-Muy bien. -anunció Levi, bajándose el pañuelo de su cara. -Tráiganlo. Irá a la última celda, por seguridad.
Lovino ayudó a colocarle las esposas al durmiente Eren. Una vez terminado, se dio la vuelta, listo para volver y no limpiar hasta el próximo siglo.
-Vargas -dijo Levi, tocándole el hombro. -, mañana es el juicio, ¿nos acompañas?
-Q-q-q... Sería un honor, capitán, pero... no creo que pueda.
-Entiendo. -dijo, con esa expresión ilegible que tiene. Volteó hacia la silueta durmiente y la observó.
-¿Capitán, está bien?
-¿Eh? Sí. Pueden irse. Yo vigilo al mocoso.

-Antonio, ya volví. Y no preguntes por qué tardé tanto, que yo no quise per... -cerró la puerta. -¿¡Qué haces?!
-Ordenando~
-¡No toques mis cosas!
-Bueno, es que estaba todo tan desordenado...
-¡Pero es mi desorden! ¡Mio! Che cazzo stai facendo entrare dove non sono affari tuoi?!
-Otra vez italiano. ¿Sabes? Ese idioma es muy raro. Parece español mal hablado. -Lovino tomó lo primero que encontró y se lo tiró. Antonio se quedó sonriendo hasta que el par de boxers le cayó en la cara. -¿No te enseñaron lo que es lavar la ropa siquiera? Si mi madre te viera...
-¡¿Alguien me explica por qué lo primero que haces es limpiar? ¿Quién eres, Rivaille?! -respiró hondo. -¿Sabes qué? Limpia. Mientras pueda seguir encontrando mis cosas...
-¿Que tal si me ayudas, así sabrás dónde está todo?
-... Tenemos todo un día libre y lo único que se te ocurre ¿es limpiar?
-Está bien. Limpiaré. Como una sirvienta, controlada por su cruel madrastra. Ay, ay de mí...
Lovino se dirigió a su escritorio, donde la cantidad de papeles había bajado considerablemente. En realidad, estaban en pila, pero no importa. Lo único que parecía fuera de lugar era la carta. La tomó y se sentó en su ahora echa cama.

Una vez terminó de leerla, suspiró.
-Questo idiota...
-¿Qué? ¿Qué pasó?
-Nada. Mi hermano siendo el mismo idiota de siempre.
-Pero no parece tan mala persona.
Ambos se miraron en silencio.
-¿Cómo...?
Antonio se puso nervioso. Las pocas veces de las que Lovino hablaba de su hermano, era descrito como un idiota egoísta que siempre obtenía lo que quería. No podía decirle que leyó la carta y que le pareció que alguien que te escribe cartas para saber cómo estabas no puede ser tan malo. A no ser...
-Antonio... -Lovino miró el sobre. -¿Estuviste leyendo mis cosas?
Tomó su silencio como un sí.