios que muchos de los habitantes nunca observaron de cercas la arquitectura gótica de preferencia.
Era una de las más antiguas mansiones Black, un recuerdo de una de sus extensiones en el continente… arcos lustrosos eran una cerca hermosa, estatuas plagaban los caminos de piedra que dirigían al gran marco de una puerta pesada y antigua.
Cristales limpios reflejaban la luz del día, las alfombras plagaban los corredores en colores entre verde o azules con sus respectivos retratos alusivos de ancestros orgullosos y numerosas habitaciones se mantenían limpias por un ejército de elfos.
Mientras hubiera un maestro Black lo suficientemente poderoso y cuerdo la magia ligada con los elfos se mantenía fuerte en una orden para cada servidor jurar lealtad y mantener los hogares habitables.
Se han reducido conforme pasan las generaciones.
Los elfos siempre estuvieron manteniendo el recinto olvidado de la familia esperando que algún día regresaran… era un dolor saber lo reducida que estaba la antigua casa, el tapiz que mantenían en el estudio siempre era revisado con el temor de que ocurriera… como a tantas familias… la extinción.
En el momento en que el último con el apellido Black pereciera o debilitara, sería el fin de cada elfo atado a la ancestral casa, pero un día simplemente se tallo dos nombres y saber que había jóvenes maestros les emociono.
Pero siguieron pasando los años y nunca pisaron la antigua residencia.
El tiempo continuo mientras podaban los jardines, las flores marchitaron y se encendieron de vida conforme las estaciones continuaron… como elfos ligados a la antigua familia, sentían la tristeza embargándolos al olvido, sin embargo ese año cambio, para bien.
Fue una maravilla tener a la lustrosa Señora Walburga pisando el salón a través de flu, los elfos aguardaron invisibles el chillido de felicidad… luego vieron a sus encargos vestidos en sus mejores túnicas… niños malditos… ante esto se apagó un poco su euforia pero no tuvieron tiempo para deprimirse.
Los elfos principales, aquellos que sirven directamente a los maestros… Kreacher y Sagitario… pronto tomaron la jefatura, dando órdenes para atender a sus pupilos obligándolos a olvidar su renuencia con los niños malditos.
"Son los últimos de la casa ancestral, tratadlos con respeto" fue el mantra gravado con fuego en sus mentes.
En esa manera los elfos se pusieron a trabajar sin cuestionar, ahora no vagaban por los solitarios corredores ni se dejaban ver por ninguno de los habitantes, pero pronto… aun en su aislamiento… fue notable las actitudes de sus jóvenes encargos.
El mayor, heredero oficial de la ancestral casa era la emoción de amenaza flotante en su entorno con su gesto en perpetua sonrisa maliciosa… el menor cuya gentileza era notable, parecían lados opuestos de una moneda.
Aun cuando no tuvieron contacto directo con sus maestros… los elfos fueron conscientes de las actividades poco comunes que los jóvenes hacían en su tiempo de ocio.
Sus rutinas eran extenuantes desde temprano en la mañana que no se limitaban a la lectura, en una ocasión los captaron entrenando o simplemente paseando… era una lástima que la señora no compartiera tiempo con sus nietos.
Fue en el estudio, amplia sala con un enorme escritorio que estaba ocupado por Alphard quien se acomodaba listo para abrir su libro interesante que encontró de costumbres medievales y a unos pasos, en un piano de cola color negro una melodía resonaba bajo los dedos largos de Dafira.
-¡Acho!- Alphard salto en el sillón rompiendo la música -¡Acho!- repitió involuntario en un agitar de sus hombros, la molestia de la nariz persistió y trato de dar una mirada de reproche al libro polvoriento pero no pudo -¡Acho!- remachó en un eco molesto.
-Algo sucio, ¿ne?- Dafira se recargo en el piano dándole un gesto divertido a un pariente algo irritado.
-Parecía tan limpio- atino a decir Alphard con tristeza, negando y sacudiendo su nariz con uno de los pañuelos que "aparecieron" a su costado.
El traidor se puso de pie, se instaló detrás de la silla de su hermano y miro por encima de su hombro con interés -¿Costumbres medievales?- interrogo con la ceja arqueada -pensé que había libros más emocionantes en el repertorio-
-Los hay- afirmo con un suspiro exasperado -pero no puedo tomarlos, no sin que me muerdan los dedos o me maldigan- negó divertido por el mero recuerdo que miedo de perder un dedo-Y no… no podemos quemarlos con kido- advirtió adivinando fácilmente las tendencias destructivas de un colega aburrido.
Un gesto de "crees que yo lo haría" -Pensé que hiciste un temario- canturreo Dafira al enderezarse, distrayéndose en hurgar en los cajones donde documentos estaban guardados de las antiguas finanzas del ultimo residente de la locación.
Un tal Licorus Black que murió junto a su esposa sin descendencia por el periodo de 1872.
-Lo hice…- Alphard volvió a la temática, mirando el título y la primera línea de la introducción con una mueca por lo bárbaro que iniciaba -para libros de Grimmauld place- miro con tristeza el entorno pensando en tanto que se estaba perdiendo al salir en unas vacaciones repentinas.
Fue inesperado para ellos, quienes no conocían otro lugar que la casa ancestral que de repente su abuela considerara salir a una de sus residencias en el continente… deseaba poder explorar, pero se tendrían que conformar con las hectáreas que rodean la mansión.
Era un cambio de aire agradable.
-me tomara tiempo monitorear los tomos, ordenar de peligroso a inofensivo antes de planear la manera de como leerlos…- lanzo una risa divertida por el reto, después de años en Grimmauld Place ya los tenia catalogados para su disposición y facilidad… después de todo había mucho que aprender que seguro, era una mina de oro.
Era una lástima que no pudiera hacer magia fuera del colegio.
-Estoy seguro el archivo del seireitei no era tan interesante ni demandante que unos familiares paranoicos- aclamo Ichimaru con insana diversión, quizás su imaginación formulaba una escena en que Aizen tomaba un libro y le mordía.
Ukitake no pregunto qué pensaba su primo, solo volvió su atención al entorno y conto sus vivencias con su crecimiento entre libros malditos, que si no fuera por su experiencia e instinto quizás no estuviera presente hoy en día -¿Cómo le hicieron nuestros padres para vivir a través de tantos peligros?- murmuro.
-Bueno, considerando que los niños… no leen sin motivos- se encogió de hombros Ichimaru nada interesado en indagar.
-Tienes razón, Oto-san no era un hombre quieto y estoy seguro tu propio no considero la lectura peligrosa como interesante- apoyo con un brillo divertido a encarar a su pariente que le regreso el gesto en una actitud casual.
Como si no hubieran planeado matar a un maestro hace unos meses.
Mirando por la ventana el amplio jardín, Dafira miro en sus ojos entrecerrados el plan de ambientar algunas hectáreas para arboles de caqui en el futuro… su sonrisa lobuna se extendió -Mione-chan me ha enviado una carta- tarareo jovial.
Ukitake dejo la lectura del prólogo, arqueando una ceja entre exasperado y curioso -¿cortesía?- cuestiono, el mismo acababa de regresar la correspondencia a sus respectivos amigos así como la constantes invitaciones de los Malfoy a los Black (sobre la fiesta de cumpleaños de Draco, ni enterados estaban hasta que le cuestiono en una de sus cartas personales por qué no fue, quizás su abuela la intercepto y arreglo los civismos correspondientes).
