Disclaimer: Los personajes y las situaciones que te puedan recordar a Twilight no me pertenecen, esta inspirado bajo la obra de Sthephenie Meyer. Para ella todos los derechos, me la obra/historia/fic que es de mi autoría. Esta historia es ficción.
Gracias a Ericastelo por revisar este capítulo! Ya no sé que ponerte Graciasx3! hahaha Pensé que no lo terminaría pero aquí está y espero que les guste!
Encendiendo fuego bajo la lluvia
Capítulo X
En cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada. Theodore Roosevelt
Con la cabeza fría y las cosas claras.
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Bella
Sin mirar atrás y con mi mochila a cuestas, salí presurosa hacia la calle. El día estaba extrañamente iluminado con su sol espectacular haciendo que las recién estrenadas flores primaverales lucieran radiantes.
Ignoré el paisaje y apreté mi mano en la mochila bufando enojada.
El sol de primavera ni siquiera se asomaba en mi vida estos días.
A unos metros de distancia nos esperaba un hombre apoyado a un costado de un automóvil negro. Lo reconocí de inmediato, pues su contextura era difícil de olvidar. Se trataba del hombre de gafas que me recogió ese día en la clínica cuando Edward me empujó.
Alguien amable, por fin.
Él se acercó, me sonrió y tomó gentilmente mi mochila para guardarla en el portaequipaje dejándome perpleja con su amabilidad. Luego abrió la puerta y me indicó que podía entrar con una leve inclinación de cabeza, pestañée varias veces un tanto asustada pero no pude siquiera reaccionar o tomar la decisión de entrar porque unas manos me apuraron hacia el interior del auto
¿Cómo pude olvidarme que Edward venía detrás?
-Cuidado, bruto -Solté como un pequeño grito fácilmente confundible con un gruñido, esperaba que Edward Cullen lo haya escuchado e interpretado bien.
Pronto me vi sumergida en una marea de cuero lujoso y olor a nuevo, mientras el hombre de gafas subía por el otro costado y se posicionaba frente al volante con seguridad, noté que sonreía desde el espejo retrovisor.
-A la mansión- Indicó Edward sin pestañear mientras guardaba la carpeta en un compartimiento que abrió tras acomodarse en el asiento contiguo al mío.
-Sí señor.
Mi vista se quedó pegada por un breve momento en el compartimiento. Deseaba de forma casi exasperante poder abrirlo y hojear entre todas las páginas que contenía dicha carpeta… los exámenes, los contratos, el DVD...
Quería saberlo todo, quería saber el cómo Ángela logró engañarnos a todos, cómo…
Miré de reojo a Edward, quien miraba su teléfono y abría el compartimiento contiguo y sacaba otros papeles.
-¿Puedo…? – pregunté bajito apuntando donde se encontraba la famosa carpeta que tan intrigada me tenía. No sé porqué lo hice, ni porqué me atreví a pedírselo sabiendo que este hombre de gentil y amable… no tenía nada.
-¿Qué?
-La carpeta…
-¿Esta? –inquirió mostrando la que estaba hojeando levantando un poco su ceja.
Rodé mis ojos un poco más enojada de lo que ya estaba, este hombre era exasperante.
-No, la otra. La que guardaste ahí – apunté, haciendo que él sonriera.
-No.
-¿Por qué no? También tengo derecho a ver esos papeles.
-Claro, pero esos papeles ya los has visto ¿No deberías tener copias de ellos?- su razonamiento era lógico, pero lo que quería saber era el porqué esos exámenes están a otro nombre… al nombre de Ángela, cuando yo era la paciente, cuando yo era la embarazada. Es cierto, tenía una copia pero esas, estaban a mi nombre.- Además no me has dicho ni por favor.
-¿Qué?
El auto giró hacía la carretera con un movimiento algo más brusco de lo acostumbrado haciéndome quitar la mirada de mi irritante interlocutor. Debía respirar y tranquilizarme, mis emociones estaban tan vulnerables, al cambio drástico, que sabía que de un momento a otro podría estar gritando, y al siguiente llorando. No podía permitirme un desliz así, pues tenía que saber… enterarme de muchas cosas.
