Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la fantástica escritora Stephanie Meyer, a mi sólo me pertenece la historia.

.

.

.

.

AGUA CALIENTE.

.

Cuando haces el amor con una mujer, en ese momento lo más importante es que ella note que la amas.

.

Convencer a Rosalie de que mi plan era efectivo costó más de lo que había esperado. Edward, al principio, también se había resistido… No estoy segura el por qué. Quizás porque pensaban que podía traicionarlos, o porque quizás ellos querían continuar con su plan original. Fuera cual fuera la razón, finalmente habían aceptado.

Aún así, teníamos un día para prepararlo todo. Nos sobraba tiempo, yo les felicitaba todas las entradas a la Casa Blanca, por lo que solo debían preocuparse de lo que iban a hacer una vez dentro. Conocía demasiados nombres de la lista de invitados a la fiesta que se daría mañana a la noche, como para poder infiltrarlos sin problemas. También, sabía que a eso de las doce de la noche mi padre se escabullía con su amante al jardín y que Reneé estaría desde ya hacía varias horas con un hombre encerrados en la habitación de servicios. Si lo pensaban bien, ellos podrían tomarlos de sorpresa a ambos.

─ ¿Entonces?─ Escuche decir a Edward. Levante la cabeza de la almohada y lo miré confusa.

─ ¿Entonces, qué?

─ ¿Vamos a pretender que no pasó nada abajo?─ Jadeé. La verdad era que sí, que esperaba poder evitar el problema hasta que él se olvidará, pero al parecer no eran sus planes.

Sentado en el sofá de un cuerpo, con la cabeza recta y su vista fija en mí, se veía realmente guapo. Desde la ventana se veía la hora del crepúsculo, una hora que podría estar disfrutando y no viéndola desde la cama, nerviosa.

─ No pasó nada.─ Trate de sonar convencida.─ ¿Quieres salir? La verdad es que no me apetece seguir encerrada.

A Edward no pareció gustarle mi respuesta, con mala gana se levanto del sofá, tomó su chaqueta y me esperó en la puerta. Suspiré, sería un día interminable. Me calcé los zapatos y pasé junto a él, saliendo al pasillo.

─ Mientes.

─ ¿Qué dices?─ Me giré sobre mis talones y lo enfrente. Habíamos salido a la terraza y estábamos sentados en el suelo, frente al jacuzzi. Su acusación no me gusto en absoluto.

─ No lo niegues, algo sucedió abajo.

─ Sólo nos besamos, no puede ser tan complicado.─ Intenté quitarle importancia. Lo miré, no parecía relajado, esperaba que si decía cosas así él no se sentiría responsable porque lo hubiese besado o culpable por no responderme, o lo que fuera. Pero, no. No sabía que decir, todo lo que decía le molestaba. ¿Entonces? Me estaba doliendo la cabeza de darle tantas vueltas.

─ ¿Dos personas que se besan, nada complicado? ¿Eso es todo? ¿Es todo lo que vas a decir?

─ ¡Si! No te entiendo, Edward, ¿Qué mierda quieres qué diga?─ Estaba frustrada y me sorprendí a mi misma hablando de esa forma, pero Edward no lo notó. Pasó sus manos por los cabellos frenéticamente.

─ No sé, cualquier cosa, pero eso no. Nos besamos, ¿De acuerdo? Pero no fue porque sí. Créeme cuando te digo, Bella, que sé definir muy bien un beso de dos personas que no se importan a cuando hay algo más. Y te aseguro, que hubo algo más.

─ Sinceramente, Edward, no te sigo.

Edward se puso de pie, sin siquiera dirigirme una mirada. Lo seguí con la vista, pero no quise pararme. Quizás, estar solos un momento nos aclararía la mente.

─ Me confundes, Bella. En un momento puedes ser una persona extraordinaria, con sus propias opiniones y madura; pero al instante te pareces a la niña caprichosa y chiquilina que imagine que serías.