Mirándolo con esa burla en toda su postura, cruzo sus brazos escondiéndolos entre sus mangas de las túnicas -Si, esa niña encantadora…- abrió ligeramente sus ojos con un brillo depredador -si no fuera por su actitud, quizás pudiera confundirla con Rukia-chan-
Arqueando una ceja, ligeramente molesto por la comparación además de la amenaza velada… después de todo, era consciente del gran terror que Rukia le tenía al antiguo capitán de la tercera división.
-No te preocupes, es solo un inocente comentario- levanto las manos consolador, tratando de no provocar la ira de su hermano ante la mención de una de sus víctimas preferidas en el seireitei -Mione-chan solo me recomendó libros muggles, ya que sabe mi interés en la cultura… lo cual le pedí comprarme, aprovechando su ofrecimiento- dio una ligera carcajada porque en ninguna parte de esa carta estaba una invitación -claro que le di los galeones correspondientes ¡ampliaremos nuestra biblioteca personal!- aclamo aplaudiendo por la mera idea.
Alphard se acomodó en la silla, puso su mano en la barbilla con la sospecha -cuida tus pasos- advirtió no por primera vez, la carcajada del mayor resonó en la biblioteca como si la amenaza no fuera lanzada tan descaradamente.
Dafira se recargo en el escritorio en un cambio de actitud y tema, abriendo sus ojos ricos en plata con seriedad que hizo arquear la ceja al menor-tu cumpleaños es pronto ¿deseas algo especial?- pregunto seriamente, pues a comparación de su propia festividad… al menor nunca se le organiza nada específico en voluntad de su abuela.
No es como si fueran organizadas grandes fiestas como saben tienen los sangre puras ordinarios, pero por lo menos Kreacher realiza ciertas cosas que tienden a resaltarlo como heredero o cosas de este tipo de costumbres festivas.
Ichimaru no era muy observador al respecto, recordándose cruelmente que en su anterior existencia nadie estaba feliz de su nacimiento.
Ukitake rio divertido cualquier hostilidad olvidada, todos los años es lo mismo y aun no puede acostumbrarse a que el temible Ichimaru esté interesado en su nacimiento -Sorpréndeme- siempre responde de esa manera.
Dafira bufo pero esa sonrisa no vacilo… solo extendió sus brazos -seguro los elfos pueden ayudarme- aclamo no totalmente a la nada, después de todo eran conscientes de la constante vigilia de esos elfos que no se dejan ver.
Con esto decidieron pasar a caminar por los jardines, en el borde del territorio para mirar la pequeña ciudad francesa mágica hasta que fue hora de la cena.
Fue durante la tarde del siguiente día, cuando estaban administrando los tomos de magia oscura en un mero instinto de aburrimiento que los jóvenes Black se dieron cuenta de correspondencia… lechuzas picoteando las ventanas trayendo consigo las respectivas cartas de Hogwarts.
Eso sin contar los paquetes de libros que prometieron ser en varias tandas, además de reclamar el exceso de dinero que le proporcionaron… tan honrada como es Mione-chan (que tanto divirtió a Ichimaru), regreso lo que no ocupo al final del envió.
XXXXX
La habitación daba una calidez que lo hizo sentir cómodo, aun cuando estaba amontonado en muebles realmente usados, aun cuando la ventana parecía haber sido limpiada hace años y el piso chillaba al pasar… el entorno era nada a la rigidez de los Dursley.
La Madriguera era un lugar hogareño aunque apretado, la antítesis de Privet Drive en todo, desde las bases y los padres de Ron no eran la excepción al recibirlo con los brazos abiertos.
El de lentes ahora estaba sentado en el escritorio usado, miro la lámpara para caer donde su amigo se fue a dormir después de relatarle la extraña advertencia de un elfo llamado Dobby… suspiro dejando sus hombros caer, ahora atento a su tarea actual de leer las cartas que ese extraño ser había confiscado durante el verano.
Rio un poco al escuchar la voz de Molly Weasley en el piso de abajo, seguro Fred y George serán castigados por la manera escandalosa en que lo salvaron… pero no estaban arrepentidos y por la bienvenida o la desaprobación al escuchar como sus tíos lo tenían, esa señora no iba a ser dura con ellos.
Desenvolvió la liga que ataba el montón de cartas junto con un paquete, uno era de Hermione algo que le extraño pero no juzgo, aun cuando no eran cercanos pasaron mucho tiempo juntos y le agradecía su dedicación con ayudarle en los exámenes.
Ron nunca lo admitirá.
Para su sorpresa Neville también le mando una carta, esperaba que ambos aceptaran sus respuestas ahora que está libre de retornar algo con Hedwing, preguntaría a los gemelos o quizás al señor Weasley el material para escribir.
Hizo una mueca en la siguiente carta, una invitación de Draco Malfoy a su lustrosa fiesta de cumpleaños en letras delicadas y papel perfumado, quizás eran por pura cortesía pues no intercambiaron más que escasas palabras bajo la atenta mirada de Dumbledore… no evito sentir un poco de envidia al recordar su propio cumpleaños donde sobras fueron su cena especial.
-Supongo que solo puedo regresar una carta de disculpas- murmuro al ver la fecha tan atrasada del evento, preguntaría a la señor Weasley el civismo completo además de la necesidad de regalo… porque no quería lidiar con un desplante desaprobador de Ariana que pudiera enterarse de que desecho esa alianza frágil que formaron el año pasado.
La carta de Hogwarts también estaba en el montón, seguro algo gorda por los materiales para este año… quizás organizaría el viaje al callejón con la familia Weasley, ante la perspectiva se emocionó.
Al finalizar había por lo menos tres cartas de Ron, una de Percy (seguro recomendaciones de lectura como Hermione) para finalizar con cuatro de Ariana Dumbledore.
-Parece que Ariana está preocupada- atino a decir al dejar la última carta, la primera platicaba sus vacaciones de una manera seria que casi juro estar leyendo un reporte para la clase de pociones por la estricta terminología y lo bien estructurado del documento (seguro ni Percy ni Hermione lo hicieron parecer tan formal).
La segunda preguntando por su respuesta, además de recomendando realizar sus tareas… ante esta hizo una mueca, sus tíos no le dejaron usar nada por lo tanto cualquier avance estaba truncado… pero se avergonzaría de poner tal excusa.
La tercera carta era más seca, aunque felicitándolo por su cumpleaños y deseándole un feliz día agregándole unos dulces que de alguna manera aparecieron dentro del sobre y la caja cuya pluma lustrosa era un delito… la última, que acababa de leer estaba más preocupante además de asegurar que si no respondía.
Bueno no debía imaginarlo.
Por lo cual, aun cuando tenía sueño bajo a buscar a los padres de Ron… pidió los utensilios de escrituras que le faltaban además de consejos para responder a una misiva de los Malfoy (aquí unos gestos de sorpresa de todos los que aún estaban despiertos) y con esto en mano, se puso a responder de manera diligente.
Estaba emocionado aun por algo como eso, pero feliz de no estar más en Privet Drive.
XXXXX
Petunia Dursley, era una mujer delgada, de cabello rubio y ojos pálidos vestida con una bata de dormir mientras miraba con total incredibilidad lo que había sido los refuerzos de la ventana que antes ocupaba su sobrino.
No evito temblar de ira.