Suspiré rendida.
Tantos porqués sin respuestas y que necesitaba conocer
De pronto una nueva resolución se estaba formando en mi interior… quizás un nuevo propósito.
-Por favor…- Dije entre dientes levantando la mirada y visualizando como su mueca divertida crecía un poco más.
Genial, estaba divirtiendo al señor.
-No, pero gracias por ser tan educada Isabella.
Apreté la manzana con fuerza entre mis manos mientras él volvía su atención a los papeles que tan entretenido le tenían.
¡Diablos! Tenía que calmarme, esto no podía afectarme tanto. Tenía que pensar, él me había acorralado en un callejón sin salida y no podía parecer un ratón yendo directo hacia la trampa. Tenía que saber donde estaba y como podía sobrevivir ¿Cierto?
Por mi bebé, principalmente por él. Quería estar con él durante toda su vida, sus primeros pasos, su primera palabra, su primera sonrisa… la primera vez que abriera los ojos al mundo… todas sus primeras veces y… si no jugaba el juego que Edward Cullen estaba jugando, quizás no podría hacerlo y solo podría hacerlo imaginando la vida de mi bebé encerrada en la cárcel.
Sin pensar en Jake, Sue… Seth y Leah.
Lo malo de todo esto es que no tenía idea de donde estaba parada, de quién era este hombre, de lo que me esperaba y como podría enfrentarlo… no sabía nada y eso me estaba poniendo más nerviosa que enojada.
Tomé entre mis manos la manzana, apretándola entre mis dedos con fuerza.
Todo por culpa de Ángela, ella nos metió a ambos en todo este problema… si ella no hubiese entrado en mi vida ni siquiera hubiera tenido la necesidad de conocer a este hombre tan déspota.
Debo dejar el resentimiento, no hace bien. Ella aunque no lo pensara ni imaginara, tuvo que pagar su precio.
Ese pensamiento me hizo detener en el accidente de la autopista, y si mal no recordaba, en el noticiero dijeron que el auto de Ángela se había salido y provocado el choque… ella había sido el inicio de toda las colisiones.
¿Cómo es que había pasado realmente? ¿Por qué Ángela hizo tal barbaridad? ¿Ella se mató? ¿Realmente pasó así?
Mis ojos viajaron nuevamente hacia el hombre que estaba a mi lado concentrado escribiendo en sus papeles con el ceño fruncido.
¿Edward Cullen podría haberla asesinado cuando se enteró de todo esto? ¿Lo intentó? Por eso tenía vendas en sus manos cuando lo conocí…La escena se plantó en mi mente tan rápido que sin perder tiempo la estaba imaginando.
Una noche él descubre los contratos y a la mañana siguiente Ángela se ve envuelta en un accidente, el funeral… un mero trámite para él, por eso no tenía expresión en las fotografías.
¡Oh Dios! ¡Este hombre podría matarme a mí, a mi bebé, a los demás!
Mi respiración se aceleró, mientras intentaba acallar mi voz presa el pánico irreflexivo me inundaba.
No puedes ser tan estúpida, Bella.
Él no podría haberla matado… No le convenía hacerlo, recuerda tu razonamiento: Ellos sólo hacen lo que les supone un mérito y matarla no supondría nada de eso, una persona como él se regodearía en la venganza… en usar esa información como chantaje, como arma. Definitivamente Ángela no le servía muerta y yo tampoco.
¡Santo Cielo! Todo esto me estaba volviendo además de paranoica, demente. Debía de procesarlo un poco más, respirar, tomar en cuenta todo… averiguar…
Dirigí mi vista hacia algo más interesante y… cuerdo, como el paisaje primaveral que la ciudad de Chicago nos ofrecía en esta temporada. A pesar de ser primavera y el sol estaba en lo alto del cielo, el viento tan característico de esta ciudad estaba presente en todo su esplendor, moviendo las hojas de los árboles lejanos del paisaje.
