—Segunda Parte: Cambios Radicales—
=10. Chicas en fuga=
Once pares de ojos se fijaron en ella. Las cejas de sus amigas se alzaron curiosas y otras más bien se juntaron, confundidas. Naoko ahogó una O en sus labios y Jin pareció no haber comprendido el significado de sus palabras (aunque no exactamente por el idioma). La única que logró mirarla sin confusión, fue Aimeé. En sus ojos ámbar brilló la complicidad y sus labios formaron una perfecta sonrisa, digna de cualquier comercial de dentífrico.
— ¿Qué tienes en mente, Mondragón?— cuestionó sin dejar de sonreír. Ante su cuestión, los labios de la americana también se curvearon dibujando una perfecta sonrisa de seguridad. Sus ojos plata resplandecieron y una vez más, ese destello de altivez pareció iluminarle el rostro.
— ¿Les gusta el spa?— preguntó con deleite, como quién saborea un verdadero manjar. A su alrededor, las lágrimas de Yoshiko se esfumaron y desde Jaqueline hasta Naoko, sus dudas parecieron irse esfumando. Bastó una hora y un «nos esperan» para que la conversación quedara zanjada y las doce se dirigieran dónde los muchachos.
La sonrisa de Allison tardó en borrarse y es que, si algo lograba hacerla feliz era sin duda ese hermoso sentimiento de venganza cuando la víctima lo merecía. Y Hikaru (y los demás incluidos) lo merecían.
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Habían pedido una tercera ronda de Huracanes y un plato familiar de nachos, para seguir en la charla y disfrutar de la noche. El clima en Niigata bien valía la pena el goce de esa noche y la relajación que el alcohol ejercía en sus músculos. Entre charlas en común, a veces por tríos o incluso en parejas, los seleccionados y sus parejas disfrutaban del ambiente de bar, bailaban de vez en vez al ritmo de la música jazz que sonaba y reían a más no poder cuando alguna anécdota especialmente divertida se hacía presente.
Aimeé y Hyuga, acababan de tomar asiento tras una pieza de jazz cuando finalmente, el portero karateca se armó de valor y tomó la palabra sobre lo referente a las actividades que se llevarían a cabo el día siguiente.
— Hemos pensando en que sería buena idea mirar el partido de Tailandia a las 10 y luego… no sé, ¿por qué no vamos a Hakusan Park? He oído que es bueno para…— antes de que pudiera seguir con su monólogo, Hye Sun besó mu mejilla y habló mirando a las chicas con una sonrisa en los labios.
— Suena genial. ¿Contra quién juega Tailandia?— preguntó. Ken y los demás no pudieron evitar mostrar su sorpresa ante tal aceptación tan sencilla, pero tampoco se negaron a seguir dentro de la buena racha que parecían tener.
En punto de las 11 de la noche, todos subieron a sus habitaciones, se pusieron los pijamas y se metieron en la cama. Algunos pasaron un rato mirando TV, otros más envueltos en charlas con sus parejas y unos pocos, incluso jugando algún nuevo demo en el móvil. Ninguna de las chicas dijo nada respecto a sus nuevas averiguaciones, Yoshiko ni siquiera le insinuó a Hikaru el caso con el juez y el alquiler, simplemente, le acompañó a ver 'El lobo de Wall Street' y se quedó dormida a su lado cuando los créditos comenzaron a rodar.
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—Jueves en la madrugada (5:00 AM)
Poniendo especial cuidado en no hacer ruido al calzarse los zapatos, Allison terminó de vestirse y echó una mirada a su bolso, antes de cerrarlo. Se detuvo con cuidado junto a la cama y miró a Genzo apaciblemente dormido, sujetando la almohada con una mano y con esa respiración pesada que indicaba que sus actividades no le habían despertado. Abrió con cuidado el cajón de la mesita de noche y tomó el boli que ahí había. Dejó su nota y besó la mejilla del portero antes de dejar la habitación.