Y sin decir más se fue. Sus palabras me hirieron, porque más que nada no encontraba mi error. Me quede mirando como la noche cubría la ciudad por completo, con mis brazos abrazando mis piernas y mis ojos fijos en el horizonte. Todo era demasiado confuso. Estaba enferma, no físicamente sino mental, no comprendía, aún no entraba en mi mente, que me hubiera enamorado de mi rapto. Yo más que nadie debería de ser la persona en el mundo que lo odiará, la que no pudiera siquiera sentir un mínimo de afecto por él.

Pero aún así, recordando como Edward me había golpeado, gritado y maltratado, no podía dejar de amarlo. Ahora, después de haber criticado películas y novelas, comprendía lo que era el síndrome de Estocolmo. Me sentía una idiota en potencia, ayudando a mis captores a vengarse y salir ilesos, pero no podía evitarlo. No sólo sentía que les debía algo por todo el daño que mis padres le ocasionaron, sino que no podía permitirme alejarme de Edward, dejar que lo matarán.

Estaba hecha un lío, sin salida ni solución. Estaba enamorada de Edward, era cómplice de un allanamiento de morado, o al menos lo sería en pocas horas, y tomaría venganza contra mis propios padres. Nada estaba bien en mí, sin duda, todo estaba al revés.

Suspiré cuando no soporté más el frío, me puse de pie y volví a la habitación. Edward no estaba allí, me alegre de ello porque seguía sin entender que había pasado en la terraza. Decidí que saltarme la cena no sería una mala idea, por lo que me quite las botas, tome una remera de Edward y me mentí en la ducha. No me tomó demasiado tiempo, era la segunda en el día, pero no iba a cansarme de sentir el agua tibia sobre mis hombros.

Cuando salí, todo seguía como lo había dejado. Edward seguramente llegaría tarde. Apagué las luces de la sala de estar de la habitación, y me dejé caer sobre la cama, lo hice de forma que Edward se viera en la necesidad de despertarme cuando llegará, de esa forma me sentiría más tranquila.

Conciliar el sueño resultó ser más sencillo de lo que esperaba, con tan solo mi cabeza acomodarse en las almohadas de plumas, mis ojos se cerraron y mi mente se apago.

No estaba segura de la hora que era cuando oí la ducha correr en el baño. Perezosa y cómoda como me encontraba, no me moví ni abrí los ojos. Pero no volví a dormirme, estaba segura que aún no había amanecido, por lo que tampoco tenía ganas de levantarme y luego desvelarme. Ok, era tonto porque no podía volver a dormirme, mis oídos estaban atentos a lo que pasaba en la puerta del baño.

Me corrí a un lado de la cama, llevando las almohadas conmigo cuando escuche que el agua dejaba de correr. No estaba segura de lo que debía hacer a partir de que Edward saliera del baño; fácilmente podrá fingir que estaba dormida, lo cual haría que al menos me diera tiempo a pensar que era lo que pasaba entre nosotros.

Pero no pude pensar en la siguiente opción porque Edward salió del baño.

─ Sé que estas despierta, Bella, no estas hablando.─ ¿Qué? ¡Mierda!─ No hace falta que finjas.

─ No lo hago.─ Masculle con voz demasiado pastosa.─ Es solo que no quiero levantarme.

A Edward pareció divertirle mi comentario.

─ No tienes que hacerlo, son las cuatro de la mañana. Aún puedes dormir.

No emití sonido, pero no me gusto que fuera tan tarde. Me sentí como una de esas novias celosas que lo controlan todo, pero realmente no me agradaba que volviera tan entrada la madrugada. ¿Había estado con otra? ¿Quizás con otras? ¿Había estado bebiendo? ¿Fumando, quizás?

─ ¿Tu bebes?─ La pregunta salió de mi boca sin pensarlo.

Edward se sentó detrás de mí en la cama, pero no se movió. Por mi parte tampoco lo hice, lo que sí abrí los ojos. Me costó acomodarme a la poca luz del velador, pero cuando lo hice, Edward seguía sin responder.

Me pregunte si tendría que disculparme y correr mis palabras, pero no quise hacerlo, la respuesta a esa pregunta me atraía demasiado.

─ Solía hacerlo.

Una idea llego a mí en ese instante, me senté en la cama y Edward (que estaba de espaldas) volteó a verme.

─ Yo sí. Y puedo asegurarte que en este momento lo necesito.