Era evidente que Edward Cullen era un hombre de cuidado, parecía que siempre estaba enojado y con ansias de divertirse a costa de los demás, parecía ser directo y no tener pelos en la lengua a menos que le fuera de provecho la educación… Algo era seguro en todo esto, lo sentía…yo le era útil ¿Por qué? porque estaba engendrando a su hijo, a su heredero… le servía de fachada, incluso tendría con todo esto más ganancias que pérdidas. Él lo sabía y algo me decía que hasta lo tenía planeado.
Eso no puede ser… ¿Cómo?
Edward Cullen se creía muy listo ¿Verdad? Pero esto no le saldría tan fácil como él lo creía, si por un momento pensó que yo no iba a luchar por mi hijo, por su bienestar futuro, que él estaba amenazando… pues estaba equivocado.
Con mi mano en mi vientre sentí un nuevo movimiento perturbando mi expresión logrando ganarme una mirada inquisitiva de mi acompañante pelirrojo ante mi intento de acomodarme en el asiento y dejar la manzana en el espacio que nos separaba.
-Come esa manzana- requirió tomándola y colocándola en mi regazo.
Lo ignoré y seguí mirando por la ventana, por su lado Edward tuvo que acabar con su tono mandón e inspección cuando su teléfono sonó. Tan solo un bip y ya, estaba otra vez en su mundo de negocios.
Mientras lo escuchaba dar órdenes por su teléfono tomé varias decisiones.
Debía mantener la cabeza clara, y procurar no ser la estúpida del cuento nunca más. Me prometí no llorar y no mostrarle debilidad a nadie. Me prometí ser madura, coherente y decidida.
Valiente.
Ya estaba metida hasta el cuello en todo esto, había firmado eso hace cuatro meses, había permitido que una célula de Edward Cullen fecundara la mía, y tan impersonal como sonara eso, estaba hecho.
Y lo hecho, hecho está.
De esa fecundación había surgido mi bebé, el que se estaba manifestando ahora con movimientos circunflejos al interior de mi vientre. Eso era tan real que emocionaba, había pactado entregar el bebé cuando este naciera a una persona que no conocía, y esa persona estaba muerta. Dejando toda la basura que agrupó a los que quedamos viviendo en ella.
Principalmente Edward y yo… los padres del bebé.
Y había algo muy claro en todo esto: Edward Cullen quería un bebé, quería el bebé que yo estaba fecundando. Quería una esposa y el negarse a ello, significada prisión, destrucción de las únicas personas que quería y soledad, pues no me dejaría ser parte de la vida de mi hijo.
Significaba perder mi vida…
Con mis manos en puños logré pensar y decidir lo que haría… Haría todo lo que fuese necesario por el bienestar de mi hijo, eso es lo que hace una madre. Sacrifica todo lo que tiene y lo que no tiene para sus hijos, tengan lo que les haga falta.
Y yo lo haría… me casaría con este hombre, lograría que mi bebé tuviera la mejor vida que pudiera lograr, la mejor educación y todo, todo el amor que pudiera darle.
Tuve que retener tras mis ojos lágrimas de impotencia, de furia y resignación. De pérdida, de dignidad.
Porque tragarse el orgullo no es cosa sencilla y menos digna.
Un nuevo fuego se extendía por mi alma con determinación, mi vida parecía tan oscura a este punto, tan fría y congelante que la sensación fue bienvenida con regocijo.
Sí, Edward Cullen había ganado esta batalla, había conseguido una esposa… pero no había ganado la guerra.
Diablos ¿De verdad me casaría? ¿Yo, Isabella Swan?
Edward cerró su teléfono en un sólo movimiento espantándome mientras su mirada se posaba en mi mano que acariciaba mi bultito por instinto. No me di por enterada.
-Benjamín, desvíate hacía la autopista siguiente.
-¿En dirección a…?
-Tengo hambre, pasaremos por un autoservicio –ordenó con el ceño fruncido, revisando algo en su iPhone con concentración. Respondiendo un email, quizás. No me interesaba.