Frunció los labios dándole un aspecto de caballo, sus arrugas en los ojos aumentaron y mordió el interior de su mejilla en un torcer malhumorado… su marido parecía maldecir en sus propias pijamas desde la ventana y su amado hijo salía de la casa para instalarse a su lado.
Esto iba a ser difícil de explicar a los vecinos -Dudley, cariño… es mejor si vas al interior- alentó con arrullo, su hijo hizo mala cara poco dispuesto a obedecer.
-Es esta la casa- una voz interrumpió las negociaciones de madre e hijo, Petunia solo se tensó al voltearse y tratar de poner una sonrisa indulgente que pudiera desviar la atención de este desconocido a muy altas horas de la noche además de planear una excusa creíble, pero se asilencio.
Su voz fue arrebatada y sus oídos sordos a su marido e hijo… ahí estaba, ese director que destruyo hace tanto tiempo su mundo… que se llevó a su hermana… que la mato en uno de esos problemas con sus anormales… que la rechazo aun cuando le rogo llevarla a esa academia… parado en su acera junto con una niña que no detallo.
-Padre, es el lugar- la voz suave e infantil calmo sus nervios, la vista de Petunia se aclaró dándole más detalle del viejo hombre y aunque era igual a ese director, todavía tenía graves diferencias en su proporción como su postura o vestimenta.
Ese no era Albus Dumbledore.
Entonces miro a la niña, con túnicas oscuras y penetrantes ojos azules en ese rostro afilado que promete convertirse en una hermosa señorita con un cabello tan negro como la noche mirándola con una profundidad que la hizo enderezarse.
El hombre parecía malhumorado, mirando la casa como a Petunia y Dudley -bueno, esta es la casa… pero el mocoso no se parece en nada- atino a ladrar con un aspecto entre grave y desdeñoso.
-¿Dursley?- hablo la pequeña dando un paso enfrente, diplomática… noble y con cierto aire adulto, sin acercarse tanto solo lo educado para no gritar.
Petunia se sintió temerosa, ¿se enteraron de como trataron a su sobrino? Lo embargo en su estómago, pero lo desecho… tenían el derecho, era su intento de criarlo normal y fallo -si- dijo lo más altiva que pudo, haciendo que su adorado hijo confundido quedara detrás.
Vernon no tardo en estar a su lado, con su rostro rojo y muy atento al peligro, pues estos desconocidos no necesitaban presentaciones ante las túnicas que portaban para catalogarlos como anormales… magos.
Solo Dudley miro a la niña con cierto aire crítico, casi juicioso para caer en sus padres con curiosidad… después de todo, aun cuando es malcriado y egoísta, que no le importa mucho su primo… todavía sabia lo básico de su "problema" además de las advertencias de no confraternizar con esa gente.
Sea lo que sea.
-No queremos a gente como tú- Vernon escupió poniéndose protector, cortando cualquier diplomacia de raíz por su tono agresivo.
Un bufido del adulto mirando entre la familia, el vecindario, la casa para caer de nuevo en el padre de familia -vengo a platicar y tú quieres pelea ¿son los muggles tan groseros?- pidió desdeñoso.
-Considéralos la parte más afectada de la guerra, padre… se tolerante-aconsejo la niña en ese porte que parecía saber lo que hablaba, era una ofensa para los no mágicos.
El viento estaba helado, pero Petunia sentía el calor anidando en su estómago de incertidumbre -Tu gente no es bienvenida- el gordo hombre gruño en advertencia, dio una postura amenazante… o lo que pudiera ser al considerarlo con sobrepeso y en pijama.
-El monstruo ya se fue, no tenemos nada que ver con ustedes- Petunia gruño desde su lugar pero se marchito bajo la mirada azul de la niña.
-Harry no es un monstruo, señora- el tono de la pequeña era uniforme, como fría advertencia con sus brazos ocultos en un cruce de pecho… tan pequeños pero dominantes -nadie de aquí lo somos y estoy feliz de que no esté- admitió con frialdad.
Una bofetada dura y cruel para los padres de familia, Dudley no evito mirar entre confundido o aterrado por esa niña que era de su edad o quizás más pequeña.
-Y es tu actitud la que provoca que muchos de nosotros tenga problemas de convencer a los otros que los muggles son iguales- agrego la voz del adulto que los hizo mirarlo incrédulo, descongelándolos.
-Entremos, hagamos las presentaciones correspondientes… con te sería lo mejor- fue una orden, la mocosa estaba dándoles un gesto inflexible como si tuviera la postura para ordenarles en su casa y sin opciones.
Vernon no pudo ir en su contra, apartándose a regañadientes para darles entrada.
Acomodados en su sala, con una tetera en la mesita servida con algunas galletas que Petunia tuvo que dar solo por el bien de los modales… Dudley fue despedido para su consternación, dejando al extraño grupo en un silencio incomodo de la parte no mágica.
-Bueno, estoy aquí… no porque quiera, no es mi asunto- aclaro el hombre apático -soy Aberfoth Dumbledore-
Petunia lo miro con filosas emociones negativas -eres hermano de "ese" hombre-
Arqueando su ceja poblada, una mueca se dibujó en su regio rostro -si "ese" hombre al que te refieres es Albus… entonces si, por desgracia- concluyo con un gruñido.
-Padre- la advertencia de la niña corto esa extraña alianza desdeñosa a un solo hombre pues Petunia de repente se sintió más cómoda con alguien que comprendiera su desprecio (Ignorando la mirada de traición de Vernon).
-Bueno, como decía… ella es mi hija, Ariana- señalo a la que tomaba el té de la manera muy natural, como si el jefe de familia no la estuviera viendo con descaro o pavor.
-¿Cómo encontraron el lugar?- Petunia pregunto sin interés en seguir las formalidades de su lado, lo único por lo que esa gente debe conocerla es como la tía de ese monstruo.
Además necesitaba saber si esas protecciones que ese hombre puso de excusa no eran solo algo para que tomara al mocoso bajo su techo.
-Oh, admito que son fuertes las salas- Aberfoth se encogió de hombros -pero cuando sabes lo que buscas, sin querer el daño a la persona… es fácil- en lo último hizo una mueca, quizás no tan fácil como presume.
Una tos cortes interrumpió el interrogatorio de la ama de casa, Ariana puso la taza con cuidado en la mesa y miro a los adultos al otro lado -Como adivinaran, soy compañera de Harry en el colegio- admitió con una postura recta en el sillón.
Petunia bufo pero fue Vernon el que escupió -ya lo sabíamos- guardándose su mote despectivo de "más monstruos" aunque la incertidumbre seguía en el aire, el temor de ser castigados pero firmes en sus creencias.
-no vine aquí a formalidades…-Ariana fingió no escuchar la interrupción -mi padre accedió a acompañarme y solo vengo a darles una advertencia…- miro duramente -no sé qué clase de enseñanzas le dieron, señora… pero no llegara a ningún lado tratando de esa manera al único recuerdo de su hermana-
Aberfoth miro largamente sin expresar nada de sus pensamientos, aunque internamente hizo una mueca por lo informada que estaba su hija de la aparente situación familiar del mocoso y lo cruel que eran sus palabras.
Abrió la boca incrédula de que una cría viniera a insultarla en su casa cuando no sabe nada de su amargura, aun Vernon estaba silbando en silencio de ira reprimida aunque ambos pálidos por lo no dicho -Como te atreves- la mujer se puso de pie.