Apenas cerró la puerta, se encontró con Aimeé y con Sanae. Jaqueline y Cho, ya habían bajado. Pero cuando todas se reunieron en el lobby, sus caras de sueño no eran nada, en comparación con las ganas que tenían de marcharse. Azumi por supuesto, no había sido incluida en el plan, principalmente, porque Yoshiko no necesitaba que alguien le echara en cara el motivo de su fuga, luego estaba el hecho de que la francesa-japonesa, estaba bastante ocupada en sus asuntos personales que la requerían en otros lugares en un par de días.
— ¿Han dejado las notas?— cuestionó la española con una sonrisa.
— Solo me faltaba pegársela en la frente para que no se le pasara— aseguró Cho con una sonrisa. Con la alegría de su primer éxito, dieron por terminada la fase 1 de su plan maestro.
— Bien, entonces, ya saben que hacer— siguió Aimeé— Pasaremos a llenar los depósitos y apenas marquen las 8 de la mañana, alguna deberá realizar nuestra confirmación de reserva. ¿Sí reservaste no, Hye?—
— Una cita en Sumatakyo para un día de tratamiento a partir de las 11— aseguró la coreana.
— Perfecto. Ahora no olviden, que antes de eso, debemos ir al banco para hacer el depósito de Yoshiko. Y envié un mensaje a mi amiga Edeline para que deje una nota en el Sheraton para los chicos— aseguró Allison sonriente.
— Cuando la lean, se pondrán como locos— rió Lorean— Quisiera ver sus caras—
— Pues yo quisiera verlas, apenas despierten— siguió mofándose Sanae.
— Venga, es hora de irse. Nos queda un largo viaje a Shizuoka— aseguró Jaqueline. Siguiendo a la italiana, las doce chicas (porque Azumi no estaba incluida en el plan) siguieron su camino hasta el estacionamiento, abordaron los autos en que habían llegado y dejaron atrás el Okura Hotel Niigata.
Su primera parada fue la estación de gas y la tienda OXXO, para comprar algo de comida para el viaje. En el Sedán de Aimeé, Hye Sun ganó el asiento de copiloto y el control de la música, pero fue necesario comprarle tres gansitos y un café cargado para mantenerla ocupada y poco habladora respecto a lo mucho que se le entumirían las piernas de un viaje tan largo.
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Lo primero que sintió, fueron los rayos del sol cayéndole sobre el rostro. La cortina de la ventana no ayudaba mucho al ser blanca y la luz solar alcanzaba a tocarle aún sobre estas. Pero no fueron precisamente los rayitos de luz, los que le hicieron abrir los ojos de golpe y tomar asiento en la cama. Fue ese vacío a su lado.
Cuando su mano tanteó el lado derecho de la cama y sintió la ausencia de Sanae, como la había sentido la primera noche en el Complejo de Concentración. Y es que, a decir verdad, tras años de dormir a su lado, abrazándola o sintiendo su cuerpo junto al suyo al despertar, se sentía extrañamente triste a despertar solo.
— Sanae, amor, ¿estás ahí?— preguntó, llamando a la puerta del baño, con la esperanza de escuchar la voz de su esposa. El silencio como respuesta logró asustarlo. Acababa de volver a la recámara, cuando sus ojos advirtieron por fin su móvil en la mesita de noche junto a una nota:
"Tuvimos un pequeño problema con el vestido de novia y con el banquete. Volvimos a Yokohama. Nos vemos por la tarde. Disfruten el partido.
Cariños, Sanae"
Una sensación de alivio le recorrió. Sanae había tenido que marcharse, pero no lo hizo sola. Con una nueva calma interior, tomó el móvil y escribió un texto a su esposa. El reloj marcaba las 8:40 de la mañana, por lo que Sanae debería estar camino a Yokohama. ¿Se habría ido hacia poco?
Dejó el celular y la nota, tomó una ducha para refrescarse y se vistió con el estómago clamando por alimento. Apenas cerró la puerta chocó con Taro y Genzo que al parecer, charlaban acerca de un par de notas idénticas que las chicas habían dejado.
— ¿Sanae también se fue?— preguntó el arquero.
— Ajá. Dice que pasó algo con el vestido de Yoshiko y con el banquete— respondió el capitán, con tranquilidad.
— Lo mismo dijo Jaqueline. Lo que nos extraña es que al parecer, no despertaron a ninguno de nosotros. No sabemos a qué hora se fueron— comentó el castaño, su semblante anunciaba que estaba preocupado por su novia.