Mis pensamientos estaban lejanos a su presencia. Este hombre no se merecía mi respeto. No. Ya que iba a ser su esposa por imposición, lo trataría como yo quisiese… por lo menos cuando estuviéramos solos.
Cuando estuviéramos solos.
Ese pensamiento me hizo retorcerme de miedo. Solos… no. Ya que esto era pantalla no habría porqué. No quería estar cerca de él, más de lo necesario.
¡Dios! Había tantas cosas por definir y seguía tan confundida… asustada.
Estaba enojada con él, muy enojada con él por atreverse a amenazar a Jake y Sue… Estaba enojada conmigo misma por ser tan manejable por esta gente despreciable ¿En qué me convertía esto? ¿En alguien despreciable como ellos?
En una vendida, interesada, egoísta…sí, en una despreciable.
Santo cielo, ¡Por favor no! Mi bebé se merecía algo respetable, alguien que fuera un ejemplo… pero ¿Podría serlo?
Por un momento lo dudé, pero lo deseé fervientemente.
De pronto la idea de ser madre, de educar me pareció más aterradora que él hombre que me había casi secuestrado y se encontraba muy tranquilo a mi costado.
Tenía que desearlo para poder lograrlo.
Lograría ser una buena madre por él, darle lo mejor que tuviera a mi alcance… aunque me muriera de miedo de tan solo pensarlo… lo haría.
Miré de reojo al… tragué ante la idea…al padre biológico de mi hijo.
Sonaba mal… él había donado su esperma, y al parecer, involuntariamente… ¿Cómo podría querer algo que ni siquiera sabía que se estaba formando hasta que su prometida falleció, descubriéndose toda la bomba? Realmente sentía un poco de lástima por él ¿Ángela usaba barriga falsa? Miré mi propia barriguita y me di cuenta que ese bultito no era muy visible para el ojo común. Sólo alguien que supiera que estaba embarazada podría distinguir mis cuatro meses, quizás ni Ángela necesitaría aún lucir algo… hinchada.
¿Fingiría vómitos, náuseas?
De pronto, él día en que llegó con toda esa ropa maternal apareció en mi memoria mostrándome cosas que antes habían pasado desapercibidas. Había comprado mucho esa única vez y algunas de esas cosas por dos… No me pareció extraño pues se las había llevado consigo. ¡Rayos, eso era!
Y quizás por eso también no faltaba a ninguna cita con el ginecólogo, era su fachada perfecta... ¿Falsificaba mis exámenes como suyos? ¿Se podía hacer eso? ¡Que retorcido!
Tomé la manzana entre mis manos y masqué descuidadamente la fruta. Era arenosa, insípida… no me gustaba, así que haciendo una mueca de disgusto, volví a dejar la manzana en mi regazo.
Edward Cullen parecía tan frío, tan calculador, tan conocedor de todo lo que le rodeaba… ¿Cómo es que no se dio cuenta de todo el engaño?
Quizás no le importaba, o no creyó a Ángela capaz de hacerlo o tan sólo tenía un objetivo en mente y ese no era preocuparse por su prometida a quien según sus palabras no amaba y no importaba si lo hacía o no.
"¿Crees que el amor mueve al mundo? Pues entérate que no es así. Vive el mundo real como mejor puedas"
Que triste.
¿Edward nunca quiso tocarla? Bueno si no la amaba ¿Qué me hace pensar que amaría la idea de ser padre?
La pregunta nació sin proponerlo, y en cierta forma era inevitable: ¿Por qué? ¿Por qué Edward quería un hijo tan desesperadamente, tanto que empujó a Ángela a hacer todo esto?
¿Realmente Ángela no podía tener hijos? Dudaba de todo ahora…
Una bolsa café apareció en mi regazo como por arte de magia. La miré no logrando identificar el logo de la bolsa pero logrando olfatear el delicioso olor que provenía de su interior. Tenía hambre y no me había dado cuenta. En realidad tenía mucha, mucha hambre y la insípida manzana no había contribuido en nada a saciarla.
-¿Qué es esto?