-No he terminado, señora- corta la réplica con cuchillo de fuego en sus helados ojos, tan noble que fue nefasto para Petunia que se dejó caer en el sillón -será indulgente con Harry, tratara de conocerlo y comprenderlo… no es un consejo- sirvió el té con calma.
Ariana sorbió con la misma paz, su gesto era suave pero lleno de recriminación y desaprobación cuando regreso su atención a una pálida Petunia -porque aunque él no lo diga, espera un poco de aprecio de su parte- una risa hostil se dibujó en su lindo rostro -el no entiende porqué de su odio y le duele, duele que no sepa que hizo para merecer su desdén-
Aberfoth trato de no ser audible, pero el suspiro era lo único que pasaba por ese tenso silencio -los niños son lo que nosotros criamos… señora, usted solo está lanzando otro mago amargado con los muggles al mundo- advirtió no por primera vez en la noche.
-Usted como puede decir eso- se esforzó por ser valiente, pero Vernon no pudo ante la amenaza y el futuro ¿será verdad? Bueno Harry era un buen niño ¿no?
Petunia trato de ignorar el ardor de sus ojos, la amargura llegándole a la garganta e ignorando a los hombres -tú no entiendes- lloro con la voz rota fija su atención en la niña que parecía leerle sus pensamientos.
Vernon la miro sorprendido casi traicionado porque no había desdén… solo anhelo.
-Ellos se la llevaron- rompió mirando al suelo en memorias -simple, mis padres lo aceptaron y hasta estaban orgullosos olvidando a la otra hija sin magia- una carcajada amarga broto de la garganta rígida de Petunia -ella se distancio… luego murió en ese lado… yo no quiero que esa magia este en la familia, pensé que si…- no pudo terminar, mordió su labio y miro con ira -que magia me hiciste para decir eso- escupió poniéndose a la defensiva endureciendo sus defensas emocionales.
Esas que forjo con los años llenas de amargura.
Pero Aberfoth negó mientras la propia Ariana despidió las sospechas -no hice nada, señora- advirtió gravemente -¿Envidia fue la que cerró las puertas de su corazón?- pregunto con calma, como una terapeuta tratando de entender la raíz del problema.
Otro misterio acumulándose en su hija, pero como padre… Aberfoth solo acepto estas graves diferencias, prefiriendo concentrarse en las galletas e ignorando la mirada llenándose de ira de Vernon.
Petunia apretó los labios -es suficiente- gruño su marido poniéndose de pie -no aceptamos este insulto… ese crio le damos más de lo que merece- se defendió -le dimos cobijo, techo y comida… algo que gente como tu…- se asilencio.
-No diga algo que se arrepentirá, hombre- Aberfoth trono demandante, asegurándose de pararse e intimidar por la grave diferencia de estatura -ahora siéntese y deje que mi hija hable con su mujer- ordeno.
Rojo como tomate y tan inflado como globo, Vernon se dejó caer en su sillón tan humillado… miro a su esposa pero esta parecía en su propio conflicto ¿Qué era esta actitud? No sabía, pero seguro la escucharía cuando esa escoria se marchara.
Petunia trago, tembló en su lugar mirando sus manos en el regazo que sudaban por la situación, aun cuando pareciera no había castigo por los hechos o quizás su sobrino no los evidencio como esperaba, todavía era muy temprano para decir que la libraron… además, no era fácil aceptar todo ese cumulo de emociones que parecían desbordarse bajo la mirada de paciencia que esa niña le estaba dando.
-Piense en lo que le he dicho esta noche, Señora Dursley- la voz consoladora de Ariana fue un rudo cambio de actitud, esos ojos eran tan humildes como comprensivos -considere las maneras en las que ha actuado- sugirió al ponerse de pie -Me encantaría venir a visitarlos el siguiente verano para tratar este tema con más calma…- no era una sugerencia, era una promesa -pasen buena noche- sonrió indulgente.
Aberfoth se levantó, menos diplomático dio un vistazo agudo a la pareja para salir a la intemperie de esa noche cálida de verano.
Petunia se desplomo en su sillón, la debilidad la golpeo y comenzó a sollozar… Vernon la miro detenidamente, pensando en la ira y los reclamos que estaba guardando pero los ignoro a favor de abrazar protectoramente a su mujer.
Padre e hija no dieron otro vistazo a la casa pulcra de olor a pino, ni al jardín cuidado… el mayor solo dio un vistazo y en un mero acto de buen corazón reparo la ventana rota en un movimiento de varita.
Tomando el delicado hombro de su primogénita para caminar al área donde se desaparecerían -¿Quién eres?- pregunto como siempre lo hacía, desde que ella comenzó a hablar, caminar… desde aquella infancia silenciosa de un bebé que no lloraba.
Los ojos profundos de Ariana lo miraron, llenos de una sabiduría que estaba sorprendido que su hermano no sospechara… pero seguro este estaba tan ciego en su arrogancia o confiando en su sobrina inocentemente.
-Soy tu hija ¿Quién más seria?- regreso tríptico, con picardía en sus ojos.
Y Aberfoth como en todos esos años, acepto la respuesta de todo corazón pues aun cuando sentía un mundo oculto en la mente de su pequeña… ella sería el centro de su universo y nadie la dañaría mientras estuviera presente, ese fue su último pensamiento al desaparecer.
XXXXX
Era el tiempo en que tenían que hacer las compras, la casa Granger se escuchaba pisotones y los gritos de su hija para que se apresuraran.
-Vamos, hija… no hay prisa- advirtió consolador el señor Granger, dándole un gesto paciente a la energética castaña que casi lo empujaba por las escaleras.
-Pero es nuestro primer año solos ¡no quiero perderme nada!- aseguro curiosa, ansiosa y muy entusiasta Hermione.
Una burla de la señora Granger al asomarse desde la cocina, ya todos estaban desayunados por lo cual era la hora de partir -se paciente, además no podemos estar curioseando- advirtió seriamente, pues aunque eran personas tolerantes eran muy conscientes de cómo eran observados el año pasado.
Hermione se desinflo, su padre palmeo la cabeza de su hija -no te preocupes, seguro veremos más de ese callejón suyo- susurro cómplice, iluminando los ojos de la pequeña.
No paso mucho tiempo antes de que deambularan por las transitadas calles de la ciudad, los automóviles en ecos molestos a los cuales estaban acostumbrados, la música de algún local y transeúntes con prisa.
En estas ocasiones los odontólogos no se imaginaban que en medio de tantos avances tecnológicos o médicos… todavía tenían muchos misterios ocultos en sus narices, si no fuera por la presentación del inicio de este cambio, nunca hubiera creído en la magia.
Un mundo estacionado por siempre en un siglo pasado, ocultos a simple vista con misterios a la orden… ¿preguntaría por el rey Arturo? ¿Pirámides? ¿Atlántida? Por supuesto, como erudito deseaba saber si esas leyendas no confirmadas de su lado… tenían una historia del otro.
Llegaron al dudoso bar tan apagado, el señor Granger tuvo el impulso de regresar porque se le olvidaba algo tan fuerte que se giró… la mano de su hija hizo un fuerte agarre en su brazo, mirándolo con duda ella le sonrió -oh cierto, magia anti muggle- acepto avergonzado.