─ Tu no bebes.─ Fruncí el ceño.─ No te creo.

─ Me da igual.─ Me encogí de hombros y extendí la mano para tomar el teléfono. A Edward le tomó al menos dos minutos quitármelo de la mano, y cuando nos dimos cuenta él estaba sobre mí. ─ ¡No tenías derecho a hacer eso!

─ ¡No vas a beber!

─ ¿Y por qué no?─ Mi voz salió ahogada, causa del aturdimiento de tener a Edward sobre mí, rozando cada centímetro de mi cuerpo y con su rostro peligrosamente cerca del mío.

─ Porque eres menor.

Lo fulmine con la mirada.

─ ¿Ahora se supone que soy menor? Ok, déjame entender. No soy menor para ser secuestrada, para ayudarlos, para fingir que estamos compartiendo la cama, par jugar al póker… Pero sí lo soy para beber un poco ¿Entendí mal?─ Edward me miró peor.─ ¡Es lo más absurdo que oí!

─ No, no lo es. Así como no bebes, tampoco fumas o te drogas. Son reglas básicas y las cumplirás.

─ ¡No eres nadie para decirme lo que tengo que hacer!

─ ¡Soy quien debe pagar los gastos!

─ ¿Y desde cuando te importa el dinero? Había pensado que eras pobre, pero resulta que de repente el dinero te sobra. Ahora, después de que te importaba poco, lo usas de excusa. ¡Decídete, Edward! ¿Qué diablos sucede? De cualquier forma tengo dinero, el que tú no aceptaste.

Edward abrió un par de veces a boca y la cerro. Nos miramos mal, una batalla campal entre verde esmeralda y marrón chocolate.

─ ¿Por qué te preocupa de dónde saque el dinero?

─ Porque ya me va a costar demasiado hacer que no te condenen por secuestro; sí estas metido en algo más dilo ya.

Edward buscó en mí algo, pero no estuve segura qué. Luego suspiro.

─ No lo robe, ¿De acuerdo? Mis padres habían heredado dinero de mis abuelos que guardaban para nuestra universidad, al morir ellos heredamos lo de mis abuelos y también sus aportes.

─ No te hubiera creído si me hubieras dicho que lo habían robado.─ Afirme en un susurro, con mis ojos fijos en sus carnosos labios.─ Y aún así no te juzgaría.

No sé como, ni por qué, ni nada. Lo único que sé es que cuando termine de hablar los labios de Edward estaban sobre los míos. Tardé en reaccionar, no podía creer lo que estaba viviendo. Podría jurar que antes me había rechazado, pero ahora todo era confuso. Acepté sus labios sin darme cuenta. Y lo que comenzó en una danza suave, termino en un rock.

Enredé mis brazos en su cuello mientras sus manos recorrían mis costados, llevándose con ellos su remera hacía arriba. Me gustaba como sus manos grandes tocaban con cuidado mi piel de porcelana.

Nuestras lenguas, juntas, iban a un ritmo cada vez más insistente y mi cuerpo parecía acompañarlo. Sin dejar de besarnos, me fui sentando hasta que finalmente separamos nuestros labios y nos miramos a los ojos. Fuego, principalmente, fuego había en nuestras miradas. Sin desconectarnos, y con movimientos lentos, le dije a Edward con los ojos lo que estaba a punto de hacer. Mis manos tomaron los bordes de su remera y con demasiada lentitud la fui subiendo hasta que efectivamente, quede en ropa interior.

Edward me tomó por la cintura y volvió a recostarme volviendo a poner sus labios sobre los míos. Siempre me había preguntado porque la gente suele cerrar los ojos al besar, pero en ese momento no me importaba, solo sabía que los tenía cerrados pero que aún así no me perdía de nada.

A ciegas, y quizás hasta torpemente, fui desabrochando la camisa playera que Edward llevaba puesta. Al notar mi intención, Edward me ayudo con la tarea y en pocos minutos mis manos estaban acariciando sus músculos.

Fue entonces, y no antes, cuando sentí miedo de lo que iba a pasar. Ok, no miedo por lo que íbamos a hacer, sino por su juicio. ¿Y sí no le gustaba mi cuerpo? ¿Sí no era buena y cumplía sus expectativas?