-¿Nunca haz visto comida para llevar? – preguntó Edward ajustando sus lentes en el puente de su nariz. Parpadeé con rapidez, sólo yo tenía una bolsa así en mis manos.
-¿Y no compraste algo para ti?
-¿Me tuteas, Isabella?
-¿Debo llamarte señor a toda hora o sólo cuando haya más personas?-Inquirí olvidando todo tipo de preocupación o curiosidad, simplemente me sentía irritada tras dos segundos de escuchar su voz burlona e irónica.
-No estaría mal.
Abrí la bolsa y un flujo de aire caliente con delicioso olor me envolvió. Saqué el emparedado con los dedos y al mascarlo el sabor a verduras cocidas y pollo me dejó casi en estado de coma ¡Dios, que rico! ¿Tanta hambre tenía?
-Ni lo sueñes, puedes que me obligues a casarme contigo pero sólo eso, el papel – le respondí con los ojos cerrados y masticando con felicidad. No me importó, quizás si veía mi peor lado se arrepentiría de casarse conmigo.
Ojala todo fuera tan fácil.
-¡Oh, ya veo que lo has aceptado! ¿No ha costado tanto, verdad?
Lo miré mientras seguía comiendo y el auto seguía su rumbo. Al parecer todos sus asuntos pendientes habían sido resueltos en estos minutos y ahora tenía plena libertad para hablarme o molestarme.
-He aceptado tu chantaje porque sé de lo que son capaces la gente como tú, lo hago por mi hijo y no porque sea fácil aceptar esto. Por mi estuviera lo más alejada de ti y tu familia, de tu dinero y de tu nombre…Que te quede claro eso Edward.
-No sé… Es difícil creerte todo esto que dices, cuando firmaste un contrato millonario donde te deshacías de tu hijo con tanta facilidad.
-Tú no sabes nada… tú no me conoces.
-Tú tampoco a mí Isabella, no finjas conocer a las persona 'como nosotros', como dices tan a la ligera… porque tampoco tienes ni idea.
Otra vez nos encontrábamos mirándonos y desafiándonos el uno al otro. Al parecer el tenía sus motivos, como yo tenía los míos… sin embargo no quería escucharlos ahora y al parecer él tampoco.
El silencio tan común cuando estábamos juntos se hizo presente una vez más.
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Llegamos al cabo de un rato de viaje a una gran, gran casa ubicada a las afuera de la ciudad. Lo primero que me dejó con la mandíbula en el suelo, fue la imponente reja que nos impidió el paso por unos momentos para ingresar a la propiedad que se mostraba majestuosa frente a mí.
Sus colores cálidos en el exterior y de arquitectura de dos pisos como de época, hacia que todo esto pareciera salido de una de esas novelas de Jane Austen o Emily Bronte. Las escaleras que te guiaban al interior estaban adornadas a sus costados con hermosas flores blancas. Era una casa bella… jamás soñé con nada igual y es que tampoco soñaba mucho con lujosos inmuebles.
Cuando salí de mi asombro, comencé a mirar a mí alrededor, admirando el amplio y bello lugar, fascinada por el verde que lo rodeaba.
-No te quedes parada ahí, camina – ordenó Edward pasando por mi lado.
Mientras lo observaba dirigirse hacía el interior, giré y me dirigí hacía el hombre de gafas negras que aún estaba tras el volante, sin apuros.
-¿Disculpe, señor…? – pregunté temerosa de parecer muy mal educada al no recordar su nombre.
-Mi nombre es Benjamín, señorita. ¿En qué puedo ayudarle?
-Mi mochila está en el maletero, ehm… me preguntaba si me la pasaría para llevarla…
-¡No, como se le ocurre! Yo la cargaré por usted cuando estacione el Volvo en el Garaje. Usted no se preocupe por nada.
-No, yo puedo llevar mi propia mochila, no permitiré que alguien más me la lleve si estoy en perfectas condiciones de hacerlo por mi misma, yo…-una mano tomó mi brazo haciéndome girar y gritar en el movimiento.
-¿Qué haces discutiendo con Benjamín, eh?