Debía admitir que era muy buenas las bases de ese hechizo, ¡le hizo recordar pendientes! Unos que no se acordaría bajo la presión normal, miro a su esposa y le dio una sonrisa fantasma… quizás armarían su agenda a base de todo lo que se acordaran entorno a estos lugares.
Con un pie en la vieja locación, el padre de familia mantuvo su desagrado por la limpieza carente del lugar… como aspirante médico, era muy exigente y este terreno hubiera sido clausurado por el mero hecho de existir ¿Quién lava los tarros con un trapo dudoso?
Fue abandonado su pensamiento cuando Hermione le dio un gesto juicioso aclarando que sabía lo que pensaba… el solo volteo lo ojos ¡no era su culpa! Había detectado por lo menos tres violaciones a las cláusulas de salubridad en un parpadeo, con un suspiro se rindió.
Quizás preguntaría como hacen para regularizar en los verdaderos restaurantes mágicos, el trataba de pensar que solo era una finta y no servían comida en ese bar.
Por el bien de su estómago, dejo de pensar y mirar, dirigiéndose a la parte trasera en un mutismo cómodo.
Ser atacados por una colorida comunidad en túnicas muy pesadas con sombreros dignos de que les caiga un rayo, rio un poco divertido del pensamiento… su hija lo miraba recriminador, bufando porque su regocijo a costa de la ridiculez de modas fue abandonada a regañadientes.
La primera parada fue al banco Gringotts cuya arquitectura no evitó detallar otra vez, además de la absurda amenaza gravada literalmente en piedra ¿son tan extremos? Bueno considerando sus propios bancos, quizás eran necesarios más de su lado que de este ¿pero quién era el para juzgar?
Entraron dando una mirada a los guardias, el gorgoteo de gente en túnicas caminando de un lado a otro acercándose a estrados gobernados por mini contadores espeluznantes… el señor Granger no sabía a quién buscar para orientación, el año pasado fue la subdirectora el que hizo en trámite.
Muchos magos los ignoraron, otros de esos guardias parecían estatuas descorteses hasta que rendido miro ofendido de que no fuera considerado… su esposa comenzaba a perder la paciencia, no sería bueno de esa manera y por la mirada de Hermione también pensaba lo mismo.
Aunque sería divertido de ver.
-Lamento este desaire, aunque no se lo tomen personal… ellos odian a los magos con la misma devoción- una voz cordial llego a su costado, un niño de cabello blanco y suave sonrisa le saludaba… además de túnicas menos llamativas.
El señor Granger detecto la gentileza natural, ese pequeño eran de esas personas escasas en el mundo que con un vistazo podías catalogar como "buena", escucho la broma oculta y sonrio dispuesto a replicar pero fue empujado al costado.
Su hija salió disparada con un -¡Alphard!- haciendo eco en el salón, muchos miraron desaprobador pero poco le importo al señor Granger quien parecía divertirse al ver el gesto del pequeño sorprendido por el arrebato.
Ese nombre lo había escuchado tanto en el verano que fácilmente podía decir que lo conocía, sus buenos modales, su inteligencia, el uso de sufijos japoneses y la paciencia de un santo… claro que en todo eso, nunca escucho que lo describiera físicamente.
No sabía si era normal el cabello blanco en la localidad mágica, pero poco le importaba pues el mundo muggle hace muchos años lo superaron (aunque no se veía como un albino, por ese colorante de ojos y cejas oscuras) -Hermione por favor, deja respirar a tu amigo- alentó al ver que no era soltado -¿debo preocuparme?- le pidió consejos a su esposa, esta le volteo los ojos… quizás estaba exagerando, los dos eran niños.
-Puedo ayudarles a que sean atendidos- Alphard ofreció con una sombra de servicio, atento y con una mirada al entorno.
El señor Granger iba a rechazar por orgullo, pero fue inesperado que con solo una mirada uno de esos Goblins se acercó muy atento a darle servicio al pequeño quien le sonrió, le inclino en saludo cortes e indico lo que deseaba señalándolo con la cabeza.
Fue un cambio de actitud colosal al ser arrastrado a uno de esos pequeños contadores sin discusión ni miradas de desprecio.
Fue difícil concentrarse en los negocios cuando había un rostro grotesco cuyo morbo obligaba a ver, además como odontólogo casi le ofrece un tratamiento para sus dientes filosos pero amarillentos.
Suspiro de alivio dudando en preguntar por una bóveda o las seguras conexiones con algún banco muggle pero lo desprecio pues el goblins parecía a punto de que su paciencia expirara… con el costal en mano, agradeció y despidió para voltear a donde dejo a su familia e invitado.
Salió de la locación encontrándolos en la acera aunque se percató con curiosidad que había otro chico albino en el grupo, un poco mayor aunque algo alto y de estructura delgada dejando esas túnicas negras resaltando por su palidez ¿hermanos? Se arriesgaba a apostar por la respuesta sí.
Fue objeto de la atención del adolescente sintiendo la picazón en la parte posterior de su cuello, como si estuviera caminando en una fina línea pero lo desprecio al saludar con curiosidad al grupo… Hermione parecía querer estar en otro lado ¿Qué pasa con esas miradas de desconfianza? Su esposa por su parte parecía divertida por algún comentario reciente y Alphard era impaciente.
-¿Señor Granger?- la voz del chico nuevo era un acento extraño, con una sonrisa delgada y ojos ¿cerrados? Se acercó a ofrecer su mano -soy Dafira Black, hermano mayor de Alphard- se presentó con educación.
El estrecho la delgada extremidad, ampliando su gesto -buen agarre, muchacho- bromeo al soltarlo, ignorando ese sentimiento de peligro -un gusto… agradezco la orientación de tu hermano… estoy seguro no hubiera sido atendido- bufo por el mero recuerdo.
-Lo se ¡tarde una eternidad para que me vieran!- se burló atento a Gringotts -ellos simplemente no me aprecian- suspiro dramático.
-Si fueras amable- añadió secamente Alphard mirando acusador al adolescente.
-Soy amable-contesto herido Dafira, pero la sonrisa nunca se borro -ellos son un poco quisquillosos- acuso sin miramientos.
Como padre era divertido ver la interacción de los niños, aunque curioso de la manera en que su hija parecía inclinarse por el lado de su esposa y amigo en un intento de alejarse del recién llegado.
-Por cierto señor Granger…- la suave voz del amigo de su hija llamo su atención, ahí con sus manos delante en una postura noble le dio un gesto dudosos -espero no le importe que los acompañemos- era una petición.
El despidió con facilidad, mirando a los dos chicos con una sonrisa paternal -No es problema ¡seguro ustedes saben de los mejores lugares que ver!- aseguro lo último con esperanza, aunque debían ser independientes era cansado chocar con la cultura de ese lugar constantemente.
Y eso que solo era Gringotts su visita actual a contar.
Una risa divertida de Dafira -por supuesto podemos orientarlos, además hay lugares que nunca deben pisar- el tono era informal pero la velada amenaza muy clara.
Alphard le di un gesto impaciente a su hermano -Por favor, una disculpa por mi Onii-san suele ser muy rudo con sus comentarios- aclamo a la pareja para sonreírle a su hija, el señor Granger despidió nada afectado.
Caminaron por la acera deteniéndose de vez en cuando en alguna tienda de mercancía extravagante, fue en ese momento en que brinco al percatarse del adolescente flotando muy cerca de su órbita.