Pero los labios de Edward bajaron por mi cuello y todos los pensamientos estúpidos que ocupaban mi mente desaparecieron como por arte de magia. La lujuria y la pasión nos envolvieron, olvidando todo a nuestro alrededor y entregarnos exclusivamente a nuestros instintos. Solté un gemido cuando Edward comenzó a quitar mi brazier y a acariciar mis pechos. Me avergoncé, pero al abrir los ojos, note que no tenía por qué.

No sé cuando, ni cómo, pero después de un tiempo solo me cubrían mis bragas y a Edward sus boxers. Nos besábamos y acariciábamos como jamás soñé hacerlo con nadie. No era apresurado; había lujuria, sí, pero también había algo más, algo que hacía que nos tomáramos nuestro tiempo, que disfrutáramos de cada caricia que nos dábamos.

En un instante, Edward dejó de besarme. Esperé, pero al ver que nada pasaba, me atreví a abrir los ojos. Edward me estaba mirando fijamente, con su rostro contraído. Alcé una ceja, cuestionándole con la mirada.

─ ¿Por qué te detienes?

Silencio.

─ ¿Edward?

Él sonrió de costado.

─ ¿Estas segura de esto, Bella? Podemos detenernos aquí, ahora si quieres. No voy a obligarte a nada.

Casi me enoje por sus palabras.

─ ¿Tu quieres echarte atrás?

─ ¡No! Pero esto no se trata de mi, es sobre ti. Si no quieres…

─ Estoy segura, Edward. Quiero hacerlo.

No necesito más que mi confirmación, se abalanzo nuevamente sobre mis labios de forma más feroz que antes. A ciegas y con las manos temblorosas, encontré el borde de sus boxers y tiré de ellos para abajo para que Edward hiciera el trabajo restante. Gemí cuando noté su dureza contra mí, no espera que fuera… Uh, tan grande. Al parecer Edward noto mi incomodidad y se rió, llevo una de mis manos hasta su miembro y me enseño como acariciárselo.

Al principio no seguía el ritmo, pero ese problema se resolvió cuando Edward me dejo totalmente expuesta a él. Sus manos eran expertas, y no podía evitar pensar que sentiría él al estar con alguien como yo. Es decir, sin duda Edward había tenido un centenar de mujeres entre sus sabanas. Estábamos en desventajas.

─ Creo que esta lista.─ susurro en un tono de voz, de que no ser porque ya estaba excitada, lo habría hecho sin lugar a dudas.

Tomé aire y los guarde en mis pulmones. Edward se acomodó entre mis piernas, acariciándolas en el proceso, y sostuve con sus brazos el peso de su cuerpo para no aplastarme. Rodeé su cintura con mis piernas y su pene rozó mi sexo. Gemí fuertemente, al igual que él. Y eso fue todo lo que necesito, sin más se adentro en mí. No fue lento, pero tampoco bruto. Aún así, no pude reprimir un grito cuando estuvo completamente dentro de mí.

Edward esperó un poco, nos mirabamos y noté como con sus labios secaba una lágrima que no había notado que se escapaba de mi ojos.

─ Sigue.─ Le urgí cuando no soporté su mirada de arrepentimiento. No iba a echarse a atrás en ese momento, no se lo permitiría. Moví mis caderas para que se aprieten más a las de él. Tardó en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo parecía seguro. Me beso y comenzó a embestirme.

Mi cuerpo se contrajo ante la invasión del nuevo gran inquilino. Me vi obligada a separar nuestros labios, no podía concentrarme en ellos. Escondí mi cabeza en su hombro, mordiéndolo ligadamente, tratando de acallar un poco mis gemidos. Edward se dedico a besar mi cuello. Al principio lo hacía lentamente, torturándonos a ambos, pero logrando que todo se prolongará un poco más. Al igual que él, yo no quería que esto acabara.

Aunque intentaba no gemir demasiado, no podía evitar los jadeos y al parecer él tampoco. Desde mi perspectiva, parecía que estábamos completamente sincronizados, como si fuéramos una gran orquesta que había estado años preparándose para su gran debut. Entraba y salía con suma tranquilidad, pero sabía que también quería ir un poco más rápido, el endurecimiento de su miembro, los jadeos y los temblores me lo decían. Lo ayude con eso, no supe como, quizás por instinto, pero apreté mis caderas a las suyas y le seguí el ritmo.