-Yo…ehm… mi mochila- intenté contestar.
-Él te la traerá, entra de una vez – insistió cuando mi vista se paseaba entre él y Benjamín- Tenemos que conversar unas cosas y te tengo que presentar a Tia, apúrate.
No pude discutir más al respecto porque pronto me vi corriendo hacia el interior de la gran casa, dejándome otra vez asombrada por la belleza de esas paredes. En el recibidor había todo tipo de decoración que hacía del lugar acogedor pero no sobrecargado, al centro había una gran escalera con decorados dorados y cafés combinado a la perfección con todos los muebles circundantes al área, imaginaba que toda la casa tendría ese estilo decorativo y no podía evitar encantarme con la idea… esto era muy bonito.
Edward paró un momento y me permitió acomodarme y caminar a su lado, entramos a una gran y amoblada cocina donde una señora nos daba la espalda mientras picaba y preparaba algo en la cocina.
-Tia – llamó Edward con tono cordial y hasta amable, sorprendiéndome en el acto.
¡Ah, también podía ser amable!
La señora era más joven de lo que pensé, al girarse su rostro se iluminó con una sonrisa enorme, haciéndome sentir como esta se contagiaba en mi rostro mientras ella se acercaba dejando lo que estaba haciendo para ir a nuestro encuentro. Estaba vestida formalmente, con una falda negra larga y una blusa estampada que hacía resaltar el tono moreno de su piel, y sus ojos y pelo oscuros.
-¡Señor Cullen, ha llegado! ¡Qué sorpresa! Pensé que vendría a habitar esta casa en un mes más, pero luego sabiendo las terribles noticias, no teníamos la certeza si iba a…
-No te preocupes, le dije a Benjamín que te avisara que vendríamos hoy a instalarnos. Te presentó a Isabella, ella será la señora de esta casa. Es mi esposa.
Las palabras de Edward me dejaron pasmada. Mis ojos abiertos como dos platos se posicionaron en los de aquella mujer dulce y cálida en busca de una reacción al hecho de que viniera su jefe y de la nada apareciera con una mujer extraña anunciándola como la su 'esposa' y 'señora de esta casa'. Ese título sonaba incorrecto para mí, yo nunca fui dueña ni ama de nada, yo servía… no me servían a mi. Y menos era la esposa de él…Estaba mal…
-No, yo no… verá…
-Lo serás, anda acostumbrándote – me calló mientras caminábamos al centro de la cocina frente una larga mesa de mármol – Ella es Tia, la ama de llaves de esta casa. Está a cargo de todo el personal de servicio y además se encarga de la cocina.
-Mucho gusto en conocerla, señora Cullen. Estoy a su servicio – dijo Tia sonriente y amable.
Todo esto era tan abrumador que me encontré pronto sin palabras que pronunciar.
-Bien, eso por el momento. Te dejamos Tia, Isabella y yo tenemos que ir al estudio.
Sin decir ni agregar más me arrastró hacía un pasillo al costado derecho de la salida de la cocina, habían múltiples puertas todas cerradas alrededor hasta que llegamos a una donde con una llave, Edward abrió y entró sin esperar a nadie… al parecer era su costumbre.
Ya me estaba habituando a su comportamiento egoísta, mal educado y arribista.
-¿Por qué le dijiste que soy tu esposa cuando ni siquiera nos hemos casado? – pregunté enojada. Necesitaba respuestas, necesitaba entenderlo ¡Por el amor de Dios!
-Porque lo serás y punto. Ellos no tienen por qué saber que aún los papeles no están firmados.
-Es ilógico, ellos debían saber que estabas comprometido con Ángela hace menos de un mes y vienes de pronto con otra mujer y de la nada estás casado…
Esa idea había estado en lo más profundo de mis pensamientos, no se habían ni asomado durante estas horas y es que ¿Quién podía culparme? Edward Cullen me acorrala y me dice que me tengo que casar con él en una semana, que tengo que irme a su casa y luego ¿Qué?
Luego todo esto…
No había pensado en todo lo demás, en todo el entorno que nos rodeada. Su familia, sus trabajadores, las personas en general… ¿Qué pensarán?