— Bueno, Aimeé, Cho y Allison debieron conducir si se fueron todas. Y a Allison le gusta dormir, aunque tenga que ensayar para un recital, no se habrán ido hacía mucho tiempo— aseguró Genzo intentando calmar el mismo sus propios nervios.
— Envié un texto hace rato a Sanae, no debe tardar en responder— siguió Tsubasa. Juntos, los tres bajaron al restaurante para desayunar y calmar la ansiedad, encontraron a los demás que como ellos se habían despertado con la ausencia de sus parejas y se hallaban un tanto preocupados.
Las preocupaciones se volvieron cosa del pasado en cuanto Sanae respondió. Según su texto todo estaba en orden, iban en camino a Yokohama y moría de sueño, lo que seguramente quería decir que no hacía demasiado rato que se hubieran ido.
Desayunaron tranquilamente, en punto de las 09:40 partieron al estadio Gran Cisne para mirar el partido de Tailandia y disfrutar un poco del día en Niigata pues sus boletos para regresar Yokohama rezaban que el tren bala partiría en punto de las 4 de la tarde.
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—Horas más tarde (11:00 AM)
—Sumatakyo Spa; Shizuoka, Japón.
Encontrar un buen lugar de estacionamiento, no fue una tarea difícil. Recibir una cálida bienvenida que les agrado a todas (en especial a Hye) tras las horas de viaje continuo que habían pasado, resultó reconfortante. Elegir por dónde empezar a disfrutar el día, eso fue completamente difícil.
Mientras que unas optaban por dirigirse en directo a los masajes y las distintas terapias que ofrecía el lugar, otras deseaban pasear por el puente colgante aprovechando la localización en las montañas que el spa poseía. Otras más requerían pasar a visitar los tratamientos de belleza e incluso la sesión de yoga. Al final, decidieron dirigirse en grupo a los jacuzzis para hidroterapias. Las únicas tres maletas que llevaban estaban repletas de bikinis y mudas de ropa, habían parado rumbo al spa en el banco para arreglar el asunto del juez, habían enviado un texto para despistar a los chicos y también comprado lo necesario para su día de relajación.
Se metieron en el salón con cuatro jacuzzis alrededor y de tres en tres fueron entrando en ellos. El spa les preparó el agua y el ambiente, tocó en la música de fondo una lista de éxitos del pop más reciente, mientras ellas charlaban, reían y más que nada, disfrutaban esos momentos lejos de los chicos.
— ¿En qué momento creen que noten nuestra fuga?— preguntó Cho, divertida.
— Seguramente cuando lleguen a Yokohama. Habrán de ir al hotel, descubrir la nota que Allison envió y volverse locos— aseguró Aimeé.
— No los veremos hasta mañana por la mañana, conociéndoles— siguió Hye Sun.
— Y muy seguramente no se darán por enterados del motivo de nuestra huida hasta que nosotros les digamos— aseguró Yoshiko, molesta.
— ¿Sabes que Hikaru quiere más que nada, casarse contigo, verdad, guapa?— le preguntó Allison.
— No estoy tan segura…— se lamentó la novia.
— Pues debes estarlo. Porque es la verdad— siguió la americana, sonriente— Él te ama más que nada como Tsubasa ama a Sanae. No nos fuimos por qué no lo hicieran. Lo hicimos para recordarles que lo verdaderamente importante no está dentro de la cancha. Si te pasó por la cabeza que Azumi tenía razón, créeme, no la tiene. Anímate, Hikaru vendrá— prometió. Y sin saber cómo o porqué, Yoshiko creyó completamente en sus palabras.
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—01:00 PM. Niigata, Japón.
—Minato Sushi
La mesera se retiró con la charola vacía y dejando en la mesa las bebidas que la selección nacional de Japón había ordenado. Desde Taro hasta el mismo Hyuga, los chicos se miraban contentos y algo colorados. El partido de Tailandia había resultado en verdad emocionante, el equipo había empatado por dos tantos, pero aun así, dado a conocer sus mejores técnicas por lo que en realidad, no sorprendería que pasaran a los octavos de final cuando se llevara a cabo el conteo.