─ Edward…

─ ¿Qué, Bella?

─ Más.

─ ¿Más?─ Supe que comprendía mi petición cuando acelero, muy poco, el ritmo. ─ ¿Más, qué, Bella? Dime, ¿Qué deseas?

─ Más…rápido, por favor.─ Gemí, casi soltando las palabras en un grito, llenas de desesperación. Edward corrió mi cabeza de su hombro y me beso ferozmente.

Me sostuvo con más fuerza y mis piernas hicieron lo propio entorno a su cuerpo. Sus movimientos se hicieron más rápidos y violentos. Nuestros gemidos subieron de tono acorde a sus movimientos.

Me sentía en el mismo cielo, aunque me estaba preparando para llegar al clímax y eso, sin duda, sería mucho mejor que estar en el cielo.

─ ¡Oh… mi….Dios!─ gimió ahogándose entre las palabras.

Me envistió con más fuerza, y supe que me iría al igual que él. Su miembro estaba demasiado duro, no iba a aguantar más…

…y con una última envestida nos fuimos al mismo tiempo, sintió un orgasmo potente. Mi cuerpo se contrajo ante tanto placer. Chille en su hombro al igual que él en el mío. No había contado con que llegaría en mi primera vez, pero ahora era cuando me preguntaba que mierda había hecho todos estos años para no probar esto. Me sentí estar en el cielo entre los brazos de Edward, me sentí genial.

Mis piernas cayeron a los costados, exhaustas. Edward cayó sobre mí, pero con cuidado de no aplastarme y mientras nos reponíamos de toda la energía gastada, se dedico a besarme suavemente, logrando que mi respiración se normalizara un poco.

¿Quién habría pensado que terminaría acostándome con mi secuestrador? ¿Tenía alguna lógica todo esto? No estaba segura, pero no quise estarlo tampoco. Rodeé con mis brazos su cuello y Edward nos hizo girar de forma de que quedará yo sobre su cuerpo. Con lentitud, quito su miembro de mi centro, pero no me gusto que lo hiciera, aunque sabía que no podía estar allí eternamente.

Apoyé mi cabeza en su pecho y solté un impropio bostezo. Edward se rió y nos cubrió con el acolchado; lo cual agradecí eternamente, no tenía ninguna intensión de que me viera desnuda en la mañana.

─ Será mejor que descansemos un poco, mañana será un día agotador.

─ Doy fé de ello.─ Susurre de forma somnolienta. Edward me apretó con más fuerza a su cuerpo y beso mi frente.

─ Buenas noches, Bella.

En ese momento sentí unas fuertes ganas de pronunciar las palabras que podía arruinarlo todo. Decidí que sería estúpido, y fingí estar dormida, aunque en mi mente las frase se formo igual con la esperanza de algún día podérselas decir en voz alta.

Te quiero, Edward

.

.

Holis gente nice!

¿Qué les pareció el chap? Es corto, lo sé, pero tiene un LEMON que seguro no esperaban y en el capítulo que viene se descubre cual es el plan maestro y comienza el final de la historia! Esperó que les haya gustado y que comenten al respecto!

Grax por sus RR, sus favorites y alerts. Muchas de esas personitas que no me dejaron un RR el chap pasado me harían muy feliz si me dejasen uno en este. Espero con ansias sus RR, así me hacen una escritora feliz.

RECUERDEN QUE LOS RR ANONIMOS QUE REQUIERAN RESPUESTA O LO QUE SEA DEBEN DEJAR SU MAIL, YA QUE NO TENGO OTRA FORMA DE CONTESTARLOS. Y CUANDO DEJEN EL MAIL RECUERDEN PONER ESPACIOS ENTRE EL Y LOS NOMBRES ( ejemplo . 89 Hotmail. Com)SINO NO SE GUARDA EL MAIL.

Besop(L)

Hasta el crepúsculo…

Luchyrct

CLICK HERE, REVIW!

11