Los personajes son de SM. La historia es mía.
Capítulo 11
Las horas siguientes vagamente las recuerdo, solo sé que sentí tanto dolor como jamás había sentido, y lo peor de todo es que me gustó ese dolor porque sabía que tenía al final valdría la pena.
Me peinaron, me maquillaron y apretaron mi corsé como jamás lo habían hecho, lo que generalmente duraba una media aproximadamente todos los días, hoy duro alrededor de tres horas y ni siquiera había podido mirarme al espejo aún, pero sabía que todo era por él, mi futuro esposo, Edward, solo quería que recordara por siempre mi imagen en el día de nuestra boda.
Ya habían terminado y por fin pude respirar.
— ¡Estás hermosa! – me sonrió mi cuñada.
— Lo sabría si me dejaras verme – estaba impaciente, quería que todo comenzara y, sobre todo, que terminara pronto.
— Todavía no – me tomó por los hombros – aún falta algo.
— ¿Qué? – me toqué el cabello, el vestido y miré mis zapatos, todo estaba en su lugar.
— Esto – me giré hacia las puertas que eran abiertas para dejar entrar a mi futura suegra.
— Reina Elizabeth – le hice una pequeña venia.
— Por Dios, Bella – abrí un poco los ojos al oír la forma en que me nombró –. Lo sé… sé que te dicen Bella…. Y ahora seremos familia así que podemos nombrarnos con menos formalidad – me gustó mucho eso, me dio más confianza.
— Por supuesto… — busqué como decirle.
— Lizzie – me volvió a sonreír –, así es como me dicen todos.
— Lizzie – le respondí –, me gusta.
— Bueno, madre – llamo la atención Rose — ¡dáselo! – parecía muy emocionada.
— ¡Cierto! – tomó con ambas manos un pequeño cofre que traía y en el cual no había reparado – Esto – abrió el cofre – es para ti.
— ¿Para mí?
Extendí mi mano y en ella Lizzie puso un hermoso colgante, tenía un zafiro y una esmeralda entrelazados por una banda de diamantes, era majestuoso pero a la vez delicado y simple, una rara y exquisita mezcla.
— Edward – entendí que se refería a su esposo – me lo dio cuando anunciaron nuestro compromiso – su rostro de enamorada me dio muchas esperanzas para el futuro – dijo que era una especie de mezcla entre los dos… de nuestros ojos – aclaró.
— Es hermoso – lo levanté un poco más para verlo mejor – pero…
— Lo quiero de vuelta – me apuntó con un dedo y si no hubiera sido por su gran sonrisa me hubiera sentido intimidada.
— Algo prestado – declaró Rose –, toma – me extendió su mano – algo azul.
— Que... – abrí mucho los ojos cuando vi lo que me extendía.
— Lo mandé a hacer especialmente para ustedes – me guiñó un ojo al darme la hermosa liga.
— Es preciosa – puse una pierna en una de las sillas y me subí la hermosa liga azul que me dio Rose.
— Algo nuevo – del cofre Lizzie sacó unos pendiente de diamantes, me los puse sin chistar –, los manda tu futuro marido – me sonrió y amé todavía más el regalo.
— Y algo antiguo – me giré rápidamente hacia la voz.
— ¡Padre! – una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro.
— ¡Hija! – llegó a mi lado y me dio un beso en la mejilla – ¿Me podrían dejar a solas con mi hija, por favor?
Todos asintieron dejándonos solos en mis aposentos, me senté en el borde de mi lecho, vi que mi padre necesitaba hablar conmigo, lo único que espero es que no sea de sexo, odiaría esa charla con él.
— Hija – se notaba más nervioso, por supuesto que se venía "La Charla"
— Padre... Lizzie ya me explicó todo sobre la noche de bodas – no era tan mentira, algo me había dicho pero quería evitarme a toda costa hablar de sexo con mi padre, él aún piensa que soy una niña inocente y no me gusta mentirle.
— Lo sé – sonrió –, no es de "eso" es…. – conocía esa expresión en él, solo la tenía cuando hablaba de mi madre y ese era el único tema capaz de apenarme hoy, por eso ni siquiera había querido pensar en ella.
— Mi madre – murmuré y él solo asintió.
— Tu madre – lleno sus pulmones de aire antes de continuar –. Ella… dejó esto para ti – del bolsillo interior de su chaqueta sacó una carta.
La tomé con las manos un poco temblorosas, de la misma forma la abrí y me dispuse a leerla.