— ¿Y, qué haremos de aquí a las 4?— preguntó Sawada dando un sorbo a su limonada mineral.
— Pues, si no les molesta, me gustaría que me acompañaran a por un traje. Necesito uno para este sábado— respondió Hikaru con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¡Venga, lo recordaste!— se mofó Ryo, mirando a Tsubasa. La selección entera rió a carcajadas ante el rostro colorado del capitán.
— Ya, ya, ¿lo olvidarán algún día?— cuestionó Tsubasa.
— ¿A decir verdad?— preguntó Hyuga, alzando una ceja. Tsubasa asintió con la cabeza— ¡No!
— Si serán...— murmuró el pelinegro.
— ¿Y sobre lo demás?— cuestionó entonces Jun— ¿Has hecho ya el alquiler y el pedido del juez, no?— Hikaru palideció por un momento pero asintió con la cabeza.
— Llamé hace días, pero no he confirmado. Lo haré hoy en la noche— aseguró.
— Pues más vale, porque tienes que realizar el depósito. No lo olvides— le recordó Taro con una sonrisa.
— Lo tengo presente. ¿Iremos por el traje?— cuestionó el castaño. Los presentes se apuntaron al plan. Y Hikaru aprovechó la oportunidad para pedir a Jun, que firmara como testigo de la boda en el acta, junto a Yayoi. El as de cristal aceptó de inmediato.
Antes de las tres con treinta de la tarde, Hikaru tenía preparado un traje perfecto para su boda. Y en su mente, el recordatorio de llamar al alquiler y al juez apenas llegar a Yokohama (al complejo de Japón), se repetía sin cesar.
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La caminata por el puente colgante había ido de maravilla. Los alrededores al spa, bien valían la pena ser admirados y si se miraba con atención, era posible que aquella salida, hubiera terminado por afianzar más la amistad que en ese selecto grupo se había formado.
Desde los preparativos para la boda, no solo Cho y Jin habían logrado forjar un fuerte lazo, sino también Jaqueline y Allison, Naoko y Yukari e incluso brillaba a leguas el buen par que armaban Allison y Aimeé.
Acababan de detenerse para llevar a cabo una buena sesión fotográfica a orillas del puente colgante. Desde las selfies en par, hasta las fotografías de cuerpo completo que incluían el paisaje trasero del lugar, reían se divertían y miraban sus imágenes.
— Ven acá Mondragón. Solo no rompas mi cámara— le dijo Aimeé en una sonrisa.
— ¿Llevas mucho con ese teléfono?— preguntó la americana.
— Un año
— Entonces resistirá. Un año contigo no es nada a una foto conmigo— aseguró Allison riendo. La fotografía fue perfecta y entonces, la idea de tomar una foto de todas juntas, apareció. Se acomodaron de modo tal en que pudieran salir todas en la Selfie, aunque aquello resultó difícil. Al final, echaron una mirada a su alrededor para encontrar a alguien que les tomara la foto de cuerpo completo y sin complicaciones para aparecer las doce.
Más allá un grupo de ocho o quizás diez chicos de sus mismas edades, no despegaba los ojos de sus personas y fue uno de ellos, el que se atrevió a acercarse; con una sonrisa grabada en el rostro, ato y delgado, rubio y de unos impactantes ojos azules.
— Hola. Disculpen, es que nos pareció que necesitaban ayuda para su fotografía— les dijo, su acento francés no paso por alto y con amabilidad, fue Hye Sun la que aceptó. El chico tomó la foto, pero no se alejó— Me llamo Adrien, mis amigos y yo, pensábamos ir a comer algo, el spa, tiene una cafetería impresionante y nos preguntábamos si… bueno, ¿nos acompañarían?—
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—Por la noche… (07:00 PM)
—Sheraton Yokohama Hotel; Yokohama, Japón.
El tren bala había sufrido un pequeño adelanto en su trayectoria anterior a su viaje, lo que les había ayudado a estar antes de las 7 en la estación de trenes —para su buena fortuna— El día, aunque agradable, había resultado extrañamente aburrido al final, dado que con el paso del tiempo, eran varios los seleccionados acostumbrados a la compañía de sus parejas. Tsubasa, principalmente, añoraba ver a Sanae, pues desde el día en que se casó, resultaba incluso nostálgico mirar un partido sin su esposa a su lado.