Esa sonrisa en el rostro pálido era constante, pero más suave como si fuera un gesto fijo -por cierto, su adorada hija me ha estado proporcionando libros y libros interesantes muggles- explico en un inicio de conversación.
Era agradable saber que estaba dispuesto a integrarlos a cualquier discusión.
-Sí, ella me estuvo molestando en sugerencias- bufo un poco escéptico del mero recuerdo, la risa vibro en el adolescente.
Detrás de ellos su esposa platicaba casualmente entre su hija y Alphard este último sonaba algo preocupado sobre un asunto de que su ¿abuela? Estaba enferma y no los acompaño ese año en las compras.
Durante este tiempo el señor Granger se percató que la gente seguía viéndolos, frunció el ceño sumamente ofendido -oh no se preocupe por eso… no son ustedes- Dafira aseguro a su costado -vera… el mundo mágico es de mente cerrada y aunque sé que ustedes no lo saben ¡ellos nos tienen catalogados como malditos!- agarro un mechón de su cabello blanco para insinuar el culpable.
-¿Maldito? Vaya que extraños… a los albinos los tenían catalogados de esa manera, pero ya lo superamos- murmuro pareciendo un poco confundido.
Además era extraño que Hermione tampoco haya aclarado dicha asignación para su amigo, era triste que los trataran de esa manera pero hasta el momento nada estaba mal con los niños… quizás un poco apagado con Dafira, pero nada de qué preocuparse (esperaba).
-lo son ¿verdad?- suspiro el adolescente un poco mordaz al dar vistazos a las calles, algunos avergonzados voltearon la mirada -también no ayuda que seamos considerados sangre pura-
-oh, Mi hija nos habló un poco de ellos ¿nobleza?- formulo incierto el señor Granger.
Tenían su propia nobleza entre las jerarquías que gobiernan las islas británicas, pero podía asegurar sin equivocarse que esos niños no se comportaban como un noble… era más formal, adiestrado y práctico ¿militar? Era lo más cercano que apostaba.
No evito burlarse de su pensamiento exagerado ¿Qué pensaba? Son solo niños.
Dafira lo miro largamente, pero esa sonrisa se extendió a niveles espeluznantes que el señor Granger se obligó a no retroceder -no me siento noble- se burló divertido.
Como adulto se encogió de hombros desinteresado en la política mágica -Entonces siempre has vivido entre todo esto- pregunto cambiando el tema, aunque señalando una tienda donde una escoba flotaba como la última novedad.
Dafira miro lo mismo, la escoba y solo rio por lo bajo -no es tan incómodo como parece- explico -costumbres raras de la gente mágica, pero tiendes a acostumbrarte- anuncio como si no fuera un mago.
El señor Granger solo arqueo la ceja, pero el chico le lanzo un gesto inocente de no saber qué fue lo que dijo para provocar su reacción incierta, solo suspiro y continuaron caminando.
-debo decir que sus sugerencias de libros son las mejores… -regreso al tema de apertura el chico -los magos carecen de esa intriga natural que ustedes parecen poseer- comento casual entrando a una rica discusión de literatura y compararlas.
El señor Granger acepto que estaba agradecido que el chico se tomara la molestia de explicar ciertas cosas, atento a su propia ignorancia ambos complementaban sus huecos culturales de la mejor manera posible.
Aun con su aspecto extraño, se encontró cómodo con las pláticas vagas.
Hermione estaba preocupada o aliviada, dividida como estaba lanzo un vistazo precavido al dúo que encabezaba la comitiva… su padre parecía cómodo conversando de algún asunto, hasta el momento Dafira se estaba sobrellevando menos espeluznante, hasta parecía disfrutar de la compañía muggle pero no evito la desconfianza.
-No te preocupes, sabe comportarse- le susurro cómplice Alphard, dándole un gesto cálido en sus ojos cafés calmando un poco su agitado corazón.
Ichimaru podía ser lo que quiera, pero era educado cuando se lo proponía.
El señor Granger ajeno a las preocupaciones de su primogénita, silbo un poco al llegar a la localidad de los libros he hizo una mueca por lo lleno que parecía.
-¿Hay un evento?- pregunto inocente con el ceño fruncido su esposa, cayendo a su costado tan curiosa como su voz.
-Uno que esperaba terminara- admitió Alphard agitado, casi dolido de las multitudes o el fantasma de flashes que parecían brillar a través de la ventana.
-Solo es una sugerencia, pero podemos entrar nosotros- el señor Granger sugirió, pues a comparación del resto… Dafira parecía tener una constitución alta y era más seguro que no muriera pisoteado por multitudes entusiastas de lo que sea haya dentro.
El adolescente le dio una inclinación de aceptación, dando un barrido al entorno con esos ojos cerrados para caer en su hermano -Ototo-san ¿crees poder esperar aquí?- cuestiono expectante.
Alphard miro dentro de la tienda a través del marco de la puerta, luego por la ventana y se vio visiblemente agitado por la mera idea de entrar-¿Estarás bien?- regreso con un tono culpable de aceptar el sacrificio.
El señor Granger no evito pensar que el simpático niño era muy dulce además de que su hermano mayor muy considerado… ignorando la mirada de su Hija como si viera algún tipo de acontecimiento apocalíptico.
Por su parte Hermione aunque sabía cómo era de dedicado Dafira con Alphard, no se acostumbraba a la imagen de consideración para alguien tan escalofriante.
Hizo ademan desdeñosa con su mano, la sonrisa se volvió depredadora el mayor Black -Por supuesto estaré bien y no será ningún problema- atino a decir en un silbido socarrón -además, tengo un poco de entusiasmo de ingresar- miro al marco de la puerta calculador y malicioso.
El señor y la señora Granger se miraron entre confundidos o curiosos de dicho comentario, Hermione solo palideció y miro a la pobre gente dentro de la tienda que pronto entrarían en contacto con la serpiente mayor.
-Solo compórtate- advirtió Alphard cruzándose de brazos.
-Me ofende tu desconfianza- canturreo Dafira -así que bueno, mientras esperan ¿van por una nieve?- ofreció cambiando la actitud del menor que parecía iluminarse por la fantasía de algo dulce.
El mayor Black rio divertido al ver como Alphard engatusaba a Hermione y su madre para ir a comprar nieve de sabores exquisitos, el señor Granger iba a dar un poco de dinero para que se solventaran su gasto pero el menor desestimo… el pagaba, antes de arrastrarlas con fuerza que no sabía podía tener alguien de su complexión.
-No lo tome como ofensa, él está gustoso de invitarlas al postre- aseguro Dafira al ver al desinflado padre de familia, después de todo Ukitake era alguien que se caracterizaba por consentir a los jóvenes -pero si gusta ¿puede comprarme la nieve al salir?- canturreo jovial.
Una risa hueca, pero el señor Granger acepto pagar la nieve del adolescente al terminar -¿en serio debemos entrar?- pidió cansado de solo ver.
Una risa divertida del chico -si le sirve de consuelo… hay más hombres agitados como nosotros dentro- ofreció secamente.
-Un buen consuelo en la pena ajena- sonrió la señor Granger con un voltear de ojos, aun con esa perpetua sonrisa pudo asegurar que si se divirtió con su comentario dando un paso al interior como si fueran a pisar la luna.