Hija
No sabes cómo me gustaría estar ahí contigo hoy, verte con ese hermoso vestido blanco, verte lista y enamorada para pasar a ser una señorada casada, porque de eso estoy segura, el día que te cases será por amor y si no es así y estás leyendo estas líneas, tu enferma madre te da la autorización para no casarte.
Fui muy feliz con tu padre y contigo, me dieron la vida que siempre quise, y eso es lo que quiero para ti, todo, así que ve por ello, no dejes que te humillen ni que te pasen por encima, las mujeres no somos el género débil, es hora de demostrarlo y sé que lo harás.
Sé feliz, hija. Ama y recibe amor, esa es la manera de ser feliz.
Me gustaría ser yo quién pusiera esto en tu cabeza pero tu padre lo hará bien, sé que ha practicado.
Sé feliz
Te ama, tu madre.
No alcancé a reaccionar cuando sentí algo sobre mi cabeza, levanté la vista para ver cómo mi padre dejaba la tiara de mi madre en mi tocado, una lágrima abandonó mi ojo derecho arruinando a penas mi maquillaje.
— Tu madre me pidió que te la pusiera yo mismo – la dejó acomodada y beso mi mejilla
— Es hermosa – lloriqueé.
— Ven – tomó mi mano y me guió al gran espejo que reposaba en mis aposentos – eres hermosa – me giró hacia el espejo.
Por fin pude ver mi atuendo completo y las lágrimas se cambiaron por sonrisas, de verdad me veía bien, no me daba pena decirlo, me veía hermosa y sobre todo excitante para Edward, aunque nadie dijo nada, pero el escote del vestido era solo para él, una pequeña muestra de esta noche.
— ¿Vamos? – me extendió su brazo el que no dudé en tomar.
— Vamos.
Comenzamos a bajar por la escaleras y todo sirviente que encontrábamos nos hacían algunas venias y me daban sus mejores deseos, la sonrisa que se me dibujó al verme quedó plantada en mi rostro, cuando por fin llegamos a las puertas que daban al jardín , donde se realizaría la boda, nos detuvimos.
— Hija... lo que dijo tu madre es verdad – me giré para verlo — ¿Estás segura?
— Estoy segura – fijé mi vista al frente.
Tres cosas pasaron al mismo tiempo, las puertas se abrieron, la música comenzó a sonar y con mi padre emprendimos el camino por el pasillo hacia el altar.
Mentiría si digo que vi la decoración, a los invitados o siquiera al padre que me esperaba al final del pasillo, mentiría, solo vi a Edward, verlo parado con el traje del reino de Volterra hizo que mis finas y nuevas bragas se mojaran, pero también hizo que mi corazón latiera más rápido que nunca, me excitaba pero sobre todo lo amaba.
— Espero que sepas cuidar a mi hija y llevar el reino de Forks – cuando sentí su piel caí en cuenta que este era uno de esos momentos… de esos momentos en que todo cambia, sé que se dan muy pocos en la vida, este era uno y tenía que disfrutarlo.
La ceremonia comenzó y apenas pude ponerle un poco de atención, solo estaba centrada en el magnífico hombre que tenía a mi lado y en mi mente imaginaba lo feliz que seriamos juntos.
— Princesa Isabella Marie Swan… ¿aceptas por esposo al príncipe Edward Anthony Cullen… para amarlo, respetarlo y llevar juntos a la prosperidad al pueblo de Forks?
— Acepto – solo respondí, no lo pensé.
— Príncipe Edward Anthony Cullen… ¿aceptas por esposa a la Princesa Isabella Marie Swan… para amarla, respetarla y llevar juntos a la prosperidad al pueblo de Forks?
— Por supuesto que acepto – me giré a verlo y estaba tan seguro como yo.
— Ahora… por el poder que me confiere la Corona y Dios los declaro marido y mujer… puede besar a la novia.
Con mucho cuidado, Edward levantó mi velo y me dio el más dulce y gentil beso que jamás nadie me había dado, la pasión y premura por lo que nos esperaba esta noche pasó a segundo plano, ahora había algo más… amarnos.
— Te amo – me besó la punta de la nariz para sellar su promesa.
— Te amo – besé su mejilla para hacer lo mismo.
Era el primer "Te amo" dicho y recibido por mí, y definitivamente no pudo ser mejor.
Hola! Llevo como 5 horas tratando de subir este capítulo y al fin pude :)
Muchísimas gracias a todos los que leen, releen y comentan.
Y mil gracias a Erica Castelo que es una parte importante de esta edición.
Besos, Joha!