Cruzaron las puertas del hotel enfrascados en el tranquilo viaje que habían pasado y el extraordinario hecho de que ningún pasajero ajeno, les pidió autógrafo alguno. Acababan de reunirse en torno al elevador, cuando el encargado de recepción les llamó.
— Hm… joven Ozhora, joven Ozhora— Tsubasa dejó su charla con Misaki, volvió pasos atrás hasta la barra de recepción, con las cejas muy juntas por la duda.
— ¿Sí? ¿Pasa algo?— cuestionó el capitán.
— Verá, es que me han pedido que le entregue una nota. Las huéspedes extranjeras; registradas a nombre de la selección la han dejado— explicó el muchacho. Sus palabras lograron captar la atención de los doce presentes y el papel amarillo rayado que extendió, los sacó de balance. Tsubasa tomó la nota, la leyó el mismo antes de girarse, con los ojos bien abiertos y la boca formando una 'O'.
— Tsubasa, ¿qué pasa?— cuestionó Hyuga
— ¿Qué dice la nota?— siguió Jun. El capitán se aclaró la garganta y con las manos temblorosas, leyó en voz alta:
—Queridos chicos: Lamentamos informarles que por más que busquen ya no estamos en Yokohama. Hemos decidido, que si no pueden recordar si quiera el alquiler de una carpa y la confirmación de un juez, entonces, no tenemos nada que hacer esperándoles en un hotel. Si en realidad, están comprometidos con este asunto de la boda, entonces sabrán dónde encontrarnos. Atte. Doce furiosas chicas— terminó Tsubasa.
Las exclamaciones de sorpresa no se hicieron esperar, los gritos ahogados y los semblantes pálidos tampoco. Pasados unos segundos, once pares de ojos se posaron e Hikaru y este a su vez tragó en seco:
— Hikaru, dijiste que habías arreglado el alquiler y el juez para el sábado— le retó Genzo.
— ¿No qué solo faltaba la confirmación?— siguió Hyuga
— ¿Dejaste que Yoshiko descubriera tus descuidos?— espetó Ken.
— Yo… es que… en realidad…—comenzó Hikaru. Taro, intervino de inmediato.
— Hey, chicos tranquilos. Les recuerdo que mi novia está incluida en esas doce furiosas chicas pero retando a Hikaru no conseguiremos nada— aseguró Misaki— Matsuyama, ¿qué hiciste y qué no hiciste?
— Bueno, llame al alquiler y di fecha y lugar, más no confirme. Lo mismo con el juez… iba a llamar desde hace días pero en una y otra cosa, perdí el hilo de lo que debía hacer. Apenas volviéramos hoy, iba a hacerlo, lo juro. Digo, es mi boda, y quiero casarme— aseguró Hikaru, con aplomo.
— Bien. Pues eso es lo que hay que demostrarle a Yoshiko— aseguró Taro— Ahora, ellas aseguran que sabremos dónde buscarlas… ¿alguna idea?—
— Pues… los padres de Cho viven en la ciudad— aseguró Izawa
— Pero dijeron que no buscáramos en Yokohama— le recordó Ryo.
— ¡Están en la mansión!— exclamó Tsubasa
— Claro, dijeron que de estar comprometidos sabríamos ir… y la boda es este sábado. Debieron ir directamente a Shizuoka— aseguró Jun— Genzo ¿le diste a Allison las llaves de la mansión?— el arquero lo meditó. No se las había entregado pero le había mostrado la llave exacta a su novia, una noche atrás, colgando de su llavero.
— Acá debo tenerla…— susurró. Pero cuando el llavero salió de su bolsillo, la llave no estaba. Seguros de que era ahí dónde las chicas estarían, salieron apresuradamente del hotel. Usaron el servicio de taxis, mientras Ken y Hyuga arreglaban doce boletos de calidad urgente a Shizuoka para el tren más próximo que según la chica al teléfono saldría a las 8.