El interior era caluroso, la gente gritaba o lloraba de un lado a otro en su mayoría mujeres en lo que parecía un foro… en este había un hombre con una sonrisa brillante a las cámaras alegando cualquier cosa con un niño a su costado que parecía preferir estar en un pozo que en ese escenario.
-Bueno, terminemos con esto- aseguro Dafira con sus brazos cruzados casi redactando su camino a seguir -primero los libros fáciles… después el de defensa- sugirió.
-Me parece buena idea- dijo sin aliento el medico después de recibir un codazo de una niña.
El adolescente le dio un gesto divertido… un "hola" amplio de mano para iniciar su camino entre la multitud.
El señor Granger se esforzó por no abrir la boca por la forma en que fácilmente se deslizaba entre el abarrotado establecimiento, mientras el… se quedaba atrás cuando se engancho con una bolsa de alguna dama.
Si no fuera por la concentración de navegar entre las gentes sin perder la dignidad o el eco entusiasta de fanáticas, hubiera notado los gritos de pavor cada vez que Dafira susurraba un "discúlpenme" en la oreja de algún incauto sacando el corazón del susto… pero el señor Granger no lo noto, solo envidio lo fácil que lo perdió de vista.
Si hubiera un buzón de sugerencias, el odontólogo estaba seguro pondría de primera mano una mejor administración de multitudes, un cambio de aromatizantes, otra ventana y algún tipo de canasta para cargar libros.
Estaba recolectando los libros con ayuda de algún mago, era incomodo cuando le recordaron como eran observados… como si fueran invitados no deseados… había estado tan cómodo entorno a los jóvenes Black que se le olvido las claras aversiones a los de su tipo.
Un tipo de aspecto regordete, cabello rojo que amablemente lo oriento… le había preguntado el funcionamiento del pato de hule, como si el objeto pudiera librar el mundo del hambre con solo sus enseñanzas.
Cuando llego a la mesa donde estaba el último libro pedido de la lista, hizo una mueca por la portada colorida -¿es fantasía?- pregunto al percatarse que Dafira aun cuando seguro llego mucho antes, parecía indeciso de quemar la mesa o tomar uno de esos libros.
Ni siquiera estaba molesto de haber sido abandonado, fue una aventura de alguna forma.
-Uno pensaría que no eran serias las peticiones de estos libros- respondió el adolescente con su sonrisa borrada para ser suplida por una mueca al escuchar el fuerte suspiro de anhelo de una de las señoras cercas de su lugar.
El señor Granger no pudo replicar al tener sus propias dudas cuando leyó el prólogo lustroso del libro más cercano confirmando lo fantasioso que era la temática -que enseñaran en esa materia con algo como esto- pregunto muy académicamente.
-Estoy seguro que obaa-san sería un perfecto maestro de defensa- balbuceo después de un rato, tomando entre su dedo índice y pulgar uno de los tomos como si fueran algo desagradable, que la foto en la portada te guiñara el ojo era un detonante perfectamente válido para el desagrado masculino.
-Considera sugerirlo para el siguiente año- con diversión el señor Granger le guiño un ojo, ambos se comprendieron hasta cierto grado… instalando dichos tomos debajo del brazo -¿necesitas ayuda?- pregunto al ver como maniobraba el adolescente con sus torres.
Dafira se encogió de hombros -no se preocupe, lo máximo que puedo hacer es tirarlo encima de algún incauto- aseguro comenzando a ver entre las multitudes sopesando la mejor ruta para pagar lo obtenido.
-Bueno, seguro sería una lástima- complemento el odontólogo incierto por la maliciosa promesa de dolor a algún inocente que seguro seria golpeado por libros.
Considerando que cargaba lo de dos personas, Dafira era muy hábil para no hacer ni siquiera una mueca de esfuerzo cuando comenzaron a hacer su camino entre la gente… no hubo ningún accidente hasta el momento.
El señor Granger iba en su estela, aprovechando como la multitud parecía dividirse… bueno, el aspecto del niño era algo espeluznante pero no lo suficiente para que fueran así de groseros (ignorante de todo lo que hizo Dafira para hacerse notar en la tienda mientras no estaba cercas).
Llegaron al mostrador donde hicieron la transacción, como muggles no sabían muchas cosas pero Dafira amablemente aconsejo pedir una bolsa especial para sus compras que podía llenar con lo que les falta de la lista de materiales.
Sin saber que el propio Black había pedido atención especial al tendero y por consecuencia, el mismo trato al muggle que lo acompañaba… una cortesía muy anormal en alguien tan indiferente como el traidor, pero considerando los libros divertidos que seguro le sugirieron valía la pena su molestia.
Por lo cual la bolsa exclusiva le fue facilitada a la familia Granger.
-Bueno, una aventura interesante… pero deseo respirar aire puro- murmuro el odontólogo mirando el entorno cansado, la gente no parecía marcharse por el contrario amontonándose en la puerta de salida.
Fue hasta que se acercaron que supieron la causa del amotinamiento ¿una pelea? Algo divertido que hubiera una de esas aun en la parte mágica.
Eran insultos que lo confundían al carecer de las bases culturales por lo cual no intento entender, miro los contendientes rodeados de lo que asumían eran sus respectivas familias…. un pelirrojo (recordaba haberle preguntado del pato de hule) contra un rubio que parecía haber salido de alguna película de vampiros de época… esas que están en blanco y negro.
-Oh vaya, esto es algo que no hubiera deseado que viera Señor Granger- murmuro Dafira nada arrepentido, por el contrario divertido.
El señor Granger solo se encogió de hombros, dando un paso en frente para poner fin a la discusión por el compromiso de la diplomacia británica -disculpen caballeros- llamo educado rompiendo el duelo que parecía escalar al nivel físico.
El pelirrojo lo miro como un búho, mientras el rubio parecía arrugar la nariz con desprecio.
-No son maneras de comportarse en un lugar público…- sonó consolador.
Un bufido corto las negociaciones -un muggle- espeto con desprecio el rubio -esperabas que tomara tu intento tonto de interrupción en serio… cuando eres un mero invitado en nuestra comunidad-
-Oh- el señor Muggle inclino su cabeza incierto, era odontólogo la paciencia y tolerancia fueron fuertes rasgos para su ramo de profesión por lo cual no lo tomo ofensivo.
Pero el pelirrojo parecía dispuesto a tomarlo personal.
-Buen intento- aseguro Dafira a su costado, dándole palmadas consoladoras cuando los insultos fueron reanudados por los contendientes.
El señor Granger suspiro en fracaso, bajo la mirada… solo por eso se perdió de la atención de sorpresa del entorno al saber que el Black de hecho estaba acompañando a un muggle en las compras.
Harry, Ron y los Gemelos Weasley tenían la boca muy abierta en shock casi esperando ver a Merlín bailando en ropa interior y jurando que no estaba muerto solo andaba de parranda… sería más lógico que ver al espeluznante Dafira consolando a un muggle.
Mientras Draco solo entorno los ojos, casi palmeo la mano en su frente y juro que ese chico solo estaba cavando su tumba en popularidad purista al confraternizar con muggles… esperaba que Alphard no estuviera siguiendo su ejemplo.
Los contendientes estaban más interesados en insultarse como para percatarse del hecho.
Aplaudiendo Dafira llamo la atención -tan interesante como es el choque de creencias- aclamo cantarín dando un paso al lado del señor Granger -me temo que están dando un espectáculo desagradable para nuestra visita- señalo a su costado.