-¿Qué dirá tu familia? ¡Santo cielo! ¡¿Qué dirán ellos? Sabrán que todo esto es una farsa, que no es real…
-Ya me encargué de eso.
-¿Cómo?
-¿Tienes que saberlo todo? Eres irritante.
-¡Claro que sí!
-No grites, y siéntate – se apresuró a decir cuando vio que no seguía sus pasos de acomodarme al otro lado de su escritorio caoba y lustrado.
-Estoy bien así…gracias.
-Como quieras.
-Dímelo.
-Sí me prometes algo, te lo diré.
Esta vez logré tomar una de las sillas de cuero que estaban acomodadas en su estudio y me senté antes de colapsar en el piso.
-¿Qué quieres ahora?
-Esto queda entre nosotros, para el resto somos una feliz pareja recién casada. Me amas, como yo te amo. Tendrás que aprenderte esto: Nos conocimos en ese restaurante en donde trabajabas, un día que pasé apurado a comprar almuerzo, no sé tú puedes variar la historia ahí. Fue amor a primera vista – recalcó sonriendo irónicamente haciéndome odiar esa expresión – Tu no sabías que en ese tiempo yo estaba con Ángela, pero lo nuestro fue más fuerte, pasional… y pues, quedaste embarazada y no me lo contaste… lo descubrí después de que Ángela murió, justo un día antes había roto mi compromiso con ella… ya no la amaba porque pensaba todo el día en ti. Esa es la historia que contarás cada vez que te pregunten ¿Está claro?
-Tu crees que se lo creerán ¿Amor a primera vista?- Reí ante lo absurdo, se veía a simple vista que ambos no nos soportábamos mucho.
-Soy buen actor Isabella, la pregunta aquí es si tú eres buena actriz ¿Qué me dices?
La pregunta quedó volando en el aire un buen rato. Mentir, eso es lo que me pedía…
No.
Yo no quería hacerlo, pero ¿Me quedaba de otra posibilidad?
¿Podría dar vuelta mi vida de un día para otro, sin prepararme, sin mentalizarme en ello?
Por mi bebé… por él, siempre por él…
-No lo sé… Yo…
Otra vez el intenso y catastrófico silencio.
La verdad es que no tenía nada, absolutamente nada claro en todo esto. Lo único que sabía es que lo haría, me casaría con él, participaría en esto que me pedía pero no había logrado aún dilucidar el cómo. ¿Estaba preparada? ¿Lo lograría? ¿Y si no lo hacía bien, me quitaría a mi bebé de todas formas?
-Tengo que pensar en todo esto – solté derrepente.
-¿Pensar en qué? Ya sabes los pro y los contras ¿Es que tengo que repetírtelos?
-No, no es eso lo que quise decir.
Dije con una idea formándose en mi cabeza… necesitaba un tiempo, aunque fuese corto, para pensar en lo que haría y como lo haría, un tiempo para ordenar mi cabeza totalmente fuera de la abrumadora presencia de Edward Cullen.
-¿Qué es entonces? Puedo meterte a la cárcel, quitarte al bebé…
-¡Lo sé! ¡Sé que puedes hacer todo eso y no lo quiero! ¿Okay? – Me levanté colocando mis manos al borde de su lujosa mesa, mirándolo fijamente mientras respiraba -¿Eso es todo lo que sabes hacer? ¿Amenazar para conseguir lo que quieres? Yo también tengo mis demandas en todo esto, es un asunto de dos… tú bien lo has dicho.
-¿Demandas? ¿Qué demandas? –inquirió curioso.
Me quedé callada porque no lo sabía con seguridad. Me impresionó que se diera el tiempo de preguntar por ellas, como si las estuviera considerando, como si quisiera que se las dijera para… ¿qué?
-Tengo que pensarlas… yo…
-Demandas… -dijo riéndose -¿Qué te hace pensar que te daré esas 'demandas' que me dices? Yo soy el que manda aquí, lo estás olvidando.