En el carro dónde Hikaru había sido metido por Jun, Taro y Tsubasa, el castaño llamó al alquiler y al juez. Los pedido habían sido confirmados y pagados por Yoshiko; lo que sin duda, les daba la seguridad de que era eso lo que las había orillado a moverse en conjunto y dejarlos botados.
Histéricos, llegaron a la estación con diez minutos de anticipo, debido al tránsito, esquivaron tanto como pudieron a los aficionados que los reconocían y ninguno veía la hora en que el tren llegara y los llevara dónde sus furiosas e indignadas novias.
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— Bueno, no me voy a quejar, primero un spa de lujo y ahora ésta casita— sonrió Cho, al momento en que apagó el motor del Altima y echó una mirada a la mansión Wakabayashi. Y es que, traspasando el amplio jardín, cercado por una reja que descubrieron sin candado, seguramente porque no era necesario cerrarla, la construcción era tan impresionante como hermosa.
Motivos tenía Wakabayashi para haber formado una personalidad altanera y ególatra. Talento y dinero, desde muy pequeño, seguro habían contribuido a hacerle crecer los humos.
Apenas pusieron un pie en el camino empedrado hasta la puerta principal, Allison ya tenía en mano la llave que Genzo le había mostrado y que sacó de su llavero y le sorprendió advertir el despilfarro de electricidad que tenían en la mansión, pues todas las luces estaban encendidas.
— No creo haberme divertido tanto desde hacía una buena temporada— aseguró Lorean, muy sonriente.
— ¿Vieron cómo ese rubiete no dejaba de comerse a Jackie con la mirada?— se mofó Hye, generando una carcajada grupal.
— O a esos gemelos que babeaban por Allison y Aimeé— se defendió la italiana.
— ¡Ay, por favor! Si para babas las de ese moreno que no dejó de seguir a Hye toda la tarde— atacó Aimeé. Allison abrió la puerta y de una en una, fueron entrando. Seguían charlando de ese grupo de chicos que conocieron cuando algo en la mirada de Sanae se tornó aterrador:
— Y ¿qué tal el día?— preguntó Tsubasa, con los brazos cruzados.
— Parece que se han divertido— secundó Hyuga
— Y que no lo hicieron solas— replicaron Genzo y Ken.
El encuentro que se llevaba a cabo, no era nada parecido al de hacía dos días en el hotel de Yokohama. Ellos no estaban contentos. Y ellas no parecían encontrar salida al enfrentamiento.
Continuará…
N/F:
*El Huracán es un coctel a base de ron oscuro, jarabe de fruta de la pasión naranja, jugo de limón y hielo.
*Según Google, de Niigata a Shizuoka son aproximadamente 5 horas 40 minutos de viaje, así que ustedes comprenderán que Hye está en su derecho a quejarse.
*Desconozco si en Japón las gasolineras cuentan con OXXO en sus tienditas, pero acá en México son las más frecuentes (superando al 7-Eleven).
*El gansito es el nombre comercial de un pequeño pastel de origen mexicano relleno de crema y mermelada de fresa, que tiene cobertura de chocolate y está espolvoreado con chispas de chocolate. Fue creado en 1957 por Marinela.
*El spa nombrado existe y su localización es verídica, más no así los servicios nombrados. Estos, me son desconocidos, yo los he puesto, según mis conocimientos.
N/A:
*Redoble de tambores* (¡!) ¡Buenas noches! Heme aquí con esta actualización que llega anunciando la mitad de esta historia a un teatral día de llevarse a cabo de boda de Hikaru. ¿Qué les ha parecido? Estas chicas tienen carácter para fugarse, divertirse y para sorprenderse infragantis.
Me gustaría informaros que no estoy segura de volver con una actualización en los próximos tres días, pero que si no reciben mi notificación en sus mails la noche del domingo, nos leeremos la próxima semana, con el cap que escriba entre las tareas y las clases que me han de surgir al volver al colegio.
Sin más que decirles, espero que disfrutaran de este capítulo y que me dejen sus palabras con sus preciosas opiniones. ¡Un saludo! Y mil gracias por leer.
GRACIAS A:
Candy, PrincesaLirio, Daphne
Con cariño, JulietaG.28.
—¡El balón es nuestro amigo!—