El medico arqueo la ceja, pero parecían más dispuestos a escuchar al adolescente ¿Por qué lo miraban de esa manera? No lo sabía, pero poco le interesaba… si esto se ponía peligroso, con o sin magia iba a interceder por el niño.
Lucius se enderezo, paso su mano por el cabello -en verdad que eres una vergüenza, como mi hijo me había dicho- espeto dando dagas en dirección al peliblanco -tu padre estaría muy avergonzado- juro dando un paso amenazante.
Dafira amplio su sonrisa -Mah como si me interesara lo que pensaras, Lucius-kun- aclamo informal chasqueando los dientes nada afectado por las palabras -pero nunca sabremos lo que mi padre pensaría… después de todo… está muerto- se inclinó para susurrarle en la misma carga amenazante.
-Es suficiente- intercedió el señor Granger junto con el pelirrojo que se había acercado con la misma intención precautoria.
Lucius dio un gesto desdeñoso, miro el entorno cuadrándose en su gracia para comenzar a salir -vámonos Draco- llamo a su hijo sin dar miradas a los que dejaban atrás.
Como un desconocido, el medico miro en el torno silencioso… aun el bullicio de la firma de autógrafos se apagó y la familia pelirroja no sabía ni como pararse ¿Por qué miraban a Dafira como si fuera el mismísimo fin del mundo? Bueno estaba más allá de su comprensión.
-Uf algo pesado ¿ne?- Dafira canturreo como si no hubiera pasado nada, dando un barrido desinteresado del silencio -Señor Granger ¿no estaba por pagarme la nieve?- pregunto con un elegante arqueo de ceja, empujándolo para salir sin dejar de que alguien reaccionara.
Bueno el señor Granger no sabía muchas cosas entre ellas el comportamiento incierto de la familia pelirroja… la sorpresa del entorno y muchos de los insultos que aun flotan en su cabeza, pero si eso significaba salir de esa librería donde no dejaban de verlo, estaba encantado de ignorarlos a todos.
Tenía hambre y estaba sumamente cansado.
XXXXX
Fred miro a George… ambos miraron a sus padres que parecían sumidos en la suma vergüenza de no haberse presentado, de haberse quedado paralizados ante la perspectiva cercana de un niño maldito y un Black para tratar de volver a su estado natural de amistosa actitud… para caer en Harry y Ron, concluyendo en que el mundo quizás se había invertido.
Entonces el gemelo ignoro las preguntas de Ginny -Bueno Fred… no se tu…-
-Pero creo que fingiré que nada de esto pasó- concluyo en confabulación el otro mirándose con seriedad.
-es mejor pensar en nuestro enemigo como enemigo del mundo- explico en un intento desesperado por mitigar esos buenos pensamientos y relacionarlos a Dafira.
-no como una posible buena persona- dio un tono final Fred, chocando los puños con la intención de hundir esos pensamientos de Dafira Black, defensor de muggles y quizás una decente persona que puso en su lugar a Lucius Malfoy.
-Estoy contigo con eso, es espeluznante como el infierno- afirmo el otro.
-Y nada de lo que paso hoy, nos cambiara el pensamiento- se apuntó Ron con cierto aire sabiondo.
Ginny bufo mirando a los cielos por alguna explicación de este intercambio, Molly solo estaba un poco agitada por no haber agradecido la intervención del muggle como del jovencito Black (que era muy delgado para su gusto), Arthur tenia pensamientos similares por no ofrecer la cortesía y Percy apunto mentalmente la anomalía para futuras referencias.
Para finalizar con un incierto Harry Potter, cuyo mundo parecía a punto de colisionar.
XXXXX
Dumbledore miraba por la ventana el campus del colegio, sus ojos avejentados por los pensamientos que lo torturaban diariamente desde que se descubrió el cuerpo de Quirrell en aquella trampilla en el corredor que prohibió para el resguardo de una piedra que aún seguía perdida.
Las investigaciones estaban vigentes en el ministerio, pero no había rastros posibles con magia solo una dura coincidencia con el Troll que también fue encontrado muerto durante halloween.
Una espada fue la culpable al mero estilo tradicional.
Acomodándose sus anteojos ocultándolos bajo el sol, el avance fue truncado no había un culpable firme y los fantasmas… aun con la cláusulas del ministerio que se obligó a usar… no estaban por informar la identidad del Grimm reaper.
Para usar dicha magia que ata a los fantasmas, tuvo que informar al ministerio de sus sospechas… aun cuando podían jurar que eran sus exageraciones, el ministro tenía sus dudas y el pánico corriendo por sus regordetas mejillas.
-Es el único al que puedo culpar- murmuro para sí mismo, esa misteriosa presencia que parecía más presente desde este año.
¿Los Black? Podía señalarlos, apuntarlos pero aun con todos sus títulos… seria lanzar un reto a las familias sangre pura, la política de los 28 sagrados y enfrentar a Walburga con toda su característica dominante por muy débil que este actualmente, no era su mejor manera de pasar el día.
Pero aun con las sospechas, no tenía evidencia… puede que se equivoque y termine arruinando su imagen ante prometedores niños.
Abandono el pensamiento, mejor se concentró en lo que las investigaciones encontraron de la escena del crimen… también siguió el consejo de Tsukishima al realizarlo de manera muggle.
La conclusión era que fue una pelea, casi unilateral… el lado de Quirrell fue el más activo mágicamente, podía asegurarse que fue el que demolió las piezas negras de ese tablero de ajedrez… del otro solo el arrastrar de una espada filosa, pero nada de magia.
Se encontraron rastros de posesión en el cadáver del docente.
Aun cuando era obvio en su mente analítica que quizás las intenciones del desconocido eran proteger la piedra (era una arriesgada apuesta), no era necesario haber terminado con la vida del joven profesor.
Luego estaba su buen amigo Flamel, el hombre acepto de buena manera el robo de la piedra filosofal aunque lo dejo muy decepcionado lo lapso de la seguridad, no evito teñirse de vergüenza por la observación.
Se masajeo el puente de la nariz prefiriendo no mortificarse por algo lejos de solucionarse, el tiempo transcurrió muy rápido en el ajetreo entre política e investigaciones que pronto las clases iniciarían.
XXXXX
Fin del capítulo.
Nota: Alphard y Harry cumplen en el mismo día.
Unohana fue una buena terapeuta, adivina de emociones y paciente... no es de extrañar que facilmente haga escupir la sopa a Petunia por muy endurecida que diga ser.
Ichimaru creo que es consecuente con la familia Granger por Ukitake, aunque despues termino gustandole el humor del señor... un personaje que no me acuerdo mucho que pasaran en el canon.
Todos sabemos que Ichimaru es engañoso llevandose "bien" con cualquiera.
Normalmente los Black tienden a ir antes a las compras, por cuestión de su condición "maldita" pero llegaron a coincidir porque habían estado esperando a que su abuela mejorara para realizar las compras… algo que no sucedió y terminaron en una fecha muy abarrotada.
Los Weasley con la conmocion de ver a un Black con muggles, seguro Walburga no fue feliz al enterarse...
Gracias por sus comentarios, Luna esta por salir no se preocupen aunque no esperen que sea de la manera en que piensan...
ahora toco un capitulo algo largo, pero queria abarcar todas las vacaciones para iniciar con el año en el capitulo que sigue.
Neah20 fuera...