-Pues sin mí no tienes fachada ¿No es así? Me necesitas…- una revelación, la misma que estuve pensando y pensando durante el viaje a esta casa me golpeó súbitamente dejándome segura a cada palabra que pronunciaba… porque era cierto - No puedes deshacerte de mí, sin echar a perder tus planes…
Su silencio, el ceño fruncido y un pequeño gruñido me dieron la razón. Lo había adivinado, averiguado… y ahora estaba la certeza de que él…Edward Cullen me necesitaba ¿Para qué? Ahora no importaba.
-Necesito unos días para mí, antes que todo esto empiece. Me iré cinco días a Oklahoma.
-No, no te irás.
-Me iré.
-¿Qué pretendes con todo esto? Si crees que con esto estás al mando no es así, aún…
-Lo sé, lo sé – le respondí ya un poco más segura – puedes destruirme. Lo sé. Pero eso no me impedirá irme, no te preocupes volveré y cumpliré mi palabra… ¿Puedes cumplir tú la tuya Edward?
Silencio. Movimiento de papeles, tecleó en el computador.
-Dos días, ni uno más. Te compraré el boleto de avión ida y vuelta yo mismo.
-Cuatro días y yo me compró mi pasaje, no te angusties.
-Dos.
-Tres. Tres días y prometo llamar.
-No me interesa que llames, te quiero aquí luego de dos días.
-Perfecto, tres días y yo me compró el boleto de avión, sin llamar. ¡Perfecto!
-Isabella…- llamó amenazadoramente, haciéndome dudar de mi seguridad solo un momento.
-Edward.
-Dos días y es mi última palabra, No soy un ogro, te puedo dar eso si es lo que quieres con la condición que cumplas tu palabra… si lo haces yo cumpliré la mía.
-Muy bien.
-Sin embargo mañana iremos a un buen especialista para que vea el avance de tu embarazo y la salud de mi hijo, luego puedes ir a donde quieras…- De un solo movimiento se levantó de su escritorio, sacando unos papeles de la impresora que se encontraba a un costado de su gran mesa que ni siquiera había escuchado funcionar.
Me alargó su mano y dejó que los papeles descansaran en mis piernas.
Eran los pasajes a Oklahoma… ida y vuelta. Dos días, primera clase.
-¿Sabes Isabella? Eres una mujer con agallas, pero tonta.
-No soy tonta.
-Eso lo veremos. Te daré un tour por la casa.
Me levanté con premura tomando los papeles con cuidado, me dirigí hacia su figura en el marco de la puerta de su estudio y con estudiada soltura arrugué los pasajes y se los planté en su pecho altivo y ególatra, haciendo que soltara todo el aire que tenía en sus pulmones antes de salir al pasillo.
-Me los puedo comprar yo… pero gracias por la intención, idiota.
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Nota de la autora: ¡Hola! Volvimos al horario/día habitual de actualizaciones. El domingo no hubo adelanto ehm... porque el viernes hubo actualización! hahaahah. Bueno yo creo que Bella tiene que decidirse como va a enfrentar esto, por lo menos acepto lo que va a pasar... un poco XD. Tenemos nuevos personajes Tia y Benjamín y Bella se nos va a Oklahoma... ¿Qué les pareció como conversaban esos dos? Me rió escribiendolo.
Gracias, por todos los RR que llegan a cada actualización! No sé si alcancé a responder todo e incluso algunos se me fueron con cuenta equivocada... no se asusten, el HLC2 no les envió un PM fui yo con cuenta equivocada ¡Perdón! Pero alcanzo a pasar el dato de que extendimos hasta el 5 de octubre el plazo de recepción de OS, por si se animan a participar! -fin de propaganda-
He de decir que sus teorías siguen sorprendiéndome cada vez, algunas son tan certeras que creo que se filtró el capítulo hahaahah Ok not... Pero en serio, muchas gracias por contarme sus locas ideas, son geniales.
Subiré al blog los extras del capítulo, por si desean echarle un ojo. Gracias Eri de nuevo!
Gracias, gracias y besotes cariñosos!
Enichepi
